Arminianismo Clásico

Gracia Preveniente, gracia habilitadora.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

La teología cristiana, y particularmente el arminianismo, enseña la doctrina de la gracia preveniente, la cual sostiene que antes de que un hombre pueda buscar a Dios, Dios primero debe haber buscado al hombre. Antes de que un hombre pecador pueda pensar correctamente en Dios, debe haber una obra de iluminación realizada dentro de él. La Biblia nos enseña claramente que buscamos a Dios porque, y solo porque, Él primero ha puesto un impulso dentro de nosotros que nos incita a la búsqueda. “Nadie puede venir a mí”, dijo nuestro Señor, ” si no lo atrae el Padre que me envió” (Juan 6:44, NVI), y es por esta atracción sobrenatural que Dios nos quita todo vestigio de crédito por el hecho de venir. El impulso de buscar a Dios se origina en Dios, pero el resultado de ese impulso depende de nuestra respuesta a dicho estímulo o atracción divina. A esto le denominamos Sinergismo Evangélico.

El teólogo pentecostal Stanley Horton define el sinergismo evangélico de la siguiente manera:

“En su expresión evangélica moderada (el sinergismo evangélico) se remonta a Arminio, y, más importante aún, a Wesley. Ambos hicieron resaltar nuestra capacidad para decidir libremente, aun en asuntos que afecten a nuestro destino eterno. Somos depravados, pero aun los más depravados de nosotros no han perdido totalmente la imagen de Dios. Un evangélico sinergista afirma que sólo

Dios salva, pero cree que las exhortaciones universales a arrepentirse y creer sólo tienen sentido si es cierto que podemos aceptar o rechazar la salvación. La salvación brota totalmente de la gracia de Dios, pero afirmar que esto es así no nos exige disminuir nuestra responsabilidad cuando se nos presenta el evangelio.”[1]

En este sostén divino y el seguimiento o respuesta humana, no hay contradicción. Todo el mérito es de Dios, pues el influjo de la gracia de Dios en el ser humano siempre es anterior a la respuesta del hombre. Sin embargo, cuando la gracia de Dios, la cual es impartida a través de la obra del Espíritu Santo en el interior del hombre (Juan 16:8-11) ha hecho su parte, es responsabilidad del hombre buscar a Dios.[2] En el cálido lenguaje del sentimiento personal, esto se afirma en el Salmo 42: “Cual ciervo jadeante en busca del agua, así te busca, oh Dios, todo mi ser.” (Salmo 42:1, NVI).

La doctrina de la gracia preveniente nos permite afirmar completamente que el hombre está muerto en delitos y pecados, y que es incapaz de responder al Evangelio sin la convicción interna del Espíritu Santo (Juan 16:8) y el llamado del Padre (Juan 6:44, 65, 12:32, Romanos 10: 20). Además, también le da un mejor sentido a pasajes como Lucas 7:30 (“Pero los fariseos y los expertos en la ley no se hicieron bautizar por Juan, rechazando así el propósito de Dios respecto a ellos”), Lucas 18:24-25 (“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.”) y Hechos 7:51 (“¡Tercos, duros de corazón y torpes de oídos! Ustedes son iguales que sus antepasados: ¡Siempre resisten al Espíritu Santo!”).[3]

GRACIA PREVENIENTE: GRACIA HABILITADORA O GRACIA PRE-REGENERACIÓN.

La gracia preveniente, también denominada por algunos teólogos como “gracia habilitadora” o “gracia pre-regeneradora”, hace posible que el Espíritu de Dios supere esa incapacidad innata en el hombre para buscar a Dios. Es por medio de la gracia preveniente, la cual ejerce una obra directa en el corazón del hombre, una obra adecuada para que la persona no regenerada pueda comprender la verdad del Evangelio, que el inconverso desea a Dios y ejerce la fe salvadora.[4]

Bíblicamente, este concepto pretende expresar la verdad que se encuentra en pasajes como Juan 6:44, Hechos 16:14 o Juan 16:8. La gracia pre-regeneradora, por lo tanto, implica la obra de “atraer”, “abrir el corazón” o traer “convicción de pecado”.

