¿Para qué vamos a la iglesia? ¿Para adorar a Dios? ¿Por entretenimiento? ¿Para la satisfacción de nuestras preferencias? ¿Por qué vas a adorar? Jesús le preguntó a la gente de su día lo mismo cuando fueron a escuchar la predicación de Juan el Bautista.
Categoría: REFLEXIÓN BÍBLICA
Una Iglesia dividida y en confrontación
¿Cómo es posible que tanto los calvinistas como los arminianos puedan leer la misma Biblia y llegar a conclusiones tan diferentes? ¿Cómo es posible que un premilenialista y un amilenialista puedan ambos leer el libro de Apocalipsis y llegar a conclusiones completamente diferentes sobre lo que dicho libro enseña? ¿Cómo es posible que un cristiano carismático y otro no carismático puedan leer juntos el libro de los Hechos o las listas de los dones del Espíritu y aún estar en desacuerdo sobre lo que está vigente en nuestros días y lo que no?
La muerte no es el fin
Llegará el día "cuando lo corruptible se revista de lo incorruptible, y lo mortal, de inmortalidad, entonces se cumplirá lo que está escrito: «La muerte ha sido devorada por la victoria». «¿Dónde está, oh muerte, tu victoria? ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón?»" (1 Corintios 15:54-55, NVI). Es la gratitud, no el temor, quien rige ahora la vida del cristiano. Es la esperanza, y no la ansiedad ni la desesperación, la que gobierna ahora nuestra vida: "Pues Dios nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestras propias obras, sino por su propia determinación y gracia. Nos concedió este favor en Cristo Jesús antes del comienzo del tiempo; y ahora lo ha revelado con la venida de nuestro Salvador Cristo Jesús, quien destruyó la muerte y sacó a la luz la vida incorruptible mediante el evangelio" (2 Timoteo 1:9-10, NVI).
Somos polvo, frágiles vasijas de barro
Cuando nos rendimos a Jesús como Señor, no le ofrecimos los servicios de una criatura divina o semidivina para fortalecer su reino: le ofrecimos la vida frágil, temporal, mortal y delicada que él nos dio primero a nosotros. Eso es todo lo que tenemos para ofrecer. Dios lo sabe. Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro (Salmos 103:14), él recuerda que somos polvo. Conocer esto es vital al rendir nuestras vidas a Él en el ministerio. Solo teniendo esto en mente podremos escapar del orgullo, la soberbia y la arrogancia. Ahora pues: "Basado en el privilegio y la autoridad que Dios me ha dado, le advierto a cada uno de ustedes lo siguiente: ninguno se crea mejor de lo que realmente es. Sean realistas al evaluarse a ustedes mismos, háganlo según la medida de fe que Dios les haya dado" (Romanos 12:3, NTV).
Esclavos del dinero
El dinero es fundamental para subsistir, del mismo modo que es necesario el vestido, el techo o la alimentación de cada día, para poder llevar una vida en condiciones dignas y saludables. Esa es precisamente la paradoja, que el dinero es indispensable y que, al mismo tiempo, empobrece la existencia si se convierte en lo fundamental, "porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores." (1 Timoteo 6:10).
Aprendiendo a confiar en Dios
Sabiendo que Dios te cuida, no debes temer la pérdida, el dolor, o la muerte. Jesús, en Mateo 6:25–34, nos manda no estar "ansiosos por nada." De hecho, Jesús nos invita a presenciar la providencia de Dios sobre la creación y allí ver su amor por nosotros, ya que si los pájaros no siembran, pero son alimentados (Mateo 6:26); si los lirios del campo no trabajan, y sin embargo, están vestidos con más magnificencia que Salomón (Mateo 6:28-29). ¿Qué no hará Dios por nosotros, que somos mucho más valiosos que ellos? Pues Dios no es solo nuestro Creador; sino nuestro Padre amoroso. Y Él sabe lo que necesitas. Su provisión no es arbitraria. Él no retiene las bendiciones para someter a sus hijos a una prueba cósmica de tolerancia al dolor. El Dios de la Providencia es nuestro Dios, y Él conoce nuestras necesidades. Él añadirá la provisión. ¿Confías en esta clase de Dios sabio, soberano y providente? ¿Qué tal si dejamos de ver la soberanía de Dios como el terrible martillo que nos golpea con su frialdad, o la voluntad caprichosa que a veces nos niega lo que más deseamos? ¿Por qué no verla, más bien, como la tierna almohada sobre la cual descansa nuestra paz y seguridad? Entonces aprenderemos "a conocer la voluntad de Dios... la cual es buena, agradable y perfecta." (Romanos 12:2, NTV).
