Arminianismo Clásico, Calvinismo

Y tú, ¿Eres Arminiano?

Posted by: Society of Evangelical Arminians[1]

(Traducido y editado por Fernando E. Alvarado)

INTRODUCCIÓN:

A lo largo de los siglos, los calvinistas han vilipendiado con tanto éxito el arminianismo que las personas que son arminianos tienen miedo de decirlo. Esto es cierto, aunque el arminianismo es la posición teológica por defecto del protestantismo cristiano; de hecho, muchas personas son arminianas y ni siquiera lo saben, e incluso lo niegan. El arminianismo está tan extendido que incluso las iglesias calvinistas más fuertes están llenas de arminianos. Es irónico, entonces, que la gente tenga miedo de decir que es arminiana; por ejemplo, muchos bautistas independientes y sureños son típicamente arminianos, pero a pesar de eso, a menudo se llaman a sí mismos calvinistas.

A continuación, presento una serie de preguntas las cuales pueden ayudar a las personas que tienen una teología arminiana a darse cuenta de que son arminianos y ayudarles a comprender que está bien ser arminiano. Las preguntas tratan los temas más pertinentes que definen el arminianismo y distinguen el arminianismo del calvinismo.

(1.- ¿Crees que Jesús murió por toda la humanidad?

Si respondiste afirmativamente a la pregunta, entonces al menos estás de acuerdo con uno de los principios centrales del arminianismo y, en general, no serás bienvenido en los círculos calvinistas. Este es quizás el tema más evidente que divide al calvinismo y al arminianismo. La mayoría de los calvinistas creen que Jesús murió solo por ciertas personas, aunque existe cierto debate sobre si Calvino mismo sostuvo esta opinión. Si crees que Jesús murió sólo por aquellos que eventualmente creerían (unos cuantos elegidos), entonces realmente eres un calvinista y no un arminiano.

(2. ¿Crees que los humanos son tan depravados que no pueden hacer nada para ganar la salvación y que no pueden elegir creer en Jesús sin la intervención de la gracia de Dios?

Si respondiste que sí, entonces estás de acuerdo con Arminio y el Arminianismo. Los calvinistas afirman la misma doctrina, y los arminianos concordamos con ellos en casi todos los aspectos relacionados a ella.[2]

(3.- ¿Crees que una persona puede resistir (rechazar para condenación) el poder de convicción de la gracia de Dios?

Si respondiste que sí, entonces otra vez afirmas otro de los principios centrales del Arminianismo, como se refleja en las palabras de Jesús: “¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!” (Mateo 23:37). Los calvinistas argumentan que Dios ha determinado qué individuos creerán; para hacer que su fe sea posible, los llama a la salvación de tal manera que sus propias voluntades sean superadas para que no puedan resistir el llamado a la salvación (en otras palabras, los obliga a creer). Los arminianos creen que Dios realmente quiere que todos crean; pero cuando Dios capacita a una persona para creer, lo hace de tal manera que el individuo aún puede resistir el poder de convicción del Espíritu (es decir, el hombre es libre de rechazar la gracia de Dios y así perderse por su libre elección); de modo que la fe no es un resultado necesario de la gracia habilitadora de Dios (Dios no obliga a nadie a creer).

(4.- ¿Crees que naciste de nuevo cuando pusiste tu fe en Jesús?

Si respondiste que sí, entonces mantienes un principio importante del arminianismo y probablemente no eres un calvinista. Los calvinistas creen que Dios debe primero darle a una persona una vida nueva para permitir la fe. Los calvinistas creen que, sin haber sido creados para compartir la nueva vida, una persona no puede creer. Esto significa que los calvinistas creen que somos regenerados (nacidos de nuevo) antes de poner nuestra fe en Jesús. Los arminianos, en cambio, argumentamos que las personas no reciben el don de la nueva vida hasta que creen. Los arminianos sostenemos que cuando una persona cree, está unida con Cristo y solo entonces participa de la nueva vida y nace de nuevo; una persona no comparte la nueva vida sin estar primero unida a Cristo por la fe, porque “todo aquel que en él cree” no perece, sino que tiene vida eterna (Juan 3:16).

(5.- ¿Crees en la elección?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Los calvinistas creen en una elección independiente de la fe. Los arminianos creemos que la elección es “en Cristo”; es decir, los arminianos creemos que cualquier persona que está “en Cristo” es elegida, pero que la fe es esencial para unirse a Cristo. Por lo tanto, la elección está condicionada a la fe.

(6.- ¿Crees en la predestinación?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Los arminianos afirmamos que los creyentes están predestinados a la salvación final (si perseveran hasta el fin), no que las personas están predestinadas a creer (es decir, obligados a creer por el decreto de un Dios que los predestinó para ello, como afirma el calvinismo).

(7.- ¿Crees en la seguridad eterna?

El problema es si las personas que verdaderamente creen en Jesús para la salvación pueden naufragar su fe y perder su salvación, o por el contrario, una vez que la gente ha puesto genuinamente su fe en Cristo, si su salvación final está garantizada incondicionalmente. Si respondiste que sí y crees en la seguridad eterna, podrías ser un Arminiano.

Existe la duda de si Arminio mismo enseñó alguna vez que los creyentes pueden hacer naufragar de su fe y así perder su salvación. Aparentemente, Arminio no sentó postura al respecto, dejando el tema abierto a discusión. Los Remonstrantes, los primeros arminianos, personas que se pusieron del lado de Arminio en los debates teológicos de la Holanda del siglo XVII, originalmente no tomaron posición sobre este tema, aunque finalmente llegaron a la conclusión de que los creyentes pueden naufragar de su fe y perecer eternamente. Para nosotros los arminianos, la perseverancia en la fe es necesaria para la salvación final.

Todos los calvinistas creen en la seguridad eterna incondicional (algunos sin calificación y otros porque piensan que la fe y su continuidad se deben a una elección incondicional). La mayoría de los bautistas basan su afirmación de ser calvinistas en este único punto y en la inclusión tradicional de la posibilidad de apostasía para los creyentes genuinos como parte esencial de la teología arminiana. Sin embargo, a la luz de la incertidumbre entre los primeros arminianos sobre este tema y el hecho de que tales bautistas están de acuerdo con la posición arminiana contra el calvinista en todos los otros puntos de desacuerdo, la seguridad eterna no debe ser un factor determinante en la cuestión de si uno es un arminiano o un calvinista.

(8.- ¿Crees en la doctrina de la satisfacción penal de la expiación?

Si respondiste que sí, o si respondiste que no, todavía podrías ser un Arminiano. La doctrina de la satisfacción penal de la expiación afirma que la muerte de Jesús implicó un pago por el pecado. Asume que la justicia de Dios requiere que el pecado sea castigado y que la justa ira de Dios se desvió de los pecadores merecedores y se derramó sobre Jesús como su sustituto. Este punto de vista es mantenido por la mayoría de los calvinistas y por la mayoría de los arminianos (especialmente aquellos que reclaman la nomenclatura “Arminianismo Reformado” o “Clásico”), aunque algunos arminianos rechazan la idea de que Dios castigó a su Hijo Jesús. Arminio enseñó la doctrina de la satisfacción penal de la expiación.

(9.- ¿Crees que Dios conoce exhaustivamente el futuro?

Si respondiste que sí, podrías ser un arminiano. Los calvinistas y la mayoría de los arminianos creen que Dios conoce exhaustivamente el futuro. Algunos arminianos piensan que negar esta doctrina es un rechazo del teísmo cristiano básico, y que aquellos que niegan la doctrina no pueden ser arminianos.

(10.- ¿Crees en la soberanía de Dios?

Si respondiste que sí, entonces podrías ser un Arminiano. Todos los calvinistas y todos los arminianos afirman la soberanía de Dios, pero difieren en el otorgamiento de la libertad de Dios a los seres humanos. Algunos calvinistas definen la soberanía como Dios ordenando y predeterminando todas las cosas y eventos, de modo que la elección humana es simplemente una ilusión. Algunos calvinistas no niegan explícitamente la libertad humana, sino que intentan redefinirla para que se ajuste a su visión de soberanía. Los arminianos, en cambio, afirmamos el libre albedrío básico y que los humanos realmente toman decisiones genuinas, afirmando sin lugar a duda la culpabilidad humana en el pecado. La opinión arminiana de la soberanía es que Dios tiene el poder y la autoridad para hacer lo que quiera, y nada puede suceder a menos que lo haga o lo permita. Los arminianos creemos además que Dios es lo suficientemente soberano como para dotar a sus criaturas con libre albedrío. La visión arminiana de la soberanía y la libertad humana está motivada por su comprensión del carácter de Dios como santo, de modo que 1) Dios no es el autor del mal; y 2) los humanos son culpables por sus pecados.

CONCLUSIÓN…

En resumen, puedes ser un arminiano y creer:

  • La doctrina de la expiación ilimitada (Jesús murió por todos).
  • La doctrina de la depravación total (las personas son incapaces de creer en Jesús sin la intervención de la gracia de Dios).
  • La doctrina de la gracia resistible (Dios dispensa la gracia de tal manera que las personas puedan resistir su gracia convincente).
  • La doctrina de la elección (todos los que están “en Cristo” son elegidos).
  • La doctrina de la predestinación (los creyentes están predestinados).
  • La doctrina de la seguridad eterna o la visión alternativa de que los verdaderos creyentes pueden abandonar su fe y perecer, así como los incrédulos.
  • La doctrina de la expiación de la satisfacción penal (Dios castigó a Jesús por los pecados del mundo).
  • La doctrina de la omnisciencia (incluyendo que Dios conoce el futuro perfectamente).
  • La soberanía de Dios (Dios puede hacer lo que quiera, incluso dotar a los humanos con un libre albedrío).

Como dije antes, la posición por defecto del evangelicalismo cristiano es el arminianismo. Y como puede verse en este breve resumen, está bien ser arminiano (a pesar de lo que los calvinistas quisieran hacerte creer). Para una mayor reflexión sobre estos temas, te invito a leer la Teología Arminiana: Mitos y Realidades, de Roger Olson, que expone la teología arminiana clásica y desacredita los 10 mitos más comunes sobre el arminianismo.

REFERENCIAS:

[1] Encuesta original publicada en inglés el 28/02/2013 por SEA. Disponible en: http://evangelicalarminians.org/survey-are-you-an-arminian-and-dont-even-know-it-2/

[2] El término “depravación total” no significa que todos los hombres sean todo lo malo que pueden llegar a ser, o que todos los seres humanos sean completamente incapaces de hacer alguna cosa relativamente buena. El hombre está totalmente depravado en el sentido de que todas sus facultades han sido profundamente afectadas por el pecado: su intelecto, su voluntad, sus emociones, etc.

Arminianismo Clásico

Una vez salvo, ¿Siempre salvo?

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

El eslogan calvinista “Una vez salvo, siempre salvo” busca recalcar la seguridad eterna del creyente, y sugiere que la salvación del creyente es firme, ella no está en peligro, y no será quitada. Transmite claramente la idea de que una vez que una persona es salva, su salvación se mantiene inmutable y sin interrupciones para siempre. Algunas personas afirman incluso que una vez que una persona haya profesado fe en Jesús, entonces ella es “salva”, y ella nunca perderá su salvación, independientemente de sus creencias y acciones posteriores. Algunos ven en esto una licencia para pecar (antinomianismo), por lo que para evitar tal crítica los defensores de esta doctrina insisten en la necesidad de dar frutos como evidencia de la salvación. Esta variante doctrinal (parcialmente calvinista) abre las puertas de la salvación para todos, no sólo para un pequeño grupo de elegidos, pues afirma que una vez adentro (es decir, habiendo aceptado a Cristo como Salvador) todos son parte de los elegidos y, por consiguiente, estos ya no pueden perderse jamás. Los hipercalvinistas, sin embargo, suelen ridiculizar la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo” y rechazan tal postura, pue no creen que la salvación esté disponible para todos sino solamente para los elegidos.

La doctrina del “una vez salvo, siempre salvo”, o seguridad eterna del creyente, se desprende del quinto punto del calvinismo o perseverancia de los santos. La doctrina de la Perseverancia de los santos aparece en la Confesión de Fe de Westminster de la siguiente manera:

“Los que han sido, aceptados por Dios en su Hijo Amado, eficazmente llamados, y santificados por su Espíritu, no pueden caer total ni finalmente del estado de gracia; sino que ciertamente perseverarán en ella hasta el final y serán salvos eternamente”.[1]

La Perseverancia de los santos es el paso lógico y final en la doctrina calvinista, ya que las doctrinas de la Elección Incondicional y del Llamamiento Eficaz, implican lógicamente la salvación segura de aquellos que reciben estas bendiciones. Si Dios ha escogido absoluta e incondicionalmente a ciertas personas para vida eterna, y si su Espíritu aplica eficazmente a estas los beneficios de la redención, entonces la conclusión ineludible es que estas personas serán eternamente salvas. Tal posición teológica es rechazada de forma generalizada por todas las corrientes del arminianismo.

LA PERSPECTIVA ARMINIANA.

En plena concordancia con la Biblia, el arminianismo clásico enseña que los que son incorporados a Cristo por una fe verdadera, y por lo tanto son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, tienen así todo el poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo, y su propia carne, y para ganar la victoria; siendo bien entendido que es siempre a través del auxilio de la gracia del Espíritu Santo; y que Jesucristo les ayuda a través de su Espíritu en todas las tentaciones. No obstante, también enseña que estos sí son capaces, por negligencia, de abandonar su vida en Cristo, volver al mundo y apartarse de la doctrina sagrada que les ha sido dada, perdiendo así una buena conciencia y cayendo de gracia. Estos pueden perderse eternamente si así lo eligen, o arrepentirse y volver al camino de la salvación si así lo desean. El escritor sagrado confirma esta verdad defendida por el arminianismo:

“¿Acaso piensan que me agrada ver morir a los perversos?, pregunta el Señor Soberano. ¡Claro que no! Mi deseo es que se aparten de su conducta perversa y vivan. Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados. Sin embargo, ustedes dicen: “¡El Señor no hace lo correcto!”. Escúchame, pueblo de Israel. ¿Soy yo el que no hace lo correcto o son ustedes? Cuando los justos abandonen su conducta justa y comiencen a cometer pecados, morirán por eso. Sí, morirán por sus acciones pecaminosas; y si los perversos abandonan su perversidad, obedecen la ley y hacen lo que es justo y correcto, salvarán su vida. Vivirán, porque lo pensaron bien y decidieron apartarse de sus pecados. Esas personas no morirán” (Ezequiel 18:23-28, NVI).

La gracia divina estará siempre disponible para ellos. Pero el juicio también para aquellos que se aparten definitivamente y no vuelvan al Señor al continuar en apostasía, rebeldía y perseverancia en el pecado. En su disputa contra los calvinistas en el Sínodo de Dort los Remonstrantes, sucesores de Jacobo Arminio, afirmaron que, mientras un creyente siga siendo un creyente, entonces él o ella no pueden perecer; en consecuencia, “el que persevere hasta el fin será salvo”.[2] Sin embargo, los Remonstrantes reconocían la posibilidad de que un creyente pudiera permanecer constante por un tiempo, pero finalmente, “ya sea por las tentaciones del mundo, la carne o Satanás” pudiera desertar de la fe.[3]

La posición arminiana con respecto a la posibilidad de caer de la gracia halla ejemplos prácticos en la historia sagrada, como es el caso de Demas, colaborador del apóstol Pablo en el Evangelio, quien se enamoró del mundo y abandonó a Pablo al retirarse a Tesalónica (2 Timoteo 4:10), así como a aquellos a quienes Jesús se refiere en la parábola del sembrador: Muchos escuchan la palabra y la reciben de inmediato con alegría, lo cual no harían a menos que la gracia de Dios los indujera a hacerlo; sin embargo, cuando vienen los problemas o persecución a causa de la palabra, esas personas deciden no perseverar más (Mateo 13: 20-21). Esto no significa que ellos jamás fueron creyentes, sino que, habiéndolo sido, cayeron en apostasía y se perdieron.

La perseverancia condicional, entonces, es la garantía de la salvación final para aquellos que permanecen y confían continuamente en Cristo Jesús. Si analizamos bíblicamente las enseñanzas de Jesús, encontramos que la salvación se pierde: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden” (Juan 15:6). Al mirar la expresión “el que en mí no permanece”, un calvinista podría argumentar que ese nunca fue salvo, porque no era escogido, por eso no permaneció. Pero Jesús está hablando de un pámpano, una parte integral de la vid, la cual no permaneció y por eso será echada al fuego. Si estaba “en Él” era salvo, pero si se aleja y rehúsa permanecer en Él será echado fuera, se secará y será echado en el fuego. Aún en este texto, Jesús está reconociendo el libre albedrío del hombre y su papel en la salvación humana, pues menciona la existencia de personas que no quieren permanecer en Él y se pierden por voluntad propia.

Cuando analizamos la cita bíblica de Marcos capítulo 9 de los versículos 43 al 48, podemos llegar a la misma conclusión: la pérdida de la salvación. En ese texto Jesús enseña que “si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado”. Jesús habla de alguien que es salvo, pero que tiene la posibilidad de caer, perdiendo con ello su salvación.

Juan 10: 28 es usado a menudo para sostener la imposibilidad de perder la salvación. Dicho texto dice: “y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano”. Pablo también nos dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39). Es verdad que nadie nos arrebatara de la mano del Padre y del Hijo, que Dios nos da vida Eterna y no temporal, es verdad que Dios nos ayuda a perseverar, pero eso no niega la realidad de la posibilidad de apostasía. El calvinismo si lo niega, a pesar de que la Biblia lo afirma. 1 Timoteo 4:1-2 “El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe.” (¿Que parte de “¿El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe,” no entienden los calvinistas para decir que es imposible apostatar?)

La realidad de la apostasía es la motivación de la exhortación de la carta de Hebreos.  Hebreos 10:26-29 nos dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Hebreos 6:4-8 nos recuerda esta terrible verdad: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”. Nos preguntamos ¿Quiénes son los que una vez “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo… y los poderes del siglo venidero, y recayeron”, si no los creyentes que apostataron? Para los que se apartan, habiendo sido salvos previamente, pero rechazado luego tal bendición, la sentencia es clara. Dicha gente: “es reprobada está próxima a ser maldecida, y su fin es ser quemada”. La posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación es real. 2 Corintios 3:5-7 nos exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.”

Mateo 7:13-14 nos dice:

“Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”.

Los calvinistas pretenden usar estos versículos para afirmar que el número de los elegidos es reducido; sin embargo, más que probar el calvinismo prueba el libre albedrío y la posibilidad del hombre (dada por Dios) de responder a la salvación. Pocos lo hallan, escogieron ellos el camino a seguir. No fueron forzados por Dios de forma irresistible. En otra oportunidad, Jesús advirtió a sus siervos a ser fieles:

“¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir, y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:45-51).

Primero Jesús habla del siervo fiel y prudente, que recibirá recompensa cuando venga su Señor. Después habla de un siervo malo, que cree que su Señor está tardando en venir y comienza a maltratar sus consiervos y a emborracharse. Jesús está hablando de un siervo que llegó a ser infiel y malo, de alguien que en otro tiempo servía a su señor. No se refería a uno que no conocía a su dueño. En otras palabras: un creyente que comienza a hacer lo malo. Viene su señor en el día que no espera y a la hora que no sabe. ¿No será así en la venida de Jesús? Ese siervo será castigado, al lloro y crujir de dientes (lago de fuego). Este último, aunque era fiel al principio, perdió su condición de siervo y se fue con los hipócritas. Y es que la Biblia es clara al afirmar que una persona que haya conseguido la salvación al depositar su fe en Jesús puede perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos exhorta:

“Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos… Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepáis todo, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron” (Judas 3,5; LBLA).

Esto quiere decir que mantenerse fiel requiere un gran esfuerzo. A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave y rehúsa abandonarlo. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice:

“Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 6:4-6).

El apóstol Pedro también nos advierte:

 “Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: El perro vuelve a su propio vomito, y: La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22, LBLA).

Como ya se dijo anteriormente, Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado:

“Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado” (Romanos 11:17-22, LBLA).

La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras de maldad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3).

Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos. Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió:

“sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27).

También afirmó:

“No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

ARGUMENTOS LÓGICOS Y ANALOGÍAS SIN FUNDAMENTO BÍBLICO EMPLEADOS PARA DEFENDER LA CREENCIA DE “UNA VEZ SALVO, SIEMPRE SALVO”:

Los argumentos analógicos o lógicos son recursos muy corrientes entre quienes sostienen la posición que afirma que “una vez salvos, siempre salvos”. Tales argumentos se basan con frecuencia en analogías trazadas a partir de la experiencia humana y no en la enseñanza bíblica. Por ejemplo:

SI ALGUIEN PUDIERA SER CERCENADO DEL CUERPO DE CRISTO, ÉSTE QUEDARÍA MUTILADO:

La Biblia no enseña que Cristo esté completo en nosotros, como parece implicar tal argumento; lo que Pablo dice, por el contrario, es que nosotros somos quienes estamos completos en Él (Colosenses 2:10). Somos nosotros quienes separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:4-5). Él sigue siendo Dios y sigue estando completo, con nosotros o sin nosotros. Dios es santo, eterno, todopoderoso, y completamente autosuficiente. Él no necesita de ningún ser creado, pero nosotros si necesitamos a Dios. Toda la creación depende de la vida que sólo Dios sustenta. “Él hace producir el heno para las bestias”, y “todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo… Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Salmo 104:14, 27, 29). Por otro lado, Dios no depende de nada ni de nadie. A él no le hace falta nada, no conoce ninguna limitación, y no experimenta ninguna deficiencia. Él es “YO SOY EL QUE SOY”, sin ninguna otra calificación o excepción (Éxodo 3:14). Si Dios necesitara algo para sentirse completo, entonces no sería Dios.

SI ALGUIEN ES HIJO DE DIOS, ENTONCES PASE LO QUE PASE, NO PUEDE DEJAR DE SERLO:

Cuando intentamos establecer una correlación absoluta entre una relación espiritual y una natural se nos plantea un problema: si las relaciones espirituales no pueden cambiar, sería entonces imposible que pudiéramos ser salvos. Por ejemplo, Juan 8:44 nos dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”. 1 Juan 3:10 también nos dice: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. En Efesios 2:1-3 pablo se refiere a los no creyentes como personas que viven según el príncipe de la potestad del aire; también les llama hijos de desobediencia e hijos de ira. Si es cierto que las relaciones espirituales no pueden romperse cuando hablamos de los “hijos de Dios”, en tal caso la coherencia lógica demanda que también los “hijos del diablo” sean siempre hijos del diablo. Por tanto, nadie podría jamás llegar a ser hijo de Dios. El argumento que reza: “una vez hijo, lo eres siempre”, no es pues válido.

