Evangelismo, Misiones, Misionología

¿Debo predicarle a quienes ya tienen religión?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.
Muchos cristianos piensan que está mal compartir las creencias personales con alguien de otra fe con la esperanza de que algún día se convierta y practique la misma fe que nosotros. De hecho, en cada vez más iglesias, la palabra “evangelismo” ha llegado a ser casi una mala palabra que debería ser borrada de nuestro léxico evangélico. ¡Esto es totalmente absurdo! pues ¿Cómo puede una iglesia porclamarse evangélica si rechaza compartir el Evangelio? Para nadie es un secreto que ante el mundo el evangelismo es mal visto y goza de mala reputación. Esto no nos extraña, pues sabemos que “¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción! Pero nosotros, que vamos en camino a la salvación, sabemos que es el poder mismo de Dios.” (1 Corintios 1:18, NTV). O al menos deberíamos saberlo… ¿No crees?

Pero ¿Qué hacemos cuando el mensaje de la muerte de Cristo en la cruz parece una tontería a aquellos que se autodenominan discípulos de Jesús? Muy probablemente, los cristianos de hoy en día han sido influenciados por el relativismo del mundo y han olvidado el carácter exclusivo de Jesucristo. La controversia central del cristianismo con las demás religiones del mundo es la divinidad de Jesús. ¿Es el Cristo que predicamos el unigénito del Padre, Dios encarnado, el Salvador del mundo? ¿O, era Jesús tan solo otro profeta que hacía el bien? ¿Era un hombre ordinario, no divino, no el Salvador resucitado un maestro religioso más? Si Jesús fuera uno más, el cristianismo no tiene nada extraordinario que ofrecerle al mundo. Maestros religiosos han existido en el pasado y los habrá en el futuro. Pero Jesús es único. El apóstol Pedro testificó de la exclusividad de Cristo. “Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos”. (Hechos 4:12) Pedro absolutamente lo hace exclusivo; porque no hay otro nombre debajo del cielo dado a los hombres que provea salvación eterna. Jesús, y solo Jesús, es el Mesías, el hijo divino de Dios y el no compartirá su gloria con otra entidad. Nadie fuera de Él puede garantizar nuestra salvación y llevarnos al cielo ¿O creerán acaso algunos “cristianos” que Jesús es sólo uno entre tantos caminos a Dios? Si así lo pensaren, queda explicado su desinterés por hablar de Él.

SINGULARIDAD DE JESÚS.

Ciertamente, no tendría ningún sentido gastar nuestra vida predicando de Jesús si solo fuese un “iluminado” más. Pero ese no es el caso. Pablo declara, “y cuál la supereminente grandeza de su poder con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza, la cuál operó en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales, sobre todo principado y autoridad y poder y señorío y sobre todo nombre que se nombra, no solo en este siglo, sino también en el venidero.” (Efesios 1:19-21). Pablo entonces añade que Jesús es la cabeza exclusiva de todas las cosas. “y sometió todas las cosas bajo sus pies y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo.” (Efesios 1:22-23). También señala que un día cada criatura reconocerá a Jesús como Señor exclusivamente: “Por lo cual Dios también le exalto hasta lo sumo y le dio un Nombre que es sobre todo nombre, para que en el Nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor para gloria de Dios Padre. (Filipenses 2:9-11). ¿Podemos comprender la grandeza de esta afirmación? ¡Toda lengua en la creación testificará, no que Mahoma es señor, ni Alá, ni Buda, ni los millones de dioses hindúes, sino que Jesucristo es el único camino a Dios! En esta gloriosa verdad descansa la exclusividad y trascendencia de la fe cristiana. Por eso, compartir nuestra fe con aquellos que no conocen a Jesús no es opcional, ¡Es fundamental! ¡Es la diferencia entre la vida o la muerte en la eternidad para quienes amamos!

¿Por qué compartir el Evangelio con alguien que ya práctica otra religión? Porque el evangelio es el glorioso mensaje de salvación que Dios ofrece a los pecadores. Son las buenas noticias de la muerte, sepultura y resurrección de Cristo por los pecados de los hombres, y el anuncio de los eternos beneficios que recibimos por gracia. Un mensaje simple, pero de profundas implicaciones. Una gran noticia que presupone una terrible noticia: Dios salva a pecadores gratuitamente de la condenación eterna. Rechazar este mensaje implica condenación eterna. El apóstol Pablo predicó este mensaje desde su conversión. Realizó varios viajes misioneros por Asia y Europa llevando el evangelio, y escribió acerca del mismo en todas sus cartas. Incluso, en su epístola a los Gálatas, defendió con gran celo la integridad de este mensaje, al extremo de llamar anatema a todo aquel que predicara un “evangelio diferente” (Gálatas 1:5). La convicción del apóstol descansaba en la certeza de que Dios es el autor de este mensaje (Romanos 1:1) y que el Señor mismo salvaba a los hombres por este medio: “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego” (‭Romanos ‭1‬:‭16‬). Dios salva a los pecadores y los salva por medio de la locura de la predicación (1 Co. 1:21). Por eso el apóstol predicaba el evangelio y nunca se avergonzó de él. ¿Por qué hacerlo nosotros? Todo creyente debe exhibir esta misma convicción y la misma actitud: Predicar el evangelio tal como lo hemos recibido y sin avergonzarnos de él.

EL MIEDO A OFENDER.

