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¿Volver a las sendas antiguas? Sí, pero ¿cuáles?

Los tiempos cambian, la Palabra de Dios, el Evangelio, permanece para siempre. El problema es que algunos llaman Evangelio a lo que no es Evangelio, sino tradición, cultura y costumbre. Cuando las nuevas generaciones abandonan tales tradiciones, cambien sus costumbres y los cambios sociales modifican la cultura, la vieja guardia evangélica tiende a alarmarse, creyendo que lo que ha ocurrido es un acto de infidelidad o apostasía por parte de las nuevas generaciones.

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Tratemos al legalismo como lo hizo Jesús ¡Arranquémoslo de raíz!

El pentecostalismo enfrenta muchas amenazas, tanto internas como externas. Por fuera, el liberalismo teológico, la posmodernismo y su influencia sobre las nuevas generaciones, el ataque del sector neo-puritano con su distorsión de la teología reformada y su desprecio por el movimiento pentecostal, etc. Desde adentro, la amenaza neopentecostal que devora nuestras iglesias, la apatía hacia el conocimiento y la anti-intelectualidad de muchos grupos, y, claro, el viejo legalismo que, como un parásito, se enquistó en el movimiento pentecostal desde sus inicios, legalismo que, en muchos sentidos, lanza por la ventana las almas hambrientas de Dios que con entusiasmo entraron por las puertas de nuestras iglesias.

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Reflexiones sobre el legalismo: Seis verdades incómodas

¿Por qué son conocidas nuestras iglesias pentecostales? ¿Por el mover del Espíritu? ¿Por la abundancia de carismas y la sana predicación de la Palabra? ¡Así lo quiera Dios! Tristemente, muchas de nuestras iglesias suelen ser reconocidas no tanto por la libertad del Espíritu o la predicación liberadora de la gracia de Dios, sino por lo opuesto: La esclavitud del legalismo. Si bien el cristianismo promueve un elevado estándar moral (Mt. 5:20), dicho estándar jamás debería degenerar en legalismo. En el cristianismo la santidad debe ser predicada sí o sí, pero sin olvidar que la santidad es un resultado no una causa. Podemos ser santos porque hemos sido salvados. La salvación viene primero, el buen comportamiento después. Y ese comportamiento no es meritorio. Ningún comportamiento, por bueno que sea, logrará que merezcas el favor de Dios. Es por gracia de principio a fin (1 Cor. 1:30-31; 4:7). El legalismo, en su absurdo intento por alcanzar una justicia propia, yerra el blanco y traiciona los principios más elementales del Evangelio.

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Navidad, Bautismo, Santa Cena y Diezmo | ¿Qué tienen en común?

Si vas a celebrar la Navidad, y si vas a colocar un árbol navideño como adorno de temporada, hazlo en paz y limpia conciencia. Al parecer, a Dios le importa menos que a algunos «cristianos» si usas o no ciertos símbolos o celebras ciertas fiestas. Él mismo tomó prestados en su Palabra algunos símbolos de pueblos extrabíblicos. Los cristianos que hoy, por ignorancia de la historia o de lo que sea, califican de paganos a sus hermanos que celebran la Navidad, harían bien en considerar que, en tal caso, no sólo deberían rechazar la Navidad, sino muchos otros ritos y creencias del cristianismo bíblico que también pueden trazar similitud con el paganismo o fueron adaptaciones de algún ritual pagano.

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El Sabbat Cristiano | ¿Es el Domingo el Día del Señor?

¿Sábado o domingo? ¿Cuál es el día del Señor? Esta pregunta surge frecuentemente en el diálogo con los adventistas del séptimo día y otros grupos judaizantes. Aun en las iglesias protestantes que tradicionalmente han observado el domingo como principal día de adoración, surge a menudo la pregunta: ¿Vale la pena continuar con dicha observancia? La frase Día del Señor se utiliza sólo una vez en las Escrituras. Apocalipsis 1:10 dice, "Yo estaba en el Espíritu en el Día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta". Puesto que el apóstol Juan no da detalles sobre el significado de "el Día del Señor", podemos asumir que su público objetivo, los cristianos del primer siglo, ya estaban familiarizados con la expresión.

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¿Dos pueblos y dos planes de salvación?

Como buenos cristianos, sustentados en el principio de la sola Escritura, debemos aceptar, más allá de nuestros prejuicios o preferencias, que hay un solo pueblo de Dios (la iglesia) y no dos. Y que no hay dos caminos o planes de salvación, sino uno: Solo Cristo, solo por fe, solo por gracia. Y sobre todo, sin distinción étnica. Este único plan redentor, por medio de la fe en Cristo, es el único capaz de dar verdaderamente la gloria solo a Dios (Juan 14:6, 1 Timoteo 2:5)

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Israel, Palestina y el derecho divino sobre la Tierra Santa

¿Con quién deberían alinearse los cristianos en el conflicto judeo-palestino? ¿A favor de Israel, o de Palestina? La verdad es: Con ninguno (y con ambos a la vez). ¿Tiene Israel un derecho divino sobre el territorio que ocupa actualmente? Ese es un tema complejo que te invito a estudiar en este artículo.

