En las últimas décadas, un sector considerable del ala conservadora de la iglesia ha elevado la predicación expositiva a un estatus casi sagrado, incluso presentándolo como una señal de una iglesia verdaderamente bíblica. Lo que comenzó como un esfuerzo loable por recuperar la profundidad teológica y la fidelidad al texto, ha derivado en algunos círculos en una suerte de "monopolio metodológico". Se afirma, con una seguridad que roza el dogmatismo, que este es el único método verdaderamente bíblico, desplazando a cualquier otra forma de comunicación a la categoría de entretenimiento o superficialidad. Sin embargo, al analizar esta postura bajo la lupa de la historia sagrada, surge una ironía ineludible: Jesús, el Verbo encarnado, no era un predicador expositivo.
Etiqueta: Predicación Bíblica
¡Necesitamos más predicación teológica!
Uno de los mayores problemas de la predicación evangélica contemporánea es que las predicaciones cristianas muchas veces no son verdaderamente cristianas. Son morales en el mejor de los casos, herejías en la mayoría. El evangelio de la prosperidad es solo la punta del iceberg. Pocos predicadores estarán dispuestos a admitirlo, pero muchas de las predicaciones no apuntan a Cristo, no revelan a Cristo, no hablan de Cristo o de su obra, de sus promesas o de cómo ser como Él. Cuando solo predicamos que no debemos mentir, que no debemos robar, o que debemos amar a nuestra esposa, aun cuando son principios útiles y hasta tradicionalmente cristianos, no son exclusivamente bíblicos. Los mormones, testigos de Jehová, y budistas enseñan y se adhieren a esos principios también. Las predicaciones moralistas son, en última instancia, una falta de respeto a la Biblia y a su autor, pues no estamos extrayendo de ella los grandes tesoros de conocimiento que contiene. Muchos predicadores "evangélicos" incluso han reducido el mensaje del Evangelio a una prédica legalista en la cual lo único que importa es que las mujeres no usen pantalones, se cubran el cuerpo lo más posible, no usen maquillaje, ni se corten el cabello. Pero ¿Es esto el Evangelio? ¿Por tan poca cosa vino a morir el Señor?