ALGUIEN QUE HA NACIDO DE NUEVO NUNCA PUEDE DEJAR DE HABER NACIDO:

Esto es cierto, pero olvidan algo importante: Cuando alguien apostata de la fe, lo que sucede no es que tal persona deje de haber nacido, ¡Sino que muere! Antes de la conversión, las personas están espiritualmente muertas (Efesios 2:1). Por medio de la apostasía y la perseverancia en el pecado, se regresa a este estado de muerte espiritual. Como dice Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Romanos 6:23 afirma contundentemente: “Porque la paga del pecado es muerte”. Nadie puede perseverar en el pecado y creer que seguirá gozando de vida espiritual. 1 Timoteo 5:6 nos recuerda que la persona que “que se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta”.

SE DICE QUE EL CREYENTE TIENE VIDA ETERNA COMO POSESIÓN PRESENTE; NO SERÍA ETERNA SI PUDIESE PERDERLA:

Se usan muchos textos para apoyar este argumento (Juan 3:15-16; 3:36; 5:24; 6:54; 10:28). Estos versículos hablan de vida eterna. Por ello hemos de preguntarnos qué es esta vida eterna. La respuesta puede parecernos obvia, pero ¿lo es realmente? ¿Es la vida eterna una mera cantidad de vida? ¿significa tan solo que voy a vivir para siempre? Por otra parte, ¿Tienen vida eterna los no creyentes? No existe un solo versículo en la Biblia que afirme tal cosa. Por supuesto, los no creyentes existirán eternamente. Sin embargo, esto no es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de vida eterna. Varios versículos de los escritos del apóstol Juan arrojan luz al respecto:

 “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4)

 “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26)

 “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40)

 “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10).

“Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:50).

Es especialmente importante considerar todo el contexto de los versículos 44-50. Creer en Cristo es obviamente la clave para tener vida eterna.

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El conocimiento de la vida eterna Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13).

El apóstol concluye diciendo que la clave para tener al Hijo y, por tanto, la vida eterna, es creer en el Hijo de Dios. La fe en Cristo es lo que nos coloca en Él. La vida eterna no es meramente una existencia perpetua; es la propia vida de Dios. Mi participación en esta vida se debe a que en un sentido legal estoy en Cristo. Nadie que esté fuera de Cristo tiene vida eterna. La vida de Dios era eterna antes de que yo la tuviera, y seguirá siéndolo, aunque yo la pierda al rechazar a Cristo Jesús. Por tanto, el argumento de que la salvación no se pierde pues el creyente tiene vida eterna, no es válido. 1 Samuel 2:30 nos arroja luz en este punto: “Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; más ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”. Si pierdes la fe en el Hijo y te apartas de Él, entonces pierdes la vida eterna, pues la vida eterna no es algo que recibas aparte de la fe en Cristo y de la persona de Jesús misma: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Así de simple.

CONCLUSIÓN.

Permanecer en Cristo y perseverar en la fe verdadera y viva no es una obra de la voluntad humana, ya que la fe en sí no es una obra:

“Ahora bien, cuando alguien trabaja, no se le toma en cuenta el salario como un favor, sino como una deuda. 5 Sin embargo, al que no trabaja, sino que cree en el que justifica al malvado, se le toma en cuenta la fe como justicia” (Romanos 4: 4-5, NVI).

Tampoco la motivación para permanecer en Él proviene de uno mismo, “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad” (Filipenses 2:13, NVI).

Debemos tener en cuenta, sin embargo, la advertencia antes de esta promesa:

“ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,” (Filipenses 2:12).

¿Temor y temblor? ¿Qué hay que temer y temblar en un sistema que promete una salvación final por necesidad? Además, el autor de Hebreos advierte:

“Por eso es necesario que prestemos más atención a lo que hemos oído, no sea que perdamos el rumbo.” (Hebreos 2:1).

Primero, esta advertencia está escrita para los creyentes. En segundo lugar, hay consecuencias terribles en alejarse de lo que uno escucha de Dios: Los tales no escaparán a un castigo justo por descuidar una salvación tan grande (Hebreos 2: 2-3). Él continúa:

“Cuídense, hermanos, de que ninguno de ustedes tenga un corazón pecaminoso e incrédulo que los haga apartarse del Dios vivo. Más bien, mientras dure ese «hoy», anímense unos a otros cada día, para que ninguno de ustedes se endurezca por el engaño del pecado. Hemos llegado a tener parte con Cristo, con tal que retengamos firme hasta el fin la confianza que tuvimos al principio.” (Hebreos 3:12-14).

Esta advertencia no solo fue escrita para los creyentes. También nos enseña que hay consecuencias terribles para quienes desarrollan un corazón malvado e incrédulo: Los tales se alejan del Dios vivo. Por lo tanto, se nos alienta a exhortar a otros hermanos y hermanas en Cristo, ya que llegamos a ser socios en Cristo solo si (es decir, con la condición de que) mantengamos nuestra confesión firmemente hasta el final. Si no fuera posible desviarse de la fe o desarrollar un corazón malvado e incrédulo, entonces estas escrituras no tienen ningún sentido. Por lo tanto, un creyente en Cristo puede tener una seguridad absoluta de que él o ella está en Cristo y será salvo si permanece en Él (Colosenses 1:23). Jesús advierte: “El que no permanece en mí es desechado y se seca, como las ramas que se recogen, se arrojan al fuego y se queman.” (Juan 15:6).

La seguridad de la salvación pertenece a quien permanece en Cristo. Pero no se da ninguna garantía a quien no permanece en Él, solo una “terrible expectativa de juicio, el fuego ardiente que ha de devorar a los enemigos de Dios.” (Hebreos 10:27). Bíblicamente, caer de la gracia es totalmente posible.

REFERENCIAS:

[1] Confesión de Fe de Westminster, Capítulo XVII, Sección I.

[2] The Arminian Confession of 1621 – Traducida y editada por Mark A. Ellis (Eugene: Pickwick Publications, 2005), 113.

[3] Ibid., 112.

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Carta Abierta a un amigo calvinista…

Mi estimado amigo:

No quiero sonar agresivo, pero quiero ser totalmente honesto contigo: ¡Estoy cansado, aburrido, y harto de los calvinistas de Facebook! Pero ¡Alto! Antes de que te molestes, déjame continuar; hablo de los calvinistas orgullosos, los faltos de gracia, los que no sirven en una iglesia, los casi sectarios y que, en algunos casos, hasta hablan con groserías. Sí, esos calvinistas que tienen páginas de Facebook dedicadas a propagar la teología reformada por sobre todas las cosas, aquellos que viven para ganar “likes” a costa de aplastar la fe de otros. Calvino seguro se sentiría hastiado también al ver lo que sucede en las redes sociales usando su nombre. Pero en realidad, que importa Calvino, ¿Qué pensará Jesús de todo esto? Al final, se trata de sus discípulos que se despedazan unos a otros por un sistema teológico. Todo esto a pesar de que Él dijera un día: “en esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuvieres amor los unos por los otros” (Juan 13:35). Tal vez, esto sólo evidencia que algunos calvinistas son discípulos de Calvino, antes de ser discípulos de Jesús.

Con toda sinceridad, creo que mucho de lo que los calvinistas dicen en contra de nosotros, los arminianos, se debe a lo poco que conocen nuestra doctrina, o a la maliciosa interpretación que de ella hacen otros para ganar adeptos y sacar feligreses de nuestras iglesias. ¡Ay de esos pobres ladrones de almas! Por eso, quiero aclararte lo siguiente:

(1.- El arminianismo clásico, o “sinergismo evangélico” (sinergismo aquí refiriéndose a la cooperación entre Dios y criatura), es la creencia de que Dios genuinamente quiere que todas las personas sean salvas, y que envió a Cristo para vivir, morir y resucitar igualmente por todos.

(2.- Es la creencia de que Dios no salva a las personas sin el libre consentimiento de ellas, sino que les concede gracia preveniente o preventiva (gracia que viene antes y prepara) para liberar sus voluntades de la esclavitud del pecado y hacerlas libres para oír, entender y responder a la llamada del evangelio.

(3.- Es la creencia de que la gracia de Dios es siempre resistible, y la elección para la salvación (predestinación) es condicional: Dios decreta que todos los que creen serán salvos y conoce de antemano a los que creen.

(4.- El arminianismo clásico, como toda teología protestante, presupone (en todas las cuestiones anteriores) que la salvación es un don gratuito de la gracia de Dios que no puede ser merecido; sólo puede ser aceptado. La justificación de Dios a los pecadores es “por la gracia mediante la fe solamente” y sólo por la obra de Cristo. La gracia de Dios en, y a través de Jesús es la causa eficaz de la salvación/justificación, pero la fe es la causa instrumental.

(5.- El arminianismo no incluye (y jamás incluyó) la creencia en el libre albedrío absoluto. Ni siquiera Dios obra por libre albedrío absoluto, pues la voluntad de Dios es gobernada por su carácter. El arminianismo se centra en el pecado y la salvación y afirma (en relación al libre albedrío) que las voluntades de los pecadores están presas al pecado hasta que sean liberadas por la gracia preveniente de Dios (en consecuencia, “albedrío liberado” ¡y no “libre albedrío”!). El arminianismo no incluye ninguna creencia particular sobre si, o en qué medida, Dios manipula las voluntades del hombre (personas humanas) en relación a hacer que sus planes sean realizados.

(6.- El arminianismo sostiene que “Dios es soberano sobre Su soberanía”. En otras palabras, Dios puede (y aparentemente lo hace) limitar su poder para permitir que los humanos se opongan a su voluntad (hasta cierto punto). Todo lo que sucede está dentro de la voluntad soberana de Dios, lo quiera la voluntad antecedente de Dios o la voluntad consecuente de Dios. La voluntad antecedente de Dios es que todos sean salvos; la voluntad consecuente de Dios (después de la caída) es que todos los que crean sean salvos.

(7.- El arminianismo es completamente equilibrado, y libre de extremismos peligrosos, en su expresión de la fe y teología cristiana. No hay un medio término que sea lógicamente coherente entre el calvinismo y el arminianismo. En realidad, el arminianismo es el medio término entre el calvinismo y el semipelagianismo, que es la herejía (así declarada por el Segundo Sínodo de Orange en 529 y con el que todos los reformadores concordaron) de que los pecadores son capaces de ejercer una buena voluntad para con Dios sin la ayuda de la gracia de Dios. Como el semipelagianismo (aún una visión extremadamente popular en el evangelicalismo estadounidense), el arminianismo defiende que los pecadores tienen libre albedrío. Sin embargo, el arminianismo también defiende (como el calvinismo) que el libre albedrío, en cuestiones de salvación, debe ser dado por Dios a través de la gracia preveniente y auxiliadora. Los pecadores solos, sin el poder liberador de la gracia, no ejercerán una buena voluntad para con Dios. Pero bajo la presión de la gracia liberadora y capacitadora, muchos realmente buscan a Dios, quien ya los buscó, llamándolos para que se arrepientan y crean. Contra el semipelagianismo y junto con el calvinismo, el arminianismo cree y enseña que la iniciativa en la salvación es de Dios y que toda la habilidad en la salvación es de Dios. Pero contra el calvinismo y junto con el semipelagianismo, los arminianos creen que los pecadores pueden resistir la gracia de Dios y, a fin de que sean salvos, deben aceptar libremente la gracia.

Por todo lo anterior, antes de asumir erróneamente y rasgarte las vestiduras denunciando que el arminianismo es una herejía, te invito a considerar lo siguiente: El arminianismo que tanto criticas se fundamenta en la Palabra de Dios. Sus enseñanzas no se originan en Jacobo Arminio, es más, a diferencia de lo que los calvinistas hacen con su fundador, los arminianos no mostramos veneración enfermiza por Arminio. Entendemos claramente que él no fue su creador. Por ejemplo, el teólogo anabaptista Balthasar Hubmaier promovió una visión muy semejante, casi un siglo antes de Arminio. Y eso no es todo: La doctrina conocida actualmente como “arminianismo” fue la enseñanza de la iglesia cristiana a través de los siglos, mucho antes del nacimiento de Calvino o Agustín mismo. De ello dan fe las Escrituras y la historia.

Por otro lado, el calvinismo que tanto defiendes, a pesar de su aparente lógica y cuestionable fundamento bíblico, es un plagio teológico (a veces inexacto) de las enseñanzas de Agustín de Hipona (Tagaste, 13 de noviembre de 354-Hippo Regius, 28 de agosto de 430), un “santo”, padre y doctor de la Iglesia católica romana, influido ampliamente por la filosofía neoplatónica y el gnosticismo. El mismísimo Juan Calvino se jactaba de Agustín como fuente e inspiración de sus enseñanzas. El calvinismo constituye también una interpretación inexacta de la enseñanza paulina en la cual pretende sustentarse, ya que aísla las enseñanzas de Pablo del contexto general de las Escrituras e ignora felizmente otros pasajes paulinos que contradicen sus puntos de vista. Asimismo, ignora las enseñanzas de los demás libros de la Biblia y de Jesús mismo en relación con la salvación y el carácter de Dios.

Puedes llamarle “Doctrinas de la Gracia” si gustas, pero el calvinismo es apenas una distorsión del carácter de Dios y está lejos de ser las Buenas Nuevas de salvación proclamadas en la Biblia. Así que ¡No me vengas con ese cuento de qué ahora sí entiendes la gracia, que practicas la “sana doctrina” y que tu entendimiento del evangelio es superior al de tus hermanos arminianos! Es tiempo de dejar de lado la arrogancia teológica y trabajar por la salvación de los perdidos. Y dicho sea de paso ¿Por qué no dejas también de “pescar” creyentes de otras iglesias y seducirlos con sofismas y razonamientos bien elaborados? Dividir al cuerpo de Cristo es tarea del diablo, no tuya. ¡Dedícate a ganar a los no alcanzados por el evangelio! (Si es que tu línea de pensamiento te permite creer que hay esperanza para ellos, pues quizá presupongas que ya están predestinados a condenación).

A paz nos ha llamado el Señor ¡Dios te bendiga!

Tu hermano en Cristo: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

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Los 5 Puntos del Calvinismo: Perseverancia Final de los Santos o Seguridad Eterna del Creyente.

Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La doctrina de la Perseverancia de los santos aparece en la Confesión de Fe de Westminster de la siguiente manera: “Los que han sido, aceptados por Dios en su Hijo Amado, eficazmente llamados, y santificados por su Espíritu, no pueden caer totalmente ni finalmente del estado de gracia; sino que ciertamente perseverarán en ella hasta el final y serán salvos eternamente” (Westminster, Cap. XVII, Secc. I).

La Perseverancia de los santos es el paso lógico y final en la doctrina calvinista, ya que las doctrinas de la Elección Incondicional y del Llamamiento Eficaz, implican lógicamente la salvación segura de aquellos que reciben estas bendiciones. Si Dios ha escogido absoluta e incondicionalmente a ciertas personas para vida eterna, y si su Espíritu aplica eficazmente a estas los beneficios de la redención, entonces la conclusión ineludible es que estas personas serán eternamente salvas.

La doctrina calvinista reconoce que la lucha entre el viejo y el nuevo hombre no acabará en este mundo, que los restos de corrupción prevalecerán en nosotros por algún tiempo pero que al final la parte regenerada vencerá mediante el continuo suministro de fuerza del Espíritu santificador de Cristo (Westminster, Cap. XII, Secc. III). Por ende, la victoria de esta lucha no descansa en nuestras capacidades sino en la obra de Dios por medio de la fuerza que el Espíritu Santo pone en cada uno de aquellos que fueron elegidos por el Padre y redimidos por Cristo. Pasajes como Romanos 8:26, 8:35-39; 6:14; 14:4; Juan 6:47,51; 5:24; 4:14; 10:28,29; 14:19; Filipenses 1:6; 3:20; Romanos 11:29; 1 Juan 5:11,13; Hebreos 10:14; 7:25; 2 Timoteo 4:18; Efesios 1:5; 4:30; Mateo 24:24; Gálatas 2:20; Efesios 4:30; 1 Corintios 10:13; 2 Corintios 2:14; 4:8,14; 9:8; Jeremías 31:3; 32:40; Salmo 23; 1:3; 34:7; 48:12; 92:12; 125:1; Ezequiel 11:19,20; 1 Pedro 1:5; 2 Tesalonicenses 3:3; Isaías 46:4; Lucas 10:20; Apocalipsis 3:5,20, 13:18; 17:8 y 20:12-15 son textos empleados por los teólogos calvinistas en defensa de dicha doctrina.

Muchos han entendido que la doctrina de la perseverancia final de los santos, o seguridad eterna de la salvación, constituye una licencia para pecar. Sin embargo, nadie que conozca la obra de Juan Calvino puede, en la decencia intelectual, sostener que el calvinismo es un camino hacia la indulgencia pecaminosa. Es todo lo contrario. Incluso si se estudia la Ginebra calvinista, donde Calvino intervino en la vida pública, se observará una cuenta estricta de la moral personal y social que mucha gente encontró asfixiante. Las advertencias bíblicas contra el pecado son parte integral del calvinismo, el cual en muchas ocasiones ha probado ser tanto o más legalista y asfixiante, que cualquier otro sistema de salvación por obras ideado por el hombre. Esto nos lleva al siguiente punto: La seguridad (o inseguridad) de la salvación que experimenta el creyente calvinista.

LA INSEGURIDAD ETERNA DEL CALVINISMO:
Los calvinistas, en última instancia, no pueden estar seguros de su salvación aquí y ahora. En primer lugar, porque sólo los elegidos se salvan y ninguno de ellos puede saber, aquí y ahora, de forma contundente, segura e incuestionable, que forma parte de dicho grupo selecto. Y en segundo lugar porque (aunque se supone que Dios es soberano y tiene todo garantizado para sus elegidos), según la propia doctrina calvinista, puesto que no podemos saber a ciencia cierta si pertenecemos o no a los elegidos, cada uno debe probarse a sí mismo y a los demás su pertenencia a dicho grupo por medio de una vida rigurosa y estricta, pues la pertenencia de cada uno al grupo de los elegidos está condicionada a la perseverancia final de cada individuo, la cual ninguno de ellos puede garantizar. Si cayere en algún momento de su vida, esa es señal inequívoca de que tal individuo nunca fue parte de los elegidos, sino de los reprobados. Sin embargo, la garantía bíblica de la salvación no descansa en nuestro rendimiento, sino en la verdad del evangelio que Cristo murió por los pecados del mundo y en su promesa de que todo aquel que cree en Él recibe el don gratuito e incondicional de la vida eterna.

La garantía del calvinista está en que Dios le ha predestinado a la vida eterna como uno de los elegidos. Pero, como ya se hizo evidente, este punto de vista tiene serios problemas: ¿Cómo sabe el calvinista que es uno de los elegidos que han sido predestinados? ¿Y cómo puede estar seguro de que su rendimiento será lo suficientemente bueno como para llegar a la meta? Su rendimiento juega una gran parte en ayudarle a saber si está o no entre ese grupo selecto. Esto ha llevado históricamente a muchos calvinistas (como los puritanos ingleses) a caer en cierto tipo de vida legalista y carente de gracia y paz. La perfección es buscada a toda costa y el rigorismo moral y asfixiante se vuelve la norma, olvidando también otra verdad obvia del Evangelio: “De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído” (Gálatas 5:4).

En contraste, nuestra fe, esperanza, confianza y seguridad están en nuestro Salvador, el Señor Jesucristo, quien pagó la pena completa por nuestros pecados en la Cruz. Por lo tanto, según su promesa, la cual hemos creído, nuestros pecados son perdonados. Hemos nacido de nuevo en la familia de Dios como sus hijos. El cielo es nuestro hogar eterno. Nuestra esperanza está solo en Cristo. Cristo llama, “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28). Cristo garantiza, “y al que a mí viene, no le echo fuera” (Juan 6:37). Llegamos a Él por la fe en su palabra y Él nunca nos echará fuera. Nuestra garantía está en su promesa y su poder que nos guarda, no en nuestro esfuerzo o rendimiento. Sin embargo, muchos cristianos profesantes (incluyendo muchos calvinistas de cinco puntos que creen en la Perseverancia de los Santos) están afligidos con dudas sobre su salvación. El teólogo Zane C. Hodges señala que “el resultado de esta teología es desastrosa. Ya que, según la creencia puritana, la autenticidad de la fe de un hombre sólo puede ser determinada por la vida que lleva y la seguridad de salvación se hace imposible en el momento de la conversión” (Zane C. Hodges, author’s preface to The Gospel Under Siege; Dallas, TX: Kerugma, Inc., 2nd ed. 1992, vi). Y se podría añadir que también esto sería cierto en cualquier momento después de su conversión, si su vida en algún momento no cumple con el estándar bíblico. John Piper afirmó: “Nosotros debemos reconocer que nuestra salvación final está condicionada a la subsecuente obediencia que viene de la fe” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 25). Sin embargo, como todo buen cristiano sabe, es pequeño el consuelo o seguridad que descansa en nuestra capacidad para obedecer. De hecho, el quinto punto del calvinismo, llamado Perseverancia de los Santos, pone la carga de nuestra salvación sobre nosotros mismos sin tan siquiera darse cuenta de ello. No es de extrañar, entonces, como lo ha comentado el teólogo R. T. Kendall, que “casi todos los Puritanos ‘divinos’ sufrieron grandes dudas y desesperación en sus lechos de muerte al darse cuenta de que sus vidas no dieron evidencia perfecta de que fueron elegidos” (R. T. Kendall, Calvin and English Calvinism to 1649, Oxford: Oxford University Press, 1979, 2; cited without page number by Bob Wilkin, “Ligonier National Conference”, TheGrace Report, July 2000). Por otra parte Arminio, contrario a lo que de él piensan sus enemigos, tenía perfecta seguridad. Declaró con confianza que el creyente puede “salir de esta vida… para comparecer ante el trono de la gracia, sin ningún temor o preocupación” (Jacobus Arminius, The Works of James Arminius, trans. James and William Nichols, Grand Rapids,MI: Baker Book House, 1986, 1:667; cited in Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism, Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 591.).

