Apologética, Fanatismo Religioso, Sin categoría

La nueva moda de los «apologistas» cristianos

Por Fernando E. Alvarado

Para muchos debatir se ha vuelto el nuevo deporte evangélico. Autoproclamarse “apologista cristiano” está de moda, aunque no sepas ni jota de Biblia, historia eclesiástica, credos y confesiones históricas. Ese deseo insaciable de demostrar que se tiene la razón, de lucirse en redes, de parecer inteligente y así satisfacer un frágil ego no tiene fin. Como si Cristo hubiese dicho: “Id por todo el mundo y ganad debates, humillando a tu adversario y haciendo enemigos por todas las naciones. El que ganare el debate y derribare los argumentos de su adversario será salvo”.

Discutir y discutir constantemente y no hacer nada (la Praxis cristiana), es el pan de cada día en redes sociales. En el proceso no ganamos almas, ¡Pero vaya que las perdemos! Nos ofendemos, nos atacamos, nos mordemos y, lo peor, creemos que eso es hacer la obra de Dios. Jonathan Edwards tenía la razón cuando dijo:
«Satanás divide al pueblo de Cristo y lo pone a pelear entre sí. Los cristianos riñen con gran fervor, como si esto fuera celo espiritual. El cristianismo se degenera en disputas sin sentido. Los partidos en pugna se abalanzan a extremos opuestos, dejando casi en el olvido el camino correcto que queda en medio de los dos.»

¿Vivir peleando es hacer la obra de Dios? Porque lo que hoy vemos en redes raras veces merece el nombre de apologética. Es más bien la expresión más clara de carnalidad cristiana y arrogancia sectaria. En nombre de la apologética hemos levantado un sinfín de monumentos al ego, erigido altares de resentimiento y disputas absurdas en donde se sacrifica la unidad de la iglesia. Pablo seguramente nos exhortaría: “Pero si os mordéis y os coméis unos a otros, mirad que también no os consumáis unos a otros.” (Gálatas 5:15)

Incluso en el pentecostalismo, históricamente apático a la intelectualidad, vemos este fenómeno actualmente. Ha surgido una nueva generación de jóvenes pentecostales brillantes, expertos en la defensa de la fe, las doctrinas y dogmas religiosos pero, como bien lo han señalado algunos, vacíos del Espíritu Santo y carentes de madurez, con un ego enorme y nula experiencia en el ejercicio de la espiritualidad bíblica. Simplemente vacíos del Espíritu Santo. Cerebros grandes, corazones pequeños y espíritus débiles.

Carentes de toda identidad en Cristo, muchos evangélicos de hoy no se definen por su fidelidad a Cristo, por su comunión con Dios, por su buen testimonio, por su obediencia a la Palabra o su apego a la ética cristiana, sino por aquello a lo que se oponen: Se declaran anticatólicos, anti-LGBTQ+. antifeministas, antiaborto, antimarxismo, antimusulmanes, etc. En pocas palabras, los cristianos se definen por ser “haters” de tal o cual grupo. Hacen girar su vida en torno a aquello a lo que se oponen, y no en torno a las Buenas Nuevas de salvación. Predicar a Cristo, y a este crucificado, ha quedado atrás. La polémica dicta ahora su fe y conducta. Se definen por lo que odian y atacan, no por lo que viven. El debate, el pleito y la construcción de muros que los dividen de sus semejantes (incluso de otros creyentes), y no el Evangelio, es lo que define al evangélico de hoy.

Querido hermano que te dices “apologista”: No te dejes llevar por la corriente cíclica del universo virtual y comienza a vivir realmente el evangelio. Trabaja en la iglesia, sirve en ella, sal de tu escritorio y haz algo por el Reino. Pelear y debatir a lo tonto, por el mero placer de tener la razón y hacerte grande a ti mismo, no cuenta. Cada día me convenzo más que la apologética sin amor por el Cuerpo de Cristo, por los perdidos, una apologética sin madurez, sin llenura del Espíritu Santo pero cargada de egolatría, es simplemente una pérdida de tiempo y un desperdicio de recursos.

1 comentario en “La nueva moda de los «apologistas» cristianos”

  1. Excelente artículo pastor. Recuerdo que cuando descubrí ese mundo de la apologética quería discutir y «refutar» a todo el mundo, pero esas herramientas deben llevarnos a predicar el evangelio no ha pelear como si de eso se tratara lo que hacemos, solo estaríamos dando golpes al aire

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