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Cesasionismo, Continuismo, Distintivos del Pentecostalismo, Dones Espirituales, Espiritismo y Ocultismo, Guerra Espiritual, Herejías, Neopentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pluralismo Religioso, Postmodernidad, Sincretismo, Teología, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte III)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

En artículos anteriores hemos probado que la kundalini y la experiencia conocida como bautismo o llenura del Espíritu Santo no son lo mismo. Sin embargo, aún queda algo pendiente de aclarar: Los pentecostales y carismáticos creemos firmemente en la continuidad y validez de los dones del Espíritu para nuestra época. Afirmamos que no hay evidencia bíblica, o cualquier otro tipo de evidencia, que siquiera se acerque a sugerir que los dones carismáticos han cesado. El estudioso honesto de la Biblia debe reconocer la presencia constante, de hecho, dominante, y en todo el Nuevo Testamento de los dones espirituales. A partir de Pentecostés, y continuando a lo largo del libro de los Hechos, siempre que el Espíritu se derrama sobre los nuevos creyentes, ellos experimentan su charismata. No hay nada que indique que estos fenómenos se limitan a ese grupo y a ese momento. Esto parece ser algo extendido y común en la iglesia del Nuevo Testamento. Cristianos de Roma (Romanos 12), Corinto (1 Corintios 12-14), Samaria (Hechos 8), Cesarea (Hechos 10), Antioquía (Hechos 13), Éfeso (Hechos 19), Tesalónica (1 Tesalonicenses 5), y Galacia (Gálatas 3) experimentaron los dones milagrosos y de revelación. Es difícil imaginar cómo los autores del Nuevo Testamento podrían haber hablado más claramente acerca de cómo debe lucir el cristianismo bíblico. En otras palabras, la evidencia apunta en contra del cesacionismo.

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LOS DONES ESPIRITUALES Y LAS MANIFESTACIONES DEL ESPÍRITU SANTO NO HAN CESADO

Contrario a la afirmación de muchos cesacionistas, los dones milagrosos no fueron señal exclusiva de los apóstoles, sino un privilegio común a todos los cristianos ungidos con el Espíritu Santo. En otras palabras, muchos hombres no apostólicos y mujeres, jóvenes y viejos, en toda la amplitud del Imperio Romano, ejercieron sistemáticamente estos dones del Espíritu. El libro de los Hechos nos relata que Esteban y Felipe ministraron en el poder de señales y prodigios. Otros, que ejercían los dones milagrosos, aparte de los apóstoles, incluyen: (1) los 70 que fueron enviados en Lucas 10:09, 19-20, (2) al menos 108 personas, entre los 120 que estaban reunidos en el aposento alto en el día de Pentecostés, (3) Esteban (Hechos 6-7), (4) Felipe (Hechos 8), (5) Ananías (Hechos 9), (6) miembros de la iglesia en Antioquía (Hechos 13), (7) conversos anónimos en Éfeso (Hechos 19:06), (8) la mujer en Cesarea (Hechos 21:8-9), (9) los hermanos sin nombre de Gálatas 3:5, (10) los creyentes en Roma (Romanos 12:6-8), (11) los creyentes en Corinto (1 Corintios 12-14); y (12) los cristianos de Tesalónica (1 Tesalonicenses 5:19-20).

También hay que dar espacio a la explícita y frecuentemente repetida intención de los dones del Espíritu: esto es, la edificación del cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:07; 14:03, 26). Si bien es cierto los dones espirituales fueron esenciales para el nacimiento de la iglesia, ¿Por qué habrían de ser menos importantes o necesarios por causa de su continuo crecimiento y maduración? También existe la continuidad fundamental o la relación espiritualmente orgánica entre la iglesia en Hechos y la iglesia en siglos posteriores. Nadie niega que fue una época o período de la iglesia primitiva que podríamos llamar “apostólica”. Debemos reconocer la importancia de la presencia física y personal de los apóstoles y su papel único en sentar las bases de la iglesia primitiva. Pero en ninguna parte del Nuevo Testamento se sugiere que ciertos dones espirituales estaban ligados única y exclusivamente a ellos, o que los dones cesaron cuando los apóstoles murieron. La iglesia universal o cuerpo de Cristo que fue establecido y dotado por el ministerio de los apóstoles es la misma iglesia universal y el cuerpo de Cristo hoy. Estamos juntos con Pablo y Pedro y Silas y Lidia y Priscila y Lucas, todos miembros del mismo cuerpo de Cristo. También hay que tomar nota de 1 Corintios 13:8-12. Aquí Pablo afirma que los dones espirituales no “pasarán” (vv. 8-10) hasta la llegada de lo “perfecto”. Si lo “perfecto” es de hecho la consumación de los propósitos redentores de Dios, como se expresa en el cielo nuevo y la tierra nueva después del regreso de Cristo, podemos confiadamente esperar que continúe la bendición y el empoderamiento de la iglesia con los dones hasta ese momento. Un punto similar se hace en Efesios 4:11-13. Allí Pablo habla de los dones espirituales como la construcción de la iglesia “hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, al hombre perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (v. 13; cursivas mías). Dado que esto último con toda seguridad aún no ha sido alcanzado por la iglesia, podemos anticipar con confianza la presencia y el poder de tales dones hasta que llegue ese día.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES NO FUERON SOLO PARA LA ÉPOCA APOSTÓLICA

Aunque los cesacionistas argumenten que las señales y prodigios, así como ciertos dones espirituales, solo sirvieron para confirmar o autenticar a los apóstoles, y que cuando los apóstoles murieron estos dones terminaron, el hecho es que ningún texto bíblico dice que señales y milagros o dones espirituales de un tipo en particular autentican los apóstoles. Señales y prodigios autenticaron a Jesús y el mensaje apostólico acerca de Él. Si las señales y maravillas fueron diseñados exclusivamente para autenticar apóstoles, no tenemos ninguna explicación de por qué los creyentes no apostólicos (como Felipe y Esteban) estaban facultados para realizarlas (1 Corintios 12:8-10). Por lo tanto, esta es una buena razón para ser un cesacionista solo si se puede demostrar que la autenticación o certificación del mensaje apostólico fue la única y exclusiva finalidad de tales demostraciones de poder divino. Sin embargo, en ningún lugar en el Nuevo Testamento es reducido a certificación el propósito o función de lo milagroso.

Los milagros, en cualquier forma, sirvieron para otros varios propósitos distintos: doxológicos (para glorificar a Dios: Juan 2:11; 9:03; 11:04; 11:40, y Mateo 15:29-31.); evangelístico (para preparar el camino para que el evangelio sea dado a conocer: Hechos 9:32-43); pastoral (como expresión de la compasión y el amor y el cuidado de las ovejas: Mateo. 14:14, Marcos 1:40-41), y edificación (para edificar y fortalecer a los creyentes: 1 Corintios 12:07 y el “bien común”, 1 Corintios 14:3-5, 26). Todos los dones del Espíritu ya sean lenguas o enseñanza, de profecía o de misericordia, curación o ayuda, se les dio (entre otras razones) para edificación, construcción, aliento, instrucción, consolación, y santificación del cuerpo de Cristo.

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NO, LOS DONES ESPIRITUALES TAMPOCO SE OPONEN A LA PALABRA ESCRITA

Tal vez la objeción más frecuentemente escuchada de parte de los cesacionistas es que el reconocimiento de la validez de los dones de revelación, como la profecía y la palabra de sabiduría, terminarían socavando la firmeza y la suficiencia de las Sagradas Escrituras. Pero este argumento se basa en la falsa suposición de que estos dones nos proporcionan verdades infalibles iguales en autoridad al texto bíblico en sí. También se escucha la apelación cesacionista a Efesios 2:20, como si en este texto se describen todos los posibles ministerios proféticos. El argumento es que los dones de revelación, como la profecía, estaban vinculados únicamente a los apóstoles y, por tanto, diseñados para funcionar solo durante el llamado período fundacional de la iglesia primitiva.

Un examen detallado de la evidencia bíblica concerniente tanto a la naturaleza de los dones del Espíritu, así como su amplia distribución entre los cristianos indica que hubo mucho más de este don que simplemente los apóstoles imponiendo la fundación de la iglesia. Por lo tanto, ni la muerte de los apóstoles, ni el movimiento de la iglesia más allá de sus años fundacionales, tiene influencia alguna sobre la validez y continuidad de los charismata hoy. Por último, aunque no es técnicamente una razón o argumento para ser un continuista, no puedo pasar por alto la experiencia. El hecho es que he visto todos los dones espirituales en funcionamiento, probados, confirmados, y experimentados de primera mano en innumerables ocasiones. La experiencia, al margen del texto bíblico, prueba poco. Pero la experiencia ha de tenerse en cuenta, sobre todo si muestra o encarna lo que vemos en la Palabra de Dios.