Curiosamente, la razón de la incertidumbre entre calvinistas se encuentra donde uno espera que este la garantía: en la “P” de TULIP (Perseverancia de los Santos). Pero extrañamente, la certeza de la salvación y la confianza de su destino eterno no se encuentran en el quinto punto del calvinismo donde uno lo esperaría. Tampoco se puede encontrar en los otros cuatro puntos. De hecho, aunque muchos calvinistas lo negarían, la incertidumbre en cuanto a la salvación final, esta entretejida en la estructura misma del calvinismo. El teólogo Philip F. Congdon escribe, “La garantía absoluta de la salvación es imposible en el calvinismo clásico… Entienda por qué: Ya que las obras son un resultado inevitable de la ‘verdadera’ salvación, uno solo puede saber si él o ella es salvo por la presencia de buenas obras. Pero ya que nadie es perfecto… cualquier garantía es, en el mejor de los casos, imperfecta. ¡Por lo tanto, usted puede pensar que cree en Jesucristo, que tuvo una fe salvadora, pero lamentablemente, comete errores, se equivoca… y por no ser salvo, está totalmente ciego al hecho de que no es salvo! R. C. Sproul en un artículo titulado ‘Seguridad de salvación’, escribe: hay gente en este mundo que no son salvos, pero que están convencidos de que lo son… ¡Cuando nuestra seguridad de salvación está basada en lo más mínimo de nuestras obras, nunca podremos tener seguridad absoluta! Pero ¿Nos desaniman las escrituras de tener garantía objetiva de la salvación? ¡Claro que no! por el contrario, el Señor Jesús (Juan 5:24), Pablo (Romanos 8:38-39) y Juan (1 Juan 5:11-13) no tienen ninguna reserva en ofrecer garantía absoluta y objetiva de la salvación. Además, las obras nunca están incluidas como requisito para la seguridad de salvación” (Philip F. Congdon, “Soteriological Implications of Five-point Calvinism,” Journal of the Grace Evangelical Society, Autumn 1995, 8:15, 55–68).

John Piper, quien se describe a sí mismo como un calvinista de “siete puntos” afirmó en cierta ocasión “que ningún cristiano puede estar seguro de que es un verdadero creyente” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 23). ¿Por qué? Porque su teología hace que la seguridad de su salvación sea imposible. ¿Por qué debe ser así? Porque el calvinista no puede confiar en la promesa de Cristo de vida eterna en el Evangelio (ya que esa promesa es para los elegidos solamente), su seguridad radica en ser uno de los elegidos, pero ¿Cómo puede estar seguro de que lo es? Piper escribe: “Creemos en.. la seguridad eterna de los elegidos” ((John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 24). Y es aquí donde nos enfrentamos a un grave problema: ¿Cómo puede algún calvinista asegurarse de que está entre esa compañía selecta predestinada para el cielo? Él no puede. No hay un solo versículo en la Biblia que dice cómo estar seguro de que alguno está entre los elegidos. A pesar de que Cristo mandó que se predicase el Evangelio a cada persona que vive en el mundo entero, el calvinista dice que es eficaz solamente para los elegidos. Otros pueden imaginar que creen en el Evangelio, pero al no ser soberanamente regenerados, su fe no es de Dios y no les puede salvar. Esto hace imposible para el calvinista la seguridad de su salvación. ¿Cómo puede el calvinismo dar seguridad a alguien hoy? ¿Quién puede saber que está entre los elegidos secretamente predestinados? Simplemente no puede. No es de extrañar, entonces, que muchos calvinistas están plagados de dudas respecto a su salvación.

Tratando de salvar su sistema doctrinal, algunos teólogos calvinistas recurren a ideas absurdas y contradictorias. Por ejemplo, el teólogo calvinista Loraine Boettner afirmó que la sola presencia de la fe constituye la certeza de que uno está entre los elegidos y argumenta que la fe “no se le da a cualquiera, sino sólo los elegidos y la persona que sabe que tiene esta fe puede estar seguro de que él está entre los elegidos” (Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination, Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 308). Tratando de fortalecer su argumento desde un ángulo diferente, Boettner escribe, “cada persona que ama a Dios y tiene un verdadero deseo de salvación en Cristo está entre los elegidos, porque los no elegidos no tienen ese amor o deseo” (Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of Predestination (Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932), 309). Sin embargo bajo esa norma, los cristianos en la iglesia de Éfeso hubieran dudado de su salvación, porque ya no tenían ese amor ferviente (Apocalipsis 2:4-5), ni tampoco hay ninguna sugerencia de que no fueran cristianos verdaderos.

La gran ironía del calvinismo clásico es esta: Aunque los primeros cuatro puntos del calvinismo insisten que el hombre no puede hacer nada para salvarse, el quinto depende, según la opinión de muchos, del esfuerzo humano. Charles Hodge declara: “la única evidencia de nuestra elección… y perseverancia, es de continuar pacientemente en hacer el bien” (Charles Hodge, A Commentary on Romans; Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1972, 292). Pero el encontrar una garantía en las obras siempre deja preguntas sin respuestas en vista del hecho innegable de que nadie es capaz de obedecer a la perfección y de que las aparentes buenas obras de los no salvos a veces logran avergonzar a cristianos profesantes. Además, el rendimiento puede ser de lo más excelente durante su vida, pero si falla en algún momento, ha perdido la garantía basado en el desempeño.

R. C. Sproul expresó esta preocupación en cuanto a su propia salvación: “Un tiempo atrás tuve uno de esos momentos de aguda autorreflexión… y de repente la pregunta me golpeó: R. C., ¿Qué pasaría si no eres uno de los redimidos? ¿Qué pasaría si su destino no es cielo después de todo, sino el infierno? Te diré que yo estaba inundado en mi cuerpo con un escalofrío que iba desde mi cabeza hasta la parte inferior de mi columna vertebral. Yo estaba aterrorizado. Traté de controlarme. Pensé, “bueno, es una buena señal de que estoy preocupado por esto. Sólo los verdaderos cristianos realmente se preocupan acerca de la salvación”. Pero luego comencé a hacer un balance de mi vida, y miré mi desempeño. Mis pecados llegaron a mi mente y cuanto más analizaba, peor me sentía. Pensé, “tal vez es verdad. Tal vez yo no soy salvo después de todo”. Fui a mi habitación y comencé a leer la Biblia. Y de rodillas le dije, “bueno, aquí estoy. Yo no puedo apuntar a mi obediencia. No hay nada que pueda ofrecer… Sabía que algunas personas sólo corren a la Cruz para escapar del infierno… No podía estar seguro de mi propio corazón y la motivación”. Entonces me acordé de Juan 6:68… ¡Pedro también estaba incómodo, pero se dio cuenta de que estar incómodo con Jesús era mejor que cualquier otra opción!” (R. C. Sproul, “Assurance of Salvation,” Tabletalk, Ligonier Ministries, Inc., November 1989, 20).

¿Incómodo con Jesús? ¿Dónde está la ventaja y certeza en eso? ¿No podría entonces de esa manera un musulmán obtener certeza de su creencia por estar incómodo con Mahoma y el Corán o un mormón por estar incómodo con José Smith? ¿Por qué es mejor estar incómodo con Jesús que con Buda? ¿Dónde sugiere la Biblia, y mucho menos nos manda a estar incómodos con Jesús? Ni tampoco se enseña en este pasaje. ¡Esta idea parece más patética, viniendo de un líder cristiano y teólogo de renombre! ¡Él mismo no puede garantizar que es uno de los elegidos!

Nosotros, sin embargo, tenemos toda razón para estar muy cómodos con Jesús, y esto es una de las bendiciones y parte de la alegría de nuestra salvación. Tenemos prueba absoluta de que la Biblia es la palabra de Dios, que Jesús es el Cristo, que el Evangelio es verdadero, y que tenemos el testimonio del Espíritu Santo morando en nosotros. La Biblia da garantía absoluta: “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios…” (1 Juan 5:13). Esa seguridad, según este texto de las Escrituras y muchos otros, son para todos aquellos que simplemente creen en Cristo. No hay ninguna otra base para la garantía del perdón de pecados y la vida eterna. ¿Por qué Sproul no confía en esas promesas? Porque, para un calvinista, la pregunta no es si ha creído en el Evangelio, sino que, si ha sido predestinado desde la eternidad pasada por Dios para estar entre los elegidos, y esa es una pregunta difícil, como muchos calvinistas han descubierto, para su propia consternación.

REINTERPRETANDO LA DOCTRINA:
Muchos calvinistas (concientes de los errores del calvinismo clásico) han abandonado la interpretación más estricta de esta doctrina, modificándola, sin abandonarla del todo, para no sentir que traicionan a Calvino, dejando de ella únicamente aquello que es agradable al oído, al corazón y a la mente humana. Una variante de la doctrina calvinista puede verse en denominaciones e iglesias que sostienen la enseñanza del ‘Una vez salvo, siempre salvo’. Dicha frase es un modo común que se usa en ciertas denominaciones de orientación calvinista moderada (como algunas iglesias bautistas e iglesias cristianas independientes) para referirse a la doctrina de la perseverancia de los santos o seguridad eterna del creyente. Esta, sin embargo, difiere en algunos aspectos de la doctrina calvinista original, pues combina elementos del calvinismo (elección incondicional e irrevocable para salvación y perseverancia final del creyente) con la teología arminiana (expiación ilimitada y libertad de elección).

La doctrina de “Una vez salvo, siempre salvo” busca recalcar la seguridad eterna del creyente, y sugiere que la salvación del creyente está a salvo, ella no está en peligro, y no será tomada. Ella transmite claramente la idea de que una vez que una persona es salva, su salvación se mantiene inmutable y sin interrupciones para siempre. Algunas personas afirman incluso que una vez que una persona haya profesado fe en Jesús, entonces ella es “salva”, y ella nunca perderá su salvación, independientemente de sus creencias y acciones posteriores. Algunos ven en esto una licencia para pecar (antinomianismo), por lo que para evitar tal crítica los defensores de esta doctrina insisten en la necesidad de dar frutos como evidencia de la salvación (enredándose así en el mismo problema que el calvinismo clásico). Esta variante doctrinal (parcialmente calvinista) abre las puertas de la salvación para todos, no sólo para un pequeño grupo de elegidos, pues afirma que una vez adentro (es decir, habiendo aceptado a Cristo como Salvador) todos son parte de los elegidos y, por consiguiente, estos ya no pueden perderse jamás. Los hipercalvinistas, sin embargo, suelen ridiculizar la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo” y rechazan tal postura, pue no creen que la salvación esté disponible para todos sino solamente para los elegidos.

¿QUÉ ENSEÑA EL ARMINIANISMO?
En contraposición al calvinismo, el arminianismo enseña que los que son incorporados a Cristo por una fe verdadera, y por lo tanto son hechos partícipes de su Espíritu vivificante, tienen así todo el poder para luchar contra Satanás, el pecado, el mundo, y su propia carne, y para ganar la victoria; siendo bien entendido que es siempre a través del auxilio de la gracia del Espíritu Santo; y que Jesucristo les ayuda a través de su Espíritu en todas las tentaciones. No obstante, también enseña que estos sí son capaces, por negligencia, de abandonar su vida en Cristo, volver al mundo y apartarse de la doctrina sagrada que les ha sido dada, perdiendo así una buena conciencia y cayendo de gracia. Estos pueden perderse eternamente si así lo eligen, o arrepentirse y volver al camino de la salvación si así lo desean: “¿Acaso piensan que me agrada ver morir a los perversos?, pregunta el Señor Soberano. ¡Claro que no! Mi deseo es que se aparten de su conducta perversa y vivan. Sin embargo, si los justos se apartan de su conducta recta y comienzan a pecar y a comportarse como los demás pecadores, ¿se les permitirá vivir? No, ¡claro que no! Todas las acciones justas que han hecho serán olvidadas y morirán por sus pecados. Sin embargo, ustedes dicen: “¡El Señor no hace lo correcto!”. Escúchame, pueblo de Israel. ¿Soy yo el que no hace lo correcto o son ustedes? Cuando los justos abandonen su conducta justa y comiencen a cometer pecados, morirán por eso. Sí, morirán por sus acciones pecaminosas; y si los perversos abandonan su perversidad, obedecen la ley y hacen lo que es justo y correcto, salvarán su vida. Vivirán, porque lo pensaron bien y decidieron apartarse de sus pecados. Esas personas no morirán” (Ezequiel 18:23-28). La gracia divina estará siempre disponible para ellos. Pero el juicio también para aquellos que se aparten definitivamente y no vuelvan al Señor al continuar en apostasía, rebeldía y perseverancia en el pecado.

PARA JESÚS, PABLO Y LOS DEMÁS APÓSTOLES, LA SALVACIÓN SE PIERDE:
Al contrario de lo que enseñan los calvinistas con sus cinco puntos, si analizamos bíblicamente las enseñanzas de Jesús, encontramos que la salvación se pierde: “El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, los echan en el fuego y arden” (Juan 15:6).
Al mirar la expresión “el que en mí no permanece”, un calvinista podría argumentar que ese nunca fue salvo, porque no era escogido, por eso no permaneció. Pero Jesús está hablando de un pámpano, una parte integral de la vid, la cual no permaneció y por eso será echada al fuego. Si estaba “en Él” era salvo, pero si se aleja y rehúsa permanecer en Él será echado fuera, se secará y será echado en el fuego. Aún en este texto, Jesús está reconociendo el libre albedrío del hombre y su papel en la salvación humana, pues menciona la existencia de personas que no quieren permanecer en Él y se pierden por voluntad propia.

Cuando analizamos la cita bíblica de Marcos capítulo 9 de los versículos 43 al 48, podemos llegar a la misma conclusión: la pérdida de la salvación. En ese texto Jesús enseña que “si tu mano te es ocasión de caer, córtala, porque mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado”. Jesús habla de alguien que es salvo, pero que tiene la posibilidad de caer, perdiendo con ello su salvación.

Juan 10: 28 es uno de los versículos favoritos de los calvinistas para defender su postura, dicho texto dice: “y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano”. Pablo también nos dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada? Como está escrito: Por causa de ti somos muertos todo el tiempo; somos contados como ovejas de matadero. Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 8:35-39). Es verdad que nadie nos arrebatara de la mano del Padre y del Hijo, que Dios nos da vida Eterna y no temporal, es verdad que Dios nos ayuda a perseverar, pero eso no niega la realidad de la posibilidad de apostasía. El calvinismo si lo niega, a pesar de que la Biblia lo afirma. 1 Timoteo 4:1-2 “El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe.” (¿Que parte de ““¿El espíritu dice claramente que en los postreros tiempos muchos apostataran de la fe,” no entienden los calvinistas para decir que es imposible apostatar?)

La realidad de la apostasía es la motivación de la exhortación de la carta de Hebreos. Hebreos 10:26-29 nos dice: “Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados, sino una horrenda expectación de juicio, y de hervor de fuego que ha de devorar a los adversarios. El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pero nosotros no somos de los que retroceden para perdición, sino de los que tienen fe para preservación del alma.”

Hebreos 6:4-8 nos recuerda esta terrible verdad: “Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero, y recayeron, sean otra vez renovados para arrepentimiento, crucificando de nuevo para sí mismos al Hijo de Dios y exponiéndole a vituperio. Porque la tierra que bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa a aquellos por los cuales es labrada, recibe bendición de Dios; pero la que produce espinos y abrojos es reprobada, está próxima a ser maldecida, y su fin es el ser quemada”. Nos preguntamos ¿Quiénes son los que una vez “fueron hechos partícipes del Espíritu Santo… y los poderes del siglo venidero, y recayeron”, si no los creyentes que apostataron? Para los que se apartan, habiendo sido salvos previamente, pero rechazado luego tal bendición, la sentencia es clara. Dicha gente: “es reprobada está próxima a ser maldecida, y su fin es ser quemada”. La posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación es real. 2 Corintios 3:5-7 nos exhorta: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? Mas espero que conoceréis que nosotros no estamos reprobados. Y oramos a Dios que ninguna cosa mala hagáis; no para que nosotros aparezcamos aprobados, sino para que vosotros hagáis lo bueno, aunque nosotros seamos como reprobados.”

Mateo 7:13-14 nos dice: “Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan”. Los calvinistas pretenden usar estos versículos para afirmar que el número de los elegidos es reducido; sin embargo, más que probar el calvinismo prueba el libre albedrío y la posibilidad del hombre (dada por Dios) de responder a la salvación. Pocos lo hallan, escogieron ellos el camino a seguir. No fueron forzados por Dios de forma irresistible. En otra oportunidad, Jesús advirtió a sus siervos a ser fieles: “¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, lo halle haciendo así. De cierto os digo que sobre todos sus bienes lo pondrá. Pero si aquel siervo malo dice en su corazón: Mi señor tarda en venir, y comienza a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, y lo castigará duramente y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes” (Mateo 24:45-51). Primero Jesús habla del siervo fiel y prudente, que recibirá recompensa cuando venga su Señor. Después habla de un siervo malo, que cree que su Señor está tardando en venir y comienza a maltratar sus consiervos y a emborracharse. Jesús está hablando de un siervo que llegó a ser infiel y malo, de alguien que en otro tiempo servía a su señor. No se refería a uno que no conocía a su dueño. En otras palabras: un creyente que comienza a hacer lo malo. Viene su señor en el día que no espera y a la hora que no sabe. ¿No será así en la venida de Jesús? Ese siervo será castigado, al lloro y crujir de dientes (lago de fuego). Este último, aunque era fiel al principio, perdió su condición de siervo y se fue con los hipócritas. Y es que la Biblia es clara al afirmar que una persona que haya conseguido la salvación al depositar su fe en Jesús puede perder esa fe y, por lo tanto, la salvación. La Biblia nos exhorta: “Amados, por el gran empeño que tenía en escribiros acerca de nuestra común salvación, he sentido la necesidad de escribiros exhortándoos a contender ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos… Ahora quiero recordaros, aunque ya definitivamente lo sepáis todo, que el Señor, habiendo salvado al pueblo de la tierra de Egipto, destruyó después a los que no creyeron” (Judas 3,5; LBLA). Esto quiere decir que mantenerse fiel requiere un gran esfuerzo. A los primeros cristianos que ya habían aceptado a Cristo se les dijo: “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor” (Filipenses 2:12, LBLA).

La Biblia nos advierte de que los pecados graves impiden que heredemos el Reino de Dios (1 Corintios 6:9-11; Gálatas 5:19-21). Si la salvación no se pudiera perder, esas advertencias no tendrían ningún sentido. La Biblia muestra que alguien que ha obtenido la salvación puede apartarse de Dios si comete un pecado grave y rehúsa abandonarlo. Por ejemplo, Hebreos 10:26 dice: “Porque si continuamos pecando deliberadamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio alguno por los pecados” (Hebreos 6:4-6). El apóstol Pedro también nos advierte: “Porque si después de haber escapado de las contaminaciones del mundo por el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, de nuevo son enredados en ellas y vencidos, su condición postrera viene a ser peor que la primera. Pues hubiera sido mejor para ellos no haber conocido el camino de la justicia, que habiéndolo conocido, apartarse del santo mandamiento que les fue dado. Les ha sucedido a ellos según el proverbio verdadero: El perro vuelve a su propio vomito, y: La puerca lavada, vuelve a revolcarse en el cieno” (2 Pedro 2:20-22, LBLA).

Como ya se dijo anteriormente, Jesús destacó la importancia de mantenerse fieles cuando se comparó a sí mismo con una vid y comparó a sus seguidores con las ramas de esa vid. Por un tiempo, algunos de ellos demostrarían por sus frutos o acciones que tenían fe en él, pero más tarde dejarían de tener fe y serían desechados como una rama que no tiene fruto, así que perderían la salvación (Juan 15:1-6). El apóstol Pablo usó un ejemplo parecido cuando dijo que el cristiano que no se mantuviera fiel sería podado: “Pero si algunas de las ramas fueron desgajadas, y tú, siendo un olivo silvestre, fuiste injertado entre ellas y fuiste hecho participante con ellas de la rica savia de la raíz del olivo, no seas arrogante para con las ramas; pero si eres arrogante, recuerda que tú no eres el que sustenta la raíz, sino que la raíz es la que te sustenta a ti. Dirás entonces: Las ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado. Muy cierto; fueron desgajadas por su incredulidad, pero tú por la fe te mantienes firme. No seas altanero, sino teme; porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco a ti te perdonará. Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también tú serás cortado” (Romanos 11:17-22, LBLA). La Biblia dice que los cristianos deben mantenerse alerta (Mateo 24:42; 25:13). Aquellos que se duermen en sentido espiritual, ya sea porque practican obras de maldad o porque no obedecen plenamente los mandatos de Jesús, pierden la salvación (Romanos 13:11-13; Apocalipsis 3:1-3).

Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos. Anteriormente había reconocido que podía perder la salvación si se dejaba llevar por los deseos carnales. Él escribió: “sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que, habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado” (1 Corintios 9:27). También afirmó: “No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:12-14).

ARGUMENTOS LÓGICOS (O ANALOGÍAS SIN FUNDAMENTO BÍBLICO) EMPLEADOS CONTRA LA DOCTRINA ARMINIANA:
Los argumentos analógicos o lógicos son recursos muy corrientes entre quienes sostienen la posición que afirma que “una vez salvos, siempre salvos”. Tales argumentos se basan con frecuencia en analogías trazadas a partir de la experiencia humana y no en la enseñanza bíblica. Por ejemplo:

1.- SI ALGUIEN PUDIERA SER CERCENADO DEL CUERPO DE CRISTO, ÉSTE QUEDARÍA MUTILADO:
La Biblia no enseña que Cristo esté completo en nosotros, como parece implicar tal argumento; lo que Pablo dice, por el contrario, es que nosotros somos quienes estamos completos en Él (Colosenses 2:10). Somos nosotros quienes separados de Él no podemos hacer nada (Juan 15:4-5). Él sigue siendo Dios y sigue estando completo, con nosotros o sin nosotros. Dios es santo, eterno, todopoderoso, y completamente autosuficiente. Él no necesita de ningún ser creado, pero nosotros si necesitamos a Dios. Toda la creación depende de la vida que sólo Dios sustenta. “Él hace producir el heno para las bestias”, y “todos ellos esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo… Les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo” (Salmo 104:14, 27, 29). Por otro lado, Dios no depende de nada ni de nadie. A él no le hace falta nada, no conoce ninguna limitación, y no experimenta ninguna deficiencia. Él es “YO SOY EL QUE SOY”, sin ninguna otra calificación o excepción (Éxodo 3:14). Si Dios necesitara algo para sentirse completo, entonces no sería Dios.

