Hacedores de Tiendas, Ministerio Pastoral, Pastorado Biocupacional, Pastorado Bivocacional

El pastor bivocacional y su llamado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La alarma suena ¡No puedo creer que ya es hora de levantarme! ¡La noche pasó tan rápido! Miro mi celular y son las 2:00 a.m. Elevo una oración y le pido a Dios fuerza en este día, perdón por mis pecados y sabiduría para todo lo que corresponde. Me baño y me visto, me despido de mi esposa con un beso y camino alrededor de un kilómetro hasta llegar a la parada de buses. Debo tomar el bus de las 3:00 a.m. o no llegaré a tiempo ¡El tráfico es terrible aún a estas horas! Voy rumbo a mi trabajo que está a dos horas y más de 90 kilómetros de distancia en carro, y por el camino aprovecho el tiempo para encomendar de nuevo mi día en manos del Señor y dormir un poco más si es posible.

Llego a mi trabajo a las 6:00 a.m. y entro al aula. Sí, soy maestro en una Escuela Cristiana de renombre y gran trayectoria, reconocida como la mejor del país en el ámbito cristiano. De hecho, supera incluso a la mayoría de instituciones educativas seculares en mi natal El Salvador. Me siento en mi escritorio, realizo mi devocional personal y me apresuro a desayunar. El día laboral está por comenzar y debo recibir a mis alumnos con una reflexión de la Palabra. Luego vendrán las lecciones de historia, geografía, política y métodos y técnicas de investigación social. La Biblia es el ingrediente infaltable en cada lección. ¡Amo mi trabajo! ¡Amo poder pastorear el corazón de estos hermosos jóvenes!

CORRIENDO LA MILLA EXTRA…

Mi jornada laboral termina a las 2:30 p.m. y ahora debo apresurarme para llegar a la terminal de buses y tomar a tiempo el transporte que me llevará de vuelta a casa. Pero ¡Un momento! No puedo irme a descansar todavía. ¡Soy el pastor de una pequeña iglesia en un pequeño pueblo al norte de mi país! ¡Y esta noche hay estudio bíblico y reunión de jóvenes! Por fin la reunión ha terminado y cuando me preparo para cerrar el edificio de la iglesia alguien se me acerca y me dice que desea hablar conmigo sobre un problema que le atormenta (yo todavía no he cenado). Luego de terminar nuestra plática me apresuro a entrar a casa. Son las 9:00 p.m. y quiero cenar y pasar tiempo con mi esposa. Ella, quien también es pastora licenciada por nuestra denominación, se encargó de presidir y predicar en la reunión de mujeres de esta tarde y atender el comedor infantil administrado por la iglesia. Honestamente no sé qué haría sin ella. Luego de charlar un rato y discutir los problemas de la congregación, las cuentas por pagar y los asuntos familiares, nos disponemos a dormir. Son las 10:00 p.m. y mi alarma sonará sin falta en cuatro horas. La historia se repetirá mañana.

Esta es mi normalidad. Así son los días de mi vida, tres o cuatro veces en la semana como un pastor bivocacional. Sin mencionar la Escuela Dominal de Adultos, la preparación de los nuevos miembros para recibir el bautismo, los servicios los domingos y a veces las diferentes reuniones los sábados. ¿Algo más? Sí. Olvidaba los Retiros Espirituales, el Instituto Bíblico, mi blog y los viajes misioneros. Y claro ¡Hay que preparar adecuadamente las clases de la Escuela y atender actividades extracurriculares y las programadas en el calendario distrital de mi denominación, ya que también ejerzo liderazgo en el comité de misiones! ¿Cómo puedo aguantar este ritmo de vida sin morir de un infarto cardíaco o cerebral? Pues ¡Con la ayuda de Dios! He podido experimentar en carne propia la veracidad de estas palabras inspiradas:

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:29-31)
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.” (Salmo 92:10)

