Neopentecostalismo, Paganismo, Pentecostalismo, Sincretismo

Unciones, sal y espiritismo “cristiano”

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Todos quizá hemos sido testigos, en más de alguna ocasión, de cómo hermanos sinceros han realizado la práctica del ungimiento con aceite siendo aplicada en cosas y en personas. Hemos visto, por ejemplo, como en ciertas iglesias se unge con aceite sobre la frente a algunos creyentes con el fin de consagrarlos al Señor para el servicio. En otras ocasiones, también quizá hayamos visto como hermanos sinceros rociaban aceite con un atomizador en sus manos para orar por cada petición de los creyentes en una iglesia, no siendo limitada al caso de enfermedades, sino también hasta peticiones de trabajo. Aun peor, el ungimiento con aceite, como si se tratase de un amuleto protector a prueba de todo colocado en automóviles, siendo aplicado en pinturas, en puertas, en patios y en ventanas; contra espíritus inmundos y sobre endemoniados, o como cerco de protección en una iglesia o casa. En situaciones más extremas se utilizan helicópteros y avionetas para rociar aceite sobre la ciudad, el estado o el país, esto con el propósito de declararlo como “Conquistado para Jesucristo”. Pero ¿Es necesaria la unción con aceite sobre los hermanos creyentes para consagrarlos a la obra? ¿O aún como medio de protección o dedicación para el Señor? ¿Tiene el uso del aceite poderes milagrosos? ¿O aumenta un nivel más la santidad del creyente?

EL USO DEL ACEITE EN TIEMPOS BÍBLICOS

En tiempos biblicos el aceite tenía diversos usos, principalmente relacionados con la higiene personal. Existen dos términos en hebreo para describir la acción de ungir. Uno de ellos es «suk», el cual implica la acción de ungir el cuerpo después del aseo. Es el equivalente al griego «aleiphõ» empleado en el Nuevo Testamento, y que comúnmente denota la práctica entre los orientales de ungir el cuerpo, o sus partes, para comodidad, presencia, amistad, medicación u honras funerarias. Así vemos, por ejemplo, que el aceite era usado para el aseo ordinario (Rut 3:3; 2 Samuel 12:20; 2 Crónicas 28:15; Mateo 6:17) y que su descuido era señal de duelo (2 Samuel 14:2; Daniel 10:3). Ungir con aceite era entendido también como acto de cortesía (Lucas 7:46; Juan 12:3). Se creía que el aceite poseía propiedades medicinales, de modo que se ungía a los enfermos (Marcos 6:13; Santiago 5:14) y se usaban aceites aromáticos para ungir los cadáveres (Marcos 14:8; 16:1). El aceite de oliva era considerado de tal importancia que se tenía por maldición divina que los olivos no dieran aceite para la unción (Deuteronomio 28:40; Miqueas 6:15).


El otro verbo hebreo empleado para describir el acto de ungir es «mashach», y su equivalente griego «chrinõ», de donde provienen los términos “Mesías” (hebreo) y “Cristo” (griego). Dichos verbo tienen un carácter más serio e implican el acto de ungir para un cargo. Así pues, se ungían los reyes: Saúl, David, Salomón, Joás, Jehú y Hazael son ejemplos de ello. También eran ungidos los profetas (Salmo 105:15; 1 Reyes 19:16). Ahora bien, para la unción de los sacerdotes se empleaba un aceite especial preparado según las instrucciones divinas (Éxodo 30:30; 40:13). Con este mismo aceite fueron ungidos también el tabernáculo y sus utensilios (Éxodo 40:9, 10). Algunas ofrendas también incluían aceite. La ofrenda de flor de harina, por ejemplo, era amasada con aceite (Levítico 2:1, 4) y los leprosos, en caso de ser sanados, también eran ungidos con aceite (Levítico 14:17, 18).


LA CONSAGRACIÓN DE PERSONAS MEDIANTE LA UNCIÓN CON ACEITE

En algunas congregaciones se acostumbra el uso del aceite para ungir a personas que serán consagradas al ministerio. Esta práctica, sin embargo, no puede hallar sustento en el Nuevo Testamento o en la costumbre aceptada de la iglesia primitiva. En la época del Antiguo Testamento, por otro lado, era una práctica común y aceptada. En Éxodo 30:22-31 se nos dice:

“Habló más Jehová a Moisés, diciendo: Tomarás especias finas: de mirra excelente quinientos siclos, y de canela aromática la mitad, esto es, doscientos cincuenta, de cálamo aromático doscientos cincuenta, de casia quinientos, según el siclo del santuario, y de aceite de olivas un hin. Y harás de ello el aceite de la santa unción; superior ungüento, según el arte del perfumador, será el aceite de la unción santa. Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes. Y hablarás a los hijos de Israel, diciendo: Este será mi aceite de la santa unción por vuestras generaciones”.


Con base en este pasaje, muchos maestros religiosos (sobretodo del movimiento apostólico, profético y de guerra espiritual), pretenden dar validez al ungimiento sobre personas como acto de consagración y protección espiritual. Muchos aducen no sólo la legitimidad del uso del aceite para ungir, sino también la calidad misma de aquel aceite. Algunas iglesias han creado elaborados ritos de consagración del aceite, requisitos sobre la composición del mismo (incluso han intentado imitar la composición del aceite santo de la unción cual se describe en Éxodo) o establecido normas sobre el origen del mismo (algunas iglesias solo aceptan aceite de oliva extravirgen procedente de Israel). Esto resulta problemático si se tiene en cuenta que la advertencia de Dios sobre quienes intentaran reproducir aquel aceite fue clara y contundente:

“Sobre carne de hombre no será derramado, ni haréis otro semejante, conforme a su composición; santo es, y por santo lo tendréis vosotros” (Éxodo 30:32).


Además, es un grave error calcar un viejo rito del pacto de la Ley porque, al no vivir nosotros bajo el Antiguo Pacto en nuestros días, sino bajo el Pacto del Nuevo Testamento, es claro que cuando dice: “y por santo lo tendréis vosotros” (Éxodo 30.32), se está haciendo clara referencia única y exclusivamente al pueblo de Israel, a los judíos que vivieron bajo el Antiguo Testamento, no a nosotros los cristianos. De manera que al intentar en nuestros días usar un aceite cuya composición revelada por Dios fue exclusiva para Su pueblo del Viejo Pacto, no siendo parte de los destinatarios legítimos de aquella ordenanza, caeríamos entonces en la categoría de “extraños,” cuya sentencia divina era ser cortados de entre su pueblo. El pasaje en cuestión nos dice:

“Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo” (Éxodo 30:33).

Pretender ungir a otras personas (sobre todo gentiles, o incluso judíos que no pertenecen al linaje de Aarón) con el mismo aceite destinado a la consagración de los sacerdotes del Antiguo Pacto, es un acto de desobediencia a lo establecido por Dios, quien decretó: “sobre carne de hombre no será derramado” (Éxodo 30:32).

¿QUÉ NOS DICE AL RESPECTO EL NUEVO TESTAMENTO?

En el Nuevo Testamento la unción con aceite se usaba con fines medicinales de forma natural (Marcos 6.13; Santiago 5.14). No se usaba para consagrar u ordenar a ministros. La práctica válida para la consagración al ministerio en el periodo neotestamentario era la imposición de manos. Hechos 6:3-6 nos dice:

“Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. Agradó la propuesta a toda la multitud; y eligieron a Esteban, varón lleno de fe y del Espíritu Santo, a Felipe, a Prócoro, a Nicanor, a Timón, a Parmenas, y a Nicolás prosélito de Antioquía; a los cuales presentaron ante los apóstoles, quienes, orando, les impusieron las manos”.

En 1 Timoteo 4:14 Pablo nos confirma este punto:

“No descuides el don que hay en ti, que te fue dado mediante profecía con la imposición de las manos del presbiterio”.

Nótese que no hay en todo el texto mención alguna de ungir con aceite para la ordenación a los ministros de la Iglesia de Cristo. Esta práctica no estaba vigente ni era de uso regular entre los Apóstoles. La unción ritual sólo era administrada en el tiempo del Antiguo Testamento.

Actualmente los considerados “súper ungidos” de la Nueva Reforma Apostólica y la Confesión Positiva (que no son otra cosa que falsos profetas y falsos apóstoles), argumentan que la práctica del ungimiento con aceite también se aplica a los cristianos hoy en día. Como no pueden sustentar sus afirmaciones en la Palabra escrita de Dios (la Biblia), aluden a las supuestas revelaciones extras que el Señor les ha mostrado. Revelaciones que, por no apegarse a la Biblia, son completamente falsas e irrelevantes.

¿POR QUÉ LOS CRISTIANOS NO NECESITAMOS SER UNGIDOS CON ACEITE?

Para empezar, tanto si la unción es aplicada sobre personas o sobre cosas, y tanto si el aceite es especialmente preparado como si es común, lo que tipifica es invariablemente la santificación y el poder del Espíritu Santo. No se ordena la unción con aceite para la consagración a ningún cargo a los creyentes en la dispensación cristiana porque han sido ya ungidos con el Espíritu Santo y ya son sacerdotes para Dios. Juan le recordó esto incluso a los «hijitos» o recién conversos a la fe, los cuales ya poseían la unción del Santo. La unción (el mismo término, «chrisma») permanece en ellos (1 Juan 2:20, 27). Así, de la misma manera en que en el Antiguo Testamento los reyes, profetas y sacerdotes eran ungidos como consagrados para Dios, así el cristiano es santificado para Dios por el Espíritu Santo, tanto en cuanto a su posición como con respecto a su servicio. El aceite, o cualquier otro tipo de unción humana, es innecesaria.

¿QUÉ HAY CON EL USO QUÉ, APARENTEMENTE, SE LE DA EN LA BIBLIA AL ACEITE RESPECTO A LOS OBJETOS Y SU CONSAGRACIÓN O DEDICACIÓN?

Uno de los pasajes básicos usados para avalar la unción con aceite sobre objetos se encuentra en Éxodo 40:9-10 en donde se manda a Moisés: “Y tomarás el aceite de la unción y ungirás el tabernáculo, y todo lo que está en él; y lo santificarás con todos sus utensilios, y será santo. Ungirás también el altar del holocausto y todos sus utensilios; y santificarás el altar, y será un altar santísimo”.

Es importante destacar que el aceite de la unción para el tabernáculo es el mismo que se utilizó para ungir a Aarón y a sus hijos: “Con él ungirás el tabernáculo de reunión, el arca del testimonio, la mesa con todos sus utensilios, el candelero con todos sus utensilios, el altar del incienso, el altar del holocausto con todos sus utensilios, y la fuente y su base. Así los consagrarás, y serán cosas santísimas; todo lo que tocare en ellos, será santificado. Ungirás también a Aarón y a sus hijos, y los consagrarás para que sean mis sacerdotes” (Éxodo 30:26-30).

Tomando en cuenta la revisión del contexto del pasaje de Éxodo 30.22-31, este mandamiento de ungir con aceite a los objetos era sólo para el pueblo de Israel, no para los gentiles y dentro de los términos y ordenanzas del Antiguo Pacto. Además, el tabernáculo era un lugar santo en el que reposaría la presencia de Dios en medio de Su pueblo. Por medio de los preparativos para la construcción del tabernáculo y sus accesorios, se pretendía grabar en la mente de los israelitas que el tabernáculo no sería un lugar cualquiera, sino que en él habitaría la Gloria de Dios y que reflejaría el carácter de Su santidad. Por lo cual ninguna cosa inmunda entraría en él, a no ser para ofrecer legítimamente y de la forma prescrita los sacrificios necesarios para la purificación.

El aceite de la unción manejado por los sacerdotes era exclusivo para santificar el tabernáculo, emblema del viejo pacto; hoy en día su uso no está vigente para esos propósitos. El persistir en la enseñanza judía de que para todo hay que ungir los objetos, casas, edificios de culto, mobiliario, ropa, etc., sólo provoca en la mente de los creyentes la idea de que el aceite es una especie de amuleto o sustancia con algún tipo de poder mágico, convirtiéndolo en un objeto idolátrico indispensable, un medio milagroso o una reliquia. Estos versículos, Éxodo 40.9-10, en realidad, sólo le recuerdan al hombre su condición pecaminosa y su separación de un Dios tres veces santo.

¿EVANGELIO, RELIGIOSIDAD POPULAR, SUPERSTICIÓN O MAGIA BLANCA?

Ni Éxodo 40.9-10, ni ningún otro pasaje bíblico, habla de ungir objetos como un medio de protección contra peligros naturales (como accidentes) y sobrenaturales (como ataques demoníacos) como algunos falsos maestros afirman. La Biblia tampoco nos habla de dedicar objetos, casas y ciudades para santificar o para agilizar la conversión de los incrédulos. De todos es sabido que algunos creyentes usan incluso avionetas para rociar aceite desde los aires sobre ciudades enteras con el fin de tomar posesión de ellas, dedicarlas o “ablandarlas” ante la predicación del Evangelio. Muchos otros creen que ungiendo sus casas las liberarán de posesiones demoníacas o que ungiendo sus automóviles u otras posesiones estas serán benditas y tendrán la protección de Dios contra accidentes, desastres naturales, etc. Sin embargo, el uso de objetos ungidos no es mencionado en ninguna parte en el Nuevo Testamento. Si se quiere convertir a incrédulos el único medio es la predicación fiel de la Palabra y la obra interna del Espíritu Santo. Ningún rito mágico puede hacer la obra que sólo le corresponde a la Palabra de Dios y al Espíritu de Gracia.


En Marcos 16:15 Jesús no nos mandó a ungir ciudades ni a practicar ritos extraños. El dijo:

“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.

Hemos de orar por respaldo divino y poder espiritual durante la predicación, pero nunca recurrir a ritos inútiles que sólo causan oprobio y ponen en vergüenza el verdadero Evangelio. Efesios 6:18-19 nos dice:

“Orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos; y por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio”.

NO HAY PROTECCIÓN ESPIRITUAL O FÍSICA ALGUNA EN EL USO DE FETICHES, AMULETOS Y RITOS VACÍOS

Jamás debemos caer en el error de convertir la fe cristiana en una mezcla sincrética de judaísmo y ritos supersticiosos de los pueblos donde el Evangelio sea predicado. Lastimosamente nuestra América Latina, tan acostumbrada al ritualismo de la religión tradicional, a las prácticas espiritistas, la brujería y el sincretismo religioso, es presa fácil del engaño. El analfabetismo bíblico lleva a muchos creyentes y ministros a decir “amén” e incorporar en su fe y liturgia todo tipo de prácticas ridículas, antibíblicas y hasta blasfemas. Esto no puede ni debe seguir así.

No existe ritual mágico o sustancia material que tenga poder sobre las huestes espirituales de maldad que gobiernan este mundo caído. Si así fuera, Dios lo hubiera mandado directamente en Su Palabra. Cabe notar que la “Armadura de Dios” descrita en Efesios 6:10-20 no hace ninguna mención de la unción con aceite como arma legítima en la lucha contra Satanás y sus huestes. La importancia, más bien, radica en el sometimiento al Señor: “Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo” (Efesios 6:10-11).

EL ACEITE COMO ELEMENTO USADO EN LAS SESIONES DE LIBERACIÓN ESPIRITUAL O POSESIÓN DEMONÍACA

En cuanto a la liberación de poseídos por espíritus impuros, sólo existe una instrucción de parte del Señor Jesucristo al respecto y que, por supuesto, no incluye el uso del aceite: “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia recibisteis, dad de gracia” (Marcos 10:7-8). Marcos 16:17 añade: “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas”. No se trata de aceite, se trata de autoridad. Lucas 9:1 nos dice: “Habiendo reunido a sus doce discípulos, les dio poder y autoridad sobre todos los demonios, y para sanar enfermedades”. Fue eso, la autoridad del Nombre de Jesús, y no el aceite o el uso de otra sustancia, lo que echó fuera a los demonios. De ello dan fe las palabras de los setenta: “Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre” (Lucas 10:17). ¿Qué más pretenden agregarle los falsos maestros a esto? ¿Hay algo superior al Nombre de Jesús? ¿Respetarán los demonios algo más que la sangre del Cordero?

¿ES BÍBLICO EL USO DE LA SAL EN RITUALES CRISTIANOS Y EXORCISMOS?

¿Qué hay con la sal? ¿Por qué algunos la usan al realizar exorcismos? ¿Posee algún poder milagrosa al emplearla en ritos cristianos? No, ¡Absolutamente no! El uso de la sal por parte de algunos grupos evangélicos es una burda imitación de viejas prácticas católicas. En el cuarto siglo de nuestra era la iglesia imperial adoptó la práctica de poner sal en la boca de los miembros recién bautizados como símbolo de purificación. El bautismo mismo era seguido en esa época por una unción con aceite.


En el libro “Sancta Missa: Rituale Romanum” de 1964, encontramos algunas instrucciones sobre cómo se usó y se usa la sal dentro del rito católico:

(1.- Primero, el sacerdote bendecía la sal con la siguiente oración: “Dios todopoderoso y eterno, Padre de nuestro Señor Jesucristo, mira con favor a tus siervos a quienes te ha complacido llamar a este primer paso en la fe. Libéralos de toda ceguera interior. Corta todas las trampas de Satanás que hasta ahora los ataron. Abre, Señor, a ellos la puerta de tu amor paternal. Que el sello de tu sabiduría los penetre, que deseche todas sus inclinaciones impuras y sucias, y dejen entrar la fragancia de Tus elevadas enseñanzas. Para que así sirvan con gusto en Tu Iglesia y sean cada día más perfectos. Y una vez que hayan probado la propiedad medicinal de la sal, que sean aptos para acercarse a la gracia de su bautismo; por Cristo nuestro Señor.”