2.- SI ALGUIEN ES HIJO DE DIOS, ENTONCES PASE LO QUE PASE, NO PUEDE DEJAR DE SERLO:
Cuando intentamos establecer una correlación absoluta entre una relación espiritual y una natural se nos plantea un problema: si las relaciones espirituales no pueden cambiar, sería entonces imposible que pudiéramos ser salvos. Por ejemplo, Juan 8:44 nos dice: “Vosotros sois de vuestro padre el diablo”. 1 Juan 3:10 también nos dice: “En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. En Efesios 2:1-3 pablo se refiere a los no creyentes como personas que viven según el príncipe de la potestad del aire; también les llama hijos de desobediencia e hijos de ira. Si es cierto que las relaciones espirituales no pueden romperse cuando hablamos de los “hijos de Dios”, en tal caso la coherencia lógica demanda que también los “hijos del diablo” sean siempre hijos del diablo. Por tanto, nadie podría jamás llegar a ser hijo de Dios. El argumento que reza: “una vez hijo, lo eres siempre”, no es pues válido.

3.- ALGUIEN QUE HA NACIDO DE NUEVO NUNCA PUEDE DEJAR D EHABER NACIDO:
Esto es cierto, pero olvidan algo importante: Cuando alguien apostata de la fe, lo que sucede no es que tal persona deje de haber nacido, ¡Sino que muere! Antes de la conversión, las personas están espiritualmente muertas (Efesios 2:1). Por medio de la apostasía y la perseverancia en el pecado, se regresa a este estado de muerte espiritual. Como dice Juan 3:36, “El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él”. Romanos 6:23 afirma contundentemente: “Porque la paga del pecado es muerte”. Nadie puede perseverar en el pecado y creer que seguirá gozando de vida espiritual. 1 Timoteo 5:6 nos recuerda que la persona que “que se entrega a los placeres desenfrenados, aun viviendo, está muerta”.

4.- SE DICE QUE EL CREYENTE TIENE VIDA ETERNA COMO POSESIÓN PRESENTE; NO SERÍA ETERNA SI PUDIESE PERDERLA:
Se usan muchos textos para apoyar este argumento (Juan 3:15-16; 3:36; 5:24; 6:54; 10:28). Estos versículos hablan de vida eterna. Por ello hemos de preguntarnos qué es esta vida eterna. La respuesta puede parecernos obvia, pero ¿lo es realmente? ¿Es la vida eterna una mera cantidad de vida? ¿significa tan solo que voy a vivir para siempre? Por otra parte, ¿Tienen vida eterna los no creyentes? No existe un solo versículo en la Biblia que afirme tal cosa. Por supuesto, los no creyentes existirán eternamente. Sin embargo, esto no es lo que quiere decir la Biblia cuando habla de vida eterna. Varios versículos de los escritos del apóstol Juan arrojan luz al respecto:

• “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Juan 1:4)

• “Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo” (Juan 5:26)

• Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí; y no queréis venir a mí para que tengáis vida” (Juan 5:39-40)

• “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia” (Juan 10:10)

• “Y sé que su mandamiento es vida eterna. Así pues, lo que yo hablo, lo hablo como el Padre me lo ha dicho” (Juan 12:50). Es especialmente importante considerar el todo el contexto d ellos versículos 44-50. Creer en Cristo es obviamente la clave para tener vida eterna.

• “Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida. El conocimiento de la vida eterna Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo de Dios” (1 Juan 5:11-13). El apóstol concluye diciendo que la clave para tener al Hijo y, por tanto, la vida eterna, es creer en el Hijo de Dios.
La fe en Cristo es lo que nos coloca en Él. La vida eterna no es meramente una existencia perpetua; es la propia vida de Dios. Mi participación en esta vida se debe a que en un sentido legal estoy en Cristo. Nadie que esté fuera de Cristo tiene vida eterna. La vida de Dios era eterna antes de que yo la tuviera, y seguirá siéndolo, aunque yo la pierda al rechazar a Cristo Jesús. Por tanto, el argumento de que la salvación no se pierde pues el creyente tiene vida eterna, no es válido. 1 Samuel 2:30 nos arroja luz en este punto: “Por tanto, Jehová el Dios de Israel dice: Yo había dicho que tu casa y la casa de tu padre andarían delante de mí perpetuamente; más ahora ha dicho Jehová: Nunca yo tal haga, porque yo honraré a los que me honran, y los que me desprecian serán tenidos en poco”. Si pierdes la fe en el Hijo y te apartas de Él, entonces pierdes la vida eterna, pues la vida eterna no es algo que recibas aparte de la fe en Cristo y de la persona de Jesús misma: “El que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios no tiene la vida” (1 Juan 5:12). Así de simple.

EN CONCLUSIÓN:
En vista de la enseñanza bíblica de que la seguridad del creyente depende de una relación viviente con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado bíblico a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza de que a la persona se le puede quitar su parte del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y en vista del hecho de que una persona que cree por un tiempo puede volver a caer (Lucas 8:13); la lógica y la lealtad a la Palabra de Dios nos llevan a rechazar la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos y su variante moderna, la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo”. Sin embargo, es importante recalcar ciertos elementos finales para no caer en otros errores teológicos también graves:

I.- PODEMOS TENER AQUÍ Y AHORA LA SEGURIDAD DE LA SALVACIÓN:
La Biblia claramente enseña que somos salvos por gracia mediante la fe (Efesios 2:8) y que los justos viven por fe (Habacuc 2:4; Romanos 1:17; Gálatas 3:11; Hebreos 10:38). ¡La salvación del creyente se recibe, no por un acto de justicia sino por un acto de fe, y también la salvación se conserva, no por actos de justicia sino por una vida de fe! Ser cristiano entonces no es asunto de obras; sino de fe. Esto tiene que ser enfatizado. En ningún caso Dios acepta a los pecadores basado en el bien que han hecho. Son salvos total y solamente por gracia mediante la fe. Por fe aceptan el hecho de que Cristo murió en su lugar. Por fe dependen totalmente de la misericordia de Dios y aceptan a Cristo como su Salvador. Por fe ellos se ven a sí mismos vestidos con la justicia de Cristo, una posición que no ganaron por mérito propio (Filipenses 3:9). Saben que son aceptados por fe, y este conocimiento les da paz y gozo. La seguridad del creyente, entonces, es solamente mediante la fe, tanto para recibir la salvación como para conservarla. Esta seguridad es posible por medio de la misericordia de Dios al ofrecer la justicia de su propio Hijo al creyente falible y defectuoso mientras mantenga una fe viviente en Cristo. “Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él” (2 Corintios 5:21).

II.- LA SALVACIÓN NO SE PIERDE A CADA INSTANTE NI POR CUALQUIER COSA:
No. La Biblia muestra claramente que en esta vida los cristianos pecan y que la solución para el cristiano cuando ha pecado es el perdón por medio de Cristo (1 Juan 1:8,9; 2:1). Por otra parte, no es natural que un cristiano siga viviendo una vida de pecado. Es decir, que mientras tenga la vida de Cristo en él, no puede seguir pecando habitualmente. 1 Juan 3:8,9 en donde el tiempo griego que se emplea es el presente continuo, deja esto bien en claro. El que practica pecado es del diablo. Cualquiera que ha nacido de Dios no practica pecado, no sigue pecando habitualmente. No puede seguir pecando de la misma manera que el hijo del diablo. Más bien, el cristiano debe crecer espiritualmente y dejar el pecado, reconociendo que el pecado continuo afectará adversamente su fe. ¿Implica esto que un cristiano puede pecar y todavía ser salvo? La primera reacción de muchos es decir que no puede. Sin embargo, es necesario en este contexto considerar el hecho de que la preocupación, el orgullo, la envidia, y la amargura se aceptan como fallos comunes. Pocos sugerirían que los creyentes que cometen tales pecados están perdidos. Además, si se insiste en que Dios requiere una perfección actual sin pecado de los creyentes, entonces la pregunta es: “¿Está la posición del hombre en Cristo basada en su propia justicia o en la justicia de Cristo que le fue atribuida por fe?” Si el hombre es salvo solamente cuando tiene una vida sin mancha, ¡entonces la salvación no es por gracia, sino por obras! También si Dios acepta al hombre solamente cuando éste no tiene ninguna falta, la vida cristiana entonces no está libre de condenación como Pablo insistió en Romanos 8:1. Más bien, sería una existencia de preocupación y penitencia constante, llena de temor y condenación y desprovista del gozo y la confianza que el conocimiento de la salvación puede dar. Romanos 5:9–11 nos claro que el Dios que nos amó lo suficiente como para proveer para nuestra salvación también nos ama lo suficiente como para proveer para nosotros hasta llegar a la gloria. Esta garantía nos da gozo en Él.

Una pregunta similar es: “¿Qué pasaría a un creyente que peca en el momento en que Jesús regrese?” Los que sostienen la idea de que los cristianos no pueden pecar y todavía ser salvos enseñarían que tal creyente está perdido y condenado por la eternidad. ¡Qué desesperación! ¡El creyente no entra y sale de la gracia de Dios! ¡Está seguro en la mano de Dios, y ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada lo podrá separar del amor del Padre! Sin embargo, debe enfatizarse que no es natural que el cristiano peque. No puede seguir cometiendo los mismos pecados que antes. Habiendo nacido del Espíritu, el creyente es una nueva criatura y las cosas viejas pasaron ya y todas son hechas nuevas (2 Corintios 5:17). Entonces ahora no es natural pecar. La vida vieja es algo del pasado, una fuerza dormida dentro, dominada y contada como muerta por la nueva Presencia (Romanos 6:11). Lo que antes era una práctica común, ahora se convierte en algo innatural y contrario a los nuevos impulsos del corazón. El que nace de Dios no puede pecar, o seguir practicando el pecado, dijo Juan. Es decir, el pecado es algo extraño para la nueva naturaleza. La nueva naturaleza, que es nuestra por fe, no peca. Entonces cuando la naturaleza vieja temporal e inesperadamente se recupera, la nueva criatura entera repugna la intrusión innatural. La solución inmediata es Cristo. Cuando el creyente que ha pecado se acerca a Cristo, no es con la desesperación de un alma perdida, sino con el conocimiento seguro de que como hijo de Dios tiene un defensor con el Padre, que es fiel y justo para perdonar y limpiarnos de toda maldad. Entonces el creyente depende de su derecho como hijo de Dios, nunca dudando de su posición, que sabe que está basada en la infalible justicia de Cristo mediante la fe. Ahora bien, habiendo enfatizado la soberanía y la gracia de Dios, también es imperativo enfocar en el albedrío y en la responsabilidad del creyente. Dios no quita del creyente el poder de escoger. Por el albedrío, el creyente llega a ser hijo de Dios, y por el uso continuo de ese albedrío seguirá siendo hijo de Dios. Seguir creyendo es la responsabilidad del creyente. El creyente también necesita cuidarse de una actitud de indiferencia hacia el pecado. Que no se atreva a usar la gracia de Dios como un permiso para pecar. “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”, pregunta Pablo (Romanos 6:1). La respuesta es no. Pablo sabía y enseñaba que el pecado continuo afectaría adversamente la fe del creyente, y la fe es lo que hace posible una relación con Dios. El pecado continuo llega a ser imprudente y es evidencia de rebelión. (Números 15:30,31). La rebelión es lo contrario de la confianza y obediencia de la fe. Los creyentes tienen que mirar bien, “no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios” (Hebreos 12:15). La exhortación de la Biblia es: “Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos” (2 Corintios 13:5). Ahora bien, ¿Debe esto llenarnos de preocupación y ansiedad por perder la salvación? Estas repetidas advertencias tienen importancia solamente cuando se reconoce que la pérdida de la fe significa la pérdida eterna del alma. Porque mientras que es cierto que la salvación del creyente no se gana por obras ni conserva su fe por ellas, es igual de cierto que el creyente obtiene su salvación por fe, ¡y también puede perderla por falta de fe! El pecado está muy relacionado con la incredulidad. El pecado pone en peligro la fe, y la pérdida de fe significa pérdida de posición. Hebreos 3:12-14 trata al respecto. El escritor exhorta a los hermanos a evitar la incredulidad que lleva a las personas a apartarse del Dios vivo. Él menciona el engaño del pecado como la causa de la incredulidad y les recuerda que son hechos participantes de Cristo solamente si retienen firme hasta el fin su confianza del principio. Ser participantes en Cristo es por fe. Si quitamos la fe, ya no hay posición en Cristo. Es por esta razón que las Escrituras exhortan al creyente: “Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad” (Hebreos 3:12).

III.- NUESTRA SALVACIÓN ESTÁ SEGURA EN TANTO NO RECHACEMOS A CRISTO:
Dios no permite que nos apartemos de Él fácilmente. (Romanos 10:21). Pero un creyente se puede perder si descarta las continuas convicciones del Espíritu Santo y llega al punto donde rechaza a Jesús como su Salvador. Es posible creer por un tiempo y durante un período de tentación alejarse (Lucas 8:13). Es posible que se pierda el hermano débil por quien Cristo murió (1 Corintios 8:11). Es posible que un nombre esté escrito en el Libro de Vida y después sea quitado del Libro (Apocalipsis 22:19). No siempre es posible determinar si una persona ha rechazado a Jesús como su Salvador. Entonces es mejor dejar que el Dios omnisciente juzgue estos asuntos. Estamos seguros, sin embargo, que, si Dios no da al pródigo por perdido, tampoco debe hacerlo la Iglesia de Jesucristo. Demasiadas veces la gente se da por vencida con un individuo cuando Dios todavía no se ha dado por vencido. La Biblia reconoce la posibilidad de perder la salvación, pero nunca cesa de ofrecer esperanza para cualquier persona que quiera responder a la súplica del Espíritu Santo. La invitación de Jesús se ofrece sin requisitos. Él habla a todos cuando dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mateo 11:28).

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Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La doctrina de la Gracia Irresistible es una enseñanza calvinista que declara que cuando Dios llama a Sus elegidos para salvación, ellos no pueden resistir ese llamado. La teología calvinista diferencia dos tipos de llamado: Dios ofrece el mensaje del Evangelio a todas las personas. Esto se conoce como el Llamado Externo. Para los elegidos Dios extiende un Llamado Interno el cual no puede ser resistido. El llamamiento externo es el que hacemos cada vez que predicamos el evangelio a alguien (en este sentido todos son llamados) pero los únicos que pueden escuchar este llamado externo son aquellos que han sido llamados internamente por el Espíritu Santo.

Los reprobados están inhabilitados para responder, o siquiera escuchar, dicho llamado; por ende, jamás serán salvos. El llamado externo es producido por los seres humanos pero el llamado interno es una obra solamente de Dios y que ocurre solamente en los elegidos. Aunque el llamado externo del evangelio pueda ser rechazado, el llamamiento interno y especial del Espíritu nunca deja de producir la conversión de aquellos a quienes hecho. Ese llamamiento no es hecho a todos los pecadores, sino que es extendida sólo a los elegidos.

De acuerdo con la enseñanza calvinista, el Espíritu no depende en ninguna manera de la ayuda o cooperación del pecador para tener éxito en su tarea de traerlo a Cristo. Este llamado lo hace el Espíritu Santo que trabaja en el corazón y la mente del elegido para traerlo al arrepentimiento y a la regeneración de forma eficaz e irresistible, por lo que el elegido no puede hacer otra cosa que venir a Dios. La doctrina del Llamamiento Eficaz también es llamada Gracia Irresistible y se enseña claramente en la Confesión de Fe de Westminster (un breve resumen teológico apologético del credo calvinista promulgado en 1646). Dicha Confesión de Fe afirma lo siguiente:

“…A todos aquellos a quienes Dios ha predestinado para vida, y solamente a ellos, le agradó en su tiempo señalado y aceptado, llamarlos eficazmente, por medio de su Palabra y Espíritu, de aquél estado de pecado y muerte en el que están por naturaleza, al estado de gracia salvación por medio de Jesucristo; iluminando sus mentes espiritual y salvíficamente para entender las cosas de Dios; quitándoles su corazón de piedra y dándoles uno de carne; renovando sus voluntades, y determinándoles a hacer lo que es bueno por su poder todopoderoso y acercándoles eficazmente hacia Jesucristo; pero de tal manera que vienen muy libremente, pues, por la gracia de Dios están en la disposición de hacer lo bueno. Este llamamiento eficaz proviene únicamente de la libre y especial gracia de Dios, no por cosa alguna previamente vista en el ser humano, el cual es totalmente pasivo en ello, hasta que, siendo vivificado y renovado por el Espíritu Santo, la persona es por ese medio capacitada para responder a este llamamiento y para adoptar la gracia ofrecida y trasmitida en él…” (Confesión de Fe de Westminster, Capítulo X, Secciones I y II).

En otras palabras, esta doctrina afirma que el Espíritu Santo nunca falla en traer salvación a aquellos pecadores que Él personalmente llama a Cristo. Él aplica inevitablemente la salvación a todo pecador que Él tuvo la intención de salvar. Debido a que el llamamiento eficaz es un llamado cuyo resultado está garantizado, este no constituye una “invitación” que el elegido puede aceptar o rechazar. Al llamar a sus elegidos, Dios no sólo los convida a hacer algo, sino que Él hace algo en ellos. Un reconocido teólogo calvinista lo describió de la siguiente manera: “Aquel que los llama crea en ellos la capacidad para responder, de forma que en el mismo acto de llamar Él los trae a una nueva vida” (Ferguson, Sinclair B. The Christian Life: A Doctrinal Introduction; Carlisle, Pennsylvania: The Banner of Truth Trust, 1997; p. 34. Citado en Cheung, Vincent. Systematic Theology. Reformation Ministries International. Boston, 2003. Pág. 189. Versión Electrónica). En otras palabras, Dios toma la decisión por ellos, manipulando su conciencia, emociones y entendimiento para obtener la respuesta que desea de sus elegidos. Los no elegidos carecen de tal ayuda. Dios los abandona deliberadamente a su suerte (según la interpretación de algunos calvinistas moderados) o los endurece intencionalmente (según los calvinistas ultraconservadores). Tal “discriminación divina” no parece incomodar a los calvinistas, quienes continúan sosteniendo que es Dios quien causa esta diferencia, Él persuade eficazmente a unos a venir a él y a otros no (Boettner, Loraine. La Predestinación. Ed. Libros Desafío. Gran Rapids, 2005. Pág. 139).

Algunos de los versículos usados para apoyar esta enseñanza son:

• Romanos 9:16: “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”.
• Filipenses 2:12-13: “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad”.
• Juan 1:12-13: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios; los cuales no son engendrados de sangre, ni de voluntad de carne, ni de voluntad de varón, sino de Dios”.
• Juan 6:28-29: “Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado”.
• Hechos 16:14: “Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de púrpura, de la ciudad de Tiatira, que adoraba a Dios, estaba oyendo; y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese atenta a lo que Pablo decía”.

Entonces ¿Enseña la Biblia que la gracia de Dios es irresistible para los elegidos y que los demás están inhabilitados y jamás podrán alcanzarla? ¡Absolutamente no! Tal interpretación del texto bíblico es errónea. Ciertamente tampoco se origina del pensamiento apostólico ni se fundamenta en las enseñanzas de la iglesia primitiva. Estudiar el verdadero origen de dicha enseñanza es indispensable para refutar su validez.

EL NACIMIENTO DE UNA DOCTRINA:
En la doctrina de la Gracia Irresistible encontramos una vez más la influencia omnipresente de Agustín. Los mismos eruditos calvinistas lo reconocen sin reparo alguno: “Esta verdad cardinal del cristianismo [La Gracia Irresistible] fue vista claramente por primera vez por Agustín” (Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 345). No es de extrañar que Benjamín Warfield (otro erudito calvinista) afirmara también que Agustín (sacerdote, santo y Padre de la Iglesia Católica) ha “recuperado para la iglesia” dicha doctrina (Benjamin B. Warfield, Calvin and Augustine, ed. Samuel G. Craig; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1956, 321). De igual forma, algunos Bautistas concuerdan en que “…Agustín puede ser considerado como el padre del sistema soteriológico llamado ‘Calvinismo’…” (Kenneth H. Good, Are Baptists Calvinists?; Rochester, NY: Backus Book Publishers, 1988, 49). El mismísimo R. C. Sproul incluso dijo: “El agustinianismo actualmente se llama calvinismo o teología reformada” (R. C. Sproul, The Holiness of God; Carol Stream, IL: Tyndale House Publishers, Inc., 1993, ed., 273).

Agustín enseñó en sus escritos que algunos hombres son renovados, mientras que otros no, por el Decreto Incondicional de Dios (decretum absolutum), según el cual Dios mismo determinó seleccionar de la masa caída de la humanidad (massa perditionis) a ciertos individuos. A los elegidos, a pesar de ser igualmente culpables y estar bajo la misma condenación que los demás, Dios les conferiría Su gracia renovadora. El resto sería dejado a su propia voluntad y a la operación de la ley y su justicia (William G. T. Shedd, A History of Christian Doctrine; New York: Charles Scribner and Co., 3rd ed. 1865), 70).

A pesar de ser el verdadero creador del calvinismo, Agustín no siempre creyó eso. Habiendo una vez enseñado la libre voluntad del hombre y que Dios desea salvar a toda la humanidad, con el tiempo Agustín cambió su opinión y creó el sistema teológico que más adelante sería conocido como calvinismo (Agustín, On the Spirit and the Letter. In Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 57). La fe se convirtió para él en algo que Dios concede irresistiblemente a los elegidos sin que ellos hubiesen creído nada o sin haber tomado alguna decisión, o incluso sin haber sido conscientes de que estaban siendo regenerados (Agustín, On the Predestination of the Saints, op. cit., 7,8,16). Agustín creía que el hombre (siendo por naturaleza muerto en pecado) no puede escuchar el Evangelio y mucho menos responder al llamado de Cristo a menos que sea uno de los elegidos. Tal enseñanza contradice la Biblia, pues sería absurdo que Dios mandase a los hombres arrepentirse y creer, si estos no pueden hacerlo por no ser parte de los elegidos. Nuestro Señor Jesucristo contradice a Calvino y Agustín cuando invita a todos: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar… Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Mateo 11:28; Juan 7:37). Todos están invitados y pueden oír, llegar y beber del agua de vida, como lo dice claramente en otros pasajes.

IMPLICACIONES DE LA DOCTRINA DE LA GRACIA IRRESISTIBLE:
Errores engendran errores. Desde la perspectiva calvinista, debido a la Total Depravación del Hombre, aquellos a quienes Dios ha elegido incondicionalmente y predestinado a vida eterna (Elección Incondicional) y por quienes Cristo murió única y exclusivamente (Redención Particular o Expiación Limitada), son primero soberanamente regenerados sin fe, entendimiento, o siquiera saber lo que les está sucediendo. Después de eso (algunos dirían simultáneamente) la gracia de creer en Cristo como Salvador y Señor irresistiblemente se impone sobre el elegido recién regenerado, que Dios desde la eternidad pasada ha predeterminado salvar, y les da fe para creer en Cristo. El teólogo neo-calvinista John Piper dice que el hombre debe primero “…Ser nacido de Dios. Luego, con la nueva naturaleza de Dios, inmediatamente recibe a Cristo. Los dos actos (regeneración y fe) están tan íntimamente conectados que no podemos distinguirlos por alguna experiencia… el nuevo nacimiento es el resultado de la gracia irresistible… un acto de creación soberana…” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 12).

