Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo

La Biblia niega la doctrina de la gracia irresistible

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Cuando Dios desea la salvación de alguien y le llama a través de la predicación del Evangelio, ¿esta persona puede negarse a venir a Él? Los calvinistas dirían que no sin pensarlo pues creen que Dios, soberanamente y por el sabio consejo de Su voluntad, llama eficazmente a sus escogidos y los trae a la vida, dándoles la fe y el arrepentimiento genuino: los lleva a los pies de Jesucristo. Este don es inmerecido e irrevocable, de manera tal que el elegido no se niega ni hace caso omiso del preciado regalo de la salvación. Esta enseñanza calvinista es conocida como la doctrina de la gracia irresistible.

El calvinismo afirma que la gracia salvadora no admite condiciones por parte del hombre redimido, y no es opcional recibirla. ¿Por qué? Porque creen que cuando Dios obra en el creyente este es sellado con el Espíritu Santo y convertido en nueva criatura aún antes de creer (2 Corintios 5:17). Por lo tanto, lo único que podrá hacer es amar a Dios porque este le amó primero (1 Juan 4:19) y lo predestinó para ser salvo y amarle. En este sentido, la gracia irresistible implica la imposición de la salvación sobre el pecador sin tomar en cuanta su deseo o decisión personal. 

DESTINO 4.jpg

¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE DIOS ES ASÍ?

En contraste con dicha herejía humana, la Palabra de Dios brinda repetidas garantías de que el amor de Dios, su gracia y perdón son para toda la humanidad:

“Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste” (Nehemías 9:17, LBLA)
“Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo” (Nehemías 9:31, LBLA)
“Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan”  (Salmos 86:15, LBLA)
“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal” (Joel 2:13, LBLA)
“Y oró al Señor, y dijo: ¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas” (Jonás 4:2, LBLA)

Como cientos de otros, cada uno de estos versículos se dirigen a toda la nación de Israel; sin embargo, la mayoría de los israelitas rechazaron la gracia de Dios. No hay ningún indicio de que la compasión y misericordia de Dios se limite a unos cuantos elegidos, sino que es ofrecida a todos los hombres: “Le amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19) Nuestro amor es en respuesta al amor de Dios. ¿Y qué de aquellos supuestos no elegidos a la salvación, que Dios nunca pretendió salvar, para quienes Cristo no murió, y para quienes no existe esperanza alguna? ¿No es sádico el ordenarles amar a Dios? Porque este, el primero de los diez mandamientos, como todos, es un mandamiento para todos. ¿Cómo podrían los no elegidos amar a Dios, cuando Dios no los ama a ellos? Tal enseñanza deshonra a Dios y sólo puede causar resentimiento hacia Él. Ese es el fruto real del calvinismo. Mateo 7:17-19 nos dice:

“Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego”

TITERE 1

DE ACUERDO CON LA BIBLIA LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE

El amor infinito del Dios de la Biblia, Su gracia y Su misericordia se demuestran poderosamente en su trato con Israel. Y Su amor brilla aún más debido al rechazo y el odio contra Él, por un Israel desobediente. Si en verdad la gracia fuera irresistible, los elegidos no podrían menos que rendirse ante Dios y hacer Su voluntad.

La gracia divina puede y ha sido a menudo resistida. Por ejemplo, la profecía completa de Oseas es una representación sorprendente del amor de Dios. En ella, el Dios Todopoderoso se asemeja a un marido traicionado y engañado. Pero la intensidad de la pasión de Dios por la nación del Pacto llega a su apogeo en Oseas 11.

“Cuando Israel era muchacho” Dios declara, “yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo,” (11:1). “Pero entre más amaba Dios a Israel, más se alejaban. Dios fue el que se preocupaba por ellos… el que “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (Oseas 11:4).

Sin embargo, ellos sacrificaban a Baal y amaban la idolatría. Así que Dios promete juicio. Volverán a Egipto y Asiria, es decir, a la cautividad y la esclavitud, “porque se niegan a arrepentirse” (11:5). Sus ciudades serán destruidas (11:6). Esto da a entender como si se ha pronunciado una sentencia implacable. Pero después es como si Dios no puede tolerar la idea. En una agonía de intensidad emocional, Dios se compunge:

“¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboím? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad” (Oseas 11:8, 9)

Estos versículos muestran que Israel, el pueblo elegido, resistió el llamado y la gracia, los cuales supuestamente son eficaces e irresistibles. Pero también recalcan otra verdad importante: Si el calvinismo estuviera en lo correcto, estos ruegos son una farsa ¿Por qué? Porque los elegidos no los necesitan, y los no elegidos no les prestan atención. Los que son totalmente depravados y elegidos a la salvación deben ser regenerados e infundidos con la Gracia Irresistible, por lo que únicamente podrían responder en amor y aceptación al toque de Dios, mientras que el resto de la humanidad está condenada y sin remedio. Pero eso no es lo que vemos en la historia de Israel. Además, ¿Por qué fingir este amor y preocupación cuando el hombre no tiene opción y Dios irresistiblemente puede hacer que alguien haga lo que él quiera? Supuestamente, el elegir sólo unos pocos selectos y condenar al resto es necesario para demostrar la soberanía de Dios y su justicia, y será eternamente para su mayor gloria. Sin embargo, es obvio que Dios no necesita maldecir a nadie para demostrar su soberanía o su justicia. Si no es una amenaza a la soberanía de Dios el salvar a los elegidos, tampoco sería una amenaza rescatar a un millón más, 100 millones más, o aún, salvar a toda la humanidad.

Múltiples pasajes de la Biblia quitan toda duda de que Dios ama y desea bendecir no solo a un grupo de elegidos, sino a toda la humanidad, incluyendo aquellos que rechazan su amor y su oferta de gracia y bendición. El carácter mismo de Dios se refleja en los mandamientos que Él dio a su pueblo elegido. Ellos debían restaurar, incluso a un enemigo, su buey o asno que se había extraviado (Éxodo 23:4). ¿Y, sin embargo, Dios no daría a la humanidad errante la bondad que Él manda al hombre dar a los animales? Tal enseñanza no es fiel a las Escrituras o a la conciencia que Dios ha puesto dentro de cada persona (Romanos 2:14-15).

Otra prueba de que la gracia no es irresistible la encontramos en el hecho de que Dios envió a sus profetas, generación tras generación, para abogar por el arrepentimiento de un pueblo que repetidamente rechazó la oferta de su gracia. ¿Por qué esa gracia no fue “irresistible”? Si el poder omnipotente de Dios puede hacer que cualquiera reciba el don de su gracia, entonces el “regalo” no es un regalo, y la “gracia” no es gracia, y el hombre no es un ser moralmente responsable. En todos los ruegos de Dios con Israel para arrepentimiento y sus promesas de bendición si lo cumplían, nunca hay ninguna sugerencia de que podría o que sería impuesta su gracia sobre ellos irresistiblemente. Por el contrario, Dios clama:

 “Oye, pueblo mío, y te amonestaré… En un momento habría yo derribado a sus enemigos… Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo” (Salmo 81:8 – 16).

En cambio, el juicio de Dios cayó sobre Israel. ¿Era juicio lo que Dios quiso para ellos todo ese tiempo?, y ¿Fueron sus ruegos falsos? Uno es conducido a esa conclusión por el calvinismo, el cual socava todas las Escrituras. Tales ruegos de Dios a Israel y a toda la humanidad se convierten en un pretexto vergonzoso.

La Biblia enseña que la gracia para venir a la salvación se les da a todos, no sólo a un pequeño grupo de elegidos. Si no todos vienen a los pies de Cristo se debe a que ellos resisten dicha gracia. Tito 2:11 nos dice: “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.” (No solo a los elegidos)

La Biblia enseña que aquellos que no vienen a la salvación después de ser expuestos a la verdad, han resistido y rechazado la gracia. 2 Tesalonicenses 2:10 dice:

“y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”

Se puede resistir el llamado de salvación de Dios. Hechos 7:51 dice:

“Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros”.

¿Acaso la gracia no es Irresistible? ¿No que no se puede resistir el llamado eficaz y la gracia impartida por el Espíritu Santo?

Juan 5:40 afirma:

“y no queréis venir a mí para que tengáis vida.  Y rehusáis venir a mí para tener vida”.

¿Qué acaso no sabía Cristo que los elegidos no puede rehusar venir a Él? (Gracia irresistible). ¿O no sabía Cristo que, si no son parte de los elegidos, no pueden venir a Él, pues no son capaces de hacerlo? (pues su voluntad estaba depravada y la gracia no les ha sido dada, ni les será dada jamás, pues la redención es limitada solo a los elegidos)

Lucas 19:41 nos dice:

“Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”.