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UNA PREGUNTA FINAL A LOS CESACIONISTAS

Quiero concluir haciendo una pregunta final a mis hermanos cesacionistas: Jesús dijo que íbamos a recibir poder cuando el Espíritu Santo viniese sobre nosotros. Entonces, ¿dónde está el poder? Ustedes, que no creen en la continuidad de los dones sobrenaturales: Ustedes dicen que tienen el Espíritu, que todos los creyentes lo tienen, así que ¿Dónde está el poder? Como yo lo veo, ustedes pretenden que lo tienen redefiniéndolo. Lo cierto es que cuando los discípulos fueron llenos del Espíritu en el libro de los Hechos, hubo tales manifestaciones de poder que provocó que los no creyentes temblaran. ¿Dónde está el poder? Es cierto que una demostración del poder divino no siempre implica milagros, pero ¿Hay alguna manifestación del poder entre ustedes? ¿Ninguna en absoluto? ¿Dónde está la autoridad divina en su discurso? ¿Dónde está la sabiduría divina en su consejo? ¿Dónde está la audacia divina en sus acciones? Ustedes tienen sus métodos expositivos, sus grados de seminario, sus documentos de ordenación, y los libros de este o aquel teólogo en sus estantes. Pero ustedes no tienen el poder.

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CONCLUSIÓN

La continuidad de los dones y su necesidad y presencia en nuestra época es incuestionable. Esta es la herencia de todos los cristianos, y el equipo necesario de todo ministro del evangelio. Dios no nos ha dado un espíritu de debilidad, sino un espíritu de poder; el poder de creer y el poder para derrotar el cinismo y la incredulidad. Acusándonos de herejes y blasfemando contra Dios, al atribuirle al diablo toda manifestación del Espíritu Santo, no lograrán destruirnos ni impedir que avancemos. Sólo se dañan a sí mismos y presumen su mala interpretación de las Escrituras, por no decir una carencia total de fruto del Espíritu. La kundalini y la experiencia pentecostal no son lo mismo. Ustedes lo saben. Vengan y vean. Reciban y lo entenderán. Pero por favor, ya no sigan blasfemando ni enseñando mentiras sobre nosotros para detenernos. Eso jamás pasará.

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Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pluralismo Religioso, Postmodernidad, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte II)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Tal como lo enfaticé en mi artículo anterior, los pentecostales clásicos, defensores de la sana doctrina y praxis cristiana, rechazamos las acusaciones de los cesacionistas. Los pentecostales creemos en la continuidad de los dones espirituales. Atribuir a Satanás toda manifestación moderna de los dones espirituales es absurdo, sería igual a firmar que el diablo actúa libremente en el mundo mientras Dios tiene las manos atadas. Asimismo, rechazamos la absurda idea que afirma que la experiencia conocida como bautismo en el Espíritu Santo y la kundalini son iguales, semejantes, o la misma experiencia.

Afirmamos categóricamente que la kundalini y el bautismo o llenura del Espíritu Santo no son, ni remotamente, la misma cosa. Esto lo sabe muy bien cualquier creyente pentecostal que ha experimentado personalmente dicha bendición espiritual. Sin embargo, debemos admitir que no todo lo que ocurre en algunas iglesias que se identifican como pentecostales o carismáticas puede ser atribuido a la obra divina del Espíritu Santo. Hemos sido testigos de aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos, principalmente en movimientos pseudocristianos como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías.

A

MANIFESTACIONES EXTRAÑAS Y FENÓMENOS CONFUSOS QUE HAN INVADIDO EL CRISTIANISMO PENTECOSTAL Y CARISMÁTICO

En dichos grupos heterodoxos nacidos de un cristianismo postmoderno, es común escuchar a muchos líderes eclesiásticos que dicen que tenemos que reinventar el cristianismo. La Palabra de Fe (con su moda de declarar y decretar), la Nueva Reforma Apostólica y diversos grupos neopentecostales heréticos están creando alternativas al cristianismo bíblico. Es su punto de vista que es necesario recrear el cristianismo para llegar a la generación posmoderna. En estos movimientos, la verdad es subjetiva, por lo tanto, es relativa. El subjetivismo es la negación de la verdad absoluta, por lo tanto, todos poseen su propia verdad y todos podemos unirnos en uno solo. Han intercambiado un cristianismo racional por un cristianismo irracional basado en experiencias subjetivas humanas y experiencias emocionales.

En lugar de aferrarse a la Palabra de Dios, la generación posmoderna desea un encuentro más emocional, místico y esotérico con Dios. Como resultado, se cristianizan el yoga, la oración contemplativa, la oración profunda y muchas prácticas místicas ocultistas. Muchos buscan incorporar experiencias espirituales provenientes de otras religiones en el cristianismo y no están interesados ​​en la Palabra de Dios, sino que buscan probar, sentir y tocar a Dios. Ven a Jesús como alguien que vino a mostrarnos nuestra divinidad, pero el dios que predican no es el Dios de la Biblia, sino una deidad en el sentido ocultista. No es el Dios judeocristiano, sino un dios que resuena con los conceptos hindúes y budistas de dios, un dios con el que podrías tener experiencias místicas, un dios que puedes abrazar a través de prácticas de meditación y espiritualidad de la nueva era. Obviamente, el dios que puedes acceder con estas prácticas no es otro más que el dios de este mundo, Satanás, el ser caído que se convirtió en enemigo de Dios y de nuestras almas.

B

Tristemente, debemos admitir que muchos de los fenómenos que ocurren en algunas iglesias no tienen su origen en Dios. Son más bien expresiones espiritistas y de la Nueva Era infiltradas en el cristianismo. El dios que muchos “cristianos” postmodernistas adoran tienen más parecido con Buda, Brahma o cualquiera de los dioses hindúes, que con el Dios de la Biblia. Las experiencias espirituales derivadas de tales enseñanzas son también cuestionables, pareciéndose más a mera hipnosis, histeria colectiva, esoterismo, espiritismo, parapsicología, ocultismo descarado y magia blanca, entre otras cosas. Poco o nada ha quedado de las verdaderas manifestaciones de Dios en algunas iglesias denominadas pentecostales, neopentecostales, apostólicas o proféticas.

Las sospechosas expresiones del Espíritu que se producen en algunas reuniones carismáticas (estados de embriaguez, saltos paroxísticos, rigidez corporal, derrumbes, risa santa, sudoraciones, temblores, pérdida de la conciencia, y demás síntomas misteriosos), comparadas con la verdadera acción del Espíritu, reflejada a través del fruto: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22), descubren, a todas luces, que la diferencia entre unas manifestaciones y otras, son verdaderamente contrapuestas. Y este marcado contraste logra descubrir, como parece evidente, la falta de coherencia bíblica que existe en algunas prácticas modernas. Pero ¿Significa esto que debemos descartar todo tipo de manifestación espiritual en nuestras iglesias? ¿Acaso el Espíritu Santo ya no se manifiesta de forma auténtica en las congregaciones? ¿Debemos rechazar como del diablo toda manifestación de dones y milagros en nuestras congregaciones? No. Absolutamente no. La misma existencia de tales falsificaciones espirituales es un fuerte argumento a favor de la continuidad de los dones espirituales auténticos. O ¿Quién se molesta en falsificar algo que no existe? Solo se falsifica o se imita lo que es real y de valor.

C

SATANÁS, EL PADRE DE LAS MENTIRAS Y MAESTRO DE LAS IMITACIONES

¿Cómo explicamos entonces toda la amplia gama de prácticas y manifestaciones cuasi-espiritistas que podemos observar hoy día en algunas iglesias? La respuesta es simple: Vivimos en tiempos de apostasía. De esto profetizaron las Escrituras:

Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto? Y vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, solo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.” (2 Tesalonicenses 2:3-10, LBLA).

Lo que ocurre en muchas iglesias que han abandonado la sana doctrina quizá no pueda ser llamado completamente kundalini, pero tiene el mismo origen y por eso se le parece: Poderes engañosos de las tinieblas que buscan engañar a las personas y llevarlas a la adoración de falsos dioses.

Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres. Además engaña a los que moran en la tierra a causa de las señales que se le concedió hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía la herida de la espada y que ha vuelto a vivir.” (Apocalipsis 12:11-14, LBLA).

Esto no debería extrañarnos, Cristo mismo lo profetizó:

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes.” (Mateo 24:24-25).

E

En los últimos días el poder de Satanás se haría presente aún dentro de las mismas iglesias, pues el espíritu satánico, tal como fue profetizado “se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios” (2 Tesalonicenses 2:4). ¿Acaso no es esto lo que está pasando en muchas congregaciones en donde un falso Espíritu Santo, que hace pasar su obra como si fuese de Dios, respalda la obra de falsos profetas y falsos maestros?

Como verdaderos pentecostales, no debería darnos miedo denunciar estas falsificaciones diabólicas ni a los falsos ministros del Espíritu, “porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz. Por tanto, no es de sorprender que sus servidores también se disfracen como servidores de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.” (2 Corintios 11:13-15, LBLA). Kundalini o no, la fuente de tales manifestaciones no es Dios.

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¿CÓMO SABEMOS QUE LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL Y LA KUNDALINI NO SON LO MISMO?