La Gracia Irresistible es esencial en la teoría de salvación calvinista. Nadie puede resistir la gracia salvadora de Dios, que es impuesta irresistiblemente sobre aquellos a quienes él ha predestinado para vida eterna. Como dice Piper: “No puede haber salvación sin la realidad de la gracia irresistible. Si estamos muertos en nuestros pecados, totalmente incapaces de someternos a Dios, entonces nunca creeremos en Cristo a menos de que Dios supere nuestra rebelión” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9).

Lamentablemente esta doctrina, junto con todo el sistema calvinista en sí, conduce a una negación del amor, la misericordia y la gracia de Dios como está revelado en las Escrituras. Piper declara: “Dios es soberano y puede superar todas las resistencias cuando él quiere… la gracia irresistible se refiere a la obra soberana de Dios para vencer la rebelión de nuestro corazón y traernos a la fe en Cristo para que podamos ser salvos” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”; Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 9). Si eso fuera cierto, Dios podría haber impuesto irresistiblemente su gracia sobre Adán y Eva y salvar a la humanidad de la maldad y sufrimiento que resultó a causa de su rebelión. ¿Por qué no lo hizo? ¿Acaso no es un Dios de santidad, pero también de misericordia y amor? ¿Por qué jugar un juego tan cruel con la humanidad si estos no podrían salvarse a menos que el capricho divino lo permitiera? ¿Le falta a Dios amor y compasión para el mundo (como dice la Biblia), o es que sólo lo tiene por unos pocos elegidos (como insisten los calvinistas)? El calvinismo insiste en que Dios decidió salvar a los elegidos imponiendo su gracia irresistiblemente sobre ellos, mientras que predestinó al resto de la humanidad al tormento eterno. ¿Es esto justicia? ¿Es esto amor? Y si así lo fuera, ¡Qué clase más absurda de amor! ¿No es esto más bien un acto de crueldad, parcialidad e injusticia abominable a nuestra conciencia? Ciertamente que sí; pues la doctrina calvinista convierte al Dios de la Biblia en un ser maligno en un ser maligno y cruel, no muy diferente de los dioses paganos. Sin embargo, la Biblia dice que el Dios verdadero extiende “sus misericordias sobre todas sus obras” (Salmo 145:9) y que desea que “todos los hombres sean salvos” (1 Timoteo 2:4). Si tal arbitrariedad choca con nuestro sentido de justicia, amor y misericordia, ¿Cómo podríamos pensar que Dios es menos misericordioso, amoroso y justo que nosotros? Jesús dijo: “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?” (Lucas 11:11-13). Si, como declara la Biblia, Dios realmente ama a todos y les ha dado el poder de elección, entonces la perdición y condenación es su propia responsabilidad por rechazar voluntariamente la salvación que Dios amorosamente ofrece libremente en Cristo. Sin embargo, según el esquema agustiniano (fuente y origen del calvinismo moderno) los no elegidos carecen de oportunidad alguna de asegurar su salvación. ¡Ahora resulta que Dios discrimina a algunas de sus criaturas excluyéndolas caprichosamente de la salvación! ¿Podría haber una injusticia mayor? Sin embargo, Sproul, Piper, MacArthur y otros líderes calvinistas “moderados” de hoy, persisten en esta evidente contradicción del carácter divino ¡Esto es una burla! Y más que burla, una difamación del carácter y personalidad de Dios. Además, ¿Cómo pueden estas personas rendir cuentas justamente? ¿Cómo puede un parapléjico ser juzgado por no convertirse en un gimnasta de clase mundial o un hombre parir hijos o amamantar a los niños que pare su esposa, si tal cosa no está en su naturaleza? ¡Absurdo! Sin embargo, se nos dice que la justicia perfecta de Dios opera de esta manera. Nos sentimos impulsados a cuestionar tal posición a la luz de la Biblia pues en ella se nos dice que “para Dios no hay favoritismos” (Hechos 10:34, NVI) y que “El Juez de toda la tierra, ¿no hará justicia?” (Génesis 18:25).

Trágicamente, la tergiversación del Dios del calvinismo ha llevado a muchos a alejarse de Dios como si fuese un monstruo. Al parecer, Dios ha creado a todos los hombres como incapaces de elegir buscarlo y creer en el Evangelio. La única esperanza está en Dios mismo, soberanamente regenerando al pecador, pero sólo lo hace para un selecto número limitado y condena al resto para demostrar su soberanía y justicia. Tal es el mensaje del ‘TULIP’ (los 5 puntos del calvinismo). Considerándose a sí mismo como uno de los elegidos, el calvinista encuentra gran gozo en del ‘TULIP’ y no expresa ningún remordimiento por el destino predestinado de aquellos para quienes esta doctrina sólo podría causar angustia eterna: “…Tenemos que repensar nuestra Doctrina Reformada de la salvación para que cada miembro y cada rama del árbol sea recorrida con la savia del deleite Agustino. Debemos aclarar que la depravación total no es solo maldad y ceguera… y que la elección incondicional significa que la plenitud de nuestro gozo en Jesús fue planeada para nosotros antes de que existiésemos (no importa que la condenación eterna también fue planeada para otros); y que la limitada expiación es la garantía de que el gozo indestructible en Dios infaliblemente garantizada para nosotros (solo los elegidos para quienes Cristo murió) por la sangre del Pacto; y la gracia irresistible es el compromiso y el poder del amor de Dios… la perseverancia de los Santos es la obra omnipotente de Dios para sostenernos…” (John Piper, The Legacy of Sovereign Joy: God’s Triumphant Grace in the Lives of Augustine, Luther, and Calvin; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 73).

Según Piper, solo los elegidos disfrutan el “deleite Agustino” de haber sido elegidos para la salvación. ¿Qué delicia existe para aquellos que, antes de que llegaran a la existencia, ya estaban predestinados al tormento eterno? Si el Dios del calvinismo es duro y desamorado hacia sus criaturas, mucho más parecen serlo los calvinistas, quienes parecen no tener la más mínima simpatía por aquellos a quienes Dios tiene, ‘por su buena voluntad’, condenados eternamente.

¿ENSEÑA LA BIBLIA QUE DIOS ES ASÍ?
En contraste con dicha herejía humana, la Palabra de Dios brinda repetidas garantías de que el amor de Dios, su gracia y perdón son para toda la humanidad:

• “…Pero tú eres un Dios de perdón, clemente y compasivo, lento para la ira y abundante en misericordia, y no los abandonaste…” (Nehemías 9:17, LBLA)
• “…Pero en tu gran compasión no los exterminaste ni los abandonaste, porque tú eres un Dios clemente y compasivo…” (Nehemías 9:31, LBLA)
• “…Pues tú, Señor, eres bueno y perdonador, abundante en misericordia para con todos los que te invocan…” (Salmos 86:15, LBLA)
• “… Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios, porque Él es compasivo y clemente, lento para la ira, abundante en misericordia, y se arrepiente de infligir el mal…” (Joel 2:13, LBLA)
• “…Y oró al Señor, y dijo: ¡Ah Señor! ¿No era esto lo que yo decía cuando aún estaba en mi tierra? Por eso me anticipé a huir a Tarsis, porque sabía yo que tú eres un Dios clemente y compasivo lento para la ira y rico en misericordia, y que te arrepientes del mal con que amenazas…” (Jonás 4:2, LBLA)

Como cientos de otros, cada uno de estos versículos se dirigen a todo Israel, la mayoría de los cuales rechazaron la gracia de Dios. No hay ningún indicio de que la compasión y misericordia de Dios se limite a unos cuantos elegidos, sino que es ofrecida a todos los hombres. “Le amamos porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19) declara que nuestro amor es en respuesta al amor de Dios. ¿Y qué de aquellos supuestos no elegidos a la salvación, que Dios nunca pretendió salvar, para quienes Cristo no murió, y para quienes no existe esperanza alguna? ¿No es sádico el ordenarles amar a Dios? Porque este, el primero de los diez mandamientos, como todos, es un mandamiento para todos. ¿Cómo podrían los no elegidos amar a Dios, cuando Dios no los ama a ellos? Tal enseñanza deshonra a Dios y sólo puede causar resentimiento hacia Él. Ese es el fruto real del calvinismo. Mateo 7:17-19 nos dice: “…Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado en el fuego…”

DE ACUERDO CON LA BIBLIA ¿ES LA GRACIA IRRESISTIBLE?
El amor infinito del Dios de la Biblia, Su gracia y Su misericordia se demuestran poderosamente en su trato con Israel. Y Su amor brilla aún más debido al rechazo y el odio contra Él, por un Israel desobediente. Si en verdad la gracia fuera irresistible, los elegidos no podrían menos que rendirse ante Dios y hacer Su voluntad.

La gracia divina puede y ha sido a menudo resistida. Por ejemplo, la profecía completa de Oseas es una representación sorprendente del amor de Dios. En ella, el Dios Todopoderoso se asemeja a un marido traicionado y engañado. Pero la intensidad de la pasión de Dios por la nación del Pacto llega a su apogeo en Oseas 11. “Cuando Israel era muchacho” Dios declara, “yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo,” (11:1). “Pero entre más amaba Dios a Israel, más se alejaban. Dios fue el que se preocupaba por ellos… el que “Con cuerdas humanas los atraje, con cuerdas de amor” (11:4). Sin embargo, ellos “Sacrificaban a Baal y amaban la idolatría”. Así que Dios promete juicio. Volverán a Egipto y Asiria, es decir, a la cautividad y la esclavitud, “porque se niegan a arrepentirse” (11:5). Sus ciudades serán destruidas (11:6). Esto da a entender como si se ha pronunciado una sentencia implacable. Pero después es como si Dios no puede tolerar la idea. En una agonía de intensidad emocional, Dios se compunge: “¿Cómo podré abandonarte, oh Efraín? ¿Te entregaré yo, Israel? ¿Cómo podré yo hacerte como Adma, o ponerte como a Zeboím? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se inflama toda mi compasión. No ejecutaré el ardor de mi ira, ni volveré para destruir a Efraín; porque Dios soy, y no hombre, el Santo en medio de ti; y no entraré en la ciudad” (11:8, 9)

Estos versículos no sólo muestran que Israel, el pueblo elegido, resistió el llamado y la gracia, los cuales supuestamente son eficaces e irresistibles. Pero también recalcan otra verdad importante: Si el calvinismo estuviera en lo correcto, estos ruegos son una farsa. Los elegidos no los necesitan, y los no elegidos no les prestan atención. Los que son totalmente depravados y elegidos a la salvación deben ser regenerados e infundidos con la Gracia Irresistible, por lo que únicamente podrían responder en amor y aceptación al toque de Dios, mientras que el resto de la humanidad están condenados sin remedio. Pero eso no es lo que vemos en la historia de Israel. Además, ¿Por qué fingir este amor y preocupación cuando el hombre no tiene opción y Dios irresistiblemente puede hacer que alguien haga lo que él quiera? Supuestamente, el elegir sólo unos pocos selectos y condenar al resto, es necesario para demostrar la soberanía de Dios y su justicia, y será eternamente para su mayor gloria. Sin embargo, es obvio que Dios no necesita maldecir a nadie para demostrar su soberanía o su justicia. Si no es una amenaza a la soberanía de Dios el salvar a los elegidos, tampoco sería una amenaza rescatar a un millón más, 100 millones más, o aún, salvar a toda la humanidad. Múltiples pasajes de la Biblia quitan toda duda de que Dios ama y desea bendecir no solo a un grupo de elegidos, sino a toda la humanidad, incluyendo aquellos que rechazan su amor y su oferta de gracia y bendición. El carácter mismo de Dios se refleja en los mandamientos que Él dio a su pueblo elegido. Ellos debían restaurar, incluso a un enemigo, su buey o asno que se había extraviado (Éxodo 23:4). ¿Y, sin embargo, Dios no daría a la humanidad errante la bondad que Él manda al hombre dar a los animales? Tal enseñanza no es fiel a las Escrituras o a la conciencia que Dios ha puesto dentro de cada persona (Romanos 2:14-15).

Otra prueba de que la gracia no es irresistible la encontramos en el hecho de que Dios envió a sus profetas, generación tras generación, para abogar por el arrepentimiento de un pueblo que repetidamente rechazó la oferta de su gracia. ¿Por qué esa gracia no fue “irresistible”? Si el poder omnipotente de Dios puede hacer que cualquiera reciba el don de su gracia, entonces el “regalo” no es un regalo, y la “gracia” no es gracia, y el hombre no es un ser moralmente responsable. En todos los ruegos de Dios con Israel para arrepentimiento y sus promesas de bendición si lo cumplían, nunca hay ninguna sugerencia de que podría o que sería impuesta su gracia sobre ella irresistiblemente. Por el contrario, Dios clama: ” Oye, pueblo mío, y te amonestaré… En un momento habría yo derribado a sus enemigos… Les sustentaría Dios con lo mejor del trigo…”(Salmo 81:8 – 16). En cambio, el juicio de Dios cayó sobre Israel. ¿Era juicio lo que Dios quiso para ellos todo ese tiempo?, y ¿fueron sus ruegos falsos? Uno es conducido a esa conclusión por el calvinismo, el cual socava todas las Escrituras. Tales ruegos de Dios a Israel y a toda la humanidad se convierten en un pretexto vergonzoso.

La Biblia enseña que la gracia para venir a la salvación se le da a todos, no sólo a un pequeño grupo de elegidos. Si no todos vienen a los pies de Cristo se debe a que ellos resisten dicha gracia:

• Tito 2:11 “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres.” (No solo a los elegidos)
• La Biblia enseña que aquellos que no vienen a la salvación después de ser expuestos a la verdad, han resistido y rechazado la gracia. 2 Tesalonicenses 2:10 dice: “y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos.”
• Se puede resistir el llamado de salvación de Dios. Hechos 7:51 dice: “Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos, vosotros resistís siempre al Espíritu Santo: como vuestros padres, así también vosotros”. (¿Acaso la gracia no es Irresistible? ¿No que no se puede resistir el llamado eficaz y la gracia impartida por el Espíritu Santo?)
• Juan 5:40 afirma: “y no queréis venir a mí para que tengáis vida. Y rehusáis venir a mí para tener vida”. ¿Qué acaso no sabía Cristo que los elegidos no puede rehusar venir a Él? (Gracia irresistible). ¿O no sabía Cristo que, si no son parte de los elegidos, no pueden venir a Él, pues no son capaces de hacerlo? (pues su voluntad estaba depravada y la gracia no les ha sido dada, ni les será dada jamás, pues la redención es limitada solo a los elegidos)
• Lucas 19:41 “Y cuando llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella, diciendo: ¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”. ¿Por qué lloro Jesús por Jerusalén si ese era el designio de la voluntad perfecta de Su Padre? ¿Por qué no simplemente dijo que era la voluntad de Su padre que la ciudad pereciera junto con los que no eran elegidos? Si el deseaba salvar a su pueblo elegido, ¿Por qué su gracia no fue irresistible en este caso y los salvó?
• Lucas 7:30 “Mas los fariseos y los intérpretes de la ley desecharon los designios de Dios respecto de sí mismos, no siendo bautizados por Juan”. ¿Por qué recalcar tanto la responsabilidad de los fariseos al rechazar la gracia y los designios de Dios en sus vidas? ¿Acaso no era esta gracia y este designio divino algo irresistible? Obviamente era el designio de Dios para ellos que se arrepintieran, pero ellos lo rechazaron libremente de modo que la gracia no es irresistible.

• Hechos 13:46 “Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles”. Es claro que aquí los “elegidos” desecharon el mensaje y la vida eterna (¿Qué acaso no sabía Pablo que la gracia es irresistible?). Según la lógica calvinista los elegidos hallan irresistible la gracia de modo que se arrepienten y creen. No tienen opción de rechazar la gracia y el mensaje que se les predica. Pero aquí vemos a los “elegidos”, la nación del pacto, rechazarlo, resistirlo y condenarse

CONTRADICCIONES INTERMINABLES EN EL CALVINISMO:
El sistema teológico calvinista malinterpreta el concepto de soberanía y omnipotencia de Dios. Este elemental, pero sincero malentendido de la soberanía omnipotencia divina es fundamental para el calvinismo. Cierto erudito calvinista afirma erróneamente: “Si cada hombre posee un libre albedrío que es lo suficientemente fuerte como para resistir la voluntad de Dios en la salvación, ¿Qué le que evitaría el resistir la voluntad de Dios en la condenación eterna del juicio del Gran Trono blanco?” (Tom Ross, Abandoned Truth: The Doctrines of Grace; Providence Baptist Church, 1991, 56). Dicho autor parece estar confundido o peca deliberadamente de deshonestidad. Los que están presentes en el juicio del Gran Trono Blanco están allí debido a su repetido endurecimiento contra el amor de Dios y de la oferta de salvación. Ahora se enfrentan a su juicio. La gracia se ofrece en amor; el juicio es impuesto por la justicia y el poder. ¿Acaso los calvinistas no ven ninguna diferencia entre la salvación ofrecida en la gracia de Dios y el juicio impuesto por su justicia? ¿Hablan en serio cuando sugieren que por rechazar una, también se puede rechazar la otra? No todos los calvinistas están de acuerdo. Muchos están descubriendo lo contradictorio y errado de dicho sistema teológico.

Pero las contradicciones del calvinismo no terminan ahí. Otro autor calvinista afirma que la “soberanía incondicional de Dios y la responsabilidad de los seres humanos son compatibles entre sí” (D. A. Carson, The Difficult Doctrine of the Love of God; Wheaton, IL: Crossway Books, 2000, 52). Dicho argumento es ridículo.

Los arminianos no minimizamos la soberanía de Dios, más bien entendemos que esta debe ser equilibrada con sus otros atributos. La soberanía absoluta de Dios no impidió la rebelión de Satanás y de Adán, tampoco impidió la desobediencia continua del hombre y su extravío como oveja perdida en rechazo a la voluntad de Dios. La soberanía de Dios tampoco significa que Dios está detrás de todo y que por consiguiente sea Él quien esté causando cada pecado por designio de su voluntad, como lo requiere el calvinismo. Este error dio lugar a la creencia de que la gracia debe ser irresistible, lo cual es totalmente falso. Las Escrituras no se burlan de nosotros al decir que, ‘Como el padre se compadece de los hijos, se compadece Jehová de los que le temen” (Salmo 103:13).

Algunos calvinistas intentan escapar de las terribles consecuencias de su doctrina. Muchos sugieren que la predestinación a la condenación, y la invitación de Dios a todos a creer, son ambas verdades bíblicas, aunque se contradigan entre sí. Supuestamente, el problema es que no sabemos cómo conciliar estos aparentes conflictos y tampoco se debe intentar, porque todo será revelado en la eternidad. Esto no es más que un argumento sin sentido. La verdad es que el calvinismo ha creado este “misterio” particular. Aunque hay muchas cosas que no comprendemos los seres humanos, se nos ha dado una conciencia con un agudo sentido del bien y el mal, de justicia y de la injusticia. Dios nos llama a razonar con Él sobre estas cosas. Llega hasta límites extremos para explicar su justicia y su amor e incluso le ha dado al hombre no regenerado la capacidad de entender el Evangelio y creer en Cristo o rechazarlo. El calvinismo, como hemos visto repetidamente, es repugnante a la conciencia dada por Dios.

LA GRACIA IRRESISTIBLE DEL CALVINISMO VERSUS LA GRACIA BÍBLICA DEL EVANGELIO:
La mayoría de los calvinistas intentan honrar el mandamiento de Cristo de predicar el Evangelio a toda criatura. Sin embargo, es difícil defender la importancia del evangelio cuando el no regenerado es incapaz de creerlo, y los elegidos se regeneran sin él, luego se les da fe para creer soberana y sobrenaturalmente. Según el TULIP, ¿Cómo puede el Evangelio afectar la salvación de alguien? El no regenerado, sea un elegido o no elegido, no puede responder ni tampoco creerlo. Tampoco se beneficia el no electo de entender, porque estos han sido predestinados a la condenación eterna desde el principio. Los elegidos se regeneran sin el Evangelio y sólo entonces pueden creer (y esto de forma impuesta por ser irresistible). Pero el imponer cualquier cosa a alguien es la antítesis de la gracia. Incluso el forzar un regalo tan valioso y deseable, sobre alguien que no desea recibirlo, sería totalmente contrario a la gracia. Por lo tanto, el término “Gracia Irresistible” es otra contradicción. Sin embargo, esto es un elemento integral sin la cual los otros cuatro puntos del ‘TULIP’ se desmoronan. Y es que la palabra “irresistible” para referirse a la gracia no aparece en la Biblia. Esto es irónico si se tienen en cuenta que la maravillosa gracia de Dios es una de las más preciosas verdades en Su palabra. La palabra “gracia” aparece 170 veces en 159 versos. Y nunca en ninguna mención hay alguna sugerencia de que la gracia se impone irresistiblemente. Siempre la inferencia es que la gracia de Dios es entregada libremente y es voluntariamente recibida (Génesis 6:8; Salmos 84:11; ; Romanos 1:5; Romanos 12:6; 1 Corintios 1:4; ; Efesios 3:8; Efesios 4:7; 1 Pedro 3:7; Zacarías 12:10; Hechos 4:33; 2 Corintios 9:8). Aunque resulta evidente que Dios es el otorgador de la gracia, no hay ningún indicio bíblico de que la gracia de Dios se imponga irresistiblemente sobre cualquiera. Cada uno de su propia voluntad, debe elegir recibirla o rechazarla.

