Continuismo, Pentecostalismo Clásico, Sin categoría, Vida Espiritual

Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

¿Puede Dios darle a alguien un mensaje para otra persona? ¡Desde luego! ¿Le revela Dios la verdad a alguien de una manera sobrenatural y le permite dar ese mensaje a otros? ¡Desde luego! Sin embargo, debemos ser cuidadosos al respecto para evitar ser engañados por estafadores, falsos profetas y espíritus de demonios.

Los dones proféticos siguen vigentes en nuestra época tal como lo estuvieron en el primer siglo de la Era Cristiana. ¿Cómo? ¿Acaso había profetas en el Nuevo Testamento? ¡Sí! Contrario a lo que muchos piensan, sí había profetas en la iglesia primitiva. El ministerio profético no estuvo limitado al Antiguo Pacto. El Nuevo Testamento relata sin problema alguno la existencia de profetas en tiempos apostólicos. Dichos profetas proclamaban un mensaje de parte del Señor para los creyentes del primer siglo:

“Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía. Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.” (Hechos 11:27-28, NVI)

“Llevábamos allí varios días cuando bajó de Judea un profeta llamado Ágabo. Este vino a vernos y, tomando el cinturón de Pablo, se ató con él de pies y manos, y dijo: —Así dice el Espíritu Santo: “De esta manera atarán los judíos de Jerusalén al dueño de este cinturón, y lo entregarán en manos de los gentiles”. (Hechos 21:10-11, NVI)

A veces el mensaje de un profeta era revelador, pues contenía una nueva revelación y verdad de Dios (2 Corintios 12:1-4); otras veces su mesaje era de carácter profético (Hechos 11:28, 21:10).

¿CONTINÚAN VIGENTES LOS DONES PROFÉTICOS EN NUESTRA ÉPOCA?

La necesidad del ministerio profético en la iglesia primitiva era incuestionable. Los cristianos primitivos no tenían la Biblia completa, y algunos de ellos no tuvieron acceso a ninguno de los libros del Nuevo Testamento. Los profetas del Nuevo Testamento suplieron la carencia, proclamando el mensaje de Dios a las personas que no tenían acceso a éste de otro modo. Así que, el Señor envió a profetas a su pueblo para proclamar la Palabra de Dios. Sin embargo, a pesar de lo anterior, tanto nuestro Señor Jesucristo como sus apóstoles advirtieron a la iglesia en contra los falsos apóstoles y falsos profetas que intentarían introducirse en la misma y desviar la fe de muchos:

“Cuídense de los falsos profetas. Vienen a ustedes disfrazados de ovejas, pero por dentro son lobos feroces.” (Mateo 7:15, NVI)

“Tales individuos son falsos apóstoles, obreros estafadores, que se disfrazan de apóstoles de Cristo. Y no es de extrañar, ya que Satanás mismo se disfraza de ángel de luz. Por eso no es de sorprenderse que sus servidores se disfracen de servidores de la justicia. Su fin corresponderá con lo que merecen sus acciones.” (2 Corintios 11:13-15, NVI)

“En el pueblo judío hubo falsos profetas, y también entre ustedes habrá falsos maestros que encubiertamente introducirán herejías destructivas, al extremo de negar al mismo Señor que los rescató. Esto les traerá una pronta destrucción. Muchos los seguirán en sus prácticas vergonzosas, y por causa de ellos se difamará el camino de la verdad. Llevados por la avaricia, estos maestros los explotarán a ustedes con palabras engañosas. Desde hace mucho tiempo su condenación está preparada y su destrucción los acecha.” (2 Pedro 2:1-3, NVI)

“Queridos hermanos, no crean a cualquiera que pretenda estar inspirado por el Espíritu, sino sométanlo a prueba para ver si es de Dios, porque han salido por el mundo muchos falsos profetas.” (1 Juan 4:1, NVI)

A diferencia de la iglesia primitiva, nosotros sí tenemos la completa revelación de Dios en la Biblia. Ninguna verdad nueva puede ser añadida. La Biblia es nuestra regla suficiente de fe y conducta. Los creyentes pentecostales de sana doctrina creemos que “las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (2 Timoteo 3:15-17; 1 Tesalonicenses 2:13; 2 Pedro 1:21”.[1]

Cuando una persona afirma estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla en la actualidad a través de una persona, el mensaje concuerda completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos manda poner a prueba todo mensaje profético, lo cual nos muestra que, a diferencia de la Biblia, estos son falibles. 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “no desprecien las profecías, sométanlo todo a prueba, aférrense a lo bueno.” (1 Tesalonicenses 5:20-21, NVI). La profecía no debe ser despreciada, pero siempre debe ser probada. Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma: Debemos comparar lo dicho por el supuesto profeta o mensajero con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, debemos desechar al profeta y su mensaje. Si concuerda con la Biblia, debemos pedir sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL PELIGRO DE HABLAR FALSAMENTE EN EL NOMBRE DEL SEÑOR.

