Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Danza profética, misticismo y herejía oculta

La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana. A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don. En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo.

Neopentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Crisis en la adoración y liturgia pentecostal

Adorar a Dios implica hacer las cosas a su manera, no a la nuestra, pues de lo contrario quizá estemos introduciendo fuego extraño en la adoración a nuestro Dios (Levítico 10:1-11). Nuestra liturgia debe amoldarse a la palabra de Dios, no a las modas del mundo: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19). Haríamos bien en seguir el consejo de Pablo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI).

Arminianismo Clásico, Calvinismo

La elección, doctrina que inspira gozo.

Muchos calvinistas piensan que han arrojado una bomba atómica sobre las bases de la teología arminiana cuando presentan sus argumentos acerca de la doctrina de la elección y  predestinación. Ellos están convencidos de que su interpretación de la doctrina de la elección incondicional es incuestionable, infalible y verdadera, por lo que simplemente no pueden entender por qué nosotros los arminianos no podemos aceptar los postulados calvinistas sobre la elección incondicional que afirman que Dios ama a toda la humanidad pero que, al mismo tiempo, eligió enviar a su Hijo a morir por unos, pero no por todos los hombres. A ellos les parece increíble que no podamos ver la “justicia” y la “misericordia” de Dios en predestinar a unos para salvación y a otros para condenación eterna.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

¿Estamos predestinados?

¿Habla la Biblia de la predestinación? Sí, lo hace. Pero jamás de la forma en que los calvinistas la presentan. Bíblicamente, predestinación (Gr. prooizo) significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir con antelación”, y se aplica a los propósitos de Dios comprendidos en la elección. La elección es la elección de Dios en Cristo de un pueblo (la verdadera iglesia) para sí mismo. La predestinación comprende lo que pasará con el pueblo de Dios (todos los verdaderos creyentes en Cristo).

Arminianismo Clásico

5 Verdades sobre la Elección

La elección en Cristo es principalmente corporativa, es decir, una elección de un pueblo (Efesios 1:4-5, 7, 9). Los elegidos son llamados "el cuerpo de Cristo" (Efesios 4:12), "mi iglesia" (Mateo 16:18), "pueblo adquirido por Dios" (1 Pedro 2: 9) y la "novia" de Cristo (Apocalipsis 19:7). Por lo tanto, la elección es corporativa y abarca a las personas individuales solo cuando se identifican y se asocian con el cuerpo de Cristo, la verdadera iglesia (Efesios 1: 22-23).

Arminianismo Clásico, Misionología, Pentecostalismo Clásico

Teología arminiana y poder pentecostal, claves del éxito misionero.

Sin lugar a duda, la soteriología dominante de una iglesia  moldea de manera indeleble su cultura (la forma en que la gente piensa y piensa) para la misión. Una de las suposiciones más básicas del misionero encarnado es asumir que Dios ya está involucrado en la vida de cada persona y los está llamando a sí mismo a través de su Hijo. Esto significa que el Dios misionero ha estado activo durante mucho tiempo en la vida de una persona. Nuestro trabajo principal es tratar de ver dónde y cómo Dios ha estado trabajando y asociarnos con él para llevar a la gente a la redención en Jesús. Esta es básicamente la comprensión arminiana de la gracia preveniente. En ella reside la motivación o razón de ser de las misiones pentecostales.

Arminianismo Clásico, LEGALISMO Y TENDENCIAS JUDAIZANTES, Pentecostalismo Clásico

Atrapados entre la santidad y el legalismo

La mayoría de las iglesias latinoamericanas, especialmente las pentecostales, fueron influenciadas por el movimiento de santidad originado en los Estados Unidos, a fines del siglo XIX. Este movimiento puso énfasis en la santidad personal como medio para agradar a Dios, y si bien esta enseñanza es correcta, se hace en desmedro de otra doctrina que otrora fue el pilar del mensaje evangélico, la mecha que encendió la Reforma del siglo XVI y a la cual el apóstol Pablo dedicó una parte central en sus cartas: la salvación por gracia. Somos salvos, no porque hayamos impresionado a Dios con nuestra conducta “santa”, sino por los méritos de Cristo en la cruz, y a esta salvación por gracia se accede sólo por medio de la fe (Romanos 1:17; Efesios 2:8-9). La santidad es una consecuencia de la obra del Espíritu Santo en el creyente, no un requisito para que éste obre. Sin embargo, el movimiento de santidad influyó en el naciente pentecostalismo de principios del siglo XX para que pusiera énfasis en la santidad en desmedro de la gracia.

Distintivos del Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

Cristocentricidad del Pentecostalismo

La espiritualidad pentecostal es la conciencia y experiencia personal y directa de la morada continua y permanente del Espíritu Santo en la vida del creyente, por la cual el Cristo resucitado y glorificado es revelado, y el creyente es empoderado para testificar y adorar con la abundancia de su vida como es descrito en los Hechos y las Epístolas. Un aspecto característico de esta forma de vida es un amor por la Palabra de Dios, el fervor en la oración y la testificación en el mundo y hacia el mundo, y una preocupación de vivir por el poder del Espíritu Santo. Contrario a la mala concepción de muchos, los pentecostales a pesar de su énfasis en la experiencia, no abogan por el tipo de “entusiasmo” que separa de la Palabra de Dios: Los pentecostales somos tan amantes de la Palabra como cualquier otro creyente devoto de tradición reformada, luterana, metodista o cualquier otra. El deseo pentecostal entusiasta de experimentar a Dios y el poder del Espíritu Santo aquí y ahora descansa en la Palabra de Dios, la cual nos garantiza un acceso directo a Dios para todos.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Arminianismo y universalismo condicionado

Los arminianos creemos en la doctrina de la Expiación Ilimitada, conocida también como universalismo condicionado. Dicha doctrina sostiene que la expiación es ilimitada en el sentido de que se halla a disposición de todos; más sin embargo es limitada en el sentido de que sólo es eficaz para aquéllos que crean. Así, aunque la Expiación y sus beneficios están a disposición de todos, no todos se benefician de ella. El perdón de pecados y la salvación está condicionada a la fe en Cristo.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Calvinismo, falsa seguridad y desesperanza

Para los arminianos, hay un camino intermedio de verdadera seguridad entre los extremos de la desesperación y la falsa seguridad calvinista. Por un lado, el conocimiento de que el pecado tiene consecuencias y de que una persona puede caer de la gracia a través de la rebelión abierta contra Dios. Pero, por otro lado, el conocimiento de que Dios salvará a todos los creyentes penitentes nos llega de seguridad, certeza y esperanza.