Three colorful frogs on wall, Jerusalem behind
Apocalipsis, Apostasía, Dispensacionalismo, Herejías, Israel, REFLEXIÓN BÍBLICA, Reflexión Teológica

Tres ranas, un frente: reflexión sobre antisemitismo, antisionismo y discernimiento cristiano

Por Fernando E. Alvarado

En una página pentecostal de marcado énfasis dispensacionalista y abiertamente pro sionista, se mencionó a Daniel Thomas Lancaster, escritor, profesor y director educativo del ministerio mesiánico First Fruits of Zion (Primicias de Sion). Muy probablemente citando a este autor, dicha página recalcaba:

«“No soy antisemita; soy antisionista”. Escuchamos esa aclaración por parte de la izquierda política progresista, la extrema derecha radical, los defensores de los musulmanes, las estrellas de Hollywood, los políticos del establishment, e incluso de algunos teólogos y pastores cristianos. “No estoy en contra de los judíos, lo que rechazo es la ideología política del sionismo”».

Antes de continuar, debo aclarar que no tengo interés alguno en polemizar con otro hermano pentecostal. Nuestros verdaderos enemigos no son las personas, sino las herejías, las falsas doctrinas y las distorsiones de la Palabra de Dios.

Dicho esto, cabe señalar que First Fruits of Zion es una organización internacional que acerca las enseñanzas judías mesiánicas tanto a cristianos como a judíos. Su labor se centra en explorar las raíces judías del cristianismo, un cometido digno de elogio siempre que no se busque judaizar el cristianismo, ni exaltar la cultura judía por encima de otras, ni apropiarse de Cristo de forma étnica o casi racista. Cristo no vino a hacernos judíos. Él es la verdadera luz de las naciones y Salvador de los gentiles, como las Escrituras lo confirman: «Luz de las naciones» (Isaías 42:6; 49:6) y «Salvador del mundo» (Juan 4:42), pues en Él los gentiles hemos recibido misericordia (Romanos 15:9-12).

Ahora bien, al comentar sobre Apocalipsis 16:13 y las tres ranas de la visión apocalíptica, esa misma página pentecostal parece afirmar que Lancaster sostiene que dichas ranas representan el antisemitismo, el antisionismo y el antijudaísmo. Según el artículo, Lancaster asegura que estas tres ranas saltan y se multiplican en las redes sociales, el discurso religioso y las esferas políticas, formando así un frente unificado contra Israel y todo lo judío.

En su defensa, Lancaster fundamenta su oposición a esas tres ranas —y su apoyo cristiano a Israel— en el hecho de que Jesús es el Rey judío. Insiste además en que su postura es teológica, no política.

Three men discussing Dispensational Truth with a Bible and a sign near the Western Wall

Un salto interpretativo difícil de digerir

Llegados a este punto, debo confesar con toda franqueza: me cuesta enormemente tomarme en serio tales afirmaciones. Casi las siento como una broma eisegética o un mal chiste. Porque, seamos sinceros, ¿en qué momento el texto de Apocalipsis —un libro denso, simbólico y profundamente arraigado en el imaginario profético judío del primer siglo— nos habla literalmente de «antisionismo» o «antijudaísmo»? Las tres ranas que salen de la boca del dragón, la bestia y el falso profeta son, según el contexto, espíritus demoníacos que realizan señales para reunir a los reyes de la tierra en la batalla del gran día de Dios Todopoderoso (Apocalipsis 16:13-14). Nada en el texto sugiere, ni por asomo, conceptos políticos o ideológicos contemporáneos como el antisemitismo o el sionismo.

Me resulta muy difícil pensar que alguien con la formación de Daniel Thomas Lancaster —un educador y estudioso de las raíces judías— pueda sostener con total seriedad esta interpretación (si es que realmente lo dijo). O, al menos, que un exegeta bíblico que se precie de serio pueda llegar a conclusiones tan absurdas. No se trata de estar en contra o a favor de Israel, ni de minimizar el preocupante aumento del antisemitismo real en el mundo. Se trata de un mínimo de honestidad hermenéutica: no puedes leer un texto del siglo I como si fuera un editorial del Jerusalem Post.