Sé que compartir el Evangelio a veces puede ser intimidante y que se necesita valor para hacerlo. Muchos no lo hacen por miedo, pues dentro de sí se preguntan: ¿Y si no les interesa? ¿Y si se ofenden? ¿Y si se burlan de mí? Ellos ya son católicos (testigos de Jehová, mormones, musulmanes, lo que quieras…) ¿Acaso no sería una falta de respeto predicarles sabiendo que ya practican una religión? Tranquilo. Ese no debería ser tu problema. La obra de convencer, redargüir y convertir a los no creyentes no es tuya, sino del Espíritu Santo (Juan 16:8-11). El miedo a ofender con la verdad, o a qué nos tilden de fanáticos y sectarios por compartir el Evangelio con alguien que ya profesa una religión diferente a la nuestra no debería detenernos. Eso fue justamente lo que tuvieron que enfrentar los primeros cristianos cuando, haciendo lo impensable en la época, le anunciaron el evangelio a los samaritanos, un grupo étnico que practicaba una religión diferente a la suya. Una enemistad de siglos, y las diferencias religiosas, se desvanecieron en la salvación de Jesucristo, manifestada individualmente entre aquellos a los que Él había elegido entre este pueblo. No podemos olvidar que poco tiempo antes, el mismísimo apóstol Juan le había sugerido al Señor el hacer que descienda fuego del cielo para acabar con una aldea de samaritanos. Sin embargo, ahora que es testigo del evangelio, toda actitud cambia y ahora, al volver a Jerusalén, Pedro y Juan iban “…anunciando el evangelio en muchas aldeas de los samaritanos” (Hechos 8:25). El mismo Felipe, quien fue el que predicó el evangelio a los samaritanos, luego fue llevado por el Señor al desierto y, una vez más, es empujado por el Señor a hablarle a un etíope prosélito del judaísmo que volvía de Jerusalén luego de un tiempo intenso de mucha religiosidad, aunque sin entendimiento de la verdad espiritual. Felipe le predica el evangelio, el etíope es convertido por el Señor, y ahora ya no está volviendo a su tierra lleno de dudas, sino que, “… continuó su camino gozoso” (Hechos 8:39). También nos encontramos con un hombre llamado Ananías, quién obedeciendo al Señor, fue el primer cristiano que le abrió los brazos a su más sangriento enemigo y opositor religioso, Saulo de Tarso, dándole a conocer que Aquél que lo tocó en el camino a Damasco, es el Señor, quién cambia su corazón por completo y lo transforma de enemigo de la iglesia a convertirse en un “… instrumento elegido, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, de los reyes y de los hijos de Israel” (Hechos 9:15).

CONCLUSIÓN.

¿Dónde estaría el mundo hoy si los primeros cristianos hubieran pensado como nosotros? ¿Dónde estaría la iglesia hoy si los primeros cristianos hubiesen creído que era incorrecto y ofensivo predicarle a los paganos el mensaje del Evangelio? Al fin de cuentas, ellos ya tenían una religión. Mas una cosa es cierta: Los samaritanos, los judíos, los griegos y romanos, así como todos aquellos pueblos y grupos étnicos a quienes llegó el mensaje de salvación y lo creyeron, y quizá hasta el mismo Pablo, ¡Hoy estarían en el infierno si los primeros cristianos hubieran puesto excusas para presentarles el mensaje! Felipe hubiera podido pensar que las diferencias religiosas, sumadas a una enemistad de cientos de años con los samaritanos, era irresoluble, y seguir de largo. Ananías hubiera podido pensar que Saulo de Tarso, el fariseo de fariseos, jamás sería capaz de abrazar el cristianismo. Pero lo cierto es que el pesimismo y las excusas no cabe cuando somos saturados del evangelio. Lucas nos demuestra que, bajo el poder del evangelio, pueblos desunidos por siglos son unidos en Cristo; hombres religiosos sin entendimiento, pueden entender el evangelio si se les predica las buenas nuevas; que aun el mayor enemigo de la fe, el hombre que podría situarse más lejos del Señor que cualquier otro, puede ser abrazado como un hermano cuando el Señor Jesucristo, a través de la Palabra predicada y por el poder del Espíritu Santo, transforma su corazón.

Así que, ¿Cuál es tu excusa ahora?

Misiones, Misionología, Pentecostalismo

Pentecostalismo, misiones y no alcanzados.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Las iglesias pentecostales tenemos una deuda con el mundo no alcanzado. Es innegable la pasión que tenemos los pentecostales por predicar en las calles, hospitales, cárceles, llevar el evangelio a zonas marginales, etc. Sin embargo, pareciera que nos ha costado enviar y sostener misioneros en aquellos lugares donde aún no hay un cristiano convertido. Es innegable que Latinoamérica ha sido ampliamente bendecida con la Palabra. El mundo evangélico, y de forma particular el pentecostalismo, es reconocido en muchos países latinoamericanos hasta por las autoridades de gobierno, tenemos libertad de culto y nuestro crecimiento numérico ha sido asombroso. Basta con encender la TV o la radio, y nos encontraremos con un pastor predicando o un programa cristiano, entrevistas a pastores sobre algún tema relevante, etc. Y es en este punto en donde es necesario darnos cuenta que, los latinoamericanos (y particularmente los pentecostales), tenemos abundancia de Pan y de Palabra, y es nuestra obligación compartirlo con el mundo que aún no conoce siquiera el Nombre de Jesús.

¿POR QUÉ DEBERÍAMOS HACER MISIONES?

Si bien es cierto que la palabra “misiones” no se encuentra en las Escrituras como tal, entendemos que el mandamiento de ir y hacer discípulos en todas las naciones es la “misión” por excelencia de la Iglesia. Dicha misión es más conocida como “La Gran Comisión” que Jesús les dejó a sus discípulos en Mateo 28:19-20. La misión implica ir al mundo, conocer la cultura, ser parte de ella, predicar el Evangelio, levantar discípulos y líderes, y que estos hagan discípulos dentro de su misma cultura. Así pues, formar “discípulos que hacen discípulos” en todas las naciones es la razón de ser de la iglesia. Esta misión no es opcional. El misionero, Hudson Taylor, una vez dijo: “La Gran Comisión no es una opción para ser considerada sino un mandamiento para ser obedecido”. Dicho mandato debe cumplirse con urgencia. ¿Por qué? Porque la cantidad de personas que aún no conocen al Señor cada día es mayor. Tan solo considera lo siguiente: Si todas las personas del mundo que no conocen al Señor hicieran una fila, esta daría 30 vueltas alrededor del planeta Tierra. Tal es la multitud de los que todavía no conocen a Cristo.

LA VENTANA 10/40

¿Dónde está la mayoría de la gente que todavía no ha escuchado el evangelio? ¿Dónde se localizan las naciones que tienen la mayor necesidad física y espiritual en este momento?  Uno de los lugares más difíciles para predicar la Palabra de Dios y donde realmente los misioneros y evangelistas, por la fe, pagan un alto precio, es en la llamada “Ventana 10/40”. Es el mayor reto de la Iglesia en la Evangelización Mundial. Muchos misioneros y evangelistas han sido aprisionados, torturados, y muertos por el hecho de predicar la Palabra allí.

Pero, ¿Qué es en sí la Ventana 10/40? La Ventana 10/40 es un término acuñado por el misionero cristiano estratega Luis Bush en 1990. ​​ Se refiere a las regiones del hemisferio oriental situado entre 10 y 40 grados al norte del ecuador. Comprende además una agrupación de pueblos no alcanzados por el evangelio que se extiende a través de toda esta zona geográfica, la cual abarca un tercio del área total de la tierra. Dos de cada 3 personas en el mundo viven ahí, sumando en total 64 países. En esta zona radica la mayor pobreza en el mundo. Es una aglomeración de musulmanes, hindúes y budistas que llegan a casi 3.000 millones de personas que nunca han escuchado el evangelio. Es más, tan solo en China e India hay más “no cristianos” que todos los cristianos existentes en el resto del mundo. ¡En la ventana 10/40 mueren 54.000 personas sin Cristo cada día!