(2.- Luego el sacerdote decía una oración de exorcismo sobre la sal: “Criatura de Dios, con sal, expulso el demonio de ti, en el nombre de Dios Padre Todopoderoso, en el amor de nuestro Señor Jesucristo y en la fuerza del Espíritu Santo. Te purifico por el Dios vivo, el Dios verdadero, el Dios santo, por Dios que te creó para ser un preservador de la humanidad, y te mandó que seas santificado por sus ministros para el beneficio de las personas que están a punto de aceptar la fe. En nombre de la Santísima Trinidad, conviértete en un signo salvador habilitado para ahuyentar al enemigo. Por tanto, te suplicamos, Señor, nuestro Dios, que santifiques y bendigas a esta criatura, con sal, proporcionando así un remedio perfecto para todos los que la reciban, uno que impregne su ser más íntimo. Te lo pedimos en nombre de nuestro Señor Jesucristo, que vendrá a juzgar tanto a los vivos como a los muertos y al mundo por fuego.”

(3.- El sacerdote luego ofrecía otra oración, y después, tomando una pizca de “sal bendita” la ponía en la boca de la persona, diciendo: “Toma esta sal en señal de sabiduría. Que sea para ti también una señal que presagie la vida eterna.”


Nos preguntamos: ¿De dónde tomó la iglesia tradicional este rito? ¿De la Biblia? Ciertamente no, sino de las costumbres paganas que inundaba el imperio romano. De hecho, la sal era tan importante para los pueblos antiguos que incluso llegó a ser la divisa con la que se pagaba a los trabajadores. En español, por ejemplo, nuestra palabra salario procede del latín ‘salarium’, que a su vez procede de ‘sal’. Pero más allá de su valor monetario, la sal era usado con fines mágico-espiritista. A los rituales con sal se les atribuía una gran efectividad en trabajos de limpieza de energía, expulsión de demonios, protección y purificación. En la antigüedad, los magos utilizaban la sal para deshacer maldiciones y en la realización de hechizos para atraer riqueza y prosperidad. La iglesia imperial adoptó tales supersticiones incorporando la sal a sus rituales bautismales y exorcismos. Antiguamente incluso las campanas de las iglesias eran limpiadas con sal y agua para bendecirlas. Justificaban el uso de la sal como elemento ritual y purificador en pasajes como Mateo 5:13. Sin embargo, Jesús nunca quiso enseñar tal cosa.

CONCLUSIÓN

Muchos creyentes le atribuyen al rito de la unción con aceite, al uso de la sal y a otras prácticas semi-espiritistas ciertos atributos del tipo milagroso. Esto no difiere mucho de la enseñanza de sectas heréticas como el grupo brasileño “Pare de Sufrir” (hoy conocida como Iglesia de Oración al Espíritu Santo), con sus ventas de objetos pseudo-milagrosos. Sin embargo, la Escritura no enseña que el aceite, la sal o cualquier otra sustancia u objeto tuviese tales propiedades para provocar sanidades instantáneas, proteger de males, echar fuera demonios, etc. Eso es más bien un vestigio de brujería y superstición. Una creencia espiritista introducida en el cristianismo evangélico, sobre todo pentecostal.

No podemos sacar de su contexto histórico la práctica de ungir con aceite y su significado. Desde la antigüedad es común en la cultura judía que las personas fuesen ungidas con aceite. Era una de sus costumbres. Una muy apreciada por ellos (Proverbios 27:9, Amós 6:6). Dentro del marco bíblico, y del contexto cultural judío el aceite era usado como un refrescante para el cuerpo (2 Crónicas 28:15), como un ungüento medicinal (Marcos 6:13; Santiago 5:14) y para sanar heridas (Isaías 1:6; Lucas 10:34). Es cierto que se le dio un valor ritual y simbólico en el Antiguo Testamento, sin embargo, todo eso tenía que ver con un pueblo terrenal que se movía en medio de las sombras (símbolos) de las cosas celestiales. Ahora que tenemos la plena realidad de esas cosas, no tenemos razón de regresar a lo que eran las sombras, las figuras (Hebreos 8:5), y aún más, en lo que concierne a la Iglesia, no vemos ninguna ordenanza de esta índole.


Como creyentes bíblicos, practicantes de la sana doctrina, abogamos por un pentecostalismo sano, libre de sincretismo, sin elementos de religiosidad popular, libre de superstición, prácticas heterodoxas y elementos espiritistas disfrazados de cristianismo. La Biblia y solo la Biblia debe definir nuestra fe y prácticas.

Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Pluralismo Religioso, Postmodernidad, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte II)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Tal como lo enfaticé en mi artículo anterior, los pentecostales clásicos, defensores de la sana doctrina y praxis cristiana, rechazamos las acusaciones de los cesacionistas. Los pentecostales creemos en la continuidad de los dones espirituales. Atribuir a Satanás toda manifestación moderna de los dones espirituales es absurdo, sería igual a firmar que el diablo actúa libremente en el mundo mientras Dios tiene las manos atadas. Asimismo, rechazamos la absurda idea que afirma que la experiencia conocida como bautismo en el Espíritu Santo y la kundalini son iguales, semejantes, o la misma experiencia.

Afirmamos categóricamente que la kundalini y el bautismo o llenura del Espíritu Santo no son, ni remotamente, la misma cosa. Esto lo sabe muy bien cualquier creyente pentecostal que ha experimentado personalmente dicha bendición espiritual. Sin embargo, debemos admitir que no todo lo que ocurre en algunas iglesias que se identifican como pentecostales o carismáticas puede ser atribuido a la obra divina del Espíritu Santo. Hemos sido testigos de aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos, principalmente en movimientos pseudocristianos como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías.

A

MANIFESTACIONES EXTRAÑAS Y FENÓMENOS CONFUSOS QUE HAN INVADIDO EL CRISTIANISMO PENTECOSTAL Y CARISMÁTICO

En dichos grupos heterodoxos nacidos de un cristianismo postmoderno, es común escuchar a muchos líderes eclesiásticos que dicen que tenemos que reinventar el cristianismo. La Palabra de Fe (con su moda de declarar y decretar), la Nueva Reforma Apostólica y diversos grupos neopentecostales heréticos están creando alternativas al cristianismo bíblico. Es su punto de vista que es necesario recrear el cristianismo para llegar a la generación posmoderna. En estos movimientos, la verdad es subjetiva, por lo tanto, es relativa. El subjetivismo es la negación de la verdad absoluta, por lo tanto, todos poseen su propia verdad y todos podemos unirnos en uno solo. Han intercambiado un cristianismo racional por un cristianismo irracional basado en experiencias subjetivas humanas y experiencias emocionales.

En lugar de aferrarse a la Palabra de Dios, la generación posmoderna desea un encuentro más emocional, místico y esotérico con Dios. Como resultado, se cristianizan el yoga, la oración contemplativa, la oración profunda y muchas prácticas místicas ocultistas. Muchos buscan incorporar experiencias espirituales provenientes de otras religiones en el cristianismo y no están interesados ​​en la Palabra de Dios, sino que buscan probar, sentir y tocar a Dios. Ven a Jesús como alguien que vino a mostrarnos nuestra divinidad, pero el dios que predican no es el Dios de la Biblia, sino una deidad en el sentido ocultista. No es el Dios judeocristiano, sino un dios que resuena con los conceptos hindúes y budistas de dios, un dios con el que podrías tener experiencias místicas, un dios que puedes abrazar a través de prácticas de meditación y espiritualidad de la nueva era. Obviamente, el dios que puedes acceder con estas prácticas no es otro más que el dios de este mundo, Satanás, el ser caído que se convirtió en enemigo de Dios y de nuestras almas.

B

Tristemente, debemos admitir que muchos de los fenómenos que ocurren en algunas iglesias no tienen su origen en Dios. Son más bien expresiones espiritistas y de la Nueva Era infiltradas en el cristianismo. El dios que muchos “cristianos” postmodernistas adoran tienen más parecido con Buda, Brahma o cualquiera de los dioses hindúes, que con el Dios de la Biblia. Las experiencias espirituales derivadas de tales enseñanzas son también cuestionables, pareciéndose más a mera hipnosis, histeria colectiva, esoterismo, espiritismo, parapsicología, ocultismo descarado y magia blanca, entre otras cosas. Poco o nada ha quedado de las verdaderas manifestaciones de Dios en algunas iglesias denominadas pentecostales, neopentecostales, apostólicas o proféticas.

Las sospechosas expresiones del Espíritu que se producen en algunas reuniones carismáticas (estados de embriaguez, saltos paroxísticos, rigidez corporal, derrumbes, risa santa, sudoraciones, temblores, pérdida de la conciencia, y demás síntomas misteriosos), comparadas con la verdadera acción del Espíritu, reflejada a través del fruto: «amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza» (Gálatas 5:22), descubren, a todas luces, que la diferencia entre unas manifestaciones y otras, son verdaderamente contrapuestas. Y este marcado contraste logra descubrir, como parece evidente, la falta de coherencia bíblica que existe en algunas prácticas modernas. Pero ¿Significa esto que debemos descartar todo tipo de manifestación espiritual en nuestras iglesias? ¿Acaso el Espíritu Santo ya no se manifiesta de forma auténtica en las congregaciones? ¿Debemos rechazar como del diablo toda manifestación de dones y milagros en nuestras congregaciones? No. Absolutamente no. La misma existencia de tales falsificaciones espirituales es un fuerte argumento a favor de la continuidad de los dones espirituales auténticos. O ¿Quién se molesta en falsificar algo que no existe? Solo se falsifica o se imita lo que es real y de valor.

C

SATANÁS, EL PADRE DE LAS MENTIRAS Y MAESTRO DE LAS IMITACIONES

¿Cómo explicamos entonces toda la amplia gama de prácticas y manifestaciones cuasi-espiritistas que podemos observar hoy día en algunas iglesias? La respuesta es simple: Vivimos en tiempos de apostasía. De esto profetizaron las Escrituras:

Que nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que primero venga la apostasía y sea revelado el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios. ¿No os acordáis de que cuando yo estaba todavía con vosotros os decía esto? Y vosotros sabéis lo que lo detiene por ahora, para ser revelado a su debido tiempo. Porque el misterio de la iniquidad ya está en acción, solo que aquel que por ahora lo detiene, lo hará hasta que él mismo sea quitado de en medio. Y entonces será revelado ese inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida; inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.” (2 Tesalonicenses 2:3-10, LBLA).

Lo que ocurre en muchas iglesias que han abandonado la sana doctrina quizá no pueda ser llamado completamente kundalini, pero tiene el mismo origen y por eso se le parece: Poderes engañosos de las tinieblas que buscan engañar a las personas y llevarlas a la adoración de falsos dioses.

Y vi otra bestia que subía de la tierra; tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero y hablaba como un dragón. Ejerce toda la autoridad de la primera bestia en su presencia, y hace que la tierra y los que moran en ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra en presencia de los hombres. Además engaña a los que moran en la tierra a causa de las señales que se le concedió hacer en presencia de la bestia, diciendo a los moradores de la tierra que hagan una imagen de la bestia que tenía la herida de la espada y que ha vuelto a vivir.” (Apocalipsis 12:11-14, LBLA).

Esto no debería extrañarnos, Cristo mismo lo profetizó:

Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos. Ya os lo he dicho antes.” (Mateo 24:24-25).

E

En los últimos días el poder de Satanás se haría presente aún dentro de las mismas iglesias, pues el espíritu satánico, tal como fue profetizado “se opone y se exalta sobre todo lo que se llama dios o es objeto de culto, de manera que se sienta en el templo de Dios, presentándose como si fuera Dios” (2 Tesalonicenses 2:4). ¿Acaso no es esto lo que está pasando en muchas congregaciones en donde un falso Espíritu Santo, que hace pasar su obra como si fuese de Dios, respalda la obra de falsos profetas y falsos maestros?

Como verdaderos pentecostales, no debería darnos miedo denunciar estas falsificaciones diabólicas ni a los falsos ministros del Espíritu, “porque los tales son falsos apóstoles, obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, pues aun Satanás se disfraza como ángel de luz. Por tanto, no es de sorprender que sus servidores también se disfracen como servidores de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.” (2 Corintios 11:13-15, LBLA). Kundalini o no, la fuente de tales manifestaciones no es Dios.

F

¿CÓMO SABEMOS QUE LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL Y LA KUNDALINI NO SON LO MISMO?

Volvamos ahora a la acusación de que el bautismo en el Espíritu santo y las experiencias místicas de la kundalini son la misma cosa. En el artículo anterior describí los frutos amargos y manifestaciones destructivas del síndrome kundalini. Eso me lleva a preguntarle a quienes nos difaman: ¿En verdad creen que todo eso se parece a lo que hace el Espíritu Santo al bautizar a los creyentes pentecostales hoy día? Si quieren ser honestos, y si de veras han conocido a un creyente pentecostal lleno del Espíritu, tendrán que admitir que ambas cosas son tan diferentes como el día de la noche.

Si observamos con detenimiento la acción del Espíritu a lo largo de la Escritura, comprobaremos que es todo lo opuesto a las extrañas manifestaciones de la kundalini.

  1. En primer lugar, el Espíritu Santo siempre actúa bajo el marco de la Palabra, y nunca sobre presupuestos extrabíblicos. Aquel que viene a la luz, deberá ceñirse al contenido certero de la Palabra de Dios; pues siendo que el Espíritu Santo la inspiró, parece dudoso que esté de acuerdo con doctrinas o prácticas que Él mismo no ha revelado en su Palabra. Quienes conocen la verdadera doctrina pentecostal saben que es cristocéntrica y plenamente bíblica. Honra a Dios y Dios es glorificado a través de ella porque el Espíritu Santo nos guía a toda verdad. Esto no puede decirse de las sectas practicantes del kundalini, las cuales no siquiera son cristianas ni aceptan la infalibilidad de la Biblia. Tampoco puede decirse de movimientos heréticos como la Palabra de Fe, la Nueva Reforma Apostólica, el Evangelio de la Prosperidad y otros más cuya doctrina es contraria a la Biblia. Pero es incorrecto y deshonesto identificar a tales grupos con el pentecostalismo clásico, ya que su heterodoxia delata el origen no santo de sus manifestaciones espirituales. No hay cabida alguna para las manifestaciones, del carácter que fueren, que se muevan entre la sombra y la oscuridad doctrinal.
  2. El kundalini apela a prácticas profanas, ocultistas y antibíblicas, no se basa en la autoridad de la Palabra ni la respeta, sino que escucha a espíritus engañadores y experiencias extracorpóreas. El Espíritu Santo manifestado en la experiencia pentecostal, en contraste, edifica al creyente a través de la meditación y el estudio serio de la Escritura, que es viva y eficaz; sirviéndose, además, para tal propósito, de la comunión práctica del pueblo de Dios. El pentecostalismo biblico no encuentra su edificación espiritual en el emocionalismo extremo, el ritualismo místico, el jolgorio, los espectáculos, las manifestaciones extáticas, o la excitación artificial de sus emociones (danzas extáticas, música estridente y manipuladora, sermones motivacionales, etc.). Si hay grupos que están recurriendo a dichas prácticas es su problema particular, no del pentecostalismo como tal.
  3. La kundalini esclaviza y oprime, e incluso enferma, enloquece y mata. El Espíritu Santo, por el contrario, proporciona una liberación completa. Por tanto, el cristiano que es controlado por Él, camina en este mundo con verdadera libertad y autonomía; solo condicionado por la Palabra. No se dejará manipular, ni esclavizar, por ningún líder, movimiento religioso o atadura de tipo espiritual, tal como ocurre con aquellos que practican la kundalini y otros ritos, los cuales se ven influenciados, oprimidos y poseídos por espíritus impuros que los atan a su voluntad y capricho. El Espíritu Santo trae verdadera libertad. Así es como el Espíritu de Dios, respetando la decisión del ser humano, ofrece la auténtica libertad: «donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad» (2 Corintios 3:17). Por el contrario, donde opera otro «espíritu», que no es el de Cristo, se procura una manipulación de la conciencia que, lo único que consigue, es anular por completo el sentido práctico de la libertad cristiana.
  4. El Espíritu Santo genera gozo y paz en el corazón de los verdaderos creyentes. En cambio, la intranquilidad, el tumulto, la exaltación, los desórdenes mentales, enfermedades físicas y opresión espiritual que se experimentan a través del ocultismo, la kundalini y otras prácticas místicas no concuerdan con el sosiego y la tranquilidad interior que proviene del Espíritu.
  5. El Espíritu Santo utiliza a sus siervos cuando éstos asumen una actitud de humildad y dependencia total de Dios, la cual se acompaña de paciencia y benignidad. La Nueva Era y la kundalini, por el contrario, alimentan el ego del hombre y le repiten la vieja mentira satánica: “Seréis como los dioses” (Génesis 3:5, RV1909). cuando existe jactancia o engreimiento, podemos decir que un «espíritu» oscuro planea sobre el escenario. Tal espíritu oscuro opera en los gurúes de la Nueva Era, falsos apóstoles, profetas y maestros de nuestros días, cuyo engreimiento los lleva a considerarse dioses, o casi dioses. Curiosamente, esto se asemeja mucho a la prepotencia y soberbia característica de los “ungidos” de la Nueva Reforma Apostólica, los promotores de la Palabra de Fe y otros grupos sincréticos e insanos doctrinalmente, los cuales enseñan que los creyentes son pequeños dioses con el poder de declarar, decretar y dar órdenes al mismísimo Dios (Judas 1:8-12).
  6. El Espíritu Santo engendra la virtud de la templanza –dominio propio–, y ésta encuentra su forma de expresión a través del decoro personal, el orden y la reverencia. La santidad y la pureza sexual es un fruto natural de una vida dominada por el Espíritu Santo. La kundalini, por el contrario, implica prácticas impuras y mágicas de tipo sexual. 
  7. El Espíritu Santo restaura automáticamente la salud espiritual del convertido y, según lo promete en Romanos 8:28, todo lo que acontezca –si ama a Dios– le ayudará para bien. Esto no puede decirse de la kundalini y sus efectos nocivos sobre las personas. Conocidas son ya las denominadas “emergencias espirituales” en la kundalini, las cuales le pueden costar la vida o la sanidad mental a sus practicantes. Esto no ocurre en las manifestaciones genuinas del Espíritu Santo.

