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¿Christotókos o Theotókos? | Otra vuelta de tuerca al asunto

Por Fernando E. Alvarado

La división en el mundo evangélico alrededor del término Theotókos parece continuar, pero cada día con un nuevo elemento de discusión incorporado al debate. Algunos de esos elementos suenan medianamente válidos en apariencia, otros son completamente ridículos, ilógicos y hasta contradictorios, ya que desencajan con la fe bíblica e histórica del cristianismo. Con respecto a este tema, algunos han dicho:

  • “La biblia hace referencia a María como madre de Jesús (Christotókos) no como madre de Dios (Theotókos).” Y citan Hechos 1:14 donde dice: “Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.”       
  • “El Espíritu Santo no fecundó el óvulo de María, sino que implantó el cigoto en su vientre. Por lo tanto, María aportó biológicamente a Jesús, pero no genéticamente, ejerciendo una función semejante a lo que hoy llamamos vientre de alquiler, maternidad subrogada o útero subrogado.” Y citan Mateo 1:20, donde dice: “Lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es” (pretendiendo descartar con ello todo aporte genético de María en el niño Jesús.
  • “El Espíritu Santo implantó el cigoto en el vientre de María, ella no aportó genéticamente sino biológicamente. La biblia dice que Jesús fue engendrado del Espíritu Santo, es decir, que toda la información genética proviene de Dios. María solo fue un instrumento biológico, no genético. Jesucristo no llegó a existir desde su concepción en el vientre de María, sino que existe desde la eternidad. Su existencia no dependió de María, pues Jesús es Dios eternamente y, por lo tanto, ella no puede ser su madre, pues María es un ser temporal y finito.” Y citan 1 Corintios 15:47, el cual nos dice: “El primer hombre (Adán) es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, (Jesús) es del cielo”. Con ello pretenden afirmar que puesto que María no existió en el cielo antes de la creación, por necesidad ella no puede ser madre de Dios el Hijo.

Lo primero que salta a la vista en tales argumentos es el poco conocimiento de la historia del cristianismo por parte de sus defensores, su desconexión de la fe cristiana histórica, de la sana cristología, de la patrística y de los credos y catecismos de la iglesia, pero sobre todo, su incapacidad de armar un todo coherente en torno a la doctrina cristiana y cosmovisión que de ella se deriva.

EMPECEMOS POR LA HISTORIA…

El Concilio de Éfeso de 431 le otorgó a María el título de Theotokos (en griego antiguo, Θεοτόκος, en latín, Deīpara o Deī genetrix), que significa Madre de Dios (literalmente, ‘la que dio a luz a uno que era Dios’).​ Su equivalente en español, vía latín, es Deípara.[1] El título le fue concedido solemnemente a María en el Concilio de Éfeso de 431 al ser proclamado el dogma cristológico. El significado teológico en ese momento fue enfatizar que el hijo de María, Jesús, era completamente Dios, y también completamente humano, tal y como había sido afirmado en el Concilio de Nicea I de 325, y que sus dos naturalezas (humana y divina) estaban unidas y eran inseparables en una sola persona. El Concilio de Éfeso declaró:

“Madre de Dios, no porque el Verbo de Dios haya tomado de ella su naturaleza divina, sino porque es de ella, de quien tiene el cuerpo sagrado dotado de un alma racional […] unido a la persona del Verbo, de quien se dice que el Verbo nació según la carne.”

La visión contraria en el concilio era que María debía ser llamada «Christotókos»,​«Madre de Cristo»[2]. Esta posición, abogada por Nestorio, entonces Patriarca de Constantinopla, pretendía restringir el papel de María a ser solo la madre de la «humanidad de Cristo», y no de su naturaleza divina.

En el Concilio se determinó que no podía ser de este modo: «Christotókos» debía ser rechazado como herético y antibíblico por sus implicaciones cristológicas, ya que de ser así, Jesús habría nacido como cualquier ser humano normal y, llegado determinado tiempo, Dios Hijo lo «poseyó» de manera tal que una persona era divina y la otra mortal. La postura «Christotókos» era claramente errónea.

