LEGALISMO Y TENDENCIAS JUDAIZANTES

Judaizantes en el pentecostalismo de hoy.

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Los cristianos evangélicos, y sobre todo los pentecostales, amamos al pueblo judío y oramos por la paz de Jerusalén y la salvación de la nación de Israel. Sin embargo, Israel no es ni debería ser nuestro ídolo. Es un error suponer que todas las decisiones políticas del actual Estado de Israel sean correctas. Eso es cegarnos a la realidad de que los judíos también son seres humanos caídos, que cometen errores y están muertos espiritualmente en tanto no reconozcan a Jesús como su Salvador. En algunas iglesias, sin embargo, se oye a pastores y laicos afirmar que todos los judíos serán salvos por el simple hecho de ser judíos y pertenecer al linaje escogido. No adoro ni venero de forma enfermiza o fanática a la nación de Israel. Yo adoro al Dios de Israel y he depositado mi fe en Jesucristo, el Hijo de Dios, el Mesías judío. Tampoco sueño con ser judío ni busco en las genealogías cualquier herencia sefardí basada en mi apellido (como se ha puesto de moda en muchos círculos evangélicos latinoamericanos que desearían ser más judíos que los fariseos), no me interesa tener vínculos de sangre con Israel o practicar costumbres judías como es el sueño de muchos. Bendigo a Israel y lo amo, punto. Me siento orgulloso de ser un gentil pues, al igual que los apóstoles Pedro y Pablo “…Comprendo que Dios no hace acepción de personas, sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia…” (Hechos 10:34-35; Romanos 2:11; Gálatas 2:6; Efesios 6:9).

¡CUIDADO! PELIGRO A LA VISTA…

Lamentablemente una tendencia judaizante y de veneración hacia Israel, sus costumbres y símbolos, se ha infiltrado en muchas iglesias, principalmente neo pentecostales e insanas doctrinal y litúrgicamente. Está comprobado que en ciertas congregaciones auto definidas como ‘iglesia cristiana evangélica’, o que confiesan serlo, pero se identifican con nombres alusivos al Antiguo Testamento, se ocupan más de Israel y de la cultura judía que del Señor Jesucristo y Su Evangelio. Pero, ¿Por qué lo hacen? Causa sorpresa que, al entrar a muchas congregaciones evangélicas, lo primero que ves son textos mencionando a Israel, escritos hebraicos y símbolos religiosos judíos. ¿Qué relación existe entre los decorados de muchas iglesias y el culto y la liturgia cristiana? Por si eso no fuera suficiente, en muchas iglesias evangélicas sobresalen más los niños del ‘ballet cristiano’ ataviados como judíos y danzando al son de la típica música israelí que la presencia misma del Espíritu Santo o la búsqueda sincera de Dios. El espectáculo resulta a la vez tanto atractivo como conmovedor. Niños y jóvenes, principalmente señoritas, pasan mucho tiempo ensayando para brindar a la congregación un tremendo espectáculo al mejor estilo judío. En tales congregaciones abundan los mensajes basados en el Antiguo Testamento sobre el ofrendar a Dios y su complacencia con nuestros diezmos y ofrendas. Es decir, con dinero. No faltan los llamados a ‘pactar con Dios’ y se menciona con frecuencia el pacto de Dios con Abraham con el que ese varón fue grandemente enriquecido con todo tipo de bienes. Cada vez que alguien se levanta para recibir el sobre del ‘pacto’, la congregación prorrumpe en aplausos y el oficiante alaba la humildad y valentía del ‘siervo’ o ‘sierva’ que ‘pacta’ con Dios. Al finalizar tales demostraciones se amonesta a los remisos, reiterándoles que Dios castiga con pobreza material al que le roba.