LA VIDA DE UN PASTOR BIVOCACIONAL

Pero no estoy solo en esto. Hay muchos como yo en todas denominaciones cristianas e iglesias independientes sin ayuda exterior. La realidad para muchos pastores bivocacionales es mucho trabajo, poco descanso y mínimo fruto. Pero ¿Qué es en sí un pastor bivocacional? Un pastor bivocacional es aquel que tiene un llamado a servir, una pasión por predicar a Cristo y discipular, pero se sustenta mayormente con su trabajo, y parcialmente o en nada por la iglesia, por lo menos al principio de su ministerio. El concepto de “pastor bivocacional” es novedoso para muchos, principalmente en nuestra América Latina, en donde se acostumbra que el pastor se dedique exclusivamente a la iglesia y ministerio. En muchas denominaciones, principalmente pentecostales, trabajar secularmente es mal visto o incluso considerado como una señal de pecado, de abandono divino, falta de fe o falta de consagración por parte del ministro; sin embargo, el ministerio bivocacional es muy antiguo (mucho más que las iglesias pentecostales); de hecho, es el modelo que vemos en Pablo. Cuando llegó a Corinto, él trabajó haciendo tiendas y se desempeñaba en este oficio mientras predicaba y fundaba la iglesia allí (Hechos 18:1-11). En otras palabras ¡Pablo se sostenía a sí mismo cuando era necesario! Nunca consideró que el trabajo secular fuera degradante para el ministro de la Palabra.

Quizá tú que estás leyendo este artículo seas un pastor bivocacional o miembro de una iglesia donde tu pastor tiene dos trabajos a tiempo completo (pastorado y trabajo secular). Es probable que tengas que experimentar no sólo el cansancio físico y mental por el exceso de trabajo, sino también dolor espiritual y emocional ante las opiniones no solicitadas de otros creyentes, a veces colegas en el ministerio, que te juzgarán por hacer las cosas de esa manera. Sin embargo, esta es la realidad de muchos pastores que sirven en iglesias pequeñas, geográficamente aisladas y que tampoco son autosostenibles. Muchas veces incluso tendrás que usar el dinero de tu trabajo para apoyar en algo los eventos y cubrir los gastos de tu iglesia local. Si ese es tu caso, permíteme darte unos consejos que me ayudaron a no llegar a la locura y a deleitarme en el ministerio bivocacional.

NO CODICIES LO QUE OTRAS IGLESIAS TIENEN

A veces nos enteramos del ministro de música que tiene otra iglesia, o cuántos maestros de Escuela Dominical tiene la iglesia en el otro lado del pue lo o en la ciudad vecina. La tentación es que tengamos celos ministeriales y empecemos a forzar en la iglesia cosas que no están ahí. La gente no está capacitada, pero la obligamos porque “necesitamos” ese ministerio. Ponemos personas que no deberían cantar, a cantar y ponemos a enseñar personas que no deben enseñar. Mi consejo, hermano, es estar contento con lo que tienes y trabajar con lo que Dios te dio. Es muy tentador tener envidia del pastor que está a tiempo completo y que tiene una iglesia más grande que la tuya. La codicia muere cuando estamos contentos con lo que Dios nos dio:

“Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1 Timoteo 6:6-8, LBLA).

Ten paz con las cosas que no puedes hacer en tu iglesia. El tiempo del pastor bivocacional es limitado y muchas cosas no se podrán hacer. Tres cosas son esenciales en el ministerio pastoral: la preparación y predicación de la Palabra, pastorear o cuidar las ovejas y la oración. Todo lo demás es secundario. Enfócate en ser excelente en estas tres cosas y para lo demás, ten paz si no se puede hacer. Recuerda:

“El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12, LBLA).