Volvamos ahora a la acusación de que el bautismo en el Espíritu santo y las experiencias místicas de la kundalini son la misma cosa. En el artículo anterior describí los frutos amargos y manifestaciones destructivas del síndrome kundalini. Eso me lleva a preguntarle a quienes nos difaman: ¿En verdad creen que todo eso se parece a lo que hace el Espíritu Santo al bautizar a los creyentes pentecostales hoy día? Si quieren ser honestos, y si de veras han conocido a un creyente pentecostal lleno del Espíritu, tendrán que admitir que ambas cosas son tan diferentes como el día de la noche.

Si observamos con detenimiento la acción del Espíritu a lo largo de la Escritura, comprobaremos que es todo lo opuesto a las extrañas manifestaciones de la kundalini.

  1. En primer lugar, el Espíritu Santo siempre actúa bajo el marco de la Palabra, y nunca sobre presupuestos extrabíblicos. Aquel que viene a la luz, deberá ceñirse al contenido certero de la Palabra de Dios; pues siendo que el Espíritu Santo la inspiró, parece dudoso que esté de acuerdo con doctrinas o prácticas que Él mismo no ha revelado en su Palabra. Quienes conocen la verdadera doctrina pentecostal saben que es cristocéntrica y plenamente bíblica. Honra a Dios y Dios es glorificado a través de ella porque el Espíritu Santo nos guía a toda verdad. Esto no puede decirse de las sectas practicantes del kundalini, las cuales no siquiera son cristianas ni aceptan la infalibilidad de la Biblia. Tampoco puede decirse de movimientos heréticos como la Palabra de Fe, la Nueva Reforma Apostólica, el Evangelio de la Prosperidad y otros más cuya doctrina es contraria a la Biblia. Pero es incorrecto y deshonesto identificar a tales grupos con el pentecostalismo clásico, ya que su heterodoxia delata el origen no santo de sus manifestaciones espirituales. No hay cabida alguna para las manifestaciones, del carácter que fueren, que se muevan entre la sombra y la oscuridad doctrinal.
  2. El kundalini apela a prácticas profanas, ocultistas y antibíblicas, no se basa en la autoridad de la Palabra ni la respeta, sino que escucha a espíritus engañadores y experiencias extracorpóreas. El Espíritu Santo manifestado en la experiencia pentecostal, en contraste, edifica al creyente a través de la meditación y el estudio serio de la Escritura, que es viva y eficaz; sirviéndose, además, para tal propósito, de la comunión práctica del pueblo de Dios. El pentecostalismo biblico no encuentra su edificación espiritual en el emocionalismo extremo, el ritualismo místico, el jolgorio, los espectáculos, las manifestaciones extáticas, o la excitación artificial de sus emociones (danzas extáticas, música estridente y manipuladora, sermones motivacionales, etc.). Si hay grupos que están recurriendo a dichas prácticas es su problema particular, no del pentecostalismo como tal.
  3. La kundalini esclaviza y oprime, e incluso enferma, enloquece y mata. El Espíritu Santo, por el contrario, proporciona una liberación completa. Por tanto, el cristiano que es controlado por Él, camina en este mundo con verdadera libertad y autonomía; solo condicionado por la Palabra. No se dejará manipular, ni esclavizar, por ningún líder, movimiento religioso o atadura de tipo espiritual, tal como ocurre con aquellos que practican la kundalini y otros ritos, los cuales se ven influenciados, oprimidos y poseídos por espíritus impuros que los atan a su voluntad y capricho. El Espíritu Santo trae verdadera libertad. Así es como el Espíritu de Dios, respetando la decisión del ser humano, ofrece la auténtica libertad: «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17). Por el contrario, donde opera otro «espíritu», que no es el de Cristo, se procura una manipulación de la conciencia que, lo único que consigue, es anular por completo el sentido práctico de la libertad cristiana.
  4. El Espíritu Santo genera gozo y paz en el corazón de los verdaderos creyentes. En cambio, la intranquilidad, el tumulto, la exaltación, los desórdenes mentales, enfermedades físicas y opresión espiritual que se experimentan a través del ocultismo, la kundalini y otras prácticas místicas no concuerdan con el sosiego y la tranquilidad interior que proviene del Espíritu.
  5. El Espíritu Santo utiliza a sus siervos cuando éstos asumen una actitud de humildad y dependencia total de Dios, la cual se acompaña de paciencia y benignidad. La Nueva Era y la kundalini, por el contrario, alimentan el ego del hombre y le repiten la vieja mentira satánica: “Seréis como los dioses” (Génesis 3:5, RV1909). cuando existe jactancia o engreimiento, podemos decir que un «espíritu» oscuro planea sobre el escenario. Tal espíritu oscuro opera en los gurúes de la Nueva Era, falsos apóstoles, profetas y maestros de nuestros días, cuyo engreimiento los lleva a considerarse dioses, o casi dioses. Curiosamente, esto se asemeja mucho a la prepotencia y soberbia característica de los “ungidos” de la Nueva Reforma Apostólica, los promotores de la Palabra de Fe y otros grupos sincréticos e insanos doctrinalmente, los cuales enseñan que los creyentes son pequeños dioses con el poder de declarar, decretar y dar órdenes al mismísimo Dios (Judas 1:8-12).
  6. El Espíritu Santo engendra la virtud de la templanza –dominio propio–, y ésta encuentra su forma de expresión a través del decoro personal, el orden y la reverencia. La santidad y la pureza sexual es un fruto natural de una vida dominada por el Espíritu Santo. La kundalini, por el contrario, implica prácticas impuras y mágicas de tipo sexual. 
  7. El Espíritu Santo restaura automáticamente la salud espiritual del convertido y, según lo promete en Romanos 8:28, todo lo que acontezca –si ama a Dios– le ayudará para bien. Esto no puede decirse de la kundalini y sus efectos nocivos sobre las personas. Conocidas son ya las denominadas “emergencias espirituales” en la kundalini, las cuales le pueden costar la vida o la sanidad mental a sus practicantes. Esto no ocurre en las manifestaciones genuinas del Espíritu Santo.

G

Kundalini y experiencia pentecostal no son lo mismo. Eso es evidente. Es deshonesto de parte de nuestros detractores equiparar ambas experiencias. Claro, se ven obligados a hacerlo por necesidad, ya que los cesacionistas, principales críticos del pentecostalismo, niegan la vigencia actual de los dones y manifestaciones espirituales. Para justificar su postura se ven forzados a atribuir a Satanás cualquier señal o poder milagroso. En nuestra próxima entrega analizaremos la vigencia o no de los dones espirituales.

H

Herejías, Neopentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Sincretismo, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte I)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Por muy asombroso que pueda parecernos, los enemigos del movimiento pentecostal a menudo sugieren que la experiencia bíblica y pentecostal conocida como bautismo en el Espíritu Santo no es otra cosa que obra de Satanás. Esto resulta decepcionante si consideramos que nosotros, como movimiento pentecostal, hemos extendido nuestra mano de confraternidad hacia nuestros hermanos de otras denominaciones, crean o no en la experiencia pentecostal como nosotros. Muchas de nuestras librerías están llenas de libros no pentecostales, solemos admirar los logros y avances de nuestros hermanos de otras denominaciones, ¡Incluso muchos de nuestros miembros laicos, líderes y ministros se capacitan en instituciones religiosas, seminarios y universidades cristianas no pentecostales! Lamentablemente dicha deferencia por parte del movimiento pentecostal, hacia sus hermanos de otras denominaciones, no es necesariamente recíproca.

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EN EL ESPÍRITU DE CAÍN, LOS CESACIONISTAS SE LEVANTAN CONTRA SUS HERMANOS

Tal como Caín se levantó contra su hermano Abel buscando su muerte, pareciera que muchos de los denominados “cristianos” desearían erradicar todo vestigio del pentecostalismo en el mundo. Algunos opositores del movimiento pentecostal han llegado incluso a afirmar que el Movimiento Pentecostal y Carismático[1] debe ser considerado como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos. En el peor espíritu sectario, algunos líderes religiosos han dicho:

“Es hora de que la iglesia evangélica se levante y recupere un enfoque adecuado de la persona y la obra del Espíritu Santo. La salud espiritual de la iglesia está en juego. En las últimas décadas, el movimiento carismático se ha infiltrado en el evangelicalismo tradicional irrumpido en el escenario mundial a un ritmo alarmante. Es el movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo. Los carismáticos suman ya más de quinientos millones en todo el orbe. Sin embargo, el evangelio que está conduciendo a esos números no es el verdadero evangelio y el espíritu detrás de ellos no es el Espíritu Santo. Lo que estamos viendo es, en realidad, el crecimiento explosivo de una iglesia falsa, tan peligrosa como cualquier secta o herejía que haya atacado al cristianismo…. fue una farsa y un engaño desde el principio y no ha cambiado a algo bueno”[2]

