Evangelio de la Prosperidad, Herejías

¿Declaraciones proféticas de año nuevo?

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Cada fin de año y año nuevo, sin excepción, oirás lo mismo: “¡Algo grande viene! ¡Viene ya! ¡Está tan pero tan cerca! ¡Prepárate porque va a ser algo poderoso e inolvidable! ¡Viene, viene, viene! ¡Tómalo! ¡Arrebátalo! ¡Declara con tu boca que esa bendición te pertenece!”. Lo increíble no es que este tipo de declaraciones ocurran (ese es el trabajo de los falsos maestros, predicadores motivacionales y mercaderes de la fe), sino que, lo verdaderamente sorprendente radica en el hecho de que, cada vez que un predicador se pone a hablar así, la gente entra en una especie de histeria espiritual aplaudiendo, llorando y arrebatando a gritos lo que creen suyo. ¡Tanto emocionalismo por una promesa de que algo grande viene!

¿ALGO GRANDE VIENE?

Alguna vez te has preguntado realmente: “¿Qué exactamente es ese “algo grande” que viene?”. Todo es tan ambiguo en el mundo de la Confesión Positiva, la Palabra de Fe y el Neopentecostalismo. Y es que el problema con este tipo de mensajes es que apelan al sensacionalismo carnal y no a la autoridad de las Escrituras. Es emocionalismo por amor al emocionalismo; no por amor a la verdad. Al fin de cuentas, es predicación hedonista, materialista, neo-liberal y posmoderna. Meras emociones por encima de la verdad revelada en la Palabra. Estos mensajes no estimulan amor por la sana doctrina bíblica.

SÍ, ¡HAY ALGO GRANDE QUE VIENE! PERO NO ES LO QUE ENSEÑA EL FALSO EVANGELIO DE LA PROSPERIDAD

La fe cristiana legítima cree que viene algo grande; pero ese algo grande no es ambiguo ni enigmático sino cien por ciento concreto y determinado, esto es, la venida del Señor Jesucristo. ¡Cristo viene! ¿Qué cosa más grandiosa podrías pedir? Él es la esperanza del alma creyente. Por eso, cuando alguien sube al púlpito prometiendo otra cosa que no sea la venida de Cristo (por ejemplo, un nuevo automóvil, que te ganes la lotería, un ascenso en el trabajo, una novia hermosa y sexy, felicidad, dinero, éxito ministerial, autoridad apostólica, influencia socio-política o cualquier otra cosa vaga e incierta) siempre termina santificando la avaricia, el materialismo y la codicia en nombre de la fe. En otras palabras, es teología de la prosperidad. Un evangelio barato y perverso, ajeno totalmente a la Palabra de Dios.

LO QUE VERDADERAMENTE VALE PARA EL CRISTIANO

La meta del creyente nacido de nacido no es algo material (aunque agradezcamos a Dios por todos los bienes que ha derramado sobre nosotros), sino Dios mismo. Él es la meta, el objetivo, el fin, el todo codiciable, el deseado, el anhelado. Si nos quitaran todo lo que tenemos, Dios bastaría. Él es suficiente. Quizá a pregunta crítica para nuestra generación es la siguiente: Si usted pudiera alcanzar el cielo libre de enfermedades, junto a todos los amigos que tuvo en la tierra, con toda la comida que siempre le gustó, las actividades de esparcimiento de las que siempre disfrutó, todas las bellezas naturales que vio en su vida, todos los placeres físicos que experimentó en su vida, sin conflictos entre humanos ni desastres naturales, ¿se sentiría satisfecho con el cielo si Cristo no estuviera allí? Para muchos, ya sea que lo admitan o no, la respuesta quizá sea si. Esto se debe a que, lamentablemente, nuestra generación ha creído la mentira de que seguir a Jesús por interés a los “panes y los peces” y querer que Dios te ayude a satisfacer tus necesidades materiales, basta y sobra para considerarse cristiano. Cuando la verdad es que el cristiano quiere que Dios sea Dios en su vida. No sólo un mero proveedor material.

CONCLUSIÓN

Entonces, ¿qué es lo que estás desando, mi querido hermano o hermana? ¿Estás simplemente esperando algo grande de parte de Dios para que tengas aun más que ahora? ¿O es tu anhelo por la gloria venidera del Altísimo? Hoy te animo a examinar tu corazón. Si de verdad tu meta es Cristo, no te emocionarás demasiado la próxima vez que un pseudo evangelista, un falso pastor de la Prosperidad, o los falsos apóstoles y profetas que abundan en estos días (pero cuyo dios es el vientre) te prometa grandes cosas terrenales. Podrás confesar con toda certeza: “¡Viene mi Cristo! ¡Y con Él estoy muchísimo más que satisfecho!”

¡Qué este nuevo año sea un año cristocéntrico para todos y todas!

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