NO TE SOBRECARGUES CON COSAS INNECESARIAS

Sé selectivo en qué puedes hacer y qué no puedes hacer fuera de la iglesia. Estamos viviendo en una era de conferencias, retiros, capacitaciones, etc. El activismo en muchas iglesias es brutal. Parece que cada semana hay algo nuevo a lo que es necesario asistir. Pero debes ser realista con lo que puedes hacer y con lo que no puedes hacer; en otras palabras, no tienes que ir a todas las conferencias, Retiros, campamentos y demás actividades que se pongan enfrente. Muchas de ellas pueden ser dejadas para otra ocasion. Sé selectivo porque para ir a esas actividades posiblemente tendrás que usar el tiempo de otras actividades que sí son esenciales o, peor aún, le robarás el tiempo que es sagrado a tu familia. ¿Cuántos ministros han visto destruidas su familias por no dedicarles tiempo? Lamentablemente muchos pastores piensan que están casados con la iglesia, pero ¡Momento! ¡La iglesia es la esposa del Cordero, no la tuya! Así que no dejes viuda a tu esposa antes de tiempo y tampoco abandones a tus hijos por cumplir cada antojo del activismo desenfrenado de algunas denominaciones.

TÚ TAMBIÉN NECESITAS DESCANSAR

Asegúrate de tomar tiempo para el descanso y vacaciones con tu familia. No, ¡No es pecado hacerlo! Nunca olvides que tu familia es tu principal ministerio. Y, aunque no te lo hayan dicho en el seminario teológico ¡Descansar es también un mandato! La Biblia nos dice:

“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.” (Éxodo 20:9-11)

Sí, leíste bien. Dios mandó a su pueblo descansar periódicamente. La misma ley mosaica justificaba dicho mandato argumentando que, después de crear al mundo, el mismo Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche.

Muchos pastores llevan sobre sus hombros la carga innecesaria de la culpa por descansar o tomarse vacaciones ocasionales. Sienten que pecan y que le están fallando a Dios por estar cansados y necesitar un descanso. Pero tal me era de pensat no tiene sentido. Tan sólo piensa: ¿Dice la Biblia en alguna parte que es pecado que el pastor se tome un día de descanso semanal? No. No lo dice. Pero sí nos ilustra la necesidad de que el líder y pastor cristiano descanse y sepa delegar por el bienestar de su salud:

“El día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo se colocó alrededor de Moisés todo el día. El suegro de Moisés vio todo lo que Moisés estaba haciendo por el pueblo y le preguntó: —¿Qué es lo que estás haciendo con este pueblo? ¿Por qué estás sentado ahí tú solo, mientras el pueblo se queda de pie a tu alrededor todo el día? Moisés le respondió a su suegro: —Porque el pueblo viene a buscarme para consultar a Dios. Cuando tienen algún problema entre ellos, vienen y yo decido quién tiene la razón. Yo doy a conocer las leyes y normas de Dios. Pero el suegro de Moisés le dijo: —Lo que estás haciendo no está bien. Tú y el pueblo que está contigo se van a cansar. Este trabajo es muy difícil para ti, no puedes hacerlo solo. Ahora escúchame, te voy a dar un consejo para que Dios esté contigo. Tú serás el representante de Dios ante el pueblo y llevarás los problemas de ellos ante él. Enséñales las leyes y las normas y hazles saber de qué manera deben vivir y qué deben hacer. Pero elige hombres buenos, dignos de confianza, que respeten a Dios, que no se dejen sobornar y haz que ellos manden sobre el pueblo. Coloca a unos de ellos a cargo de mil personas, a otros a cargo de cien, a otros a cargo de cincuenta, e incluso otros a cargo de diez. Ellos estarán encargados de juzgar al pueblo en todo momento. Los casos más graves te los llevarán a ti, pero los casos menores los juzgarán ellos. Facilítate las cosas, encargándoles parte del trabajo. Si haces todo esto y lo ordena Dios, vas a poder sobrellevar tu trabajo y todo el pueblo se irá en paz a sus hogares.” (Éxodo 18:13-23, PDT).

Y esto nos lleva al siguiente punto.