“La teología carismática no ha hecho ninguna contribución a la verdadera teología o la interpretación bíblicas, sino que representa una mutación desviada de la verdad. Al igual que un virus mortal, obtiene su acceso a la iglesia manteniendo una relación superficial con ciertas características del cristianismo bíblico, pero al final siempre corrompe y distorsiona la sana doctrina. La degradación resultante, como una versión doctrinal del monstruo de Frankenstein, es un híbrido repugnante de la herejía, el éxtasis y la blasfemia torpemente vestido con los restos destrozados del lenguaje evangélico. Se llama a sí misma «cristiana», pero en realidad se trata de una farsa, un simulacro de una forma de espiritualidad que continuamente se transforma como en un espiral errático de un error a otro.”[3]

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Para algunos “cristianos” no pentecostales, nosotros ni siquiera deberíamos ser considerados evangélicos, sino rechazados por la comunidad cristiana en general:

“A pesar de sus graves errores teológicos, los carismáticos exigen su aceptación dentro de la corriente tradicional evangélica. Y los evangélicos han sucumbido en gran parte a esas demandas, respondiendo con los brazos abiertos y una sonrisa de bienvenida. De este modo, el evangelicalismo tradicional ha invitado inadvertidamente a un enemigo a entrar. Las puertas se le han abierto de par en par a un caballo de Troya lleno de subjetivismo, experimentalismo, compromiso ecuménico y herejía. Los que se comprometen de esta manera están jugando con fuego extraño y poniéndose en grave peligro.”[4]

“En generaciones anteriores, el movimiento carismático pentecostal habría sido etiquetado como herejía. En cambio, ahora es la estirpe más dominante, agresiva y visible del llamado cristianismo en el mundo. Pretende representar la forma más pura y poderosa del evangelio. Sin embargo, proclama ante todo un evangelio de salud y riquezas, un mensaje totalmente incompatible con las buenas nuevas de las Escrituras. Todos los que se oponen a su doctrina son acusados de aflicción, apatía, resistencia e incluso de blasfemia contra el Espíritu Santo. No obstante, ningún movimiento arrastra su nombre por el fango con mayor frecuencia o audacia.”[5]

“La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel.”[6]

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En diversos círculos religiosos, principalmente calvinistas de tendencia cesacionista, la opinión desfavorable hacia el pentecostalismo, o carismatismo, se encuentra arraigada firmemente:

“¿Es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que, desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho…” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho? Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8)”[7]

¿Cuál es la causa de tal oposición a nuestra fe pentecostal? Más allá de una sincera preocupación por la sana doctrina y praxis cristiana, lo que muchos grupos religiosos y denominaciones dejan entrever con tal oposición es cierto grado de envidia, sectarismo y rivalidad hacia los pentecostales a causa de su éxito misionero, crecimiento numérico e influencia. ¿Por qué afirmamos tal cosa? Porque la verdad está a la vista y es incómoda para algunos: En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 los pentecostales totalizábamos 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones. En varios países del mundo el pentecostalismo tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes  (en su mayoría reformadas y cesacionistas) corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías.

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UNA NUEVA ACUSACIÓN CONTRA EL MOVIMIENTO Y LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL

En su intento por desacreditar al pentecostalismo y frenar su vertiginoso crecimiento en el mundo, muchos que se hacen llamar “cristianos” no escatiman esfuerzos ni argumentos por evitar que este avance. Hoy día, pareciera estar de moda equipara la experiencia pentecostal con el esoterismo hindú. Muchas líderes y teólogos cesacionistas[8] han llegado a equiparar el ser bautizado con el Espíritu Santo con la práctica y creencia hindú de la kundalini.

Pero ¿Qué es la Kundalini? En el marco del hinduismo, la kundalini (en sánscrito कुण्डलिनी) se describe como una energía intangible, representada simbólica y alegóricamente por una serpiente o un dragón, que duerme enroscada en el muladhara[9] (el primero de los siete chakras[10] o círculos energéticos, ubicado en la zona del perineo). Se dice que, al despertar esta serpiente, el yogui[11] controla la vida y la muerte.  Para los adeptos a este tipo de creencias, la kundalini es considerada como la energía primordial o shakti[12] que llega a desarrollarse en plenitud al reunirse en el atma (alma) con el Brahman. El concepto de la kundalini es popular en prácticas orientales y esotéricas como el yoga, el tantra, el budismo, el taoísmo, el sijismo y el gnosticismo.

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EL SÍNDROME DE LA KUNDALINI

Un fenómeno distintivo de este tipo de experiencias místicas es el denominado síndrome de la Kundalini, el cual es un proceso psico-espiritual y transformativo que ocurre en conexión con una experiencia cercana a la muerte, o con una práctica espiritual o contemplativa prolongada e intensiva, tal como se practica dentro de unas pocas subdisciplinas de meditación o yoga. El proceso no siempre es repentino y dramático, también puede comenzar lentamente y aumentar gradualmente en actividad a lo largo del tiempo. Si los síntomas acompañantes se desarrollan de una manera intensa que desestabiliza a la persona, el proceso generalmente se interpreta como una Emergencia espiritual (una posesión controlada, que se salió de control).

Los estudiosos de este tipo de fenómenos señalan algunos elementos comunes que describen esta condición, de los cuales la característica más destacada es una sensación de energía o calor que sube por la columna vertebral. Otros síntomas la sensación de presiones craneales; la percepción de los sonidos internos o zumbidos; experiencias de ver luces; sensaciones de vibración o cosquilleo en alguna parte del cuerpo; taquicardia (frecuencia cardíaca rápida); cambios en la respiración; movimientos corporales espontáneos; sensaciones de calor o frío moviéndose a través del cuerpo; dolor corporal localizado que comienza y se detiene abruptamente; vibraciones y picazón debajo de la piel; sensaciones sexuales inusuales o intensas; orgasmos espontáneos en situaciones en las cuales no hubo ninguna estimulación sexual; síntomas mentales y afectivos como miedo, ansiedad, despersonalización; emociones positivas o negativas intensas; disminución o aceleración espontánea de los pensamientos; estados de trance espontáneo; experimentarse a sí mismo como más grande que el cuerpo físico; experiencias de conciencia paranormal; etc. Curiosamente, todos estos son los mismos síntomas que los maestros de la Nueva Era detallan como “del despertar de la consciencia”.

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Muchas personas cuya Kundalini se desencadenó inesperadamente no saben lo que está sucediendo. Además, la Kundalini activada abre puertas a todo tipo de visiones místicas, paranormales y mágicas que ejercen un impacto dramático en el cuerpo. Se han reportado largos episodios de enfermedades extrañas, así como cambios radicales en lo mental, emocional, interpersonal, psíquico, espiritual y de estilo de vida. Las manifestaciones comunes de una Kundalini activada son a menudo contracciones musculares, calambres o espasmos; la sensación de energía o inmensa electricidad que circula por el cuerpo; sensaciones de picazón, vibración, picazón, escozor y hormigueo; calor o frío intenso; movimientos corporales involuntarios (ocurren más a menudo durante la meditación, el descanso o el sueño) tales como sacudidas, temblores o la sensación de una fuerza interna que empuja al iniciado hacia una postura o mueve su cuerpo de maneras inusuales (muchas médicos que han tratado este tipo de síndrome a menudo lo diagnostican erróneamente como epilepsia o síndrome de piernas inquietas). Dicho síndrome produce también alteraciones en los patrones de alimentación y sueño; episodios de hiperactividad extrema o, por el contrario, fatiga abrumadora. También deseos sexuales intensificados o, en caso contrario, disminuidos, así como dolores de cabeza y presiones dentro del cráneo, dolores en el pecho, problemas del sistema digestivo, adormecimiento o dolor en las extremidades (especialmente en el pie y la pierna izquierdos), dolores y bloqueos en cualquier lugar; a menudo en la espalda y el cuello; arrebatos emocionales; cambios de humor rápidos; episodios aparentemente no provocados o excesivos de pena, miedo, rabia o depresión. Las vocalizaciones espontáneas (que incluyen la risa y el llanto) son comunes y se dan de forma tan involuntarias e incontrolables como el hipo.

Experiencias psíquicas como la percepción extrasensorial; experiencias extracorporales; recuerdos de supuestas vidas pasadas; viajes astrales; conocimiento directo de auras y chakras; contacto con guías espirituales a través de voces internas, sueños o visiones o incluso poderes curativos son también comunes. Para los creyentes en estas prácticas, la Kundalini activada es la apertura a la divinidad o el despertar de su divinidad propia. Todo esto suena realmente similar a las promesas de la serpiente en el Edén. Curiosamente, y no creemos que sea casualidad, la Kundalini es representada como una serpiente; una serpiente que les promete a sus adeptos que serán como dioses. Lo que realmente sucede con la activación de la Kundalini es que Satanás activa en la persona una energía demoníaca que le dará ciertos poderes y habilidades que el enemigo necesita para poseer, manipular y usar a sus conductos con mayor facilidad. El huésped piensa que se está “empoderando” o ganando poder, sin saber que se está entregando como herramienta de Satán.

