¿Alguna vez has oído el eslogan "yo soy cesacionista, pero Dios no"? Esta frase, que ha circulado en algunos círculos cristianos, pretende encontrar un punto medio entre dos posturas doctrinales opuestas: el cesacionismo y el continuismo. A primera vista, puede parecer una manera diplomática y piadosa de abordar una diferencia teológica. Sin embargo, cuando la analizamos más profundamente, nos damos cuenta de que esta frase no solo es teológicamente confusa, sino que también revela una falta de comprensión sobre la naturaleza de Dios y la suficiencia de las Escrituras, lo cual deja en evidencia su inadecuación como argumento teológico.
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Danza Hebrea en la Iglesia: Sincretismo, falsa guerra espiritual, herejía oculta y veneración enfermiza hacia la cultura judía.
La danza ha desempeñado un papel significativo en la religión y cultura judía desde tiempos antiguos, reflejando la alegría, el agradecimiento y la comunión con Dios. A diferencia de muchos grupos cristianos actuales que rechazan la danza como expresión válida de adoración en el culto público, para los hebreos (antiguos y modernos) la danza es una parte inseparable de numerosas celebraciones religiosas y culturales. Por ejemplo, festividades judías tradicionales, como Sucot y Simjat Torá, a menudo incluyen la danza como parte integral de sus celebraciones. Durante Simjat Torá, que celebra la conclusión y el reinicio del ciclo anual de lecturas de la Torá, es común que los participantes bailen con los rollos de la Torá, expresando su alegría y amor por la palabra de Dios
Cesacionismo, el movimiento que combate contra el Espíritu
El error de los macedonianos (o al menos el más grave de todos) fue negar la divinidad del Espíritu Santo. Tal herejía les merecía ser llamados “enemigos del Espíritu”. Hoy en día, sus herederos modernos se hayan dentro de la supuesta ortodoxia cristiana. Y es que ciertos grupos que se dicen ortodoxos en cuanto a la doctrina trinitaria se levantan como los nuevos “enemigos del Espíritu” en un área diferente: No niegan su divinidad, pero sí la vigencia de los dones que Él otorga a los hombres, negando, no teóricamente sino en la práctica, el poder divino de Aquél a quien dicen honrar.
Voces de la Iglesia Antigua | Los dones del Espíritu permanecerán hasta que Cristo vuelva
Al igual que Pablo, nosotros también creemos que los dones del Espíritu (todos ellos, aún los extraordinarios), permanecerán con nosotros "hasta que venga lo perfecto" (1 Corintios 13:0) y lo "perfecto" que Pablo esperaba no es el cierre del canon bíblico, ni mucho menos la muerte de los doce apóstoles originales de Jesucristo. Lo perfecto vendrá "hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo." (Efesios 4:13) y esta "buena obra" de transformarnos "a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo", el Padre "la perfeccionará hasta el día de Jesucristo" (Filipenses 1:6). Mientras el día de su segundo advenimiento no llegue, sus dones seguirán vigentes sobre la tierra para empoderar a su iglesia, la cual es su Cuerpo ¿Dejaría Cristo a su Cuerpo sin poder de lo alto?
Más allá de Augsburgo: sola fe y evangelio completo – Por Veli-Matti Kärkkäinen
Para los pentecostales, ¿es el hablar en lenguas una entrada hacia un nivel más alto de espiritualidad, inalcanzable para aquellos sin el exótico don? ¿La reclamación del “evangelio completo” implica que el evangelio predicado por otras iglesias en el mejor de los casos es incompleto, truncado o erróneo, como los pioneros del famoso avivamiento de Azusa Street parecían sugerir?
Luteranos y pentecostales en diálogo – Por Patrick Bornhardt
En el pentecostalismo vemos la realización y masificación de [los] postulados del luteranismo pietista: gloria solo a Dios, dependencia total e integral para con Dios, énfasis en la relación personal y comunitaria con Dios, radicalización del sacerdocio de todos los creyentes, fideísmo, cristocentrismo, énfasis en la vida piadosa y comunitaria, énfasis en la misión y el compromiso diacónico-social, disciplina piadosa en la lectura bíblica y en la oración. Cosas que se atribuyen a su herencia metodista y wesleyana, pero no hemos de olvidar que Jacob Spenner (quien es reconocido como el fundador del pietismo) inició tal movimiento dentro de la iglesia luterana, antes de que llegara a la anglicana y se formara el metodismo de John Wesley.
Lutero, ¿cesacionista o carismático? – Por Patrick Bornhardt
¿Niega Lutero la experiencia espiritual? Por supuesto que no. ¿No le encantaba a Lutero contar su experiencia de la torre, donde leyendo Romanos 1:17 le fueron abiertos los cielos? ¿No es este su testimonio, su experiencia de conversión, en el mejor estilo de los pietistas, pentecostales y carismáticos?"
Adoración verdadera: libre, trinitaria y carismática
La adoración es la ocupación más alta de la Iglesia y cumple el propósito final por el cual el pueblo de Dios es redimido. Las Escrituras nos enseñan que la adoración genuina glorifica a Dios y da testimonio al mundo. El Señor declara: 'Este pueblo he creado para mí; mis alabanzas publicará' (Isaías 43.21). El Nuevo Testamento expresa un sentimiento similar: “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios; para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2,9).
La iglesia, una comunidad carismática
La Biblia nos dice que “Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). ¡Jesús fue lleno del Espíritu Santo! El hombre del Espíritu por excelencia. Pero el Espíritu carismático que efectuó tales señales y prodigios no se posaría exclusivamente sobre el Mesías. Jesús, el Ungido de Dios, compartiría el don carismático del Espíritu con Su pueblo.
¿Ha sustituido la predicación y la enseñanza al don de profecía en la iglesia de hoy?
En una iglesia verdaderamente bíblica, ni la incredulidad cesacionista (con su negación del don de profecía, lenguas, interpretación de lenguas, etc.) ni los excesos, falsa profecía y abuso de autoridad (bajo pretexto de ser “profetas del Señor” o “hablar en nombre de Dios”) tienen lugar. Los profetas y la profecía estarán presentes, tal como lo estuvieron en la iglesia neotestamentaria, pues somos un cuerpo en Cristo con aquellos que conformaron la iglesia primitiva. Creemos en la sucesión eclesiástica. Somos la continuidad orgánica del Cuerpo de Cristo que nació en Pentecostés. El mismo Espíritu Santo que vino para morar en aquellos creyentes (la Iglesia) y darles poder permanece para morar en nosotros (la misma Iglesia) y darnos poder ahora. La ausencia de profecía, lenguas, interpretación de lenguas, o cualquier otro don carismático en nuestras congregaciones, no es señal o evidencia de una iglesia sana, bíblica u ordenada, sino todo lo contrario. El mismo Espíritu de orden es el mismo Espíritu del fervor y del poder carismático. Si esto falta, quizá sea necesario reevaluar la salud doctrinal y espiritual de nuestra congregación.