Los arminianos aceptamos la doctrina de la Depravación Total, sin embargo, no creemos que esta sea intensiva, sino más bien extensiva. ¿Cuál es la diferencia? Por Depravación Total Intensiva se entiende la destrucción integral de la naturaleza humana y de sus potencialidades esenciales. Es decir, en estado de Depravación Total Intensiva el pecador es tan pecador cuanto es posible y se involucra en todas las formas posibles de pecado. Los arminianos rechazamos tal postura. Al afirma que el hombre es totalmente depravado no queremos decir que la persona no regenerada sea totalmente insensible en cuestiones de conciencia, de lo correcto e incorrecto. La Depravación Total no significa que todos los seres humanos sean potencial y extremadamente malos. Significa que no son tan buenos como necesitarían ser para ganar su propia salvación por mérito propio. La gracia, y sólo la gracia, es el único medio que puede superar los efectos graves y devastadores del pecado. Así pues, en el arminianismo, la depravación total implica que incluso el altruismo de la persona no regenerada siempre contiene un elemento de motivación inapropiada. Lo que sí creemos los arminianos es que la depravación total es extensiva, es decir, se extiende a todas las dimensiones de nuestro ser. Ella afecta la plenitud del ser del hombre. La Biblia, Arminio y los arminianos en general, reconocemos que la mente de un hombre carnal y natural es obscura y sombría, que sus afectos son corruptos y excesivos, que su voluntad es obstinada y desobediente, y que el hombre sin Cristo está muerto en delitos y pecados. De ello encontramos amplias referencias bíblicas: Nuestro cuerpo (Romanos 6:6,12 Romanos 7:24), la razón humana (Romanos 1:21; 2 Corintios 3:14-15), las emociones humanas (Gálatas 5:24, 2 Timoteo 3:2-4), y la voluntad misma del hombre (Romanos 6:17) han sido afectadas por el pecado.
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Salvación, predestinación y amor de Dios
Los arminianos entendemos, con base en la Biblia, que la salvación no se basa en la predestinación. Más bien, la predestinación se basa en la salvación. La predestinación garantiza el destino final de todos los que aceptan y continúan caminando fielmente en la gracia de Dios. Gracias a Dios, a través de Jesucristo por el Espíritu Santo, conocemos el destino al que nos guía el fiel seguimiento del Salvador. Y gracias a Dios, nos estamos transformando cada vez más en la imagen de Jesucristo mientras caminamos de esta manera, de modo que podemos exclamar como Pablo: “¡Qué profundas son las riquezas de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Qué indescifrables sus juicios e impenetrables sus caminos! «¿Quién ha conocido la mente del Señor, o quién ha sido su consejero?» «¿Quién le ha dado primero a Dios, para que luego Dios le pague?» Porque todas las cosas proceden de él, y existen por él y para él. ¡A él sea la gloria por siempre! Amén.” (Romanos 11: 33-36, NVI).
Y tú, ¿Eres Arminiano?
A lo largo de los siglos, los calvinistas han vilipendiado con tanto éxito el arminianismo que las personas que son arminianos tienen miedo de decirlo. Esto es cierto, aunque el arminianismo es la posición teológica por defecto del protestantismo cristiano; de hecho, muchas personas son arminianas y ni siquiera lo saben, e incluso lo niegan. El arminianismo está tan extendido que incluso las iglesias calvinistas más fuertes están llenas de arminianos. Es irónico, entonces, que la gente tenga miedo de decir que es arminiana; por ejemplo, muchos bautistas independientes y sureños son típicamente arminianos, pero a pesar de eso, a menudo se llaman a sí mismos calvinistas.
¡Se busca un nuevo David!
La memorable victoria de David sobre Goliat fue la catapulta de la brillante carrera de aquel joven pastor de ovejas nacido para ser rey. Pero dicha victoria terrenal vino precedida por la victoria espiritual sobre la palabra de desprecio, sobre la palabra de negación y sobre la palabra de derrota. Toda una lección para los cristianos hoy en día. Esa misma fe y ese mismo Dios, por medio de quién los antiguos héroes de la fe "conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros." (Hebreos 11:33-34, NVI) sigue aún vigente y presente en nuestra época. El Dios de Israel es el mismo. La pregunta es: ¿Con cuántos 'David' cuenta el pueblo de Dios en nuestra época? ¿Eres uno de ellos? ¡Pues levántate y vence el desprecio, la negación y la derrota en el nombre de Jesús!