PORTADA

¡ALTO! NO SON LA MISMA COSA…

Los pentecostales clásicos, defensores de la sana doctrina y praxis cristiana, rechazamos las acusaciones de nuestros hermanos cesacionistas. La kundalini y el bautismo o llenura del Espíritu Santo no son, ni remotamente, la misma cosa. Esto lo sabe muy bien cualquier creyente pentecostal que ha experimentado personalmente dicha bendición espiritual. Sin embargo, debemos admitir que no todo lo que ocurre en algunas iglesias que se identifican como pentecostales o carismáticas puede ser atribuido a la obra divina del Espíritu Santo. Hemos sido testigos de aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos, principalmente en movimientos pseudocristianos como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías.

En nuestra próxima entrega analizaremos algunas de las prácticas dudosas (incluso espiritistas y de la Nueva Era) introducidas en algunas de las iglesias que, falsamente, suelen identificarse como pentecostales o carismáticas.

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REFERENCIAS:

[1] Aunque en algunos países latinoamericanos el término “carismático” suele asociarse con el catolicismo romano, en el presente artículo dicho término alude a un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y no a la Renovación Carismática Católica. El movimiento carismático, o pentecostal, tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California.

[2] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 17.

[3] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[4] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 15.

[5] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[6] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 233.

[7] Véase el artículo: “¿Qué es el movimiento Carismático?” publicado en: https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-carismatico.html, consultado el 04/03/2019.

[8] El cesacionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesacionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

[9] El chakra muladhara o chakra raíz, de acuerdo a las tradiciones del tantrismo, es el primero de los seis chakras primarios, ​ y se ubica en la base de la columna vertebral.3​ Está simbolizado por una flor de loto con cuatro pétalos y el color rojo.

[10] En el hinduismo, los chakras son centros de energía inmensurables (no medibles) situados en el cuerpo humano. Según las doctrinas hinduistas, son seis, pero según la teosofía (de fines del siglo XIX), el gnosticismo (de mediados del siglo XX) y la nueva era (de fines del siglo XX) son siete: Muladhara (relaciona con todos los aspectos de nuestra existencia física), Svadishthana (el chakra sacral y rige nuestras emociones, creatividad y placer), Manipura (es el chakra del plexo solar y acoge nuestro poder personal), Anahata (es el centro del corazón y está asociado al amor incondicional), Vishuddha (es el chakra de la garganta y es el responsable de la comunicación), Ajna (es el tercer ojo y es el centro de la intuición) y Sahasrara (es el chakra corona y es el centro de conexión espiritual). Actualmente, sin embargo, los adeptos a estas ideas orientales creen que en realidad el número de chakras es mucho mayor ya que (según ellos) existe un chakra en cada punto donde se cruzan dos o más canales energéticos, y éstos son innumerables.

[11] Un yogui es un practicante, generalmente avanzado, del yoga.

[12] En el marco del hinduismo, shakti o más correctamente, Śakti, designa a la «energía» de un deva (dios masculino hinduista), personificada como su esposa.

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Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Gira tu rostro hacia el Sol de Justicia

Por: Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

¿Conoces los girasoles? El Helianthus annuus, llamado comúnmente girasol, calom, jáquima, maravilla, mirasol, tlapololote, maíz de teja, acahual​ o flor de escudo, es una planta herbácea anual de la familia de las asteráceas originaria de Centro y Norteamérica y cultivada como alimenticia, oleaginosa y ornamental en todo el mundo. Dicha flor gira siempre buscando la luz solar. Y es por esa razón que es popularmente llamada girasol. Dicha cualidad del girasol es bien conocida, pero ¿Te has preguntado qué le sucedería a la flor si la pusiéramos en un lugar cerrado y oscuro? Seguramente moriría en poco tiempo.

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GIRASOLES Y HUMANOS…

Tal cual los girasoles, nuestro cuerpo físico, como toda otra forma de vida en el planeta, también necesita de la energía solar, la luz y el calor, para mantenernos vivos. Pero, no sólo es el cuerpo el que necesita de cuidados para proseguir firme. El espíritu, igualmente, necesita mantener encendida la llama de la fe. Precisa del calor del afecto, de la brisa de la amistad, de la lluvia de las bendiciones que vienen de lo alto. Sin embargo, es necesario que hagamos esfuerzos para respirar el aire puro, por encima de las circunstancias desagradables que nos rodean.

Muchos de nosotros permitimos que los vicios ahoguen nuestras ganas de buscar la luz y nos debilitamos día tras día como una planta mustia y sin vida, y es entonces cuando nos dejamos enredar en el zarzal de la haraganería y la desidia y reclamamos a la suerte sin poner de nuestra parte por salir de esa situación que nos desagrada. Y es allí donde debemos recordar que, al igual que el girasol, para poder crecer de acuerdo a los planes divinos debemos dirigir nuestra mirada al Sol de Justicia, nuestro Señor Jesucristo (Malaquías 4:2). Es al momento de pedir el amparo y la ayuda de Dios, donde recibimos sustento y seguridad.

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LA OSCURIDAD ES MUERTE

Pero, ¿Qué sucede con nosotros cuando nos encerramos voluntariamente en la oscuridad del pecado, la depresión y de la melancolía y así permanecemos por voluntad propia? ¿Qué pasa cuando rehuimos dirigir nuestra mirada hacia el Sol de Justicia prefiriendo la oscuridad de este mundo? Pues lo mismo que le sucede al girasol ¡Morimos! Debemos entender que cada uno de nosotros solo podrá encontrar propósito y felicidad real a través del cumplimiento del plan que Dios para su vida, pagando el precio de doblar nuestras rodillas en la intimidad de nuestros hogares y tener esa comunión con nuestro Creador que tanta falta nos hace. Es en la intimidad con Dios, en comunión con Él, que descubriremos su plan para nosotros. Si nos aferramos a la oscuridad, si nos alejamos de la fuente de luz, moriremos.

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EL GIRASOL HACE SU PARTE… ¿Y TÚ?

Uno de los escritores sagrados dijo: “El Señor llevará a cabo los planes que tiene para mi vida” (Salmo 138:8, NTV). Pero también enfatiza nuestra responsabilidad de buscar el rostro de Dios para que dichos planes se desarrollen plenamente en nuestra vida: “Busquen al Señor mientras puedan encontrarlo; llámenlo ahora, mientras está cerca. Que los malvados cambien sus caminos y alejen de sí hasta el más mínimo pensamiento de hacer el mal. Que se vuelvan al Señor, para que les tenga misericordia. Sí, vuélvanse a nuestro Dios, porque él perdonará con generosidad. «Mis pensamientos no se parecen en nada a sus pensamientos —dice el Señor—. Y mis caminos están muy por encima de lo que pudieran imaginarse.” (Isaías 55:6-8, NTV). El girasol nació para ser girasol, ese es su propósito, ese es el plan que para él diseñó su Creador. Pero si se rehusare a ver la luz del sol y se ocultase en la oscuridad, jamás sería lo que fue destinado a ser. Afortunadamente, ¡Eso no pasa! El girasol hace lo que tiene que hacer, siempre buscará con ansias la luz del sol y se orientará hacia ella, pero ¿qué hay de nosotros? ¿hacemos lo mismo? Al igual que el girasol, debemos dirigir nuestra mirada al “único que tiene inmortalidad y habita en luz inaccesible” (1 Timoteo 6:16, LBLA).

Es preciso que seamos como el girasol. Que busquemos siempre la luz, incluso cuando las tinieblas insistan en rodearnos. Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, vino a este mundo a iluminarnos (Juan 1:9. Es su luz la que debemos seguir, su flamante brillo el que debe atraernos. Es su luz admirable la que somos llamados a anunciar (1 Pedro 2:9).

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COMO GIRASOLES EN EL JARDÍN DE DIOS

Vuelto a preguntarte: ¿Te has fijado alguna vez cómo el girasol gira su enorme flor hacia el sol? El «girasol» nos da, pues, una enseñanza. El sol es fuente de luz y calor. El girasol lo sabe y lo busca. ¿Por qué nosotros, creados a imagen de Dios, deberíamos ser diferentes en nuestra relación con la fuente de vida? ¿Hacia dónde deberíamos dirigirnos a fin de tener la respuesta a nuestras necesidades? Hacia Dios mismo, por medio de la fe. En efecto, Dios quiere dar luz y calor a cada uno, pero esto sólo es posible si nos volvemos a él por medio de su Hijo Jesucristo. Sí, Jesús vino como la “luz del mundo” (Juan 8:12) para todos los pueblos, luz enviada por Dios, hecha de ese resplandor que es gracia y verdad. Al recibirlo en lo más profundo de nuestro ser, nos transmite la vida de Dios para que gocemos de una nueva relación con nuestro Creador.

Jesús dijo: “Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12). Para no tener que ir a las tinieblas eternas, lejos de Dios, dirijámonos a Jesús. Y nosotros los creyentes, si seguimos a Jesús, caminaremos bajo su luz y seremos testigos de ella. La Biblia dice: “El fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad” (Efesios 5:9). Así como las flores del girasol producen aceite, el creyente que fija su mirada en Dios producirá fruto de bondad, rectitud y verdad. El aceite fresco, útil y benefactor brotará de él para bendición de los que le rodean. Solo tiene que dirigir su mirada siempre hacia Aquel que es la Luz.