Muchos calvinistas, en defensa de su contradictorio sistema teológico más que del honor y del carácter divino, hacen sorprendentes declaraciones. Por ejemplo, cierto autor calvinista afirma: “Porque la voluntad de Dios siempre se cumple, la voluntad de cada criatura debe conformarse a la voluntad soberana de Dios” (Steven R. Houck, The Bondage of the Will; Lansing, IL: Peace Protestant Reformed Church, n. d., 3). Entonces, siguiendo la lógica calvinista, cada pensamiento, palabra y acción de la humanidad (incluyendo la maldad más atroz) ha sido determinada por Dios. Otro erudito calvinista comenta: “que la fornicación y la ingratitud son realmente parte de la voluntad ‘secreta’ de Dios’ y no debe sorprendernos a la luz de… el concepto calvinista de todo el decreto de Dios” (Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 481). ¿Realmente creen lo que dicen? ¿Acaso no es repugnante y blasfema tal doctrina que afirma que todo el mal es cumplido por la voluntad de Dios? Sin embargo, los calvinistas luchan por reconciliar esta cruel y blasfema doctrina con el repetido testimonio bíblico de la bondad de Dios, su compasión y amor para todos. Teólogos neo-calvinistas como MacArthur y John Piper proponen una solución pseudo-bíblica e irracional: la idea de que Dios tiene dos voluntades que se contradicen una a otra, pero que realmente no están en conflicto:

“Por lo tanto afirmo con Juan 3:16 y 1 Timoteo 2:4 que Dios ama al mundo con una profunda compasión, y que desea la salvación de todos los hombres. Pero también afirmo que Dios ha escogido desde antes de la fundación del mundo a quien él salvará del pecado. Puesto que no todas las personas son salvas debemos elegir si creemos (con los Arminianos) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso de la libre determinación humana o si creemos (con los calvinistas) que la voluntad de Dios para salvar a toda la gente es frenada por su compromiso con la glorificación de su soberana gracia (Efesios 1:6, 12, 14; Romanos 9:22-23)… la voluntad de Dios para que todas las personas sean salvas no es una contradicción con la soberanía de la gracia de Dios en la elección. Esta es mi respuesta a la pregunta sobre lo que frena la voluntad de Dios para salvar a todas las personas en su supremo compromiso de respetar y mostrar la gama completa de su gloria a través de la manifestación soberana de su ira y misericordia para el gozo de sus escogidos y los creyentes de cada tribu, lengua y nación” (John Piper, “Are There Two Wills In God?” In Still Sovereign, ed. Thomas R. Schreiner and Bruce A. Ware; Grand Rapids, MI: Baker Books, 2000, 130–31).

Una vez más, tenemos una contradicción evidente de Piper. En su gran amor y compasión, Dios “desea la salvación de todos los hombres”. Sin embargo, para “Mostrar la gama completa de su gloria” no salva a todos a pesar de la insistencia en que él podría salvar a todos, si él así lo deseara. Aclaremos esto: El Dios de Piper desea la salvación de todos los hombres; y con su imposición soberana de la gracia irresistible, él podría salvar a todos, pero no lo hace para demostrar su ira. Aquí tenemos la contradicción más clara posible. ¿Cómo puede escapar de ella el calvinista? Según Piper Dios ama y realmente quiere salvar incluso aquellos a quienes él ha predestinado a la condenación desde la eternidad pasada, pero no lo hará porque desea mostrar su ira y presumir de su soberanía; por lo tanto, Dios tiene dos voluntades que, aunque se contradicen entre sí, en secreto realmente están de acuerdo. ¿Es esto lógico y coherente con el carácter del Dios de la Biblia? Se nos pide creer que no se trata de ninguna contradicción para Dios mismo contradecirse, siempre y cuando fomente la “soberana demostración de su ira y su misericordia”. Piper falla en su razonamiento, pues condenar a miles de millones sin duda demostraría la ira de Dios, pero ¿Cómo glorifica esto su misericordia? Y aunque de alguna manera fuera este el caso, no hay forma de conciliar la reprobación con las claras expresiones del amor y el deseo de salvación para todos. Piper tiene otro problema. Dios no se contradice. Por lo tanto, Piper debe conciliar lo que él llama las “dos voluntades” de Dios para mostrar que éstas están de acuerdo, aunque directamente se contradicen y auto-cancelan mutuamente. Y no logra conciliarlas porque es imposible. Una contradicción es una contradicción y no existe una manera honesta de que dos proposiciones contradictorias puedan ser manipuladas para que logren concordar. ¿Será el Dios del calvinismo un dios esquizofrénico? Por lo tanto, los calvinistas están en una posición bastante incómoda de pretender hacer una oferta válida de la salvación a los no elegidos, mientras que niegan que la única disposición de salvación (es decir, la muerte de Cristo) no está disponible para ellos. Para agregar insulto a esta lesión, reclaman que esta es la manera que Dios lo quiso desde la eternidad pasada (George L. Bryson, The Five Points of Calvinism: Weighed and Found Wanting; Costa Mesa, CA: The Word For Today, 1996, 56).

Los calvinistas afirman que la voluntad y las acciones del hombre no pueden estar en conflicto con la voluntad de Dios, porque esto haría al hombre mayor que Dios. Esa posición relativa y antibíblica de la soberanía de Dios, les conduce a proponer que las dos voluntades en conflicto no son la voluntad de Dios y la voluntad del hombre, sino las dos voluntades del designio de Dios. En otras palabras, afirman que la batalla no es entre Dios y el hombre, como dice la Biblia, sino más bien de Dios contra sí mismo, como insiste el calvinismo. Sin lugar a duda el carácter y el honor de Dios está siendo tergiversado por la doctrina calvinista.

EN CONCLUSIÓN:
Todo el mundo que oye el Evangelio es llamado a la fe en Cristo, no sólo externamente sino también internamente. El Espíritu habla a cada corazón, haciendo todo lo posible para persuadir al pecador a confiar en Cristo. Sin embargo, los pecadores son capaces de resistir el Espíritu Santo, y no van a ser regenerados a menos que y hasta que se arrepientan. Para decirlo de otra manera, la aplicación del espíritu de la obra salvadora de Cristo está condicionada a la aceptación previa del pecador del evangelio. El Espíritu Santo no puede impartir nueva vida espiritual a menos que el pecador esté dispuesto a recibirla. No obstante, debe entenderse que la gracia de Dios es el comienzo, la continuación, y el cumplimiento de todo lo bueno, incluso en la medida que por sí mismo el hombre regenerado, sin la precedencia o la asistencia, el despertamiento, seguimiento, y la gracia cooperativa, no puede pensar, desear, ni hacer el bien, ni resistir cualquier tentación al mal; de modo que todas las buenas acciones o movimientos, que pueden ser concebidos, deben ser atribuidos a la gracia de Dios en Cristo. Sin embargo, con respecto al modo de operación de esta gracia, esta no es irresistible, puesto que ha sido escrito concerniente a muchos, que estos han resistido al Espíritu Santo. Esto resulta evidente al estudiar pasajes ampliamente conocidos como Hechos 7 y muchos otros.

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Los 5 Puntos del Calvinismo: Expiación Limitada o Redención Particular.

Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

INTRODUCCIÓN:
La expiación limitada, o redención particular, es el tercero de los 5 puntos del calvinismo clásico. La doctrina de la expiación limitada enseña que Cristo efectivamente redime de cada pueblo “solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad para salvación” (Cánones de Dort, II.8). La doctrina reformada afirma que Jesús murió sólo por sus elegidos. Esta doctrina se desprende lógicamente de la doctrina de la elección incondicional: Si Dios eligió a un grupo para que fuera salvo entonces el sacrificio que Cristo hizo debía ser sólo por ellos. La doctrina de la redención particular afirma que Cristo, en su muerte, limpió los pecados de los elegidos de Dios y aseguró que todos ellos alcancen la fe a través de la regeneración y por la fe sean perseverados para gloria. Según dicha doctrina, Cristo no pretendió morir por todos. La prueba de eso, según el razonamiento calvinista, es que no todos son salvos.

A pesar de lo anterior, cuando se usa la frase “Expiación limitada” o “Redención particular”, no se quiere decir que el valor de la expiación sea limitado. Debido a que el pecado de Adán ofende a un ser de una dignidad infinita, el sacrificio para limpiar ese pecado debía tener un valor infinito el cual se cumple con la muerte del Dios hecho carne: Jesús. Cuando se habla de “Expiación limitada” se quiere decir que los efectos de la muerte de Cristo son para un grupo limitado de personas. En otras palabras, la muerte de Cristo fue suficiente para expiar los pecados del mundo entero, pero la voluntad de Dios fue redimir efectivamente a aquellos y solo a aquellos que fueron elegidos desde la eternidad, y dados a Cristo por el Padre.

INTERPRETANDO A CONVENIENCIA EL TEXTO BÍBLICO:
El ministro puritano John Owen (1616-1683), en su magna obra The Death of Death in the Death of Christ (La Muerte de la Muerte en la Muerte de Cristo), una obra que trata la doctrina de la redención particular plantea que Cristo murió sólo por los elegidos. Owen afirma que los elegidos por Dios son mencionados en la Biblia con las palabras Pueblo, Ovejas e Iglesia.

• Su Pueblo: Mateo 1:21 dice: “Y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS, porque él salvará a su pueblo de sus pecados” e Isaías 53:8 “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” Ambos textos limitan la salvación que compra la muerte de Jesús en la cruz a un grupo llamado su pueblo.

• Sus Ovejas: El apóstol Juan usa en mucho el término ovejas para referirse a los “elegidos”. Juan 10.11 y 14 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas… Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen.” Esta vez limita la muerte de Cristo por sus ovejas, aquellas personas que eran conocidas por Dios y que conocían a Dios. Recordemos que la palabra conocer tiene un sentido de intimidad. Este versículo recuerda 1 Juan 4:19 que nos dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero.”

• Su Iglesia: Hechos 20:28 dice: “Por tanto, mirad por vosotros, y por todo el rebaño en que el Espíritu Santo os ha puesto por obispos, para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre” y Efesios 5:25 “Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella.” En el primer versículo Pablo está hablando a los presbíteros de la Iglesia de Éfeso pidiendo que la cuiden debido a que Cristo pagó por ella, en el segundo Pablo está enseñando el cuidado y el cariño que debe tener el esposo por su mujer y lo ilustra usando el ejemplo.

OPOSICIÓN A LA DOCTRINA DE LA REDENCIÓN PARTICULAR:
Como era de esperarse, la doctrina de la expiación limitada ha desatado fuerte oposición, ya que sus implicaciones son terribles y chocantes para nuestro sentido de justicia y misericordia. Podemos reconocer dos tipos de crítica a esta doctrina. Unos dicen que Cristo murió por todos y que todos, sin excepción, serán salvos; esto se llama Universalismo. La Biblia es clara en demostrar que no todos los hombres serán salvos en el último día (Lucas 13:23-24, 2 Tesalonicenses 1:9-10, Apocalipsis 20:15). El Universalismo, por lo tanto, carece de fundamento bíblico. Otro grupo dice que Jesús murió por todos los hombres pero que su muerte no tiene efectos salvadores si no se une con la fe y el arrepentimiento. En otras palabras, Él murió por todos, no sólo por un grupo selecto de elegidos o predestinados arbitrariamente para salvación; es más, Cristo murió con tal de hacer posible la salvación de todo aquel que le cree y obedece Su Palabra. (Romanos 1:16, Tito 2:11, Hebreos 5:9, 2 Pedro 3:9). Este sinergismo evangélico es enseñado en la Biblia y sostenido por el sector arminiano del protestantismo.

Los calvinistas, sin embargo, se oponen a la interpretación arminiana argumentando que haría la muerte de Cristo totalmente ineficiente y pondría la salvación del hombre en lo que él puede hacer por sí mismo. Dicho razonamiento no es válido, pues Dios mismo ha impuesto ciertas condiciones al ser humano sin que por ello el hombre se convierta en su propio salvador. Dichas condiciones pasan por el arrepentimiento y la fe en Cristo (Hechos 16:30-31), sin la cual nadie puede ser salvo y que el hombre debe ejercer por sí mismo, auxiliado de la gracia preveniente de Dios. No obstante, que el hombre deba responder en fe al ofrecimiento de Dios en nada roba gloria a nuestro Señor. Dios es el dador, nosotros los receptores (Romanos 6:23, Juan 3:16). Dios nos ofrece la salvación como regalo. Todo lo que tenemos que hacer es aceptarla. ¿Cuál es el mérito? ¿En qué le roba a Dios que nosotros, como simples mendigos de su gracia, aceptemos su regalo de amor?

Los calvinistas afirman también que, si el arminianismo está en lo correcto, parte de la sangre de Cristo se hubiera derramado en vano y su sufrimiento no hubiera sido suficiente. Entonces, según la lógica calvinista, la muerte de Cristo no sería una expiación ni un rescate en ningún sentido. Tal lógica es absurda. ¿Dónde en las escrituras dice que la sangre de Cristo no puede ser derramada para aquellos que no se pueden beneficiar de ella? En ninguna parte. Pero esta ficción es fundamental para la doctrina de la expiación limitada. Es más, aunque los calvinistas insisten en que los arminianos limitamos el poder de la expiación, parecen ignorar convenientemente que su doctrina de la redención particular limita el alcance de la expiación, reduciéndola a un pequeño grupo de elegidos como si la sangre de Cristo no tuviera suficiente poder para borrar el pecado de todo aquel que crea y reciba la dádiva de Dios. La eficacia de la expiación no se ve limitada porque sólo los que creen son salvos o porque algunos rechazan el sacrificio de Cristo a su favor. Esto sería igual a afirmar que la herencia dejada por un difunto se reduce en valor porque algunos herederos se niegan a participar de ella. ¡Sería absurdo!

Porciones como Juan 3.16 y 2 Corintios 5.14-15 objetan claramente que la muerte de Jesús tuviera la intención de limpiar sólo los pecados de sus elegidos. Jesús murió por todos los hombres sin distinción y sin excepción (Hechos 10:34; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9). Afirmar que Cristo murió sólo por los elegidos y no por toda la humanidad es difamar el carácter de Dios y pervertir las Escrituras. El término “mundo” usado en Juan 3.16 no significa “el mundo a aquellos que son elegidos por Dios”, sino más bien significada “todo el mundo”. De lo contrario, si como afirma el calvinismo “mundo” se refiere sólo a los elegidos, habría que entenderlo así en todos los casos en que se menciona, no sólo en aquellos casos que nos son convenientes para defender un punto doctrinal conflictivo, como, por ejemplo: 1 Corintios 1:20-21; 2 Corintios 7:10; Santiago 4:4; etc.

Sin ninguna declaración especifica en todas las Escrituras para apoyar el dogma calvinista de la redención particular o expiación limitada, este debe ser defendido a base de racionalizaciones. Ejemplo de ello son las casi blasfemas afirmaciones de cierto autor calvinista: “Si Cristo murió por todos los hombres y no todos los hombres son salvos, la Cruz de Cristo no tiene ningún efecto. El Calvario es una farsa” (Herman Hanko, God’s Everlasting Covenant of Grace, Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1988, 15.) Por supuesto, eso no es lo que declara la Biblia. Que algunos por incredulidad no alcancen el galardón no significa que dicho galardón sea irreal para quienes sí lo reciben. De lo contrario, el haber dado los diez mandamientos también sería una farsa, porque no todos los hombres los cumplen. El valor de la expiación de Cristo es suficiente para cubrir los pecados del mundo. No solo de unos pocos. Tiene que ser así, porque su sacrificio perfecto debe ser de valor infinito. Aunque la enseñanza de la cruz suene a locura para aquellos que se pierden” (1 Corintios 1:18), ¡No es una farsa por cuanto salva a todos los que creen! Como lo dijo uno de los maestros de la Biblia más respetados de los últimos años: “la Biblia enseña fuertemente la doctrina de la expiación ilimitada… La doctrina de la expiación limitada es negada específicamente en las Escrituras” (Dave Breese, “The Five Points of Calvinism”, self-published paper, n. d.).

Lamentablemente, prefiriendo dogmas humanos a la Palabra de Dios, los calvinistas persisten en enseñar que “sólo el calvinismo con su expiación eficaz limita el poder del hombre y exalta el poder y la gloria de Dios” (Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 49). El calvinista es conducido a tales argumentos falaces y anti-bíblicos en su desesperación por defender un dogma insostenible. Mientras que algunos que se llaman calvinistas rechazan la limitada expiación, es irracional el hacerlo mientras se aceptan los otros cuatro puntos. Un líder y autor calvinista escribe: “Es en esta verdad de la expiación limitada que la doctrina de la elección soberana (y, de hecho, la predestinación soberana con sus dos aspectos de la elección y reprobación), se clarifican” (Homer Hoeksema, limited Atonement, 151; cited in Vance, Other Side, 406). En otras palabras, el sistema calvinista se desmorona en su totalidad si la expiación limitada no es bíblica, y de hecho no lo es.

Calvinistas de alto rango han expresado sus dudas acerca de la expiación limitada. Spurgeon afirmó: “No puedo imaginar un instrumento más dañino en manos de Satanás para la ruina de las almas, que un ministro que le dice a los pecadores que no es su deber arrepentirse de sus pecados y creer en Cristo, y así tener la arrogancia llamarse a sí mismo un ministro del Evangelio, mientras que enseña que Dios odia a algunos hombres infinitamente e inalterablemente por ningún motivo sino solo porque él escoge hacerlo” (C. H. Spurgeon, New park Street pulpit; London: Passmore and Alabaster, Vol 6, 28-29; sermon preached December 11, 1859). Esto ha llevado a que la doctrina de la expiación limitada sea considerada “el talón de Aquiles del calvinismo” (Kenneth G. Talbot and W. Gary Crampton, Calvinism, Hyper-Calvinism and Arminianism; Edmonton, AB: Still Waters Revival Books, 1990, 11).

Los eruditos calvinistas reconocen que la elección incondicional y la expiación limitada “deben permanecer o caer juntas. Lógicamente no podemos aceptar una y rechazar la otra” (Loraine Boettner, the Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 151). No obstante, la Biblia repetidamente declara que Cristo murió por toda la humanidad (no solo por un reducido número de elegidos) y que el Evangelio es ofrecido y está igualmente disponible para todos, pues Dios quiere que todos se salven. Incluso John MacArthur (un erudito calvinista moderno) reconoce que Dios quiere que todos los hombres sean salvos, pero luego dice que Dios inexplicablemente no elige ni predestina a multitudes a salvación de aquellos que él desea que sean salvos (John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville: Word Publishing, 1997, 1862). ¿Acaso no suena esto contradictorio? Como bien lo señalara otro erudito bíblico, el Dios calvinista de la expiación limitada “difícilmente es el Dios de amor que encontramos en la Biblia. La Deidad determinista crea seres humanos para quienes él no tiene ningún amor directo y quienes no tienen libre voluntad, creados únicamente para tormento eterno. La muerte de Cristo no les afecta de ninguna manera y así están totalmente fuera de cualquier disposición redentora… La crueldad implícita en ese punto de vista es evidente para cualquier observador fuera de aquellos que han sido educados o han adquirido esta clase de teología. A pesar de argumentos capciosos dirigidos a cada texto alegado contra tal teología, los deterministas de este tipo son carentes de apoyo bíblico. Es absurdo, por ejemplo, el reclamar (como hacen a veces) que cuando la Biblia dice que, “Dios amo al mundo”, que esto solo habla del mundo de los elegidos” (Zane C. Hodges, “The New Puritanism, Pt. 3: Michael S. Horton: Holy War With Unholy Weapons,” Journal of the Grace Evangelical Society, Spring 1994, 7:12, 17–29).

CONTRA LA RAZÓN, LA BIBLIA Y EL SENTIDO COMÚN:
Al estudiar las Escrituras sobre este tema, queda claro que la única forma en que la expiación limitada puede ser defendida, es asignar arbitrariamente, un significado calvinista restrictivo a las palabras claves. Para mantener en pie el dogma de la expiación limitada, el calvinista razona: “Si Cristo pagó la deuda del pecado, ha salvado, redimido, dado su vida por todos los hombres, entonces se salvarían todos los hombres” (W. J. Seaton, the Five points of Calvinism; Carlisle, PA: The Banner of Truth Trust, 1970, 15). En el mismo sentido, otro autor calvinista argumenta: “pero si la muerte de Jesús es lo que dice la Biblia, un sacrificio sustituto por los pecados… por el cual el pecador es realmente reconciliado con Dios, entonces es obvio que no puede ser para cada hombre… porque entonces todos se salvarían, y obviamente no lo son” (Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 44). Sin embargo, tales argumentos se basan en la teoría anti-bíblica de que la muerte de Cristo salvo inmediatamente a todos los elegidos, sin fe, ni comprensión o aceptación, de su parte. La Biblia, en cambio, enseña que un Salvador provisto no es suficiente: Dicho Salvador debe ser recibido. Debe haber ‘fe en su sangre’ (Romanos 3:25) y la fe es una cosa personal que debe ser ejercida. La Biblia enseña que Cristo gustó “la muerte por todos” (Hebreos 2:9), pero que esto no significa automáticamente que todos salen de la muerte eterna o la pena del pecado. En ninguna parte de la Biblia dice tal cosa. Los pecadores son invitados e instados a venir a Cristo y creer en Él. Tal es la responsabilidad del pecador (Hechos 16:30-31).

El que Cristo murió por nuestros pecados es el mensaje que nos da el Evangelio. Sin embargo, debe ser creído para ser de beneficio al pecador. La muerte de Cristo, aunque ofrecida “a todos los hombres”, sólo es eficaz para aquellos que creen: Él es “el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10). La doctrina calvinista entra nuevamente en contradicción con la lógica y la Biblia: “Si la naturaleza de la expiación era tal que en realidad y por sí misma proporcionó salvación para aquellos para los cuales fue diseñada, entonces los elegidos nunca podrían haber nacido muertos en delitos y pecados (Efesios 2:1). Y, por lo tanto, ¿Cómo es posible que aquellos hombres quienes son salvos, redimidos, reconciliados, y justificados, hubieran sido “por naturaleza hijos de ira, lo mismo que los demás” (Efesios 2:3)?” (Laurence M. Vance, The Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 427). La Pascua, reconocida como uno de los más llamativos símbolos de la obra de la cruz de Cristo que se encuentran en el Antiguo Testamento, es un claro ejemplo del principio de que la expiación y su aplicación deben ser distinguidos. La sangre del cordero sacrificado de la Pascua (Éxodo 12:6, 21) llegó a ser eficaz solamente después de que se aplicó al dintel de la puerta según las instrucciones (Éxodo 12:7, 22). La simple muerte del cordero no salvó nadie: La sangre tenía que ser aplicada. Así es también con la muerte de Cristo.

El calvinismo difama y acusa abiertamente a Dios: “Porque Dios ha amado a unos cuantos y no todos, porque él soberana e inmutablemente ha determinado que éstos en particular sean salvos, él envió a su hijo a morir por ellos, para salvar a ellos y no a todo el mundo” (Edwin H. Palmer, The five points of calvinism; Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg. 1999, 50). Así, según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente. Sin embargo, según la Biblia, no todos son salvos, porque ellos (los perdidos) se niegan a creer en Cristo. Pablo escribe que la salvación viene a todos los que creen “por cuanto todos pecaron” (Romanos 3:22-23). Por cierto, el “todos pecaron” significa toda la humanidad. Así también el “todos los que creen” debe significar que toda la humanidad puede creer en Cristo y ser salvos si así lo quieren hacer.

