Ministerio Pastoral, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Reflexiones sobre el ministerio

Estar en el ministerio es lo mejor porque estamos participando directamente en la misión de Dios de reconciliar a pecadores con sí mismo. Claro, nosotros no somos el poder o la fuente de salvación: somos nada más que heraldos de las buenas noticias que Cristo salva, y esta es la obra más gratificante y satisfactoria en la que podemos participar. Pero, estar en el ministerio también es lo peor porque hemos sido enviados como heraldos a un mundo caído. Y mientras somos sus instrumentos, también somos imperfectos. Cometemos errores, fracasamos frecuentemente, y nos tropezamos en cada paso de llevar a cabo la Gran Comisión que se nos ha encomendado.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Gira tu rostro hacia el Sol de Justicia

¿Te has fijado alguna vez cómo el girasol gira su enorme flor hacia el sol? El «girasol» nos da, pues, una enseñanza. El sol es fuente de luz y calor. El girasol lo sabe y lo busca. ¿Por qué nosotros, creados a imagen de Dios, deberíamos ser diferentes en nuestra relación con la fuente de vida? ¿Hacia dónde deberíamos dirigirnos a fin de tener la respuesta a nuestras necesidades? Hacia Dios mismo, por medio de la fe. En efecto, Dios quiere dar luz y calor a cada uno, pero esto sólo es posible si nos volvemos a él por medio de su Hijo Jesucristo. Sí, Jesús vino como la “luz del mundo” (Juan 8:12) para todos los pueblos, luz enviada por Dios, hecha de ese resplandor que es gracia y verdad. Al recibirlo en lo más profundo de nuestro ser, nos transmite la vida de Dios para que gocemos de una nueva relación con nuestro Creador.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

El cristiano y su ética de trabajo.

Todos anhelamos sobresalir en algo, ¿O no? Todos tenemos sueños. Todos queremos ser cabeza y no cola. Todos queremos triunfar pero ¿Estamos dispuestos a trabajar duro por lograrlo? ¿O nos conformamos con aplicar la ley del mínimo esfuerzo en todo lo que hacemos? Ciertamente, la pereza y la ociosidad desagradan a Dios, pues Él busca la excelencia, no la mediocridad. Muchos, sin embargo, soñamos con alcanzar el éxito sin tener que mover un dedo. Queremos que Dios nos lo conceda tan solo con pedirlo, pero ¡Eso jamás pasará! La diligencia y la fe son dos caras de un misterio. Ambas deben estar presentes si hemos de lograr el éxito espiritual o material.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Recuerda: ¡No podemos mandar a Dios!

¿Estás pidiendo algo y Dios parece darte un "no" por respuesta? ¿Le pides a Dios ciertas cosas y estas nunca llegan? No es que Dios sea sordo, sino que quizá no estás pidiendo correctamente, o lo que pides no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Hemos oído tantas veces que "la fe mueve la mano de Dios", al punto que quizá hemos llegado a pensar que nuestras oraciones, reclamos y decretos pueden torcerle el brazo y obligarlo a darnos lo que Él no desea para nosotros. Pero eso es falso: "Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place." (Salmos 115:3), no lo que nosotros intentamos ordenarle. ¿Cómo? ¿Acaso no es la voluntad de Dios sanarnos todo el tiempo, darnos ese trabajo, adquirir esa posesión o salvarnos de la misma muerte? ¡No siempre! Quizá esto no suene al Evangelio que conozcas o te prediquen en la televisión. Y es que a Dios le tiene sin cuidado lo que pueda decir el falso Evangelio de la Prosperidad, la confesión positiva o cualquier otra moda teológica. Él no obedece decretos, no le interesa que "arrebates" lo que creas que es tuyo ni escuchará confesiones positivas contrarias a su voluntad, pues "todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle '¿Qué has hecho?'." (Daniel 4:35). El fin supremo de todo es la gloria de Dios, no la nuestra. Nuestras oraciones solo tienen valor cuánto humildemente nos rendimos y decimos "hágase tu voluntad" (Mateo 6:10) en vez de querer obligar a Dios a hacer la nuestra. En 2 Samuel 7:18-26, la oración de David para que Dios ratificara Su promesa y bendijera la casa de David fue motivada por el deseo de ver el nombre de Dios magnificado. Nuestras oraciones para que Dios nos bendiga deben estar motivadas por lo mismo. Al pedir la bendición del Señor, busquemos hacerlo no solo para nuestro beneficio, sino para que el Señor sea glorificado por nosotros y por los demás. ¿Es esa sanidad que deseas tanto para glorificar a Dios, o simplemente quieres más tiempo para seguir deleitándose en el pecado? ¿Anhelas honrar a Dios con tus bienes, o simplemente quieres adquirir más para gastar en los deleites temporales del pecado? Examínate a tí mismo. Dios ya sondeó tu corazón y sabe lo que realmente harás con la "bendición" que le estás pidiendo. Él no te dará lo que no conviene, pues a Dios le interesa más tu salvación eterna que tú comodidad terrenal. Santiago lo explica claramente: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (Santiago 4:3).

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Teología

¡Necesitamos más predicación teológica!

Uno de los mayores problemas de la predicación evangélica contemporánea es que las predicaciones cristianas muchas veces no son verdaderamente cristianas. Son morales en el mejor de los casos, herejías en la mayoría. El evangelio de la prosperidad es solo la punta del iceberg. Pocos predicadores estarán dispuestos a admitirlo, pero muchas de las predicaciones no apuntan a Cristo, no revelan a Cristo, no hablan de Cristo o de su obra, de sus promesas o de cómo ser como Él. Cuando solo predicamos que no debemos mentir, que no debemos robar, o que debemos amar a nuestra esposa, aun cuando son principios útiles y hasta tradicionalmente cristianos, no son exclusivamente bíblicos. Los mormones, testigos de Jehová, y budistas enseñan y se adhieren a esos principios también. Las predicaciones moralistas son, en última instancia, una falta de respeto a la Biblia y a su autor, pues no estamos extrayendo de ella los grandes tesoros de conocimiento que contiene. Muchos predicadores "evangélicos" incluso han reducido el mensaje del Evangelio a una prédica legalista en la cual lo único que importa es que las mujeres no usen pantalones, se cubran el cuerpo lo más posible, no usen maquillaje, ni se corten el cabello. Pero ¿Es esto el Evangelio? ¿Por tan poca cosa vino a morir el Señor?