LEGALISMO Y TENDENCIAS JUDAIZANTES

Judaizantes en el pentecostalismo de hoy.

Una tendencia judaizante y de veneración hacia Israel, sus costumbres y símbolos, se ha infiltrado en muchas iglesias, principalmente neo pentecostales e insanas doctrinal y litúrgicamente. Está comprobado que en ciertas congregaciones auto definidas como ‘iglesia cristiana evangélica’, o que confiesan serlo, pero se identifican con nombres alusivos al Antiguo Testamento, se ocupan más de Israel y de la cultura judía que del Señor Jesucristo y Su Evangelio. Pero, ¿Por qué lo hacen? Causa sorpresa que, al entrar a muchas congregaciones evangélicas, lo primero que ves son textos mencionando a Israel, escritos hebraicos y símbolos religiosos judíos. ¿Qué relación existe entre los decorados de muchas iglesias y el culto y la liturgia cristiana? Por si eso no fuera suficiente, en muchas iglesias evangélicas sobresalen más los niños del ‘ballet cristiano’ ataviados como judíos y danzando al son de la típica música israelí que la presencia misma del Espíritu Santo o la búsqueda sincera de Dios.

Arminianismo Clásico

Una vez salvo, ¿Siempre salvo?

En plena concordancia con la Biblia, el arminianismo clásico enseña que los que son incorporados a Cristo por una fe verdadera, y por lo tanto son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, tienen así todo el poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo, y su propia carne, y para ganar la victoria; siendo bien entendido que es siempre a través del auxilio de la gracia del Espíritu Santo; y que Jesucristo les ayuda a través de su Espíritu en todas las tentaciones. No obstante, también enseña que estos sí son capaces, por negligencia, de abandonar su vida en Cristo, volver al mundo y apartarse de la doctrina sagrada que les ha sido dada, perdiendo así una buena conciencia y cayendo de gracia. Estos pueden perderse eternamente si así lo eligen, o arrepentirse y volver al camino de la salvación si así lo desean.

Arminianismo Clásico

Elegidos y predestinados, pero no incondicionalmente.

La doctrina de la elección, o predestinación, es enseñada en las Escrituras. Sin embargo, tal elección no se refiere necesariamente a la salvación eterna de un grupo o individuo en particular, sino más bien a la preordenación para el ejercicio de ciertos roles o papeles en el plan de Dios. Entre los predestinados a desempeñar roles específicos en el logro de la redención, el personaje principal es nuestro Redentor, el Señor Jesucristo. La elección de Jesús es el acto central y primario de la predestinación.

Arminianismo Clásico

¿Por quiénes murió Jesús?

Uno de los pilares del arminianismo clásico es su creencia en la Expiación Ilimitada. La doctrina de la Expiación Ilimitada es plenamente enseñada y sostenida por las Escrituras. Juan 3:16-18 deja claro que Dios nos ama; que él ama a todos en el mundo, no solo a unos pocos. También queda claro en este pasaje que Dios hizo lo que se necesitaba para proporcionar la salvación a aquellos que amaba. Dios dio a su Hijo para ser el sacrificio expiatorio para todo el mundo (1 Juan 2:2), para probar la muerte para todos (Hebreos 2:9). Jesús fue nuestro cordero sacrificial (Juan 1:29), Aquél que nos libra de la ira de Dios (1 Tesalonicenses 1:10) que justamente merecíamos. Una y otra vez en las Escrituras vemos que Jesús murió por los pecados del mundo. Su sacrificio fue hecho para todos, no solo para unos pocos. Pero si bien la muerte de Cristo fue para todas las personas, los beneficios de su sacrificio son efectivos solo para aquellos que creen en Cristo. Solo aquellos que creen obtendrán la vida eterna. Los que no creen permanecen en estado de condenación. Esto se repite en Juan 3:36; los que creen tienen vida eterna, mientras que los que rechazan al Hijo permanecen bajo la ira de Dios.

Arminianismo Clásico

Gracia Preveniente, gracia habilitadora.

La teología cristiana, y particularmente el arminianismo, enseña la doctrina de la gracia preveniente, la cual sostiene que antes de que un hombre pueda buscar a Dios, Dios primero debe haber buscado al hombre. Antes de que un hombre pecador pueda pensar correctamente en Dios, debe haber una obra de iluminación realizada dentro de él. La Biblia nos enseña claramente que buscamos a Dios porque, y solo porque, Él primero ha puesto un impulso dentro de nosotros que nos incita a la búsqueda. "Nadie puede venir a mí", dijo nuestro Señor, " si no lo atrae el Padre que me envió" (Juan 6:44, NVI), y es por esta atracción sobrenatural que Dios nos quita todo vestigio de crédito por el hecho de venir. El impulso de buscar a Dios se origina en Dios, pero el resultado de ese impulso depende de nuestra respuesta a dicho estímulo o atracción divina. A esto le denominamos Sinergismo Evangélico.

