Asambleas de Dios, Salvación, Santificación

¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (IX) – La Santificación

La santificación es un acto de separación de todo lo malo, y de dedicación a Dios (Romanos 12:1-2; 1 Tesalonicenses 5:23, Hebreos 13:12). La Biblia prescribe una vida de "santidad sin la cual nadie verá al Señor" (Hebreos 12:14). Por el poder del Espíritu Santo podemos obedecer el mandato que dice: "Sed santos porque yo soy santo" (1 Pedro 1:15-16). La santificación se efectúa en el creyente cuando este reconoce su identidad con Cristo en su muerte y su resurrección, y por fe se propone vivir cada día en esta unión con Cristo, y somete todas sus facultades al dominio del Espíritu Santo (Romanos 6:1-11; Romanos 6:13; Romanos 8:1-2; Romanos 8:13; Gálatas 2:20; Filipenses 2:12-13; 1 Pedro 1:5).

Asambleas de Dios, Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (I)

Muy a menudo se critica a los pentecostales por no ser claros en cuanto a definir las doctrinas que profesan. Aunque esto podría ser cierto para algunas iglesias independientes o no afiliadas a una denominación específica, tal generalización es inexacta con respecto a las principales denominaciones pentecostales. Por ejemplo, ¿Sabías que, de la misma forma en que las denominaciones protestantes históricas tienen sus credos o confesiones de fe, las Asambleas de Dios (así como la mayoría de las denominaciones pentecostales) tienen sus propias declaraciones de fe? 

ECLESIOLOGÍA, REFLEXIÓN BÍBLICA

Una iglesia que marca la diferencia

La iglesia primitiva conmovió los cimientos de Roma mediante el poder del Evangelio. A través de la obra del Espíritu Santo en sus corazones modelaron sus vidas de conformidad con la vida de Cristo, hacían lo que él había hecho, hablaban como él hablaba, se sacrificaron como él se sacrificó. El éxito de la iglesia primitiva no se debió a ellos mismos, ni fue por su estrategia solamente. Ciertamente no fue por su protagonismo, ni por sus recursos. Tampoco se dio por casualidad, ni mucho menos por su capacidad, fue por su total dependencia en el poder del Espíritu Santo.