Aunque los pentecostales y carismáticos creemos que Dios puede hablar, y continúa hablando a su pueblo a través de genuina profecía, debemos reconocer que muchos abusos son cometidos bajo el pretexto de que “Dios lo dijo”. En nuestro contexto actual, expresiones como «Dios me dijo» o «siento de parte de Dios» se usan de forma abusiva, manipuladora y hasta blasfema, para expresar en realidad lo que nosotros humanamente, cuando no carnalmente, sentimos y deseamos. A menudo, Dios nada tiene que ver con esto, pero muchos creen que, usando el nombre de Dios, sus opiniones particulares gozarán de mayor autoridad o serán más escuchadas. Pocas cosas están haciendo más daño a la verdadera fe cristiana que el uso indiscriminado, blasfemo y abusivo de estas expresiones. Sin embargo, esta práctica tan recurrente en nuestros tiempos no es nada novedosa. En realidad, fue frecuentemente condenada en las Escrituras hebreas.

Moisés advirtió al pueblo hebreo:

“Pero el profeta que se atreva a hablar en mi nombre y diga algo que yo no le haya mandado decir morirá. La misma suerte correrá el profeta que hable en nombre de otros dioses.” (Deuteronomio 18:20, NVI)

Advertencias del mismo tipo fueron hechas también por los profetas Ezequiel e Isaías:

“Hijo de hombre, denuncia a los profetas de Israel que hacen vaticinios según sus propios delirios, y diles que escuchen la palabra del Señor. Así dice el Señor omnipotente: “¡Ay de los profetas insensatos que, sin haber recibido ninguna visión, siguen su propia inspiración!” (Ezequiel 13:2-3, NVI)

“Sus visiones son falsas, y mentirosas sus adivinaciones. Dicen: ‘Lo afirma el Señor’, pero el Señor no los ha enviado; sin embargo, ellos esperan que se cumpla lo que profetizan. ¿Acaso no son falsas sus visiones, y mentirosas sus adivinaciones, cuando dicen: ‘Lo afirma el Señor’, sin que yo haya hablado?” (Ezequiel 13:6-7, NVI)

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV)

“Yo, el Dios de Israel, les digo: si un profeta tiene un sueño, que lo cuente; si recibe un mensaje de mi parte, que lo comunique al pie de la letra. ¡Pero que se dejen de cuentos! Estoy cansado de sus mentiras. ¡Y todavía se atreven a decir que hablan de mi parte! Estoy en contra de esos profetas que dicen haber recibido mensajes de mi parte, pero yo no les he comunicado nada. Esa clase de mentiras no le hace ningún bien a mi pueblo; al contrario, lo conducen al error. Mi palabra es tan poderosa como el fuego, y tan dura como un martillo; ¡hasta puede hacer pedazos una roca! Les aseguro que así es.” (Jeremías 23:28-32, TLA)

AFERRÉMONOS A LA PALABRA, DESECHEMOS LA FALSA PROFECÍA.

Lo que normalmente hay detrás de la expresión «Dios me dijo», empleada por muchos pastores y pseudoprofetas modernos, es una desviación de la única fuente de revelación firme y segura, “la firmísima palabra de los profetas, a la que ustedes harán bien en atender como a lámpara que alumbra en la oscuridad hasta que despunte el día y el astro matinal amanezca en sus corazones.” (2 Pedro 1:19, BLPH), y que no es otra que la Sagrada Escritura.

A los pentecostales modernos nos haría mucho bien seguir el consejo paulino de «no ir más allá de lo que está escrito» (1 Corintios 4:6, NVI). De hecho, este fue el ejemplo que nos dio el Señor Jesús, quien constantemente citaba las Escrituras como la autoridad final e infalible: «Escrito está» (Mateo 4:4, 4:6-7) o «¿No está escrito […]? (y la Escritura no puede ser quebrantada)» (Juan 10:34-35). Por supuesto que Dios sigue hablando actualmente, pero esto lo hace principalmente a través de su Palabra (Hebreos 1:1) y puede hacernos sentir impulsos internos, deseos y emociones (Filipenses 2:13), pero evitemos a toda costa recurrir a estas peligrosas expresiones usadas a menudo en las sectas religiosas. Hablar en nombre de Dios cuando Él no ha hablado es un grave pecado que no quedará impune. ¿Qué tal si nos aferramos menos al «Dios me dijo» y nos apegamos más al «Escrito está»?