Lancaster insiste en que su postura es teológica, no política. Sin embargo, al identificar tres ranas apocalípticas con movimientos políticos e ideologías actuales (antisionismo, antisemitismo, antijudaísmo), la política se cuela por la puerta grande disfrazada de profecía. Eso no es exégesis; es eiségesis pura: leer en el texto lo que ya queremos encontrar.

Y no, no estoy diciendo que el antisemitismo no sea un grave pecado. Lo es. Pero equiparar tres ranas demoníacas con tres posturas humanas (que además se solapan y confunden entre sí) es forzar tanto el texto que termina por romperse. Como diría un viejo maestro: «Cuando el texto dice lo que tú quieres que diga, el texto ha dejado de ser Biblia para convertirse en un espejo».

Civilians walking through rubble and damaged buildings in a bombed urban area with smoke and fire in the background

De ranas y espantapájaros: por qué la interpretación de Lancaster sobre Apocalipsis 16:13 no se sostiene

Sin ánimo de ofender la inteligencia de Lancaster, he de decir que muy difícilmente se hallaría un académico moderno, o de cualquier otra época, que concordaría con su interpretación de Apocalipsis 16:13. El primer comentario completo del Apocalipsis que se conserva es el de Victorino de Petovio (mártir hacia el 304 d.C.). Aunque su obra se centra en el conflicto cósmico entre Cristo y Satanás durante la era del Imperio Romano, su método exegético, aunque alegórico, se mantiene dentro del marco teológico del engaño demoníaco, sin mencionar ideologías políticas modernas.

Por su parte, San Agustín (354-430 d.C.), en sus reflexiones sobre los símbolos bíblicos, asociaba a las ranas con los herejes y los falsos filósofos: criaturas que nacen del lodo (la impureza), viven en la humedad (la doctrina falsa) y croan incesantemente, aturdiendo con su parloteo vacío.

Esta tradición no se limita a los primeros siglos. Albert Barnes (1798-1870), en sus Notes on the New Testament, realiza un análisis meticuloso donde enumera hasta nueve simbolismos posibles de la rana, citando al erudito Bochart. Entre ellos, menciona el de herejes y filósofos (según Agustín), pero también el de vana locuacidad, soberbia, impureza e impudencia. Tras esta larga lista, Barnes concluye que las ranas no son símbolos de personas, sino de influencias u opiniones que preparan al mundo para el conflicto final, en clara alusión a lo que el dragón, la bestia y el falso profeta harían en los últimos tiempos.

John Gill (1697-1771), en su Exposition of the Entire Bible, conecta la imagen directamente con la plaga de Egipto (Éxodo 8) y compara a estas «ranas antigüedad» con los emisarios del anticristo, los describe como una caricatura demoníaca que realiza milagros con el fin de congregar a los reyes de la tierra para la batalla del gran día de Dios Todopoderoso.

De manera similar, el Comentario Crítico y Explicativo de Jamieson, Fausset y Brown (publicado en 1871) añade un matiz fundamental: las tres ranas conforman una «antitrinidad blasfema», una parodia satánica de la Trinidad. El dragón personifica al «padre» de la mentira, la bestia al «hijo» del poder mundano, y el falso profeta al «espíritu» del engaño religioso. En este comentario, el conflicto es, en esencia, teológico, no político.

Finalmente, veamos qué dice un especialista pentecostal actual de reconocido prestigio académico: Craig S. Keener, profesor de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Asbury y autor del comentario Revelation en la serie NIV Application Commentary.

