Bestiario Bíblico, Biblia y Mitología, Estudio Teológico

Bestiario Bíblico | El Leviatán, la serpiente huidiza y tortuosa de siete cabezas

Por Fernando E. Alvarado*

El leviatán (Heb. liwyāṯān) es un ser mitológico mencionado en la Biblia. Es descrito como una serpiente de mar primitiva que representa el caos. El leviatán aparece en los textos ugaríticos como Lītānū. KTU 1.5 I, 1 describe cómo Baal hirió al Lītānū, «la serpiente [véase Arab. lawiyā] tortuosa, el tirano con siete cabezas» (también Anat [KTU 1.3 III, 40–42], pero sin el nombre Lītānū).[1] La iconografía del antiguo Cercano Oriente consistentemente representa al Dios de la tormenta que conquista la serpiente. La conquista de Jehová del Leviatán en el Salmo 74:12-17 (tenga en cuenta las «cabezas») es parte de su actividad creativa.

“Pero Dios es mi rey desde tiempo antiguo; el que obra salvación en medio de la tierra. Dividiste el mar con tu poder; quebrantaste cabezas de monstruos en las aguas. Magullaste las cabezas del leviatán, y lo diste por comida a los moradores del desierto. Abriste la fuente y el río; secaste ríos impetuosos. Tuyo es el día, tuya también es la noche; tú estableciste la luna y el sol. Tú fijaste todos los términos de la tierra; el verano y el invierno tú los formaste.” (RVR1960).

Esta conexión resalta también Job 3:3-10: aunque maldice el día de su nacimiento (en relación con lo opuesto de la creación de Gn 1) Job invoca a «los que se aprestan para despertar a Leviatán».

“Perezca el día en que yo nací, y la noche en que se dijo: Varón es concebido. Sea aquel día sombrío, y no cuide de él Dios desde arriba, ni claridad sobre él resplandezca. Aféenlo tinieblas y sombra de muerte; repose sobre él nublado que lo haga horrible como día caliginoso. Ocupe aquella noche la oscuridad; no sea contada entre los días del año, ni venga en el número de los meses. ¡Oh, que fuera aquella noche solitaria, que no viniera canción alguna en ella! Maldíganla los que maldicen el día, los que se aprestan para despertar a Leviatán. Oscurézcanse las estrellas de su alba; espere la luz, y no venga, ni vea los párpados de la mañana; por cuanto no cerró las puertas del vientre donde yo estaba, ni escondió de mis ojos la miseria.” (RVR1960)

La referencia de Job de Jehová hiere «la serpiente tortuosa» (Job 26:13) también ocurre en un contexto de creación (véase KTU 1.5 I, 1): “Su espíritu adornó los cielos; su mano creó la serpiente tortuosa.”

Sin embargo, en el Salmo 104:25-26, se abandona el motivo de la conquista: el leviatán simplemente es una de las criaturas de Dios, que juega en el mar:

“He allí el grande y anchuroso mar, en donde se mueven seres innumerables, seres pequeños y grandes. Allí andan las naves; allí este leviatán que hiciste para que jugase en él.” (RVR1960)

En Job 41:1–4 y 41:14-29 se discute el leviatán extensamente.

“¿Sacarás tú al leviatán con anzuelo, o con cuerda que le eches en su lengua? ¿Pondrás tú soga en sus narices, y horadarás con garfio su quijada? ¿Multiplicará él ruegos para contigo? ¿Te hablará él lisonjas? ¿Hará pacto contigo para que lo tomes por siervo perpetuo?” (Job 41:1–4, RVR1960)

“¿Quién abrirá las puertas de su rostro? Las hileras de sus dientes espantan. La gloria de su vestido son escudos fuertes, cerrados entre sí estrechamente. El uno se junta con el otro, que viento no entra entre ellos. Pegado está el uno con el otro; están trabados entre sí, que no se pueden apartar. Con sus estornudos enciende lumbre, y sus ojos son como los párpados del alba. De su boca salen hachones de fuego; centellas de fuego proceden. De sus narices sale humo, como de una olla o caldero que hierve. Su aliento enciende los carbones, y de su boca sale llama. En su cerviz está la fuerza, y delante de él se esparce el desaliento. Las partes más flojas de su carne están endurecidas; están en él firmes, y no se mueven. Su corazón es firme como una piedra, y fuerte como la muela de abajo. De su grandeza tienen temor los fuertes, y a causa de su desfallecimiento hacen por purificarse. Cuando alguno lo alcanzare, ni espada, ni lanza, ni dardo, ni coselete durará. Estima como paja el hierro, y el bronce como leño podrido. Saeta no le hace huir; las piedras de honda le son como paja.  Tiene toda arma por hojarasca, y del blandir de la jabalina se burla.” (Job 41:14–29, RVR1960)

Muchos ven aquí al cocodrilo, pero su capacidad de respirar fuego y humo, la incapacidad de los seres humanos de dominarlo y el terror abrumador que infunde, todos argumentan que es una criatura mitológica que Jehová puede dominar pero no Job.

En Isaías 27:1 la mitología completa su círculo, con Jehová que derrota al Leviatán (otra vez) como una nueva creación en la era escatológica; la asociación del léxico con KTU 1.5 I, son particularmente sorprendentes:

“En aquel día Jehová castigará con su espada dura, grande y fuerte al leviatán serpiente veloz, y al leviatán serpiente tortuosa; y matará al dragón que está en el mar.” (RVR1960)

El «dragón de siete cabezas» se compara con Satanás en Apocalipsis 12:3, 9 y se repite en la bestia de siete cabezas de 13:1; 17:3. El leviatán, por lo tanto, es identificado en el libro de Apocalipsis como la serpiente tortuosa que, al final de los tiempos, será destruida por el Señor.