Arminianismo Clásico

¿Depravados o moralmente neutros?

La doctrina de la depravación total del hombre es reconocida unánimemente por la ortodoxia protestante. Sin embargo, en contraposición con el arminianismo clásico y el calvinismo, el pelagianismo y el semipelagianismo se oponen a la doctrina de la depravación total del hombre. El pelagianismo niega que las consecuencias del pecado de Adán pasaran a sus descendientes, afirma que todos los seres humanos nacemos en un estado moralmente neutral. Según esta doctrina, si un hombre recibe la enseñanza correcta, es capaz de vivir de una manera que agradaría a Dios. Debido a esto, el hombre tiene la opción de hacer lo bueno o lo malo sin ninguna restricción impuesta por su naturaleza pecaminosa. Por obvias razones, el pelagianismo es considerado una herejía.

Pentecostalismo Unicitario

¿Cuál es la fórmula bautismal correcta?

Los pentecostales unicitarios y otros antitrinitarios, argumentan que la formula correcta de bautizar era solo en el nombre de Jesús, pero los textos dentro de su contexto y las evidencias bíblicas e históricas, nos revelan que se hacía en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y que, cuando en el libro de los Hechos se menciona solamente el nombre de Jesús en relación con el bautismo, no se está dando una nueva fórmula bautismal, sino afirmando que era con la autoridad dada por Jesús que dicha ordenanza se efectuaba y, a la vez, era una invitación a aceptarle como Salvador. Los pentecostales unicitarios, por lo tanto, están sumamente equivocados en su interpretación doctrinal y no debemos prestarles atención a sus herejías.

Pentecostalismo Unicitario

La herejía sabeliana en el pentecostalismo

El pentecostalismo unicitario, también llamado pentecostalismo del nombre de Jesucristo o Solo Jesús, ​ es una de las cinco ramas del pentecostalismo moderno. Se caracteriza por practicar la doctrina de la Unicidad de Dios, es decir, por no creer en la Santísima Trinidad y considerar al «Padre», «Hijo» y «Espíritu Santo» como manifestaciones de YHWH, EL Dios del Antiguo Testamento, ​ siendo su principal manifestación la figura de Jesucristo. En consecuencia, sus creyentes practican el bautismo en el nombre de Jesús, en lugar de seguir la forma trinitaria del bautismo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Los pentecostales unicitarios fundamentan su unitarismo en pasajes del Antiguo Testamento como Deuteronomio 6:4; sin embargo, el modalismo de los pentecostales unicitarios ha sido duramente criticado por los movimientos pentecostales trinitarios.

Arminianismo Clásico, Pelagianismo, Semipelagianismo

Arminianismo clásico y semipelagianismo

Los así llamados semipelagianos eran en realidad «semiagustinianos» que rechazaban las doctrinas de Pelagio y admiraban y respetaban a Agustín, aunque no estaban dispuestos a seguir al obispo de Hipona hasta las últimas consecuencias de su teología (Gónzalez, 2004, Historia del Pensamiento Cristiano, vol. 2, p. 56). La aclaración anterior es importante, pues nos aleja de la sensación de que el semipelagianismo haya brotado del seno del pelagianismo. En realidad, el movimiento semipelagiano es parte del núcleo agustiniano que, además de objetar contra las premisas de Pelagio, negaba algunas premisas de Agustín.

Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, Calvinismo, Pelagianismo

No, arminianismo no es pelagianismo.

El arminianismo es una doctrina teológica concerniente a la gracia divina y a la salvación del hombre, que nació en el seno de la comunidad reformada de los Países Bajos, y de allí se extendió a otros países protestantes a fines del siglo XVI y principios del siglo XVII. El nombre proviene de Jacobo Arminio (Jacobo Armenszoon o Harmenszoon, 1560-1609), pastor protestante en Amsterdam, luego profesor en Leiden, que jugó un importante papel en el conflicto. A grosso modo, podemos resumir el arminianismo diciendo que: Dios ha decidido desde toda la eternidad destinar para la salvación a aquellos que creyeran en El; por tal razón, Cristo murió por todos los hombres, pero de manera que sólo los fieles gozaran verdaderamente de su perdón. La teología arminiana sostiene que el hombre no recibe la fe salvadora más que por la gracia divina; pero se puede resistir a esa gracia y prepararse para recibirla. Tampoco se excluye la posibilidad de perder la gracia.