¿Por qué lloro Jesús por Jerusalén si ese era el designio de la voluntad perfecta de Su Padre? ¿Por qué no simplemente dijo que era la voluntad de Su padre que la ciudad pereciera junto con los que no eran elegidos? Si él deseaba salvar a su pueblo elegido, ¿Por qué su gracia no fue irresistible en este caso y los salvó?

Lucas 7:30 afirma:

“Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”.

¿Por qué recalcar tanto la responsabilidad de los fariseos al rechazar la gracia y los designios de Dios en sus vidas? ¿Acaso no era esta gracia y este designio divino algo irresistible? Obviamente era el designio de Dios para ellos que se arrepintieran, pero ellos lo rechazaron libremente probando que la gracia no es irresistible.

Hechos 13:46 nos dice:

“Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”.

Es claro que aquí los “elegidos” desecharon el mensaje y la vida eterna (¿Qué acaso no sabía Pablo que la gracia es irresistible?). Según la lógica calvinista los elegidos hallan irresistible la gracia de modo que se arrepienten y creen. No tienen opción de rechazar la gracia y el mensaje que se les predica. Pero aquí vemos a los “elegidos”, la nación del pacto, rechazarlo, resistirlo y condenarse.

IRRESISTIBLE 1

CONTRADICCIONES INTERMINABLES EN EL CALVINISMO

El sistema teológico calvinista malinterpreta el concepto de soberanía y omnipotencia de Dios. Este elemental, pero sincero malentendido de la soberanía y omnipotencia divina es fundamental para el calvinismo. Cierto erudito calvinista afirma erróneamente:

“Si cada hombre posee un libre albedrío que es lo suficientemente fuerte como para resistir la voluntad de Dios en la salvación, ¿Qué le evitaría el resistir la voluntad de Dios en la condenación eterna del juicio del Gran Trono blanco?”[1]

Dicho autor parece estar confundido o peca deliberadamente de deshonestidad. Los que están presentes en el juicio del Gran Trono Blanco están allí debido a su repetido endurecimiento contra el amor de Dios y de la oferta de salvación. Ahora se enfrentan a su juicio. La gracia se ofrece en amor; el juicio es impuesto por la justicia y el poder. ¿Acaso los calvinistas no ven ninguna diferencia entre la salvación ofrecida en la gracia de Dios y el juicio impuesto por su justicia? ¿Hablan en serio cuando sugieren que por rechazar una, también se puede rechazar la otra? No todos los calvinistas están de acuerdo. Muchos están descubriendo lo contradictorio y errado de dicho sistema teológico.

Pero las contradicciones del calvinismo no terminan ahí. Otro autor calvinista afirma que la “soberanía incondicional de Dios y la responsabilidad de los seres humanos son compatibles entre sí”[2] Dicho argumento es ridículo.

Los arminianos no minimizamos la soberanía de Dios, más bien entendemos que esta debe ser equilibrada con sus otros atributos. La soberanía absoluta de Dios no impidió la rebelión de Satanás y de Adán, tampoco impidió la desobediencia continua del hombre y su extravío como oveja perdida en rechazo a la voluntad de Dios. La soberanía de Dios tampoco significa que Dios está detrás de todo y que por consiguiente sea Él quien esté causando cada pecado por designio de su voluntad, como lo requiere el calvinismo. Este error dio lugar a la creencia de que la gracia debe ser irresistible, lo cual es totalmente falso. Las Escrituras no se burlan de nosotros al decir que, “Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:13).

Algunos calvinistas intentan escapar de las terribles consecuencias de su doctrina. Muchos sugieren que la predestinación a la condenación, y la invitación de Dios a todos a creer, son ambas verdades bíblicas, aunque se contradigan entre sí. Supuestamente, el problema es que no sabemos cómo conciliar estos aparentes conflictos y tampoco se debe intentar, porque todo será revelado en la eternidad. Esto no es más que un argumento sin sentido que pretende callar la disidencia y el intelecto.

La verdad es que el calvinismo ha creado este “misterio” particular. Aunque hay muchas cosas que no comprendemos los seres humanos, se nos ha dado una conciencia con un agudo sentido del bien y el mal, de justicia y de la injusticia. Dios nos llama a razonar con Él sobre estas cosas. Llega hasta límites extremos para explicar su justicia y su amor e incluso le ha dado al hombre no regenerado, a través de su gracia preveniente, la capacidad de entender el Evangelio y creer en Cristo o rechazarlo. El calvinismo, como hemos visto repetidamente, es repugnante a la conciencia dada por Dios.

DESTINO 1.jpg

LA GRACIA IRRESISTIBLE DEL CALVINISMO SE OPONE A LA GRACIA BÍBLICA DEL EVANGELIO

La mayoría de los calvinistas intentan honrar el mandamiento de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura. Sin embargo, es difícil defender la importancia del evangelio cuando el no regenerado es incapaz de creerlo, y los elegidos se regeneran sin él, luego se les da fe para creer soberana y sobrenaturalmente.

Según el TULIP, ¿Cómo puede el Evangelio afectar la salvación de alguien? El no regenerado, sea un elegido o no elegido, no puede responder ni tampoco creerlo. Tampoco se beneficia el no electo de entender, porque estos han sido predestinados a la condenación eterna desde el principio. Los elegidos se regeneran sin el Evangelio y sólo entonces pueden creer (y esto de forma impuesta por ser irresistible). Pero el imponer cualquier cosa a alguien es la antítesis de la gracia. Incluso el forzar un regalo tan valioso y deseable, sobre alguien que no desea recibirlo, sería totalmente contrario a la gracia. Por lo tanto, el término “Gracia Irresistible” es otra contradicción. Sin embargo, dicha doctrina es un elemento integral sin la cual los otros cuatro puntos del ‘TULIP’ se desmoronan. Y es que la palabra “irresistible” para referirse a la gracia no aparece en la Biblia. Esto es irónico si se tienen en cuenta que la maravillosa gracia de Dios es una de las más preciosas verdades en Su palabra.

La palabra “gracia” aparece 170 veces en 159 versos. Y nunca en ninguna mención hay alguna sugerencia de que la gracia se impone irresistiblemente. Siempre la inferencia es que la gracia de Dios es entregada libremente y es voluntariamente recibida (Génesis 6:8; Salmos 84:11; Romanos 1:5; Romanos 12:6; 1 Corintios 1:4; ; Efesios 3:8; Efesios 4:7; 1 Pedro 3:7; Zacarías 12:10; Hechos 4:33; 2 Corintios 9:8). Aunque resulta evidente que Dios es el otorgador de la gracia, no hay ningún indicio bíblico de que la gracia de Dios se imponga irresistiblemente sobre cualquiera. Cada uno de su propia voluntad, debe elegir recibirla o rechazarla.

Muchos calvinistas, en defensa de su contradictorio sistema teológico más que del honor y del carácter divino, hacen sorprendentes declaraciones. Por ejemplo, cierto autor calvinista afirma:

“Porque la voluntad de Dios siempre se cumple, la voluntad de cada criatura debe conformarse a la voluntad soberana de Dios”[3]

Entonces, siguiendo la lógica calvinista, cada pensamiento, palabra y acción de la humanidad (incluyendo la maldad más atroz) ha sido determinada por Dios. Otro erudito calvinista comenta:

“La fornicación y la ingratitud son realmente parte de la voluntad ‘secreta’ de Dios’ y no debe sorprendernos a la luz de… el concepto calvinista de todo el decreto de Dios”[4]

¿Realmente creen lo que dicen? ¿Acaso no es repugnante y blasfema tal doctrina que afirma que todo el mal es cumplido por la voluntad de Dios? Sin embargo, los calvinistas luchan por reconciliar esta cruel y blasfema doctrina con el repetido testimonio bíblico de la bondad de Dios, su compasión y amor para todos. Teólogos neo-calvinistas como MacArthur y John Piper proponen una solución pseudo-bíblica e irracional: la idea de que Dios tiene dos voluntades que se contradicen una a otra, pero que realmente no están en conflicto:

“Por lo tanto afirmo con Juan 3:16 y 1 Timoteo 2:4 que Dios ama al mundo con una profunda compasión, y que desea la salvación de todos los hombres. Pero también afirmo que Dios ha escogido desde antes de la fundación del mundo a quien él salvará del pecado. Puesto que no todas las personas son salvas debemos elegir si creemos (con los Arminianos) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso de la libre determinación humana o si creemos (con los calvinistas) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso con la glorificación de su soberana gracia (Efesios 1:6, 12, 14; Romanos 9:22-23)… la voluntad de Dios para que todas las personas sean salvas no es una contradicción con la soberanía de la gracia de Dios en la elección. Esta es mi respuesta a la pregunta sobre lo que frena la voluntad de Dios para salvar a todas las personas en su supremo compromiso de respetar y mostrar la gama completa de su gloria a través de la manifestación soberana de su ira y misericordia para el gozo de sus escogidos y los creyentes de cada tribu, lengua y nación”[5]