No lo olvidemos:

“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).

¡Solo la Escritura! Esto no significa otra cosa que, en cuestiones de fe, salvación, práctica y vida cristiana, solo la Biblia, como revelación divina, constituye la norma suprema, la última instancia para el cristiano y la Iglesia. Prestemos más atención a la segura Palabra de Dios y menos a las impresiones humanas falibles. Los pentecostales y carismáticos debemos evitar caer en el error de las sectas.

REFERENCIAS:

[1] Artículo 1, Declaración de verdades fundamentales. Véase “Las 16 verdades fundamentales de las Asambleas de Dios”. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#1, consultado el 10/03/2019.

Dones Espirituales

Dones Carismáticos: Los Dones de Palabra.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los avivamientos pentecostales han sido acompañados de manifestaciones sobrenaturales del Espíritu Santo. Los dones de “palabra” como son la palabra de sabiduría, la palabra de ciencia, el discernimiento de espíritus, la profecía, el don de hablar en lenguas, e interpretación de lenguas han estado entre esas manifestaciones.

I.- PALABRA DE SABIDURÍA Y PALABRA DE CIENCIA.

1 Corintios 12:8, nos habla de los dones de «palabra» conocidos como «palabra de sabiduría» (Sophia) y «palabra de ciencia» (gnosis). La palabra de sabiduría y la palabra de ciencia usualmente se definen en uno de dos sentidos básicos:

  1. En un sentido se definen como dones de instrucción y no son milagrosos por naturaleza. Estos son dones de habilidad natural, usados para hablar con perspicacia (sophia) en una situación particular, o con información (gnosis) obtenida por medio del estudio y de la experiencia. Por ejemplo, aquí se considera el ministerio de un maestro de Biblia a quien el Espíritu dotó y cuyas habilidades son consagradas al servicio de la iglesia.
  2. En otro sentido, estos dones son de naturaleza milagrosa y se basan en la revelación especial del Espíritu, aparte de los medios ordinarios. Son manifestaciones espontáneas del Espíritu Santo en un contexto de adoración. Las palabras de sabiduría (logos sophias) capacitan sobrenaturalmente a una persona para hablar con la clarividencia que Dios le da o con una perspectiva divina para resolver alguna situación en la iglesia. La palabra de ciencia (logos gnoseos) provee información factible, que no se ha adquirido por medios ordinarios, respecto a una situación o individuo en la iglesia. Este aspecto revelador de alguna manera se sobrepone al don de profecía. Incluso más, es posible que la palabra de sabiduría y la palabra de ciencia tengan la intención de operar en forma conjunta. El conocimiento solo envanece (1 Corintios 8:1), pero aplicado con sabiduría, edifica.

El único lugar en el que se mencionan estos dones es en 1 Corintios 12:8. El contexto escritural parece indicar que el Espíritu da estos dones de forma espontánea cuando la congregación se reúne para una adoración corporativa. Esto no descarta una función instructiva, ni tampoco descarta la clarividencia milagrosa impartida o la información que se usa para tratar asuntos previamente irresolubles u ocultos. La instrucción de 1 Corintios 12 indica que los dones de palabra son, con mayor probabilidad, dones sobrenaturales de clarividencia y de información para el bien común del pueblo de Dios en adoración. La naturaleza de estos dones es a veces instructiva, a veces reveladora, o ambas, la manifestación del Espíritu en estos dones tiene que ver con la enseñanza de las Escrituras. Estos dones de palabra tienen beneficios específicos en el contexto del ministerio:

  • La palabra de sabiduría con frecuencia provee una guía para la aplicación de los otros dones, tales como profecía y ciencia.
  • Las palabras de sabiduría y de ciencia guían al ministro para saber cómo orar por una persona.
  • Cuando una persona o un grupo confronta situaciones difíciles, estos dones ayudan al ministro a estimular y a fortalecer la fe a medida que él (o ella) usa la perspicacia de origen divino para hablar acerca de las necesidades específicas.4
  • En el ministerio de oración con frecuencia Dios usa una palabra de ciencia o de sabiduría para provocar arrepentimiento. Estos asuntos se tratan mejor de una forma quieta en el altar o en recintos privados, el llamamiento público por un supuesto pecado individual no sigue la enseñanza bíblica de primero aproximarse en privado a un hermano o hermana. No obstante, cuando las personas reciben una palabra de parte del ministro que no tenían manera de saber por medios ordinarios, muchos, súbitamente, se sienten quebrantados y humillados delante de Dios, sus espíritus se abren para recibir perdón, sanidad y renovación de parte del Señor.