¿QUÉ LE HA PASADO A LA IGLESIA PENTECOSTAL LATINOAMERICANA?

Es triste admitir que la Iglesia Pentecostal en América Latina se ha preocupado más por construir grandes templos, adquirir riquezas y poder político, o tener presencia en cada comunidad que reside, pero se ha olvidado de la Gran Comisión: “id por todo el mundo” es el mandato de Jesús, “haced discípulos” nos dijo, “me seréis testigos… hasta lo último de la tierra”, afirmó. Entonces, ¿Por qué no lo estamos haciendo? Cabe destacar que no todo está perdido. Es maravilloso descubrir hoy en día como en las iglesias latinoamericanas se está levantando una nueva generación apasionada por Jesús y por cumplir con la Gran Comisión. Un número cada vez mayor de jóvenes pentecostales, mujeres, hombres y niños se están levantando y diciendo: “Heme aquí”, impactando a la iglesia pentecostal latinoamericana con su pasión por el evangelismo y las misiones; sin embargo, hay una gran barrera proveniente de las mismas iglesias pentecostales en apoyarlos. Muchas veces se les tacha de desordenados, de querer sobresalir o bien, de que no respetan el orden establecido por las autoridades eclesiásticas. Esto no debería ser así, pues hay mucha falta de misioneros en el mundo. Lamentablemente, la iglesia ha caído en un terrible descuido hacia la misión de hacer discípulos en todas las naciones. Hemos realizado de todo menos la única cosa que el Señor nos mandó a hacer.

LAS MISIONES EN NÚMEROS.

Te preguntarás: ¿Acaso no hay cristianos en cada país del mundo? Claro. Pero Jesús no dijo que hiciéramos discípulos en cada país sino en cada nación. La palabra “nación” en griego es “ethnos” que es la raíz de donde proviene nuestra palabra etnia. Esto hace que la tarea pendiente sea aún mayor. ¿Por qué? Actualmente hay 16,475 grupos étnicos alrededor del mundo y se estima que 6,664 aún pueden catalogarse como “no alcanzados”. Cuando hablamos de un grupo étnico “no alcanzado” nos referimos a una comunidad de nativos que no cuenta con una iglesia, creyentes, ni suficientes recursos ni asistencia externa.

No se debe confundir el término “no alcanzado” con “perdido”. Tu vecino puede estar perdido sin Cristo, pero en estos términos no significa que sea un “no alcanzado” precisamente. Una persona no alcanzada no tiene nada de acceso al evangelio, no tiene misioneros, ni iglesia, ni Biblia en su propio idioma. Por el contrario, tu vecino, aunque quizá no sea salvo, sí ha sido alcanzado porque tiene acceso al evangelio ¡Él te tiene a ti! Tú que tienes el evangelio y una Biblia estás cerca de él y él tiene acceso a ti y tú tienes una misión de compartirle el evangelio. Pero el 40.4% de los grupos étnicos en el mundo no tienen este tipo de acceso al evangelio. Tal vez tantos números puedan cansarnos un poco, pero me gustaría exponer el punto al que hemos podido descuidar las misiones con tres estadísticas:

(1.- En el año 100 d.C. había doce grupos no alcanzados por cada congregación, ahora hay un grupo no alcanzado por cada 1000 congregaciones.

(2.- Se estima que, por cada dólar otorgado a la iglesia para cualquier causa, menos de un centavo se destina a las misiones en los grupos no alcanzados. De alguna manera se ha creído, consciente o inconscientemente, que este mandamiento es selectivo; eso quiere decir que no es para todos, sino para unos cuantos. Algunos en el pasado han argumentado que esta tarea solo fue otorgada a los doce apóstoles. Pero esta postura está claramente lejos de lo que enseña las Escritura. Podemos ver en el libro de Hechos que los que llevaron el evangelio a Judea y Samaria no fueron los apóstoles sino el pueblo común, la Iglesia del Señor en todo su conjunto (Hechos 8:1-4).

(3.- Por último, porque hay una gran falta de intencionalidad de ir a los pueblos no alcanzados, los pocos misioneros que se mandan en su mayoría van a los pueblos ya alcanzados. Solo uno de cada diez misioneros va a los no alcanzados.

Entonces, ¿Cuál es la solución? La solución es que veamos en la Escritura la pasión que tenía el mismo Pablo cuando dijo: “…De esta manera me esforcé en anunciar el evangelio, no donde Cristo ya era conocido, para no edificar sobre el fundamento de otro; sino como está escrito, “Aquellos a quienes nunca les fue anunciado acerca de Él, verán, y los que no han oído, entenderán…” (Romanos 15:20-21).

¿HACIA DÓNDE ESTÁN YENDO NUESTROS MISIONEROS?

En 2010, el Centro Mundial para el Estudio del Cristianismo publicó un documento en el que se analizaba la situación del cristianismo desde 1970 hasta la fecha, proyectando también una previsión del crecimiento a nivel global hasta el año 2020. Una de las conclusiones del informe es que el campo misionero es cada vez más global, implicando a más países, y produciéndose un mayor trasvase de misioneros a países que no son de su origen. Algunos países, otrora potencias en el área misionera, han menguado su actividad y cedido el liderazgo misionero a países en los cuales, en otro tiempo, era impensable el envío de misioneros transculturales. Un ejemplo de ello es Corea del Sur, que dejó de ocupar el segundo lugar entre los países que más personas envían a las misiones, para posicionarse en el puesto seis. Ahora, el segundo puesto en mayor envío misionero lo ocupa Brasil (una nación latinoamericana), justo por detrás de Estados Unidos. Según el estudio los cristianos (todas las denominaciones incluidas) sostienen anualmente a cerca de 400 mil misioneros en otras naciones anualmente. El ranking de los 10 países que más personas envían a predicar el evangelio fuera de sus fronteras lo encabeza Estados Unidos, seguido por Brasil. También se encuentran en la lista, Francia, España, Italia, Corea del Sur, Reino Unido, Alemania, India y Canadá. Tan solo Estados Unidos envía y sostiene a 127.000 misioneros a otros países, mientras que Brasil le sigue con 34.000 creyentes enviados a cumplir la Gran Comisión.