PIDE AYUDA A OTROS

Mi amado hermano pastor ¿Quién te ha dicho que eres Supermán? Uno de los pecados más fuertes en nosotros los pastores es el orgullo ministerial. Mentimos acerca de la membresía, nos jactamos de la efectividad de la iglesia en la comunidad y exageramos acerca de los ministerios que tenemos. Son pocos los pastores que pueden reconocer sus limitaciones, humillarse y pedir ayuda a otros pastores. No hay nada malo en pedir ayuda ya sea a otro pastor, a tus superiores en tu denominación, u otros miembros de tu iglesia. El pastor bivocacional necesita mucha ayuda y hay un gran número de iglesias con gran cantidad de recursos (personas y dinero) que estarían dispuestos a ayudar si tan sólo lo pidieras.

PREPARA E INSTRUYE A OTROS

Mi amado pastor bivocacional: ¡Dedícate a preparar a otros hombres y mujeres para el ministerio! Una de mis quejas cuando comencé como pastor bivocacional, era que carecía de obreros. Me sentía presionado para hacer todo, y es que, en nuestra amada Latinoamérica, los pastores, en vez de ser teólogos somos “todólogos”. No sabemos ni queremos delegar. Pero 2 Timoteo 2:2 nos aconseja:

“Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

Si leíste bien quizá observas te que este texto vemos cuatro generaciones de obreros: Pablo, Timoteo, hombres fieles y otros. Busca dos o tres hombres de la congregación que sean enseñables y que ellos enseñen a otros. Esto cambiará tu ministerio.

ORGANIZA BIEN TU TIEMPO

Una cosa que el pastor bivocacional debe aprender, es decir “no” a muchas cosas. El corazón servidor de un pastor puede llevarlo a hacer más de lo que su tiempo le permite. Su tiempo debe ser distribuido en lo siguiente: su relación con el Señor (estudio bíblico, devocional, oración), familia, iglesia (pastorado) y trabajo. Organiza tu vida para que puedas ser efectivo en estas áreas. Hay ocasiones, hermano pastor, cuando tienes que decirle a una oveja que no puedes atenderlo porque estás pasando tiempo con tu hijo. Además de organizar tu tiempo, debes quitar o modificar las distracciones en tu vida, por ejemplo: las redes sociales, la TV, Netflix y muchas otras cosas pueden robar valiosas e irrecuperables horas de tu vida. Te aconsejo que aprendas a vivir con un calendario o agenda para que tengas tus citas en orden y puedas organizarte bien.

CONTROLA TUS FINANZAS

Una razón por la que algunos pastores bivocacionales están obligados a trabajar secularmente, es porque descuidaron sus finanzas. Tienen muchas deudas, viven en un nivel superior a su realidad o simplemente por avaricia. En otras palabras, sus finanzas los controlan y ellos no controlan sus finanzas. Un consejo aquí es: aprende a vivir bajo un presupuesto. Si no sabes cómo preparar uno, te recomiendo buscar a alguien que te pueda ayudar a controlar tus finanzas. Como pastores, debemos ser ejemplo de la mayordomía. Trabaja en un plan para eliminar las deudas y controla la manera en la que gastas el dinero.

VIVE PARA LA EXCELENCIA

Haz tu trabajo con excelencia para agradar a Dios. El apóstol Pablo dice a los siervos en Efesios 6:5-9:

“Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”.

Tu trabajo debe mostrar a quien sirves y serás un ejemplo para la iglesia de cómo servir a Dios en el trabajo.

ORA, ORA Y ORA MÁS…

Estoy convencido de que ser pastor bivocacional es un llamado, y para ser efectivo en este ministerio debes confiar en el poder del Espíritu Santo y eso nos debería llevar a ser hombres de oración. Dedica tu vida a la oración. Hay momentos en que te querrás rendir por el cansancio físico, el desánimo o falta de fruto. Tal vez tengas problemas en el trabajo, en la iglesia y en tu familia. ¡A mí me ha pasado muchas veces! Pero por favor, pase lo que pase, no descuides tu vida de oración bajo la excusa de que estás cansado o tienes mucho que hacer como para orar.

De todas las cosas por las que se conoce a Martin Lutero, entre las más importantes está su dedicación a la oración. Él es famoso por decir:

“Tengo tantas cosas qué hacer que debo invertir las primeras tres horas en oración’’.