¡Libérate de la envidia!
La envidia no tiene cabida en el plan de Dios para nuestra vida. Sin embargo, todos luchamos con eso en un momento u otro de la vida, o quizás en más momentos de los que quisiéramos admitir. ¿Y sabes por dónde empiezan la envidia y los celos? Por la comparación. Cuando comparas tu realidad con la de otro, cuando comparas tu familia con la de tu amigos, cuando comparamos nuestros ministerios o trabajos, poco a poco nuestro corazón comienza a contaminarse y, sin darnos cuenta, llegamos al punto en que nos encontramos cuestionando incluso a Dios. Ante tales peligros, la Palabra está llena de exhortaciones a cuidar nuestro corazón y limpiarlo de cosas tan contaminantes como los celos, la envidia y la codicia de lo que otro tiene o ha logrado. Podemos justificarlo de mil maneras, pero déjame decirte sin tapujos una vez más: ¡La envidia no tiene cabida en el plan de Dios para nuestra vida! Desde un principio, Él lo dejó bien claro. El Creador, que nos conoce muy bien por eso mismo, porque es nuestro Creador, sabía que el codiciar produce envidia, y la envidia, muerte. Por eso mandó: "No codicies la casa de tu prójimo: No codicies su esposa, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su burro, ni nada que le pertenezca" (Éxodo 20:17; NVI).
Glorifica a Dios con tu trabajo
El mundo reconoce algunas vocaciones, carreras, oficios y profesiones más que otras. Pero tal cosa no existe en realidad. Lo que varía es el círculo de impacto de nuestro trabajo, mas no su importancia, porque en el plan de Dios y en su propósito eterno, Él ha designado a cada persona su lugar, rol, y propósito en la creación de este lado de la eternidad (2 Timoteo 2:20). Nuestro trabajo es de importancia eterna cuando es hecho para la gloria de Dios, así seas médico, maestro, abogado, agricultor o cocinero. Cualquiera sea tu oficio, carrera o profesión, cúmplela con excelencia y glorifica a Dios a través de ella desarrollándola "con integridad de corazón, como [para] Cristo." (Efesios 6:5' NVI). Si eres empleado, haz tu trabajo fielmente, con excelencia, no "solo cuando los estén mirando, como los que quieren ganarse el favor humano, sino como esclavos de Cristo, haciendo de todo corazón la voluntad de Dios. Sirvan de buena gana, como quien sirve al Señor y no a los hombres, sabiendo que el Señor recompensará a cada uno por el bien que haya hecho." (Efesios 6:6-8, NVI).
¡No te rindas!
¿Cuántas veces has pensado rendirte ante la crítica, los problemas y los ataques de otros? ¿Alguna vez te han abrumado tanto tus propias debilidades y limitaciones que has pensado que no vale la pena seguir luchando? ¡No te rindas! No estás solo. Todo aquél que ha logrado sus metas ha tenido que enfrentar esos mismos sentimientos de ineptitud, abandono y rechazo en algún momento de su vida. Pero aquellos que creemos en Dios hemos descubierto que no batallamos por nuestra propia cuenta.
El fracaso de una vida sin Jesús.
Mientras no conozcas a Cristo nada te hará feliz. No importa si practicas una religión. Tampoco importa con quién te cases, cuánto dinero tengas, lo exitosa que sea tu carrera o lo famoso que pienses ser. Nada puede ocupar el lugar de Cristo. La vida de Norma Jean Baker (mejor conocida como Marilyn Monroe) es el perfecto ejemplo de ello.