¿Acaso no es esto suficiente? Ojalá lo fuera. Lamentablemente existe un desequilibrio en el envío de misioneros pues, los 10 países que más misioneros internacionales envían son el hogar del 32 por ciento de los miembros de la iglesia en el mundo, pero enviaron casi el 73 por ciento de los misioneros internacionales. El problema con esto es que la mayoría de los misioneros continúan visitando naciones en su mayoría cristianas. De los 9 países que reciben el mayor número de misioneros, sólo el 3.5% están integrados por países no cristianos en el mundo; sin embargo, dichas naciones recibieron el 34 por ciento de los misioneros enviados a otras naciones. En contraste, los diez países con la mayoría de la población no cristiana, son el hogar del 73% de la población no cristiana del mundo. Debido a que muchos de ellos restringen el ingreso de misioneros, dichos países recibieron solo al 9% de todos los misioneros internacionales. Esto es preocupante, ya que la mayor parte de los grupos no alcanzados se encuentran en China, India y Nigeria, donde un gran número de misioneros locales, mas no así obreros internacionales, trabajan entre los no cristianos. Esto significa que estamos dejando solos, en el cumplimiento de la Gran Comisión, a nuestros hermanos en los países donde existe la mayor necesidad de obreros y donde, por cierto, reside el mayor número de etnias no alcanzadas. Curiosamente, el país que más misioneros recibe anualmente es Estados Unidos, con 32.400 misioneros enviados desde otras naciones.  Sí, leíste bien. Estados Unidos, el país enviador por excelencia ¡Es también el mayor receptor! ¿Algo está mal, no crees?

Algo está claro: Urge enviar más misioneros, pero también urge enviarlos a donde se necesitan, no sólo a donde puedan ir cómodamente y sin restricciones. Es ahí donde la gran cantidad de jóvenes pentecostales latinoamericanos, llenos de entusiasmo y pasión por las misiones, podrían jugar un papel importante si fuesen enviados por las iglesias latinoamericanas a las que pertenecen. Nuestro papel, como líderes, es no estorbarles ni frustrar sus llamados.

LA OTRA CARA DE LA MONEDA.

Pero no se trata solo de enviar a cada joven o adulto entusiasta a las naciones. Muchos de ellos tienen un llamado genuino y un gran deseo en sus corazones, sin embargo, no tienen plenamente desarrollado el carácter de un cristiano, les falta preparación bíblica, no saben trabajar en equipo y les falta capacitación transcultural. ¡Muchos de ellos incluso viven en pecado! Y la lista de deficiencias y motivos justificados para no enviarles podría continuar; sin embargo, Aquél que empezó la buena obra en cada uno de ellos con el deseo de misionar, será fiel en completarla (Filipenses 1:6).

¿ESTAMOS DISPUESTOS A PAGAR EL PRECIO?

Un punto más a considerar: Las misiones no deben verse como turismo religioso. La iglesia latinoamericana, y sobre todo pentecostal, necesita sacar esa idea errónea de su mente. Tampoco debemos tener una visión romántica y poco realista del campo misionera: Las misiones no son un paraíso de comodidad y reconocimiento público. De hecho, es todo lo contrario. Es cierto que el misionar trae una alegría inmensa en el corazón. Llegar a lugares no alcanzados por el evangelio es casi el sueño de todo cristiano devoto y apasionado por las almas; pero no todo es color de rosa: las enfermedades abundan, la presión espiritual, la soledad en el campo misionero, por citar ejemplos, son solo algunas entre tantas dificultades que deben soportar. Misiones no es solo ir a un lugar y volver a la comodidad de tu hogar. Misiones es ir y establecerse junto a ellos, ser parte de ellos, vivir, comer y dormir con ellos. No es solo ir por cierto tiempo y volver. A veces, quizá ni siquiera sea posible volver con vida. En esto, como en todo, Jesús es nuestro ejemplo perfecto (Juan 1:14; Hebreos 2:14-18).

CONCLUSIÓN.

La iglesia pentecostal latinoamericana necesita urgentemente abrazar la Gran Comisión, hacer suya la pasión que en su momento tuvo Pablo y el mismo Señor Jesucristo de extender su precioso evangelio en todo lugar. Quizá tú pienses, “Yo no tengo el llamado de ir a un lugar no alcanzado”, pero no olvides que puedes apoyar financieramente o tomar el compromiso de orar seriamente por las misiones y los misioneros. Todos podemos, y debemos, hacer misiones junto a ellos: orando, yendo, movilizando y enviando, y quizá igual de importante que lo anterior, no estorbando a los que sí lo hacen.

No podemos dejarles a otros el cumplimiento de esta gran tarea. Cada iglesia debe ser consciente del rol que juega en la misión. La labor social, el trabajo con los misioneros, el sostener, el enviar, todo esto debería ser parte de cada iglesia local. Cada iglesia local debería estar enfocada en transformar el mundo para Cristo. Y los pentecostales, sobre todo, debemos ser conscientes de esta gran verdad: Mucho nos hemos preocupado de estudiar la Segunda venida de Cristo, mientras que hay un mundo que aún no conoce de su Primera Venida. Es tiempo que esto cambie y somos la generación que puede hacerlo. ¡Faltan cristianos pentecostales en el campo misionero!

Hagamos nuestra y vivamos la letra del conocido himno protestante escrito por Mary Brown, y digamos: “A donde me mandes iré.”

 

Quizás no tenga yo que cruzar
montañas ni ancho mar;
quizás no sea a lucha cruel
que Cristo me quiera ̮enviar.
Mas si Él me llama a sendas que
yo nunca caminé,
confiando en Él, le diré: Señor,
a donde me mandes, iré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.
Habrá palabras de fe y paz
que me mande ̮el Señor decir;
yo sé que ̮en sendas de la maldad
hay seres que redimir.
Señor, si Tú quieres mi guía ser,
la senda seguiré;
Tu bello mensaje podré anunciar,
y lo que me mandes diré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.
Habrá quizás algún lugar,
en viñas de mi Señor,
en donde pueda con fe servir
a Cristo mi Salvador.
Y siempre confiando en Su bondad,
Sus dones recibiré.
Alegre, haré Su voluntad,
y lo que me mande, seré.
A donde me mandes iré, Señor,
a montañas o islas del mar.
Diré lo que quieras que diga, Señor,
y lo que Tú quieras, seré.

(“A Donde me mandes iré”, Mary Brown, 1856–1918.)