El cristianismo ortodoxo reconoce que Jesús desde su concepción tenía las dos naturalezas, la divina y la humana, de tal forma que cuando Él nació, María «La Virgen» fue «Theotókos», ya que el ser que parió era el Verbo, el Dios Encarnado. El concilio de Éfeso, y el cristianismo ortodoxo desde entonces, ha aceptado el término Theotókos como plenamente ortodoxo para referirse a María, con la puntualización de que llamar a María «Madre de Dios» no intentaba sugerir que María sea coeterna con Dios, o que existió antes que Jesucristo o Dios Padre.

¿Pretendía el Concilio de Éfeso crear una doctrina nueva o promover la adoración a María? No, no lo hacía. El Theotókos fue y es un término cristológico, uno que nos apunta hacia quién es Cristo, no a María. Tampoco fue inventado por el Concilio de Éfeso o fraguada por un catolicismo posterior. Muchos Padres de la Iglesia primitiva utilizaron el título de Madre de Dios para referirse a María por lo menos desde el siglo III. Aparece en una antigua oración cristiana que se conserva desde el s. III, el Sub tuum praesidium quizás compuesta hacia 250. Orígenes es a menudo citado como el primer autor que utilizó Madre de Dios para María y Dionisio de Alejandría utiliza Madre de Dios en alrededor del 250, en una epístola a Pablo de Samosata. Atanasio de Alejandría en 330, Gregorio el Teólogo en 370, Juan Crisóstomo, en 400, y hasta Agustín de Hipona, utilizaron el término Madre de Dios. Teodoreto escribió en 436 que llamar a María, Madre de Dios es una tradición apostólica. Así pues, leemos:

«Puesto que la humanidad está unida con la divinidad, ya no son dos, sino uno. Por ello, basados en este testimonio (de San Juan) los antiguos no dudaron en llamar a María la Theotókos. Pues Eusebio Pan filio en su tercer libro de su Vida de Constantino así dice: ‘El Emmanuel, esto es el Dios con nosotros, quiso nacer por nosotros… También Orígenes, en el primer volumen de su Comentario a la Carta de Pablo a los Romanos, al explicar en qué sentido se la llama Theotókos, investiga ampliamente sobre este asunto. Se ve que Nestorio ignoró por completo los escritos de los antiguos».[3]

Al igual que Nestorio, muchos hoy ignoran la fe bíblica e histórica y se pierden en sus conjeturas y suposiciones, haciendo uso de textos fuera de contexto para sustentar sus argumentos.

¿QUÉ IMPLICA CHRISTOTÓKOS?

Como ya lo mencioné, el título Theotókos no es mariológico, sino cristológico. Esto debería tranquilizar a tanto anticatólico evangélico que navega por la web y ronda las iglesias cristianas. Como ya lo dije arriba, Jesús desde su concepción tenía las dos naturalezas, la divina y la humana, de tal forma que cuando Él nació, María «La Virgen» fue «Theotókos», ya que el ser que parió era el Verbo, el Dios Encarnado.

Cristo «posee dos naturalezas», la divina y la humana, que están unidas en una misma persona, Jesucristo, sin que ninguna de las naturalezas pierda sus propiedades ni su individualidad pero sin estar separadas. Cristo es uno, verdadero Dios y verdadero hombre.

Oponerse al título Theotókos y sustituirlo por Christotókos lleva implícita la afirmación de que el Santo Ser que nació de María no era plenamente Dios, rayando incluso en el adopcionismo (herejía cristológica según la cual Jesús era un ser humano, elevado a categoría divina por designio de Dios por su adopción, o bien al ser concebido, o en algún momento a lo largo de su vida, o tras su muerte), el arrianismo o incluso el socinianismo.

