Una de las paradojas más notables y urgentes del pentecostalismo contemporáneo radica en su profunda devoción afectiva por la Biblia combinada, paradójicamente, con un alto grado de superficialidad metodológica en su interpretación sistemática. En la praxis cotidiana de innumerables congregaciones a lo largo del continente, la Escritura es reverenciada con pasión desbordante en los altares, pero empobrecida analíticamente en las bancas y en las aulas de discipulado. Con frecuencia, el acercamiento al texto sagrado se sostiene sobre un andamiaje puramente utilitario: se busca en la Biblia alivio emocional frente a la angustia existencial, directrices económicas ante la precarización de la vida o una palabra de triunfo triunfalista frente a la prueba inmediata.
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El ídolo de la homilética: La sacralización de la predicación expositiva frente al modelo de Jesús
En las últimas décadas, un sector considerable del ala conservadora de la iglesia ha elevado la predicación expositiva a un estatus casi sagrado, incluso presentándolo como una señal de una iglesia verdaderamente bíblica. Lo que comenzó como un esfuerzo loable por recuperar la profundidad teológica y la fidelidad al texto, ha derivado en algunos círculos en una suerte de "monopolio metodológico". Se afirma, con una seguridad que roza el dogmatismo, que este es el único método verdaderamente bíblico, desplazando a cualquier otra forma de comunicación a la categoría de entretenimiento o superficialidad. Sin embargo, al analizar esta postura bajo la lupa de la historia sagrada, surge una ironía ineludible: Jesús, el Verbo encarnado, no era un predicador expositivo.
El espectáculo del púlpito: cuando la teatralidad reemplaza la unción
Como predicadores, estamos llamados a confiar en el poder de la Palabra y del Espíritu Santo, evitando la tentación de sustituir ese poder con ruido emocional o técnicas humanas. Al hacerlo, reflejamos al Dios de paz y aseguramos que la predicación sea un medio efectivo para la transformación espiritual de los oyentes.
Evangelismo y misiones, la asignatura pendiente
¿Evangélicos que no evangelizan? Irónico, ¿O no? Sin embargo ¡Esa es la realidad de muchas congregaciones hoy! Quizá concuerdes conmigo en que es necesario que Dios siga inquietando y trayendo cambios a la iglesia y su liderazgo en el área del evangelismo y las misiones. Urge liberar a la Iglesia de ese espíritu cómodo, de negligencia y de apatía que viven los propios creyentes para con la misión real de la iglesia. Muchos argumentan la falta de recursos económicos como el mayor obstáculo a superar, pero ¿Es esa la razón real? ¿No será más bien la causa nuestro espíritu mezquino y poco dadivoso? ¿No será más bien que, en el fondo, no amamos tanto al Señor ni nos interesa la salvación de los perdidos? En general, las iglesias optan por darle prioridad a aquellas áreas que suelen ser las que acaparan más del 80% de las entradas por diezmos y ofrendas: los gastos de mantenimiento y servicios del templo, los arreglos y mejoras en el local y la compra de equipos de sonido, eventos sociales internos e intercongregacionales, etc. Quedando, frecuentemente el capítulo de evangelización, misiones y de apertura de nuevas obras, con muy escasa dotación económica y hasta en ocasiones no pocas iglesias no tienen en su presupuesto ni siquiera contemplado presupuesto alguno para el área de evangelismo y misiones.
¿Duda alguien que la iglesia necesita un avivamiento? Todos amamos asis