Muchos hoy fundamentan su autoridad en sus títulos y grados académicos: licenciaturas en teología, maestrías y doctorados. Estudiar está bien ¡Ojalá todo cristiano fuese un erudito! ¡Pero los demonios no salen cuando les recitas tu tesis de grado, ni te obedecen por tener 2 licenciaturas, 3 maestrías o 4 doctorados! ¡Les importa poco si citas a Juan Calvino, Jonathan Edwards, Spurgeon, a Wesley, Arminio, a Molina o a los puritanos! ¡Para ellos eso es irrelevante! Sólo hay algo que ellos respetan, y es la autoridad de Dios, impartida por el Espíritu Santo en el creyente.
Autor: pensamientopentecostalarminiano
La nueva moda de los «apologistas» cristianos
Para muchos debatir se ha vuelto el nuevo deporte evangélico. Autoproclamarse “apologista cristiano” está de moda, aunque no sepas ni jota de Biblia, historia eclesiástica, credos y confesiones históricas. Ese deseo insaciable de demostrar que se tiene la razón, de lucirse en redes, de parecer inteligente y así satisfacer un frágil ego no tiene fin. Como si Cristo hubiese dicho: “Id por todo el mundo y ganad debates, humillando a tu adversario y haciendo enemigos por todas las naciones. El que ganare el debate y derribare los argumentos de su adversario será salvo”.
El entretenimiento en la iglesia como sustituto barato de la impartición del Espíritu Santo
Como ministros del evangelio, creo que debemos recordar que la cantidad más increíble de amor y gozo que podemos dar a una persona es la verdad del evangelio y la impartición del Espíritu Santo que hace que Jesús cobre vida en nuestros corazones. Tristemente, muchas iglesia soy en día han hecho del “entretenimiento religioso” su único propósito, sustituyendo con ello (o por lo menos intentando imitar) la verdadera manifestación del Espíritu Santo. Muchas son hoy las iglesias y ministros que prefieren entretener a la gente mientras van camino al infierno antes que llamarle al arrepentimiento, a la santidad y al compromiso con Dios por medio de la clara, honesta y confrontativa predicación del Evangelio.
¿A qué tengo que renunciar si le entrego mi vida a Cristo?
"¿A qué tengo que renunciar?" Esta es una pregunta común que uno puede hacer al entregar su vida a Cristo. Para muchos tan sólo hacerse esta pregunta genera temor. Las personas están muy apegadas a lo que han adquirido o logrado, ¿y por qué no deberían estarlo? Se invierte mucho tiempo, energía y recursos en todo lo que obtenemos en la vida. ¿Tenemos que renunciar a todo para seguir a Cristo?
¡Ven, Espíritu Santo! | Redescubriendo el papel de la Tercera Persona de la Trinidad en la iglesia de hoy
Esta relegación del Espíritu Santo a un papel secundario (o incluso menor) dentro de la iglesia, fue la característica del cristianismo (y particularmente del protestantismo) por siglos. Incluso los reformadores, en su intento por marcar distancia de Roma y sus falsos milagros y supercherías, terminaron por descartar la vigencia de los dones espirituales y, con ello, rebajaron el papel del Espíritu Santo en sus iglesias. Con la llegada del Avivamiento Pentecostal del siglo XX ha habido un cambio y que la tercera persona de la Trinidad está recibiendo ahora el trato debido. Hoy en día podemos escuchar que la Iglesia clama: "¡Ven, Espíritu Santo!"
Cinco retos para la iglesia pentecostal de hoy
Para el pentecostalismo los carismas representan parte esencial para la unidad de la iglesia. Los dones son el distintivo permanente de la unión de la iglesia. La revalorización de los carismas/dones es sin duda la contribución más importante del pentecostalismo y el movimiento carismático a la iglesia cristiana universal. Esta naturaleza y eclesiología particular del pentecostalismo ha sido clave en la expansión sin precedentes del movimiento. Movimiento que, pese a sus éxitos y avance global, enfrenta grandes retos y desafíos en el presente siglo.
Cirilo de Alejandría y el uso del término Theotókos
Quienes usan la vida de Cirilo para desprestigiar el uso del término Theotókos parecen desconocer la historia, olvidando que no fue Cirilo quien acuñó dicho término o formuló la doctrina. Muchos Padres de la Iglesia primitiva utilizaron el título de Madre de Dios para referirse a María por lo menos desde el siglo III.
¿Christotókos o Theotókos? | Otra vuelta de tuerca al asunto
El Concilio de Éfeso de 431 le otorgó a María el título de Theotokos (en griego antiguo, Θεοτόκος, en latín, Deīpara o Deī genetrix), que significa Madre de Dios (literalmente, 'la que dio a luz a uno que era Dios'). Su equivalente en español, vía latín, es Deípara.[1] El título le fue concedido solemnemente a María en el Concilio de Éfeso de 431 al ser proclamado el dogma cristológico. El significado teológico en ese momento fue enfatizar que el hijo de María, Jesús, era completamente Dios, y también completamente humano, tal y como había sido afirmado en el Concilio de Nicea I de 325, y que sus dos naturalezas (humana y divina) estaban unidas y eran inseparables en una sola persona.
Fuego pentecostal y protestas: El legado afroestadounidense en la lucha por los derechos civiles
Muchas veces olvidamos que el avivamiento pentecostal se dio en abierta violación a las leyes de segregación racial (leyes Jim Crow). En otras palabras, era políticamente incorrecto e ilegal lo que el Espíritu estaba haciendo, juntando a personas de diversas razas para adorar a Dios en contra de los dictámenes de segregación. Desde esta perspectiva este “mover del Espíritu”, sociológica y políticamente hablando, era un acto de protesta contra las injusticas que experimentaban las comunidades afroestadounidenses durante este tiempo. Había “fuego” en la misión Azusa, un “fuego” de protesta dirigido por un pastor afroamericano que subvertía el orden social y resistía la injusticia del sistema de supremacía blanca. En sus principios, el pentecostalismo se vio como un movimiento de “negros” por lo que se acusaba de herético.
Theotokos | ¿Es correcto decir que María es la Madre de Dios?
El Concilio de Éfeso (431) le dio a María el título en griego Theotokos, que literalmente quiere decir “la que dio a luz a Dios”. Al tomarla de manera menos literal quiere decir “madre de Dios”. Este título fue ratificado en el Concilio de Calcedonia (451)… ¿Pero qué quiere decir realmente este título? En los tiempos en que se llevó a cabo el Concilio de Éfeso, Theotokos se refería a que María era la madre de Dios, pero no en el sentido de que Jesús hubiera recibido Su naturaleza divina por parte de María. Simplemente significaba que María, siendo la madre de Jesús, era la madre de Dios en ese sentido—Jesús es Dios y María es Su madre, hablando de Su naturaleza humana. No había ninguna confusión en Éfeso o en Calcedonia en cuanto a sacar de esa frase alguna noción de deidad en María. Simplemente articulaba el hecho de que María era la madre terrenal de Aquel que es Dios encarnado. El historiador Jaroslav Pelikan nos ha dado una muy buena traducción de Theotokos, una que encapsula muy bien su significado histórico: “aquella que da a luz a Aquel que es Dios”. Con esta definición, históricamente nunca ha habido una objeción oficial de los protestantes ante el título “madre de Dios”. Obviamente, este título puede significar mucho más hoy en día de lo que significaba en Éfeso o en Calcedonia, pero las palabras en sí mismas, propiamente calificadas y definidas, no son causa de controversia.