Y no exageraba. Muchos de sus amigos y estudiantes testifican que pasaba varias horas sobre sus rodillas en una ferviente y diaria oración, y a menudo lo hacía en momentos durante del día que parecían inoportunos. Si el gran reformador, catedrático, teólogo y traductor de la biblia al alemán tenía tiempo para orar ¿Por qué tú no? ¡Seguramente reformar una nación es más pesado que ser pastor bivocacional! ¿No crees? Te suplico, amado pastor bivocacional, que derrames tu corazón “confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

CONCLUSIÓN

Puede ser que a los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas nunca se les invite a predicar en la conferencia nacional de su denominación (es más, quizás se les critique en la misma); puede ser que nunca se les pida escribir un libro, quizá nunca se destaquen en su reunión denominacional o en el retiro de su red de iglesias nacional. Sin embargo, ellos tienen las mismas responsabilidades que todos los demás pastores. De hecho, podría afirmar que tienen más responsabilidades porque los pastores de iglesias más grandes tienen empleados y asistentes que pueden quitarles algo de su carga. Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, en cambio, con frecuencia no tienen a nadie más. ¿Quién más preparará el sermón, visitará el hospital, aconsejará a los quebrantados, hará visitas evangelísticas, discipulará a los hombres o, incluso, doblará los boletines en ciertas ocasiones?

Me entristece, sin embargo, sentir que con frecuencia los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, mis hermanos pastores, están desanimados en sus ministerios. Sus superiores, sus colegas pastores y hasta sus mismas congregaciones les hacen sentir así con sus críticas despiadadas y comentarios irreflexivos. Lo sé porque yo también he sentido y experimentado eso a veces. Por eso, a mis amados hermanos que, como yo, sirven como pastores bivocacionales, quiero decirles: El hecho de que estés sirviendo en el ministerio pastoral no es un accidente. Dios te apartó, por medio de Su Espíritu Santo, para el ministerio del evangelio, el ministerio en el que sirves ahora. Así que, recuerda que Dios te llamó, y el Espíritu Santo te hizo pastor «para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). Tu trato con Dios no depende de la opinión de otros o de su aprobación. Cada ministerio es distinto, cada llamado es especial y único ¡Recuerda tu llamado y da gracias!

Ministerio Pastoral, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Reflexiones sobre el ministerio

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Me encanta caminar en el evangelio con otras personas, pastorear una comunidad, predicar, enseñar y participar en todo lo emocionante que conlleva ser parte de una iglesia. Sin embargo, no todo en el ministerio es divertido. Al contrario, el ministerio está lleno de situaciones difíciles y a veces pecaminosas.

Desde afuera uno puede hacer todo para prepararse: leer libros, asistir a clases, ser ordenado, etc. Pero ser un pastor es infinitamente más difícil que prepararse para serlo. Ciertamente, el ministerio es un tesoro de glorias y muertes. Nada te puede preparar para ‘tomar tu cruz’ de esta manera excepto hacerlo.

LO QUE SIGNIFICA EL MINISTERIO CRISTIANO

Aunque no he estado en el ministerio por décadas como muchos otros colegas más experimentados, he aprendido la necesidad de definir el ministerio de acuerdo a la Biblia y no a mis expectativas. No solo habló acerca del ministerio pastoral sino también de cualquier función que alguien tiene en la vida de la Iglesia para llevar a cabo la misión de hacer y crecer discípulos de Cristo. Desde afuera el ministerio puede parecer genial, y ¡en muchas ocasiones lo es! Pero muchas veces el ministerio parece genial porque solo destacamos las partes positivas (un edificio lleno de personas que oyen tu predicación, bautizar a nuevos creyentes, realizar, retiros, campamentos, conferencias, etc.). En realidad, el ministerio es mucho más que eso.

El ministerio existe principalmente porque Cristo nos ministró primero a través de su vida, muerte y resurrección (el evangelio), y ahora nos ha encomendado con una misión para compartir ese mismo evangelio a otros (Mateo 28:18-20). El evangelio es necesario porque nosotros somos pecadores y todos nuestros problemas encuentran su raíz en el pecado. Ministrar, entonces, en gran parte es lidiar con los problemas de otros, los pecados de otros, y apuntarles hacia la única solución verdadera: Cristo (Romanos 10:13-15).