 

 

 

Compasión, Devocional, Ministerios de Misericordia, REFLEXIÓN BÍBLICA

Nosotros somos Sus manos.

Por: Fernando E. Alvarado.

En el patio de una pintoresca y pequeña iglesia en un pueblo de Francia, había levantada una bella estatua de Jesús con sus manos extendidas. Pero un día, durante la Segunda Guerra Mundial, una bomba cayó demasiado cerca de la estatua haciéndola añicos. Al final de aquella batalla, los ciudadanos del pueblo hallaron la estatua entre los escombros y decidieron buscar todas las piezas de la estatua y reconstruirla. Pacientemente reunieron las piezas rotas y la armaron. Las marcas de la unión de las piezas en el cuerpo añadieron belleza, si bien encontraron un problema: No pudieron encontrar las manos de la estatua. Algunos sugirieron contratar a un escultor para que hiciera manos nuevas, pero otros querían dejarla así, como recordatorio permanente de la tragedia de la guerra. “Un Cristo sin manos no es en ninguna manera un Cristo”, se lamentaba alguien. “Manos con marcas, si. Pero, ¿cómo puede haber una estatua del Señor sin manos? Necesitamos una estatua nueva” , decían otros. Pero alguien tuvo otra idea que prevaleció: La estatua permanecería sin manos; sin embargo, colocaron una placa dorada en la base de la estatua, que decía, “No tengo otras manos que las suyas. Ustedes son mis manos”. Sin tan siquiera pretenderlo, los ciudadanos de ese pueblo ilustraron una preciosa verdad bíblica: Somos las manos del Señor, somos su Cuerpo.

La frase “el cuerpo de Cristo” es una metáfora frecuente del Nuevo Testamento respecto a la iglesia (Romanos 12:5, 1 Corintios 10:17, 1 Corintios 12:27, Efesios 4:12, Hebreos 13:3). Después de Su ascensión corporal, Cristo continúa Su obra en el mundo a través de quienes Él ha redimido; la iglesia ahora demuestra el amor de Dios clara, tangible, y valientemente. De esta manera, la iglesia funciona como el “cuerpo de Cristo”. Cada uno de nosotros, los miembros del cuerpo de Cristo, somos la representación física de Cristo en este mundo. La iglesia es el organismo por el cual Cristo manifiesta Su vida al mundo de hoy. O así debería ser. Pero, ¿Es así en la práctica? Si en verdad Cristo manifiesta Su vida al mundo de hoy a través de nosotros su agenda debería ser la nuestra.

La agenda del Señor Jesucristo durante su ministerio estaba saturada de la proclamación de la Palabra. Es común ver en los evangelios el verbo “salió”, refiriéndose al Señor saliendo de un lugar privado o de un momento con sus discípulos para poder predicar a las multitudes. También se le puede ver “saliendo” de una ciudad a otra luego de haber terminado una enseñanza a muchas personas (Mateo 13:1; Marcos 6:34). La actividad externa o visible del Señor era compartir el evangelio, además de alimentar a los hambrientos y sanar a enfermos. Algunos estudiosos han dicho que Jesús recorrió más de 5,000 kilómetros en sus tres años de ministerio sanando a personas y predicando la Palabra. ¿Qué hay de nosotros? ¿Tenemos la misma pasión? En varias ocasiones el Señor manifiesta a sus discípulos: “Tengo compasión de la gente”, o “tengo compasión de las multitudes”, y concluía diciendo: “porque tienen hambre, porque están enfermos y porque son como ovejas que no tienen pastor” (Marcos 8:2; Mateo 9:36). Jesús sabía que muchas de las personas que le seguían no le amaban, sino que estaban con Él solo por comida y sanidad (Juan 6:26). Pero Él tuvo compasión de ellos. Incluso obró milagrosamente ante aquellos que no le pidieron un milagro (Lucas 7:11-17). El Señor manifestó su amor compasivo a personas a las que nadie quería mostrar compasión. Y nosotros, la iglesia que afirma ser el Cuerpo de Cristo sobre la Tierra, ¿Actuamos igual? ¿Por qué a menudo nuestra compasión no es como la de Jesús?

Una de las razones principales por las que no desarrollamos compasión es que no estamos dispuestos a “ver a las multitudes” que pasan una vida de sufrimiento, incomodidad, enfermedad, o hambre. Por lo general, ellas viven en lugares incomodos, en comunidades pobres, en hospitales, en pueblos alejados de la ciudad, o están en lugares donde una catástrofe ha ocurrido. En tales lugares no hay atractivos turísticos ni algo delicioso o bonito para comprar. Son lugares para dar sin esperar recibir. En vez de ir a esos lugares, con frecuencia preferimos la comodidad. Sin embargo, debemos recordar que parte de nuestro llamado como iglesia, como Cuerpo de Cristo, es velar por los ancianos desamparados, las viudas, los huérfanos, los que pasan necesidad económica, los que sufren una enfermedad, o los que han experimentado una catástrofe.

Sigamos el ejemplo de nuestro Señor que “salió”, “fue”, “vió”, “sintió compasión”, y “obró”. Jesús es nuestro mayor ejemplo de entrega (Filipenses 2:2-8). Él llegó a ir a lugares donde no fue bien recibido por ser judío, como cuando fue a Samaria porque su corazón compasivo le llevó a predicar, a pesar del cansancio, a la mujer junto al pozo y después a más samaritanos (Juan 4). Cuando salgamos a esos lugares llenos de necesidad, estaremos más expuestos a experimentar una de las cosas más hermosas y avivadoras que un cristiano puede experimentar: la bendición de poder guiar a alguien, por medio de la enseñanza bíblica, a los pies del Buen Pastor. ¿Acaso no es esa la razón de ser de la iglesia? Pero para lograrlo no podemos separar nuestra teología de nuestra práctica. Si todo lo que aprendemos en la Palabra no nos conduce a mayor compasión por aquellos que sufren, no estamos conociendo al Dios compasivo que nos rescató. El evangelio debe ser nuestra mayor motivación para la compasión hacia los demás. ¿O es que para ayudar al necesitado no somos las manos de Jesús?

Devocional, Evangelismo, Misiones, REFLEXIÓN BÍBLICA

Evangelismo y Misiones, la tarea pendiente.

Por Fernando E. Alvarado.