Una vez más, tenemos una contradicción evidente de Piper. En su gran amor y compasión, Dios “desea la salvación de todos los hombres”. Sin embargo, para “Mostrar la gama completa de su gloria” no salva a todos a pesar de la insistencia en que él podría salvar a todos, si él así lo deseara. Aclaremos esto: El Dios de Piper desea la salvación de todos los hombres; y con su imposición soberana de la gracia irresistible, él podría salvar a todos, pero no lo hace para demostrar su ira. Aquí tenemos la contradicción más clara posible. ¿Cómo puede escapar de ella el calvinista? Según Piper Dios ama y realmente quiere salvar incluso aquellos a quienes él ha predestinado a la condenación desde la eternidad pasada, pero no lo hará porque desea mostrar su ira y presumir su soberanía; por lo tanto, Dios tiene dos voluntades que, aunque se contradicen entre sí, en secreto realmente están de acuerdo. ¿Es esto lógico y coherente con el carácter del Dios de la Biblia? Se nos pide creer que no se trata de ninguna contradicción para Dios mismo contradecirse, siempre y cuando fomente la “soberana demostración de su ira y su misericordia”. Piper falla en su razonamiento, pues condenar a miles de millones sin duda demostraría la ira de Dios, pero ¿Cómo glorifica esto su misericordia? Y aunque de alguna manera fuera este el caso, no hay forma de conciliar la reprobación con las claras expresiones del amor y el deseo de salvación para todos.

Piper tiene otro problema. Dios no se contradice. Por lo tanto, Piper debe conciliar lo que él llama las “dos voluntades” de Dios para mostrar que éstas están de acuerdo, aunque directamente se contradicen y auto-cancelan mutuamente. Y no logra conciliarlas porque es imposible. Una contradicción es una contradicción y no existe una manera honesta de que dos proposiciones contradictorias puedan ser manipuladas para que logren concordar. ¿Será el Dios del calvinismo un dios esquizofrénico? Por lo tanto, los calvinistas están en una posición bastante incómoda de pretender hacer una oferta válida de la salvación a los no elegidos, mientras que niegan que la única disposición de salvación (es decir, la muerte de Cristo) no está disponible para ellos. Para agregar insulto a esta lesión, reclaman que esta es la manera que Dios lo quiso desde la eternidad pasada.[6]

Los calvinistas afirman que la voluntad y las acciones del hombre no pueden estar en conflicto con la voluntad de Dios, porque esto haría al hombre mayor que Dios. Esa posición relativa y antibíblica de la soberanía de Dios, les conduce a proponer que las dos voluntades en conflicto no son la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, sino las dos voluntades del designio de Dios. En otras palabras, afirman que la batalla no es entre Dios y el hombre, como dice la Biblia, sino más bien de Dios contra sí mismo, como insiste el calvinismo. Sin lugar a duda el carácter y el honor de Dios está siendo tergiversado por la doctrina calvinista.

DESTINO 5

CONCLUSIÓN

Todo el mundo que oye el Evangelio es llamado a la fe en Cristo, no sólo externamente sino también internamente. El Espíritu habla a cada corazón, haciendo todo lo posible para persuadir al pecador a confiar en Cristo. Sin embargo, los pecadores son capaces de resistir el Espíritu Santo, y no van a ser regenerados a menos que y hasta que se arrepientan. Para decirlo de otra manera, la aplicación del Espíritu de la obra salvadora de Cristo está condicionada a la aceptación previa del pecador del evangelio.

El Espíritu Santo no puede impartir nueva vida espiritual a menos que el pecador esté dispuesto a recibirla. No obstante, debe entenderse que la gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, con respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Esto resulta evidente al estudiar pasajes ampliamente conocidos como Hechos 7 y muchos otros.

DESTINO 2.jpg

REFERENCIAS:

[1] Tom Ross, Abandoned Truth: The Doctrines of Grace; Providence Baptist Church, 1991, 56.

[2] D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 52.

[3] Steven R. Houck, The Bondage of the Will; Lansing, IL: Peace Protestant Reformed Church, n. d., 3.

[4] Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 481.

[5] John Piper, “Are There Two Wills In God?” In Still Sovereign, ed. Thomas R. Schreiner and Bruce A. Ware; Grand Rapids, MI: Baker Books, 2000, 130–31.

[6] George L. Bryson, The Five Points of Calvinism: Weighed and Found Wanting; Costa Mesa, CA: The Word For Today, 1996, 56.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, GRACIA DIVINA, Sin categoría

La gracia común o universal

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

¿Cómo se puede explicar la vida comparativamente ordenada que hay en el mundo, viendo que todo él está bajo la maldición del pecado? ¿Cómo es que la tierra produce deliciosos frutos en rica abundancia y no nada más espinas y abrojos? ¿Cómo podemos explicar que el hombre pecador todavía retenga algún conocimiento de Dios, de las cosas naturales y de la diferencia entre el bien y el mal, y que muestre algún respeto por la virtud y por la buena conducta externa? ¿Qué explicación puede darse de los dones y talentos especiales con que el hombre natural está capacitado, y del desarrollo de la ciencia y del arte por medio de aquellos que están despojados por completo de la vida nueva que hay en Cristo Jesús? ¿Cómo podemos explicar las aspiraciones religiosas de los hombres en todas partes, aun de aquellos que de ninguna manera han entrado en contacto con el cristianismo? ¿Cómo pueden los que no están regenerados hablar todavía de la verdad, hacer bien a otros y llevar vidas virtuosas en público? La doctrina de la gracia común busca dar una respuesta bíblica a todas estas interrogantes.

IMAGEN 7

¿QUÉ ES LA GRACIA COMÚN?

La gracia común puede definirse como la gracia de Dios, por medio de la cual Él da muchas bendiciones inmerecidas a todas Sus criaturas. Esta incluye cualquier manifestación de la gracia de Dios hacia las personas en general, con total independencia de su condición espiritual. En otras palabras, la gracia común está disponible para todos los seres humanos sin discriminación. Entre las bendiciones que Dios da en Su gracia común se encuentran el refrenar el pecado de los hombres para que éstos no sean tan malos como podrían ser. Debe recordarse que el hombre caído tiene una naturaleza pecaminosa y sin la gracia común la humanidad sería, en última instancia, autodestruida (Romanos 1:18-2:16; 3:9-20). Por eso Dios, en Su gracia común hace que el sol brille sobre justos e injustos. Este es el tipo de gracia que guarda radicalmente a la humanidad depravada de la autodestrucción.[1]

Pero la gracia común hace más que simplemente librarnos de la autodestrucción por causa de nuestra naturaleza depravada y pecaminosa. La gracia común da orden a la vida a pesar de la maldición del pecado. Hace que la tierra rinda sus frutos en abundancia, a pesar de las espinas y los cardos. Le permite a la humanidad depravada conocer la diferencia entre el bien y el mal, tener aspiraciones religiosas, hacer buenas obras, dar donaciones filantrópicas a otros en necesidad, dota a los hombres con sabiduría, capacidades y talentos.  Todo esto es producto de la gracia común.

Los efectos producidos por la gracia común dada a todos los hombres son la revelación natural por la cual la creación declara al Creador a través del universo, la presencia de la verdad, el bien y la belleza, el temor natural del ser humano por un juicio final y futuros castigos por la maldad, un sentido natural de lo correcto y de lo incorrecto, las restricciones de los gobiernos, el temor de Dios, los intereses religiosos, etc. Sin embargo, esta gracia común debe distinguirse de la operación del Espíritu Santo que conduce al hombre a la salvación. La gracia común y la gracia salvadora no son lo mismo. El propósito de la gracia común es causar que nos volvamos a Dios para recibir aún mayor gracia, la gracia salvadora.[2]

IMAGEN 6

ALCANCE DE LA GRACIA COMÚN

Evidencias de la gracia común pueden verse en cualquier manifestación de la bondad de Dios para con cualquier persona, familia, tribu, pueblo o nación, o para con todos los seres humanos en general. Dicha bondad de Dios no diferencia entre creyentes y no creyentes, entre Israel y las otras naciones, entre la Iglesia y el mundo, o entre buenos y malos. No puede dudarse que la gracia común encuentra su propósito parcial en la obra redentora de Jesucristo; está subordinada a la ejecución del plan de Dios en la vida y en el desarrollo de la Iglesia. Pero además de eso, también sirve a un propósito independiente, es decir, el de traer la luz y desarrollar las potencialidades y talentos que están latentes en la raza humana, para que el hombre ejerza un dominio siempre en aumento sobre la creación más baja, glorificando de este modo a Dios el Creador.[3]