G

Kundalini y experiencia pentecostal no son lo mismo. Eso es evidente. Es deshonesto de parte de nuestros detractores equiparar ambas experiencias. Claro, se ven obligados a hacerlo por necesidad, ya que los cesacionistas, principales críticos del pentecostalismo, niegan la vigencia actual de los dones y manifestaciones espirituales. Para justificar su postura se ven forzados a atribuir a Satanás cualquier señal o poder milagroso. En nuestra próxima entrega analizaremos la vigencia o no de los dones espirituales.

H

Herejías, Neopentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Sincretismo, Vida Espiritual

Kundalini y experiencia pentecostal (Parte I)

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Por muy asombroso que pueda parecernos, los enemigos del movimiento pentecostal a menudo sugieren que la experiencia bíblica y pentecostal conocida como bautismo en el Espíritu Santo no es otra cosa que obra de Satanás. Esto resulta decepcionante si consideramos que nosotros, como movimiento pentecostal, hemos extendido nuestra mano de confraternidad hacia nuestros hermanos de otras denominaciones, crean o no en la experiencia pentecostal como nosotros. Muchas de nuestras librerías están llenas de libros no pentecostales, solemos admirar los logros y avances de nuestros hermanos de otras denominaciones, ¡Incluso muchos de nuestros miembros laicos, líderes y ministros se capacitan en instituciones religiosas, seminarios y universidades cristianas no pentecostales! Lamentablemente dicha deferencia por parte del movimiento pentecostal, hacia sus hermanos de otras denominaciones, no es necesariamente recíproca.

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EN EL ESPÍRITU DE CAÍN, LOS CESACIONISTAS SE LEVANTAN CONTRA SUS HERMANOS

Tal como Caín se levantó contra su hermano Abel buscando su muerte, pareciera que muchos de los denominados “cristianos” desearían erradicar todo vestigio del pentecostalismo en el mundo. Algunos opositores del movimiento pentecostal han llegado incluso a afirmar que el Movimiento Pentecostal y Carismático[1] debe ser considerado como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos. En el peor espíritu sectario, algunos líderes religiosos han dicho:

“Es hora de que la iglesia evangélica se levante y recupere un enfoque adecuado de la persona y la obra del Espíritu Santo. La salud espiritual de la iglesia está en juego. En las últimas décadas, el movimiento carismático se ha infiltrado en el evangelicalismo tradicional irrumpido en el escenario mundial a un ritmo alarmante. Es el movimiento religioso de más rápido crecimiento en el mundo. Los carismáticos suman ya más de quinientos millones en todo el orbe. Sin embargo, el evangelio que está conduciendo a esos números no es el verdadero evangelio y el espíritu detrás de ellos no es el Espíritu Santo. Lo que estamos viendo es, en realidad, el crecimiento explosivo de una iglesia falsa, tan peligrosa como cualquier secta o herejía que haya atacado al cristianismo…. fue una farsa y un engaño desde el principio y no ha cambiado a algo bueno”[2]

“La teología carismática no ha hecho ninguna contribución a la verdadera teología o la interpretación bíblicas, sino que representa una mutación desviada de la verdad. Al igual que un virus mortal, obtiene su acceso a la iglesia manteniendo una relación superficial con ciertas características del cristianismo bíblico, pero al final siempre corrompe y distorsiona la sana doctrina. La degradación resultante, como una versión doctrinal del monstruo de Frankenstein, es un híbrido repugnante de la herejía, el éxtasis y la blasfemia torpemente vestido con los restos destrozados del lenguaje evangélico. Se llama a sí misma «cristiana», pero en realidad se trata de una farsa, un simulacro de una forma de espiritualidad que continuamente se transforma como en un espiral errático de un error a otro.”[3]

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Para algunos “cristianos” no pentecostales, nosotros ni siquiera deberíamos ser considerados evangélicos, sino rechazados por la comunidad cristiana en general:

“A pesar de sus graves errores teológicos, los carismáticos exigen su aceptación dentro de la corriente tradicional evangélica. Y los evangélicos han sucumbido en gran parte a esas demandas, respondiendo con los brazos abiertos y una sonrisa de bienvenida. De este modo, el evangelicalismo tradicional ha invitado inadvertidamente a un enemigo a entrar. Las puertas se le han abierto de par en par a un caballo de Troya lleno de subjetivismo, experimentalismo, compromiso ecuménico y herejía. Los que se comprometen de esta manera están jugando con fuego extraño y poniéndose en grave peligro.”[4]

“En generaciones anteriores, el movimiento carismático pentecostal habría sido etiquetado como herejía. En cambio, ahora es la estirpe más dominante, agresiva y visible del llamado cristianismo en el mundo. Pretende representar la forma más pura y poderosa del evangelio. Sin embargo, proclama ante todo un evangelio de salud y riquezas, un mensaje totalmente incompatible con las buenas nuevas de las Escrituras. Todos los que se oponen a su doctrina son acusados de aflicción, apatía, resistencia e incluso de blasfemia contra el Espíritu Santo. No obstante, ningún movimiento arrastra su nombre por el fango con mayor frecuencia o audacia.”[5]

“La teología carismática es el fuego extraño de nuestra generación y los cristianos evangélicos no deben coquetear con ella a ningún nivel.”[6]

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En diversos círculos religiosos, principalmente calvinistas de tendencia cesacionista, la opinión desfavorable hacia el pentecostalismo, o carismatismo, se encuentra arraigada firmemente:

“¿Es bíblico el movimiento carismático? Podemos responder mejor esta pregunta de esta manera: sabemos que, desde la creación de la humanidad, el insidioso plan maestro de Satanás ha sido sencillamente poner un velo entre los hijos de Dios y la infalible Palabra de Dios. Comenzó en el Jardín del Edén, cuando la serpiente le preguntó a Eva, “¿Con que Dios os ha dicho…” (Génesis 3:1), generando con ello dudas sobre la autoridad y autenticidad de lo que Dios ha dicho? Desde ese día, él continúa atacando la infalibilidad y autenticidad de la Biblia. Indudablemente, sabemos que Satanás ha acelerado el ritmo de esta estrategia. (1 Pedro 5:8)”[7]

¿Cuál es la causa de tal oposición a nuestra fe pentecostal? Más allá de una sincera preocupación por la sana doctrina y praxis cristiana, lo que muchos grupos religiosos y denominaciones dejan entrever con tal oposición es cierto grado de envidia, sectarismo y rivalidad hacia los pentecostales a causa de su éxito misionero, crecimiento numérico e influencia. ¿Por qué afirmamos tal cosa? Porque la verdad está a la vista y es incómoda para algunos: En tan solo 100 años de existencia, el pentecostalismo se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 los pentecostales totalizábamos 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones. En varios países del mundo el pentecostalismo tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes  (en su mayoría reformadas y cesacionistas) corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías.

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UNA NUEVA ACUSACIÓN CONTRA EL MOVIMIENTO Y LA EXPERIENCIA PENTECOSTAL

En su intento por desacreditar al pentecostalismo y frenar su vertiginoso crecimiento en el mundo, muchos que se hacen llamar “cristianos” no escatiman esfuerzos ni argumentos por evitar que este avance. Hoy día, pareciera estar de moda equipara la experiencia pentecostal con el esoterismo hindú. Muchas líderes y teólogos cesacionistas[8] han llegado a equiparar el ser bautizado con el Espíritu Santo con la práctica y creencia hindú de la kundalini.

Pero ¿Qué es la Kundalini? En el marco del hinduismo, la kundalini (en sánscrito कुण्डलिनी) se describe como una energía intangible, representada simbólica y alegóricamente por una serpiente o un dragón, que duerme enroscada en el muladhara[9] (el primero de los siete chakras[10] o círculos energéticos, ubicado en la zona del perineo). Se dice que, al despertar esta serpiente, el yogui[11] controla la vida y la muerte.  Para los adeptos a este tipo de creencias, la kundalini es considerada como la energía primordial o shakti[12] que llega a desarrollarse en plenitud al reunirse en el atma (alma) con el Brahman. El concepto de la kundalini es popular en prácticas orientales y esotéricas como el yoga, el tantra, el budismo, el taoísmo, el sijismo y el gnosticismo.

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EL SÍNDROME DE LA KUNDALINI

Un fenómeno distintivo de este tipo de experiencias místicas es el denominado síndrome de la Kundalini, el cual es un proceso psico-espiritual y transformativo que ocurre en conexión con una experiencia cercana a la muerte, o con una práctica espiritual o contemplativa prolongada e intensiva, tal como se practica dentro de unas pocas subdisciplinas de meditación o yoga. El proceso no siempre es repentino y dramático, también puede comenzar lentamente y aumentar gradualmente en actividad a lo largo del tiempo. Si los síntomas acompañantes se desarrollan de una manera intensa que desestabiliza a la persona, el proceso generalmente se interpreta como una Emergencia espiritual (una posesión controlada, que se salió de control).

Los estudiosos de este tipo de fenómenos señalan algunos elementos comunes que describen esta condición, de los cuales la característica más destacada es una sensación de energía o calor que sube por la columna vertebral. Otros síntomas la sensación de presiones craneales; la percepción de los sonidos internos o zumbidos; experiencias de ver luces; sensaciones de vibración o cosquilleo en alguna parte del cuerpo; taquicardia (frecuencia cardíaca rápida); cambios en la respiración; movimientos corporales espontáneos; sensaciones de calor o frío moviéndose a través del cuerpo; dolor corporal localizado que comienza y se detiene abruptamente; vibraciones y picazón debajo de la piel; sensaciones sexuales inusuales o intensas; orgasmos espontáneos en situaciones en las cuales no hubo ninguna estimulación sexual; síntomas mentales y afectivos como miedo, ansiedad, despersonalización; emociones positivas o negativas intensas; disminución o aceleración espontánea de los pensamientos; estados de trance espontáneo; experimentarse a sí mismo como más grande que el cuerpo físico; experiencias de conciencia paranormal; etc. Curiosamente, todos estos son los mismos síntomas que los maestros de la Nueva Era detallan como “del despertar de la consciencia”.

woman mountain peak cliff practice yoga

Muchas personas cuya Kundalini se desencadenó inesperadamente no saben lo que está sucediendo. Además, la Kundalini activada abre puertas a todo tipo de visiones místicas, paranormales y mágicas que ejercen un impacto dramático en el cuerpo. Se han reportado largos episodios de enfermedades extrañas, así como cambios radicales en lo mental, emocional, interpersonal, psíquico, espiritual y de estilo de vida. Las manifestaciones comunes de una Kundalini activada son a menudo contracciones musculares, calambres o espasmos; la sensación de energía o inmensa electricidad que circula por el cuerpo; sensaciones de picazón, vibración, picazón, escozor y hormigueo; calor o frío intenso; movimientos corporales involuntarios (ocurren más a menudo durante la meditación, el descanso o el sueño) tales como sacudidas, temblores o la sensación de una fuerza interna que empuja al iniciado hacia una postura o mueve su cuerpo de maneras inusuales (muchas médicos que han tratado este tipo de síndrome a menudo lo diagnostican erróneamente como epilepsia o síndrome de piernas inquietas). Dicho síndrome produce también alteraciones en los patrones de alimentación y sueño; episodios de hiperactividad extrema o, por el contrario, fatiga abrumadora. También deseos sexuales intensificados o, en caso contrario, disminuidos, así como dolores de cabeza y presiones dentro del cráneo, dolores en el pecho, problemas del sistema digestivo, adormecimiento o dolor en las extremidades (especialmente en el pie y la pierna izquierdos), dolores y bloqueos en cualquier lugar; a menudo en la espalda y el cuello; arrebatos emocionales; cambios de humor rápidos; episodios aparentemente no provocados o excesivos de pena, miedo, rabia o depresión. Las vocalizaciones espontáneas (que incluyen la risa y el llanto) son comunes y se dan de forma tan involuntarias e incontrolables como el hipo.

Experiencias psíquicas como la percepción extrasensorial; experiencias extracorporales; recuerdos de supuestas vidas pasadas; viajes astrales; conocimiento directo de auras y chakras; contacto con guías espirituales a través de voces internas, sueños o visiones o incluso poderes curativos son también comunes. Para los creyentes en estas prácticas, la Kundalini activada es la apertura a la divinidad o el despertar de su divinidad propia. Todo esto suena realmente similar a las promesas de la serpiente en el Edén. Curiosamente, y no creemos que sea casualidad, la Kundalini es representada como una serpiente; una serpiente que les promete a sus adeptos que serán como dioses. Lo que realmente sucede con la activación de la Kundalini es que Satanás activa en la persona una energía demoníaca que le dará ciertos poderes y habilidades que el enemigo necesita para poseer, manipular y usar a sus conductos con mayor facilidad. El huésped piensa que se está “empoderando” o ganando poder, sin saber que se está entregando como herramienta de Satán.

PORTADA

¡ALTO! NO SON LA MISMA COSA…

Los pentecostales clásicos, defensores de la sana doctrina y praxis cristiana, rechazamos las acusaciones de nuestros hermanos cesacionistas. La kundalini y el bautismo o llenura del Espíritu Santo no son, ni remotamente, la misma cosa. Esto lo sabe muy bien cualquier creyente pentecostal que ha experimentado personalmente dicha bendición espiritual. Sin embargo, debemos admitir que no todo lo que ocurre en algunas iglesias que se identifican como pentecostales o carismáticas puede ser atribuido a la obra divina del Espíritu Santo. Hemos sido testigos de aberraciones aisladas de comportamiento y de doctrina entre los que se autoidentifican como pentecostales o carismáticos, principalmente en movimientos pseudocristianos como la Nueva Reforma Apostólica, la Confesión Positiva, el Evangelio de la Prosperidad, el dominionismo y muchas otras herejías.

En nuestra próxima entrega analizaremos algunas de las prácticas dudosas (incluso espiritistas y de la Nueva Era) introducidas en algunas de las iglesias que, falsamente, suelen identificarse como pentecostales o carismáticas.

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REFERENCIAS:

[1] Aunque en algunos países latinoamericanos el término “carismático” suele asociarse con el catolicismo romano, en el presente artículo dicho término alude a un movimiento de renovación cristiana interdenominacional y no a la Renovación Carismática Católica. El movimiento carismático, o pentecostal, tuvo su origen en 1906 en la misión de la Calle Azusa en Los Ángeles, California.

[2] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 17.

[3] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[4] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 15.

[5] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 16.

[6] MacArthur, John. Fuego Extraño: el peligro de ofender al Espíritu Santo con adoración falsa, Thomas Nelson Publishers, Nashville, Tennessee, pp. 233.

[7] Véase el artículo: “¿Qué es el movimiento Carismático?” publicado en: https://www.gotquestions.org/Espanol/movimiento-carismatico.html, consultado el 04/03/2019.

[8] El cesacionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesacionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

[9] El chakra muladhara o chakra raíz, de acuerdo a las tradiciones del tantrismo, es el primero de los seis chakras primarios, ​ y se ubica en la base de la columna vertebral.3​ Está simbolizado por una flor de loto con cuatro pétalos y el color rojo.

[10] En el hinduismo, los chakras son centros de energía inmensurables (no medibles) situados en el cuerpo humano. Según las doctrinas hinduistas, son seis, pero según la teosofía (de fines del siglo XIX), el gnosticismo (de mediados del siglo XX) y la nueva era (de fines del siglo XX) son siete: Muladhara (relaciona con todos los aspectos de nuestra existencia física), Svadishthana (el chakra sacral y rige nuestras emociones, creatividad y placer), Manipura (es el chakra del plexo solar y acoge nuestro poder personal), Anahata (es el centro del corazón y está asociado al amor incondicional), Vishuddha (es el chakra de la garganta y es el responsable de la comunicación), Ajna (es el tercer ojo y es el centro de la intuición) y Sahasrara (es el chakra corona y es el centro de conexión espiritual). Actualmente, sin embargo, los adeptos a estas ideas orientales creen que en realidad el número de chakras es mucho mayor ya que (según ellos) existe un chakra en cada punto donde se cruzan dos o más canales energéticos, y éstos son innumerables.