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Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

¡Libérate de la culpa! Ahora eres hijo…

Por Fernando E. Alvarado

La culpa es el resultado natural de nuestro pecado contra Dios. La mayor prisión en la que caemos y de la que es imposible liberarnos solos, porque cuando le damos la espalda a nuestro Creador perdemos la paz interior y la exterior (Génesis 3:16). No sólo dejamos de ser nosotros mismos, sino que además perdemos la posibilidad de saber quienes somos realmente. Cuando nos sentimos culpables, vivimos con la impresión de que nada ni nadie puede liberarnos. Literalmente dejamos de vivir, porque las prisiones interiores son las que terminan destruyendo nuestra alma. Vivimos intranquilos aunque nadie nos persiga, caemos en la tiranía del desencanto porque siempre encontramos alguna circunstancia o situación que nos entristece y nos roba la paz.

Pero tengo una buena noticia que darte: Hay una posibilidad de abandonar esa cárcel, pero no tiene nada que ver con lo que nosotros podamos hacer, sino con aceptar el perdón de Dios. Él es el único que puede liberarnos de nuestro pasado, de todo lo que hemos hecho y las veces que hemos mentido, del desencanto y la persecución, de la tristeza y el odio. ¡Podemos salir de la prisión porque, si Cristo nos ha liberado, nadie puede atarnos! Cristo dijo: “Así que si el Hijo los libera, serán libres de verdad.” (Juan 8:36, NBV). Cuando Dios nos perdona, nos enseña que no podemos permitir que nuestro pasado nos encarcele otra vez: “Pues ustedes no han recibido un espíritu de esclavitud que los lleve otra vez a tener miedo, sino el Espíritu que los hace hijos de Dios. Por este Espíritu nos dirigimos a Dios, diciendo: «¡Abbá! ¡Padre!»” (Romanos 8:15, NBV).

Jesús pagó el precio de nuestro perdón con su propia vida ¡Ni más ni menos! Cuando nos sabemos perdonados, nuestro entusiasmo no es el resultado de un proceso religioso ¡Es el fruto de haber conocido a un Salvador absolutamente impresionante! Y desde ese mismo momento, “Todo lo que hacéis, de palabra o de hecho, hacedlo todo en el nombre del Señor Jesús, dando gracias por medio de El a Dios el Padre”(Colosenses 3:17, RVR1960). Somos libres, no tenemos que seguir mintiendo ni aparentando; la culpa no tiene ningún poder sobre nosotros. Nuestro Salvador nos ha enseñado quienes somos realmente, y esa imagen nos ha desbordado por completo. Ya no somos esclavos del temor y de la culpa ¡Somos hijos de Dios!

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

¿Qué vas a buscar a la iglesia?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

¿Para qué vamos a la iglesia? ¿Para adorar a Dios? ¿Por entretenimiento? ¿Para la satisfacción de nuestras preferencias? ¿Por qué vas a adorar? Jesús le preguntó a la gente de su día lo mismo cuando fueron a escuchar la predicación de Juan el Bautista. Jesús le dijo a las multitudes acerca de Juan:

“¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? Pero, ¿qué salieron a ver? ¿Un hombre vestido con ropas finas? Miren, los que usan ropas finas están en los palacios de los reyes. Pero, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y uno que es más que un profeta. Este es de quien está escrito: ‘He aqui, yo envio mi mensajero delante de ti, quien preparara tu camino delante de ti’” (Mateo 11:7–10)

Cuando examinamos el ministerio de Juan el Bautista y la pregunta que Jesús le hizo a la multitud, encontramos de parte de Dios cinco razones malas para ir a la iglesia.

ESTAR CÓMODO

“¿Qué salieron a ver en el desierto?” (Mateo 11:7)

Los israelitas que habían ido al desierto para escuchar hablar a JUAN no se sentaron en lujosos auditorios con café recién hecho para escuchar la Palabra de Dios a su conveniencia. Estaban dispuestos a soportar la incomodidad de escuchar a Dios. ¿Iríamos nosotros al desierto, nos sentaríamos en sillas incómodas, sufriríamos al oír a músicos que no son profesionales (o ministerios de niños que tampoco lo son) para adorar con los santos y escuchar la Palabra de Dios predicada? Habían ido al desierto a escuchar a Juan. No los atrajo la fiesta, la niebla, las luces o un edificio lujoso. Fueron a un lugar al que nunca irían, excepto porque el profeta estaba allí.

PARA ESCUCHAR OPINIONES TAMBALEANTES

“¿Qué salieron a ver en el desierto? ¿Una caña sacudida por el viento?” (Mateo 11:7)

Jesús se enfrenta a lo que parece prevalecer en estos días: la enseñanza incierta. Este profeta no era como el maestro popular de Biblia que vemos hoy en día, quien explica las partes que encuentra problemáticas o se hace famoso al cuestionar las creencias ortodoxas. Su táctica para atraer seguidores y probar su autenticidad no era el escepticismo o la sospecha. Él no discutía; él predicaba. No cuestionaba; daba respuestas. No temblaba con la brisa; estaba firme sobre la roca. Deberíamos desear escuchar a hombres humildes cuya “humildad” no los hace dudar la verdad revelada, sino que los hace ser más dependientes de ella. Los que oían a Jesús habían salido a escuchar a un hombre de Dios que hablaba en nombre de Dios.

Juan, lleno del Espíritu desde su nacimiento, ardía en fuego. Nosotros, como esos israelitas, deberíamos desear escuchar a hombres humildes cuya “humildad” no los hace dudar la verdad revelada, sino que los hace ser más dependientes de ella. La vanidad se desvanece cuando se proclama la Palabra desde los tejados (Mateo 10:27). Aquellos que se denominan escépticos porque “no tienen todas las respuestas”, como es con la mayoría de nosotros, no deberían enseñar.

SER ENTRETENIDOS

Los israelitas que fueron a oír a Juan no retrocedieron ante un pastor que estaba dispuesto a herirlos con la verdad y confrontar las falsas enseñanzas. Fueron para escuchar a Juan el Bautista decir:

“¡Camada de víboras! ¿Quién les enseñó a huir de la ira que está al venir? Por tanto, den frutos dignos de arrepentimiento; y no piensen que pueden decirse a sí mismos: ‘Tenemos a Abraham por padre’, porque les digo que Dios puede levantar hijos a Abraham de estas piedras” (Mateo 3:7–9)

No tenían comezón de oídos ni buscaban acumular para sí maestros (2 Timoteo 4:3). No habían ido a ver a un hombre con miedo de hablar cosas duras por el bien de sus almas. Juan no los aduló. No atacó los ídolos de otros. Él desafió sus falsas esperanzas, y las esperanzas de los fariseos y saduceos acerca de su linaje abrahámico. A diferencia de muchos hoy, que no toman en cuenta el fruto en su evangelio de fe fácil y gracia barata, Juan llamó a sus oyentes no solo a pedir perdón, sino a “dar frutos de arrepentimiento”. No temía que los antinomianos, enamorados de su pecado, lo acusaran de promover una religión legalista. Sus oyentes no podían irse sin verse afectados. No podían sentarse y tomar un sorbo de su Starbucks mientras escuchaban discursos motivadores llenos de historias bonitas. El desierto con el profeta era el lugar equivocado para ser pasivamente entretenido. Era el lugar para escuchar al profeta, para creer, confesar pecados, arrepentirse, y bautizarse.

PARA SER PROTEGIDO DE LA REALIDAD

“El hacha ya está puesta a la raíz de los árboles; por tanto, todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego” (Mateo 3:10)

Dios tenía un dicho común sobre los falsos profetas y sacerdotes en el Antiguo Testamento: “Curan a la ligera el quebranto de Mi pueblo, diciendo: ‘Paz, paz’, pero no hay paz” (Jeremías 6:14). Juan el Bautista demostró no ser un profeta así. Les advirtió que, si no tenían frutos de arrepentimiento, serían “cortados y arrojados al fuego”, un “fuego inextinguible” (Mateo 3:12). No curó la herida de su pueblo a la ligera. No murmuró sobre el juicio ni susurró sobre el infierno a través de la ficción del aniquilacionismo. No pretendía ser más amoroso y perdonador que Dios. No trató con casualidad las realidades eternas o las almas inmortales. Juan no predicó a la ligera, como si la boca del infierno no estuviera abierta de par en par, o como si el cielo no nos llamará. El precursor de Jesús sonó la alarma para prepararlos para el Cordero de Dios. Porque, como es inconfundible en las Escrituras, solo esta vida establece el curso para la eternidad.

Si eliges una iglesia que en esta vida te predique solo lo que quieres oír, estarás perdido para siempre. Juan no predicó a la ligera, como si la boca del infierno no estuviera abierta de par en par, o como si el cielo no nos llamara. No se rió del mal desde el púlpito, o contó historias para tranquilizar a la gente y motivarlos a vivir una vida mejor sin abordar los amores secretos que amenazan deshacerse de nosotros o del Cristo que nos ofrece salvación.

