Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Somos polvo nada más, frágiles vasijas de barro

Por Fernando E. Alvarado.

 

INTRODUCCIÓN

Todos conocemos la tremenda historia del Rey Nabucodonosor y su legendaria frase: “¿No es ésta la gran Babilonia que yo edifiqué para casa real con la fuerza de mi poder, y para gloria de mi majestad?” (Daniel 4:30). Su arrogancia, soberbia y orgullo, lo llevaron a enloquecer durante siete tiempos y vagar errante por los montes y campos como un animal salvaje (Daniel 4:31-37). Esta historia conmueve mi corazón y me lleva a pensar que, si desde antes de la fundación del mundo, la arrogancia y el orgullo de Satanás le llevaron a su caída (Isaías 14:12-15), y si el orgullo está de primero en la lista de las siete cosas que aborrece el Señor en el libro bíblico de Proverbios (Proverbios 6:16-19), entonces hoy, en los últimos tiempos, el orgulloso, la soberbia y la arrogancia humana están más que nunca a la orden del día. Para el mundo el orgullo es sinónimo de fortaleza, poder y autoridad. No lo ven como un pecado, sino como algo positivo. Dios, sin embargo, tiene una escala de valores muy diferente. Un precioso texto bíblico afirma que Dios “hermoseará a los humildes con la salvación” (Salmo 149:4). Lo cual concuerda con las palabras de Jesús: “Tomad mi yugo y aprended de mi, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas” (Mateo 11:29). Dios valora la humanidad. Eso está claro. La pregunta es: ¿Y nosotros? ¿Valoramos la humanidad? ¿Somos verdaderamente humildes? Examinándome a mí mismo puedo ver que no. Y que, de hecho, me falta mucho por lograr el ideal propuesto por Jesús.

DUST 3

LA HUMILDAD, UNA VIRTUD POCO DESEABLE

Pero ¿Por qué la humildad nos parece tan poco deseable? ¿Por qué parece tan difícil de alcanzar? Quizá se deba a que hemos olvidado lo que somos. El humanismo antropocéntrico nos ha hecho olvidar de dónde venimos y hacia dónde vamos: ¡Al polvo! Así de sencillo: Dios nos hizo del polvo (Génesis 2:7) y un día nos devolverá al polvo (Salmo 90:3). En vez de eso, el ser humano ha construido un universo imaginario en el cual él es su propio dios y centro del universo. Pero tal universo es irreal. El ser humano no es un dios, es polvo nada más. ¡Polvo! Sí, el mismo que pisoteados y sobre el cual caminamos todos los días. Por eso pregunto: ¿Acaso hay algo grande y digno de jactancia y presunción en el hombre hecho de polvo? ¡No lo creo! El polvo es materia inanimada, sin vida, desintegrada. Es el polo opuesto a las complejas células interconectadas, los sistemas orgánicos, los patrones neuronales, los nervios, los músculos, los huesos, los tejidos, todo el sistema maravillosamente hilado que conforma a un ser humano vivo, formado en el vientre por el poder y la sabiduría de Dios (Salmo 139:13).

DUST 2

Un ser humano vivo puede caminar, correr, construir, pensar, hablar, actuar, amar. Pero el polvo es apenas un conjunto de partículas desconectadas en la tierra, sin vida, sin acción, sin voluntad, sin poder; es materia inerte e inorgánica. Lo digno de ser recordado en todo esto es que tú y yo venimos del polvo, y nuestros cuerpos volverán al polvo. En ningún momento de nuestras vidas mortales estamos lejos de volver al polvo. De hecho, cada día que pasa estamos más cerca de volver a él. Somos muy frágiles… ¡Más de lo que quisiéramos admitir! A veces nuestra prosperidad temporal, la buena salud y nuestros logros de cualquier índole nos llevan al autoengaño y la negación de nuestra frágil condición humana. El problema de estar fuertes y sanos es que tú y yo empezamos a creer que somos algo más que partículas de polvo sobre las que Dios ha respirado aliento de vida temporalmente. Puesto que soy capaz de caminar, pensar, hablar, y actuar, empiezo a creer que soy inmortal: que siempre podré caminar, pensar, hablar, y actuar. Pero no será así. Es saludable aceptar la verdad de que somos polvo. Estamos hechos de polvo. En esta vida mortal nunca seremos más que un puñado de partículas de tierra en las que Dios ha soplado el aliento de vida temporalmente. Somos frágiles y delicados, y haríamos bien en no olvidarlo nunca.