Muchos de los líderes de tales congregaciones creen sinceramente lo que predican. Otros, a los que por razones obvios prefiero llamar “apostolobos”, se aprovechan descaradamente de esa pobre gente que no tiene argumentos necesarios para enfrentar a esos líderes; gente sencilla que obedece mansamente por temor a perder su salvación; que carecen de enseñanza bíblica sólida para ver la diferencia entre Evangelio y el error. Tales aberraciones han mal parido la denominada Teología de la Prosperidad, combinando de forma irracional y absurda pasajes del Antiguo y del Nuevo Testamento. Esto está produciendo congregaciones híbridas, fenómenos anormales que ni son iglesia ni sinagoga. Y yo me pregunto: ¿Por qué se está regresando al Antiguo Testamento en tantas iglesias cristianas? ¿Qué pasó con el Mensaje de la Gracia que se predicaba desde el púlpito? ¿Dónde quedaron las enseñanzas de Jesús y los apóstoles sobre no volver atrás? ¿Qué es lo que predicamos hoy? Con el ánimo de contribuir a despejar dudas y confusiones causadas involuntaria o voluntariamente, analicemos qué nos dice la Palabra de Dios sobre esta moda abrazada por muchos cristianos que se vuelcan a las tradiciones judías y a teologías defectuosas (o debería decir herejías).

MANIFESTACIONES DE LA HEREJÍA JUDAIZANTE EN LAS IGLESIAS MODERNAS.

Pero la tentación de judaizar, de pervertir el Evangelio adoptando interpretaciones judías que no proceden de la Biblia sino de tradiciones humanas, no es nueva. Ciertamente, hoy podemos hallar manifestaciones de semejante conducta en aquellos cristianos que se empeñan en colocarse una kipá argumentando su origen judío, cuando lo cierto es que la costumbre era desconocida en la época de Jesús y sólo tiene unos siglos; en los que leen la Biblia desde una perspectiva talmúdica y no neotestamentaria, en los que insisten en usar sólo nombres hebreos para referirse a Jesús o demás personajes bíblicos, o en los que abogan por libros que pervierten el texto del Nuevo Testamento como es el caso del llamado Código Real, una versión del Nuevo Testamento que se presenta como traducción realizada de los manuscritos hebreos y arameos más antiguos a la luz del pensamiento hebraico del primer siglo. La obra tiene la pretensión de poner al alcance de los lectores el texto verdadero del Nuevo Testamento, pero en realidad es una verdadera estafa científica, intelectual y espiritual que sirve de cobertura para algunas de las herejías más destructivas. La inclusión de lenguaje y terminología hebrea, el uso de talits o mantos de oración, los cánticos en hebreo, la danza hebrea, el uso del shofar, la estrella de David, la menorah (candelero de 7 brazos), banderas de Israel adornando permanentemente los templos cristianos, etc., son otros ejemplos claros de la introducción de estas modas heréticas en muchas iglesias evangélicas. Sin embargo, esa moda (herejía más bien) no es nueva. La tendencia a judaizar la fe cristiana proviene de tiempos bíblicos cuando los judaizantes pretendieron introducir en la congregación cristiana rituales y costumbres judías como la circuncisión, las regulaciones dietéticas, la observancia de días sagradas y muchos otros elementos. El judío Pablo ya tuvo que enfrentarse con ella en el siglo I en pleno proceso de expansión del cristianismo. El apóstol Pablo defendió a la naciente iglesia gentil de ese peligro espiritual a través de su carta a los gálatas.

Lamentablemente, el problema de la Iglesia de Galacia ha resurgido en estos postreros días con un sin número de “creyentes” que sutilmente están introduciendo la doctrina de que el pueblo de Dios ha perdido sus “raíces hebreas”; y que es necesario retornar a esas raíces. Esta invasión, no procede en su mayoría de judíos convertidos al cristianismo; sino más bien, de gentiles cristianos que se ponen a estudiar esas raíces hebreas y las quieren traer a las Iglesias. Pablo usa un fuerte calificativo para los tales: “insensatos” (Gálatas 3:1). Estas iglesias judaizadas piensan que son más espirituales por cantar en hebreo o arameo, usar vestimentas judías, hacer sonar los shofares o incluir danza hebrea en sus servicios. Otros llegan incluso a abstenerte de ciertos alimentos y guardar el día de reposo judío. Con ello pretenden volver a las “raíces hebreas” del cristianismo y “liberarse” de la mentalidad “grecorromana” y gentil que, según ellos, tanto mal le hace a la iglesia. Pareciera que no han leído estas palabras: “…Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo es de Cristo…” (Colosenses 2:16-17).

