Sin lugar a duda, la expiación limitada es la parte de la doctrina calvinista que más flagrantemente niega las Escrituras y la magnitud del amor de Dios. Lamentablemente pocos calvinistas están dispuestos a admitirlo.
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Razones para repudiar la creencia en una expiación limitada
Según el calvinismo, no todos los hombres son salvos porque Dios no quiere que lo sean y ha predestinado a multitudes a sufrir eternamente. Sin embargo, según la Biblia, no todos son salvos, porque ellos (los perdidos) se niegan a creer en Cristo. Pablo escribe que la salvación viene a todos los que creen “por cuanto todos pecaron" (Romanos 3:22-23). Por cierto, el "todos pecaron" significa toda la humanidad. Así también el "todos los que creen" debe significar que toda la humanidad puede creer en Cristo y ser salvos si así lo quieren hacer.
La Biblia niega la doctrina de la gracia irresistible
El calvinismo afirma que la gracia salvadora no admite condiciones por parte del hombre redimido, y no es opcional recibirla. ¿Por qué? Porque creen que cuando Dios obra en el creyente este es sellado con el Espíritu Santo y convertido en nueva criatura aún antes de creer (2 Corintios 5:17). Por lo tanto, lo único que podrá hacer es amar a Dios porque este le amó primero (1 Juan 4:19) y lo predestinó para ser salvo y amarle. En este sentido, la gracia irresistible implica la imposición de la salvación sobre el pecador sin tomar en cuanta su deseo o decisión personal.
Analogías defectuosas y falacias argumentativas usadas en defensa de la doctrina «Salvo, siempre salvo»
En vista de la enseñanza bíblica de que la seguridad del creyente depende de una relación viviente con Cristo (Juan 15:6); en vista del llamado bíblico a una vida de santidad (Hebreos 12:14; 1 Pedro 1:16); en vista de la clara enseñanza de que a la persona se le puede quitar su parte del Libro de la Vida (Apocalipsis 22:19); y en vista del hecho de que una persona que cree por un tiempo puede volver a caer (Lucas 8:13); la lógica y la lealtad a la Palabra de Dios nos llevan a rechazar la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos y su variante moderna, la doctrina del “Una vez salvo, siempre salvo”.
¿Enseña la Biblia que la salvación se pierde?
Muchos textos bíblicos muestran que los que han obtenido la salvación tienen que seguir siendo fieles hasta el final (Mateo 24:13; Hebreos 10:36; 12:2, 3; Apocalipsis 2:10). ¿Sería razonable que la Biblia le diera tanta importancia a mantenerse fieles si los que no lo hicieran se fueran a salvar igualmente? Es más, el apóstol Pablo (a cuyos escritos muchos calvinistas acuden en defensa de sus doctrinas) no pensó jamás que tenía la salvación asegurada por algún tipo de decreto divino. Ciertamente, él no creía en la doctrina calvinista de la perseverancia de los santos.
¿De quién depende mi salvación?
Por años los calvinistas han acusado a los arminianos de promover una forma de salvación basada en obras o enfocada en la propia habilidad del hombre para salvarse a sí mismo. Dicha crítica, muy común en círculos calvinistas, es tanto falsa como maliciosa, y nace de la falta de la ignorancia y falta de comprensión que los calvinistas tienen de nuestras doctrinas. Tal caricaturización del arminianismo busca convencer a los indecisos teológicamente que nosotros, los arminianos, no podemos experimentar la seguridad de nuestra salvación, ya que no puede haber seguridad si la causa última de nuestra redención se encuentra en nosotros mismos. El calvinista cree que la doctrina arminiana destruye el fundamento bíblico de la seguridad de la salvación. ¿Por qué? Porque ellos afirman erróneamente que nosotros los arminianos creemos que nuestra salvación no depende de lo que Cristo hizo por nosotros, sino de lo que posteriormente nosotros hacemos por nosotros mismos. Esto es falso. Los arminianos no creemos tal cosa. Tales afirmaciones representan solo uno de los muchos puntos en los cuales los calvinistas tergiversan la teología arminiana.