LA GRACIA PREVENIENTE SIEMPRE SERÁ GRACIA RESISTIBLE.

Los arminianos afirmamos, basados en la Palabra de Dios, que no todos los que son atraídos o capacitados por el Padre para ejercer la fe y el arrepentimiento, en realidad deciden hacerlo; es decir, la gracia preveniente es resistible. Aunque es igualmente cierto que sin ese atracción o habilitación ninguna persona sería capaz de venir a Dios por su propia cuenta. Aquel que ha sido liberado para creer tiene el deseo o la habilidad de venir a Cristo en fe, pero en ninguna manera será obligado por Dios a creer y salvarse. Arminio, en su segundo punto llamado “Liberado por Gracia para creer”, afirma lo siguiente:

“Confieso que la mente del hombre natural y carnal se encuentra en tinieblas y oscuridad, que sus afectos están corrompidos y desordenados, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el ser en sí está muerto en pecados. Y agrego a esto, que un maestro obtiene mi más alta aprobación cuando atribuye el mayor mérito posible a la gracia divina; siempre que defienda la causa de ella hasta el límite de no infringir daño a la justicia de Dios, y de no quitar el libre albedrío del hombre específicamente hacia hacer el mal. De esta manera, atribuyo a la gracia el comienzo, la continuación y la consumación de todo bien, y llevo su influencia a tal extremo que un hombre, a pesar de ser regenerado, no puede concebir, desear, o hacer nada bueno, ni resistir siquiera una tentación, sin la gracia divina. A raíz de lo anterior, se hará claramente visible, que por ningún motivo hago injusticia a la gracia, atribuyéndole (como se ha dicho de mi) demasiado énfasis al libre albedrío del hombre. Ya que toda la controversia se reduce a la respuesta de la siguiente pregunta: “¿es la gracia de Dios una fuerza irresistible?”, dicho de otra manera, la controversia no tiene que ver con aquellas acciones u operaciones que puedan ser atribuidas o no a la gracia (ya que he reconocido y enseñado cuantas de estas acciones u operaciones un maestro pueda haber enseñado) si no que se reduce estrictamente al modo de operación, si es irresistible o no. Con respecto a lo cual, creo, de acuerdo con las escrituras, que muchas personas resisten al Espíritu Santo y rechazan la gracia que se les ofrece”.[5]

Los Remostrantes, en su defensa ante el Sínodo de Dort, afirmaron algo similar a lo que Jacobo Arminio había articulado en sus obras:

“Esta gracia de Dios es el principio, el progreso y la consumación de todo lo bueno, tanto que ni mismo un hombre regenerado puede, por sí mismo, sin esta precedente o preveniente, excitante, progresiva y cooperante gracia, querer o terminar cualquier bien, mucho menos resistir a cualquier tentación al mal. Por ello, todas las buenas obras y buenas acciones que puedan ser pensadas, deben ser atribuidas a la gracia de Dios en Cristo. Pero, en relación con el modo de operación de esta gracia, no es irresistible, ya que está escrito sobre muchos que “resistieron al Espíritu Santo” (Hechos 7) y en muchos otros lugares”. [6]

Los arminianos podemos adoptar esta posición precisamente porque la atracción y la habilitación del Padre se presentan en el Evangelio de Juan como condiciones necesarias, no suficientes, para llegar a la fe en Cristo. Así pues, la visión arminiana clásica sostiene que la aplicación de la gracia preveniente sobre el ser humano está ligada al mensaje del evangelio y su proclamación. La Palabra es el instrumento, el medio utilizado por el Espíritu como base para la convicción, la persuasión y la habilitación. Esta observación concuerda con el concepto del poder de la Palabra de Dios que se menciona en todas partes en las Escrituras, como en Hebreos 4:12, por ejemplo. La opinión de Arminio sobre esto es clara cuando, hablando de la persuasión involucrada en esta gracia pre-regeneradora, dice:

“Esto es efectuado por la palabra de Dios. Pero la persuasión se efectúa, externamente, por la predicación de la palabra, internamente por la operación, o más bien por la cooperación del Espíritu Santo, tendiendo a este resultado, para que la palabra pueda ser entendida y aprehendida por la verdadera fe “.[7]

La doctrina arminiana y bíblica, reconoce que, aunque Dios desea que todos se salven, Él nunca forzará a nadie a hacerlo. Por tal motivo, muchos resistirán la gracia y finalmente se perderán. Jesús deja claro esto en Lucas 14:26-33, en donde explica que algunos considerarán que los términos del discipulado son demasiado costosos y, por lo tanto, rechazarán la invitación. Las palabras de Jesús cobran un mayor significado si tenemos en cuenta que a este relato le sigue la parábola del banquete de bodas, que a su vez sigue el lamento de Jesús sobre Jerusalén en el final del capítulo 13.