Si Dios sabía que Adán caería ¿Por qué lo permitió?
El carácter de Dios ha sido difamado por aquellos que enseñan que Dios predeterminó la caída. En su intento por reafirmar la soberanía de Dios, sólo lograron difamar su carácter y convertirlo en una especie de titiritero cósmico. El fatalismo y predestinacianismo propio del calvinismo y otros grupos heréticos es, por tal razón, antibíblico. Peor aún, es de origen pagano. En el calvinismo, dados sus orígenes maniqueos, esto no es de extrañar.
¿Llevamos nosotros la culpa del pecado de Adán? ¿Por qué debemos sufrir por ello?
Por dominante que el término pecado original se haya vuelto, puede ser una sorpresa para muchos, saber que era desconocido tanto en la Iglesia Oriental como la Occidental hasta la época de Agustín (354-430). El término aparece por primera vez en los escritos de Agustín. Anterior a esto los teólogos de la Iglesia primitiva usaron una terminología distinta que indicaba un modo distinto de pensar sobre el tema de la caída, sus secuelas y la respuesta de Dios. El término utilizado por los Padres griegos para describir la tragedia en el Jardín del Edén fue: pecado ancestral. Pecado ancestral tiene un significativo específico. La palabra griega para el pecado, en este caso (amartema) se refiere a un acto individual. Con ella los primeros cristianos asignaron responsabilidad por el pecado del Jardín sólo a Adán y a Eva. La palabra amartía, el término más común para el pecado significa literalmente “no dar en el blanco” y se usa en referencia a la condición común de la humanidad. La iglesia primitiva nunca habla del paso de la culpabilidad de Adán y Eva a sus descendientes, como hizo Agustín. Al contrario, se considera a cada individuo responsable sólo por la culpa de sus propios pecados. La pregunta que surge entonces es: ¿En qué consiste la herencia de Adán y Eva a la humanidad, si no es la culpa? En primer lugar, la muerte (1 Corintios 15:21). El hombre nace con el poder parasitario de la muerte dentro de sí. En segundo lugar, heredamos una naturaleza tendiente al pecado. Nuestra naturaleza, se hizo “enferma” por el pecado de Adán, nuestro padre. Entonces, no es la culpa lo que pasa a la humanidad sino la condición, la enfermedad llamada pecado.
Raíces gnóstico-maniqueas del calvinismo
El concepto agustiniano (y calvinista) acerca de la depravación humana, la doctrina de la elección incondicional y la doble predestinación fueron originadas en mito gnóstico y fueron combatidas por Ireneo y otros obispos y pastores de la iglesia en los primeros siglos. Ireneo también enseñó que los gnósticos, antes que explicasen su sistema, sonaban muy “ortodoxos y bíblicos”. Él siempre se refería a la advertencia de Jesús sobre los falsos apóstoles. Enseñó que ellos eran “lobos con piel de oveja”. Él escribió: “Tales hombres exteriormente parecen ovejas; porque ellos parecen ser como nosotros por lo que dicen en público, repitiendo las mismas palabras como lo hacemos nosotros; pero interiormente son lobos.” (Ireneo, Herencia Histórica, página 36). Al igual que los gnósticos, los calvinistas se autoproclaman “creyentes bíblicos” y sus iglesias, “iglesias bíblicas”. Para aquel que no conoce la verdadera doctrina bíblica tales afirmaciones suenan auténticas. Sin embargo, como podemos constatar, la semejanza doctrinal entre el calvinismo y el gnosticismo es patente. El ADN espiritual del calvinismo, lo delata como lo que es: Un hijo legítimo del gnosticismo. Pero el parecido va más allá de lo doctrinal. Al igual que la secta gnóstica en la iglesia primitiva, los calvinistas modernos se infiltran en nuestras iglesias y seminarios para sembrar su cizaña y robar feligreses para sus iglesias “reformadas”. Esto no solo es sectario, sino carente de toda ética y moral cristiana. A muchos calvinistas se les ha animado incluso a “plantar tulipanes (símbolo de la doctrina calvinista) en iglesias arminianas” Sin embargo, tal proceder no debería extrañarnos, pues su desprecio por los arminianos es bien conocido en el mundo evangélico.¡Que Dios guarde a los creyentes de hoy de tal levadura!