¿Evangélicos que no evangelizan? Irónico, ¿O no? Sin embargo ¡Esa es la realidad de muchas congregaciones hoy! Quizá concuerdes conmigo en que es necesario que Dios siga inquietando y trayendo cambios a la iglesia y su liderazgo en el área del evangelismo y las misiones. Urge liberar a la Iglesia de ese espíritu cómodo, de negligencia y de apatía que viven los propios creyentes para con la misión real de la iglesia. Muchos argumentan la falta de recursos económicos como el mayor obstáculo a superar, pero ¿Es esa la razón real? ¿No será más bien la causa nuestro espíritu mezquino y poco dadivoso? ¿No será más bien que, en el fondo, no amamos tanto al Señor ni nos interesa la salvación de los perdidos? En general, las iglesias optan por darle prioridad a aquellas áreas que suelen ser las que acaparan más del 80% de las entradas por diezmos y ofrendas: los gastos de mantenimiento y servicios del templo, los arreglos y mejoras en el local y la compra de equipos de sonido, eventos sociales internos e intercongregacionales, etc. Quedando, frecuentemente el capítulo de evangelización, misiones y de apertura de nuevas obras, con muy escasa dotación económica y hasta en ocasiones no pocas iglesias no tienen en su presupuesto ni siquiera contemplado presupuesto alguno para el área de evangelismo y misiones.

¿Duda alguien que la iglesia necesita un avivamiento? Todos amamos asistir a eventos, convenciones, retiros y conciertos; amamos participar en desayunos, almuerzos y cenas de fraternidad cristiana; invertimos gran cantidad de recursos en retiros espirituales, campamentos y charlas motivacional es, pero ¿Cuánto de eso va enfocado a cumplir con la Gran Comisión? Con demasiada frecuencia, se escucha de parte de pastores y líderes en general, que no se puede avanzar más porque están solos, o casi nadie quiere dar de su tiempo y recursos, no solo financieros, sino también de dones y talentos. La participación de los miembros en labores evangelísticas, promovidas en su iglesia local, no supera el 12% de la membresía para unírsele y hacer más obra de evangelización y en algún caso, de plantación. El resultado es aún peor si de interés por las misiones se trata. Así el resultado es que el pastor, el liderazgo local y la membresía en general, limitan su vida eclesiástica a un par de reuniones de adoración semanales, dar un pequeño estudio bíblico, congregarse los domingos y atender asuntos de administración y relaciones con la denominación a la cual se pertenece ¡La situación es insostenible, misionológicamente hablando!

¿Cómo negar que nos falta amor por los que se pierden sin Cristo? El nivel de involucramiento en iniciativas domésticas de parte de los creyentes de las iglesias, tiene un resultado muy escaso de participación en los trabajos de iniciación de nuevas congregaciones. En infinidad de casos, la parálisis de la obra de predicación a los perdidos es muy elevada y la de plantación de nuevas congregaciones. Abundan las congregaciones, con más de 30 años de existencia, que nunca han plantado una nueva congregación. Su experiencia de envío de obreros/misioneros a otros lugares de su comunidad, país u otros países, es escasa realmente, o inexistente. Hay que trabajar más en unidad con Dios si queremos que se levanten varios cientos de nuevos líderes, para cubrir las bajas de los que se retiran y para proveer a las congregaciones nuevas.

 

Arminianismo Clásico, Misionología, Pentecostalismo Clásico

Teología arminiana y poder pentecostal, claves del éxito misionero.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Sin lugar a duda, la soteriología dominante de una iglesia  moldea de manera indeleble su cultura (la forma en que la gente piensa y piensa) para la misión. Una de las suposiciones más básicas del misionero encarnado es asumir que Dios ya está involucrado en la vida de cada persona y los está llamando a sí mismo a través de su Hijo. Esto significa que el Dios misionero ha estado activo durante mucho tiempo en la vida de una persona. Nuestro trabajo principal es tratar de ver dónde y cómo Dios ha estado trabajando y asociarnos con él para llevar a la gente a la redención en Jesús. Esta es básicamente la comprensión arminiana de la gracia preveniente. En ella reside la motivación o razón de ser de las misiones pentecostales.

Entendiendo lo anterior, no resulta extraño ver el estancamiento de las misiones en iglesias reformadas o calvinistas. Si bien la mayoría de los calvinistas sostienen la creencia en la  “gracia común”, no se entiende que tenga un propósito salvífico. La comprensión arminiana de la gracia preveniente difiere de la concepción calvinista de la gracia común en un área importante. En el esquema calvinista, la gracia común no conduce ni puede conducir a la salvación. Funciona para contener el mal en el mundo pero no lleva a los incrédulos a la fe. Para los arminianos, la gracia preventiva puede llevarnos a la salvación.

Además, la forma en que entendamos la doctrina de la elección y la predestinación determina, de forma ineludible, nuestra misionología. Si elegidos lo son de forma incondicional, si la gracia es irresistible y cada suceso de nuestra vida depende del decreto divino ¿Por qué esforzarnos? De todos modos, los que deban ser salvos lo serán de cualquier manera ya que no pueden hacer otra cosa ¿O no? ¿Qué importancia tiene nuestra pasión o indiferencia para cumplir con la Gran Comisión si, al final, todo está predestinado?

¿CÓMO CAMBIA LA TEOLOGÍA ARMINIANA NUESTRA VISIÓN DEL MUNDO?

En comparación con el calvinismo, el arminianismo tiende hacia una visión del mundo más misional y centrada en el evangelismo y el discipulado. Mientras que el calvinismo tiende a una cosmovisión determinista, que lleva a lo que se ha llamado una “Teología de la Resignación”, la teología arminiana nos alienta a usar un lente evangélico y misional en todas nuestras interacciones, y por lo tanto se convierte en una “Teología de la Práctica”.

El arminianismo es de naturaleza misional pues da sentido real a los esfuerzos misioneros. Como Dios ama a cada persona, y desea, según las Escrituras, la salvación de cada persona, el deber del creyente arminiano es compartir con otros las buenas nuevas pues cada ser humano es candidato a la salvación, no solo un grupo reducido de “electos”. Esta verdad bíblica motiva al creyente a dar testimonio de su fe en Cristo para la salvación de los demás. El evangelismo es el corazón de Dios y de la teología arminiana. ¿Por qué? Porque a diferencia del calvinismo, el arminianismo, y de hecho el evangelio, no descarta a nadie de la gracia y la salvación. Saber que Dios está activo en cada encuentro del evangelio nos da una visión más misional que en las iglesias calvinistas e hipercalvinistas.