[11] Un yogui es un practicante, generalmente avanzado, del yoga.

[12] En el marco del hinduismo, shakti o más correctamente, Śakti, designa a la «energía» de un deva (dios masculino hinduista), personificada como su esposa.

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REFLEXIÓN BÍBLICA

¡Se busca un nuevo David!

Por: Fernando E. Alvarado.

¿Qué tal si hablamos de algo diferente esta vez?… 

Todos conocemos la historia de David y Goliat, recogida en la Biblia. Incluso aquellos que jamás la han leído saben bien lo que significa: es la victoria del pequeño frente al grande, del débil frente al poderoso, un recuerdo de que aunque tengamos todo en nuestra contra, siempre habrá posibilidades de salir triunfante. Pero la historia de David y Goliat contiene algunos elementos que a menudo pasan desapercibidos. El texto bíblico nos narra que: “David era hijo de Isaí, un efrateo que vivía en Belén de Judá. En tiempos de Saúl, Isaí era ya de edad muy avanzada, y tenía ocho hijos. Sus tres hijos mayores habían marchado a la guerra con Saúl… David, que era el menor, solía ir adonde estaba Saúl, pero regresaba a Belén para cuidar las ovejas de su padre… Un día, Isaí le dijo a su hijo David: «Toma esta bolsa de trigo tostado y estos diez panes, y vete pronto al campamento para dárselos a tus hermanos. Lleva también estos diez quesos para el jefe del batallón. Averigua cómo les va a tus hermanos, y tráeme una prueba de que ellos están bien.” (1 Samuel 17:13-18, NVI). David cumplió con las instrucciones de Isaí. Se levantó muy de mañana y, después de encargarle el rebaño a un pastor, tomó las provisiones y se puso en camino. Llegó al campamento en el momento en que los soldados, lanzando gritos de guerra, salían a tomar sus posiciones. Los israelitas y los filisteos se alinearon frente a frente. David, por su parte, dejó su carga al cuidado del encargado de las provisiones, y corrió a las filas para saludar a sus hermanos. Mientras conversaban, Goliat, el gran guerrero filisteo de Gat, salió de entre las filas para repetir su desafío, y David lo oyó: «¿Para qué están ordenando sus filas para la batalla? ¿No soy yo un filisteo? ¿Y no están ustedes al servicio de Saúl? ¿Por qué no escogen a alguien que se me enfrente? Si es capaz de hacerme frente y matarme, nosotros les serviremos a ustedes; pero, si yo lo venzo y lo mato, ustedes serán nuestros esclavos y nos servirán». Dijo además el filisteo: «¡Yo desafío hoy al ejército de Israel! ¡Elijan a un hombre que pelee conmigo!» (1 Samuel 17:8-10, NVI).

Los soldados de su nación estaban paralizados, porque la sola presencia de aquel coloso les imponía pavor, cuanto más el reto que les había lanzado, consistente en que el resultado de la batalla se decidiría por el curso que tomara un duelo individual contra él. Pero ¿Quién podría dar la talla para este combate? Aquella imponente máquina de guerra, pertrechada hasta los dientes, no tenía par. Eso es precisamente lo que hacía que el otro ejército, el del coloso, se sintiera eufórico, dando por sentada la victoria, incluso antes de que el combate empezara. De hecho, todo hacía prever que no habría combate alguno, porque ¿Quién osaría tomar el reto que había sido lanzado? Pero he aquí, que, contra toda lógica, aquel muchacho, un sencillo pastor de ovejas, al escuchar las palabras del coloso dio por sentado que era vencible, residiendo su vulnerabilidad en que a quien había desafiado no era a un ejército cualquiera, sino al del Dios vivo. Es decir, frente a la noción de que allí estaban simplemente dos ejércitos convencionales, llevando uno toda la ventaja por tener el mejor combatiente que se pudiera pensar, noción que los de uno y otro ejército compartían, este muchacho tenía una noción totalmente diferente, consistente en que de los dos ejércitos uno llevaba toda la ventaja por tener el mejor jefe que se pudiera pensar, esto es, Dios mismo. Y como el desafío era en sí una provocación a Dios, el resultado del combate ya estaba decidido de antemano.

Sin embargo, precisamente esa inusual noción que el muchacho tenía, provocó tres palabras que tuvo que vencer, antes de acabar con el coloso. Es decir, antes de la batalla física experimentó tres ataques verbales, cuyo fin era que desistiera de la noble y verdadera idea de la que era portador:

(1.- LA PALABRA DE DESPRECIO: El primer ataque verbal vino de su propio hermano mayor, cuando le reclamó con enojo: ‘¿Para qué has descendido acá? ¿Y a quién has dejado aquellas pocas ovejas en el desierto?’ Era claramente una palabra de desprecio, proveniente de alguien muy cercano al muchacho y quien seguramente había sido toda una referencia para él. Era una palabra destructiva, porque la intención era destruir la firme resolución que tenía el muchacho de ir al combate: “Mírate a ti mismo. No eres nada y no vales nada”. Además, le dijo, ‘para ver la batalla has venido.’ Es decir, tu verdadera motivación es simplemente contemplar cómodamente lo que ocurre, acusándolo así de mala intencionalidad. Si el muchacho se hubiera enredado en una estéril discusión con su hermano mayor, habría salido perdedor, pero lo que hizo para vencer esta palabra de desprecio fue pasar por alto la afrenta, lo cual muestra su prudencia y sabiduría.

(2.- LA PALABRA DE NEGACIÓN: Pero todavía le aguardaba un segundo ataque verbal aquella mañana, que provino del rey de su nación, la figura más influyente que se pudiera pensar. Y la palabra que el rey le dio fue: ‘No podrás tú.’ Era una palabra de negación, una palabra que concordaba con lo que los sentidos decían. ¿Cómo un muchacho iba a poder con un coloso? ¿Cómo el inexperto podría con el experto? A todas luces la palabra de negación era abrumadora, por proceder de quien procedía y por los argumentos empleados. Pero el muchacho venció este segundo ataque verbal de una manera bien fundada, al apelar a su experiencia anterior y declarar que el mismo Dios que le dio entonces la victoria también se la daría ahora.

(3.- LA PALABRA DE DERROTA: Aún le esperaba el tercer ataque verbal, que salió de los labios del coloso, cuando le dijo: ‘Ven a mí y daré tu carne a las aves del cielo y a las bestias del campo.’ En otras palabras: Eres hombre muerto. Esta es la palabra de derrota, la sentencia que el enemigo pronuncia, un dardo mortal dirigido al mismo corazón del muchacho. Si cree esa palabra, efectivamente estará muerto. Pero lo que hizo fue confesar la victoria. Ahora bien, circula una enseñanza, que se ha hecho muy popular, según la cual lo que tenemos que hacer es confesar con nuestro labios lo positivo, porque dependiendo de lo que declaremos de palabra, así sucederá. Si declaramos cosas positivas, éstas ocurrirán; pero si declaramos cosas negativas, serán las que obtendremos. De tal modo, que son las palabras las que determinan los hechos. Esta enseñanza supone que las palabras por sí mismas tienen un poder especial. Pero cuando aquel día el muchacho declaró la palabra de victoria ante el coloso, no lo hizo pensando que sus palabras pronunciadas serían el medio de la victoria, sino que el Dios en quien creía, él sería el artífice de la victoria. Hay un abismo entre creer que son nuestras palabras sobre Dios las que dan la victoria y creer que es Dios quien la da.

LA FE: ÚNICA RESPUESTA VÁLIDA ANTE LAS PALABRAS DE DESPRECIO, NEGACIÓN Y DERROTA.
La certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve, que es la definición de fe, es lo que saturaba el corazón de aquel muchacho ante aquel coloso. La piedra que golpeó su frente y lo derribó fue perfectamente dirigida, porque esa fe, más allá de su pericia para manejar la honda, guió el proyectil al punto preciso. En resumen, aquella victoria memorable, que fue la catapulta de la brillante carrera de aquel muchacho, vino precedida por la victoria sobre la palabra de desprecio, sobre la palabra de negación y sobre la palabra de derrota. Toda una lección para los cristianos hoy en día.

Esa misma fe y ese mismo Dios, por medio de quién los antiguos héroes de la fe “conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros.” (Hebreos 11:33-34, NVI) sigue aún vigente y presente en nuestra época. El Dios de Israel es el mismo. La pregunta es: ¿Con cuántos ‘David’ cuenta el pueblo de Dios en nuestra época? ¿Eres uno de ellos? ¡Pues levántate y vence el desprecio, la negación y la derrota en el nombre de Jesús!

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: El Evangelio de la Prosperidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano. Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando en muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva». Pero no importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma.

La teología de prosperidad, a veces llamada evangelio de la prosperidad, es una creencia religiosa compartida por algunos cristianos, quienes sostienen que la bendición financiera y el bienestar físico son siempre la voluntad de Dios para con ellos, y que la fe, el discurso positivo y las donaciones a causas religiosas aumentarán la riqueza material propia. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

La doctrina enfatiza la importancia del empoderamiento personal y propone que es la voluntad de Dios que su pueblo sea feliz. La expiación (reconciliación con Dios) se interpreta para incluir el alivio de la enfermedad y la pobreza, los cuales se consideran maldiciones que se pueden romper por la fe. Se cree que esto se consigue a través de donaciones monetarias, visualización y confesión positiva. Durante el auge del movimiento conocido como Healing Revival, a fines de los años 1940 y durante la década de 1950, la teología de la prosperidad tuvo gran difusión en Estados Unidos, aunque algunos han asociado los orígenes de su teología al movimiento Nuevo Pensamiento, que empezó en el siglo XIX. Las enseñanzas de prosperidad ocuparon más tarde un lugar prominente en el movimiento Word of Faith y el tele-evangelismo de los años 1980. En las décadas de 1990 y 2000, influentes líderes del movimiento pentecostal y el movimiento carismático la adoptaron en los Estados Unidos y se ha propagado por varios otros países. Algunas figuras prominentes en su desarrollo son E. W. Kenyon, Oral Roberts, A. A. Allen, Robert Tilton, T. L. Osborn, Joel Osteen, Creflo Dollar, Kenneth Copeland, Cash Luna, Mike Murdoc, Reverendo Ike y Kenneth Hagin.

ORIGEN, DESARROLLO Y EXPANSIÓN DEL. EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD.

Si buscamos los orígenes de esta corriente teológica podremos encontrarlos en los Estados Unidos, donde la mayoría de los investigadores de la fenomenología religiosa estadounidense hacen remontar este movimiento al pastor neoyorkino Essek William Kenyon (1867-1948). Kenyon sostenía que a través del poder de la fe pueden modificarse las realidades materiales concretas. Pero la conclusión directa de esta convicción es que la fe puede llevar a la riqueza, a la salud y al bienestar, mientras que la falta de fe lleva a la pobreza, a la enfermedad y a la desdicha. Estas doctrinas se han asociado con el Positive Thinking, el «pensamiento positivo», y se han alimentado también en una medida importante de él. El Positive Thinking es expresión del denominado “American way of life” (modo de vida estadounidense). En tal sentido, se relacionan con la «posición excepcional» que Alexis de Tocqueville, en su célebre obra ‘La democracia en América’ (1831), atribuyó a los estadounidenses. Según este autor, en virtud de dicha excepcionalidad se ha de creer que ningún pueblo democrático llegará a encontrarse nunca en una posición semejante. Tocqueville llegó a afirmar que ese modo de vida plasma también la religión de los estadounidenses. Un impulso fundamental a estas ideas de «prosperidad evangélica» se dio con el denominado «movimiento de la fe», que tuvo como principal mentor al pastor y autoproclamado «profeta» Kenneth Hagin (1917-2003). Una de las características de Hagin eran visiones recurrentes que lo llevaban a dar una interpretación singular de algunos textos muy conocidos de la Biblia. Tal es el caso, por ejemplo, de Marcos 11:23-24: “En verdad os digo que si uno dice a este monte: “Quítate y arrójate al mar”, y no duda en su corazón, sino que cree en que sucederá lo que dice, lo obtendrá. Por eso os digo: Todo cuanto pidáis en la oración, creed que os lo han concedido y lo obtendréis». Estos dos versículos son para Hagin pilares de la «teología de la prosperidad.”

Según afirma, la fe milagrosa, para traducirse en obras, debe ser sin incertidumbres, especialmente en las cosas imposibles: debe declarar específicamente el milagro y creer que se lo obtendrá de la manera imaginada. Hagin enfatizó también otro aspecto: que el milagro deseado se considere como ya sucedido. Es decir, se debe desplazar su realización del futuro al pasado. Tanto Kenyon como Hagin comprendieron que la comunicación de masas era un instrumento fundamental para la rápida difusión de sus enseñanzas. El primero se sirvió de su show personal «Kenyon’s Church of the Air» [«La Iglesia del aire de Kenyon»], y el segundo, del programa «Faith Seminar of the Air» [«El seminario de fe del aire»]. Pero ellos no fueron los únicos. Hay algunos predicadores que pueden citarse como continuadores de las teologías de Kenyon y Hagin y de su estrategia de comunicación. El primero de ellos es Kenneth Copland, que fue «ungido» por el mismo Hagin como sucesor suyo, con su programa televisivo «Believer’s Voice of Victory» [«La voz de victoria del creyente»], que ha difundido en gran parte del mundo estas doctrinas. Del mismo modo, Norman Vincent Peale (1889-1993), pastor de la Marble Collegiate Church de Nueva York, alcanzó popularidad con sus libros con títulos elocuentes en su significado: “El poder del pensamiento positivo”; “Cambia tus pensamientos y cambiará todo”; “Guía para una vida apacible” . Peale fue un predicador exitoso, y llegó a mezclar marketing y predicación.

En los Estados Unidos millones de personas frecuentan asiduamente «megaiglesias» que difunden estas teologías de la prosperidad. Los predicadores, profetas y apóstoles enrolados en evangelio diferente han ocupado espacios cada vez más importantes en los medios de comunicación de masas, han publicado una enorme cantidad de libros que se han convertido rápidamente en superventas y han pronunciado conferencias que muy a menudo llegan a millones de personas a través de todos los medios disponibles de Internet y de las redes sociales. Nombres como Oral Roberts, Pat Robertson, Benny Hinn, Robert Tilton, Joel Osteen, Joyce Meyer y otros han acrecentado su popularidad y riqueza profundizando, enfatizando y extremando este evangelio.

El «evangelio de la prosperidad» (Prosperity Gospel) ha ido difundiéndose no solamente en los Estados Unidos, donde nació, sino también en África, especialmente en Nigeria, Kenia, Uganda y Sudáfrica, de la mano de pastores como Robert Kayanja, quien desarrolló también un vasto movimiento muy presente en los medios de comunicación de masas. Pero el «evangelio de la prosperidad» ha tenido también un notable impacto en Asia, sobre todo en India y Corea del Sur. En este último país hubo en los años ochenta un fuerte movimiento autóctono vinculado a esta corriente teológica, promovido por el pastor Paul Yonggi Cho. Este predicó una «teología de la cuarta dimensión», según la cual los creyentes, mediante el desarrollo de visiones y sueños, iban a poder llegar a controlar la realidad, obteniendo casi todo tipo de prosperidad inmanente. Se observa también un arraigo en la República Popular China gracias a las «Iglesias de Wenzhou». Wenzhou es un gran puerto oriental en la provincia de Zhejiang, en cuya zona han ido apareciendo grandes cruces rojas en cada vez más edificios. Tales cruces suelen indicar la presencia de una «Iglesia de Wenzhou», una comunidad creada por varios empresarios locales y vinculada al movimiento de la «teología de la prosperidad».

En América Latina la difusión y la propagación de esta teología se dio de manera exponencial, y ello desde 1980, aunque también pueden encontrarse raíces de este proceso entre los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. Este fenómeno religioso se traduce desde el punto de vista mediático en el uso de la televisión por parte de figuras muy carismáticas de algunos pastores, que lanzan un mensaje simple y directo montado en torno a un espectáculo de música, testimonios y una lectura distorsionada de la Biblia. Si consideramos América Central, Guatemala y Costa Rica se han convertido probablemente en los dos bastiones principales de esta corriente religiosa. En Guatemala ha sido determinante la presencia del líder carismático Carlos Enrique Luna Arango, llamado «Cash Luna». Costa Rica es también un bastión del evangelio de la prosperidad, al ser la sede del canal de televisión satelital TBN-Enlace, un medio de comunicación al servicio de este movimiento herético. En América del Sur la difusión más significativa se dio en Colombia, Chile y Argentina, pero no cabe duda de que Brasil merece una consideración especial, porque posee una dinámica propia y un movimiento pentecostal autóctono como la «Iglesia Universal del Reino de Dios». Este grupo, denominado también «Pare de sufrir», tiene ramificaciones en toda América Latina. Basta analizar el anuncio de la «Iglesia Universal» brasileña para encontrar en ella un fuerte mensaje de prosperidad y bienestar ligado a la frecuentación personal de sus templos con el fin de recibir múltiples beneficios.

