La seguridad de Juan 10:27-28 se aplica solo a aquellos que siguen a Cristo, como lo indica claramente el texto. Solo los fieles serán salvos: “Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida.” (Apocalipsis 2:10, NVI).
Autor: pensamientopentecostalarminiano
Soberanía de Dios y Libre Albedrío
Mientras que la visión calvinista de la soberanía es "soberanía por mandato", donde Dios es como un maestro titiritero que tira de todas las cuerdas y hace que todo y todos bailen a su tono, la visión arminiana es más bien la de un "director soberano"; Dios es como un director de orquesta que trabaja para mezclar la música de cada uno de los músicos en su visión. Cada miembro de la orquesta es independiente y aporta sus propias notas. Pero el conductor tiene un plan en el que está trabajando y trabaja para reunir todas las partes dispares en un magnífico conjunto. Pero mientras el conductor humano no tiene éxito garantizado, Dios no fallará, su plan tendrá éxito.
Si Dios no ha dicho nada ¡Cállate!
“¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.” (Isaías 8:20, RVR1960).
Por su Gracia, para su Gloria…
La gracia se define como “el favor mostrado por Dios a los pecadores. Es la buena voluntad divina ofrecida a aquellos que ni merecen ni pueden esperar ganarla. Es la disposición divina para trabajar en nuestros corazones, voluntades y acciones, a fin de comunicar activamente el amor de Dios por la humanidad ". La gracia no es una entidad u objeto. Es una característica definitoria de la relación de Dios con nosotros. Es solo por la gracia de Dios, su disposición favorable hacia nosotros, que podemos someternos a Dios y vivir para él. Es a través de su gracia, o favor especial, que Dios impacta nuestras vidas de diferentes maneras. La gracia de Dios nos capacita para creer. Nos permite ser salvos. Nos permite vivir vidas santas y piadosas. Nos permite servir dentro de su iglesia. La gracia de Dios nos permite ser lo que nunca podríamos ser por nuestra cuenta.
¿Fuego extraño o fuego santo?
En su polémico libro “Fuego Extraño”, John MacArthur califica al Movimiento Pentecostal y Carismático como una herejía peligrosa que debe ser combatida por los demás cristianos. Como pentecostales es necesario responder bíblicamente a tan graves acusaciones.
Soy pentecostal, pero no de esos…
Algunas personas creen que los Pentecostales somos unos bichos raros descerebrados que entran en ataques incontrolables durante servicios religiosos. Están sorprendidos de saber que muchos de nosotros tenemos grados avanzados, muchos somos profesionales, tenemos nuestros propios negocios, ejercemos cargos públicos y movilizamos una gran cantidad de obras misioneras y de caridad en el mundo. Los Pentecostales componemos más de un cuarto de todos los cristianos hoy en día (tan sólo las Asambleas de Dios, la denominación a la cual me siento orgulloso de pertenecer, cuenta con más de 69 millones de miembros). Pero no te confundas, ni generalices ¡No todos los 'Pentecostales' somos iguales! No pretendas etiquetarnos o reducirnos a tu prejuiciado estereotipo mental
¿Puede un cristiano ser poseído por demonios?
Los demonios, espíritus inmundos o impuros, son seres de naturaleza espiritual e invisibles, también conocidos como “ángeles caídos” puesto que siguieron a Satanás en su rebelión contra Dios, su creador. Son de carácter inmortal, son poderosos, superiores al poder de un ser humano, y tienen personalidad. La Biblia no vacila en identificar a los demonios como seres espirituales hostiles a Dios y a los hombres.
La repugnante práctica del «vómito santo»
En algunas iglesias, principalmente neopentecostales, suele enseñarse la aberrante y asquerosa práctica del “vómito santo” que, según sus simpatizantes, es producida por obra del Espíritu Santo. Dicha práctica consiste en que la persona es tomada por el “Espíritu”, el cual le produce náuseas y posteriormente el vómito. En muchas iglesias, los afectados por este fenómeno de pronto se ponen de pie en medio de la congregación y comienzan a vomitar como señal de liberación o “toque espiritual”, atribuyendo tal acto al poder de Dios. Si bien es cierto que la Biblia menciona la palabra “vómito”, nunca lo presenta como una manifestación del Espíritu Santo. La Biblia habla de la tierra vomitando a sus moradores a causa del pecado (Levítico 18:24-28). Habla del perro que vuelve a su vómito (2 Pedro 2:17-22). También nos relata que a Jonás lo vomitó el gran pez (Jonás 2:10). Y en Apocalipsis el Señor afirma que vomitará a los tibios (Apocalipsis 3:16). Nunca el vómito es presentado en la Biblia como señal o manifestación de la presencia del Espíritu Santo. Tampoco es usada como símbolo de liberación espiritual.
¿Risa Santa? ¿Borrachera espiritual?
El pueblo cristiano suele ser esporádicamente invadido por corrientes extrañas que de repente aparecen en el panorama y producen mucha confusión y caos. Esto cada vez es más común porque hoy, como nunca, la iglesia cristiana se halla en su nivel más bajo de discernimiento espiritual. Como parte de una tendencia generalizada de nuestra cultura postmoderna, muchas iglesias hoy en día manifiestan también un interés por el espiritualismo místico. No el espiritualismo como la búsqueda de una calidad de vida espiritual piadosa, un mayor compromiso con el evangelio o una mayor profundidad en el conocimiento de Dios, sino una sed por toda clase de experiencias sobrenaturales, aunque las mismas carezcan de un fundamento bíblico sano. El fenómeno de la risa santa y la borrachera espiritual caen dentro de esta categoría.
Distintivos de un verdadero pentecostal.
¿Cuáles son las características o distintivos de ser pentecostal? ¿Qué nos marca como movimiento del Espíritu Santo? Ser pentecostal significa modelar una la vida conforme al día de Pentecostés que nos narra el capítulo dos de los Hechos. La experiencia pentecostal necesariamente implica la recepción del bautismo en el Espíritu y la experiencia de sus dones (Hechos 2:1-13), lo cual implica también comunión y dependencia del Espíritu Santo, la proclamación fiel de la Palabra de Dios (Hechos 2:14-41), el entendimiento de nuestro llamado y la vivencia del evangelio en una comunidad transformada (Hechos 2:42-47). Todos estos aspectos son indispensables para una auténtica pentecostalidad.