La doctrina de la gracia común es enseñada en ambos Testamentos (Génesis 8:22, 9:8-15. Salmo 145:9; Mateo 5:43-34, Marcos 16:15, 1 Timoteo 4:10, etc.) y está presente en todos los ámbitos de la vida:

ÁMBITO DE LA VIDA FORMA EN QUE OPERA LA GRACIA COMÚN
ÁMBITO MATERIAL El sol y la lluvia (Mateo 5), las estaciones del año (Génesis 8:22), la comida y la bebida y todo lo relacionado con la vida física – su origen, su preservación, su prolongación, etc., nos viene de “la gracia común”.
ÁMBITO CULTURAL Lo mejor del arte, de la literatura y de la música, los avances en la medicina, los descubrimientos científicos, etc.
ÁMBITO SOCIAL Abarco todo lo relacionado con la sociedad humana, las relaciones interpersonales, etc. En este ámbito hay muchas bendiciones de Dios: la paz; el orden; la justicia; la ayuda humanitaria; la amistad; el amor humano; la felicidad en el matrimonio, etc.
ÁMBITO MORAL Abarco áreas como: (1) La conciencia humana, que sigue siendo un importante freno sobre el mal y acicate al bien; (2) Otras sanas influencias que existen en el mundo – no todas ellas son cristianas; y: (3) Las buenas obras – la Biblia enseña claramente que nuestra aceptación por Dios no depende, ni siquiera en parte, de ninguna buena obra, pero, en otro sentido, las buenas obras existen y las hacen todo tipo de personas, gracias a “la gracia común”.
ÁMBITO ESPIRITUAL En este ámbito también hay muchas manifestaciones de “la gracia común”: “la revelación general” (las obras visibles de Dios, la conciencia humana, etc.); la extensión del evangelio; el ofrecimiento del evangelio a todo el mundo; la libertad de culto (donde la hay); etc.

En la teología arminiana la gracia común es considerada, hasta cierto punto, uno de los eslabones del ordo salutis y se relaciona íntimamente con la gracia preveniente que le conduce a una fe salvadora. En virtud de la gracia común de Dios el hombre irregenerado es guiado de una luz menor a una luz mayor, exponiéndose a la gracia preveniente que lo libera y le permite, al entrar en contacto con la Palabra y ser redargüido por el Espíritu Santo, ejecutar en cierta medida el bien espiritual, volverse a Dios con fe y arrepentimiento y de esta manera aceptar a Jesús para salvación. Dicho de otra manera, la gracia común por medio de la iluminación de la mente y la influencia persuasiva de la verdad natural incita al pecador a buscar al Dios no conocido por él. Así pues, la gracia común es la esencia misma de la búsqueda humana de Dios (Hechos 17:16-27). Al incitarle en su búsqueda, el hombre queda expuesto a la Palabra y con ella al influjo del Espíritu Santo quien, por obra de la gracia previa a la regeneración, verá liberada su voluntad y se le permitirá aceptar a Jesucristo y volverse a Dios con fe y arrepentimiento, alcanzando con ello la salvación, a menos que como pecador, con toda obstinación, resiste a la operación del Espíritu Santo.

Lo anterior no debería de extrañarnos. Se debe a la gracia común que el hombre todavía retenga algún sentido de la verdad, el bien y la belleza, la gracia común induce en el hombre un deseo por la verdad, por la moralidad externa, y hasta por ciertas formas de religión. Pablo habla de los gentiles que “muestran la obra de la ley escrita en sus corazones, dando testimonio su conciencia. y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos” (Romanos 2:15). Nadie ha sido enviado a este mundo totalmente desprovisto de luz y verdad. Pablo incluso afirma que aquellos que dan rienda suelta a sus bajos instintos y viven vidas inicuas, lo hacen a pesar de que conocen la verdad de Dios, y no obstante, detienen la verdad con injusticia y cambian la verdad de Dios por la mentira (Romanos 1:18-25). ¿Cómo llegaron a conocer la verdad? A través de la gracia común dada a la humanidad.

IMAGEN 5

LIMITACIONES DE LA GRACIA COMÚN

La gracia común, sin embargo, no debe ser malentendida. En primer lugar, la gracia común no remueve la culpa del pecado y por lo tanto no lleva con ella el perdón; tampoco levanta la sentencia de condenación, sino nada más bien pospone la ejecución (Hechos 17:16-31). En la caída, Dios pronunció la sentencia de muerte sobre el pecador. Hablando del árbol de la ciencia del bien y del mal dijo Dios: “El día que de él comas, ciertamente morirás” (Génesis 2:17). El hombre comió, y la sentencia, hasta cierto punto, entró en ejecución, pero es claro que no se ejecutó toda, al instante. A la gracia común se debe que Dios no ejecutara al momento toda la sentencia de muerte sobre el pecador, y a la misma se debe que no la ejecute ahora, sino que mantiene y prolonga la vida natural del hombre y le da tiempo para que se arrepienta. Dios no arranca de golpe la vida del pecador, sino que le proporciona oportunidad para el arrepentimiento, removiendo toda excusa y justificando la manifestación que está por venir de su ira sobre todos aquellos que persistan en pecar hasta el fin. De los pasajes siguientes resulta evidencia abundante de que Dios actúa sobre la base de este principio: Isaías 48:9, Jeremías 7:23-25; Lucas 13:6-9; Romanos 2:4; 9:22 y 2 Pedro 3:9, entre otros. Posiblemente la divina y buena voluntad de aplazar la revelación de su ira y de soportar “con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción” ofrezca una explicación suficiente de las bendiciones de la gracia común (Romanos 9:14-26).

Ahora bien, por la operación de la gracia común el pecado también está frenado en cierta medida en las vidas de los individuos y en la sociedad. Al presente, no se permite al elemento de corrupción que entró en la vida de la raza humana llevar a cabo su obra de desintegración. Ciertos pasajes bíblicos indican con claridad el hecho de que Dios restringe el pecado de varias maneras, por ejemplo: Génesis 20:6; 31:7; Job 1: 12; 2: 6; 2 Reyes 19:27-28; Romanos 13:1-4, etc. Este freno puede ser externo, o interno, o ambas cosas a la vez, pero no cambia el corazón. Sólo impide la autodestrucción del ser humano a causa de su propia naturaleza caída.

IMAGEN 4

LA GRACIA COMÚN EN EL CALVINISMO Y EN EL ARMINIANISMO

Aunque muchos suponen que la doctrina de la gracia común es netamente una enseñanza calvinista, eso está lejos de ser cierto. Aunque esta doctrina ha sido fuertemente defendida por teólogos calvinistas como Abraham Kuyper,[4] en muchos sentidos, los principales adversarios de la gracia común son los mismos calvinistas ortodoxos, los cuales ven en ella un elemento de arminianismo dentro de sus filas.[5] Ahora bien, la concepción arminiana de la gracia común difiere en algunos aspectos de la interpretación calvinista de la misma. Para el arminiano la gracia común es parte íntegra del proceso de salvación, lo precede o conduce a él en cierta medida. Conduce al hombre, a través de la revelación natural y su propia conciencia, hacia esa gracia suficiente que capacita al hombre para arrepentirse y creer en Jesucristo para salvación, y Dios en su propósito divino ha querido que esa gracia conduzca a los hombres a la fe y al arrepentimiento, aunque los hombres, por su propia y libre elección, decidan rechazarla y condenarse. Una gracia sin esa intención, y que no sirva en verdad para la salvación de los hombres o les conduce hacia ella, constituye una contradicción de términos. La gracia común propuesta por los calvinistas, al estar desconectada totalmente del proceso de salvación, resulta por necesidad, o cuando menos en la práctica, inoperante para el cumplimiento del propósito mayor de Dios, y es, de hecho, una influencia desperdiciada. La gracia ya no es gracia si no incluye la intención salvadora del dador.

Como ya se dijo anteriormente, muchos calvinistas argumentan a veces que la doctrina de la gracia común es un elemento arminiano infiltrado en su doctrina, ya que envuelve de manera suave la doctrina de la expiación universal, y, por tanto, conduce al campo arminiano. Otra objeción a la doctrina de la gracia común es que presupone en Dios cierta disposición favorable hasta para los pecadores reprobados, algo inaceptable en el calvinismo, el cual sostiene que Dios siente aversión, disgusto, odio e ira hacia cierto sector de la humanidad, los reprobados, ¿Por qué entonces concederles cierta medida de gracia? En este sentido, la doctrina de la gracia común choca, al menos hasta cierto punto, con la doctrina calvinista de la elección y la reprobación.