De manera similar, en la parábola del sembrador (Mateo 13:1-23), vemos que a veces los que escuchan y reciben la palabra no siempre perseveran en última instancia porque oyen “la palabra e inmediatamente la reciben con alegría; pero, como no tiene raíz, dura poco tiempo. Cuando surgen problemas o persecución a causa de la palabra, en seguida se aparta de ella.” Otros reciben “la semilla… oyen la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto.” Los calvinistas suelen negar que dichos “desertores de la fe” hayan sido verdaderamente cristianos en primer lugar; sin embargo, ¿Cómo puede alguien recibir la palabra con alegría (siendo incapaz para hacerlo sin el influjo de la gracia de Dios, debido a que está muerto espiritualmente e incapaz de cualquier obra buena) a menos que el Señor haya hecho una obra en su corazón? El contexto nos indica que tales personas fueron creyentes genuinos, y por lo tanto salvos en un principio, pero luego se apartaron y se perdieron. Esto lo deducimos además por el lenguaje usado en el contexto inmediato. Nótese por ejemplo la parábola del tesoro escondido, unos versos más tarde, donde en su alegría él va y vende todo lo que tiene y compra ese campo (Mateo 13:44), o la parábola de la perla donde fue y vendió todo lo que lo tenía y lo compró (Mateo 13:45-46). El lenguaje que describe la reacción de ambos grupos es idéntico. Todos recibieron el mensaje con alegría y creyeron, pero no todos perseveraron. También tenemos la declaración de Jesús después de su interacción con el joven rico:

“Al verlo tan afligido, Jesús comentó: —¡Qué difícil es para los ricos entrar en el reino de Dios! En realidad, le resulta más fácil a un camello pasar por el ojo de una aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.” (Lucas 18:24-25, NVI).

Por supuesto, si Jesús fuera un calvinista, nunca hubiera sugerido que era más difícil para las personas ricas ser salvadas por la “gracia irresistible” de Dios que las personas pobres. Sus voluntades serían cambiadas inmediata e invenciblemente al escuchar el llamado efectivo de Dios. No sería más difícil para una persona rica ser salvada por el llamamiento monergístico e irresistible de Dios de que lo sería para cualquier otro pecador. Pero el verdadero Jesús estaba sugiriendo que su salvación estaba ligada en cierta medida a su respuesta y compromiso con su llamamiento. Finalmente, el libro de Hebreos advierte repetidamente a las personas que han escuchado el evangelio que no endurezcan sus corazones (Hebreos 3:7, 15; 4:7). Cuando una persona que ha sido redargüida de pecado por el Espíritu de Dios escucha el evangelio, puede optar por resistir (Hechos 7:51). De ese modo, insulta al Espíritu de gracia al rechazar a Cristo (Hebreos 10:29).

REFERENCIAS:

[1] Stanley M. Horton, Teología Bíblica: Una perspectiva pentecostal, Edición Ampliada, pp. 382. Editorial Vida, 1999.

[2] A. W. Tozer, La Búsqueda de Dios, Christian Publications, 1948.

[3] A menos que se indique lo contrario, todas las citas fueron tomadas de la Santa Biblia, Nueva Versión internacional.

[4] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 154-55. Randall House Publications, 2002.

[5] Jacobo Arminio. Obras de Arminio: Las Doctrinas Bíblicas de la Gracia. pp. 2-3.

[6] Los Cinco Artículos de la Remonstrancia en 1610. Artículo #4.

[7] Robert Picirilli, Grace, Faith, Free Will, pp. 158. Randall House Publications, 2002.

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