Si Jesús es Dios y si nació como humano conservando su naturaleza divina, el ser nacido en la primera navidad fue Dios, y la mujer que lo parió es su madre, la madre de Dios en la carne. Cambiar los términos no cambian nada, solo abren la puerta a viejas herejías que hoy buscan resurgir. La Biblia declara que Cristo es Dios:

“E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en carne, Justificado en el Espíritu, Visto de los ángeles, Predicado a los gentiles, Creído en el mundo, Recibido arriba en gloria.” (1 Timoteo 3:16)
“Luego le dijo a Tomás: —Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado. Y no seas incrédulo, sino hombre de fe. —¡Señor mío y Dios mío! —exclamó Tomás. —Porque me has visto, has creído —le dijo Jesús—; dichosos los que no han visto y sin embargo creen.” (Juan 20:27-29, NVI)

Y a este Dios le plació tener (o si prefieren, crear para sí) una madre. ¿Cuál es el problema con ello? El término “Madre”, en un contexto biológico, se le llama al individuo de sexo femenino que ha tenido descendencia directa. Una mujer que ha concebido o ha parido uno o más hijos. Y de María, el mismo ángel Gabriel dijo:

“Y he aquí, concebirás en tu seno y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.” (Lucas 1:31)

María concibió, dio a luz. Fue una madre. De esto no hay duda. Lo verdaderamente importante es quién o qué era ese niño que ella concibió y luego parió. La Biblia nos lo aclara:

“He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros.” (Mateo 1:23)

Ciertamente, María fue la madre de Jesús el Cristo, así lo atestigua Hechos 1:14 donde dice:

“Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego, con las mujeres, y con María la madre de Jesús, y con sus hermanos.”

Pero Mateo 1:23 también atestigua que María, la virgen, es también la madre de Emanuel, que significa “Dios con nosotros”, ella es, por derecho otorgado, la Theotókos, la madre de Dios, la segunda persona de la Trinidad. Para borrar esta verdad es necesario eliminar primero la doctrina de la deidad de Cristo, pues una nos lleva lógicamente a la otra:

i- Una madre es aquella mujer que ha concebido o ha parido uno o más hijos

ii- María concibió a Jesús y luego lo parió

iii- María es, por lo tanto, la madre de Jesús

Ahora bien:

iv- Jesús era el Dios encarnado

v- María, fue la madre de Jesús

vi- Por lo tanto, María fue la Madre de Dios (Theotókos), la segunda persona de la Trinidad.

Incluso Elisabet, la madre de Juan el Bautista, se refirió a María llamándola con un título que es sinónimo a Theotókos:

“¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí?” (Lucas 1:43, LBLA)

Literalmente, la llama μήτηρ τοῦ κυρίου. Nótese el término κυρίου (kyríou), el cual es un término de origen griego que significa “Señor”, “Maestro” “Amo”, “Dueño”. Y que por parte de los cristianos, Kyrios era usado como sinónimo de Dios. En otras palabras, Elisabet está diciendo: “¿Por qué me ha acontecido esto a mí, que la madre de mi Dios venga a mí?”

Al verse confrontados con este hecho, muchos acuden al ridículo argumento de que si María es madre de Dios, entonces es madre de toda la Trinidad, pues los 3 son uno. Perdonen mi franqueza, pero ¡Es el argumento más tonto que he oído! Lucas 1:34-35 nos dice:

“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel, le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.”

Pregunto ¿En qué parte del texto se sugiere o siquiera insinúa que María sería madre de la Trinidad? ¡Ni siquiera los católicos afirman tal cosa! La biblia es clara:

“Pero, al llegar el momento cumbre de la historia, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la ley.” (Gálatas 4:4, BLP)

Dios el Padre engendró a Jesús en el vientre de María por el poder del Espíritu Santo. Y María, una mujer bendita, fue la elegida para concebir, cargar en su vientre y dar a luz a ese niño, el Hijo del Altísimo. Niño que, desde la eternidad y hasta la eternidad, es y será Dios. Y María, por gracia divina, se convirtió así en la madre de Emanuel, el Dios-Hombre y Dios con nosotros. La Trinidad y su naturaleza no quedan comprometidas con llamar a María Theotókos ni la convierten en divina o cosa semejante. Argumentar tal cosa no solo es absurdo, sino extremadamente tonto.

