Por Fernando E. Alvarado
En el ámbito teológico, la palabra «dispensación» se ha utilizado para designar un período específico en la historia en el que Dios, supuestamente, prueba la obediencia humana bajo un conjunto particular de normas y promesas. Cada una de estas etapas culminaría, según esta interpretación, en un fracaso humano que conduce a un juicio divino, demostrando así la necesidad de la gracia de Dios. Sin embargo, es crucial distinguir esta construcción teológica posterior del uso que la Biblia misma hace del término original.
El vocablo español «dispensación» es una traducción de la palabra griega οἰκονομία (oikonomía). Este término, en el mundo grecorromano, hacía referencia a la «administración de una casa» o una «mayordomía». Es un concepto que evoca la imagen de un mayordomo responsable de los bienes de su señor. Cuando examinamos el Nuevo Testamento, encontramos esta palabra en varios pasajes clave, pero nunca con el sentido de una gran era histórica, sino siempre refiriéndose a un encargo, una comisión o un plan específico.
La palabra griega οἰκονομía (oikonomía) aparece 9 veces en la Biblia, siempre en el Nuevo Testamento. El Antiguo Testamento, escrito en hebreo y arameo, no contiene este término. Este vocablo suele traducirse como administración, mayordomía, dispensación o gestión, según el contexto y la versión bíblica. Sus apariciones se encuentran exclusivamente en los siguientes pasajes: Lucas 16:2, 16:3 y 16:4; 1 Corintios 9:17; Efesios 1:10, 3:2 y 3:9; Colosenses 1:25 y 1 Timoteo 1:4.
Estudiar el significado preciso que adquiere la palabra οἰκονομία en cada uno de estos versículos es fundamental para captar su sentido original en el texto griego y poder compararlo luego con el desarrollo teológico que ha tenido a lo largo de la historia de la Iglesia.
- Lucas 16:2-4: “Entonces le llamó, y le dijo: ¿Qué es esto que oigo acerca de ti? Da cuenta de tu mayordomía (οἰκονομίαν), porque ya no podrás más ser mayordomo. Entonces el mayordomo dijo para sí: ¿Qué haré? Porque mi amo me quita la mayordomía (οἰκονομίαν). Cavar, no puedo; mendigar, me da vergüenza.Ya sé lo que haré para que cuando se me quite de la mayordomía (οἰκονομίαν), me reciban en sus casas.”
- 1 Corintios 9:17: «Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré; pero si de mala voluntad, la comisión (οἰκονομίαν) me ha sido encomendada».
- Efesios 1:10: «de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación (οἰκονομίαν) del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.»
- Efesios 3:2: “Si es que habéis oído de la administración (οἰκονομίαν) de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros.”
- Efesios 3:9: “Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación (οἰκονομίαν) del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas.”
- Colosenses 1:25: “De la cual fui hecho ministro, según la administración (οἰκονομίαν) de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios.”
- 1 Timoteo 1:4: “Ni presten atención a fábulas y genealogías interminables, que acarrean disputas más bien que edificación (οἰκονομίαν) de Dios que es por fe, así te encargo ahora.”
En la parábola de Lucas, la RVR1960 traduce oikonomía como «mayordomía» y la NBLA como “administración”, un sinónimo perfecto que refleja fielmente su significado original. Como podemos observar, en todos estos casos, el sentido es uniforme: una mayordomía (un encargo personal de Pablo), una administración (la del mayordomo de la parábola) o un plan (el plan divino de unificación en Cristo). En ningún momento estos versículos presentan una división cronológica de la historia universal. El apóstol Pablo habla de la comisión que ha recibido, y Jesús, en su parábola, describe la responsabilidad de un siervo.