El método de Keener, fiel a la serie, es triple: en primer lugar, busca el Significado Original del texto a través de una exégesis cuidadosa; luego construye un Puente hacia el Contexto Actual; y, por último, explora la Significado Contemporáneo. Siguiendo este método, Keener señala que la imagen de las ranas remite directamente a las plagas de Egipto (Éxodo 8), un juicio de Dios contra una nación opresora y sus dioses falsos. En el contexto apocalíptico, estas «ranas» son espíritus demoníacos que realizan señales para reunir a los reyes de la tierra en la batalla final contra Dios.

¿Dónde, entonces, se menciona en este sólido consenso académico al antisemitismo, el antisionismo o el antijudaísmo? En ninguna parte. Tras revisar a los Padres de la Iglesia, a los comentaristas protestantes clásicos y a un erudito pentecostal contemporáneo, la conclusión es unánime y clara: las tres ranas de Apocalipsis 16:13 simbolizan poderes demoníacos de engaño. Son una advertencia teológica sobre el poder de la propaganda y la seducción espiritual que preparan al mundo para la confrontación final contra Dios.

Respeto a Daniel Lancaster como estudioso de las raíces judías, pero aquí, francamente, no puedo acompañarlo. No porque esté en contra de un análisis cultural, sino porque la Palabra de Dios merece más respeto que ser convertida en un espejo de nuestras propias agendas políticas. La tarea del exegeta no es leer el periódico en el texto bíblico, sino dejar que el texto bíblico ilumine nuestra comprensión del mundo.

Three colorful frogs on wall, Jerusalem behind

Si Apocalipsis juzga a los judíos incrédulos, ¿cómo podría usar sus ranas para denunciar el «antijudaísmo»?

Lo digo otra vez, por si todavía no queda claro lo que estoy planteando: La interpretación de Lancaster no solo carece de apoyo exegético, sino que choca frontalmente con el propio tenor del libro de Apocalipsis. Porque, seamos claros: Apocalipsis no trata sobre el antisionismo, ni sobre el antijudaísmo, ni sobre el antisemitismo. Esos son conceptos políticos e ideológicos del mundo moderno que nada tienen que ver con el texto del siglo I. Pero hay más: el juicio teológico que el libro de Apocalipsis pronuncia sobre ciertos grupos judíos no es precisamente favorable. Y eso hace que la lectura de Lancaster sea, cuando menos, paradójica e insostenible.

El autor de Apocalipsis, Juan de Patmos, era un profeta judío que escribía para comunidades compuestas mayoritariamente por cristianos judíos en Asia Menor. Estos creyentes enfrentaban hostilidad tanto del imperio romano como de las sinagogas locales que los consideraban herejes. En este contexto, Apocalipsis incluye pasajes que, leídos con honestidad, muestran una visión muy crítica hacia ciertos sectores del judaísmo del primer siglo.

En Apocalipsis 2:9, Jesús dice a la iglesia de Esmirna: «Conozco la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás» (RV1960). De manera similar, en 3:9, a la iglesia de Filadelfia se le promete: «He aquí, yo entrego a los de la sinagoga de Satanás, que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies». Estas declaraciones no se refieren al pueblo judío en su conjunto, sino a un grupo específico de judíos incrédulos que perseguían activamente a los cristianos. Sin embargo, el lenguaje es innegablemente duro: llamar «sinagoga de Satanás» a quienes reivindican la identidad judía es un juicio teológico devastador, y muestra que Apocalipsis no tenía ningún reparo en denunciar con firmeza a aquellos judíos que rechazaban a Jesús como el Mesías.

También en Apocalipsis 11:8 se describe la «gran ciudad» donde los dos testigos son asesinados como aquella «que espiritualmente se llama Sodoma y Egipto, donde también nuestro Señor fue crucificado». La referencia a Jerusalén es clara. Identificar la ciudad santa con Sodoma y Egipto —dos símbolos bíblicos de maldad, idolatría y opresión— es una acusación profética de infidelidad al pacto. Este tipo de lenguaje, que sigue la tradición de Isaías 1:10 («¡Oh gobernante de Sodoma, oíd la palabra de Jehová!»), no es un ataque étnico, sino una denuncia contra las autoridades religiosas que rechazaron al Mesías. Pero el hecho es que, teológicamente, Apocalipsis presenta a gran parte del judaísmo oficial del primer siglo como adversario del Cordero.