Estos 2 maravillosos dones espirituales operan en dos distintos ambientes: en lo corporativo y en privado. El ambiente sirve para determinar el mayor propósito de los dones. Pero en ambos ambientes, corporativo y privado, las manifestaciones del Espíritu siempre tienen como fin la edificación. Cuando el Espíritu nos usa en el ejercicio de estos dones de palabra, la información puede venir en diferentes maneras:

  • A través de una visión o sueño (a veces visible solamente en nuestro espíritu).
  • Al oír la voz de Dios (repito, a veces solo en nuestro espíritu).
  • Al sentir lo que el otro está sintiendo (sea algo físico o espiritual).
  • Al sentir que el poder del Espíritu viene sobre nosotros como una señal de que Dios desea que ministremos a alguien que está presente.

Las palabras de sabiduría y de ciencia se deben estimular en un ambiente de adoración del grupo, especialmente si se puede consultar a una persona experimentada como una salvaguarda en contra del uso indiscreto de los dones espirituales. Cuando una palabra se da en público, edificará la fe y concordará con aquello que el Espíritu ya está haciendo en el servicio de adoración. Una palabra proveniente de Dios nunca destruirá, derribará ni dejará a la congregación preguntándose cómo eso concuerda con el ambiente establecido. Aunque una palabra se enfoque en el arrepentimiento, Dios no condena, Él llama. Además, debe tenerse en cuenta que, en la recepción de estos dones de palabra, se aplican los mismos principios que se aplican para recibir cualquiera de los dones del Espíritu.

  1. Dios distribuye soberanamente, de acuerdo a su voluntad, los dones del Espíritu (1 Corintios 12:11).
  2. Se nos exhorta a buscar y desear los dones espirituales (1 Corintios 12:31; 14:1) con una apropiada motivación, de modo que Dios se glorifique por medio nuestro y su iglesia se estimule.
  • Dios es el único que da dones. Pero Él puede cumplir esto mediante la imposición de manos de personas ungidas (1 Timoteo 4:14; 2 Timoteo 1:6).

Cuando nosotros sencillamente confiamos en Dios y nos dedicamos al ministerio, podemos recibir los dones que necesitamos para la tarea que hemos de realizar, aunque el don particular que recibamos sea temporal. Hay un misterio divino en lo que concierne a la persona que Dios elija para su ungimiento en un ministerio dado. El principio sencillo y más importante que debemos recordar al recibir los dones es, primeramente, una renuncia a todas las cosas que pertenecen al yo, así como una rendición en obediencia al Señor Jesucristo. Solo entonces Dios podrá hacer todo lo que desea a través de nosotros y palabras de sabiduría y de ciencia edificarán al rebaño con creciente fe y testimonio.

II.- PROFECÍA, DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS, DIVERSOS GÉNEROS DE LENGUAS E INTERPRETACIÓN DE LENGUAS.

1 Corintios 12:10 menciona 4 dones de palabra adicionales, los cuales son: profecía (propheteia), discernimiento de espíritus (diakriseis pneumaton), diversos géneros de lenguas (gene glosson), e interpretación de lenguas (hermeneia glosson). La mayoría de los eruditos pentecostales o carismáticos consideran que la revelación dada por medio de estos dones de palabra en la iglesia de hoy no se puede igualar en calidad con las Escrituras, por las siguientes razones:

(1) En el contexto inmediato, Pablo exhorta a la iglesia de los corintios a que juzguen las profecías, aparentemente para ver su exactitud y autoridad (14:29), algo que él nunca hubiera dicho acerca de las Escrituras.

(2) El hablar en lenguas se describe como que el espíritu humano ora por impulso del Espíritu Santo, sin ninguna mención de “calidad autoritativa” como de las Escrituras (14:14).

(3) El propósito definido de los dones es de edificación, no para producir Escrituras (12:7; 14:3–5,12,19,31).

Analicemos brevemente cada uno de estos dones:

PROFECÍA.

El uso en el Nuevo Testamento de propheteia indica que la profecía era un acto espontáneo de palabra inspirada, a diferencia de un estudio preparado de las Escrituras, pero no inspirada en el mismo sentido que el canon. El contenido de las expresiones parece haber sido predictivo (Hechos 11:28; 21:10), en una forma que al mismo tiempo era de naturaleza exhortativa (1 Corintios 14:20–26; 1 Pedro 1:10–12). El ministerio profético era tan significativo en el Nuevo Testamento, que los que fueron asignados por el Señor como profetas (Efesios 4:11) se mencionan después de los apóstoles. La profecía predice acontecimientos en el futuro (Hechos 11:28; 21:10,11) y manifiesta los secretos del corazón (1 Corintios 14:20–26), con el fin de dar exhortación colectiva o personal.