VASIJA DE BARRO

EL LÍDER CRISTIANO Y SU LLAMADO A LA HUMILDAD

Sí. Sé bien que tú y yo somos diferentes. Tenemos distintos tipos de resistencia, tanto física como mental. Tenemos capacidades diversas para soportar más o menos horas de trabajo. A algunos se nos da bien viajar, a otros no tanto. En muchos sentidos tenemos distintas capacidades. Pero sea cual sea la constitución que Dios nos ha dado, ninguno somos más que polvo. Cada cristiano, y en particular aquellos que hemos sido llamados por Dios al ministerio o elegidos para ejercer responsabilidades de liderazgo en el Cuerpo de Cristo, debemos tener siempre en mente que, cuando nos rendimos a Jesús como Señor, no le ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (Salmos 103:14), él recuerda que somos polvo. Conocer esto es vital al rendir nuestras vidas a Él en el ministerio. Solo teniendo esto en mente podremos escapar del orgullo, la soberbia y la arrogancia. Ahora pues: “Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado” (Romanos 12:3, NTV).

CREACIÓN DE ADÁN

 

Suicidio, Vida Espiritual

El Suicidio Pastoral

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo. Esto equivale a más de 800.000 personas cada año. Esto suena alarmante, sin embargo, no es lo peor. la magnitud del problema es aún mayor de lo que parece ya que, por cada una de estas personas que se suicidan, se estima que hay otras 20 que lo intentan. ¿Cuál es resultado de este reinado de muerte? Hoy por hoy, la mortalidad por suicidio es superior a la mortalidad total causada por la guerra y los homicidios. Y la cosa resulta aún más deprimente si se tiene en cuenta que el suicidio es ahora la segunda causa principal de defunción en el grupo etario de 15 a 29 años. ¡Nuestra juventud está quitándose la vida por su propia mano! Los plaguicidas, el ahorcamiento y las armas de fuego son los métodos habituales para cometer suicidio en el mundo. La muerte de un ser humano nunca será causa de alegría, pero la muerte por mano propia y en tales circunstancias es aún mucho más lamentable. Aunque el 75% de los suicidios ocurre en países de ingreso bajo y medio, este mal no respeta nacionalidad, raza o estatus socioeconómico. En la próspera Europa el suicidio es considerado la primera causa de fallecimiento no natural. De hecho, el número de víctimas de suicidio triplica al de accidentes de tráfico. Tan grande es el problema en la Unión Europea que la Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el suicidio como el mayor problema de salud pública de toda Europa.

infografia-suicidio-big

EL REINADO DE LA MUERTE SOBRE LAS NACIONES

¿Es esto diferente en otras regiones y países alrededor del mundo? No tanto. Groenlandia, con 79 suicidios por cada 100 mil personas, es el país donde más se cometen suicidios. Le siguen Ucrania con 31 y Rusia con 30 suicidios por cada 100 mil personas. Los países del este de Europa son los que, en líneas generales, despuntan; países como Hungría, Bielorrusia, Polonia, etc., están en el promedio de 20 suicidios por cada 100 mil habitantes. Zimbabue, un país africano, mantiene el quinto lugar a nivel mundial con 27 suicidios por cada 100 mil habitantes. En Europa occidental Francia encabeza la lista, con 17 suicidios por cada 100 mil personas; Estados Unidos tiene 13 suicidios; México, poco más de 5 y Canadá, 10; Sudamérica, Surinam y Guyana encabezan por mucho la lista, seguidos de Uruguay, Argentina, Cuba y Chile, con 16, 11, 11 y 10 respectivamente; Corea del Sur encabeza Asia, con 25 suicidios, seguido de Japón e India con 17. En líneas generales parece que lo que produce más suicidios es la pobreza, si notamos lo que ocurre en los países africanos y la India, y también el frío, notablemente en los casos de Rusia y Groenlandia. Países como Noruega, Suecia y Finlandia están entre los países con más suicidios en Europa. Algo levemente distinto ocurre en los países de Centroamérica y del Norte de África en donde los índices de suicidios están entre los más bajos del mundo, con sólo tres suicidios por cada 100 mil personas. El suicidio tampoco respeta género: A excepción de China, en dónde en donde un número casi idéntico de hombres y mujeres se suicidan, los hombres son, por mucho, los que más se suicidan en todo el mundo.

prevenir-suicidio

¿QUÉ LE OCURRE A NUESTRA SOCIEDAD?

