El concepto de "Iglesia" no nace con el término griego ekklesia. Sus raíces más hondas están en el hebreo qahal, esa palabra del Antiguo Testamento que significa "asamblea". Y no es un detalle menor: entender esta continuidad filológica y teológica nos abre la puerta a comprender qué es realmente la comunidad de Dios a lo largo de toda la historia de la redención. Antes incluso de adentrarnos en estos términos, conviene recordar un principio que la Escritura no negocia: la salvación jamás se presenta como un acto individual aislado, sino siempre como incorporación a un pueblo. Ese principio de "solidaridad corporativa" es el que ilumina el misterio de la Iglesia.