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Just Thinking | Legalismo sin cambio

El legalismo con su catálogo de reglas, normas y mandamientos de hombres, no ha cambiado nunca, ni podrá cambiar jamás, un corazón. Esto se debe a que vivir el Evangelio a la perfección no sólo es difícil, sino imposible (Santiago 2:10). Ciertamente, es más fácil cruzar el Océano Pacífico en un barco de papel que llegar al cielo a través de buenas obras (Gálatas 2:16). Lamentablemente, muchas iglesias continúan teniendo una teología basada en buenas obras, legalismo y tradiciones denominacionales sin la debida reflexión y contextualización. Elaborar catálogos de pecados y listas interminables de "ponte esto", "no uses aquello", "no te maquilles" "no uses pantalones", "usa un velo" y muchas otras prohibiciones más, sigue siendo la forma como intentamos mantener a los creyentes dentro de ciertos límites y parámetros ¿Cúal es el resultado? Se producen cristianos presumidos y altaneros que basan su fe en creerse mejor que otros. En otras palabras, basan su salvación en lo bueno que ellos son (o piensan que son), haciendo de Cristo un mero "asesor" en el proceso de salvación. Pero buscar la justificación a través de las obras, el vestuario o la apariencia de piedad es igual a caer de la gracia (Gálatas 5:4).

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El filosemitismo evangélico y sus peligros

El filosemitismo es un fenómeno cultural caracterizado por el interés y respeto hacia la cultura y el pueblo judío, por su significado histórico, el impacto que el judaísmo ha tenido sobre el mundo occidental a través del cristianismo y durante la diáspora, su estatus de pueblo elegido por Dios que aparece en la Biblia (Éxodo 6:6-7) ​ o las cualidades atribuidas colectivamente a los judíos. Así pues, el filosemitismo implica un sentimiento o acción que apoya o protege al pueblo judío, bajo el fundamento de que los judíos, en virtud de su judaísmo, poseen cualidades deseables. El término filosemitismo proviene del prefijo griego philos (amor) y de semita (relativo a los «hijos de Sem», esto es, a los judíos). En el ámbito evangélico el filosemitismo ha cobrado niveles de popularidad sumamente altos, convirtiéndose en la norma para ser medido como un buen cristiano y considerándose, a veces de forma supersticiosa, como un requisito indispensable para contar con el favor de Dios. El filosemitismo halla su razón de ser en pasajes bíblicos como Génesis 12:3-5; Isaías 62:1 y Salmo 122:6-9. ¿Es incorrecto amar a Israel?¡En ninguna manera! Nosotros los gentiles estamos en deuda con la nación judía. Pablo nos aclara este punto: “En primer lugar, a los judíos se les confiaron las palabras mismas de Dios.”  (Romanos 3:2, NVI). Los escritores del Antiguo y del Nuevo Testamento (exceptuando a Lucas) fueron judíos. En otras palabras, los judíos son nuestros hermanos mayores en la fe, pues de ellos, del “pueblo de Israel… son la adopción como hijos, la gloria divina, los pactos, la ley, el privilegio de adorar a Dios y el de contar con sus promesas. De ellos son los patriarcas, y de ellos, según la naturaleza humana, nació Cristo, quien es Dios sobre todas las cosas. ¡Alabado sea por siempre! Amén.” (Romanos 9:4-5). No sólo la fe cristiana se fundamenta en la revelación original dada por Dios a Israel, sino que nuestro Señor Jesucristo, el Dios hecho hombre, el Salvador del mundo, ¡Era judío! ¿Puedes imaginar una razón mayor para amar a Israel? Un verdadero cristiano amará a Israel, deseará el bienestar del pueblo judío, pedirá en oración por la paz de Jerusalén. Un verdadero creyente en Cristo jamás procurará el mal para la nación judía ni apoyará forma alguna de antisemitismo. Sin embargo, eso no es todo: un verdadero creyente anhelará y trabajará por la conversión del pueblo judío a Cristo, pues sabe que, ni siquiera los judíos, podrán salvarse si no reconocen a Jesús como Salvador (Hechos 2:14-42; 4:12; 7:1-60; Juan 3:35; 1 Juan 5:12). Los cristianos evangélicos debemos ser muy cuidadosos en esta área. Jamás debemos permitir que nuestro amor por el pueblo hebreo nos lleve a una veneración enfermiza por Israel y todo lo relacionado con la cultura judía ¡Dicho extremo no es bíblico! Entonces ¿Por qué vemos en muchas iglesias evangélicas una obsesión fanática por la cultura judía? ¿Por qué algunos cristianos anhelan convertir sus iglesias en sinagogas adoptando emblemas, rituales, vestimenta, instrumentos y cualquier otro elemento judío? ¿Por qué muchos cristianos se obsesionan con las genealogías judías, los apellidos judíos y hasta buscan anhelosamente un supuesto linaje judío? Simplemente porque muchos cristianos no comprenden el actual estatus de Israel ante Dios ni su posición como creyentes en Cristo. El cristianismo moderno sufre de la misma enfermedad que la iglesia en los tiempos de Pablo: las tendencias judaizantes.