Declaración oficial sobre la pregunta, “¿pueden los creyentes nacidos de nuevo estar poseídos por demonios?”, adoptada en mayo de 1972 por el Presbiterio General del Concilio General de las Asambleas de Dios.
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La Glosolalia como evidencia del bautismo en el Espíritu en la patrística
Al examinar el testimonio de los primeros lideres cristianos, cuyo ministerio representa prácticamente cada área del imperio romano desde aproximadamente 100 a 400 d. C., descubrimos que los dones milagrosos del primer siglo jamás expiraron y siempre siguieron siendo considerados como una señal para establecer el cristianismo verdadero de aquel que lo era meramente de nombre. Incluso la glosolalia (que muchos hoy desvirtúan como evidencia inicial del bautismo en el Espíritu) era una experiencia cristiana normal y esparcida en el cristianismo auténtico
3 Maneras en que las personas malinterpretan las lenguas como «evidencia inicial» del bautismo en el Espíritu
Algunas personas tanto fuera como dentro del movimiento pentecostal (principalmente carismáticos y neopentecostales) se oponen a la doctrina de la evidencia inicial diciendo que hay otras evidencias posibles, como una vida justa, un testimonio empoderado, participar en los dones espirituales y otras señales de la obra del Espíritu. ¡Les parece absurdo que los pentecostales clásicos insistamos en defender esta doctrina! Sin embargo, como he podido comprobar ¡no siempre comprenden lo que los evidencialistas queremos decir cuando afirmamos que la glosolalia es la evidencia inicial del bautismo en el Espíritu.
¿Yiyismo o pentecostalismo?
Sin duda una de las figuras más importantes del pentecostalismo caribeño es Yiye Ávila. Su figura es respetada y ocupa un sitial de honor en el folclore pentecostal caribeño. Su influencia trascendió incluso su natal Puerto Rico para convertirse en un ícono del pentecostalismo en muchos países latinoamericanos. Su predicación y mensajes se caracterizaron por la manifestación de sanidades y milagros, así como por proclamar que la venida de Cristo era inminente. En la mente de muchos cristianos, sobre todo entre aquellos que ven en el pentecostalismo una “herejía destructiva”, las enseñanzas de Yiye Ávila, y Yiye Ávila mismo, son vistos como la expresión casi única y exclusiva del pentecostalismo.
Cesacionistas, ¡Venzan el miedo a lo sobrenatural!
¿Han cesado los dones espirituales? En ninguna manera. ¡Y no cesarán hasta que Cristo venga! Lo que comenzó en Pentecostés y renació con el Movimiento Pentecostal en el siglo XX no cesará hasta que el Señor (y no sus falsos voceros) lo diga.
Soli Deo Gloria ¿O Soli Calvinus Gloria?
Una cosa es repetir el eslogan "Soli Deo Gloria" y otra muy diferente es en verdad darle a Dios, y solamente a Él, la gloria. Por eso repetimos junto al salmista: "No a nosotros, oh Jehová, no a nosotros [ni a Calvino, ni a Arminio, ni a nuestros sistemas teológicos], sino a tu nombre da gloria, Por tu misericordia, por tu verdad." (Salmos 115:1)
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (X) – La Iglesia y su Misión
La Iglesia es el cuerpo de Cristo, la morada de Dios por el Espíritu Santo, con el encargo divino de llevar a cabo su gran comisión. Todo creyente, nacido del Espíritu Santo, es parte integral de la asamblea general e iglesia de los primogénitos, que están inscritos en los cielos (Efesios 1:22-23; Efesios 2:22; Hebreos 12:23). Siendo que el propósito de Dios en relación con el hombre es buscar y salvar lo que se había perdido, ser adorado por el ser humano y edificar un cuerpo de creyentes a la imagen de su Hijo. La principal razón de ser de las Asambleas de Dios como parte de la Iglesia es: (1) Ser una agencia de Dios para la evangelización del mundo (Hechos 1:8; Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-16); (2) Ser un cuerpo corporativo en el que el hombre pueda adorar a Dios (1 Corintios 12:13); (3) Ser un canal para el propósito de Dios de edificar a un cuerpo de santos siendo perfeccionados a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11-16; 1 Corintios 12:28; 1 Corintios 14:12); (4) Ser un pueblo que muestra el amor y la compasión de Dios a todo el mundo (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; Gálatas 6:10; Santiago 1:27). Las Asambleas de Dios existe expresamente para dar continuo énfasis a esta razón de ser según el modelo apostólico del Nuevo Testamento enseñando a los creyentes y alentándolos a que sean bautizados en el Espíritu Santo.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (VIII) – La Evidencia Física Inicial del bautismo en el Espíritu
El bautismo de los creyentes en el Espíritu Santo se evidencia con la señal física inicial de hablar en otras lenguas como el Espíritu los dirija (Hechos 2:4). El hablar en lenguas en este caso es esencialmente lo mismo que el don de lenguas, pero es diferente en propósito y uso (1 Corintios 12:4-10; 1 Corintios 12:28).
¿En qué consiste el «Bautismo de fuego» del cual habló Juan el Bautista?
Juan el Bautista proclamó que Jesucristo vendría y bautizaría “en Espíritu Santo y fuego” (Mateo 3:11). Pero ¿A qué se refería con eso? ¿Es el bautismo de fuego algo que deberíamos desear o evitar? Existen dos formas opuestas de interpretar este texto, una sustentada por los pentecostales y otra por el sector evangélico cesacionista.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (VII) – El Bautismo en el Espíritu Santo
Todos los creyentes tienen el derecho de recibir y deben buscar fervientemente la promesa del Padre, el bautismo en el Espíritu Santo y fuego, según el mandato del Señor Jesucristo. Esta era la experiencia normal y común de toda la primera iglesia cristiana. Con el bautismo viene una investidura de poder para la vida y el servicio y la concesión de los dones espirituales y su uso en el ministerio (Lucas 24:49; Hechos 1:4; Hechos 1:8; 1 Corintios 12:1-31). Esta experiencia es distinta a la del nuevo nacimiento y subsecuente a ella (Hechos 8:12-17; Hechos 10:44-46; Hechos 11:14-16; Hechos 15:7-9). Con el bautismo en el Espíritu Santo el creyente recibe experiencias como: la de ser lleno del Espíritu, Juan 7:37–39, Hechos 4:8); una reverencia más profunda para Dios, Hechos 2:43, Hebreos 12:28); una consagración más intensa a Dios y dedicación a su obra (Hechos 2:42); y un amor más activo para Cristo, para su Palabra y para los perdidos (Marcos 16:20).