Una Iglesia dividida y en confrontación
¿Cómo es posible que tanto los calvinistas como los arminianos puedan leer la misma Biblia y llegar a conclusiones tan diferentes? ¿Cómo es posible que un premilenialista y un amilenialista puedan ambos leer el libro de Apocalipsis y llegar a conclusiones completamente diferentes sobre lo que dicho libro enseña? ¿Cómo es posible que un cristiano carismático y otro no carismático puedan leer juntos el libro de los Hechos o las listas de los dones del Espíritu y aún estar en desacuerdo sobre lo que está vigente en nuestros días y lo que no?
¿Van al cielo todos los bebés que mueren?
¿Cuál es el destino eterno de aquellos bebés que fueron abortados y nunca llegaron a nacer? ¿Qué ocurre con esos niños que mueren en su infancia? ¿Podrían algunos de ellos estar entre los perdidos y reprobados? ¿Qué hay de quienes, debido a una discapacidad cerebral o alguna otra limitación de sus facultades mentales, no tienen capacidad de discernimiento moral, deliberación o voluntad y mueren? ¿Van todos al cielo, o es que algunos de ellos estarán entre los condenados? Estas preguntas van más allá de ser una cuestión teórica diseñada para la especulación, pues toca una de las experiencias más inquietantes de la vida, emocional y espiritualmente hablando: la pérdida de un niño o de una persona discapacitada mentalmente.
Pecador sin mérito, ¡Pero salvo por gracia!
La salvación nunca ha sido ni será cuestión de buenas obras. Si así fuera nadie se salvaría, pues somos incapaces de algo bueno sin la asistencia de la gracia. Cómo Isaías, nosotros también afirmamos: "¿Cómo podremos ser salvos? Todos somos como gente impura; todos nuestros actos de justicia son como trapos de inmundicia. Todos nos marchitamos como hojas; nuestras iniquidades nos arrastran como el viento. Nadie invoca tu nombre, ni se esfuerza por aferrarse a ti." (Isaías 64:5-7, NVI). Pero ¡Bendito sea Dios que, por su infinita y sublime gracia, nos redimió del pecado y de la muerte, cambiando nuestra naturaleza y haciéndonos sus hijos! No hay obra humana que le robe a Dios la gloria por esto. Todo lo ha hecho Él por amor y para su gloria.
¡Necesitamos más predicación teológica!
Uno de los mayores problemas de la predicación evangélica contemporánea es que las predicaciones cristianas muchas veces no son verdaderamente cristianas. Son morales en el mejor de los casos, herejías en la mayoría. El evangelio de la prosperidad es solo la punta del iceberg. Pocos predicadores estarán dispuestos a admitirlo, pero muchas de las predicaciones no apuntan a Cristo, no revelan a Cristo, no hablan de Cristo o de su obra, de sus promesas o de cómo ser como Él. Cuando solo predicamos que no debemos mentir, que no debemos robar, o que debemos amar a nuestra esposa, aun cuando son principios útiles y hasta tradicionalmente cristianos, no son exclusivamente bíblicos. Los mormones, testigos de Jehová, y budistas enseñan y se adhieren a esos principios también. Las predicaciones moralistas son, en última instancia, una falta de respeto a la Biblia y a su autor, pues no estamos extrayendo de ella los grandes tesoros de conocimiento que contiene. Muchos predicadores "evangélicos" incluso han reducido el mensaje del Evangelio a una prédica legalista en la cual lo único que importa es que las mujeres no usen pantalones, se cubran el cuerpo lo más posible, no usen maquillaje, ni se corten el cabello. Pero ¿Es esto el Evangelio? ¿Por tan poca cosa vino a morir el Señor?