Lo que resulta absolutamente claro es que el poder económico, mediático y político de estos grupos, a los que podemos definir genéricamente como «evangélicos del sueño estadounidense», los hace mucho más visibles que el resto de las Iglesias evangélicas, también que las de la línea pentecostal clásica. Además, su crecimiento es exponencial y directamente proporcional a los beneficios económicos, físicos y espirituales que prometen a sus seguidores: bendiciones todas que están muy lejos de las enseñanzas de una vida de conversión propia de los movimientos evangélicos tradicionales. Estos movimientos han recibido no pocas críticas. Muchos sectores evangélicos tanto tradicionales como más recientes, han criticado duramente esos movimientos, llegando a denominar lo que proclaman como «un evangelio diferente».

ERRORES TEOLÓGICOS DEL EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

El Evangelio de la Prosperidad, que no es más que un falso Evangelio, ha sido duramente criticado por los líderes de varias denominaciones cristianas, aun dentro del mismo movimiento pentecostal y carismático, pues sostienen que es irresponsable, promueve la idolatría y es contraria a la Escritura. Basta con analizar 5 de los principales postulados de este “Evangelio Diferente” para darnos cuenta que las críticas que se le hacen son justificadas:

(1. EL PACTO ABRAHÁMICO ES UN MEDIO PARA EL DERECHO MATERIAL.

El primer error del evangelio de la prosperidad es ver el Pacto Abrahámico como un medio para el derecho material. El pacto Abrahámico (Génesis 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación de este.

De acuerdo con el Evangelio de la Prosperidad, los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe. Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales. En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras. Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, cada creyente tiene que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece y reclamarla. Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: “Mediante Cristo Jesús, Dios bendijo a los gentiles con la misma bendición que le prometió a Abraham…” (Nueva Traducción Viviente). Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: “a fin de que los creyentes pudiéramos recibir por medio de la fe al Espíritu Santo prometido.” En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

Jesús advirtió a los suyos respecto al peligro de ser dominados por el afán, la codicia y la avaricia. Y les dijo: “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee” (Lucas 12.15–16). Jesús señaló que el objetivo primordial de los creyentes debe centrarse en buscar primeramente el Reino de Dios y Su justicia, y todo lo demás vendría por añadidura (Mateo 6:19-21, 33). A un grupo de personas que lo habían visto hacer milagros y que desesperadamente lo andaban buscando del otro lado del Mar de Galilea, Jesús les descubrió sus intenciones y de forma tajante les dijo: “De cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará” (Juan 6:26–28). Estas personas habían visto en Jesús al Rey del Pan terrenal, pero no al “Pan de Vida” enviado de Dios. Lo miraban como el suplidor de las necesidades básicas temporales, pero no tenían ningún interés en saciar el hambre espiritual. En lugar de ser movidos a una mayor entrega a Dios o a seguir al Señor, ahora pretendían usar a Jesús para satisfacer sus necesidades físicas y temporales.

Deplorablemente la poca enseñanza teológica existente, o la baja calidad de la enseñanza bíblica en las congregaciones cristianas, abonan el terreno para que los engañadores persuadan con sus estratagemas a los incautos: “Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme (2 Pedro 2.1–3). Jesús dijo que no se puede servir a Dios y a Mammón: “Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o se llegará al uno y menospreciará al otro: no podéis servir a Dios y a Mammón” (Mateo 6:24; RV1909).

El espíritu materialista de Mammón, el dios del dinero (Mateo 6:24; 1 Timoteo 6:10), disfrazado de “Prosperidad divina” y la avidez por tener más y más a cualquier precio, se han apoderado en gran parte de la agenda de muchos ministros del Evangelio hoy en día. Estos ministros se han olvidado de que fueron llamados a vivir por fe, no por vista (2 Corintios 4:18, 5:7); a andar en el Espíritu, no en la carne (Gálatas 5:16); a buscar las cosas de arriba, no las de la tierra (Colosenses 3:1-3); a no distraerse en lo terrenal (Filipenses 3:18-19); a servir a Dios y no a las riquezas (Mateo 6:24; Lucas 12:21); a predicar el Evangelio gratuitamente (Mateo 10:8; 1 Corintios 9:18; 2 Corintios 11:7); y a estar contentos con lo que Dios les ha dado, no monopolizando la religión como un medio para obtener ganancias (1 Timoteo 6:3-10).

(2. LA EXPIACIÓN DE JESÚS SE EXTIENDE HASTA EL «PECADO» DE LA POBREZA MATERIAL.

Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación. El evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación. Para los maestros de la prosperidad el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario. Por ende, nuestra bendición material está garantizada.

Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad. En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, algunos de los maestros de la prosperidad han caído en el absurdo de suponer que Jesús tenía una casa bonita, una casa grande, manejaba mucho dinero e incluso vestía ropas de diseñador (John Avanzini, “Believer’s Voice of Victory,” programa transmitido en TBN, 20 de enero 1991. Citado en Hank Hanegraaff, Christianity in Crisis; Eugene, OR: Harvest House, 1993, pp. 381). Esa visión deformada de la vida de Cristo lleva a los maestros de la prosperidad a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo, basado en una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos”. Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo: “Para que, en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos”. (2 Corintios. 8:14).

Desde la perspectiva bíblica la prosperidad financiera, al igual que la salud física, es algo deseable, pero no se constituye en un fin en sí mismo y tampoco en la meta suprema del cristiano, como lo afirma el apóstol Juan: “Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma” (3 Juan 2). La prosperidad espiritual debe ser la sólida base sobre la que corresponde cimentar cualquier otro tipo de prosperidad entre los cristianos. La Nueva Versión Internacional aclara más el sentido de este texto al apuntar: “Querido hermano, oro para que te vaya bien en todos tus asuntos y goces de buena salud, así como prosperas espiritualmente” (3 Juan 2, NVI). Una prosperidad financiera sin los fundamentos de la prosperidad espiritual, en términos estrictamente bíblicos, no sirve absolutamente para nada. En palabras del Señor Jesús, sería como edificar una casa sobre la arena movediza y no sobre la roca fuerte. Es construir sobre las arenas de las volatilidades cambiarias, de los fenómenos bursátiles, y de la falsa sensación de seguridad que dan las riquezas (Mateo 7:24-27). Tal prosperidad sería totalmente destructiva y conduciría, no solo a alimentar el espíritu de la avaricia entre los cristianos, sino también, a que estos pongan su mira y su confianza exclusivamente en las cosas de este mundo, olvidándose de la gloriosa esperanza eterna. El apóstol Pablo enseñó que los verdaderos creyentes deben concentrar su atención en las cosas de arriba, no en las de la tierra (Colosenses 3:1–2).

  1. LOS CRISTIANOS DAN PARA OBTENER COMPENSACIÓN MATERIAL DE DIOS.

Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente; sin embargo, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es lo que se conoce como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30, los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor. Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lucas 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

Mientras por un lado emergen creyentes que motivados por un sentimiento honroso de generosidad son capaces de quedarse absolutamente sin nada en su haber con tal de darlo para el progreso de la Iglesia, existen, asimismo, ministros codiciosos, oportunistas, “cuyo dios es su vientre y cuya gloria es su vergüenza”, porque “sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:19). Los proponentes del Evangelio de la Prosperidad siembran en la mente de los oyentes, la falsa idea, de que, si no eres próspero económicamente, es porque estas bajo maldición o eres parte de algún tipo de juicio divino (Para un estudio más profundo sobre las maldiciones véase: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/09/distorsionando-la-fe-pentecostal-las-maldiciones-generacionales/).

Los predicadores de la prosperidad priorizan el asunto del dinero como lo más importante en el contexto de las bendiciones de Dios para Su pueblo. Además, con su valoración persistente de las riquezas terrenales demuestran que su confianza y esperanza están enfocadas exclusivamente en esta vida efímera y pasajera y no en la expectativa de la gloriosa vida eterna. Con reiteración recurren al pasaje bíblico que habla de la viuda de Sarepta y el profeta Elías (1 Reyes 17:8-24). Insisten en que a esta viuda por mucho tiempo no se le agotó el aceite debido a que le dio de su comida a Elías primero. El énfasis aquí es que, si das mucho dinero a la obra, tus finanzas siempre se estarán multiplicando, lo cual es una gran falacia, porque en el caso de la viuda de Sarepta, hubo un trato directo por parte de Dios. Fue una situación particular en que Dios obró de forma soberana y providencial para suplir las necesidades del profeta Elías y no puede interpretarse como que siempre Dios actuará de la misma forma con todos sus siervos. Dios es muy creativo y multifacético en su modus operandi. Esto queda comprobado al observar que, en medio de aquella crisis, ya con anterioridad, el profeta Elías, había sido alimentado milagrosamente por unos cuervos (1 Reyes 17:2-6). Si bien esta historia puede llevarnos a la reflexión para conocer algunos de los tratos de Dios con sus hijos, es evidente que no se puede violentar la interpretación de los textos, intentando aplicarla a nuestro tiempo en todo su rigor, y menos en relación con el tema del dinero. De hecho, con el trascurrir del tiempo, los líderes religiosos de Israel ya habían tergiversado esta historia y con frecuencia visitaban a las viudas para explotarlas económicamente. Por lo mismo, en su época, Jesús los reprendió con bastante firmeza al decirles: “¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque devoráis las casas de las viudas” (Mateo 23:14; 12:40).

Los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad enseñan a la gente que quien no aporte dinero a sus ministerios, no será prosperado, ni en ninguna manera bendecido por Dios. De esa manera astuta y siniestra, condicionan psicológicamente las conciencias de las personas para que se predispongan a ofrendar. Para empeorar las cosas, el estilo de vida ostentoso y de despilfarro de algunos ministros que promueven el Evangelio de la Prosperidad es un grosero insulto a Aquel humilde carpintero de Nazaret que no tenía ni siquiera donde recostar su cabeza (Mateo 8:20; Lucas 16:13). Estos ministros corruptos, han leudado el verdadero Evangelio, introduciéndole la levadura de su interpretación unipersonal, completamente descontextualizada del tenor general de las Escrituras.

Otra de las infaustas prácticas comunes que tienen estos postulantes del Evangelio de la Prosperidad, es hacerle creer a la gente que pueden utilizar su dinero para establecer pactos con Dios. Cabe señalar, que esta es otra burda falacia, porque, aunque si bien es cierto que la Biblia habla de pactos, esos pactos no tienen que ver, en lo absoluto, con dinero (Para un estudio más profundo visita: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/16/herejias-destructoras-las-maratonicas-y-el-pactar-con-dios-a-traves-del-dinero/).

Un pasaje que con regularidad esgrimen los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad, es cuando Jacob hizo voto a Dios en su camino hacia Padan-Aram. Ellos dicen que Jacob hizo un pacto con Dios relacionado con el dinero, lo cual es una tremenda distorsión del sentido de la verdad escrituraria. El pasaje clarísimamente señala que lo que Jacob hizo fue un voto y no un pacto. Fue una promesa “Luego Jacob hizo esta promesa: «Si Dios me acompaña y me protege en este viaje que estoy haciendo, y si me da alimento y ropa para vestirme, y si regreso sano y salvo a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios. Y esta piedra que yo erigí como pilar será casa de Dios, y de todo lo que Dios me dé, le daré la décima parte»”. (Génesis 28:20-22, NVI)

Con bastante asiduidad los postulantes de la Prosperidad hablan de la siembra de dinero. El texto favorito que emplean es: “Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará” (2 Corintios 9:6, NVI). Se trata de una metáfora de la siembra y la cosecha que el apóstol Pablo utiliza, para enseñar sobre la generosidad del creyente a la hora de dar. Es evidente que hay bendiciones que Dios reparte por motivos de un corazón que actúa de manera magnánima con Su obra. El cuidado que se debe tener, no obstante, es el de no resaltar extremadamente la verdad contenida en el texto con la intención de sacar ventaja personal explotando la economía de otros. Insistir de forma pertinaz en interpretar un texto en detrimento de su contexto es una forma de herejía. El siguiente versículo remarca que: “Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría” (2 Corintios 9:6, NVI). Derivar de este versículo (como lo hacen los ministros mercaderes, corruptos) que se pueda sembrar semillas de dinero para que Dios nos sane a un hijo, nos provea de un buen trabajo, multiplique nuestras finanzas, o algo por el estilo, es sencillamente, una soberbia ignorancia y una temeraria violación de la hermenéutica bíblica. La repulsiva falsedad de la “Doctrina de la Prosperidad”, está en el intento de sus proponentes de insertar en la mente de los cristianos, la avariciosa idea de que Dios quiere que sus hijos se inunden de dinero. Es una exégesis totalmente torcida de algunos textos de la Biblia. Imaginémonos a Dios, prosperando económicamente a cristianos llenos de egoísmo con su prójimo. Imaginémonos a Un Dios que, en vez de regenerar el corazón humano, decide en cambio bañarlo en dólares. El enfoque de la “Doctrina de la Prosperidad”, está dirigido a sobrestimar la riqueza material en menosprecio de la riqueza espiritual. Mucho énfasis en los designios del corazón humano y poco énfasis en la santidad y mandamientos de Dios. Muchos sueños de hombres y poco anhelo por la verdad de Dios. Mucho énfasis en lo temporal y poco en lo que realmente es eterno.

  1. LA FE ES UNA FUERZA ESPIRITUAL AUTOGENERADA QUE CONDUCE A LA PROSPERIDAD.

Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual autogenerada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro The Laws of Prosperity, Kenneth Copeland, escribe: “La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen” (Kenneth Copeland, The Laws of Prosperity; Fort Worth, TX: Kenneth Copeland Publications, 1974, pp. 19). Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

Para un estudio más amplio sobre los errores de la confesión positiva, la doctrina de arrebatar y otros conceptos distorsionados acerca de la fe, visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/13/herejias-destructoras-ensena-la-biblia-que-debemos-arrebatarle-cosas-al-diablo/ y: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/10/distorsionando-la-fe-pentecostal-la-confesion-positiva/

  1. LA ORACIÓN ES UNA HERRAMIENTA PARA FORZAR A DIOS A CONCEDER PROSPERIDAD.

El evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que “no tenéis lo que deseáis, porque no pedís” (Santiago 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. Creflo Dollar, otro maestro de este falso evangelio escribe: “Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano” (Creflo Dollar, “Prayer: Your Path to Success,” March 2, 2009, http://www.creflodollarministries.org/BibleStudy/Articles.aspx?id=329).

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos. Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre, no Dios, se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: “Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites” (Santiago 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre. Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Filipenses 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la súper fe (o confesión positiva) de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran, lo cual es una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Dios es reducido a una especie de “sirviente cósmico” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación. Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

CONCLUSIÓN.

Los Apóstoles tuvieron sumo cuidado de no caer en la trampa del dinero. El libro de los Hechos relata un caso en que un mago judío, recién convertido a la fe, llamado Simón, quiso a los apóstoles ofreciéndoles dinero a cambio de la adquisición de poderes espirituales. El pasaje dice: “Al ver Simón que mediante la imposición de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu Santo, les ofreció dinero y les pidió: —Denme también a mí ese poder, para que todos a quienes yo les imponga las manos reciban el Espíritu Santo. La respuesta que este individuo recibió ante semejante oferta fue contundente: “—¡Que tu dinero perezca contigo—le contestó Pedro—, porque intentaste comprar el don de Dios con dinero! No tienes arte ni parte en este asunto, porque no eres íntegro delante de Dios. Por eso, arrepiéntete de tu maldad y ruega al Señor. Tal vez te perdone el haber tenido esa mala intención. Veo que vas camino a la amargura y a la esclavitud del pecado” (Hechos 8:18–23). Pedro aquí, muestra un hermoso ejemplo, de cómo debe comportarse un verdadero ministro de Jesucristo ante las ofertas relacionadas con el dinero. Su integridad y ética ministerial quedan trasparentadas al reprender con autoridad y celo de Dios a Simón el mago, dejándolo avergonzado por semejante extorsión y dándole una lección inolvidable.

En otra ocasión se menciona que cuando Pedro y Juan iban a la oración, en una de las puertas del templo estaba sentado un hombre cojo que les pidió dinero. En ese momento Pedro no traía dinero para poder darle a aquel hombre. Aquí se menciona a un apóstol sin dinero. De acuerdo con lo que enseñan los proponentes de la Doctrina de la Prosperidad Pedro tendría que estar bajo maldición por no tener dinero. El en ninguna manera se avergonzó por no tener dinero. Para este siervo de Jesucristo el dinero no era lo más importante. Tenía la verdadera riqueza, la que los ministros de la Prosperidad menosprecian, la riqueza de tener morando en él al mismo Señor Jesucristo: ” —No tengo plata ni oro—declaró Pedro—, pero lo que tengo te doy. En el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda” (Hechos 3:6).