Una construcción artificial y reciente
A pesar de lo claro que es el texto bíblico, en el siglo XIX surgió un sistema de interpretación (el dispensacionalismo) que tomó la palabra oikonomía y la expandió hasta convertirla en la base para entender toda la historia de la salvación (Gribben, 2024). Este esquema, popularizado principalmente por John Nelson Darby y la Biblia de Referencia Scofield, propuso dividir toda la historia bíblica en siete grandes períodos o “dispensaciones”, que normalmente son: Inocencia, Conciencia, Gobierno Humano, Promesa, Ley, Gracia y Reino. Este es el modelo clásico que algunos todavía defienden (Scofield, 1909).
Sin embargo, la rigidez de este esquema terminó siendo problemática incluso para sus propios seguidores, lo que llevó al desarrollo de versiones más suaves y matizadas. Una corriente intermedia (dispensacionalismo revisado), que apareció a mediados del siglo XX, suavizó la separación tan tajante entre Israel y la iglesia, y redujo el número de dispensaciones. La corriente más reciente (dispensacionalismo progresivo), surgida a finales del siglo XX, pone aún más énfasis en la unidad del plan divino, proponiendo generalmente cuatro etapas (patriarcal, mosaica, eclesial y del reino), y viendo a la iglesia no como un paréntesis, sino como parte integral del cumplimiento de las promesas de Dios.
El simple hecho de que existan estas tres variantes (clásica, revisada y progresiva) es ya una prueba de las tensiones internas del sistema y un intento de corregir sus inconsistencias más evidentes. Pero el problema de fondo persiste, ya que ninguna de estas propuestas cuenta con un mandato bíblico explícito que la respalde. En ningún lugar de las Escrituras encontramos algo como: “Estos son los siete períodos en los que he dividido la historia”. En realidad, el sistema es una rejilla interpretativa que se coloca por encima del texto bíblico, más que algo que surge de forma natural y orgánica del propio texto. Su origen en el siglo XIX, después de más de dieciocho siglos en los que la iglesia lo desconocía, ya es de por sí una señal de alerta importante sobre su legitimidad (Hummel, 2023).

La patrística y la historia de la iglesia: ¿un apoyo inexistente?
A veces se ha intentado buscar apoyo para este sistema en los escritos de los primeros padres de la iglesia, como Justino Mártir o Ireneo de Lyon, quienes también hablaban de “economías” o “administraciones” divinas. Sin embargo, esto representa una lectura anacrónica que lleva a confusión. Cuando los padres de la iglesia utilizaban el término oikonomía, se referían principalmente al plan de la encarnación (la “economía de Cristo al hacerse hombre”) o a la progresión de los pactos entendida como un único plan educativo de Dios, y no como una serie de pruebas independientes que terminan en fracaso.
Por ejemplo, Ireneo habla de cuatro alianzas principales dadas al género humano y las considera etapas de un mismo proceso, no como dispensaciones que se cancelan unas a otras. En Contra las Herejías (Libro III, 11, 8) escribe:
“Por esta razón fueron dados al género humano cuatro pactos principales: uno, antes del diluvio, bajo Adán; el segundo, después del diluvio, bajo Noé; el tercero, el de la ley, bajo Moisés; el cuarto, el que renueva al hombre y recapitula todas las cosas en sí mismo por medio del Evangelio.”
Agustín, por su parte, distingue entre la era anterior a la ley, la era bajo la ley y la era bajo la gracia, pero siempre las ve subordinadas a la unidad del plan redentor, y nunca propone una separación entre Israel y la iglesia como dos pueblos con destinos distintos (Agustín de Hipona, La Ciudad de Dios). Los reformadores, Lutero y Calvino, fueron igualmente ajenos a este esquema, manteniendo una teología centrada en los pactos y en la continuidad de la Escritura. Por lo tanto, atribuir a los padres de la iglesia las elaboradas construcciones del siglo XIX es un error tanto histórico como teológico.
Por más que se busque justificar la existencia de dicho sistema interpretativo, el intento de dividir la historia de la redención en una serie de dispensaciones es un sistema teológico artificial y relativamente reciente que carece de fundamento bíblico sólido. La palabra oikonomía en las Escrituras se refiere a una mayordomía o a un plan, nunca a una era o período. Las contradicciones se hacen evidentes cuando se compara este esquema con la enseñanza bíblica de la salvación por gracia, la unidad de Israel y la iglesia en Cristo, y la consistencia del plan divino a lo largo de toda la historia. Trazar correctamente la palabra de verdad no consiste en imponer una estructura externa sobre el texto, sino en reconocer la unidad progresiva y orgánica del pacto redentor de Dios, que tiene su centro y su culminación en la persona y la obra de Jesucristo. Él es el mismo ayer, hoy y por los siglos.

Bibliografía:
- Agustín de Hipona (s. V). La Ciudad de Dios (De Civitate Dei).
- Gribben, Crawford (2024). J. N. Darby and the Roots of Dispensationalism. Oxford University Press.
- Hummel, Daniel G. (2023). The Rise and Fall of Dispensationalism: How the Evangelical Battle over the End Times Shaped a Nation. Eerdmans.
- Ireneo de Lyon (s. II). Contra las Herejías (Adversus Haereses).
- Scofield, C. I. (1909). Scofield Reference Bible. Oxford University Press.