La Biblia soporta todas las pruebas. No necesita de nuestras coartadas piadosas ni de nuestras censuras preventivas. Resiste el escrutinio histórico, filológico y arqueológico porque su origen último no está en la pericia de un autor humano —apóstol o no— sino en el aliento de Dios. Por tanto, el presente artículo se propone responder directamente a los fundamentalistas que, confundiendo tradición con Escritura, han levantado falsas alarmas. Demostraremos que (a) la autoría no apostólica no afecta en nada el valor canónico del Apocalipsis, (b) no anula su inspiración divina, y (c) el verdadero problema teológico no es el consenso crítico, sino la concepción deficientísima de inspiración que subyace a sus protestas. Al hacerlo, invocamos el principio paulino: «Examinadlo todo; retened lo bueno» (1 Ts 5,21). Porque el Dios de la verdad no se ofende cuando se investiga su verdad. Solo los ídolos construidos por los humanos se quiebran ante el martillo de la realidad.
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Atrapados entre el fundamentalismo y la teología liberal
La clave para un cristianismo equilibrado es "saquear los tesoros" del fundamentalismo y de la teología liberal. El fundamentalismo nos afirma en la fe histórica de la iglesia, en un amor genuino por la Palabra de Dios, nos cuida de los excesos del liberalismo. La teología liberal, por otro lado, nos invita a tener una visión más realista, pura y útil del cristianismo frente al fundamentalismo cristiano que avanza en varios países, principalmente de África y América Latina.
El Espíritu Santo, el Dios personal que vive en y con nosotros
En el Nuevo Testamento, se describe al Espíritu Santo como la tercera persona divina, vinculada con el Padre y el Hijo aunque diferente de ellos, así como el Padre y el Hijo son distintos el uno del otro. Él es “el Paracleto” (Juan 14:16, 25; 15:26; 16:7) —una palabra rica en significado para la que no existe una traducción adecuada, ya que puede significar alternativamente Consolador (en el sentido de Fortalecedor), Consejero, Ayudador, Sustentador, Consultor, Abogado, Aliado, Amigo Veterano —y solo una persona podría cumplir esos papeles. Para ser más precisos, Él es “otro” Paracleto (14:16), segundo en la línea (podríamos decir) del Señor Jesús, continuador del ministerio de este; y solo una persona, una como Jesús, podría hacerlo.