Si quienes prefieren usar el Christotókos creen en la divinidad plena de Cristo (de lo contrario serían herejes arrianos o de otro tipo) ¿por qué insisten tanto en rechazar el Theotókos? ¿Es en verdad convicción bíblica, mero deseo de encajar con los herejes de hoy, o simplemente anticatolicismo lo que los motiva? ¡Mucho cuidado! No sea que, por su odio al catolicismo o lo huele a ello, se aparten de la fe una vez dada a los santos.

MARÍA, ¿MADRE BIOLÓGICA, MATERNIDAD SUBROGADA O VIENTRE DE ALQUILER?

Es increíble, por no decir ridículo, querer reinterpretar una doctrina esencial de la fe cristiana sacándola de su contexto, y utilizando términos modernos que, más que ayudar, distorsionan el significado del mensaje evangélico. Se dijo por ahí:

“El Espíritu Santo no fecundó el óvulo de María, sino que implantó el cigoto en su vientre. Por lo tanto, María aportó biológicamente a Jesús, pero no genéticamente, ejerciendo una función semejante a lo que hoy llamamos vientre de alquiler, maternidad subrogada o útero subrogado.”

Y en defensa de tal argumento se cita Mateo 1:20, donde dice: “Lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”. Tal versículo descarta, según ellos, cualquier aporte genético de María en el niño Jesús, ya que Jesús “del Espíritu Santo es”. Pero, ¿Es así?

Indiscutiblemente Jesús fue concebido en el vientre de María por obra divina, no humana. La concepción virginal, excluyendo una paternidad humana, afirma que el único padre de Jesús es el Padre celestial, y que en la generación temporal del Hijo se refleja la generación eterna: el Padre, que había engendrado al Hijo en la eternidad, lo engendra también en el tiempo como hombre.

El relato de la Anunciación pone de relieve el estado de Hijo de Dios, consecuente con la intervención divina en la concepción. «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios» (Lucas 1:35). Aquel que nace de María ya es, en virtud de la generación eterna, Hijo de Dios; su generación virginal, obrada por la intervención del Altísimo, manifiesta que, también en su humanidad, es el Hijo de Dios.

Pero ¿qué hay de María? ¿aportó ella material genético en el divino ser que sería verdadero Dios y verdadero hombre? El término usado por el escritor sagrado es “concebirás”. Concebir se define como “quedar preñada [una hembra] como consecuencia de la fecundación del óvulo por el espermatozoide del macho.” En el caso de Cristo, no tuvo progenitor masculino. Fue Dios su verdadero Padre. Pero Cristo heredó de María, su madre, la naturaleza humana. Hipólito de Roma, mucho antes del Concilio de Éfeso y de que el catolicismo como tal viera la luz, escribió en el 170-236:

«Creemos, queridos hermanos, según la tradición de los Apóstoles, que el Dios Verbo descendió del cielo a Santa María Virgen, encarnándose de Ella y tomando alma humana, quiere decir racional; hecho todo lo que el hombre es menos el pecado, para salvar a Adán que había caído y dar la inmortalidad a los hombres que creyesen en Él[…], como estaba anunciado; de este modo se manifestó presente a Sí mismo, nacido de la Virgen y del Espíritu Santo, hombre nuevo[…], no ficticiamente por mutación, sino hecho verdaderamente hombre.»[4]

Juan Damasceno escribiría siglos después:

«En este paraíso (María) no tuvo entrada la serpiente, por cuyas ansias de falsa divinidad hemos sido asemejados a las bestias. Pues el mismo Hijo unigénito de Dios, siendo Dios consustancial al Padre, hízose a sí mismo hombre de esta tierra virginal y pura.»[5]

Los primeros cristianos jamás cuestionaron la maternidad real pero santa de María. Jamás llegaron a verla como un vientre de alquilar, ni mucho menos concibieron la absurda idea de María como un vaso desechable o útero subrogado. Justino mártir (100,114- 165) escribió:

“El Hijo de Dios (…) que se hizo hombre por medio de la virgen, a fin de que, por el camino que empezó la desobediencia venida de la serpiente, por ese camino también se destruyese. Porque Eva, siendo virgen e incorrupta, habiendo concebido la palabra salida de la serpiente, dio a luz desobediencia y muerte; y María, la virgen, habiendo concebido fe y alegría al darle el ángel Gabriel la buena nueva (de que el Espíritu del Señor vendría sobre ella y el poder del Altísimo la cubriría con su sombra, por lo que también lo engendrado de ella, santo, sería Hijo de Dios) respondió: Hágase para mí según tu palabra. Y de ella nació aquel de quien hemos demostrado hablaron tantas escrituras, por quien Dios destruye la serpiente con los ángeles y hombres que se le asemejan, mientras que libra de la muerte a quienes se arrepienten de sus malas acciones y creen en Él.”[6]

Ireneo de Lyon en el s II afirmó de forma contundente la participación genética de María en la naturaleza humana de Jesús:

«El nudo de la desobediencia de Eva fue desatado por la obediencia de María: lo que ató la virgen Eva por la incredulidad la Virgen María lo desató por la fe… y también sobre la tierra virgen de la que fue formado… De esta tierra, pues, todavía virgen, Dios tomó barro y plasmó al hombre, principio del género humano».[7]

El Concilio de Calcedonia, en el año 451, hace suya la palabra Theotókos:

“… en relación con su divinidad, (El Hijo) fue engendrado del Padre antes de todos los siglos, y, en lo que se refiere a su humanidad, por nosotros y por nuestra salvación, nació, en el tiempo, de la Virgen María, Madre de Dios”.

El segundo concilio de Constantinopla, en el año 553, defendió la palabra Theotókos contra falsas interpretaciones: “

“Si alguno no confesare que el Emmanuel es verdadero Dios y que la Virgen Santa es como consecuencia Theotókos (Madre de Dios), puesto que de Ella nació según la carne el Verbo de Dios hecho carne, sea anatema”.
Vierge à l’Enfant, mosaïque de l’abside de Sainte-Sophie (Istanbul, Turquie)

A quienes rechazan tales declaraciones dogmáticos tanto de los padres como de los concilios de la Iglesia, amparándose en el principio de la Sola Scriptura para negar la verdadera maternidad de María sobre Jesús, les invito a meditar en lo siguiente, y a considerar que, efectivamente, la Sola Scriptura les llevará a la misma conclusión que los concilios de Éfeso y Calcedonia:

I.- Si María fue solo el equivalente antiguo de un moderno vientre de alquiler, y no aportó su propio material genético en el niño Jesús, muchas profecías sobre Cristo resultan ser falsas, por ejemplo:

i.- El Redentor de la humanidad debía ser llamado simiente de la mujer (Génesis 3:15). La simiente o “semilla” de la mujer es de por sí un término bastante claro y sugerente, e indica parentesco y descendencia real humana sólo por línea materna. Si Jesús no hubiese sido el hijo real de María en sentido genético (si se le quiere llamar así), Él ciertamente no merecería el título de “la simiente de la mujer” pues no tendría nada que ver, en sentido estricto, con aquella que lo daría a luz. Pero Cristo es el Hijo de María (Mat. 1:1825; Luc. 1:26-38) en un sentido real y pleno, aunque sin mancha de pecado ni heredando de ella la naturaleza caída común a todos los seres humanos. Y esto por obra y gracia del Espíritu Santo.
Nuestro Señor es el único mortal que nació de una virgen porque es la única persona que tuve un Padre inmortal. De esta unión santa: Paternidad Divina y Maternidad Humana, nace Emanuel, el Dios-Hombre, la simiente prometida de Eva. Esto le permite a Jesús ser el Theánthropos (Dios-Hombre). Tanto Dios como hombre, lo que sería la columna, desde el punto de vista cristológico, que sostiene la legitimidad del título Theotókos de María.
Curiosamente, fue Marción quien primero que negó que Cristo hubiese nacido como hijo real de María, por eso el hereje canceló de su versión del evangelio todos los pasajes que lo atestiguaban.[8] Hoy, muchos intentan seguir los pasos de Marción, convirtiéndose (quizá involuntariamente) en herejes mientras afirman ser cristianos bíblicos.

ii.- Las profecías anunciaban que el Mesías sería descendiente de Abraham (Véase: Gálatas 3:16, Génesis 22:18); de la tribu de Judá (Génesis 49:10-11; Jeremías 23:5) y, finalmente, del linaje de David (2 Samuel 7:16; Jeremías 23:5-6; Salmo 132:10-12, etc.).