IMAGEN 3

CONCLUSIÓN

La gracia común es una enseñanza bíblica bastante ignorada y que nos puede salvar de mucha confusión y de muchos errores, y que puede restaurar a la Iglesia una parte de su rica base teológica para el beneficio de todos. En un sentido, no hay nada más común que “la gracia común”, porque no hay ningún ser humano que no se beneficie de ella. Pero, en otro sentido, ¡no hay nada menos común que “la gracia común”, porque sigue siendo gracia, el favor inmerecido de Dios, nuestro Creador!

rainbow-at-sea-st-lucia-chester-williams

REFERENCIAS:

[1] Henry R. Van Til, El concepto calvinista de la cultura (Editorial CLIR), 2016.

[2] Abraham Kuyper, Common Grace (Volume 1): God’s Gifts for a Fallen World (Lexham Press), 2015.

[3] Sebastián Santamaría, Los Puritanos y el pensamiento reformado sobre gracia común (Tinta Puritana), 2016.

[4] Es importante destacar que Abraham Kuyper (1837 – 1920), el genio versátil del calvinismo holandés, ha hecho más que cualquier otro hombre para definir el concepto calvinista de la cultura. Kuyper no solamente buscó dar contenido a la definición de cultura sobre un fundamento calvinista, sino que su vida total fue una gran demostración de la idea. Entró con celo en la contienda por afirmar los derechos reales de Cristo como Señor. Él fue no solamente un dogmático sino también un hombre de Estado; era profesor de teología y primer ministro de la reina; impartió conferencias eruditas pero también despertó a los hombres para que asumieran sus obligaciones políticas y sociales; Kuyper fue educador, periodista, autor de muchos libros, orador de gran estatura, amante del arte y viajero por el mundo.

[5] Ronald Cammenga, “Another Look at Calvin and Common Grace,” PRTJ , vol. 41, no. 2 (Abril, 2008), pp. 3-25.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Liberados por Gracia para creer

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El pecado ha afectado cada aspecto de nuestro ser. De hecho, ha afectado nuestras vidas en la tierra y nuestro destino eterno. Cuando Adán pecó, uno de los efectos inmediatos de su caída fue que la humanidad (representada corporativamente en Adán, el patriarca y cabeza de nuestra raza) se separó de Dios. En el jardín de Edén, Adán y Eva tuvieron comunión perfecta y compañerismo con Dios. Cuando se rebelaron contra Él, esa comunión se rompió. Ellos se dieron cuenta de su pecado y se avergonzaron ante Él. Se escondieron de Él (Génesis 3:8-10), y el hombre ha estado escondiéndose de Dios desde entonces. Sólo a través de Cristo puede restaurarse esa comunión, porque en Él somos hechos justos y sin pecado a los ojos de Dios como Adán y Eva fueron antes de pecar. “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2 Corintios 5:21, LBLA).

Debido a la caída, la muerte se convirtió en una realidad, y toda la creación era sujeta a ella. Todos los hombres mueren, todos los animales mueren, toda la vida vegetal muere. “…toda la creación gime a una” (Romanos 8:22), esperando el tiempo cuando Cristo volverá para liberarla de los efectos de la muerte. Por causa del pecado, la muerte es una realidad ineludible, y nadie es inmune. “Porque la paga del pecado es muerte, más la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23). Peor aún, no sólo nos morimos, pero si morimos sin Cristo, experimentamos la muerte eterna. Otro efecto de la caída es que los seres humanos han perdido de vista el propósito para el cual fueron creados: Glorificar a Dios y disfrutar de una deleitosa comunión con Él para siempre (Romanos 11:36; 1 Corintios 6:20; 1 Corintios 10:31; Salmo 86:9). Cuando Adán eligió rebelarse contra su Creador, él perdió su inocencia, incurrió la pena de muerte física y espiritual, y su mente fue oscurecida por el pecado, como son las mentes de sus sucesores. El apóstol Pablo dijo de los paganos, “Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada” (Romanos 1:28). Les dijo a los Corintios que “el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios” (2 Corintios 4:4). Jesús dijo: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas” (Juan 12:46). Pablo recordó a los Efesios: “ustedes antes eran oscuridad, pero ahora son luz en el Señor” (Efesios 5:8, NVI). El propósito de la salvación es “[abrir] sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios” (Hechos 26:18).

LA DEPRAVACIÓN DEL HOMBRE, RESULTADO DE LA CAÍDA.

La caída produjo en los seres humanos un estado de depravación. Pablo habló de aquellos “teniendo cauterizada la conciencia” (1 Timoteo 4:2) y aquellos cuyas mentes se obscurecen espiritualmente como resultado de rechazar la verdad (Romanos 1:21). En este estado, el hombre es totalmente incapaz de hacer o elegir lo que es aceptable a Dios, aparte de la gracia divina. “La mentalidad pecaminosa es enemiga de Dios, pues no se somete a la ley de Dios, ni es capaz de hacerlo” (Romanos 8:7, NVI).

El tercero de Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610[1] afirma: “El hombre no posee fe salvadora por sí mismo, ni a partir del poder de su libre albedrío, visto que, en su estado de apostasía y de pecado, no puede, de sí y por sí mismo, pensar, querer o hacer, algo de bueno (que sea verdaderamente bueno tal como es, primeramente, la fe salvadora); pero, es necesario que Dios, en Cristo, por su Espíritu Santo, lo regenere y lo renueve en el intelecto, en las emociones o en la voluntad, y en todos sus poderes, con el fin de que él pueda correctamente entender, meditar, querer y proseguir en lo que es verdaderamente bueno, como está escrito en Juan 15.5 “porque separados de mí nada podéis hacer.” (RVR1960).”[2]

Sin la regeneración sobrenatural por el Espíritu Santo, todos los hombres permanecerían en su estado caído. Pero en Su gracia, misericordia y bondad, Dios envió a Su Hijo a morir en la Cruz y tomar el castigo por nuestro pecado, reconciliándonos con Dios, haciendo posible la vida eterna con Él. Lo que se perdió en la caída se reclama en la Cruz.

EL HOMBRE CAÍDO, INCAPAZ DE VENIR A CRISTO POR SU PROPIA CUENTA.

Debido a que los seres humanos somos seres caídos y pecaminosos, no podemos pensar, ni haremos nada bueno (en lo que a Dios se refiere) por nosotros mismos, esta inhabilitad causada por el pecado hace imposible que el hombre, por sí mismo, pueda siquiera creer en el evangelio de Cristo y venir a Él. Por lo tanto, Dios, deseando la salvación de todos y habiendo provisto la expiación para todas las personas, tomó, de forma unilateral, la iniciativa en el propósito de llevar a todas las personas a la salvación al llamar a todas las personas, de todo el mundo, a arrepentirse y creer en el Evangelio (Hechos 17:30; Mateo 28:18-20), y al permitir que aquellos que escuchen el evangelio respondan positivamente en fe.

El hombre no posee mérito alguno al venir a Cristo, pues no fue su sola voluntad la que lo trajo. Sin la ayuda de la gracia, el hombre ni siquiera puede optar por agradar a Dios o creer en la promesa de salvación del evangelio. Como dijo Jesús en Juan 6:44, “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió” (NVI). Jesús también prometió: “Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por lo tanto, es la obra de un Dios trino en el hombre la que atrae a todas las personas a Jesús, lo que les permite venir a Jesús con fe.

DIOS HACE RESPONSABLE AL HOMBRE POR RECHAZARLO

Aunque la humanidad pecadora está ciega a la verdad del evangelio (2 Corintios 4:4), Jesús vino al mundo perdido como la luz verdadera, que ilumina a todos (Juan 1:9; 12:36), la luz sobre la cual Juan el Bautista vino a dar testimonio, para que todos puedan creer a través de él (Juan 1: 7). ¡Un momento! ¿Creer? ¿Acaso no está el hombre inhabilitado para hacerlo por su propia cuenta? ¡Sí! Así es. Pero esto no cambia el hecho de que Dios manda a todos los hombres que se arrepientan y crean en el Hijo. Nótese que Jesús instó a los incrédulos: “Ustedes van a tener la luz solo un poco más de tiempo —les dijo Jesús—. Caminen mientras tengan la luz, antes de que los envuelvan las tinieblas. El que camina en las tinieblas no sabe a dónde va. Mientras tengan la luz, crean en ella, para que sean hijos de la luz.” (Juan 12:35-36, NVI). Jesús mandó a los incrédulos arrepentirse y venir a Él. Sin embargo, esto no sería más que una broma cruel si no pudieran hacerlo. Si Dios le manda al hombre arrepentirse, le dará también la habilidad para hacerlo. No lo dejará solo en esta importante tarea. Dios, en su infinita misericordia, “ordenó que la luz resplandeciera en las tinieblas, hizo brillar su luz en nuestro corazón para que conociéramos la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo” (2 Corintios 4:6, NVI). Él hizo posible, por el poder del Espíritu Santo, que aquellos que escucharon el mensaje, fuesen liberados por la gracia, para poder creer y ser salvos.