Por su parte el apóstol Pablo, advirtió de los graves peligros asociados con las ambiciones materiales y la codicia por el dinero: “Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto. Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores” (1 Timoteo 6:9-10). La preocupación principal de Pablo siempre fue la vida espiritual de los creyentes, oró para que estos alcanzaran crecimiento y madurez en la comunión con su Salvador. Cuando se reunió con los ancianos de la Iglesia de Éfeso, después de darles algunos consejos y orar por ellos, Pablo les recordó a estos líderes respecto a su integridad ministerial en cuanto al dinero, les señaló: “No he codiciado ni la plata ni el oro ni la ropa de nadie. Ustedes mismos saben bien que estas manos se han ocupado de mis propias necesidades y de las de mis compañeros” (Hechos 20:33–34). El mismo Apóstol agrega en otro pasaje: “Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal” (Filipenses 3:18–19). Son: “Hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Timoteo 6.5–6).

El escritor de la Epístola a los Hebreos también aconseja: “Manténganse libres del amor al dinero, y conténtense con lo que tienen, porque Dios ha dicho: «Nunca te dejaré; jamás te abandonaré.»” (Hebreos 13:5I). Muchos siervos de Dios han sido atrapados por los tentáculos de las riquezas temporales, aun sabiendo que son ilusorias, fugaces y perecederas (Proverbios 23:4–5). Han vendido su primogenitura por un plato de lentejas. Han descuidado su vida espiritual, distrayéndose en perseguir con avidez, las ofertas temporales de este mundo. Han cambiado el mensaje de la verdad por el de la falsedad. Están distraídos y entretenidos, capitalizando oscuros y sospechados negocios con Mammón, el dios de las riquezas. Se han olvidado de ocuparse en los verdaderos negocios a los que fueron llamados. Aquellos que Jesús dijo: “en los negocios de mi Padre me conviene estar” (Lucas 2:49).  Las palabras de exhortación del apóstol Pedro dirigidas a los pastores deben ser bien recibidas: “Cuiden como pastores el rebaño de Dios que está a su cargo, no por obligación ni por ambición de dinero, sino con afán de servir, como Dios quiere” (1 Pedro 5:2, NVI).

Al ministro de la Iglesia de Laodicea que se sentía muy seguro en sus riquezas terrenales, el Señor le dio una fuerte reprensión. Jesús se valió de términos bastante enérgicos contra aquel siervo, ya que es indiscutible que la comodidad de las riquezas terrenales lo había convertido en un ministro vano y soberbio. Estaba orgulloso de su estatus y de sus muchas posesiones, pero internamente se encontraba vacío. Había perdido la unción, la espiritualidad, y lo más sublime y valioso para un ministro verdadero, la intimidad con Dios. Que terrible será aquel día para algunos ministros que una vez comenzaron bien en la obra de Dios, pero poco a poco, fueron siendo absorbidos por el engaño de las riquezas, a tal grado que ahora tienen comodidades materiales, fama y gloria humanas, pero el respaldo de Dios ya no está con ellos. “Dices: Soy rico; me he enriquecido y no me hace falta nada”; pero no te das cuenta de que el infeliz y miserable, el pobre, ciego y desnudo eres tú. Por eso te aconsejo que de mí compres oro refinado por el fuego, para que te hagas rico; ropas blancas para que te vistas y cubras tu vergonzosa desnudez; y colirio para que te lo pongas en los ojos y recobres la vista” (Apocalipsis 3:17–18).

Ahora bien, conviene señalar, que el pueblo de Dios tiene el deber de sostener económicamente a sus pastores: “Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario” (1 Timoteo 5:18). Los pastores, por su parte, deben, cada día, aumentar sus conocimientos de la Palabra de Dios y enseñar la Verdad al pueblo que Él ha puesto bajo su cuidado; a fin de que no sean engañados por estos falsos profetas que desfilan en la arena pública trayendo una Biblia, pero por sus frutos es incuestionable que son predicadores de sus propios intereses y no conocen a Dios. Debe existir un perfecto equilibrio en relación con las posesiones materiales. Si bien es cierto que Dios quiere bendecirnos en todas las cosas. Lamentablemente existe la tendencia, entre muchos cristianos, de priorizar y valorar desmedidamente las pertenencias de este mundo. Los ejemplos de Lot, y Balaán en el Antiguo Testamento, deberían ser más que suficientes para apercibirnos respecto a que una vida con posesiones materiales, pero vacía de lo espiritual, se encamina irremediablemente a la autodestrucción.

Desde la perspectiva bíblica y teológica es pertinente y moralmente obligatorio, presentar una apología de la fe y la verdad de Dios, descubriendo y corrigiendo cualquier error en materia de doctrina que se suscite dentro del conglomerado evangélico. La teología de la prosperidad debe ser denunciada como la herejía que es.

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Herejías Destructoras: Arrebatarle cosas al diablo.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Vivimos en una época de modas religiosas y herejías al por mayor. Algunas se materializan en la formación de nuevas sectas y movimientos heréticos, otras se infiltran dentro de iglesias consideradas sanas, pero con cimientos poco profundos en la Palabra de Dios. Dentro de muchas iglesias evangélicas, principalmente en muchas de nuestras iglesias pentecostales y en aquellas de tipo carismático, existe la enseñanza de decretar y declarar cosas en el nombre de Dios, y de “arrebatar cosas que el diablo nos quitó.” Esta enseñanza o práctica, como muchas otras que abundan en la actualidad, no se encuentra en las Sagradas Escrituras. Dicha práctica nunca ha sido parte del cristianismo sano y bíblico. Los primeros cristianos jamás lo practicaron. Tal enseñanza, abunda en muchas iglesias debido al poco interés por estudiar la Palabra y muchos cristianos profesantes están siendo arrastrados y engañados por tal herejía.

Los cristianos no debemos “arrebatarle” cosas al diablo, ya que en ninguna parte de la Biblia se nos ordena hablar o discutir con él. La Biblia nos enseña: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros.” (Santiago 4:7). Sin embargo, muchos cristianos le han asignado a Satanás un papel y un poder mucho mayor del que la Biblia le asigna. Esto les lleva a vivir decretando y declarando cosas, culpando a Satanás de todos sus males, accidentes, necesidades, enfermedades y pecados, como si el diablo fuera omnipotente u omnipresente, o como si pudiera sobrepasar el permiso y la soberanía divina. Muchos equivocadamente piensan que el diablo les ha robado cosas que Dios les ha dado, y que tienen que luchar espiritualmente para recuperarlo. Pero, en la Biblia, vemos a Job que lo perdió todo, pero él no desperdició su tiempo pidiéndole al diablo que le devolviera lo que le quitó. Es más, Job nunca supo de la discusión entre Dios y Satanás, y al final del libro de Job, en el capítulo 42, vemos que Job fue restaurado con el doble de lo que tenía antes. Y el que restauro a Job fue Dios y no el diablo: “Y quitó Jehová la aflicción de Job, cuando él hubo orado por sus amigos; y aumentó al doble todas las cosas que habían sido de Job.” (Job 42:10). Job buscó a el rostro de Dios, y fue su Dios quien le restauró. No Satanás.

ENSEÑANDO HEREJÍAS A TRAVÉS DE CANCIONES.

La cantante Nancy Amancio ha hecho muy popular su canción “Arrebato”. En esta canción antibíblica ella dice que le ha de arrebatar una serie de cosas de las garras al diablo, cosas que supuestamente el diablo le robó. Debería ser obvio para un cristiano bien instruido en la Palabra de que esta canción está teológicamente errada. A parte de eso, es necesario notar que el objeto de la canción no es Dios sino el diablo. Nancy Amancio, ya sea por ignorancia o a propósito, le está cantando al diablo. Ella no lo menciona por nombre, pero es indudable que la canción está dirigida a él. Es muy triste pero cierto que esta canción es un testimonio vivo de lo que muchos cristianos creen y practican hoy día.

Muchos cristianos tienen la idea de ellos tienen que estar constantemente quitándole o arrebatándole cosas de las manos del diablo que le pertenecen a ellos; cosas que supuestamente deberían estar en las manos de ellos, pero por alguna razón inexplicable están en las manos de Satanás. Eso no es así. Para poder entender la razón por la cual este concepto de “arrebatarle cosas al diablo” está errado, tenemos que comenzar primeramente entendiendo cual es la posición de uno que es nueva criatura en Cristo Jesús; ya que es precisamente una falta de comprensión de quienes somos en Cristo lo que lleva a muchos cristianos a caer en errores tales como este. Consideremos unos textos escritos por Pablo en su carta a los Colosenses.

Colosenses 1:12-14 dice: “Con gozo dando gracias al Padre que nos hizo aptos para participar de la herencia de los santos en luz; el cual nos ha librado de la potestad de las tinieblas, y trasladado al reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados.” Esta porción bíblica es muy clave e importante a la hora de entender quiénes somos en Cristo Jesús. Aquí el apóstol Pablo habla de cuatro cosas que Dios hizo por nosotros; y las mismas revelan cual es nuestra posición y nos enseñan por qué es que no tenemos que estar arrebatándole nada al diablo de las manos:

  1. Primeramente, Pablo habla de que hemos sido hechos aptos. La palabra “aptos” también podría traducirse como “hacer suficiente”, “hacer capaz” o “cualificar”. Debido a nuestra condición de pecado, nosotros no llenábamos las cualificaciones y no éramos capaces de participar de la herencia que Dios tiene guardada para los santos en gloria. Mas Dios en su absoluta y soberana Gracia nos hizo aptos, o sea nos dio (a través de Jesús) las cualificaciones necesarias para ahora poder tener la esperanza de una herencia eterna y perfecta. Referente a esta herencia el apóstol Pedro nos dice (1 Pedro 1:4) que la misma es “herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible” y que la misma esta “reservada en los cielos” para nosotros. Cuando Nancy Amancio le dice al diablo que le “arrebata los tesoros de los cielos” está diciendo una falsedad, ya que los tesoros de los cielos no le pertenecen al diablo. Esos le pertenecen a Dios, quien reina en los cielos, y a Él le ha placido hacernos sus herederos. Además, los tesoros de los cielos poco tienen que ver con lujos, prosperidad material, riqueza terrenal o incluso una salud perfecta en la tierra (Mateo 6:19-21). Esas son meras añadiduras.
  2. Segundo, Pablo en Colosenses 1:13 dice que Dios “nos ha librado de la potestad de las tinieblas”. Cuando estábamos en nuestros delitos y pecados, muertos, y ciegos sin poder ver la luz de Cristo, estábamos bajo el poder del maligno; habitábamos en completa tiniebla en donde Satanás hacía con nosotros como él quería y estábamos “cautivos a la voluntad de él.” (2 Timoteo 2:2). No solamente estábamos bajo la potestad de las tinieblas, sino que nosotros mismos éramos tinieblas tal como dice Pablo en Efesios 5:8. Mas ahora en Cristo hemos sido librados de tal potestad. Dios rompió todas las cadenas que ataban nuestra alma y nos sacó del dominio del diablo. Podemos decir como dijo David: “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” (Salmo 40:2)
  3. Tercero, el Apóstol nos dice que también fuimos trasladados al reino de Jesús. Debido a que nosotros vivimos en una sociedad democrática, no tenemos el conocimiento o el entendimiento de lo que es vivir bajo el dominio de un rey. En los tiempos antiguos, los reyes tenían un poder absoluto sobre la vida de todos sus súbditos. Lo que el rey decía era ley y tenía que ser obedecido. A la misma vez, el rey tenía la responsabilidad y la obligación de proteger a su gente en contra de los ataques de los enemigos. Ahora, nosotros hemos sido trasladados al reino hermoso y glorioso de Jesús, el Rey Supremo. Jesús es nuestro Rey por lo que demanda obediencia y completa sumisión de nuestra parte, pero como Rey él es también nuestro protector y guardador. Jesús no es un Rey déspota como lo eran muchos de los reyes de la antigüedad. Él es un rey amoroso, misericordioso, y bondadoso; Él nos ama con un amor infinito.
  4. Por último, Pablo dice que hemos sido redimidos (Colosenses 1:14) por la sangre de Jesús. Así como en conformidad a la antigua ley de Israel, la vida que estaba condenada y destinada a la muerte podía ser liberada por un precio (Éxodo 21:30), de la misma forma también nuestra vida, perdida a causa del pecado, fue rescatada por el derramamiento de la sangre de Cristo (Efesios 1:7). El ser redimido conlleva el que se haya pagado un precio por nosotros. En la cruz y con Su sangre Cristo nos redimió, o sea nos compró, y ahora somos propiedad suya (1 Corintios 6:20).

Cuando consideramos todo esto podemos llegar a la conclusión de que nosotros no tenemos razón ninguna para estar arrebatándole cosas al diablo, ya que Dios nos hizo aptos para participar de una herencia reservada por el poder de Dios en el Cielo, nos libró de la potestad del maligno, nos trajo a morar en el reino de su Hijo Amado, y nos compró con la sangre de Su Hijo, haciéndonos propiedad suya no solo por virtud de creación sino también por virtud de redención. Es inconcebible entonces que uno que ha recibido todas estas bendiciones de parte de Dios, se la pase diciéndole al diablo que le arrebata esto o aquello. Todo lo que somos y todo lo que tenemos esta en Cristo Jesús, Él es nuestro todo.

HEREJÍAS QUE BUSCAN ROBARLE LA GLORIA A CRISTO.

Muchas personas dicen que ellos le arrebatan al diablo su familia, su empleo, su casa, sus finanzas y un sinnúmero de cosas acerca de arrebatar. Ahora bien, ¿Que significa la palabra arrebatar? Arrebatar es quitar o tomar algo con violencia. Entonces estaríamos diciendo que cuando hablamos de arrebatar estamos diciendo que quitaremos o tomaremos algo por violencia a una persona, en este caso el diablo. Pero ¿Qué es aquello que tenemos que quitarle por la fuerza a Satanás? ¿Qué nos dice la Biblia acerca de esto? La Biblia nos enseña: “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados, anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola de en medio y clavándola en la cruz, y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz.” (Colosenses 2:13-15).

Al morir en la cruz, Jesús anuló el acta de los decretos, el venció en la cruz a todo principado. En la cruz él nos dio salvación, vida, y todo aquello que necesitamos, de manera tal que no tenemos nada que arrebatarle a Satanás. Cristo, con su preciosa sangre, anuló todo aquello que no estaba a nuestro favor, Él anuló todo aquello que nos descalificaba para ser hijos de Dios. La Biblia nos enseña que Jesús es Dios sobre todo y que Él está sobre todo principado y potestad: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia; por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él.” (Colosenses 1:15-22).

En Jesús habita toda la plenitud de la deidad. Él es soberano y ejerce su voluntad sobre todo principado y potestad. Él ha ganado la batalla por nosotros triunfando sobre el mismo diablo en la cruz del Calvario. Por tal razón, no es bíblico arrebatar, pues no tenemos nada que arrebatar, todo fue comprado a precio de sangre en la cruz por nuestro amado Salvador Jesucristo. Al pretender ser nosotros los héroes de la guerra espiritual estamos, de hecho, robándole la gloria a Cristo. Es él. Y no nosotros, quien venció al diablo de una vez y para siempre.

HEREJÍAS QUE PERVIERTEN LA PALABRA DE DIOS.

En toda la Escritura nunca hallaremos a un creyente “arrebatando” cosas al diablo. De hecho, en toda la historia de la iglesia, nadie ha creído en eso hasta el día de hoy. Peor aún, no hay ningún versículo en toda la Biblia que justifique esta moda. Tal vez el único versículo que a algunas personas les parece que justifica esta herejía de andar arrebatando cosas al diablo es Mateo 11:12. Allí Jesús dice: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” (Versión Reina Valera). No obstante, allí no se habla realmente de arrebatarle nada al diablo.

Las dificultades se centran principalmente en torno al verbo βιάζεται (bee-ad’-zo), que puede traducirse como sufrir violencia o avanzar con fuerza, el sustantivo cognado βιασταί (bee-as-tace), que se puede traducir como violentos o valientes, y el verbo ἁρπάζουσιν (har-pad’-zo) que puede traducirse como tomar (en sentido favorable) o arrebatar para mal (en sentido desfavorable). Algunos expertos, como William Hendriksen, afirman que una mejor traducción de ese pasaje diría: “… el reino de los cielos está avanzando vigorosamente y hombres ávidos se están apoderando de él”, traduciendo los verbos en un sentido favorable (Comentario de Hendriksen a Mateo, página 367, nota al pie de página).

La Traducción en Lenguaje Actual vierte Mateo 11:12 de la siguiente manera: “El reino de Dios avanza a pesar de sus enemigos. Sólo la gente valiente y decidida logra formar parte de él.” Ahora, explicando el contexto y el versículo notamos que Jesús se encuentra hablando de Juan el Bautista y dice que desde sus días (los de Juan) hasta ahora, el reino de los cielos avanza a pesar de la oposición que tiene y mucha gente está tomando las bendiciones del reino. Por eso, Jesús no se refiere a cosas materiales, de salud, finanzas, prestigio entre la gente o familiares, sino a lo que en verdad es el reino, porque “el reino de Dios no consiste en lo que se come o en lo que se bebe; consiste en una vida recta, alegre y pacífica que procede del Espíritu Santo” (Romanos 14:17, BLPH).