Llegamos así al núcleo del problema. Si Lancaster afirma que las tres ranas de Apocalipsis 16:13 representan el antisemitismo, el antisionismo y el antijudaísmo, tendríamos que preguntarle: ¿Acaso el propio libro de Apocalipsis no incurre en lo que usted llama «antijudaísmo» cuando califica a una sinagoga de «sinagoga de Satanás»? ¿No está ejerciendo un juicio teológico negativo sobre ciertos judíos cuando dice que «se dicen ser judíos y no lo son»? La respuesta es obvia: sí. Por lo tanto, si alguien tomara en serio la interpretación de Lancaster, tendría que concluir que el mismo Jesucristo (quien habla en Apocalipsis 2 y 3) estaría promoviendo una de esas tres ranas. El absurdo es evidente.

En realidad, Apocalipsis no tiene ningún interés en condenar el «antijudaísmo» como ideología, porque el concepto no existía en el siglo I. Lo que hace es condenar la incredulidad y la persecución, vengan de donde vengan. Y cuando esa incredulidad proviene de judíos que persiguen a los cristianos, el libro no duda en usar un lenguaje durísimo contra ellos. Eso no es antisemitismo (término anacrónico), sino un juicio teológico interno al judaísmo mesiánico del primer siglo.

CUFI Cristianos Unidos por Israel event banner

Lancaster lee en el texto lo que no está

Tras recorrer la tradición exegética —desde Victorino de Petovio y Agustín hasta Barnes, Gill, Jamieson-Fausset-Brown y Keener—, la conclusión es inevitable: las tres ranas de Apocalipsis 16:13 simbolizan espíritus demoníacos de engaño que impulsan a las naciones a la batalla contra Dios. No hay rastro de antisemitismo, antisionismo o antijudaísmo. Y si los hubiera, el propio Apocalipsis sería culpable de ellos, algo que Lancaster, por coherencia, debería denunciar también. Pero no lo hace, porque su lectura no es exégesis, sino eiségesis al servicio de una agenda teológico-política.

Prefiero quedarme con lo que el texto realmente enseña: espíritus inmundos que engañan al mundo. No tres ranas ideológicas que saltan por Twitter o por los discursos de la ONU. Respeto a Lancaster como estudioso, pero aquí, francamente, no puedo acompañarlo. No porque esté en contra de Israel (no lo estoy), sino porque la Palabra de Dios merece más respeto que convertirla en un tablero de ajedrez geopolítico. Como bien dije al inicio: nuestros enemigos no son las personas, sino las falsas doctrinas. Y una mala interpretación de Apocalipsis, por muy bien intencionada que esté, no deja de ser una mala interpretación.

A group of people holding and waving Israeli flags outside a large stone building

Bibliografía:

  • Barnes, A. (1962). Barnes’ notes on the New Testament (1st American reprint ed.). Kregel Publications.
  • Gill, J. (1746). An exposition of the New Testament, in three volumes. George Keith.
  • Jamieson, R., Fausset, A. R., & Brown, D. (1877). A commentary, critical and explanatory, on the Old and New Testaments. S.S. Scranton.
  • Keener, C. S. (2000). Revelation: The NIV application commentary from biblical text to contemporary life. Zondervan.
  • Victorinus of Petovium. (2011). Commentary on the Apocalypse. En W. C. Weinrich (Ed. y Trad.), Latin commentaries on Revelation (pp. 1-80). InterVarsity Press. (Trabajo original publicado ca. 260 d.C.).

Deja un comentario