DISCERNIMIENTO DE ESPÍRITUS.

El discernimiento de espíritus (diakriseis pneumaton) está estrechamente relacionado con los dones proféticos y se refiere a la habilidad divinamente impartida de determinar las expresiones proféticas que son de Dios y las que no lo son (1 Tesalonicenses 5:19–22). Esto no necesariamente refleja los motivos del profeta, aunque los falsos profetas asaltan con dudas a los hermanos en la iglesia y deben ser identificados. Más bien, la necesidad de discernimiento muchas veces simplemente refleja la percepción falible del profeta. A veces, a pesar de los mejores esfuerzos del profeta, el mensaje puede ser mal percibido. Muy claramente implicado en este don está el elemento subjetivo en el don profético. Las profecías no necesitan ser recibidas sin sentido crítico, como absolutas o vinculantes para el creyente. Se las debe “escudriñar” (Hechos 17:11).

DIVERSOS GÉNEROS DE LENGUAS.

La más clara declaración definitiva acerca de las lenguas (gene glosson) está en 1 Corintios 14:14: “Porque si yo oro en lengua desconocida, mi espíritu ora, pero mi entendimiento queda sin fruto.” Según este versículo, “lenguas” constituye una clase de oración en que el espíritu humano ora en una forma que transciende la capacidad de razón humana. Es una comunicación de espíritu a Espíritu. El contexto amplifica el contenido de las lenguas para que incluya: oración, cantos, alabanza, y acción de gracias (vv. 15–17). La evidencia del libro de Hechos confirma la naturaleza básica de las lenguas como alabanza y declaración de las maravillas de Dios (véase, Hechos 2:11; 10:46; 19:6). Muchas veces se usa 1 Corintios 14:2 en esta discusión para argumentar que las lenguas son exclusivamente una expresión del hombre a Dios: “Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios; pues nadie le entiende, aunque por el Espíritu habla misterios.” Este versículo refuerza el contenido del hablar en lenguas como expresión del espíritu humano a Dios; sin embargo, no necesariamente excluye la verdad de que los mensajes en lenguas pueden ser comunicación de Dios al hombre. La declaración “de persona a Dios” de 14:2 puede ser debido a que no hay interpretación de lo que se trata en el contexto (14:1–17). Si alguien habla en lenguas en un culto de adoración y no hay interpretación, entonces la persona habrá hablado solamente a Dios, debido a que en ese punto la congregación no puede comprender lo que se ha dicho.

INTERPRETACIÓN DE LENGUAS.

La interpretación de lenguas se refiere a la traducción (hermeneuo) de lo que se ha hablado en lengua desconocida. Esta traducción expone el contenido del mensaje en un idioma que la congregación entiende, de modo que todos puedan ser edificados. Si el mensaje no tiene sentido para los oyentes, entonces no puede haber edificación (1 Corintios 14:1–19). Con respecto a las lenguas en la adoración, casi siempre consideramos que el contenido de las interpretaciones es profético; las interpretaciones son virtualmente siempre de Dios al hombre. La enseñanza de 1 Corintios 14:1–5 indica que la profecía es equivalente a la interpretación de lenguas en términos de edificación. Hay amplia evidencia en 1 Corintios y los Hechos para sugerir que el contenido de las lenguas puede también ser expresión del espíritu humano a Dios. Por consiguiente, por lo menos algunas veces, el contenido de la interpretación será una expresión a Dios en la forma de una oración, una alabanza, una acción de gracias, o una canción.

El propósito de estos, y de los demás dones de palabra es la edificación de la iglesia. Ellos edifican, específicamente mediante el contenido de lo que se habla. Las profecías pueden ser expresadas a grupos o individuos en la forma de exhortaciones o predicciones. El grupo o el individuo debe orar por el don profético compañero de discernimiento, con el fin de evaluar lo que se ha dicho. Los supuestos profetas a veces han abusado del don, especialmente en el ministerio a individuos. La constante aplicación del criterio bíblico para la profecía será una ayuda en mantener equilibrio en la iglesia cuando se manifiesta este don. Cuando una persona es legítimamente dotada con este ministerio, es una fuente poderosa de estímulo y nunca se debe menospreciar (1 Tesalonicenses 5:19–22); pero la profecía tiene que ser examinada y pastoreada. Además, debe tenerse en cuenta que la profecía dada por el Espíritu Santo edifica, nunca derriba. Bendice al pueblo de Dios. Confirma y renueva, pero nunca produce ansiedad o temor. Nunca usurpa la autoridad del pastor concedida por Dios. Además, este don revela los secretos del corazón de los inconversos y los lleva al arrepentimiento y a la adoración (1 Corintios 14:20–25). Finalmente, la profecía que está de acuerdo con la Palabra reflejará los principios del amor expresados en 1 Corintios 13:1–7.