Ninguna de estas profecías se hubiese cumplido si Jesús no hubiera compartido material genético con María ya que, al no tener padre humano, Jesús realmente no hubiese sido descendiente literal de ninguno de ellos. Sus reclamaciones al trono de David y su calidad de Mesías quedarían comprometidas. Pero al ser plena y cabalmente el hijo de María era, por consiguiente, descendiente de Abraham, Isaac, Jacob, Judá y David. El propósito de las genealogías de Mateo y Lucas es precisamente reforzar este punto.
Los eruditos Bernhard Weiss y James Orr señalan acertadamente que la línea de Natán corrió a través de los años y, finalmente, produjo a la Virgen María. La línea de Salomón corrió a través de los años y en última instancia produjo a José. Pero José no era el padre de Jesús. Él era el esposo de María, el padre adoptivo de Jesús (Mateo 1:16). La distinción entre estos dos líneas de descendencia de David se encuentra entre el «real», la línea de los que realmente se sentaron en el trono y la «legítima» línea de descendencia de un hijo mayor a otro, aunque nunca los descendientes en realidad reinaron como reyes de Israel.
Natán era el hermano mayor de Salomón, pero el hermano más joven tomó el trono. Salomón fue el rey que Dios escogió para reinar después de la muerte de David. Normalmente, sin embargo, que habría sido el hijo mayor, Natán, quien habría sido el rey, si Dios no se lo había dado a Salomón. Por supuesto, ninguno de los descendientes de Natán nunca reclamaría el trono. No hubo reyes que reinaran en su línea de descendientes, a pesar de que tenía el derecho legal al trono. Cuando José adoptó a Jesús como su hijo legal, Jesús llegó a ser descendiente directo de David, tanto a través de Natán hijo de David (el lado de María), y el heredero legítimo y real de David a través de Salomón (por parte de José).
La línea de Salomón siguió a lo largo de los siglos hasta que se produjo finalmente José, que fue prometido a la Virgen María, que se convertiría en su marido después de haber dado a luz a Jesús. Sin embargo, note con mucho cuidado de que Jesús no era un descendiente de José. Sin embargo, cuando José tomó a María bajo su protección y por lo tanto se convirtió en el padre adoptivo de su hijo divino, pasó el derecho de la realeza de Jesús. Pero la sangre real, el derecho al trono por nacimiento y su descendencia real de Abraham, Judá y David, sólo pudo serle transmitida por María (y solo si esta le aportó material genético a Jesús).

iii.- Las leyes bíblicas de redención exigen que Jesús sea tanto hijo de Dios como de María en sentido real y pleno, tanto Dios como hombre.

Jesús simplemente no podía ser un hombre creado de la nada sin parentesco real con la descendencia de Adán  Eva. Esto es así debido a las cuatro cosas que eran requeridas para que un pariente cercano pudiera redimir: (1) Debía de ser de cercano parentesco (Levítico 25:25, 48; Rut 3:12-13); (2) Debía ser capaz de redimir (Rut 4:4-6). Él debía estar libre de cualquier calamidad o necesidad de redención de sí mismo; (3) Él debía estar dispuesto a redimir (Rut 4:6) y (4) La redención estaría completa cuando el precio fuera pagado por completo (Levítico 25:27; Rut 4:7-11).
Así pues, el derecho de la redención y su oficio perteneció al pariente más cercano, o «parentela cercana, parientes cercanos» (Levítico 25:25; Rut 3:12; 4:1, 6, 8, etc.). El extraño no podía convertirse en redentor. Es por eso que el autor de la carta a los Hebreos escribe:
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre. Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham. Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.” (Hebreos 2:14-17)

Jesús se convirtió en nuestro pariente más cercano a través de la encarnación:

«Lo que era imposible para la Ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado, y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne» (Romanos 8:3).