LA SALVACIÓN ES PARA TODOS SEGÚN LA BIBLIA:
La Biblia declara que Dios, exactamente como se esperaría de alguien quien es amor y Padre de misericordias, ama a todos con amor infinito y desea que todos se salven. Él no quiere que ninguno perezca y ha hecho de la muerte de Cristo el sacrificio propiciatorio por los pecados de toda la humanidad, si tan sólo creen en él:

• “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). Seguramente el “todos” que se refiere a aquellos que iban por mal camino son los mismos “todos” (es decir, todo Israel y toda la humanidad) cuya iniquidad fue puesta en Cristo.
• “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. (Juan 1:29). Así como en el Antiguo Testamento los sacrificios fueron ofrecidos para todo Israel y no para un grupo selecto de israelitas, también el cumplimiento mismo del sacrificio de Cristo como el cordero de Dios fue ofrecido para toda la humanidad y no para unos cuantos “elegidos” o un número limitado.
• “Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él .El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios. El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Juan 3:14-18, 36). Nótese que, por medio de la serpiente de bronce elevada, la cual Cristo dijo que era la figura de él mismo siendo levantado en la cruz, Dios trajo sanidad y salvación al pueblo. Dicha salvación es para todos los que miraren a él por fe, no sólo para unos cuantos elegidos.
• “Acordaos de la ley de Moisés mi siervo, al cual encargué en Horeb ordenanzas y leyes para todo Israel” (Malaquías 4:4). La ley, con su acompañamiento de sacrificios, era para todo Israel, no para algunos cuantos elegidos, y el cumplimiento en Cristo es para toda la humanidad.
• “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba” (Juan 7:37).
• “Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego” (Romanos 1:16).
• “Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos” (Romanos 5:6). Todos son impíos, no solamente los elegidos.
• “Más la Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los creyentes” (Gálatas 5:22).
• “Porque la paga del pecado es muerte, más la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro” (Romanos 6:23).
• “El que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores” (1 Timoteo 1:15). Por cierto, los elegidos no son los únicos pecadores.
• “El cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).
• “El cual se dio a sí mismo en rescate por todos” (2 Timoteo 2:6).
• “Quien es el Salvador de todos los hombres, mayormente de los que creen” (1 Timoteo 4:10).
• “Para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos” (Hebreos 2:9).
• “No queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).
• “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros. Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo” (1 Juan 1:9-2:2).
• “Y nosotros hemos visto y testificamos que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo” (1 Juan 4:14).
• “Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron; y por todos murió, para que los que viven, ya no vivan para sí, sino para aquel que murió y resucitó por ellos” (2 Corintios 5:14-15).
• “Que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. 20Así que, somos embajadores en nombre de Cristo” (2 Corintios 5:19-20).
• “Así que, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida” (Romanos 5:18).
• “Porque la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres” (Tito 2:11).
• “Entonces Pedro, abriendo la boca, dijo: En verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia” (Hechos 10:34-35).

Tomar todas estas (y muchas otras declaraciones similares) y atreverse a decir que sólo se refieren a un grupo selecto de elegidos es cambiar deliberadamente la palabra de Dios. ¿O es que solo los elegidos se descarrían como ovejas perdidas? ¿Sólo los elegidos tienen sed? ¿Sólo los elegidos son impíos y pecadores? ¿Sólo los elegidos están bajo pecado? Es obvio que no. La salvación está disponible a través de la fe en Cristo para todo el que quiera apropiarse de ella. Estos versículos y muchos más como ellos declaran claramente en un lenguaje inequívoco que Cristo fue enviado para ser “El Salvador del mundo,” que su muerte fue “un rescate por todos” y que por lo tanto es “El Salvador de todos los hombres” que creen. Creer que se refiere solo al mundo de los elegidos es una suposición injustificada. Tal argumento es falaz.

CONCLUSIÓN:
Lamentablemente, en su deseo de defender el calvinismo muchos se ciegan a las Escrituras y a la razón. Obviamente, la multitud de versículos que claramente declaran que Dios ama a todos y es misericordioso para con todos y que Cristo murió por todos, no se anulan con otros versículos declarando que Cristo murió por la iglesia, que su muerte fue un rescate para muchos o la seguridad de que él murió por nosotros. Por supuesto, los apóstoles, escribieron a creyentes, para recordarles que Cristo murió por ellos, pero esa declaración no puede anular muchas de las declaraciones claras de que Él murió por todos. Sin embargo, este mismo argumento es ofrecido repetidamente por calvinistas hasta este día. John Piper (un erudito neo-calvinista moderno) cita los mismos versículos inaplicables en que se dice que Cristo fue “un rescate para muchos”, que él “cargo en el pecado de muchos”, y que él “amó a la iglesia y se entregó a si mismo por ella,” etc. como “prueba” de que la muerte de Cristo no era propiciatoria para todos (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997, 16–17).

Con tal razonamiento, Pablo no hubiera sido capaz de utilizar “vosotros”, “ustedes”, etc., en sus escritos a los Corintios porque eso significaría que los beneficios de la muerte de Cristo y la resurrección eran sólo para ellos. Por el mismo argumento, para David decir: “Jehová es mi pastor” (Salmo 23:1) significa que se trataba sólo de David. O cuando los profetas de Israel escribieron, “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15; Jeremías 50:34), significa que Dios solo era el Dios y el Redentor de Israel. Igualmente, absurdo sería para Pablo decir “el cual me amó” (Gálatas 2:20), lo cual significaría que Cristo solo amó a Pablo. Otros argumentos que emplean los calvinistas son igualmente irrazonables. Tal falta de lógica lo vemos aun hoy en día en muchos eruditos neo-calvinistas. Por ejemplo, en un intento poco razonable de John Piper y su personal pastoral por explicar 1 Timoteo 4:10, él afirma: “La muerte de Cristo demuestra tan claramente el aborrecimiento justo de Dios del pecado, que él es libre para tratar al mundo con misericordia sin comprometer su justicia. En este sentido Cristo es el Salvador de todos los hombres. Pero es sobre todo el Salvador de aquellos que creen. El no murió por todos los hombres en el mismo sentido… La muerte de Cristo realmente solo salva de todo mal a aquellos por quienes Cristo murió en especial” (John Piper and Pastoral Staff, “TULIP: What We Believe about the Five Points of Calvinism: Position Paper of the Pastoral Staff”, Minneapolis, MN: Desiring God Ministries, 1997), 14–5). ¡Su interpretación del texto es totalmente contradictoria! ¿Suena coherente afirmar que Cristo no murió por todos los hombres en el mismo sentido, pero que él es el Salvador de todos los hombres en el mismo sentido? ¿Cuál es este sentido? No podemos hallar ningún sentido en estas tonterías. Pero otra vez, muestra el extremo en el que muchos son capaces de caer para defender el calvinismo. Aún Spurgeon mismo se contradijo al decir que Dios es capaz de salvar a todo el que él desea salvar. Pero luego afirmó que Dios no puede ser sincero ya que no todos son salvos, ni es su deseo que todos los hombres sean salvos. Por lo tanto, el Dios del calvinismo es menos benevolente que Spurgeon, quien deseaba que todos los hombres fueran salvos, y seguramente menos benevolente que Pablo, quien estaba dispuesto a ser “anatema” para salvar a sus hermanos judíos (Romanos 9:1-5). ¿Cómo podría Dios desear que todos los hombres sean salvos, tener el poder para salvar a todos a quienes él desea salvar y, sin embargo, no salvarlos a todos? John MacArthur (al igual que Spurgeon) intenta escapar de la contradicción evidente, diciendo que Dios tiene una voluntad de “decreto” y una “voluntad de deseo” (John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1862). En el proceso de intentar escapar de una contradicción, cae en otra. ¿Cómo podría Dios, según la posición extrema del calvinismo en cuanto a su soberanía, no decretar algo que el realmente desea? Los calvinistas se jactan que ellos son exegetas de las Escrituras. ¿Pero dónde en 1 Timoteo 2:4 (o en cualquier otro lugar) existe incluso un indicio de “dos voluntades”, una de “decretos” y otra de “deseos” tal como lo enseñan Piper, MacArthur y otros? Es la imposición sobre las Escrituras de una teoría anti-bíblica que atrapa al calvinista en estas contradicciones. Obviamente, la contradicción desaparecería si admitiesen el libre albedrío, pero esto no se puede permitir, porque destruiría el “TULIP”, el becerro de oro del calvinismo.

Neciamente, cierto erudito calvinista afirma: “Si la muerte de Cristo estaba destinada a salvar a todos los hombres, entonces debemos decir que Dios no era capaz o no estaba dispuesto a llevar a cabo sus planes” (Loraine Boettner, The Reformed Doctrine of predestination; Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1932, 155). Tristemente olvida que la muerte de Cristo sólo beneficia a los que reciben a Cristo (Juan 1:12) y que la salvación es “la dadiva de Dios” (Romanos 6:23) y debe ser recibida voluntariamente. En cuanto a los hombres teniendo poder de oponerse a los planes de Dios, ¿Es el mal en el mundo el plan de Dios? ¿Por qué entonces debemos orar, “Hágase tu voluntad en el cielo como en la tierra”? Las Escrituras dejan en claro que el beneficio de la muerte, sepultura, y resurrección de Cristo, como pago completo por los pecados del mundo, está disponible para ser recibido por todo aquel que cree al Evangelio. Mientras que la ira de Dios permanece sobre todos los que rechazan a Cristo y la salvación que Él verdaderamente ofrece a todos.

Sin lugar a dudas, la expiación limitada es la enseñanza calvinista más distorsionada. Es también la parte que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo

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Los 5 Puntos del Calvinismo: Elección Incondicional.

Escrito por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

INTRODUCCIÓN:
La elección incondicional es uno de los 5 puntos del calvinismo clásico. El autor calvinista John Piper define la elección incondicional de la siguiente manera:

“La elección incondicional es la elección libre de Dios antes de la creación, no en base a la fe prevista, otorgando fe y arrepentimiento a los traidores, perdonándolos, y adoptándolos en el seno de su familia eterna de gozo” (John Piper, 5 Razones para abrazar la elección Incondicional; publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Sandra Merino).

El concepto puedo sonar piadoso y hasta bíblico, pero está lejos de ser las buenas nuevas que presume ser. La denominada “elección incondicional” implica, en su aspecto positivo, que Dios escogió desde antes de la fundación del mundo, previendo el pecado del hombre, a una multitud incontable de personas para salvarlas, no porque vio que creerían o consideró algo bueno en ellas, sino que lo hizo en amor y misericordia, según Su voluntad para alabanza de la gloria de Su gracia. El aspecto negativo de la misma suele pasarse por alto, ya que establece que Dios, en su soberanía, ha determinado de antemano quienes serán condenados eternamente sin que puedan hacer algo para cambiarlo. La Confesión de Fe de Westminster (una declaración de fe calvinista) habla de este decreto eterno de Dios afirmando que:

III.- Por el decreto de Dios y para la manifestación de su gloria, algunos seres humanos y ángeles son predestinados y preordenados para vida eterna, y otros preordenados para muerte eterna.

IV.- Estos ángeles y también los seres humanos, así predestinados, y preordenados, están particular e inmutablemente designados, y su número es tan cierto y definido, que no se puede aumentar ni disminuir.

V.- A aquellos de la humanidad que están predestinados para vida, Dios, según su eterno e inmutable propósito, y el consejo secreto y beneplácito de su voluntad, los ha escogido en Cristo para gloria eterna, antes que fueran puestos los fundamentos del mundo, por su pura y libre gracia y amor, sin la previsión de la fe o buenas obras, o la perseverancia en ninguna de ellas, o de cualquier otra cosa que haya en las criaturas, como condiciones o causas que le muevan a ello, y todo para la alabanza de su gloriosa gracia.

VI.- Puesto que Dios ha designado a los elegidos para gloria, así también, por el eterno y más libre propósito de su voluntad, ha ordenado todos los medios para ello. Por lo tanto, los que son elegidos, estando caídos en Adán, son redimidos por Cristo, son eficazmente llamados a la fe en Cristo por su Espíritu que obra a su debido tiempo, son justificados, adoptados, santificados y por su poder son guardados para salvación por medio de la fe. Ni hay otros que sean redimidos por Cristo, eficazmente llamados, justificados, adoptados, santificados, y salvados, sino solamente los elegidos.

VII.- Al resto de la humanidad, agradó a Dios pasarla por alto y destinarla para deshonra e ira por su pecado, según el inescrutable consejo de su propia voluntad, por la cual extiende o retiene misericordia como a Él le place para la gloria de su poder soberano sobre las criaturas, para la alabanza de su gloriosa justicia.
(Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 3, Secciones I-VII)

¿Suena esto a buenas nuevas para los perdidos? ¡No lo creo! Los calvinistas, sin embargo, insisten que sí lo son. Y es que la elección incondicional es exigida por la visión distorsionada de la soberanía de Dios, que presenta el calvinismo.

LA LÓGICA DEMENTE DEL CALVINISMO:
De acuerdo con la teología calvinista cada pensamiento, palabra y acción es decretada por Dios, incluyendo todo pecado. Esta perspectiva es irracional y no bíblica, pero para el calvinista es una base importante de su creencia. Como bien lo afirmara cierto autor calvinista “el total énfasis en la soberanía de Jehová Dios Todopoderoso es la verdad y la belleza del Calvinismo” (David J. Engelsma, Hyper-Calvinism and the Call of the Gospel; Grandville, MI: Reformed Free Publishing Association, 1980, 133). Ciertamente, los calvinistas (en el peor y más amargo espíritu sectario) presumen de ser los únicos que entienden y defienden la soberanía de Dios. Otro escritor calvinista añade: “sólo el calvinismo… reconoce la soberanía absoluta de Dios” (Leonard J. Coppes, Are Five points Enough? the ten points of Calvinism; Denver CO: self-published, 1980, 15). Tal afirmación es falsa. Por el contrario, todos los cristianos creen que Dios es absolutamente soberano, pero muchos reconocen que la soberanía no es incompatible con la libertad de elección. Dios no es menos soberano porque Satanás y la humanidad se hayan rebelado y desobedecieran continuamente.

Los teólogos calvinistas declaran, sin aparente sentido de contradicción que “Dios… ha preordenado… incluso el pecado” (Edwin H. Palmer, the five points of calvinism (Grand Rapids, MI: Baker Books, enlarged ed., 20th prtg., 1999, 26). Pero el hecho es que el pecado es rebelión contra Dios, así que difícilmente podría ser por voluntad de Él. Sin embargo, los calvinistas insisten en que “Cada evento está preordenado porque Dios es omnisciente… por lo tanto de todo lo que Dios dice, ‘así debe ser…’ ¿No deberían colgar sus cabezas en vergüenza los que dicen que Dios no preordena el mal?” (Gordon H. Clark, predestination (Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 63–64). Dichos autores simplemente hacen eco de Calvino, quien dijo que Dios “prevé las cosas que deben suceder, simplemente porque él ha decretado que estás van a suceder…” Calvino razona que es “vano el debate sobre pre-conocimiento, porque está claro que todos los eventos toman lugar por el decreto soberano de Dios” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 6). Siguiendo a su líder, muchos calvinistas mantienen que si un solo evento puede ocurrir fuera de la soberanía de Dios, entonces no es totalmente soberano, y no podemos estar seguros de que se cumplirá su plan para las edades. ¿Cómo, entonces, pueden negar los calvinistas de hoy que el calvinismo enseña que Dios provoca el pecado? Esta teoría, como hemos visto, no se encuentra en las Escrituras, ni es razonable. Para ser libre de esta falsa creencia se necesita reconocer que existe una gran diferencia entre lo que Dios decreta y lo que permite, entre lo que Dios desea y lo que sus criaturas hacen en desobediencia a su voluntad y el rechazo de su amor. Eso, aparentemente, es imposible de entender para un calvinista.

Como arminianos, pero sobre todo como creyentes en la Palabra de Dios, afirmamos que Dios es omnisciente, y sabe todo antes que suceda, y por lo tanto, no puede suceder nada que Él no sepa. Sin embargo, para que nuestro Dios omnisciente lo sepa todo, claramente no es necesario que deba decretar y causarlo todo. El calvinismo, en contradicción con la Biblia y la razón, limita el pre-conocimiento, insistiendo en que Dios sabe solamente lo que él ha decretado; por lo tanto, para que Dios lo sepa todo, también debe ser el causante de todo, incluyendo de todos los males. Sin que los calvinistas parezcan incomodarse por ello, la doctrina de la elección incondicional presupone que, como Dios es creador de la maldad, también lo es de la elección. Todo debe ser hecho por Dios sin participación, y ni siquiera fe por parte del hombre. La posición calvinista sostiene erróneamente que “el negar el pre-conocimiento de Dios es negar su omnisciencia… Pero hay que ir más lejos: no sólo vio su ojo omnisciente a Adán comer del fruto prohibido, sino que él lo decretó antes que lo hiciera” (Arthur W. Pink, the Sovereignty of God; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 2nd prtg. 1986, 249).

En su afán por sostener ideologías religiosas humanas, los calvinistas olvidan que Dios está separado del universo. Él trasciende su creación, el tiempo y el espacio. Él observa desde fuera del tiempo; por lo tanto, su previo conocimiento del futuro deja al hombre libre para elegir. Para Dios no hay tiempo. Pasado, presente y futuro son significativos sólo al hombre como parte de su existencia temporal en este universo físico. El conocimiento de Dios de lo que para él es un eterno presente no tendría efecto sobre lo que es para el hombre todavía futuro. Calvino mismo aceptó este punto de vista sin darse cuenta de su impacto devastador en su propia negación de la capacidad del hombre para tomar decisiones genuinas: “Cuando atribuimos el pre-conocimiento a Dios, queremos decir… que para su conocimiento no existe pasado ni futuro, sino que todas las cosas están presentes y de hecho realmente las ve y contempla como un hecho que sucede bajo su inmediata inspección” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 5).

TORCIENDO LA PALABRA DE DIOS DESDE EL GÉNESIS:
La doctrina calvinista afrenta el carácter y la sabiduría de Dios. Pero eso no es todo, en su intento por sostener las doctrinas de herencia católica enseñadas por Calvino, el calvinismo tergiversa la palabra de Dios para que encaje en su sistema teológico. El calvinismo razona que Dios, habiendo predestinado desde la eternidad pasada que Adán y Eva comieran del árbol del conocimiento, ¡Les prohíbe comer de él y así Él puede castigarlos por hacer lo que él pre-ordeno y causó que hicieran! Luego, por la elección incondicional, salva a un número selecto de sus descendientes para mostrar su gracia. Ese escenario increíble es contrario al carácter mismo de un Dios Santo y justo que “no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie” (Santiago 1:13). Lejos de causar el pecado, Dios ni siquiera tienta al hombre a pecar. La palabra hebrea traducida como “tentar” es nacah y significa probar o demostrar, y no atraer al pecado. Cuando Dios pidió a Abraham que sacrificara a Isaac, Él no estaba tentando a Abraham para cometer un asesinato, sino que estaba probando la fe y la obediencia de Abraham. Al sugerir que cada pensamiento de Abraham, palabra y acción ya habían sido predestinados por Dios, hace que la “prueba” de fe de Abraham no tenga sentido. Lo mismo sería válido para los cientos de veces que Dios puso a prueba la fe y la obediencia de los individuos y las naciones en la Biblia. Pedro declara que la prueba de su fe es “mucho más valiosa que el oro” (1 Pedro 1:7). ¿Cómo puede hablar de “su fe” Si la fe es de Dios? Y ¿cómo puede haber cualquier “prueba” significativa de ella si el hombre no tiene voluntad y todo ha sido predeterminado por Dios desde la eternidad pasada?

Dios no provocó ni predestinó la caída del hombre. Es más, Dios le dio a Adán y a Eva el mandato más fácil posible. De los muchos árboles del huerto del Edén ellos podían comer de cualquiera o de todos ellos, excepto uno (Génesis 2:16 – 17). Este mandato fue una prueba necesaria de obediencia y de amor por su creador. Dios estaba probando, y no tentando a sus criaturas. Pero este concepto del hombre recibiendo advertencia para no tentar a Dios y las pruebas de obediencia y fe, no tienen sentido si todo ha sido preordenado eternamente por Dios. Esta doctrina hace una burla de los alegatos de Dios a través de sus profetas para que el hombre se arrepintiera, y hace redundante el mismo evangelio. ¿Por qué suplicarle, advertir, o predicar a aquellos cuya respuesta ha sido preordenada desde la eternidad pasada?

El calvinismo se contradice a sí mismo, pues si el hombre es incapaz de ir en contra del decreto divino y está predestinado a hacer lo que Dios ya preestableció desde la eternidad para él ¿Cómo puede el hombre aún ser responsable por sus actos pecaminosos? Si por su decreto eterno, Dios ha predestinado al hombre cada pensamiento, palabra y acción, incluyendo las atrocidades más horrendas cometidas por los peores criminales de todo el mundo ¿Cómo puede juzgar al hombre haciéndolo responsable de lo que él mismo lo obligó a hacer? La rebelión del hombre es sólo la interpretación de lo que Dios ha determinado sobre la voluntad del hombre y esto se debe cumplir. Así que, según el calvinismo, el hombre no es un rebelde sino una marioneta. ¿Cómo puede ser condenado como rebelión pecaminosa contra la voluntad de Dios aquello que Dios mismo preordenó y causó? ¿Cómo es posible que sea desobediencia el hacer la voluntad de Dios? ¿Cómo podría Dios quejarse cuando el hombre hace lo que él le predestinó a hacer? Y ¿cómo podría el hombre entonces ser justamente castigado por hacer lo que no tiene ninguna capacidad de no hacer? Tal doctrina difama el Dios de amor y la justicia que se revela a la humanidad en las escrituras. En defensa del verdadero carácter de Dios, John Wesley argumentó razonable y bíblicamente: “Dios no castigará a nadie por hacer algo que no pudo evitar; ni por algo que no podría omitir. Cada castigo supone que el agresor podría haber evitado el delito para el cual está siendo castigado. De lo contrario castigarlo sería palpablemente injusto e incompatible con el carácter de Dios” (Laurence M. Vance, the Other Side of Calvinism; Pensacola, FL: Vance Publications, rev. ed. 1999, 236).