Las lenguas y la interpretación que se manifiestan en conjunto edifican a la iglesia, así como las profecías. Las lenguas solas no pueden producir esto en un culto de adoración, debido al factor de comprensión, aunque las lenguas sin interpretación sí edifican al que las habla (1 Corintios 14:1–5,18,19). Las lenguas que son interpretadas edifican a la iglesia por medio de oración, alabanza, acción de gracias, canto, y declaración de las maravillas de Dios, por tanto, fungen en relación complementaria con el don profético. Ninguno de los dones expresados aisladamente puede cumplir tanto como todos ellos en conjunto. El Espíritu otorga los dones según su voluntad con el fin de edificarnos, renovarnos, y guiarnos a toda verdad mientras Jesucristo va edificando su reino por medio de nosotros.

LA RESPONSABILIDAD DEL CREYENTE ANTE LOS DONES DE PALABRA.

A diferencia de las manifestaciones satánicas en que el instrumento humano está completamente sujeto al poder de Satanás (Marcos 5:1-20; 9:17-27), el creyente del Espíritu no es un desvalido autómata. Pablo escribió que “los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (1 Corintios 14:32). Aunque el Espíritu Santo nunca se equivoca, el creyente, a través de quien el Espíritu quiere obrar, es humano y por consiguiente susceptible de malinterpretar la intención del Espíritu. Por lo tanto, en la iglesia de Corinto había abusos de los dones de palabra, que, en vez de enriquecer a un grupo de creyentes, realmente resultó en burla (1 Corintios 14:23). Para ayudar a los creyentes a colaborar con el Espíritu Santo en los dones de la palabra, la Biblia da pautas que subrayan la responsabilidad de quien habla y de quien oye estas manifestaciones.

RESPONSABILIDADES DEL HABLANTE.

  • Como en toda experiencia espiritual la fe es un ingrediente indispensable en los dones de la palabra. Pablo escribió: “De manera que, teniendo diferentes dones, según la gracia que nos es dada, si el de profecía, úsese conforme a la medida de la fe” (Romanos 12:6). Las dudas y los temores pueden ser un impedimento para que el creyente se rinda al Espíritu Santo. Cuando se sabe que el Espíritu quiere manifestar su presencia, el creyente en fe debe prestar atención a la instrucción de Pablo: “No apaguéis al Espíritu” (1 Tesalonicenses 5:19). Los creyentes deben tener fe en que el Espíritu Santo tal vez quiere manifestarse a través de ellos y deben en todo momento ser sensibles a su dirección.
  • Una segunda pauta para quien habla es: “Pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:40). Cuando un creyente recibe una impresión de que el Espíritu Santo quiere manifestarse a través de él, no es necesariamente el momento de articular la palabra. El Espíritu Santo espera que el creyente use su discreción a fin de esperar el momento adecuado para comunicar el mensaje. Una actitud cordial y buenos modales, es decir, el fruto del Espíritu, son importantes para saber cuándo hablar. Si más de una persona siente que el Espíritu la impele a hablar, uno debe esperar cortésmente al otro. Pablo escribió: “Si habla alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno [alguien] interprete” (1 Corintios 14:27). Es difícil imaginar que el apacible Espíritu Santo interrumpiría la predicación de la Palabra o el llamado al altar. Es el Espíritu Santo quien unge al siervo del Señor para que predique y pida una respuesta de los oyentes. El creyente lleno del Espíritu honrará esta unción y esperará el momento propicio para comunicar la palabra.
  • Una tercera pauta en los dones de la palabra es la edificación de la iglesia. Pablo escribió en el contexto de los dones espirituales: “Hágase todo para edificación” (1 Corintios 14:26). Más adelante señala que la persona que profetiza es mayor que la persona que habla en lenguas, a no ser que interprete. La razón es “que la iglesia reciba edificación” (1 Corintios 14:5). Edificar es construir espiritualmente, promover el crecimiento espiritual. Los dones de la palabra nunca deben interrumpir un servicio ni destruir lo que el Espíritu quiere obrar. Las descripciones bíblicas de los dones de la palabra pueden ayudar el potencial mensajero a reconocer si él armoniza con el Espíritu o si está obrando con presuntuosidad. La profecía, conforme escribió Pablo, es “para edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:3). Las lenguas con interpretación es hablar “con revelación, o con ciencia, o con profecía, o con doctrina” (1 Corintios 14:6). Así es como los dones de la palabra añaden significado al propósito de la reunión de los creyentes. Deben enriquecerse y mejorar en vez de restar valor a la ocasión de la reunión.
  • Una cuarta responsabilidad del comunicador es interpretar o callar. Pablo escribió: “Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación” (1 Corintios 14:13). Hablar en lenguas en la congregación debe ser acompañado de interpretación. Aunque el Espíritu Santo puede dar la interpretación a través de otra persona, no el que habla en lenguas (1 Corintios 14:27), es claro que quien habla tiene una especial responsabilidad de ser receptivo a la dirección del Espíritu. Así como se requiere de fe para rendirse al Espíritu y hablar en lenguas, también se requiere de fe para la interpretación. En 1 Corintios 14:5, Pablo dice que la persona que profetiza es mayor (es decir, presta mayor servicio) que quien habla en lenguas, a no ser que interprete. Nuevamente es obvio que la persona que habla en lenguas tiene la responsabilidad de rendirse al Espíritu Santo para la interpretación, si esta fuera la intención del Espíritu.