Él era como nosotros en todos los sentidos, excepto que Él nunca experimentó el pecado. Con el fin de identificarse con nosotros, «se despojó a sí mismo, tomó la forma de siervo y se hizo semejante a los hombres» (Filipenses 2:7). De modo que «No tenemos un Sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15).

Si Jesús no hubiese sido hijo real de María, él ciertamente no hubiese sido plenamente humano o, cuando menos, Jesús hubiese sido una nueva especie de humano totalmente distinta a la posteridad de Adán y Eva. En tal caso, él no hubiese sido nuestro pariente cercano. Su derecho de redención sobre nosotros quedaría anulado. Su condición de verdadero Dios y verdadero hombre (el hijo de María), le dan pleno derecho y poder de redimirnos. Anular la maternidad real de María, convirtiéndola en un vientre de alquiler o definirla como maternidad subrogada, es minar las bases de nuestra redención.

Si, “Lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”, pero acaso “¿No se llama su mamá María..?” (Mateo 13:55, PDT). En palabras de G. Giamberardini:

“Bajo el aspecto estrictamente teológico, es de notar que el título Theotókos referido a María, expresaba la verdad sólo parcialmente: como, en sentido opuesto, lo expresaba parcialmente la frase kata sárka (madre según la carne). Una y otra expresión eran usadas apologéticamente: el Theotókos era eficaz contra los naturalistas que negaban la divina maternidad de María; el kata sárka era eficaz contra los docetas que negaban la real maternidad humana de María… Sí, María es Madre de Dios; más también Madre del hombre.”[9]

La Biblia sostiene claramente que la concepción de Jesús en el vientre de María no se debió a relaciones sexuales (Lucas 1:34), sino al poder del Espíritu Santo de Dios (Lucas 1:35). Para Dios no resultó nada difícil encargarse de que María, aun siendo imperfecta, concibiera a un hombre perfecto. Es por esa razón que tuvo que ser una virgen (Lucas 1:27), para que después no se adujese que Jesús era hijo de un padre humano, y por lo tanto imperfecto también. Asimismo, lo hizo Dios no fue crear a un nuevo ser, totalmente desconectado de la descendencia de Adán y Eva, sino que formó a un ser humano en el vientre de María tal como lo describe el ángel Gabriel en el evangelio de Lucas. Ese ser sería llamado por esta razón «Hijo de Dios» dado que no tendría padre humano, pero también la simiente de la mujer por derecho pleno. De María heredó Cristo su humanidad.

Vierge à l’Enfant, mosaïque de l’abside de Sainte-Sophie (Istanbul, Turquie)

DE LO HERÉTICO A LO RIDÍCULO

El tercer argumento usado por los Christotokistas de Facebook es el siguiente (aquí lo divido en 2 partes para su consideración):     

PARTE I: “El Espíritu Santo implantó el cigoto en el vientre de María, ella no aportó genéticamente sino biológicamente. La biblia dice que Jesús fue engendrado del Espíritu Santo, es decir, que toda la información genética proviene de Dios. María solo fue un instrumento biológico, no genético.”

Esta punto fue abordado extensamente en la sección anterior, y refutado, por lo que no lo volveré a tocar.

PARTE II: “Jesucristo no llegó a existir desde su concepción en el vientre de María, sino que existe desde la eternidad. Su existencia no dependió de María, pues Jesús es Dios eternamente y, por lo tanto, ella no puede ser su madre, pues María es un ser temporal y finito.” Y citan 1 Corintios 15:47, el cual nos dice: “El primer hombre (Adán) es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, (Jesús) es del cielo”.