Vivimos en una sociedad de muerte, infectada con el germen del suicidio. De las cloacas de un mundo sin Dios emanan dos tóxicos existenciales de efectos letales: el vacío –“la vida no tiene sentido”- y la desesperanza -“no veo ningún futuro para mí”. Ambos factores constituyen un gran caldo de cultivo para el suicidio. En nuestra sociedad todo es frágil, efímero y se enfoca en el “corto plazo”. Vivimos una epidemia de relaciones rotas y la ola de suicidios no es ajena a esta realidad dolorosa.

En cuanto al otro tóxico, la desesperanza, simplemente cosechamos lo que se ha sembrado en los últimos 150 años. Los profetas de la desesperanza, Marx, Freud y Nietzsche (entre otros), se esforzaron por destruir toda ilusión y han predicado una cosmovisión materialista de la vida, “sin Dios y sin esperanza” (Efesios 2:12). Esta cosmovisión no sale gratis ni en lo personal ni en lo social, conlleva un alto peaje. Tarde o temprano lleva a la frustración, al vacío y a la amargura. Decía Sartre: “El camino del ateísmo es cruel y doloroso”, ¡Y vaya que tenía razón! Una vida sin Dios lleva al hombre a la desesperanza y está a la desesperación. En este contexto el suicidio viene a ser una respuesta extrema cuando uno siente en lo más hondo de su corazón que todo es “vanidad de vanidades” (Eclesiastés 1:1).

suicidio

EL SUICIDIO DE PASTORES

Pero, si el problema es la desesperanza, el vacío existencial y la falta de Dios, ¿Por qué algunos creyentes, e incluso pastores, se suicidan? Hoy día es cada vez más frecuente conocer casos de pastores evangélicos que cometen suicidio, especialmente en Latinoamérica y EEUU. En ocasiones con trastorno depresivo oculto, y en otras sin que aparentemente se hubiese detectado nada anómalo. ¿Será que la dinámica de la iglesia actual podría desencadenar o incluso provocar un trastorno en un pastor hasta llevarle a este punto? Pienso que sí. El agotamiento emocional (el llamado síndrome del “quemado” o burn out) puede provocar una depresión. Lo vemos en la Biblia con dos grandes pastores, Moisés (Números 11:10:17) y Elías (1 Reyes 19). ¡Dos gigantes de la fe llegaron a pedirle a Dios que les quitara la vida! El Señor, sin embargo, con su trato comprensivo y delicado hacia estos pastores sufrientes nos deja un precioso modelo a seguir.

Es excepcional, sin embargo, que una depresión por agotamiento lleve al suicidio si no hay un problema de base como los mencionados antes. El pastor sabe que antes que marcharse de la vida (suicidio), puede marcharse de la iglesia o incluso dejar el ministerio (bien sea de forma temporal o incluso permanente). El pastorado es un trabajo de gran exigencia emocional, de ahí la necesidad de una renovación personal constante. Sin duda siempre hay aspectos a mejorar en la “dinámica” de la iglesia (por ejemplo, un énfasis excesivo en el activismo); pero la prioridad en este tema (prevención de crisis en los pastores) no es mejorar la iglesia, sino reforzar al pastor, enseñarle a cuidar de su propia viña, a renovarse, a recibir tanto como a dar.

Demasiados pastores olvidan que son “vasijas de barro”, frágiles, quebradizas y pensando que son “vasijas de hierro” sobrevaloran su capacidad de resistencia. Esto nos lleva a analizar otras situaciones que nos ayudan a entender el problema del suicidio entre pastores:

  1. La primera es una verdad incómoda de la cual la iglesia evangélica se niega a hablar, y es la existencia de pastores ateos, agnósticos o con una base de fe muy débil. Pastores cuya fe en Dios murió a causa de las frustraciones y sinsabores del ministerio, o pastores que entraron al ministerio sin vocación y sin fe, pero impulsados por intereses materiales. Por extraño que nos parezca, es así. Y hace mucho dejó de ser un problema exclusivo de la “liberal” Europa o la “relativista y cada vez más alejada de Dios” Norteamérica. En determinadas denominaciones la teología liberal ha acabado convirtiendo la teología en mera antropología y la fe en puro humanismo. Está en auge, por ejemplo, la llamada “Teología de la muerte de Dios” propugnada por el teólogo William Hamilton.[1] La teología de la muerte de Dios, en ocasiones denominada teotanatología, es una teología que desarrolla la idea nietzschana de la muerte del tradicional dios teísta, a saber que este Dios está ausente o se considera a Dios muerto como evento histórico. Estas ideas teológicas están muy ligadas al secularismo de Dietrich Bonhoeffer y al postcristianismo de John Robinson. Los máximos representantes de esta teología son los teólogos “cristianos” Gabriel Vahanian, Paul Van Buren, William Hamilton, John Robinson, Thomas J. J. Altizer, John D. Caputo y el rabino Richard L. Rubenstein. William Hamilton llegó a afirmar textualmente: “Necesitamos redefinir la cristiandad…sin la presencia de Dios.”[2] Para Hamilton “Decir que Dios ha muerto es decir que ha dejado de existir como ser trascendental y se ha vuelto inmanente al mundo. Las explicaciones no teístas han sustituido a las teístas. Es una tendencia irreversible; hay que hacerse a la idea del deceso histórico-cultural de Dios. Hay que aceptar que Dios se ha ido y considerar el mundo secular como normativo intelectualmente y bueno éticamente”.[3] En este contexto de puro humanismo la desesperanza vital reina en pastores sin fe y sin Dios, así como en sus congregaciones, contaminadas por ellos con la misma levadura pues, ¿Qué esperanza puede quedar en el corazón del hombre si Dios ha sido expulsado de él?
  2. La segunda situación es aún más común. Algunas iglesias ponen en lugares de responsabilidad a personas recién convertidas, a niños espirituales, que obviamente carecen de la madurez necesaria para afrontar el gobierno de una congregación. Se ignora la enseñanza bíblica sobre los requisitos para ser pastor (o diácono). El cuadro bíblico de 1 Timoteo 3:1-13 pone un listón de madurez espiritual que es imprescindible respetar. Pasar por alto estos requisitos supone poner -y exponer- a personas inmaduras, tiernas en la fe, en una posición de alta demanda emocional y espiritual. Las consecuencias no deben sorprendernos: crisis personales y crisis en las iglesias.
  3. La tercera razón también suele ser disminuida en importancia: El pastor necesita ser pastoreado. Ésta es una de las asignaturas pendientes de muchos hombres y mujeres de Dios. Uno de los grandes enemigos del líder cristiano es la soledad. No se puede ser una roca y una isla a la vez. En la mayoría de las crisis emocionales de pastores encontramos una historia de soledad, con un proceso de aislamiento progresivo. De ahí la necesidad de que el pastor tenga una o dos personas de plena confianza con quien compartir cargas, dudas, liberar tensiones y orar juntos. Es un tiempo de revisión de vida y de renovación de visión. No podemos olvidar la dimensión de lucha espiritual del trabajo pastoral: estamos inmersos en una batalla que va más allá de asuntos humanos; en este sentido, el pastorado no es un trabajo natural, es sobrenatural. Por ello necesitamos tanto la oración. El apoyo en oración es clave. La propia experiencia del apóstol Pablo al respecto en un período de tribulación (2 Corintios 1: 9-11) nos sirve de referente en este tema.

como-superar-el-suicidio-de-un-ser-querido

CONCLUSIÓN.

Si bien durante muchos años se consideró tabú el hablar de suicidio, la tendencia está cambiando, a medida que también avanza la conciencia de que es necesario cuidar la salud mental. Según cifras de la OMS, entre el 65% y el 95% de los casos de suicidio están muy relacionados con los problemas de salud mental. La iglesia evangélica, sin embargo, se niega a tratar ciertos aspectos del suicidio y sus causas, principalmente entre pastores. Para muchos es más fácil atribuir la causa del suicidio a influencias del mundo espiritual, demoníacas. Sin embargo, esta es una visión muy pobre de la realidad. Es imprescindible un abordaje integral del tema del suicidio para mitigar los efectos del mismo: prevención, detección, diagnóstico, tratamiento y continuidad de cuidados de los trastornos mentales.

REFERENCIAS:

[1] William Hamilton (Evanston, Illinois, 1924) fue uno de los teólogos promotores del polémico movimiento de la teología de la muerte de Dios, del que fue un representante destacado junto a Thomas Altizer, Paul van Buren y Gabriel Vahanian.

[2] William Hamilton, La Nueva Esencia del Cristianismo (Editorial Sígueme, 1969).

[3] William Hamilton. A Quest for the Post-Historical Jesus (Continuum International Publishing Group, 1994).