Nuestro Señor Jesucristo se opone firmemente a dichas tendencias judaizantes. En Apocalipsis 3:9 Jesús aseguró a los gentiles que le seguían según las decisiones del Concilio de Jerusalén (el cual se opuso a los planes de judaizar la iglesia), que ellos hacían lo correcto y que serían final y públicamente aprobados por Él: “…He aquí, yo entrego de la sinagoga de Satanás a los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; he aquí, yo haré que vengan y se postren a tus pies, y reconozcan que yo te he amado…” (Apocalipsis 3:9).

¿Por qué no vale la pena convertir la iglesia en una imitación de la cultura judía? En primer lugar porque DIOS NO NOS HA LLAMADO A SER JUDÍOS NI ESPERA QUE LA IGLESIA LO SEA (Gálatas 2:11-19; 3:28-29). Dios desea la formación de iglesias autóctonas en cada tribu, lengua, pueblo y nación que lo alaben según su propia cultura (Apocalipsis 7:9). En la dispensación de la Gracia, ser judío o no serlo es irrelevante para la salvación (Isaías 42:6; 49:6; Oseas 2:23, Hechos 13:47; Romanos 9:23-33).

Tras la glorificación de Jesucristo, llegó el Espíritu Santo tal como Él había prometido y empoderó a los que creyeron convirtiéndolos en testigos de Su Persona y Obra Redentora; y lo sigue haciendo aun hoy (Hechos 1-3). Los discípulos, que poco antes se preocupaban por la manifestación terrenal del Reino prometido a David (Hechos 1:6-9 3), fueron sacudidos en su condición humana viviendo el derramamiento pentecostal y siendo partícipes del evento más trascendental después de que la cruz del Gólgota y el sepulcro de José de Arimatea quedaran vacíos. Los apóstoles y con ellos los más de tres mil nuevos creyentes fueron testigos del nacimiento de la nación prometida a Abraham y que Jesús anunció a Pedro que habría de edificar: Su iglesia (Mateo 16:16-18 4). En ese solo día de Pentecostés se cumplieron la profecía de Isaías y la promesa de Jesús (Isaías 66:8). Los primeros meses de la comunidad de fe fueron causa de admiración entre los judíos. Pero, poco más tarde, el celo de los líderes judíos pudo más y originó la cruel persecución a los primeros cristianos. Es lo que se lee en los primeros diez capítulos del libro de los Hechos. A partir del capítulo 11, después que el Evangelio fuera predicado en Jerusalén, Judea y Samaria se nos revela el carácter inclusivo de la iglesia. A diferencia del judaísmo que los excluye el Evangelio de Jesucristo incluye a los gentiles. Este hecho glorioso de la misericordia de Dios fue acompañado, sin embargo, por el esfuerzo ininterrumpido de parte de los judíos para introducir conceptos propios de su religión en la doctrina cristiana. Por un lado, no cabían en su asombro de que el Espíritu Santo pudiese operar en los que ellos consideraban impuros; por el otro, se conjuraron para hacerlos volver a la religión ancestral, o eliminarlos definitivamente como hicieron con los primeros mártires cristianos. Por eso el apóstol Pablo, judío de pedigrí si los hubo y habrá, se ocupó en explicar con todo denuedo a los nuevos creyentes; les enseñó que todas las cosas pertenecientes a la ley judía y su liturgia eran la sombra de Cristo y que, con la llegada del Hijo de Dios a la tierra, aquellas y las tradiciones judías ya eran cosas del pasado (Hebreos 8:5; 9:23,24; 10:1; Colosenses 2:8, 17,18, 20; 2 Corintios 5:17; Gálatas 4:3,9). ¿Por qué muchos evangélicos hoy en día quieren revivir lo que ya está muerto y ha sido anulado bajo el nuevo Pacto? Si eres judío y esa es tu cultura, lo entiendo y lo acepto. Hazlo. Pero si eres gentil y solo quieres judaizar imitando lo judío, no solo es medio ridículo lo que haces, sino que quizá debas tener cuidado, no sea que introduzcas fuego extraño en la adoración a nuestro Dios. El Dios verdadero no es un dios tribal judío, sino el Dios de toda la tierra y de todas las naciones (Salmo 24:1).

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