EL MINISTERIO: ENTRE LO MEJOR Y LO PEOR

Estar en el ministerio es lo mejor porque estamos participando directamente en la misión de Dios de reconciliar a pecadores con sí mismo. Claro, nosotros no somos el poder o la fuente de salvación: somos nada más que heraldos de las buenas noticias que Cristo salva, y esta es la obra más gratificante y satisfactoria en la que podemos participar. Pero, estar en el ministerio también es lo peor porque hemos sido enviados como heraldos a un mundo caído. Y mientras somos sus instrumentos, también somos imperfectos. Cometemos errores, fracasamos frecuentemente, y nos tropezamos en cada paso de llevar a cabo la Gran Comisión que se nos ha encomendado.

LO QUE CUESTA SEGUIR A CRISTO

¿Quién dijo que sería fácil? La Biblia no presenta un concepto de ministerio que es todo alegre y para nada difícil. Sinceramente, presenta lo opuesto: “Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces. Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.” (2 Corintios 6:4-10, LBLA).

Somos llamados a ser ministros de Dios, representantes del evangelio, en las peores circunstancias. ¡Somos llamados a ir y entrar a los lugares más oscuros para brillar la luz del evangelio! Esto no es fácil. Muchas veces significa sufrir con los que están sufriendo. Sacrificar lo que tenemos para servir a los demás. Y en algunos casos, significa darlo todo hasta el punto de la muerte. Que nuestra oración tenga el mismo espíritu como la de Pablo cuando dijo: «Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24).

LOS MINISTROS TAMBIÉN NECESITAMOS EL EVANGELIO

Las buenas noticias para el ministro son las mismas que las buenas noticias para el que está siendo ministrado: Cristo lo ha hecho todo. Y porque Él nos está haciendo perfectos, por medio del Espíritu y gracias a su obra en la cruz, podemos confiar en que Él nos usará y santificará a través del ministerio también. Como lo dice el pasaje de arriba, podemos ser pobres pero enriquecer a muchos porque aunque no tengamos nada, lo tenemos todo en Cristo (2 Corintios 6:4-10). Él es nuestra esperanza, en lo bueno y en lo malo. Al fin y a cabo, el ministerio no es solucionar los problemas de los demás, sino apuntarles a la única persona que realmente puede ayudarles. En cualquier caso, sea lo mejor o lo peor, el éxito y la satisfacción del ministerio no se debe medir por meras circunstancias, sino por lo que Cristo está haciendo al trascender nuestras circunstancias y obrar a través de y en personas imperfectas y ordinarias como nosotros.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Somos polvo, frágiles vasijas de barro

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Todos conocemos la tremenda historia del Rey Nabucodonosor y su legendaria frase: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:30). Su arrogancia, soberbia y orgullo, lo llevaron a enloquecer durante siete tiempos y vagar errante por los montes y campos como un animal salvaje (Daniel 4:31-37). Esta historia conmueve mi corazón y me lleva a pensar que, si desde antes de la fundación del mundo, la arrogancia y el orgullo de Satanás le llevaron a su caída (Isaías 14:12-15), y si el orgullo está de primero en la lista de las siete cosas que aborrece el Señor en el libro bíblico de Proverbios (Proverbios 6:16-19), entonces hoy, en los últimos tiempos, el orgulloso, la soberbia y la arrogancia humana están más que nunca a la orden del día. Para el mundo el orgullo es sinónimo de fortaleza, poder y autoridad. No lo ven como un pecado, sino como algo positivo. Dios, sin embargo, tiene una escala de valores muy diferente. Un precioso texto bíblico afirma que Dios “hermoseará a los humildes con la salvación” (Salmo 149:4). Lo cual concuerda con las palabras de Jesús: “Tomad mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Dios valora la humanidad. Eso está claro. La pregunta es: ¿Y nosotros? ¿Valoramos la humanidad? ¿Somos verdaderamente humildes? Examinándome a mí mismo puedo ver que no. Y que, de hecho, me falta mucho por lograr el ideal propuesto por Jesús.