Incluso si entendiéramos dicho versículo en sentido negativo, como lo vierte la Reina Valera y otras traducciones, Jesús estaría hablando de la oposición que ha tenido la predicación de Juan y el ataque al reino de los cielos por parte de violentos que pretenden “arrebatarlo” (en un sentido de tomar o destruir, o de tratar robarle a la gente la oportunidad de disfrutarlo). Es posible que Jesús se esté refiriendo a ambas cosas, ya que ambas cosas son ciertas: Desde los días de Juan el Bautista, hay gente que está tomando posesión de la salvación que Dios en su gracia y misericordia concede, y hay también personas que están en contra de esa verdad. Pero algo sí es cierto, ¡Aquí no se habla nada de arrebatarle cosas al diablo!

La falsa enseñanza de “arrebatarle” cosas al diablo es una herejía sumamente nociva para la Iglesia.

Es negar la autoridad de Dios, Su Palabra y la verdad de que, en Él (en Dios), no en el diablo, tenemos todo lo que necesitamos. Es además un síntoma que indica una fijación extraña y peligrosa entre muchos círculos “cristianos” con respecto al diablo y lo “sobrenatural”. Ha dado pie a un montón de mentiras y herejías que enseñan que Dios quiere para nosotros una vida “exitosa y prospera” aquí en la tierra, y que el diablo quiere que seamos pobres (y esto es muy distinto a lo que enseña la Palabra de Dios). La falsa doctrina de “arrebatarle cosas al diablo” fomenta más distorsiones de las enseñanzas de la Biblia. Por ejemplo, muchos falsos maestros cobran por arrebatar cosas, o hasta hacen talleres y cursos para enseñas a arrebatar. Esta falsa moda también sirve de base para que muchos “cristianos” digan que la gente que está atravesando momentos difíciles, se encuentran en tal situación porque no tienen fe cuando “arrebatan” o por vivir en pecado. Según esa lógica dañina y errada que hiere a muchas personas, entonces todos los apóstoles y aún Jesús mismo eran hombres sin fe (o vivían en pecado), pues ellos experimentaron grandes pruebas, pobreza y sufrimiento, incluso persecución y muerte. Cristo mismo padeció tales cosas. ¿Podemos ver lo grave de este error y el gran daño que hace al servir de base para juzgar a mucha gente injustamente y desanimarlas en la fe?

Como cristiano, entiendo que no tengo nada que arrebatarle al diablo porque mi vida, mi salud y mis circunstancias no están en sus manos sino en las de Dios. Nada de lo que acontece en la vida de un cristiano se escapa de la voluntad de Dios (Romanos 8:26-28). Si tenemos a Cristo, tenemos todo lo que necesitamos porque en Él está toda la plenitud de Dios (Colosenses 2:9). Dios nos ha hecho suyos y Él cuida de nosotros (Mateo 6). Es necesario que tengamos una visión clara de la soberanía de Dios por encima de todas las cosas, y la única forma de tener esa visión es conociendo la revelación especial de Dios en Su Palabra. No la menospreciemos. Sabemos que no necesitamos arrebatarle nada al diablo cuando sabemos que todo lo que nos pasa, lo que nos quitan, o lo que recibimos en la vida, es orquestado por Dios para hacernos más cómo Jesús y hacer de nosotros testimonio de que Cristo vale más que todo lo demás (Romanos 8:28-29, Filipenses 3:18).

CONCLUSIÓN:

La doctrina de “arrebatar” tiene mil caras. Los predicadores de tal herejía no siempre usan literalmente el término “arrebatar”. En su lugar usan otras frases y terminologías similares tales como: “quitar”, “poseer lo que te pertenece”, “conquistar lo que es tuyo”, etc. Aquellos que tienen un pensamiento bíblico sobre el reino de Dios, no tratan de manejar a Dios para sus propias bendiciones materiales. Más bien, en todas circunstancias, en abundancia y escasez, en pobreza y en riqueza, en enfermedad y salud, un siervo de Dios siempre ora: “Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Dios domina, Dios Reina, Dios gobierna, Él es soberano, Él da y Él que quita. Dios tiene en pleno control las cosas que necesitamos. Lo mejor que podemos hacer es enfocarnos en el reino de Dios. Todo lo demás que necesitemos para vivir en esta tierra, es considerado “añadidura”. Como cristianos pentecostales que aman la sana doctrina, debemos denunciar la doctrina falsa de “arrebatar”. Debemos entender que en Cristo estamos completos y hemos sido bendecidos con toda bendición (Efesios 1:3).

Si la idea aún no está clara en tu mente, y considerando que la repetición es clave en el proceso de aprendizaje, quiero resumir lo anterior y darte 5 razones finales para no seguir creyendo en la falsa doctrina de “arrebatar”:

  • El contexto de Mateo 11:12, no enseña nada sobre arrebatarle cosas al diablo. Si hacemos el ejercicio de tomar la Biblia en serio, entonces, no deberíamos hacer que este pasaje diga cosas que realmente no dice en su lectura más simple: ¿En qué parte de este texto dice que debemos “arrebatarle” al diablo lo que es nuestro y exigirle que nos devuelva lo que nos ha robado? ¿Dónde dice este texto que el reino de Dios tiene que ver solo con bendiciones materiales? Este texto ha sido sacado de contexto por muchos cristianos para justificar todo un sistema o doctrina errada. Un buen ejercicio hermenéutico para tener una mejor comprensión de este texto, es leer lo que dice Lucas 16:16: “La ley y los profetas eran hasta Juan; desde entonces el reino de Dios es anunciado, y todos se esfuerzan por entrar en él”.
  • Tanto en Mateo 11, como Lucas 16, el reino de los cielos está vinculado a la obra redentora de Dios en el hombre. En primer lugar, en estos pasajes “el reino de Dios”, significa que Dios mismo ha descendido en la persona de Cristo, se ha acercado a los hombres para darles salvación, para que vivan bajo el dominio y autoridad de Dios y sean trasladados de las tinieblas a la luz del Hijo de Dios”. De hecho, la primera vez que Jesús se refirió al “reino de Dios” en Mateo, fue llamando los hombres al arrepentimiento: “A partir de entonces, Jesús comenzó a predicar: «Arrepiéntanse de sus pecados y vuelvan a Dios, porque el reino del cielo está cerca» (Mateo 4:17). La principal tarea de Jesús fue proclamar el evangelio: “Y recorrió Jesús toda Galilea, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino” (Mateo 4:23). La urgencia de Jesús era decirles a las personas que la salvación ha llegado y deberían correr a él, para obtenerla. El reino de Dios es más que prosperidad y salud. En segundo lugar, en estos pasajes “el reino de Dios”, no se refiere a bendiciones materiales, milagros, sanidades, prosperidad material, ni carro nuevo ni una vida feliz aquí en la tierra. Si leemos Mateo 6, el mismo Jesús, nos ordena que “No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?” (Mateo 6:31). La razón es porque son lo que no conocen a Dios, que se preocupan por tener las cosas materiales (Mateo 6:32). En lugar de afanarnos por nuestras necesidades, Jesús nos ordena: “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Mientras muchos cristianos gastan energías “arrebatando” su salud, dinero y cosas materiales que necesitan, Jesús dice que estas son cosas que “serán añadidas” (Mateo 6:33), no vendrán por “arrebatárselas al diablo”, tampoco las tiene el diablo en su poder. Dios tiene cuidado de nuestros cuerpos (salud y alimentación y vestidos) y de cualesquiera cosas que necesitemos (Mateo 6:25; 7:11; Juan 15:7). ¿Si la mano de Dios es quien provee a las aves, por qué razón los hijos de Dios, que valen mucho más que las aves, en lugar de tener fe que recibirán la provisión de las manos de Su Padre celestial, se dirigen a las “manos” de Satanás a arrebatarles cosas? Esto no es coherente con la Biblia. Es lamentable ver que muchos cristianos en sus tiempos de oración y aun en algunas canciones, pasan más tiempo hablando con el diablo que orando a Dios. Y esto hermanos, no pueden seguir así.
  • El llamado de Jesús a ser “violentos” no significa que entremos al “campo” del diablo a “arrebatarle cosas.” Increíblemente, toda esta teología sin profundidad sobre arrebatar, muchos la han sustentado principalmente en la última parte del versículo de Mateo 11:12, que dice: “El reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan” Pero, una vez más, cuando leemos Lucas 16:16, Jesús claramente está diciendo que aquellos que responden o responderán al llamado del evangelio “se esfuerzan por entrar en él”. Es cierto que el reino de los cielos es gozo, paz, justicia, salvación, vida eterna, luz, ser heredero de las riquezas de Dios, entre muchas cosas más. Lo mejor de todo es que ha sido ofrecido de forma gratuita para nosotros por el incalculable valor del sacrificio de Cristo. Sin embargo, el pueblo de Israel rechazó “el reino de los cielos”, porque querían un rey con poder político y militar, no un carpintero muriendo vilmente en una cruz. La imagen de Jesús, no le garantizaba la estabilidad que estaban buscando. Esto mismo pasa con la generación de hoy, muchos quieren la gloria de Cristo, pero no quieren su cruz. No están dispuestos a padecer la “violencia” que viene cuando aceptamos el reino de los cielos. Jesús dijo que “si tu ojo derecho te es ocasión de caer, sácalo, y échalo de ti; pues mejor te es que se pierda uno de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea echado al infierno” (Mateo 5:29). Seguir a Jesús y la forma de pensar del reino de Dios, significa que podrías perder amistades y hasta familiares que no quieren saber de Cristo. “No penséis que he venido a traer paz a la tierra; no he venido a traer paz, sino espada” (Mateo 10:34). El reino de los cielos es una “puerta estrecha”. No todos caben, no todos quieren entrar, muchos eligen el camino ancho de sus propios deseos. Pero aquellos que responden al evangelio del reino, tendrán que ser “violentos” o esforzados. Servir a Cristo con todo, sin importar que esto le cueste la vida misma. Mateo 11:12, trata sobre el evangelio de Cristo. No tiene nada que ver con perder el tiempo, “arrebatándole” cosas al diablo que realmente nunca nos ha robado.
  • Satanás no puede quitarte nada si Dios no se lo permite. Pese a que vemos muchos cristianos “peleando” con el diablo para quitarle lo que es de ellos, la Biblia nos enseña que satanás no puede tocar lo que somos y lo que Dios nos ha dado, a menos que Dios se lo permita dentro de su santo propósito: Lo vemos en la vida de Job. Dios mismo entregó en manos de satanás todas las posesiones de Job (Job 1:11). No vemos a Job, entrando al “campo” del diablo arrebatando ni tampoco vemos a satanás actuando sin el permiso de Dios. El mismo Cristo le dijo a Pedro “he aquí Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo (Lucas 22:31)”; Una vez más nos recuerda el cuadro la historia de Job, donde satanás pide permiso a Dios. ¿Si Dios, que es soberano, le permite a Satanás tocar tu bienestar o posesiones, acaso tú o yo, podremos “arrebatarle” al diablo, lo que Dios mismo le ha entregado en sus manos? La respuesta es no. Por lo tanto, “arrebatar” es una pérdida de tiempo. Mejor invierte el tiempo alabando a Dios y bendiciéndole como hizo Job, y en su momento, si así lo considera, Dios te dará o multiplicará lo que necesitas.
  • Nadie puede separarte de las manos de Cristo. En Mateo 6, podemos ver a Cristo, destacando que el cuerpo es mayor que el vestido. Con esto, estaba diciendo que, si el poder de Dios hizo nuestros cuerpos, cuánto más puede proveernos el alimento que es menor que el cuerpo. Jesús, también dijo que a sus ovejas “nadie las arrebatará de mi mano (Juan 10:28)”. Ahora te pregunto: ¿Si Cristo tiene asegurada la salvación de tu alma en sus propias manos y no ha diablo que pueda “arrebatarte” de sus manos, ¿Cuánto más tiene el poder de conservar tu salud, familia, trabajo o cosas materiales si así lo desea? Otra vez, vemos que Satanás no puede quitarnos por su propia fuerza, lo que realmente Dios nos ha dado. Pero hay mucho más: En el mismo pasaje de Mateo 11, Jesús dice que todas las cosas están en su poder. Esto quiere decir, que el diablo no es dueño de nada de lo que Dios nos ha dado en Cristo: “Todas las cosas me fueron entregadas por mi Padre” (Mateo 11:27)”. Si Jesús posee todas las cosas, significa que el diablo no posee nada.
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Herejías Destructoras: Declarar y Decretar.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Al leer 2 Pedro 2:1-3 pareciera como si el apóstol contemplara la triste realidad de la iglesia evangélica del siglo XXI: “Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme.”

Es muy probable que hayas escuchado a varias personas que profesan ser cristianas decir “Yo declaro”, una expresión muy común en algunos círculos pentecostales y carismáticos, principalmente en el denominado Movimiento Palabra de Fe. Joel Osteen, un telepredicador y escritor estadounidense, reconocido por ser el pastor general de la Iglesia Lakewood y uno de los principales promotores modernos de esta herejía, afirma en la introducción de su libro “Yo Declaro”, que nuestras palabras tienen poder creativo, y que cuando declaramos algo, ya sea bueno o malo, damos vida a lo que estamos diciendo. Él dice que las personas no se dan cuenta de que cuando hablan de ellas mismas están profetizando su futuro. Pero Osteen no es el único que enseña esta herejía. En Estados Unidos y América Latina es común escuchar a líderes religiosos, regularmente asociados al llamado “evangelio de la prosperidad”, afirmar que nuestra mente y nuestras palabras tienen el poder de crear cosas materiales y hacer que los sucesos ocurran.

Si observamos con detenimiento canales y cadenas “cristianas” de TV como Enlace, si leemos libros de los escritores de moda en el ambiente cristiano, o incluso quizá hasta dentro de nuestros templos, o en nuestras mismas denominaciones, descubriremos que el declarar o decretar es la moda del momento en el mundo evangélico. “Yo te ordeno”, “Declaro que”, “Yo anulo”, “Someto debajo de mis pies”, “Oye bien diablo, a ti te digo”, son algunas de las frases a la que muchos cristianos recurren a la hora de “pelear” una batalla espiritual, pues la moda del declarar y decretar ha sido llevada incluso al área de la guerra espiritual, por lo que no es raro oír a muchos creyentes dirigiéndose con autoridad propia a Satanás y sus secuaces; en ocasiones, hasta decorando el lenguaje ”bélico” con palabras y tono despectivos. Todo ello en oposición a las instrucciones mismas de la Palabra de Dios (Judas 1:8-16).

Es cierto que las Escrituras advierten al creyente de cuidar lo que dice. Que en nuestra lengua está el poder de la muerte y de la vida; que daremos cuentas por las palabras que decimos; que nuestras palabras deben ser con gracia y que todo lo que digamos debe, en última instancia, glorificar a Dios. Pero nada de esto sugiere que los hombres tenemos poder para crear cosas por solo decirlas, ni muchos menos se nos manda a decretar. Decretar es algo que pertenece al Creador. En el relato bíblico no vemos a los creyentes decretando y las Escrituras nunca nos manda hacerlo. Además, la práctica de decretar y declarar no produce ningún beneficio concreto. Las palabras de los hombres no han producido ni producirán nada en el sentido de cambiar o crear las cosas. Y tampoco será el medio por el que nuestras oraciones serán contestadas. Dios responde al clamor de los suyos cuando estos se humillan, y piden apelando a su misericordia.

EL NACIMIENTO DE UNA HEREJÍA.

El Movimiento Palabra de Fe es, en su origen mismo, más pagano que cristiano. Las ideas y enseñanzas d dicho movimiento tienen su origen en una corriente filosófica denominada “Nuevo Pensamiento” (“New Thought”). El Nuevo Pensamiento comenzó en el siglo XIX, y ganó mucha popularidad en los Estados Unidos en las primeras décadas de 1900. También se le conocía como “Mente Sanadora” o “Armonialismo”. Aunque el movimiento nace en el siglo XIX, sus orígenes se encuentran en las ideas del inventor sueco Emanuel Swedenborg, que en su búsqueda del alma humana dijo que Dios se le reveló y lo declaró “Revelador de Dios”. Swedenborg decía hablar con el apóstol Pablo, Martín Lutero, y en ocasiones con Moisés. Negó las verdades del cristianismo y enseñaba que el mundo físico era una extensión de la mente, y que por lo tanto la mente podía formar y dictar cosas materiales. Estas ideas fueron desarrolladas en Estados Unidos por Phineas Quimby, quien se conoce como el padre del Nuevo Pensamiento. Quimby decía que lo que alguien cree es realidad, incluyendo las enfermedades. Los proponentes de este movimiento tomaron ideas de diferentes religiones, principalmente de la Nueva Era, y las combinaron con el cristianismo.

Estas ideas fueron popularizadas por el gurú Ralph Waldo Trine, quien publicó un libro en 1897 que vendió millones de copias. Trine decía que lo que uno afirmaba con la mente y con palabras ocurría; que las razones de las enfermedades en las personas eran porque hablaban o pensaban en ellas. Pero las enseñanzas no llegaron a las iglesias de mano de Trine, quien negaba la Biblia y la deidad de Cristo, sino a través del pastor E. W. Kenyon. Kenyon fue compañero de estudio de Trine en la escuela de oratoria Emerson College en Massachusetts. El predicador Kenyon es conocido por su idea del “pensamiento positivo”. Él enseñó que las confesiones positivas eran la clave para una vida próspera. También se le conoce como el padre del evangelio de la prosperidad. Kenyon influenció a personas como Oral Roberts, fundador de la universidad que lleva su nombre.