PARA ESCUCHAR SOBRE NOSOTROS MISMOS

“Pero, ¿qué salieron a ver? ¿A un profeta? Sí, les digo, y uno que es más que un profeta. Este es de quien está escrito: ‘He aqui, yo envio mi mensajero delante de ti, quien preparara tu camino delante de ti’” (Mateo 11:9–10)

El ministerio de Juan el Bautista resume lo que hacen todos los ministerios cristianos verdaderos: apuntan incesantemente a Cristo. No son la luz, pero son testigos de la luz para que todos puedan creer en Él. Dicen con Juan: “¡He aquí, el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo!” (Juan 1:29), y “Él debe aumentar, y yo disminuir” (Juan 3:30). Hacen grande al Cristo cuya sandalia no son dignos de desatar. No proclaman la gloria del hombre, sino la de Cristo. No nos apuntan a nosotros mismos, sino a Cristo. No predican las Escrituras diluidas, sino a Cristo crucificado. Quienes oyeron a Juan fueron a escuchar a Dios, y escucharon acerca del Mesías venidero. El más grande de los hombres vivió para anunciar a otro (Mateo 11:11). La iglesia no se trata de ti. No vas para descubrir tu propia grandeza, o para descubrir el “gigante que hay en ti”. Si no se habla de Cristo no vale la pena de qué más se hable.

CONCLUSIÓN

Si la iglesia de Dios predica audazmente la excelencia de Cristo y la palabra de Dios sin adulterar, no importan si hay o no asientos incómodos en el templo, o que se hable con dureza sobre el pecado. No importa. Cuando todo se hace por tener más de Cristo y darle gloria a Él, el propósito de ser iglesia se ha logrado.

Navidad

Navidad, cristología y sana doctrina

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La Navidad es más que una fiesta y adornos coloridos. La Navidad nos invita a reflexionar en una de las grandes verdades teológicas de la fe cristiana. Junto con el gran teólogo y filósofo Anselmo de Canterbury nos hacemos la pregunta: ¿Cur deus homo? ¿Por qué el Dios-Hombre? Cuando miramos la respuesta bíblica a esa pregunta, vemos que el propósito detrás de la encarnación de Cristo fue cumplir su obra como el mediador establecido por Dios. Dice en 1 Timoteo 2:5-6, “Porque hay un solo Dios, y también un solo Mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien Se dio a sí mismo…”. Nuestro único Mediador, quien es el agente que reconcilia a Dios con el hombre, es aquel que participa tanto de la deidad como de la humanidad. En el Evangelio de Juan leemos que fue el eterno Logos, el Verbo, quien se hizo carne y habitó entre nosotros. Fue la segunda persona de la Trinidad quien tomó en sí mismo una naturaleza humana para obrar nuestra redención. Cristo posee dos naturalezas distintas: divina y humana. Él es “vere homo” (verdaderamente humano) y “vere Deus” (verdaderamente divino, o verdaderamente Dios). Estas dos naturalezas se unen en el misterio de la Encarnación. En Cristo, la naturaleza divina es completamente Dios, y la naturaleza humana es completamente humana.

Nuestro Señor Jesucristo, quien tomó sobre sí ambas naturalezas —divina y humana—, está perfectamente preparado para ser el Mediador entre Dios y nosotros. En su rol como Mediador y como el Dios-Hombre, Jesús tomó el oficio del segundo Adán, lo que la Biblia llama el último Adán. Jesús entró en una solidaridad corporal con nuestra humanidad, siendo el representante así como el primer Adán. Pablo, por ejemplo, en su carta a los Romanos, nos da el contraste entre el Adán original y Jesús como el segundo Adán. En Romanos 5:15 dice, “Porque si por la transgresión de uno murieron los muchos, mucho más, la gracia de Dios y el don por la gracia de un Hombre, Jesucristo, abundaron para los muchos”. Aquí observamos el contraste entre la calamidad que vino a la raza humana por la desobediencia del Adán original, y la gloria que viene a los creyentes por la obediencia de Cristo. Pablo continúa diciendo en el verso 19: “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de Uno los muchos serán constituidos justos”. Adán hizo función en su rol como mediador y falló miserablemente en esa labor. Esa falla fue rectificada por el éxito perfecto de Cristo, el Dios-Hombre. Leemos en la Carta de Pablo a los Corintios las siguientes palabras: “Así también está escrito: ‘El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente’. El último Adán, espíritu que da vida. Sin embargo, el espiritual no es primero, sino el natural; luego el espiritual. El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre es del cielo. Como es el terrenal, así son también los que son terrenales; y como es el celestial, así son también los que son celestiales. Y tal como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1 Corintios 15:45-49). Vemos entonces el propósito de la primera venida de Cristo. El Logos tomo en sí mismo una naturaleza humana, el Verbo se hizo carne para efectuar nuestra redención al cumplir el rol del perfecto Mediador entre Dios y el hombre. El nuevo Adán es nuestro campeón, nuestro representante, quien satisface las demandas de la Ley de Dios por nosotros, y gana para nosotros la bendición de Dios prometida a sus criaturas si obedecemos su Ley. Como Adán, fallamos en obedecer la Ley, pero el nuevo Adán, nuestro Mediador, ha cumplido la Ley perfectamente por nosotros, y ganó por nosotros la corona de la redención. Esta es la base del gozo en el nacimiento de Cristo.

La navidad fue, y continúa siendo aún hoy, un recordatorio tangible de la ortodoxia cristiana en relación con la deidad de Cristo, la Trinidad y el plan de salvación. A finales del s. IV, probablemente a fines del año 379 o del año 380, un viejo cristiano llamado Gregorio Nacianceno o Gregorio de Nacianzo, predicó un famoso sermón sobre la natividad. Un sermón que aún continúa resonando fuertemente en nuestros oídos.

El carácter de dicho sermón no fue casual, lógicamente porque se preparó para la festividad que le da nombre, pero sobre todo porque fue escrito en un contexto de particular tensión en la historia de la Iglesia, en el cual estaba en cuestión nada menos que la naturaleza misma de Cristo. De modo que, aunque su tiempo poco tiene que ver con el nuestro, no puede desconocerse su aporte imperecedero a la comprensión de aquello que celebra la fiesta llamada navidad: el nacimiento de Cristo, o natividad.

GREGORIO DE NACIANZO Y LA NAVIDAD

Gregorio de Nacianzo fue declarado Doctor de la Iglesia y apodado «el teólogo» (título que comparte con el apóstol san Juan), por la habilidad con que defendió la doctrina cristiana. Nació hacia el año 329, en Arianzo de Capadocia. Era hijo de Nona y Gregorio el Mayor. Su padre era un antiguo propietario y magistrado que, después de convertirse al cristianismo junto con su esposa, sirvió como obispo de Nacianzo. Con el tiempo, Gregorio mismo fue llamado al obispado cristiano.

Gregorio vivió una época turbulenta dentro de la iglesia. El arrianismo amenazaba con pervertir de forma absoluta el cristianismo, despojando a Cristo de su divinidad y negando la doctrina de la Trinidad. La Iglesia de Constantinopla era, sin duda, la que se hallaba en peor estado, ya que estuvo sometida a la influencia de los arrianos, durante treinta o cuarenta años, y no tenía una sola iglesia para reunir a los que habían permanecido fieles al cristianismo ortodoxo. Un consejo de ancianos invitó a Gregorio a encargarse de la restauración de la fe en Constantinopla. Este, cuyo temperamento sensible y pacífico le hacía temer aquel remolino de intrigas, corrupción y violencia, se negó al principio, pero finalmente aceptó. Sus pruebas empezaron desde que llegó a Constantinopla, pues el populacho, acostumbrado a la pompa y al esplendor, recibió con recelo a aquel hombrecillo mal vestido, calvo y prematuramente encorvado. Gregorio se alojó al principio en casa de unos amigos, que pronto se transformó en iglesia, y le dio el nombre de «Anastasia», es decir, el sitio en que la fe iba a resucitar. En aquel reducido santuario se dedicó a predicar e instruir al pueblo. Allí fue donde predicó sus célebres sermones sobre la Trinidad que le merecieron el título de «el teólogo», por la profundidad con que captó la divinidad de Nuestro Señor Jesucristo. Poco a poco creció su fama y la capacidad de su iglesia resultó insuficiente. Por su parte, los arrianos y los apolinaristas no dejaban de esparcir insultos y calumnias contra él. En una ocasión llegaron incluso a irrumpir en la iglesia para arrastrar a Gregorio a los tribunales. Pero Gregorio se consolaba al saber que, si la fuerza estaba del lado de sus enemigos, la verdad, en cambio, estaba de su parte; si ellos poseían las iglesias, él tenía a Dios; si el pueblo apoyaba a sus adversarios, los ángeles le sostenían a él. Gregorio se convirtió en su época en un heraldo de la verdad bíblica. En una época donde la divinidad de Cristo era negada o malinterpretada, Gregorio Nacianceno utilizó la Navidad como instrumento para defender la doctrina cristiana ortodoxa.