Con ello pretenden afirmar que puesto que María no existió en el cielo antes de la creación, por necesidad ella no puede ser madre de Dios el Hijo. Seguramente este argumente les pareció brillante cuando fue redactado, pero honestamente es bastante pobre y hasta absurdo.

Pregunto: ¿En qué momento afirmaron los concilios eclesiásticos o incluso el catolicismo de que María es eterna, que existió en el cielo antes de Cristo o que por llamarla madre es la creadora de Cristo? Con este pseudoargumento los christotokistas crean su propio mono de paja al cual atacar y vencer. Y obvio, en su mente lo hacen. Pero eso no es lo que se enseña cuando hablamos de Theotókos.

Para empezar, 1 Corintios 15:47 no está hablando de María o del Theotókos, sino de Adán y Cristo. Querer usarlo como defensa del Christotókos es sacar el texto de su contexto para usarlo de pretexto. Es también hacer gala de ignorancia y mala exégesis.

Además, quien afirma tal cosa parece ignorar voluntariamente o por desconexión con el cristianismo histórico, que el término Theotókos, aunque va ligado textualmente a María, no fue acuñado en un intento de decir algo acerca de María sino de Cristo. La discusión que hubo alrededor del término no fue: ¿Quién es María? ¿Es ella eterna, una diosa? Ni, ¿qué tan venerada o exaltada debe ser María? Ni tampoco ¿quién es María en relación con Dios y la Trinidad? El término “Theotókos” No se acuñó en relación con María. La discusión que hubo al rededor del término fue: ¿Qué dio a luz María? ¿Qué salió de María? Y la respuesta es siempre la misma: El Dios Encarnado.

Así pues, cuando afirmamos que María es “madre de Dios” no queremos decir que María está por encima de Dios en autoridad, no queremos decir que la esencia Divina se originó en María, no queremos decir que María sea divina en algún sentido, que es eterna, que es del cielo, ni tampoco queremos decir que María sea solo madre de la naturaleza humana pero no de la divina. Como lo señalé en un artículo anterior, María es madre de Dios, tanto de su humanidad como de su divinidad únicamente en el sentido de que aquello que salió de María no fue un mero hombre, por eso María no puede ser madre solo de la naturaleza humana, ya que la persona de Jesús es indivisible. Aquello que salió de María fue el Dios-hombre. María es, con todas las de ley, la Theotókos.

Dice Lutero:

“También sabemos muy bien que Dios no derivó su divinidad de María; pero de eso no se desprende que por tanto sea incorrecto decir que Dios nació de María, que Dios es hijo de María, y que María es madre de Dios.”[10]

Zuinglio también sostuvo: «estimo inmensamente a la madre de Dios» y lo mismo hicieron otros reformadores. Es el nestorianismo, que hoy se disfraza de evangelicalismo, neocalvinismo y sana doctrina el que se ha apartado de la interpretación ortodoxa del texto bíblico, de la patrística y de la fe histórica del cristianismo. Detener esta herejía, aclarando y definiendo claramente nuestra fe, es nuestro deber como pastores, teólogos y líderes cristianos.

FUENTES:


[1] Brandon, S. G. F. (1975). Diccionario de religiones comparadas, Volumen 2. Madrid: Ediciones Cristiandad. p. 987.

[2] Eirini Artemi, The_rejection_of_the_term_Theotokos_by_Nestorius_Constantinople: http://independent.academia.edu/EIRINIARTEMINationalandCapodistrianUniversityofAthens/Papers/1767318

[3] Hisr. Eccl. VII, 22: PG. 67, 808 y 812.

[4] Hipólito de Roma, Hom. cont. Noeto.

[5] Juan Damasceno, Or. de Assumpt.

[6] Justino Mártir, Diálogo con Trifón.

[7] Ireneo de Lyon, Adv. Haer. III, 21, 10 (SC 211, 428.

[8] Orígenes, Como in Jo. Ev. X, 4: PG. 14,316,

[9] G. Giamberardini. Nomi e titoli mariani. p. 217.

[10] Martin Luther (2007). Theodore G. Tappert, ed. Selected Writings of Martin Luther. Fortress Press. p. 291.

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