El hecho de que la gracia preveniente de Dios, que permite y hace creer en Cristo, se ofrezca a cada ser humano a través de la comunicación de la Iglesia del evangelio es de una inmensa importancia misiológica. A medida que la Iglesia lleva a cabo su tarea misionera, puede confiar no solo en que Cristo ha muerto por todos, sino también en que existe un poder inherente en la proclamación y demostración del evangelio, ya que es a través de la misión de la Iglesia que Dios hace que Su gracia esté disponible y la gente sea capacitada para arrepentirse y creer, y así experimentar la conversión.

El arminianismo, entonces, nos impulsa, todos los días y con cada parte de nuestras vidas, a involucrar a quienes nos rodean con el Evangelio, sabiendo que Dios ya los está buscando y que estamos cooperando en su búsqueda.

EL PROBLEMA DE LA COSMOVISIÓN CALVINISTA

El teólogo calvinista Wayne Grudem, en su popular Teología Sistemática, sugiere que el calvinismo debería fomentar el evangelismo ya que “garantiza que habrá algún éxito.”[1] Para los calvinistas, lLa elección es la garantía de que su evangelización tendrá cierto éxito, porque sabe que algunas de las personas con las que habla serán las elegidas, y creerán el Evangelio y serán salvas. Esto es como si alguien nos invitara a venir a pescar y dijera: “Te garantizo que pescarás un poco, están hambrientos y esperando”. Pero, ¿Esto realmente funciona en la práctica? Por un lado, Grudem no puede garantizar que habrá algún éxito. Si, como enseña el calvinismo, la persona con la que estamos compartiendo el evangelio no ha sido elegida desde la fundación del mundo, no hay nada que nuestra predicación pueda hacer para cambiar eso. Lo que realmente parece tener en mente es un evangelismo amplio pero poco profundo. Esta es la misma actitud que le permitió a Whitefield creer que la esclavitud podría usarse para el evangelismo. Whitefield creía que la esclavitud, a pesar de su brutalidad y crueldad, facilitaba el evangelismo al exponer a los africanos al cristianismo.

Quiérase o no, el determinismo teológico calvinista convierte el evangelismo en un juego: En este punto de vista, el evangelismo deja de ser el proceso mediante el cual rescatamos a los perdidos “arrebatándolos de las llamas del juicio” (Judas 1:23), pasando a ser apenas una frívola y burlesca pantomima[2], ya que solo los elegidos desde la eternidad responderán, y esos mismos responderán eventualmente a la gracia irresistible de Dios independientemente de su llamado. En el mejor de los casos, los calvinistas pueden consolarse pensando que son el medio que Dios usó para salvar a los elegidos. Es comprensible, entonces, por qué hay poca motivación real para el evangelismo entre los calvinistas, especialmente frente a la persecución. Si es solo un juego, si los elegidos se salvarán y los perdidos se perderán independientemente de lo que hagamos o dejemos de hacer, ¿Por qué debería arriesgarme a ser rechazado, o perseguido por hacer algo irrelevante? ¿Acaso no obtendríamos el mismo resultado si de guardamos silencio?

Por supuesto, no todos los creyentes en el calvinismo son indiferentes al evangelismo. Hay muchos calvinistas que sienten pasión por compartir el evangelio. Sin embargo, esto es a pesar de su calvinismo y no a causa de él.

WHITEFIELD Y SPURGEON: ¿MODELOS DE CALVINISMO EVANGELÍSTICO?

En su artículo “How to Teach and Preach Calvinism”, John Piper escribe: “Haz que Spurgeon y Whitefield sean tus modelos en lugar de Owen o Calvino, porque los primeros eran evangelistas y ganaron a muchas personas para Cristo de una manera que está más cerca de nuestros días.”[3]

Si Whitefield y Spurgeon son los modelos de éxito de los evangelistas calvinistas exitosos, ¿Qué podemos aprender de sus ministerios? Si observamos más de cerca sus ministerios, encontramos que ambos hombres fueron acusados ​​por los otros calvinistas en su día de ser “arminianos”. El  calvinismo de Whitefield llegó a ser tan sospechoso, por decir lo menos, debido al tipo de predicación evangelística que realizaba, que los mismos bautistas particulares se burlaron abiertamente del “dialecto arminiano” de Whitefield”.[4]

 Según investigaciones realizadas en 1876 por Luke Tyerman, en los primeros años de su ministerio George Whitefield era un arminiano declarado.[5] Whitefield cambió su posición por razones puramente pragmáticas, es decir, para obtener el patrocinio de la Condesa de Huntingdon y obtener más fácilmente el apoyo de los ministros disidentes. De hecho, el pensamiento de Whitefield sobre la soteriología reformada no se resolvió hasta después de 1739. Doctrinas calvinistas como la elección, perseverancia de los santos y expiación particular o “limitada” no constituyeron jamás el núcleo de la enseñanza de Whitefield. El mismo Whitefield “no estaba completamente claro en su propia comprensión de ello”.[6] Ciertamente, la pasión evangelística de Whitefield no se derivó del calvinismo, sino de sus raíces arminianas. En una carta a John Wesley fechada el 25 de agosto de 1740, Whitefield declaró que “nunca había leído a Calvino”, lo que lo llevó a concluir que “ni era un seguidor de Calvino o John Knox como tal”.[7]

De Spurgeon, el historiador bautista A. C. Underwood escribió:

 “Su sermón sobre “Fuércenlos a entrar” fue criticado como arminiano… A sus críticos, él respondió: “Mi Maestro puso Su sello en ese mensaje. Nunca prediqué un sermón por el cual tantas almas fueron ganadas para Dios… Si se piensa que es algo malo pedirle al pecador que se apodere de la vida eterna, seré aún más malvado a este respecto e imitaré aquí a mi Señor y a Sus apóstoles.[8]

Dadas estas acusaciones de sus contemporáneos, debería ser obvio que Spurgeon y Whitefield eran las excepciones a la práctica evangelística del calvinismo en lugar de cualquier tipo de regla. Fueron más bien sus acuerdos teológicos con el arminianismo lo que avivó la llama de su pasión evangelística.

PODER DE LO ALTO, CLAVE DEL ÉXITO MISIONERO PENTECOSTAL.

Pero la teología arminiana no es la única clave del éxito misionero de nuestras denominaciones pentecostales. Si bien nuestra teología arminiana nos da una razón legítima para hacer misiones, nuestra praxis pentecostal, con la experiencia sobrenatural del bautismo en el Espíritu Santo, nos proporciona el poder para cumplir con la Gran Comisión de forma exitosa.