En resumen, la idea del “yo declaro” no es más que la representación de las ideas paganas originalmente conocidas como “Nuevo Pensamiento”, que luego popularizaron algunos pastores con el término “pensamiento positivo y próspero”.

TEXTOS FUERA DE CONTEXTO.

El Movimiento Palabra de Fe, que incluye la enseñanza herética de decretar o declarar, es falsa. Toda la Biblia nos grita que solo Dios es soberano. Nosotros no somos todopoderosos. Él escucha las oraciones que son conforme a su voluntad. Él no está sujeto a lo que nosotros digamos o declaremos. No importa cuánto declares o confieses positivamente cosas, Dios hará Su voluntad, no la tuya. ¡Y eso es bueno porque Él es bueno! Declarar cosas para que se cumplan no tiene fundamento en la Biblia; sin embargo, los promotores de dicha enseñanza se basan en los siguientes versículos sacados de contexto para defender su postura:

  • “Pero teniendo el mismo espíritu de fe, conforme a lo que está escrito: Creí, por lo cual hablé, nosotros también creemos, por lo cual también hablamos” (2 Corintios 4:13). Una mirada al verso en su contexto nos muestra que Pablo no habla de declarar cosas para que pasen, sino de predicar el evangelio, aunque tengamos dificultades (2 Corintios 4:11-15).
  • “Del fruto de la boca del hombre se llenará su vientre; Se saciará del producto de sus labios. La muerte y la vida están en poder de la lengua, y el que la ama comerá de sus frutos.” (Proverbios 18:20-21). Sin embargo, en dichos versículos se habla de tener cuidado con lo que uno habla a fin de ahorrarnos problemas innecesarios e incluso la muerte. La Nueva Traducción Viviente dice así: “Las palabras sabias satisfacen igual que una buena comida; las palabras acertadas traen satisfacción. La lengua puede traer vida o muerte; los que hablan mucho cosecharán las consecuencias”. Ciertamente, acá no se habla de declarar nada, sino más bien de controlar la lengua.
  • “Si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí allá, y se pasará; y nada os será imposible.” (Mateo 17:20). En el contexto los discípulos de Jesús trataron de expulsar a un demonio de una persona y fracasaron por su poca fe y confianza en que Dios estaba con ellos. Aquí Jesús habla de una fe que confía en Dios en medio de una tarea que Él nos ha encomendado y que está de acuerdo con Su voluntad. Lo que Jesús les dice no significa que todo lo que digamos se realizará. Él nos enseña que Dios responde a nuestras oraciones cuando permanecemos en Cristo y Sus Palabras permanecen en nosotros, esto es, cuando oramos conforme a Su voluntad revelada (Juan 15:7).
  • “Por tanto, es por fe, para que sea por gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda su descendencia; no solamente para la que es de la ley, sino también para la que es de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros (como está escrito: Te he puesto por padre de muchas gentes delante de Dios, a quien creyó, el cual da vida a los muertos, y llama las cosas que no son, como si fuesen.” (Romanos 4:16-17). Aquí Pablo habla sobre la promesa que Dios le dio a Abraham. Lo que Dios dice, se hace. Cuando Él llama a las cosas que no son como si fuesen, Él hace que sean. Muchas personas toman este verso y lo tuercen para decir que debemos declarar cosas, llamando las cosas que no son como si fuesen, pero como podemos ver en el mismo versículo, está interpretación es errada. Solo Dios es Dios. Nosotros no lo somos.

La alternativa bíblica a la práctica de decretar y declarar es la oración de fe, sumisa, perseverante y ferviente.  La oración que levanta con humildad su petición al Señor, que confía en Su soberanía, que descansa en su buena voluntad y que concluye con acción de gracias. Por ejemplo, cuando los creyentes de la iglesia primitiva fueron intimidados por las autoridades del templo para no predicar, ellos oraron unánimes a Dios y le pidieron por valor: “Y ahora, Señor, mira sus amenazas, y concede a tus siervos que con todo denuedo hablen tu palabra.” (Hechos 4:29). El apóstol Pablo exhortaba a los creyentes de Filipos a no afanarse por nada: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias.” (Filipenses 4:6).

Asimismo, nuestro Señor nos dejó una gran modelo a este respecto y una enseñanza clara acerca de la oración. Cuando agonizaba en Getsemaní antes de su arresto, oró diciendo: “Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” (Lucas 22:42). Y cuando enseñó a orar, les dejó la oración del Padre Nuestro, que se enfoca en la gloria de Dios y luego contiene las peticiones por la provisión diaria, el perdón de los pecados y el ser guardados de la tentación. Por lo tanto, el modelo y el mandato bíblico es una oración que se apoya en los méritos de Cristo, que pide a Dios, que depende de la gracia divina, confía en la buena voluntad de Dios y le da gracias. Porque entendemos que Su voluntad es buena agradable y perfecta. No tenemos que estar decretando ni declarando, ni mucho menos sentirnos mal si luego de orar las cosas no salen como pedimos. Debemos descansar que nuestras vidas están en las manos de un Dios poderoso, sabio, bueno y soberano. Que está obrando sus propósitos eternos en nuestras vidas. La biblia contradice expresamente la idea de declarar o decretar cosas. Declarar cosas simplemente no sirve para nada. Y esto por varias razones:

  1. Declarar es pretender darle órdenes a Dios. Es despreciarlo. Es un acto de orgullo. Eso es herejía.
  2. No necesito ‘declarar’ cosas porque los planes de Dios son mejores que los míos. Tener fe en el único y verdadero Dios no se evidencia en declarar cosas para que se cumplan, sino en vivir conforme a Su verdad cada día más, confiando en Él.
  3. En la Biblia yo no veo a personas declarar cosas para que pasen o las adquieran. Y es que los hombres de Dios saben que no importa lo que declaren, Dios tiene todo bajo control.
  4. El cristianismo no nos promete una vida fácil o de riqueza material aquí en la tierra (Romanos 8:16-17). Lo que sí nos promete el cristianismo es vida eterna. Nos promete socorro, nos promete conocer a Dios. Así que tenemos que entender que, aunque estemos en una situación difícil, Dios no se ha olvidado de nosotros y no hay motivos para pretender darle órdenes a Él en vez de pedirle con humildad lo que queramos pedirle y confiar en que Él es más sabio que nosotros (Santiago 4:6).
  5. Es necesario que nos adentremos en Su Palabra y comprendamos que Él es más soberano de lo que podemos imaginar. Dios quiere que descansemos en la verdad de que Él es bueno y usa todo para el bien de Sus Hijos a fin de que ellos sean hechos conformes a la imagen de Jesús (Romanos 8:28-29).
  6. No necesitamos declarar cosas de forma antibíblica porque Dios en Su gran misericordia declaró en una cruz que nos ama, y si hemos creído en Jesús y somos hijos de Dios, Él cuida de nosotros y realizará Su asombrosa voluntad en nuestras vidas por amor a Su nombre.

HEREJÍAS QUE ENGENDRAN HEREJÍAS.

La enseñanza del “yo declaro” o “yo decreto” implica la aceptación tácita de varias herejías, todas ellas propugnadas por el Movimiento Palabra de Fe. Entre ellas un antropocentrismo disfrazado de Evangelio y un sincretismo peligroso de panteísmo y enseñanzas de la Nueva Era combinadas con el cristianismo.

  1. UN FALSO EVANGELIO ANTROPOCÉNTRICO: El cristianismo bíblico es cristocéntrico. La Biblia enseña que Cristo es el centro de la Biblia, y que el Antiguo Testamento atestigua de Él (Lucas 24:44). La Palabra de Dios nos enseña que Jesucristo es Dios encarnado, el Hijo obediente, el postrer Adán, el verdadero Israel, y el heredero del trono de David (Juan 1:14; Mateo 1:1; 2:15; Romanos 5:12-21; 1 Corintios 15:20-28; Filipenses 2:6-11); y que al mismo tiempo es Dios, el Señor (Juan 8:58; Hechos 2:36). Cristo vino a vivir la vida que nosotros no pudimos vivir, a recibir la muerte que nosotros merecemos, y resucitó al tercer día declarando victoria sobre la muerte, para que todo aquel que se arrepienta de sus pecados y ponga su fe en Él como Señor y Salvador sea salvo y tenga vida eterna. El Cordero de Dios murió como sustituto de todos los que en Él crean. Por su parte, el falso evangelio predicado por los maestros del “Yo declaro, yo decreto” es estrictamente antropocéntrico, centrado en el hombre y sus necesidades. Todo es acerca del hombre, y nada acerca de Cristo y lo que Él hizo en la cruz. El “Yoísmo” es propio de este falso evangelio.

Las palabras del pastor (y autodenominado apóstol) Raúl Vargas, otro promotor de este falso evangelio y quien es el fundador de la iglesia más grande de Costa Rica y colaborador del canal de TV Enlace, nos muestran el espíritu de soberbia y antropocentrismo que inunda la teología detrás del declarar y decretar:

“Todos tenemos nuestra fe, pero lo importante es aprender a usarla. La sanidad no es algo que yo le pido al Señor. La sanidad fue algo que Dios me dio a mí como un derecho legal porque el precio fue pagado. Entonces, yo no le estoy pidiendo a Dios que me sane, yo tengo que declarar mi sanidad porque Él ya lo hizo. Por ejemplo, se encuentra el centurión romano. Un centurión romano viene porque su criado está postrado en cama, paralítico, gravemente atormentado. Dice el Señor, elogiando la fe de este hombre, le dijo que, en todo Israel, no había hallado tanta fe. (Lucas 7:9) Vea la comparación que está haciendo. Un pagano que no conocía la escritura, comparado a un pueblo lleno de Palabra, lleno de conocimiento. En todo Israel no había hallado la fe que pudo hallar en este hombre.  Y si usted va a buscar dónde era que estaba expresada la fe de este hombre, qué aspecto específico maravilló a Jesús, él lo explica: “Porque también soy hombre puesto bajo autoridad, y tengo soldados bajo mis órdenes; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene” (Lucas 7:8). El Señor nos dice “He aquí os doy potestad, ollar serpientes y escorpiones, y sobre toda fuerza del enemigo, y nada os dañará.” (Lucas 10:19). Es un ejercicio de autoridad basado en lo legal que el Señor nos ha atribuido. Yo proclamo, yo decreto, yo hablo, yo confieso, llámele como sea, pero yo me tomo del derecho legal que tengo. Me encuentro a muchas personas pidiendo a Dios y pidiendo lo que ya Dios nos dio. El Señor dice “Vayan y sanen los enfermos”. No dice que cuando encuentren un enfermo lo llaman para que él los sane. No, sánenlo ustedes. Pongan sus manos sobre los enfermos y van a sanar. Está basado en autoridad. Cuando usted tiene la autoridad usted habla, usted lo ordena. No es un asunto de pedir, porque toda la gente ha pedido y viene a ver qué fue lo que pidió mal o por qué no ha visto la mano de Dios. Hay que hablar, hay que expresarlo, hay que atar, desatar. Usted tiene la autoridad para atar y desatar. (Mateo 16:19) También está la ley del acuerdo. Si dos se ponen de acuerdo y dice “todo aquí en la tierra”. (Mateo 18:19) Se ata en la tierra, desata en la tierra. Se pone de acuerdo en la tierra. Y se ejecuta en el cielo.” (Tomado de: https://www.enlace.org/es-biblico-decretar/).

El lenguaje usado puede parecernos bíblico y aparentemente sano doctrinalmente, pero si leemos con detenimiento, todo se enfoca en el “Yo”. Lo crucial aquí no es dar gloria a Dios, sino hacerle creer al creyente que quien tiene el poder es Él. Que no debe suplicar, sino exigir. Preguntémonos: ¿En qué momento le da la gloria a Dios? ¿Acaso este falso evangelio no convierte a Dios en un simple “proveedor de beneficios”? ¿En qué momento la soberanía de Dios es reconocida y la gloria atribuida a su Nombre? ¿No es más bien un ejercicio de empoderamiento humano? Necesitamos recordar las palabras del Salmo 115:1, “No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros, sino a tu nombre da gloria.”

  1. PANTEÍSMO Y NUEVA ERA CON ROPAJE Y TERMINOLOGÍA CRISTIANA: El evangelio corrupto del “yo declaro” ha logrado que ciertas ideas de la Nueva Era, como el panenteísmo y el panteísmo, se infiltren en carismatismo y el neo-pentecostalimo. El panenteísmo enseña que la creación es una extensión de lo divino. El término significa “todo en dios”. Esto está ligado a la idea de que todo está cambiando, incluyendo “dios” y los seres humanos, lo cual es totalmente opuesto a lo que la Biblia enseña. Lamentablemente, entre los maestros del evangelio de la prosperidad es común encontrar ideas panenteístas y panteístas (todo es dios). El panteísmo de la Nueva Era busca generar un cambio de conciencia, en el que todos redescubramos nuestra supuesta divinidad: Todos los seres humanos somos emanaciones de Dios. Si somos dios, tenemos que saber que somos dios. Debemos volvernos cósmicamente conscientes, iluminados o sensibles a la conciencia cósmica. Algunos incluso han llegado a equiparar la doctrina bíblica del nuevo nacimiento con la falsa idea de que llegamos a ser dioses en miniatura al convertirnos en creyentes y ser constituidos hijos de Dios. Por ejemplo, Paul Crouch, un periodista religioso estadounidense quien junto a su esposa Jan, fue cofundador de la cadena de televisión Trinity Broadcasting Network (dueña de Enlace) ha dicho públicamente: “yo soy un pequeño dios. Críticos, ¡aléjense!”. Kenneth Copeland, un conocido profesor, predicador, cantante, tele-evangelista, actor y autor y fundador de una organización cristiana llamada Kenneth Copeland Ministries, quien también es un difusor de la conocida “Teología de la prosperidad” ha dicho: “Usted no tiene a Dios en usted, usted es uno”. Joel Osteen, el ya citado pastor principal de la Iglesia Lakewood, emplea un lenguaje un poco más sofisticado y sutil. Él usa el lenguaje de ADN y afirma que los cristianos tenemos el ADN de Dios, que nuestra sangre es real porque somos hijos del Rey (Yo Declaro, Joel Osteen pp. 118-120). Y ¡claro!, sí tenemos la sangre de realeza divina, debemos andar, vestir y hablar como reyes, concluye Osteen (Ibid. pp120). El supuesto hecho de que los humanos tengan el ADN de Dios es lo que le permite a los falsos maestros igualar la Palabra de Dios a la palabra humana.

El movimiento del “yo declaro, yo decreto” es un evangelio falso que apela a los sentimientos de los individuos, llevándolos a pensar que ellos son Dios y que pueden mejorar sus vidas a través de su propia persona, o cuando menos usando a Dios y obligándolo a hacer lo que nosotros deseamos. La realidad es que nacemos, crecemos, vivimos por un tiempo en la tierra y morimos. Los seres humanos somos finitos. Nunca podemos ser dios.

CONCLUSIÓN:

Ni Pablo, ni Pedro, ni ningún otro apóstol, ni ningún otro creyente en el Nuevo Testamento, jamás utilizó las palabras: yo declaro, yo decreto, yo arrebato, yo reclamo.  Ellos estuvieron con Jesús.  Otros discípulos estuvieron cerca de los apóstoles. Si ellos conocían las palabras de Cristo, ¿Por qué no utilizan este lenguaje de moda en nuestros días? ¿Por qué en la conducta y en las oraciones de los creyentes del Nuevo Testamento no vemos la utilización de este vocabulario, enseñanza, pensamiento? ¿Sabemos nosotros algo que ellos desconocían? ¿Tenemos acaso más credenciales y autoridad que los apóstoles? Los apóstoles siendo apóstoles, habiendo sido elegidos y revestidos de gran poder y autoridad, de quien parte de sus oraciones y vida están contenidas en el resto del Nuevo Testamento no se atrevieron a usar este lenguaje de declarar, decretar, arrebatar, establecer y reclamar ¿Por qué nosotros si nos atrevemos?

Muchos otros seguidores de Jesús, quienes presenciaron a Jesús resucitado, y fueron enseñados por Él y los apóstoles, cuyas oraciones y vida está registrada en el NT, no se atrevieron a usar este lenguaje, ¿Por qué muchos predicadores famosos hoy sí lo hacen? ¿Por qué en el resto del Nuevo Testamento nunca se toca el tema? ¿Por qué cuando la gente sufre, las cartas apostólicas no enseñan nada sobre arrebatar el reino, o sobre declarar sanidad, o sobre declarar éxito o prosperidad? ¿Por qué Pablo no declaró libertad del aguijón en su carne? ¿Por qué la iglesia no declaró la libertad de Jacobo quien fue asesinado por Herodes? ¿Por qué Pablo no decretó su libertad del arresto domiciliario? ¿Será porque nosotros sabemos algo que ellos no sabían? ¿Tenemos algo que ellos no tenían? ¿Podemos presumir de tener más autoridad que los mismos apóstoles? O la respuesta más sencilla: El Movimiento Palabra de Fe, quiere que practiquemos algo que Jesús, sus discípulos y demás creyentes en el Nuevo Testamento, jamás practicaron.