Pablo afirmó: “«La palabra está cerca de ti; la tienes en la boca y en el corazón». Esta es la palabra de fe que predicamos: que, si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor y crees en tu corazón que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para ser justificado, pero con la boca se confiesa para ser salvo. Así dice la Escritura: «Todo el que confíe en él no será jamás defraudado». No hay diferencia entre judíos y gentiles, pues el mismo Señor es Señor de todos y bendice abundantemente a cuantos lo invocan, porque «todo el que invoque el nombre del Señor será salvo»” (Romanos 10:8-13, NVI).

Nótese que Pablo está aplicando Deuteronomio 30:12, que indica la capacidad de obedecer la palabra de Dios, el mensaje del evangelio, lo que indica que a los que escuchan el evangelio se les da la capacidad de creerlo. De lo contrario, Dios será injusto por exigir algo que el hombre no puede cumplir.

De acuerdo con Pablo, “la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:17, NVI), aunque no necesariamente causa fe en todos los casos, ya que “no todos… aceptaron las buenas nuevas” (Romanos 10:16, NVI), y esto a pesar de haberlas escuchado (Romanos 10:18). ¿Cómo es esto posible? En su infinita bondad, Dios ofrece su gracia salvadora a los pecadores, pero les permite elegir si la aceptarán o la rechazarán. Por lo tanto, en el caso de Israel y de toda la humanidad caída, el Dios que ama a todos y trabaja para la salvación de todos, también es el dios que dice: “«Todo el día extendí mis manos hacia un pueblo desobediente y rebelde»” (Romanos 10:21, NVI). Y es que la gracia de Dios nos libera para creer, pero nunca nos obligará a hacerlo de forma irresistible. El que quiera permanecer bajo condenación podrá hacerlo de su libre elección. Ninguna culpa podrá ser imputada a Dios por ello, pero el tal hombre será hecho responsable por rechazar una dádiva de tal magnitud.

GRACIA PREVENIENTE, GRACIA PARA TODOS.

La Biblia nos enseña que el Espíritu Santo ha venido para convencer “al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio” (Juan 16:8, NVI). A pesar de que los incrédulos tienen “oscurecido el entendimiento y están alejados de la vida que proviene de Dios.” (Efesios 4:18, NVI), el Señor abre los corazones de las personas para que puedan responder positivamente al evangelio. El mensaje (Hechos 16:14) y la gracia impartida a través de él por el Espíritu Santo, llevan a los que tienen corazones duros e impenitentes hacia el arrepentimiento (Romanos 2:4-5). En su soberanía, Dios incluso “hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y determinó los períodos de su historia y las fronteras de sus territorios. Esto lo hizo Dios para que todos lo busquen y, aunque sea a tientas, lo encuentren” (Hechos 17:27; NVI). En otras palabras, Dios llama a todas las personas en todas partes a arrepentirse y creer en el evangelio. El crea las condiciones necesarias y prepara el terreno y las circunstancias específicas para que, los que hayan de ser salvos, puedan tener un encuentro personal con Él y, a través de la obra salvífica del Espíritu Santo, se rindan voluntariamente al toque de la gracia de Dios. Todo esto es lo que se conoce en el lenguaje teológico tradicional como la gracia preveniente de Dios. El término “preveniente” simplemente significa “precedente”. Por lo tanto, “gracia preveniente” se refiere a la gracia de Dios que precede a la salvación, incluida la parte de la salvación conocida como regeneración, que es el comienzo de la vida espiritual eterna otorgada a todos los que confían en Cristo (Juan 1:12-13).

En ocasiones, la gracia preventiva también se denomina gracia habilitadora o gracia previa a la regeneración. Este es el favor no merecido de Dios hacia las personas totalmente depravadas, que no merecen la bendición de Dios y no pueden buscar a Dios o confiar en él en y por sí mismos. En consecuencia, Hechos 18:27 indica que creemos a través de la gracia, colocando la gracia con precaución (es decir, lógicamente antes) de la fe como el medio por el cual creemos. Es la gracia que, entre otras cosas, libera nuestras voluntades para creer en Cristo y su evangelio. Como dice Tito 2:11: “En verdad, Dios ha manifestado a toda la humanidad su gracia, la cual trae salvación“.

LA GRACIA NO ES IRRESISTIBLE.

El Cuarto Artículo de la Remonstrancia, el cual nos habla acerca de la Gracia, establece “Que esta gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, en respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo, en Hechos 7 y en otros muchos lugares.”[3]

Los arminianos hablamos de la voluntad del hombre siendo libre por la gracia para enfatizar que las personas no tienen un libre albedrío natural para creer en Jesús, sino que Dios debe actuar gentilmente para liberar nuestras voluntades si vamos a poder creer en su Hijo a quien envió por nuestra salvación. Cuando nuestras voluntades son liberadas, podemos aceptar la gracia salvadora de Dios con fe o rechazarla para nuestra propia ruina. En otras palabras, la gracia salvadora de Dios es resistible, es decir, que Dios (en su soberanía e infinita sabiduría) dispensa su gracia de llamamiento, atracción y convicción (que nos llevaría a la salvación si respondiéramos con fe) de tal manera que podamos rechazarla. Nos hacemos libres para creer en Jesús y libres para rechazarlo. La resistencia de la gracia salvadora de Dios se muestra claramente en las Escrituras, como lo atestiguan algunos de los pasajes ya mencionados.

En efecto, la Biblia está tristemente llena de ejemplos de personas que rechazan la gracia de Dios que se les ofrece. En Isaías 5:1-7, Dios realmente indica que no pudo haber hecho nada más para que Israel produjera buenos frutos. Pero si la gracia irresistible es algo que Dios dispensa, entonces él podría fácilmente haber provisto eso e infaliblemente, llevando a Israel a dar buenos frutos. Muchos pasajes en el Antiguo Testamento hablan de cómo Dios extendió su gracia a Israel una y otra vez, pero se resistieron y rechazaron su oferta de salvación (2 Reyes 17:7-23; Jeremías 25:3-11; 26:1-9; 35:1-19). En 2 Crónicas 36:15-16 se nos menciona que la perseverancia de Dios para llegar a su pueblo, que fue rechazada, fue motivada por la compasión por ellos. Pero esto solo podría ser posible si la gracia que les extendió les permitiera arrepentirse y evitar su juicio, pero era fuese, a la vez, resistible, ya que efectivamente la resistieron y sufrieron el juicio de Dios.

Nehemías 9 presenta un ejemplo sorprendente del testimonio del Antiguo Testamento de que Dios continuamente se acercó a Israel con su gracia, la cual se encontró con resistencia y rechazo. Nehemías 9: 20 dice: “Con tu buen Espíritu les diste entendimiento”, y le sigue un extenso catálogo de acciones divinas de gracia hacia Israel en los versículos del 20 al 25. Entonces Nehemías 9:26-31 dice: “Pero fueron desobedientes: se rebelaron contra ti, rechazaron tu ley, mataron a tus profetas que los convocaban a volverse a ti; ¡te ofendieron mucho! Por eso los entregaste a sus enemigos, y estos los oprimieron. En tiempo de angustia clamaron a ti, y desde el cielo los escuchaste; por tu inmensa compasión les enviaste salvadores para que los liberaran de sus enemigos. Pero, en cuanto eran liberados, volvían a hacer lo que te ofende; tú los entregabas a sus enemigos, y ellos los dominaban. De nuevo clamaban a ti, y desde el cielo los escuchabas. ¡Por tu inmensa compasión muchas veces los libraste! Les advertiste que volvieran a tu ley, pero ellos actuaron con soberbia y no obedecieron tus mandamientos. Pecaron contra tus normas, que dan vida a quien las obedece. En su rebeldía, te rechazaron; fueron tercos y no quisieron escuchar. Por años les tuviste paciencia; con tu Espíritu los amonestaste por medio de tus profetas, pero ellos no quisieron escuchar. Por eso los dejaste caer en manos de los pueblos de esa tierra. Sin embargo, es tal tu compasión que no los destruiste ni abandonaste, porque eres Dios clemente y compasivo.” (NVI).

El texto afirma que Dios dio su Espíritu para instruir a Israel (9: 20) y que Dios envió a sus profetas y advirtió a Israel con el propósito de hacerlos volver a él, pero se rebelaron. Esto muestra que Dios, soberanamente, permite que su propósito no se cumpla debido a que concede a los seres humanos elegir, voluntariamente, rendirse o no a su gracia.