Muy a pesar de sus oponentes el pentecostalismo, en tan solo 100 años de existencia, se ha transformado en el movimiento cristiano de mayor y más rápido crecimiento de toda la historia. Esto le ha merecido la atención de estudiosos de la religión, teólogos, y especialmente de las Iglesias históricas para las cuales se ha transformado en un verdadero desafío. Habiendo surgido en la primera década del siglo XX con unas pocas comunidades, ya en 1970 los pentecostales totalizaban 73 millones, para llegar en 1989 a 352 millones en todo el mundo, y hoy se habla de más de 500 millones de pentecostales en todo el planeta. En varios países tiene una tasa de crecimiento del 10% anual, mientras que las iglesias protestantes históricas (y esto incluye las iglesias reformadas o calvinistas) corren el riesgo de desaparecer o quedar reducidas a ínfimas minorías.

De acuerdo con el Consejo Mundial de Iglesias y muchos otros expertos, el cristianismo mayoritario en el s. XXI será de color, liturgia y teología pentecostal. Sin lugar a dudas la mayoría cristiana evangélica en América Latina es ya pentecostal. Pero ¿A qué se debe el éxito misionero y evangelístico del movimiento pentecostal? Los pentecostales respondemos sin dudarlo: ¡Al poder de lo alto impartido a través del bautismo en el Espíritu Santo!

El bautismo en el Espíritu Santo ha sido la clave del éxito misionero y evangelístico pentecostal. Sin embargo, ciertos peligros se ven venir sobre el movimiento pentecostal moderno. El bautismo en el Espíritu Santo es una provisión poderosa que añade poder sobrenatural a la vida y ministerio de cualquier creyente. Hoy, ministerios que tratan de evangelizar a un mundo perdido y muriendo en pecado y miseria, enfrentan desafíos enormes. Es beneficioso que cada creyente entienda adecuadamente lo que Dios ha provisto y aproveche de ello, recordando las palabras de Jesús cuando comisionó a sus discípulos: “Yo enviaré la promesa de mi Padre sobre vosotros; pero quedaos vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto” (Lucas 24:49).

Entender el papel que el bautismo en el Espíritu Santo ha desempeñado en nuestra historia y éxito ministerial resulta instructivo. El 20 de noviembre de 1998, el erudito pentecostal Vinson Synan presentó un artículo a la Evangelical Theological Society [Sociedad evangélica teológica] titulado, “Policy Decisions on Tongues As an Indicator of Future Church Growth [La política de decisiones sobre lenguas como una indicación del crecimiento futuro de la iglesia].”   Synan demuestra en su artículo que pentecostales han sido dramáticamente más exitosos en plantar y crecer iglesias que los que han rechazado el entendimiento pentecostal del bautismo en el Espíritu Santo y la necesidad de hablar en lenguas.  Sus estadísticas vienen del desarrollo de las misiones pentecostales en el siglo xx. En Chile, los metodistas crecieron aproximadamente 5,000 miembros, mientras los pentecostales crecieron 2.371.000. En Brasil, los bautistas crecieron a 1.050.000, mientras los pentecostales crecieron a más de 21 millones. Internacionalmente, la Alianza Cristiana Misionera creció a 1.9 millones, mientras las Asambleas de Dios han sobrepasado los 70 millones.  No es posible ignorar estas estadísticas.

Estos logros son la razón de que el Fuller Seminary decidiera estudiar las misiones pentecostales debido al éxito espectacular del ministerio pentecostal. Otros eruditos están sacando las mismas conclusiones. Philip Jenkins, profesor distinguido de historia y estudios religiosos en Pennsylvania State University, escribió recientemente un nuevo libro, The Next Christendom [El siguiente cristianismo], en donde él demuestra que los patrones de crecimiento de los pentecostales harán que el siglo XXI sea un siglo pentecostal.  El ministerio pentecostal no es un poco más eficaz. Hace una diferencia dramática.  El bautismo en el Espíritu Santo provee una cantidad significante de poder para el ministerio sobrenatural resultando en logros asombrosos para el reino.

CONCLUSIÓN.

Muchos pentecostales modernos, en su búsqueda por la aprobación de la comunidad evangélica en general, y frente al ataque continuo del calvinismo que busca infiltrarse en las iglesias pentecostales de forma abusiva, suelen avergonzarse de la misma cosa que los ha hecho eficaces: su soteriología arminiana, su enfoque emocional y apasionado de la vida y ministerio, y su énfasis en la experiencia sobrenatural del bautismo en el Espíritu Santo. Pero ¿Por qué deberíamos desear imitar la teología y ausencia de poder espiritual de aquellos que, por envidia o por cualquier otra razón, nos critican por ser como somos? ¿Es la decadencia moral y espiritual de las iglesias protestantes históricas algo digno de imitar? ¿Por qué deberíamos coquetear con una teología que ha probado ser fría, anti misionera y que limita a Dios? ¡No deberíamos!

Los pentecostales jamás debemos avergonzarnos la misma cosa que nos ha hecho tan efectivos en la obra del ministerio. Nuestra soteriología arminiana nos permite predicar con pasión sabiendo que Dios desea que todos sean salvos; nuestra firme creencia en el bautismo en el Espíritu Santo nos ha revestido del poder necesario para cumplir con la Gran Comisión y, de esta manera, crecer tanto en tan poco tiempo. Jamás renunciemos a ambos distintivos de nuestra fe. Seamos humildes, pero a la vez valoremos y honremos nuestro legado.

REFERENCIAS.

[1] Wayne Grudem, Teología Sistemática: Una introducción a la doctrina bíblica (2007), Editorial Vida, Miami, FL. Pp. 674.

[2] Representación teatral. Engaño o fingimiento para ocultar una cosa.

[3] John Piper, How to teach and preach “Calvinism”. Artículo publicado en: https://www.desiringgod.org/articles/how-to-teach-and-preach-calvinism (Consultado el 28/03/2019).

[4] James E. Tull, Shapers of Baptist Thought (2000), Mercer University Press, pp. 80.

[5] Luke Tyerman, The Life of the Revd. George Whitefield, B.A., of Pembroke College, Oxford. Volume I (London: Hodder and Stoughton, 1876), pp. 275.

[6] Arnold A. Dallimore, George Whitefield: The Life and Times of the Great Evangelist of the 18th Century Revival. Volume 2 (Banner of Truth Trust, 1980), pp. 25-26.

[7] George E. Clarkson, George Whitefield and Welsh Calvinist Methodism (Lampeter: Edwin Mellen Press, 1996), pp. 21.

[8] A. C. Underwood, A History of English Baptist , pp. 203-206.