Los 5 Artículos de la Remonstrancia de 1610
Los Cinco Artículos de la Remonstrancia, conocidos también como los Cinco Artículos del Arminianismo, constituyen la parte final de un amplio documento elaborado en 1610 por los seguidores de Jacobo Arminio (1560-1609), padre del sistema teológico conocido como Arminianismo. El término “Remonstrancia" significa literalmente "una expresión de oposición o protesta", que en este caso fue una queja contra la doctrina calvinista de la predestinación que figura en la confesión belga. En consecuencia, a los seguidores de Arminio que redactaron esta protesta se les dio el nombre de "Remonstrantes". El documento de protesta que contiene los 5 Puntos de la Remonstrancia nace, pues, en el seno de las disputas entre gomaristas y arminianos. Por invitación de Oldenbarnevelt, gran pensionario de Holanda y simpatizante con los objetantes, cuarenta y un predicadores y dos miembros de la universidad de Leiden (o Leyden) se reunieron para expresar por escrito su opinión sobre las doctrinas en disputa. La pieza fue escrita por Uytenbogaert el 14 de enero de 1610 en La Haya durante la celebración de los Estados Generales de Holanda y Frisia, y, con modificaciones menores, aprobada, firmada y presentada a Oldenbarnevelt por Uytenbogaert y los 43 delegados arminianos en julio. Se dirigían a los Estados de Holanda instando a la convocatoria de un sínodo para la revisión y examen de la Confesión de los Países Bajos y el Catecismo de Heidelberg, a los que no reconocían como cánones de fe permanentes e inmutables (ya que, según las convicciones arminianas, sólo la Palabra de Dios, expresada en las Sagradas Escrituras tienen tal autoridad). Los cinco artículos son una declaración sintetizada de la doctrina de Jacobo Arminio que se insertaron al final de un alegato en favor de la tolerancia.
La iglesia primitiva, una iglesia arminiana
Los cristianos primitivos no creían en la predestinación, la gracia irresistible, la elección incondicional, la expiación limitada ni la perseverancia final de los santos como lo entiende el calvinismo de hoy. A diferencia del calvinismo, los cristianos primitivos creyeron firmemente en el libre albedrío y el sinergismo evangélico enseñado por el arminianismo. Por ejemplo, Justino Mártir (n. 100 d.C. - m. 168 d.C.), uno de los primeros apologistas cristianos, propuso el siguiente argumento a los romanos: “Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos... Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer.”
Calvinismo: Deformando el cristianismo histórico
Lo que hoy llamamos calvinismo no es más que una distorsión del cristianismo bíblico. Nunca nadie en la iglesia primitiva, ni en los siglos posteriores a la muerte de los apóstoles, creyó en lo que se conoce como los 5 puntos del calvinismo (TULIP). Tales doctrinas hubieran sido, y de hecho lo fueron, consideradas herejías. Aquel calvinista que, sinceramente y sin prejuicios, se ha tomado el tiempo de estudiar la Biblia, la historia y los textos patrísticos va a llegar a una cruda conclusión: La doctrina calvinista no solo no fue creída por la iglesia primitiva, sino explícitamente rechazada. ¿Cómo podría ocurrir esto de ser esta una doctrina verdadera? ¿Quiere decir esto que la Iglesia primitiva, y luego los cristianos de los siglos posteriores, no entendían la Biblia? Aún siglos antes del surgimiento del calvinismo, la doctrina calvinista era rechazada como herética. Y es que un estudio de los textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiásticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, nos enseña que la Iglesia primitiva y de siglos posteriores hubiese considerado al calvinismo una herejía peligrosa.