Esteban también proporcionó un buen ejemplo de la resistibilidad de la gracia cuando dijo a sus compañeros judíos: “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo! ¿A cuál de los profetas no persiguieron sus antepasados? Ellos mataron a los que de antemano anunciaron la venida del Justo, y ahora a este lo han traicionado y asesinado ustedes, que recibieron la ley promulgada por medio de ángeles y no la han obedecido»” (Hechos 7:51-53, NVI). Lucas 7:30 nos dice que “los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos.”. Y Jesús, quien habló a la gente con el propósito de salvarlos (Juan 5:34), encontró que se negaron a venir a Él y tener vida eterna (Juan 5:40). Jesús se lamentó diciendo: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces quise reunir a tus hijos, como reúne la gallina a sus pollitos debajo de sus alas, pero no quisiste!” (Lucas 13:34; véase también Ezequiel 24:13; Mateo 23:37; Romanos 2: 4-5; Zacarías 7: 11-14; Hebreos 10:29; 12:15; Judas 4; 2 Corintios 6:1-2; Salmos 78: 40-42).

CONCLUSIÓN.

Es difícil entender cómo funciona la gracia preveniente de Dios, probablemente porque las Escrituras en sí no dan una descripción detallada. Algunos arminianos creen que Dios continuamente capacita a todas las personas para creer en todo momento como un beneficio de la expiación. Otros creen que Dios solo otorga la capacidad de creer en Cristo a personas en determinados momentos, de acuerdo con su buena voluntad y sabiduría. Sin embargo, todos los arminianos estamos de acuerdo en que las personas son incapaces de creer en Jesús aparte de la intervención de la gracia de Dios. Es por su gracia que somos salvos. Es Dios quien libremente otorga su gracia a la humanidad, y es esa gracia la que atrae hacia la salvación a todas las personas moralmente responsables.

Finalmente, el concepto arminiano de “liberados por gracia para creer” también implica que es Dios, y no nosotros, quien tiene libre albedrío máximo y absoluto. Porque es Dios quien libera sobrenaturalmente la voluntad de los pecadores por su gracia, a fin de que estos puedan creer en Cristo. Esto es un asunto de la propia voluntad y soberanía de Dios. Dios es omnipotente y soberano, tiene el poder y la autoridad para hacer lo que quiera y es libre en sus acciones y voluntad (Génesis 18:14; Éxodo 3:14; Job 41:11; Salmos 50: 10-12; Isaías 40: 13-14; Jeremías 32:17, 27; Mateo 19:26; Lucas 1:37; Hechos 17: 24-25; Romanos 11: 34-36; Efesios 3:20; 2 Corintios 6:18; Apocalipsis 1:8; 4:11). Nada puede pasar a menos que él lo haga o lo permita. Él es el Creador Todopoderoso y Dios del universo a quien debemos todo amor, adoración, gloria, honor, gratitud, alabanza y obediencia. Por lo tanto, es bueno para nosotros recordar que detrás de la voluntad liberada humana se encuentra el que libera la voluntad, y que esto es un asunto de su gracia gloriosa, libre y soberana, totalmente inmerecida por nuestra parte, y que nos ha sido proporcionada por el amor y la misericordia de Dios ¡Toda gloria sea su santo nombre!

BIBLIOGRAFÍA:

[1] Los cinco artículos de Remosntrancia o Protesta del 1610 fueron proposiciones teológicas promovidas por los seguidores de Jacobo Arminio el cual falleció en 1609 en desacuerdo con la doctrina prevalente en Holanda de la doble predestinación supralapsariana―la creencia que Dios había decidido, incluso antes de la creación o la caída de Adán, que seres humanos en particular serían creados para salvación, mientras otros serían creados para condenación. El grupo de cuarenta y seis predicadores y dos catedráticos de la Universidad Estatal de Leyden para la educación de los predicadores eligieron llamarse los “Remonstrantes” (Véase: Kamen, Henry. Nacimiento y desarrollo de la tolerancia en la Europa moderna. Alianza Editorial. Madrid 1987. ISBN 978-84-206-0247-9. pp 135-13)

[2] Creeds of Christendom, Volume III. The Creeds of the Evangelical Protestant Churches.

[3] Íbid.

Arminianismo Clásico, GRACIA DIVINA

Por su Gracia, para su Gloria…

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

De acuerdo con el diccionario de la Real Academia Española, la palabra evangelio deriva del latín Evangelium y éste del griego “Euaggélion”, y significa literalmente “buen anuncio”, “buena noticia”.[1] Era utilizada cuando un mensajero traía una buena noticia de otros lugares. La Biblia la utiliza haciendo resaltar este significado, y la buena noticia se refiere a la obra del Señor Jesucristo en la cruz del Calvario y se resume en las siguientes palabras dichas por Jesucristo y escritas por el apóstol Juan: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16, NVI)

Dios ama a todos en todo el mundo y ha otorgado a su Hijo como una expiación para todos nosotros, aunque los beneficios de la expiación solo corresponden y se aplican a aquellos que creen. Pero la humanidad es una raza caída y espiritualmente muerta; totalmente depravada e incapaz de entender, reconocer o hacer cualquier movimiento para aceptar los beneficios de la expiación. Entonces, ya que somos incapaces de dar el primer paso hacia Dios, él toma la iniciativa y nos permite responder a su oferta de salvación. Y la clave para esto es la gracia. Pero ¿Qué es la gracia?

¿QUÉ ES LA GRACIA?

La gracia se define como “el favor mostrado por Dios a los pecadores. Es la buena voluntad divina ofrecida a aquellos que ni merecen ni pueden esperar ganarla. Es la disposición divina para trabajar en nuestros corazones, voluntades y acciones, a fin de comunicar activamente el amor de Dios por la humanidad”.[2] La gracia no es una entidad u objeto. Es una característica definitoria de la relación de Dios con nosotros. Es solo por la gracia de Dios, su disposición favorable hacia nosotros, que podemos someternos a Dios y vivir para él. Es a través de su gracia, o favor especial, que Dios impacta nuestras vidas de diferentes maneras. La gracia de Dios nos capacita para creer. Nos permite ser salvos. Nos permite vivir vidas santas y piadosas. Nos permite servir dentro de su iglesia. La gracia de Dios nos permite ser lo que nunca podríamos ser por nuestra cuenta.

TODO COMIENZA EN DIOS.

Pocos, como Pablo, entendieron y explicaron tan claramente el maravilloso regalo de la gracia. En Romanos 10:20, Pablo cita a Isaías donde Dios dice: “«Dejé que me hallaran los que no me buscaban; me di a conocer a los que no preguntaban por mí»”. (Romanos 10:20, NVI). Claramente, no es debido a los esfuerzos del hombre que podemos encontrar a Dios. Podríamos buscar, pero por nuestra cuenta no encontraríamos a Dios jamás. Es encontrado por aquellos que no lo buscan y se revela a aquellos que no preguntan por Él. Dios inicia el contacto. Aparte de su iniciativa salvadora, estamos indefensos. Esto es gracia preveniente.

En Juan 6:44, Jesús dice: “Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió.” (Juan 6:44, NVI). Y él expresa el mismo pensamiento poco después en Juan 6:65 cuando dice: “Por esto les dije que nadie puede venir a mí, a menos que se lo haya concedido el Padre.” (Juan 6:65, NVI). El acercamiento de las personas a Cristo es el resultado de la gracia de Dios hacia nosotros y es lo que los arminianos entendemos como gracia previniente o habilitante. Sin dicha habilitación o capacidad, concedida por Dios al hombre, somos incapaces de venir a Cristo. Esto contrasta con el semipelagianismo que enseña que doy el paso inicial hacia Dios, y luego Dios se hace cargo y hace todo lo demás. El ser humano es incapaz de dar el paso inicial. Solo después de que Dios me lo haya permitido, por su gracia, puedo responder positivamente a su invitación.

GRACIA DISPONIBLE PARA TODOS.

En Juan 12:32, Jesús dice: “Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por medio de su muerte vicaria Jesús atraería a todas las personas hacia sí mismo. Jesús no solo dio su vida por un grupo de personas arbitrariamente elegidas o predestinadas, sino por todos los hombres. Él deseaba atraer a sí mismo a todos en el mundo. En Juan 16: 8-11, Jesús dice del Espíritu Santo que “cuando él venga, convencerá al mundo de su error en cuanto al pecado, a la justicia y al juicio; en cuanto al pecado, porque no creen en mí; en cuanto a la justicia, porque voy al Padre y ustedes ya no podrán verme; y en cuanto al juicio, porque el príncipe de este mundo ya ha sido juzgado.”. (Juan 16:8-11, NVI). El Espíritu Santo nos lleva a la convicción del pecado, a nuestra falta de rectitud, y al conocimiento del juicio que vendrá a causa de nuestro pecado. Eso es algo que en nuestro estado depravado natural no podríamos experimentar. La convicción de pecado y el juicio venidero no se hace solo para atormentarnos. El Espíritu Santo, al mismo tiempo que trae convicción, también nos permite responder. Nos hace libres para creer.