Sorprendentemente, los calvinistas no ven la injusticia ni la contradicción en Dios pre-ordenando el pecado del hombre y luego castigándolo por lo que no pudo evitar hacer. Esta visión extrema de la soberanía y la predestinación se aplica a la salvación por la doctrina de la elección incondicional. Aunque la Biblia claramente enseña en varias ocasiones que la fe es la condición para la salvación, la elección incondicional del calvinismo ni siquiera permite fe para salvación. Dios simplemente decide salvar a algunos, llamados “los elegidos”, los regenera soberanamente y, solamente después de esto, les da fe para creer en Cristo mientras que maldice al resto de la humanidad por su eterno decreto. En otras palabras, el calvinismo coloca la regeneración antes del arrepentimiento y la fe en Cristo. Esto contradice la misma Biblia (Juan 1:12; Hechos 2:38; 3:18)

La perniciosa doctrina de la elección incondicional resta validez y sentido a las Escrituras. Por ejemplo, ¿Qué sentido tendría cumplir con la gran comisión si el número de los salvos ya está predeterminado por Dios y nada puede hacerse para cambiarlo? Sin embargo, las Escrituras y la conciencia imponen al hombre el deber de rescatar a todos los que sean posibles. Pero el calvinista insiste en que glorifica a Dios el rescatar sólo a un limitado grupo de elegidos caprichosamente. John MacArthur llama a los escogidos: “los elegidos de Dios para salvación” (John MacArthur, The MacArthur Study Bible; Nashville, TN: Word Publishing, 1997, 1939) y afirma que Dios escoge condenar al resto de forma arbitraria. Según la mentalidad calvinista, esto muestra lo maravilloso que es Dios por salvar al menos unos pocos, causando así a los elegidos estar sumamente agradecidos. Con esto el calvinista intenta escapar a la pregunta de ¿Por qué Dios, ¿quién es amor, salva a tan pocos? El calvinista se conforma con afirmar, mediocremente, que la verdadera maravilla es que Dios salvara a alguno; pero esta no es una buena respuesta en lo absoluto. Es más, difama el carácter de Dios quien no quiere “que ninguno se pierda, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Los Cánones de Dort establecen la parcialidad de Dios al afirmar lo siguiente “…Que Dios, en el tiempo, a algunos conceda el don de la fe y a otros no, procede de Su eterno decreto. Conocidas son a Dios desde el siglo todas sus obras, y: hace todas las cosas según el designio de su voluntad. Con arreglo a tal decreto ablanda, por pura gracia, el corazón de los predestinados, por obstinados que sean, y los inclina a creer; mientras que a aquellos que, según Su justo juicio, no son elegidos, los abandona a su maldad y obstinación…” (Cánones de Dort, 3:VI). Refiriéndose a esta declaración doctrinal del Sínodo de Dort el rey James de Inglaterra (cuyo legado es la Biblia King James en inglés), a pesar de que él no era Arminiano y mucho menos un “Santo”, expreso su repugnancia: “…Esta doctrina es tan horrible, que estoy convencido, que si hubiese un Consejo de espíritus inmundos reunidos en el infierno, y su príncipe fuera el diablo y se les pidiera su opinión sobre los medios más probables de agitar el odio de los hombres contra Dios su creador; nada podría ser inventado por ellos que fuera más eficaz para este propósito o que podría poner una mayor afrenta al amor de Dios para la humanidad que ese decreto infame del último Sínodo…” (King James I; in Jacobus Arminius, the Works of James Arminius, trans. James and William Nichols; Grand Rapids, MI: Baker Book House, 1986, 1:213).

Según la cosmovisión calvinista, Dios es un tirano cruel cuya antojadiza voluntad condena o salva a algunos por puro capricho. O peor aún, según la teología calvinista (ya sea que lo admitan o no), Dios finge ser bueno, misericordioso y justo mientras que, en realidad, es el autor de todo mal y desgracia que azota al universo por el creado. Un erudito calvinista admitió desvergonzadamente que “las dos tesis más inaceptables para el arminiano están en que Dios es la causa del pecado y que Dios es la causa de la salvación” (Gordon H. Clark, Predestination; Phillipsburg, PA: Presbyterian and Reformed Publishing Co., 1987, 185).

DESHONESTOS POR NECESIDAD:
A pesar de la erudición de la cual se jactan, los calvinistas necesitan tergiversar el significado básico de ciertas palabras para defender su postura. Por ejemplo, 1 Timoteo 1:15 nos dice: “…Este mensaje es digno de crédito y merece ser aceptado por todos: que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores…” (Nueva Biblia al Día). Como cualquier estudiante honesto reconocerá, 1 Timoteo 1:15 quiere decir que el deseo de Dios es que todos los pecadores sean salvos. Obviamente, tal afirmación bastaría para refutar la doctrina calvinista de la elección incondicional. De forma deshonesta y maliciosa, la palabra “pecadores” es redefinida por los calvinistas como queriendo indicar que Cristo vino sólo por “los elegidos entre los pecadores”, lo cual no se enseña implícita o explícitamente en el texto, ¿Qué necesidad hay de torcer así el texto bíblico? Si quisieran ser honestos y dejar todo sectarismo fanático, los calvinistas tendrían que reconocer que no hay nada en la Biblia, que sugiera que “los pecadores” habla de aquellos pecadores elegidos. Las palabras “pecador” y “pecadores” se encuentran casi setenta veces en la Biblia: “los hombres de Sodoma eran malvados y pecadores” (Génesis 13:13); “Pero la riqueza del pecador está reservada para el justo” (Proverbios 13:22); “he aquí, el hijo del hombre es entregado en manos de los pecadores” (Marcos 14:41); “Porque también los pecadores aman a los que los aman” (Lucas 6:32); “Nosotros sabemos que ese hombre es pecador” (Juan 9:24); “sabemos que Dios no oye a los pecadores” (Juan 9:31); “la ley no fue dada para el justo…sino para los transgresores y desobedientes” (1 Timoteo 1:9); “más este… es santo, inocente, sin mancha, separado de los pecadores” (Hebreos 7:24 – 26), etc.. No hay un solo lugar en la Biblia donde podría interpretarse la palabra “pecadores” como “los elegidos”. Pero cuando se habla de la salvación de los pecadores, o el amor de Dios por los pecadores, el calvinista insiste en que “los pecadores” significa los elegidos, como en las siguientes declaraciones: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento” (Mateo 9:13; Lucas 5:32), “este a los pecadores recibe” (Lucas 15:2); “en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8), y así sucesivamente. Estas redefiniciones deshonestas se requieren a lo largo de las Escrituras para apoyar el calvinismo. Por desgracia para los calvinistas, a lo largo del Nuevo Testamento, siempre se utiliza la misma palabra griega para “pecadores”. Así que no hay ninguna licencia para dar un significado diferente en algunos casos con el fin de rescatar al calvinismo de su ruina teológica. Claramente, el calvinismo se derrumbaría si la Biblia realmente indicara que Cristo vino a salvar a todos los pecadores sin discriminación alguna, en lugar de sólo algunos pecadores, o aún, los elegidos entre los pecadores.

El estudiante honesto de la Palabra de Dios reconoce que la Biblia usa el término “elegido” y “escogido” en una variedad de formas: para Israel (Isaías 45:4-6), Cristo (Isaías 42:1; Lucas 9:35), una dama (2 Juan 1), una iglesia (1 Pedro5:13) y los ángeles (1 Timoteo 5:21). Sin embargo, nunca, se utiliza esta palabra para indicar que hay un grupo selecto que ha sido predestinado para salvarse. Nunca. Ironside, maestro bíblico canadiense-estadounidense, predicador, teólogo, pastor y autor que pastoreó la Iglesia Moody en Chicago de 1929 a 1948, declaró: “En ninguna parte de la biblia las personas son predestinadas para ir al infierno, y en ninguna parte son simplemente elegidos para ir al cielo… predestinación siempre es hacia un algún lugar especial de bendición” (H. A. Ironside, in the Heavenlies, Addresses on Ephesians; Neptune, NJ: Loizeaux Brothers, 1937, 34).

El calvinismo es antibíblico en su definición de los “elegidos” como el grupo seleccionado a quien Dios desde la eternidad pasada, ha designado a la salvación. Es aún más antibíblico al afirmar que todos los demás están predestinados por Dios para la condenación eterna. ¿Cuál sería la consecuencia lógica de esto? Simple: El evangelio podría ser predicado día y noche a estos condenados y sin embargo sería en vano, porque son totalmente incapaces de creer. Dios supuestamente no tiene deseo alguno de abrir sus ojos cegados y darles la fe para creer. Lo hace solo para los elegidos (a través de la elección incondicional), aunque lo podría hacer para todos. Quizá suene ofensivo para un calvinista obcecado y testarudo, pero esta doctrina repugnante nunca fue, es o será enseñada en las Escrituras. Calvino admite: “Muchos… consideran incongruente que del gran cuerpo de la humanidad algunos debieran ser predestinados a la salvación y otros para destrucción” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxi, 1). También admite: “El decreto, lo admito, es terrible y sin embargo, es imposible negar que Dios supo con anterioridad el fin del hombre antes que fuese porque él lo creo, y supo con anterioridad, porque así lo había ordenado por su decreto” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 7). Si somos observadore notaremos que Calvino se ve obligado a mantener lo que admite como un decreto “terrible”. ¿Por qué? No por las Escrituras, sino por su insistencia antibíblica de que Dios solamente puede saber de antemano solo lo que decreta. De ese error, se deduce que, puesto que Dios sabe todo lo que sucederá, debe decretarlo todo para que pueda suceder, desde la caída de Adán hasta el destino final de miles de millones. Gracias a Dios que la Biblia dice lo contrario: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:16). Para el calvinista, más fiel a Calvino y a sus dogmas que a la palabra de Dios, “mundo” y “ todo aquel” deben cambiarse por “elegidos” para que el calvinismo pueda sostenerse.

¿QUÉ ENSEÑA LA BIBLIA Y LA RAZÓN?
De acuerdo con la Biblia la elección, o predestinación, es el resultado de pre-conocimiento de Dios (Romanos 8:29; 1 Pedro 1:2). Aquellos quienes Dios supo de antemano que creerían, los predestinó a bendiciones especiales, entre ellas la salvación del castigo del pecado (1 Corintios 2:9). Dios continuamente invita al hombre a venir a Él (Isaías 1:18). Razona con Israel, envía a sus profetas para advertir a su pueblo elegido y en varias ocasiones los castiga por sus malas obras (Deuteronomio 28: 20; Jeremías 9:13). Dios mismo afirma que envió a su Hijo a morir por los pecados del mundo, debido a su gran amor para toda la humanidad (Juan 3:17; 1 Juan 4:14). Sin embargo, Dios nunca declara en la Escritura la razón por la cual salva a un grupo selecto y condena a todos los demás. De seguro que una doctrina tan importante sería claramente explicada, en defensa del carácter de Dios, pero aun así no se menciona. Sólo podemos concluir que la elección incondicional no es más que una invención humana. De hecho, la conciencia del hombre dada por Dios y las Escrituras claman en protesta en contra de esta doctrina. Dios no actúa con parcialidad (Santiago 3:17). No hace acepción de personas (Hechos 10:34), y todos los hombres son igualmente dignos de condena e igualmente indignos de su gracia. Los calvinistas según su punto de vista admiten que los “elegidos,” al igual que toda la humanidad, eran una vez totalmente depravados, incurablemente en contra de Dios e incapaces de creer en el Evangelio, con ninguna cosa que merezca la gracia de Dios, igual que los “no elegidos”. Preguntémonos entonces ¿Por qué fueron estos seleccionados para la salvación y todos los demás a la condenación? No se puede encontrar ninguna razón en Dios o en el hombre, ni en cualquier lugar en las Escrituras. No hay escapatoria a la inquietante pregunta: ¿Por qué el Dios de Calvino escogió salvar a tan pocos cuando podría haber salvado a todos? Al no poder presentar excusa alguna, los calvinistas admiten: “¿por qué unos hombres son puestos para vida eterna y otros dejados a la destrucción eterna? …Por el beneplácito de su voluntad” (James R. White, The Potter’s Freedom; Amityville, NY: Calvary Press Publishing, 2000, 177). Así que, para un calvinista, la bondad de Dios es la causa de salvar a tan pocos y condenar a muchos. ¿Es esto lógico? Lo dudo. Como arminianos estamos horrorizados por este concepto, y nos sentimos ofendidos en nombre de nuestro Dios.

Bíblicamente hablando, no hay duda de que Dios tiene el derecho de salvar a quien quiera y nadie puede reclamar. Todos somos merecedores del castigo eterno requerido por la santidad de Dios en contra del pecado. Pero el punto es que varias veces se nos dice en la Biblia que Dios es amor y que Él es misericordioso con todos, exactamente lo que esperaríamos de Él debido a su mandato a nosotros de amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos y hacer el bien a todos. De seguro que no esperaríamos del “padre de misericordias” y Dios de toda consolación (2 Corintios 1:3) retener su misericordia de cualquiera que tan desesperadamente lo necesita, mucho menos que halle placer en hacerlo. Calvino se esconde detrás de la autoridad del sacerdote católico Agustín para justificar esta contradicción, pero en su esfuerzo, se queda corto. Calvino afirma con total crueldad: “Dios ordena todas las cosas por su soberano consejo, de tal manera que las personas que nacen, que están condenados desde el vientre a una muerte segura, deben glorificarle por su destrucción. Si tu mente está preocupada, no niegues aceptar al Consejo de Agustín” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 5, 6). Con insoportable crueldad, Calvino también afirma: “No dudaré en.… confesar con Agustín que la voluntad de Dios es necesidad… [y] que la destrucción como consecuencia de la predestinación es también más justa… El primer hombre cayó porque el Señor consideró bien que debería… porque él vio que así se mostraría su propia gloria” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9)

Quizá un calvinista enceguecido por sus razonamientos se niegue a reconocerlo, pero el que Dios imponga “la necesidad de pecar” sobre el hombre, y después lo condene por pecar, no puede llamarse “justo” por ninguna maniobra de semántica. Sin embargo, esto es exactamente lo que enseñó y defendió Calvino: “El réprobo (predestinado a la condenación), excusaría sus pecados… porque una necesidad de esta naturaleza se coloca sobre ellos por la ordenación de Dios. Negamos que puedan ser debidamente excusados… todos los males que llevan son impuestos por el justo juicio de Dios” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 11). La crueldad que Calvino atribuye a Dios es atroz. Seguramente, como argumenta Wesley, castigar por no hacer lo que es imposible hacer o por haber hecho lo que solo podía hacer, es lo contrario a la justicia. Si eso no fuera suficiente malo, que Dios predestine al hombre al pecado para tener a quien juzgar, es aborrecible incluso para los impíos. Esto es ofensivo para la conciencia que Dios ha dado a toda la humanidad. Calvino atribuye el mal a Dios y luego lo llama justo simplemente porque “todo lo que Él quiere debe sujetarse a ser justo” (John Calvin, Institutes of the Christian Religion, trans. Henry Beveridge, Grand Rapids, MI: Wm. B. Eerdmans Publishing Company, 1998 ed. III: xxiii, 8, 9). La Escritura nos dice lo contrario. Dios manda a todos los hombres que se arrepientan, el clama a la humanidad para hacerlo y está dispuesto a perdonar y promete la salvación a todos los que creen en Cristo.

LO DICE LA BIBLIA, NO ARMINIO:
Los siguientes pasajes, en el cual aboga Dios por la humanidad, para aceptar la salvación que Él ofrece en Cristo, son sólo unos pocos entre las muchas Escrituras similares que refutan la elección incondicional del calvinismo:

• “Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar”. (Isaías 55:7)

• “Y me buscareis y me hallareis, porque me buscareis de todo corazón”. (Jeremías 29:13)

• “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé un hombre prudente, que edifico su casa sobre la roca”. (Mateo 7:24)

• “Venid a mi todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os hare descansar”. (Mateo 11:28)

• “Si alguno tiene sed, venga a mí y beba”. (Juan 7:37)

• “Y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente”. (Apocalipsis 22:17)

Cada uno de los anteriores versículos claramente incluyen dos hechos que refutan la elección incondicional:

1. El mandato y la invitación se ofrecen a todos, y no sólo a un grupo selecto. Las palabras “perverso” e “injusto” y “cualquiera” y “todo” dicen claramente lo que dicen y no pueden ser convertidos en “elegidos.”
2. Hay condiciones que deben cumplirse. Hay un mandato y una invitación a cumplir con ciertos requisitos: “abandonar” el pecado, y buscar a Dios con todo el corazón, y “escuchar y hacer” lo que Cristo manda, “venir” a él y “tomar y beber” el agua de la vida que Cristo da. La elección no es incondicional.

CONCLUSIÓN:
• El calvinismo jamás podrá explicar cómo Dios, quien es amor, podría tomar placer en maldecir a miles de millones que podrían ser salvos, si así lo deseara. Esta es la gran pregunta que la misma conciencia que Dios ha implantado en todos y la humanidad encuentra tan preocupante, pero que Calvino se negó o no pudo tratar.

• Bíblicamente, la soberanía de Dios se ejerce solamente en perfecta unidad con su carácter total. No es un soberano despótico. Su soberanía se aplica en armonía con su amor, gracia, misericordia, bondad, justicia y verdad, pero Calvino no tiene casi nada que decir sobre estos atributos, porque estos no se pueden conciliar con su teoría.

• Los calvinistas declaran que las razones de la condenación de los no elegidos es un misterio, pero declarar “misterio” y exaltar la ignorancia son contrarios a la palabra de Dios, que nos dice que debemos “estad siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en vosotros” (1 Pedro 3:15). Sin embargo, Calvino dijo que estaba mal el buscar una razón.

• Según la doctrina de la elección incondicional, tanto la fe para creer y la salvación para recibir es impuesta a los elegidos, por la soberanía de Dios, anulando totalmente su presunta incapacidad humana para elegir y el rechazo de su voluntad depravada del Evangelio. El calvinista objeta la frase “les impone” e insiste en que Dios simplemente extrajo de los electos la resistencia natural al Evangelio. Sin embargo, cualquier retiro del presunto rechazo natural tendría que cambiar el deseo de un pecador rebelde. Un destacado calvinista admite: “Aun me obliga a mí, quien realmente no ama a Jesús, amarlo y creer en Él” (Palmer, Five Points, 21). Por el contrario, la biblia y la razón enseñan que nadie puede ser obligado a querer o aceptar un regalo, mucho menos cambiar su mente sin la voluntad para hacerlo. Esa voluntad debe provenir del corazón; no se puede crear de la nada. Nadie puede ser forzado a cambiar de parecer. No importa cómo traten de explicar la elección incondicional, el calvinista no puede escapar un hecho reconocido por toda la humanidad: que cualquier cambio significativo de actitud o creencia del ser humano, debe ser por consentimiento y razones que acepta voluntariamente. Pero según el calvinismo ese hecho del sentido común socava la soberanía de Dios. Pero, al contrario, es un hecho y refuta el calvinismo.

• El calvinista afirma que, según Efesios 2:8 -10, la fe le es concedida al hombre como un regalo. Sin embargo, la construcción griega, exige que la salvación, y no la fe, es el regalo de Dios. Por otra parte, incluso si la fe fuera el regalo, tendría que ser recibido, un acto en sí mismo que requiere la fe y el ejercicio de la voluntad. La fe salvadora es un elemento absolutamente esencial en cualquier relación y transacción entre el hombre y Dios, como lo declaran muchas Escrituras inequívocamente: “es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay” (Hebreos 11:6). Jesús dijo, “conforme a vuestra fe os sea hecho” (Mateo 9:29). Ya hemos señalado esto, pero vale la pena repetir. La expresión “vuestra fe” se encuentra veinticuatro veces: “vuestra fe se divulga…” (Romanos 1:8); “si Cristo no ha resucitado, vana es vuestra fe… (1 Corintios 15:17), etc. “Tu fe” se encuentra once veces: “tu fe te ha hecho salva…” (Marcos 5:34; Lucas 8:48); “la participación de tu fe…” (Filemón 6). “Su fe” se encuentra dos veces: “su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5) y “su fe” tres veces: “Jesús vio su fe” (Marcos 2:5). Estas son expresiones extrañas si nadie puede tener fe a menos que Dios soberanamente lo regenere, y luego le da una fe que no es suya sino totalmente de Dios. Tales enseñanzas claramente no son bíblicas. La Escritura repetidamente presenta a Dios apelando a la razón del hombre, conciencia y voluntad para convencerlo de arrepentirse y creer. Toda la historia de Dios tratando con el hombre — pasado, presente y futuro, como se revela en las Escrituras. Sería una farsa sin sentido si la elección incondicional fuese verdad. Y así es con todos los 5 puntos del calvinismo.

• Algunos, como Juan Calvino, sin reparo dicen que Dios no quiere que todo el mundo sea salvo, de hecho, afirman que esa es su “buena voluntad” condenar a muchos. Otros, al darse cuenta de lo repulsivo que es esta idea a cualquiera que tenga un sentido normal de misericordia y bondad, llaman a esto “Ultra-Calvinismo” e intentan encontrar otras explicaciones por las que Dios no elige irresistiblemente a todo el mundo. La necesidad de superar las objeciones de los no calvinistas a la insensibilidad aparente de Dios (en predestinar multitudes al tormento eterno antes de que nacieran) ha sido la madre de la invención de un número de intentos y racionalizaciones. Algunos intentan escapar del desastre moral simplemente diciendo que la respuesta está escondida en el secreto de la voluntad de Dios, esto es esquivar. Otros, si bien reconocen la contradicción monstruosa, insisten en que lo que nos parece aborrecible a nosotros, no lo es para Dios, que nosotros no podemos imponer nuestros estándares sobre él. Sin embargo, ese argumento, es demolido por el hecho de que Dios ha escrito sus estándares en cada conciencia y razona con la humanidad sobre esa base (Isaías 1:10 – 20).

• El arminianismo, en concordancia con la Biblia, enseña que aquellos que reciben a Cristo no tienen nada de que gloriarse sino en Cristo solamente quién pagó la pena por sus pecados. Y aquellos que sufren la pena por sus pecados (y sólo ellos) son culpables de haber rechazado obstinadamente la salvación de Dios provista y libremente ofrecida como un regalo de su amor. Tal es la enseñanza clara de las Escrituras desde Génesis hasta Apocalipsis. Pero para hacer frente a ese hecho, el calvinista tendría que abandonar los dogmas a los que ha dedicado su vida y su reputación. Muchos lo han hecho y han sido liberados de las erróneas enseñanzas del TULIP.