DUST 3

LA HUMILDAD, UNA VIRTUD POCO DESEABLE

Pero ¿Por qué la humildad nos parece tan poco deseable? ¿Por qué parece tan difícil de alcanzar? Quizá se deba a que hemos olvidado lo que somos. El humanismo antropocéntrico nos ha hecho olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos: ¡Al polvo! Así de sencillo: Dios nos hizo del polvo (Génesis 2:7) y un día nos devolverá al polvo (Salmo 90:3). En vez de eso, el ser humano ha construido un universo imaginario en el cual él es su propio dios y centro del universo. Pero tal universo es irreal. El ser humano no es un dios, es polvo nada más. ¡Polvo! Sí, el mismo que pisoteados y sobre el cual caminamos todos los días. Por eso pregunto: ¿Acaso hay algo grande y digno de jactancia y presunción en el hombre hecho de polvo? ¡No lo creo! El polvo es materia inanimada, sin vida, desintegrada. Es el polo opuesto a las complejas células interconectadas, los sistemas orgánicos, los patrones neuronales, los nervios, los músculos, los huesos, los tejidos, todo el sistema maravillosamente hilado que conforma a un ser humano vivo, formado en el vientre por el poder y la sabiduría de Dios (Salmo 139:13).

DUST 2

Un ser humano vivo puede caminar, correr, construir, pensar, hablar, actuar, amar. Pero el polvo es apenas un conjunto de partículas desconectadas en la tierra, sin vida, sin acción, sin voluntad, sin poder; es materia inerte e inorgánica. Lo digno de ser recordado en todo esto es que tú y yo venimos del polvo, y nuestros cuerpos volverán al polvo. En ningún momento de nuestras vidas mortales estamos lejos de volver al polvo. De hecho, cada día que pasa estamos más cerca de volver a él. Somos muy frágiles… ¡Más de lo que quisiéramos admitir! A veces nuestra prosperidad temporal, la buena salud y nuestros logros de cualquier índole nos llevan al autoengaño y la negación de nuestra frágil condición humana. El problema de estar fuertes y sanos es que tú y yo empezamos a creer que somos algo más que partículas de polvo sobre las que Dios ha respirado aliento de vida temporalmente. Puesto que soy capaz de caminar, pensar, hablar, y actuar, empiezo a creer que soy inmortal: que siempre podré caminar, pensar, hablar, y actuar. Pero no será así. Es saludable aceptar la verdad de que somos polvo. Estamos hechos de polvo. En esta vida mortal nunca seremos más que un puñado de partículas de tierra en las que Dios ha soplado el aliento de vida temporalmente. Somos frágiles y delicados, y haríamos bien en no olvidarlo nunca.

VASIJA DE BARRO

EL LÍDER CRISTIANO Y SU LLAMADO A LA HUMILDAD

Sí. Sé bien que tú y yo somos diferentes. Tenemos distintos tipos de resistencia, tanto física como mental. Tenemos capacidades diversas para soportar más o menos horas de trabajo. A algunos se nos da bien viajar, a otros no tanto. En muchos sentidos tenemos distintas capacidades. Pero sea cual sea la constitución que Dios nos ha dado, ninguno somos más que polvo. Cada cristiano, y en particular aquellos que hemos sido llamados por Dios al ministerio o elegidos para ejercer responsabilidades de liderazgo en el Cuerpo de Cristo, debemos tener siempre en mente que, cuando nos rendimos a Jesús como Señor, no le ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (Salmos 103:14), él recuerda que somos polvo. Conocer esto es vital al rendir nuestras vidas a Él en el ministerio. Solo teniendo esto en mente podremos escapar del orgullo, la soberbia y la arrogancia. Ahora pues: “Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3, NTV).

CREACIÓN DE ADÁN