Man praying at a church podium with interfaith symbols and congregation praying
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“Yo cancelo” — ¿Oración o conjuro? (Un análisis de sus raíces mágicas y su distancia de la fe bíblica)

"Yo cancelo". Basta con pronunciar estas dos palabras para que, en muchos templos de Latinoamérica, se encienda un aire de batalla espiritual. Junto a sus primas hermanas —“yo disuelvo”, “yo rompo”, “yo anulo” o “yo transmuto”—, esta fórmula se ha convertido en el eco cotidiano de quienes buscan un corte radical con todo lo que les pesa: maldiciones heredadas, malas palabras lanzadas al aire, o esas energías que parecen querer frenarlos en seco. Aunque cada comunidad le da su propio matiz, lo cierto es que el “yo cancelo” ya no se queda en las cuatro paredes de los templos; ha trascendido, se ha colado en la cultura popular y hoy se mezcla, sin complejos, con el lenguaje de la autoayuda y el crecimiento espiritual. Esa mezcla ha hecho que, incluso sin saber bien de dónde viene, mucha gente repita la frase como un recurso para sentirse a salvo. Dentro del mundo pentecostal y carismático, esta práctica es mucho más que una simple declaración: es un recurso casi ritual en las sesiones de liberación, en los cultos de guerra espiritual y en los ayunos colectivos. Se usa como un escudo contra la envidia del vecino, la brujería que se teme a la vuelta de la esquina, o esos ataques invisibles que, según se cree, acechan en el día a día. Frases como “Yo cancelo toda maldición en el nombre de Jesús” o “Disuelvo y transmuto cualquier energía negativa” resuenan con fuerza en los corrillos de oración. Y hoy, gracias al poder de las redes sociales, las predicaciones virales y los devocionales digitales, este estilo de oración ha cruzado fronteras. Lo curioso es que ya no es patrimonio exclusivo de los creyentes: personas alejadas de la fe cristiana han encontrado en estas palabras una especie de amuleto verbal, una manera de tomar el control y plantar cara cuando la vida aprieta.

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La cartografía espiritual y otros excesos neopentecostales

Si bien la guerra espiritual es una realidad siempre presente en la vida del cristiano, la verdad misma de la guerra espiritual ha sido distorsionada a niveles antibíblicos por ciertos grupos neopentecostales. Una especie de esquizofrenia espiritual parece haberse apoderado de muchos creyentes. La obsesión por los demonios y su obrar es el pan de cada día en muchas iglesias, las cuales invierten más tiempo en la cacería de demonios que en la adoración a Dios, la búsqueda de la llenura del Espíritu Santo, la formación del carácter cristiano y el conocimiento bíblico y teológico de sus miembros. ¡La era de los caza fantasmas evangélicos ha llegado! Como si de médiums espiritistas se tratase, estos cazadores de demonios presumen de sus habilidades extrasensoriales y tergiversan el verdadero don de discernimiento de espíritus, convirtiéndolo en una amalgama de ideas espiritistas, métodos humanos, visiones extrañas y creencias de origen pagano.

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Atar y Desatar: Otro intento fallido de ser como dioses (y torcer las Escrituras)

Hoy en día es muy común escuchar frases como: “Yo anulo, yo ato, yo cancelo, yo no recibo, yo desato, etc” como si fuesen una especie de conjuro o unas palabras mágicas, no conforme con esto, todas estas expresiones están en su gran mayoría asociadas a bendiciones materiales, logros, éxitos, conquistas, finanzas, otros la usan en momentos de pruebas, tribulaciones o enfermedad, para atar al diablo, los demonios y cualquier otra cosa que se les ocurra. ¿Hay base bíblica para tal práctica? Ciertamente en la Biblia se menciona la expresión atar y desatar, pero ¿Qué enseña realmente la Biblia sobre este tema? Mateo 16:19, uno de los versos bíblicos más tergiversados hoy en día, nos dice: “Yo te daré las llaves del reino de los cielos; y lo que ates en la tierra, será atado en los cielos; y lo que desates en la tierra, será desatado en los cielos”.

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¿Arrebatarle cosas al diablo? ¿En las manos de quién crees que estás?

Muchas veces me he preguntado: ¿Qué Biblia leen las personas que creen en esta moda de «arrebatar». Puedes leerla todas las veces que quieras, y en toda la Escritura nunca verás a un creyente «arrebatando» cosas al diablo. De hecho, en toda la historia de la iglesia, nadie ha creído en eso hasta el día de hoy. Peor aún, no hay ningún versículo en toda la Biblia que justifique esta moda.

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Confesión Positiva: Cuando Satanás convence a la criatura de querer ser como el Creador

La confesión positiva es hoy un caballo de Troya dentro de la Iglesia, los seminarios bíblicos, y los pulpitos cristianos. La manera equivocada de confundir la fe bíblica con esta herejía que se llama confesión positiva es preocupante, no solo por el error garrafal de suplantar la fe, doctrinal y testimonial de la iglesia; sino, también por el lenguaje y “el pensamiento positivo” que ha venido a desplazar la enseñanza bíblica y la forma en la que hablamos y oramos cuando se enseña o predica la palabra de Dios. Muchos pentecostales, carismáticos y neopentecostales especialmente (aunque no exclusivamente) han sido seducidos por esta falsa enseñanza, con sus declaraciones y decretos, que han traído vergüenza y deshonra al movimiento pentecostal, el cual es visto con desconfianza en círculos evangélicos no carismáticos. La obra del Espíritu Santo ha sido motivo de escarnio y nuestra fe pentecostal es menospreciada por causa de tales aberraciones teológicas. Pero no todos los pentecostales creemos eso… Los pentecostales bíblicos preferimos aferrarnos a la Palabra de Dios y no a modas nacidas del espiritismo, la Nueva Era y otras corrientes heterodoxas y hasta de origen pagano.