LEVIATÁN EN LA LITERATURA APÓCRIFA

La literatura judía posbíblica imagina al leviatán, junto a Behemoth, el plato principal en el banquete mesiánico:

Y ese día se distribuirán dos monstruos, un monstruo femenino, llamado Leviatán, para habitar en las profundidades del mar, sobre las fuentes de las aguas. Pero el masculino se llama Behemot, quien ocupa, con su pecho, un desierto vacío llamado Dêndâin, al este del jardín donde habitarán los elegidos y los santos, donde fue llevado mi abuelo, el séptimo de Adán, el primero de los hombres a quien el Señor de los espíritus hizo. Y le pedí a ese otro ángel que me mostrara el poder de esos monstruos, cómo se separaron en un día, y que uno descendió a las profundidades del mar y el otro a la tierra del desierto… Y el ángel de paz, que estaba conmigo, me dijo: Estos dos monstruos están preparados para ser alimentados, de acuerdo con la grandeza de Dios, para que los castigos de Dios no sean en vano, y los hijos serán asesinados con sus madres, y los niños con sus padres.” (1 Enoc 60:7-9; 24)[2]

“Entonces ordenaste dos seres vivientes, a uno lo llamaste Behemot y al otro Leviatán; y separaste al uno del otro, porque la séptima parte (es decir, donde se reunían las aguas) no podía contenerlos a ambos. A Behemot diste una parte, que se secó al tercer día, para que habitase en la misma parte, donde hay mil colinas: Pero a Leviatán le diste la séptima parte, es decir, la húmeda; y lo has guardado para que sea devorado por quien tú quieras y cuando quieras.” (2 Esdras 6:49–52)[3]

El Apocalipsis siríaco de Baruc, el cual está incluido en algunas versiones de la Peshitta y es parte de la Biblia en la Tradición Ortodoxa Siria, el leviatán es mencionado nuevamente. Dicho libro posee 87 secciones, donde los primeros 77 capítulos son material apocalíptico relatado como un diálogo entre Baruc y Dios, intercalado con ayunos y visiones. Al resto del libro (78-87) se le denomina “La carta de Baruc”, la cual habla de la recompensa futura luego del sufrimiento. En 2 Baruc 29:4 el autor identifica un período mesiánico anterior al reino eterno de Dios. En este periodo reinará la justicia, se romperán las maldiciones, los justos se alimentarán del Leviatán y Behemot, volverá a caer el maná y será un periodo de prosperidad.[4]

Tal como ocurre en el caso del Behemot y Rahab, el mensaje sigue siendo el mismo: Jehová es un Dios sin rival, único y capaz de someter con facilidad las fuerzas del caos. Él es el Creador Supremo y Señor de lo creado, todo lo demás son meras criaturas que deben someterse a su autoridad.

BIBLIOGRAFÍA:


[1] Die keilalphabetischen Texte aus Ugarit, ed. M. Dietrich, O. Loretz, and J. Sanmartín, citado en: Samuel Pagán, David Gómez Ruiz, y Marcos Antonio Eduino Pereira, eds., Diccionario Bíblico Eerdmans (Miami Gardens, FL: Editorial Patmos, 2016).

[2] George H. Schodde, ed., El libro de Enoc con Introducción y Notas, trans. Laura Herrera (Bellingham, WA: Editorial Tesoro Bíblico, 2020).

[3] The Apocrypha: King James Version (Bellingham, WA: Logos Research Systems, Inc., 1995), 2 Esd 6:49–52.

[4] John L. McLaughlin, «LEVIATÁN», ed. Samuel Pagán, David Gómez Ruiz, y Marcos Antonio Eduino Pereira, Diccionario Bíblico Eerdmans (Miami Gardens, FL: Editorial Patmos, 2016), 1065–1066.

ACERCA DEL AUTOR:

* Fernando E. Alvarado es escritor, pastor y maestro. Nacido el 19 de Abril de 1980 en la Ciudad de Sonsonate, El Salvador. Licenciada en Ciencias de la Educación, especialidad en Ciencias Sociales de la Universidad de Sonsonate. Graduado en Teología del Instituto Bíblico Betel de las Asambleas de Dios, Anexo Chalatenango Norte y especializado en Misiones en el Centro de Capacitación Misionera (CCM) de la Ciudad de Guatemala. También cuenta con diplomados en Fonética, Misiones Transculturales y Comunicación Transcultural otorgados por el Centro de Formación Misionera de las Asambleas de Dios de El Salvador (CAMAD). El pastor Alvarado también cuenta con formación en teología islámica y diplomados en Ley Sharia otorgados por la Asociación Cultural Islámica Chiita de El Salvador y la Comunidad Islámica Salvadoreña (Sunni). También es especialista en teología mormona, habiéndose graduado del Instituto de Religión SUD en la Ciudad de San Salvador. El pastor Alvarado es miembro de la Society of Evangelical Arminians (SEA). Está casado con Cesia Abigail Cruz de Alvarado, también pastora y ministra licenciada de las Asambleas de Dios. Es el pastor principal del Templo Cristiano Maranatha (Asambleas de Dios), una congregación local ubicada en la ciudad de Tejutla, Chalatenango.

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