LA RESPONSABILIDAD DEL OYENTE.

La responsabilidad en relación con los dones de la palabra no sólo descansa en quien habla, sino también en quien oye. Y una principal responsabilidad tiene que ver con la actitud del oyente. Pablo escribió: “No menospreciéis la profecía” (1 Tesalonicenses 5:20). El oyente no debe menospreciar los dones de la palabra o tomarlos a la ligera. Sin embargo, dos factores pueden llevar a que se considere con desdén los dones de la palabra. Hay algunos que no están conscientes de la clara enseñanza en las Escrituras respecto a las manifestaciones del Espíritu, arbitrariamente podrían rechazarlo por ignorancia. Por otra parte, los abusos en las enseñanzas de las Escrituras pueden resultar en escepticismo. Pablo se refirió a una situación en que la gente podría haber considerado locura el don de la palabra (1 Corintios 14:23). La falta de enseñanza es la razón de la existencia de ambos factores. Los creyentes no deben rechazar lo auténtico por causa de lo falso. Deben entender que, por causa del factor humano, puede haber fanatismo. Dios reconoció la posibilidad de abuso y por eso en 1 Corintios 12—14 proveyó la enseñanza concentrada acerca de los dones espirituales. Los creyentes sinceros entenderán que esta enseñanza no tiene como fin prevenir o desanimar a los creyentes de responder al Espíritu, sino que la manifestación de Dios sea todo lo que Él quiere. Ellos reconocerán que debido a que la iglesia tiene tal necesidad de lo sobrenatural, Dios ha provisto abundante instrucción para hacerlo posible en un ambiente con las actitudes adecuadas. Ahora bien, aunque los creyentes no deben apagar el Espíritu (1 Tesalonicenses 5:19 ni menospreciar la profecía (versículo 20), tampoco deben ser crédulos. En el mismo contexto donde encarece la aceptación de lo sobrenatural, Pablo escribe: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21). Se pueden desarrollar dos extremos. Uno es rechazar todo como falsedad; el otro, aceptar todo como la voz de Dios. El creyente tiene la responsabilidad de determinar lo que es realmente inspirado por el Espíritu. Es posible que el mensajero en alguna oportunidad use una expresión como: “Yo, el Señor, digo…” Aun así, se debe aplicar la enseñanza de las Escrituras. El oyente debe probar lo que se dice. Pablo explica claramente que los oyentes deben juzgar o evaluar lo que se dice (1 Corintios 14:29,30). No obstante, esta evaluación debe hacerse sobre un buen fundamento. Algunos comparan la extensión de una interpretación con la extensión del mensaje en lenguas, y esto puede ser un fundamento defectuoso. Se debe notar que esta manifestación del Espíritu es interpretación, no traducción. La palabra griega que se traduce como interpretar significa explicar y también se traduce como exponer. Es la palabra que se usa respecto al ministerio de Jesús en el camino a Emaús, donde Él expuso las Escrituras a los dos discípulos (Lucas 24:27). En Daniel 5:25-28 encontramos un ejemplo de interpretación. Las palabras que Belsasar vio sobrenaturalmente escritas en la pared eran “Mene, mene, tekel, uparsin.” La traducción exacta habría sido “numeración, numeración, pesado, división”. Pero Daniel comunicó la interpretación, no la traducción. Las 35 palabras que usó para interpretar las cuatro palabras escritas fueron: “MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin. TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto. PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas.” Por lo tanto, comparar la extensión de una interpretación con la extensión de las lenguas no es un fundamento válido para evaluar una interpretación. Sin embargo, hay pruebas bíblicas que se pueden aplicar para evaluar los dones de la palabra:

  • Primero, “nadie que hable por el Espíritu de Dios llama anatema a Jesús” (1 Corintios 12:3). Cuando el Espíritu Santo se manifiesta en los dones de la palabra, nunca habrá declaraciones que presenten a Jesús de una manera adversa. Respecto al ministerio del Espíritu, Jesús dijo: “El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber” (Juan 16:14). El Espíritu Santo siempre exalta a Jesús. En los primeros años de la iglesia, como hoy, había falsos profetas. El apóstol Juan advirtió a los creyentes y les dijo como podían distinguir la verdad de la falsedad: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo” (1 Juan 4:1-3).
  • Otra prueba para evaluar los dones de la palabra es la Palabra de Dios. Toda la Escritura es inspiración del Espíritu Santo (2 Timoteo 3:16) y el Espíritu no contradice con los dones de la palabra lo que inspiró de manera escrita. Desde el principio Dios advirtió que vendrían algunos diciendo que son enviados de Él (Jeremías 23:21). Profetizarían falsedad en nombre de Dios (14:14). Profetizarían de lo que hay en el corazón de ellos y no lo que el Espíritu les inspirara (23:16; Ezequiel 13:2,3). Irían al extremo de decir: “Él [Dios] dice”, para expresar sus propios pensamientos (Jeremías 23:31). Además de estos, puede haber sinceros creyentes que, con buena intención, hablen erróneamente porque no han aprendido a distinguir entre la dirección del Espíritu y la opinión personal. Los dones de la palabra divinamente inspirados pueden soportar el escrutinio de las Escrituras, y las palabras que no son manifestaciones del Espíritu Santo necesitan la prueba de la Palabra de Dios. Quienes menosprecian los dones de la palabra necesitan recordar que hay falsificaciones de casi todo lo auténtico. Los oyentes tienen la responsabilidad de aplicar en amor la prueba de las Escrituras.
  • Una tercera prueba de los dones del Espíritu tiene relación con la Palabra que se proclama. Después del ascenso de Jesús, los discípulos, “saliendo, predicaron en todas partes, ayudándoles el Señor y confirmando la palabra con las señales que la seguían” (Marcos 16:20). Cuando se proclama la Palabra de Dios se espera que haya confirmación de la Palabra. Los dones de la palabra normalmente armonizarán con la unción que Dios ha dado a sus siervos para proclamarla.

Donde hay vida, puede haber problemas, y esto también se aplica a la vida espiritual. La solución no es desechar los dones de la palabra, ni apagar el Espíritu. La solución es eliminar la falta de comprensión (1 Corintios 12:1) mediante un cuidadoso y completo estudio de la Palabra de Dios. El resultado debe ser la ferviente oración que los creyentes se rindan de tal manera al Espíritu Santo que éste se manifieste a través de ellos. La iglesia enfrenta un perverso enemigo, pero la provisión sobrenatural de Dios para la victoria, incluidos los dones de la palabra, es más que suficiente. Las poderosas palabras de Zacarías son tan poderosas hoy como lo fueron en su tiempo: “No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos” (Zacarías 4:6).

CONCLUSIÓN.

Los dones de palabra no son talentos naturales, sino carismas de naturaleza sobrenatural otorgados por el Señor. No obstante, ejercer alguno de los dones de palabra tampoco significa convertirse en autómata. La persona que ejerce un don de palabra no es sólo una secretaria, o un vaso vacío, que da el mensaje palabra por palabra, como si éste hubiera sido dictado. Dios se vale completamente del vaso: su mente, sus pensamientos, sus antecedentes, y la situación actual. El vaso en sí es parte de ese mensaje, por lo tanto, su vida y forma de expresar el don son partes vitales de cómo edificar a los demás. La clave es la sensibilidad al Espíritu y unos a los otros, y saber ejercer el don en el momento apropiado. Los dones son herramientas del ministerio. Mediante el fruto del Espíritu manifestamos eficazmente esas herramientas. Lo que necesitamos los creyentes pentecostales no es principalmente orar por dones. Los dones están aquí. Nuestra necesidad es buscar a Dios y acercarnos a Él con fe viviente para que los dones que están inactivos, suficientes para revolucionar al mundo, puedan ser ejercidos.

Los dones de palabra pueden y deben ser ejercidos en ambientes tanto privados como públicos, siempre tomando en cuenta la decencia y el orden, así como la sujeción a la Palabra y a las autoridades delegadas. Animemos a las personas en el uso de esos dones, y pastoreemos a las personas que los tienen con el tacto de un buen pastor. Las palabras de sabiduría y de ciencia, el don de lenguas e interpretación, la profecía y el discernimiento de espíritus edificarán a la congregación con una fe y un testimonio cada vez mayores.