LA NAVIDAD COMO EMBLEMA DE LA ORTODOXIA CRISTIANA

Gregorio Nacianceno escribía en una época en que los cristianos habían alcanzado aceptación en el Imperio Romano. Pero, al mismo tiempo, la iglesia enfrentaba internamente una de las disputas teológicas más importantes de la historia del cristianismo: la lucha entre quienes afirmaban la trinidad de Dios, y quienes no lo hacían. Entre quienes afirmaban que Cristo era Dios, y quienes sostenían que su naturaleza era inferior a la de Dios Padre. En un contexto así, predicar sobre la navidad iba necesariamente a ser una declaración teológica sustantiva. Y la argumentación del Nacianceno no podía ser menos que un robusto posicionamiento a favor de la deidad de Cristo.

Gregorio de Nacianzo, fundamentando su sermón en la festividad de la Navidad, inicia su homilía proclamando dos características de Cristo: su eternidad y su encarnación. Cristo no es un ser creado, es el verbo de Dios que habita en comunión trinitaria desde la eternidad. Cristo tampoco es una forma de Dios, es el verbo de Dios que se hizo carne. Así, niega el arrianismo (doctrina practicada actualmente por grupos religiosos como los Testigos de Jehová) por considerar éste que Cristo es un ser creado e inferior al Padre, y niega al modalismo (enseñado hoy en día por el Movimiento Jesús Solo) por pensar que Cristo es una forma de Dios Padre.

Bajo cualquiera de los dos paradigmas a los que nuestro autor se opuso, la natividad no tiene gran importancia. Para unos, sería el nacimiento de un ser creado más; para otros, el nacimiento de un modo en que Dios se ha expresado. Lo que hace de la navidad una fiesta tan importante, es que se proclama algo que estas dos comprensiones no estaban dispuestas a asumir: que una de las personas que componía la trinidad, eterna, infinita e impasible, podía hacerse carne.

La homilía inquiere en el misterio de la encarnación con un agudo sentido poético. Se dice que “quien era celeste se hizo terreno” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 45), que “la tiniebla se disuelve, de nuevo se anuncia la luz” (ídem), que “el pueblo [Israel] que permanece en la oscuridad de la ignorancia, vea la gran luz del conocimiento” (ídem), que “la letra cede, el espíritu es superior” (ídem) y que “las sombras declinan, amanece la verdad” (ídem). Todas estas bellas metáforas conducen a una sola conclusión: que Cristo es la revelación suprema. Que está sobre la ley, aquella maldición y ayo de Pablo. Que es la luz, esa que ilumina al mundo, tal como dijo Jesús de sí. Cristo es el cielo en la tierra, ese Reino de Dios que está entre nosotros como se dice en Lucas. Es la verdad que conduce al Padre. Es el conocimiento que también les hacía falta a los judíos que habían creído en él, como bien se dice en Juan.

En esta festividad, “Dios se mostró a los hombres” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 46). El incognoscible, que estaba oculto de los hombres, se hizo cercano. Por eso dice el de Nacianzo que “esto celebramos hoy: la venida de Dios a los hombres para que nosotros nos acerquemos a Dios o, más propiamente, para que volvamos a Él” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 47). De este modo, la navidad es una invitación de Dios a volver a que nos acerquemos a él. En ella no se habla ya más de la enfermedad que nos vino en Edén, el pecado, sino de su curación; no se habla tanto de la creación caída, sino de su restauración por medio de la obra de Cristo: “Siendo Dios se presentó con una naturaleza humana, un solo ser formado de dos naturalezas contrarias, carne y espíritu, de las que una era divina y la otra estaba divinizada. ¡Oh, inaudita mezcla! ¡Oh, extraña unión! El que es, nace; se ha creado quien no lo es; el infinito se hace extenso merced al alma racional que hace de mediadora entre la divinidad y la gravedad de la carne. El que enriquece mendiga. Se empobrece tomando mi carne para que yo me enriquezca con su naturaleza divina” ((Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 59).

Expresiones como estas difícilmente han sido superadas en la historia del cristianismo por otras mejores. Todos quienes mediten seriamente en el significado de la encarnación del verbo de Dios, hallarán en ella un misterio incomprensible, insondable. Esto es natividad: una revelación que se presenta abierta a ser respondida, y a la cual los cristianos han contestado con su fe.

EL MENSAJE NACIANCENO Y SU RELACIÓN CON LA IGLESIA ACTUAL

Nuestras navidades no son necesariamente cristianas. Y aunque son bastante distintas a las que podía haber en el tiempo de Gregorio, en el suyo también había navidades no cristianas. Después de todo, ¿cómo habían de celebrar la fiesta aquellos cuya cristología no reconocía el elemento más profundo de fórmulas tan decisivas como las juaninas (Juan 1:1-14)?

Así que, tenemos eso en común. Pero hay más. Gregorio contraponía la celebración de la natividad con las fiestas griegas. Estas últimas eran ocasión para vanidades, orgías, lujos, glotonería, borracheras y, en fin, todo tipo de vicios. Al mismo tiempo, tenían por contraste que todo ello ocurría “mientras otros, formados del mismo barro nuestro y con nuestra misma composición, pasan hambre y fatiga a causa de su pobreza” ((Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 48). Para Gregorio, la navidad cristiana se contraponía a las festividades paganas ciertamente por su significado, pero también porque dicha significación era honrada con sencillez, meditación y gozo en la palabra divina. De modo que, quien pretende celebrar navidad con sentido cristiano, pero no honra su significado con una sobria devoción, no la celebra en absoluto.

Gregorio se opuso no sólo a la herejía arriana y modalista, sino también a la paganización de la festividad cristiana de la Navidad. La vanidad de la fiesta pagana a la cual Gregorio criticó también puede compararse con la vanidad de la navidad consumista. ¿Cuánto lujo, gasto y vicios varios se exhiben, en ocasiones, incluso entre cristianos? ¿Cómo aquello podría honrar las sublimes expresiones del nacianceno cuando sostiene que Cristo es el cielo en la tierra, la luz en las tinieblas, el conocimiento contra la ignorancia, el espíritu sobre la letra de la ley, la verdad sobre las sombras?

Al parecer, tanto en su tiempo como en el nuestro, hizo falta una mayor preocupación por inquirir en lo que se celebra en navidad. No solo se debe evitar el consumismo devorador, ni tampoco conformarse únicamente con las tareas asistenciales que inspira la ocasión. Es necesario dar un paso más, un paso cristiano. Meditar en aquel misterio tan bellamente expresado por este sabio cristiano capadocio, para quien “Dios es inabarcable y difícil su contemplación. Únicamente podemos percibir su infinitud” (Nacianceno, Gregorio; Homilías sobre la natividad. Madrid: Ciudad Nueva, 1992, p. 51). No sea otra cosa, sino esa eternidad encarnada que es Cristo, lo que inspire nuestra navidad.

¿CÓMO CELEBRAMOS NOSOTROS LA NAVIDAD?

Es diciembre y las tiendas comerciales están cuidadosamente engalanadas con pinos, coronas y todo tipo de adornos, al mismo tiempo que se atestan de consumidores. Es diciembre y, en vista que se acerca navidad, hay quienes se motivan por hacer de la noche buena una buena noche para personas en situación de vulnerabilidad. No resulta complicado describir, en líneas generales, lo que la navidad es hoy en nuestra sociedad. Una ocasión para la compra compulsiva, un desborde de materialismo en el que se piensa que la festividad consiste prácticamente en el intercambio de regalos. Por otra parte, una ocasión que, por cierta comprensión de su dimensión simbólica, invita a realizar obras asistenciales en favor de personas en situaciones difíciles. Dejando de lado aquellos para quienes la festividad no es más que un par de días libres, es evidente que aun cuando una de las dos formas de entender esta festividad sea más provechosa que la otra, ambas adolecen del sentido cristiano de la navidad. O, para ponerlo en otros términos: Hay navidad cristiana y navidad no cristiana.

Puede parecer desconcertante que se diga “sentido cristiano de la navidad”, porque en principio se asume que la navidad es esencialmente cristiana. Lo cierto es que es entendible que tal cosa se diga de la sociedad en general, porque sus miembros no cristianos evidentemente pueden buscar modos diversos de resolver el significado de la festividad. No obstante, la situación es distinta cuando se habla de los propios cristianos. Porque, de hecho, es diciembre y las congregaciones empiezan a organizar la obra teatral más esperada del año, se organizan cenas de todo tipo, se colocan pesebres en casas y templos. Y, sin embargo, esto no significa que se esté celebrando navidad cristianamente.

El distintivo de la fiesta no está meramente en lo que se hace o lo que no se hace. Porque, de hecho, se puede ser cristiano y celebrar la navidad como consumista, del mismo modo que se puede no ser cristianos y consumista y, con todo, no comprender la significancia de la festividad.