Cada miembro de la Trinidad está involucrado en habilitarnos o capacitarnos para responder a la gracia. Dios ama a todo el mundo al punto que envió a su Hijo a salvarnos (Juan 3:16) y tampoco desea que nadie perezca (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Puesto que Dios sabe que somos incapaces por nosotros mismos, él hace, a través de su Santo Espíritu, lo que es necesario para permitirnos ser salvos.

LIBRES PARA ACEPTAR O RECHAZAR LA DÁDIVA.

Mas, sin embargo, la obra de la gracia en nosotros puede ser, y a menudo es, resistida. podemos elegir no someternos a Dios y continuar en nuestro estado pecaminoso y caído. Podemos resistir a Dios, no porque seamos más fuertes que él, sino porque él, en su soberanía, nos lo permite. La invitación a participar de su gracia puede ser rechazada, pues Dios no obligará a nadie a salvarse en contra de su voluntad. Dios mismo predeterminó que así fuera. Dios quiere que todos sean salvos, y aunque conoce de antemano a los que creerán, su gracia es dada a todos para permitirles la posibilidad de creer. De esta manera, el hombre es inexcusable si elige rechazar el regalo de la gracia divina.

En Hechos 7:51 cuando Esteban se enfrenta a los líderes religiosos judíos. Él les dice “¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!”. (Hechos 7:51, NVI). Claramente, el pueblo judío pudo resistir las intenciones del Espíritu Santo para ellos. A lo largo de la historia de Israel, vemos que Dios llama a la gente, y la gente casi siempre se resiste a él.

En Mateo 22: 1-14, Jesús cuenta la parábola del banquete de bodas. En esta parábola hay un número de personas invitadas al banquete; de hecho, todos fueron invitados en última instancia. Pero no todos pudieron disfrutar del banquete; muchos se resistieron a la convocatoria y se negaron a venir, o vinieron de manera inapropiada. Al final de la parábola, Jesús dice que “Porque muchos son los invitados, pero pocos los escogidos”. Esta parábola parece claramente enseñar que hay más invitados al reino de los que realmente participan de él en última instancia. La invitación de Dios a la salvación es resistible.

Algunos argumentarán que, si la gracia de Dios es resistible, esta es degradada o disminuida, o que simplemente no es tan poderosa. Eso sería cierto si Dios intentara imponernos su voluntad. Pero si Dios quiere permitirnos hacer una elección, entonces su gracia debe ser resistible. No porque sea débil, sino porque Dios, en su voluntad soberana e infinita sabiduría, ha elegido hacerlo así. De hecho, según el punto de vista arminiano, la gracia de Dios se magnifica porque se extiende a todas las personas en lugar de limitarse a solo unas pocas.

LA PREDICACIÓN DE LA PALABRA, LA FE Y LA GRACIA.

La gracia preveniente, esa gracia que nos libera para creer, se otorga a los oyentes cuando se proclama el evangelio: “Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán si no hay quien les predique? ¿Y quién predicará sin ser enviado?” (Romanos 10:14). Romanos 10:17 dice que “Así que la fe viene como resultado de oír el mensaje, y el mensaje que se oye es la palabra de Cristo” (Romanos 10:14, NVI). Sin escuchar el mensaje no puede haber fe. Y sin fe, es imposible que la gracia sea aplicada al ser humano.

La Escritura es clara en que la fe es un elemento esencial, como se expresa repetidamente en Romanos 3:21-31 “Pero ahora, sin la mediación de la ley, se ha manifestado la justicia de Dios, de la que dan testimonio la ley y los profetas. Esta justicia de Dios llega, mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. De hecho, no hay distinción, pues todos han pecado y están privados de la gloria de Dios, pero por su gracia son justificados gratuitamente mediante la redención que Cristo Jesús efectuó. Dios lo ofreció como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. Anteriormente, en su paciencia, Dios había pasado por alto los pecados; pero en el tiempo presente ha ofrecido a Jesucristo para manifestar su justicia. De este modo Dios es justo y, a la vez, el que justifica a los que tienen fe en Jesús. ¿Dónde, pues, está la jactancia? Queda excluida. ¿Por cuál principio? ¿Por el de la observancia de la ley? No, sino por el de la fe. Porque sostenemos que todos somos justificados por la fe, y no por las obras que la ley exige. ¿Es acaso Dios solo Dios de los judíos? ¿No lo es también de los gentiles? Sí, también es Dios de los gentiles, pues no hay más que un solo Dios. Él justificará por la fe a los que están circuncidados y, mediante esa misma fe, a los que no lo están. ¿Quiere decir que anulamos la ley con la fe? ¡De ninguna manera! Más bien, confirmamos la ley.” (Romanos 3:21-31, NVI).

Es difícil leer este pasaje y no ver el énfasis que Pablo pone en la fe. Ahora bien, ejercer fe no implica obra meritoria alguna de nuestra parte. Romanos 4: 5 afirma que “al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia” (Romanos 4:5, NVI). Por lo tanto, la fe no es un “trabajo” de mi parte; más bien es una rendición.

LA SALVACIÓN ES DEL SEÑOR.

El mérito de nuestra salvación, de principio a fin, reside en Dios, no en el ser humano. Dios permite la fe en mí. Su gracia preventiva libera mi voluntad para poder aceptar la salvación de Dios o rechazarla. Soy capaz de ejercer la verdadera fe debido a la gracia de Dios trabajando dentro de mí.

Esto no roba gloria y mérito alguno a Dios, sino todo lo contrario, pues si un hombre rico concede a un pobre y hambriento mendigo una limosna mediante la cual puede mantenerse a sí mismo y a su familia. ¿Deja de ser un regalo puro, porque el mendigo extiende su mano para recibirlo? El hombre rico da limosna a un mendigo y el mendigo los acepta. El regalo es únicamente el trabajo del hombre rico. De la misma manera, el don de la salvación (incluida la voluntad liberada que permite la fe) es totalmente obra de Dios, y toda la gloria le pertenece solo a él. Y, así como el mendigo pudo haber rechazado el regalo del hombre rico, así nuestra gracia liberada nos permite rechazar el regalo de Dios. La fe es un don de Dios, pero es una fe libre y nadie está obligado a creer. Mas para aquel que cree, el mensaje del Evangelio resuena en su alma como las buenas nuevas de salvación que proclama ser.

ESTAS SON BUENAS NOTICIAS.

Si la salvación dependiera de nosotros, si nuestras obras tuvieran que ganarla, no solo sería difícil sino imposible obtenerla. Si nuestra salvación dependiera de nuestras obras y mérito propio el Evangelio no sería una buena noticia en ninguna manera. Afortunadamente, somos justificados por la fe sola. Salvos por gracia sin mérito alguno de nuestra parte ¡Estas son buenas noticias! De principio a fin Dios es el autor de nuestra salvación. La gracia trabaja delante de nosotros para atraernos hacia la fe, para comenzar su trabajo en nosotros. Incluso la primera frágil intuición de la convicción de pecado, la primera insinuación de nuestra necesidad de Dios, aún eso es producto de la gracia, que nos empuja gradualmente hacia el deseo de agradar a Dios.[3] La gracia opera en nuestro interior, llevándonos a la fe, produciendo en nosotros el deseo de buscar a Dios y, al haberle hallado (o más bien siendo hallados por él), dándonos la capacidad para perseverar hasta el fin “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.” (Filipenses 2:13, NVI). Es su gracia la que nos conduce a él, llevándonos a tiempo para desesperarnos por nuestra propia injusticia, desafiando nuestras disposiciones perversas, para que nuestras voluntades distorsionadas dejen de resistir gradualmente la gracia de Dios. Tu salvación, en ninguna de sus partes, jamás ha dependido, depende o dependerá de ti mismo:

“Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría, al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén.” (Judas 1:24-25, RVR1960)

Todo fue consumado por Cristo sin ayuda de nuestra parte ¿Puedes imaginar noticia más grandiosa que esta?

REFERENCIAS:

[1] Véase: Diccionario de la Lengua Española, RAE. Versión electrónica disponible en: https://dle.rae.es/?id=H8e86e9, consultado el 08-03-2019.

[2] Oden, Thomas C., The Transforming Power of Grace, Abingdon Press, 1993; pg. 33.

[3] Thomas C. Oden, John Wesley’s Scriptural Christianity (Grand Rapids, Zondervan, 1994), pág. 246