El diaconado, como ministerio eclesial, encuentra sus raíces en el Nuevo Testamento, particularmente en los Hechos de los Apóstoles, donde se describe la institución de los primeros diáconos. En Hechos 6:1-6, se narra cómo los apóstoles, enfrentados al crecimiento de la iglesia y a las necesidades de las viudas desatendidas, designaron a siete hombres "de buena reputación, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría" para servir en tareas prácticas, permitiendo así que los apóstoles se dedicaran a la oración y la predicación. Los siete elegidos —Esteban, Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás— son considerados, más apropiadamente, proto-diáconos, un término que refleja su rol precursor al diaconado formal. Su función principal, según Hechos 6:2-3, era "servir a las mesas" (diakonein trapezais), lo que implicaba administrar la distribución equitativa de recursos a las viudas y otros necesitados.
Categoría: Ministerio
El carácter del ministro en tiempos de crisis: Fundamentos teológicos y acción pastoral
En momentos de crisis —ya sea por pandemias, conflictos sociales, desastres naturales o incertidumbre espiritual—, la figura del ministro evangélico emerge como un pilar fundamental para la comunidad creyente. Nuestro liderazgo trasciende lo meramente religioso, convirtiéndonos en un referente de esperanza, guía y estabilidad en medio del caos. Y es que nuestro carácter y las acciones como ministros no solo definen nuestra autoridad espiritual, sino que también moldean la respuesta colectiva ante la adversidad, influyendo en cómo la comunidad enfrenta, interpreta y supera los desafíos.
Cuando la denuncia profética se convierte en partidismo evangélico
"Exhorto, pues, ante todo que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad, para que podamos vivir una vida tranquila y sosegada con toda piedad y dignidad." (1 Timoteo 2:1-2, LBLA)
Mujeres, don de lenguas y cesacionismo
¿Cesacionismo y desprecio hacia las mujeres? ¿Por qué no me extraña que ambas cosas vayan de la mano? Como lo dije unas líneas atrás, he oído numerosos argumentos en contra del hablar en lenguas, pero pocos tan ridículos y sin sentido como este. Lo curioso de este argumento es más bien la fuente, ya que no estamos hablando de un simple creyente con opiniones extrañas, sino de un erudito cesacionista, el Dr. Lehman Strauss, quien además de ser un reconocido pastor bautista, fue profesor del Instituto Bíblico de Filadelfia y autor publicado con más de una docena de libros. Pareciera más bien que, ante los prejuicios, incluso la Biblia y sus enseñanzas quedan relegadas a un segundo plano, pues cuando ya decidimos qué creer, nada nos hará desistir por muy absurdos que sean nuestros argumentos.
Formas sutiles (y no tan sutiles) en que las congregaciones abusan de sus pastores
Con la avalancha de noticias que informan sobre casos de escándalos y abusos cometidos por pastores evangélicos, pensé que era necesario equilibrar esto mostrando cómo los pastores ( y también pastoras, pues muchas fieles mujeres también ejercen valientemente este ministerio) son ocasionalmente abusados y maltratados por las ovejas (miembros de la iglesia). Quiero ser claro: este hecho no justifica ningún comportamiento escandaloso por parte de los líderes espirituales, ni pretendo justificar las fallas morales o el abuso pastoral, sin embargo, siempre vale la pena ver los dos lados de la historia.
¿Qué creen los pentecostales? | Las Asambleas de Dios (XI) – El Ministerio
Nuestro Señor ha provisto un ministerio que constituye un llamamiento divino y ordenado con el cuádruple propósito de dirigir a la iglesia en: La evangelización del mundo (Marcos 16:15-20); la adoración a Dios (Juan 4:23-24); la edificación de un cuerpo de santos para perfeccionarlos a la imagen de su Hijo (Efesios 4:11; Efesios 4:16); satisfacer las necesidades humanas con ministerios de amor y compasión (Salmo 112:9; Gálatas 2:10; Gálatas 6:10; Santiago 1:2)
¿Por qué soy pastor evangélico?
"Acordaos de vuestros pastores, que os hablaron la palabra de Dios; considerad cuál haya sido el resultado de su conducta, e imitad su fe." (Hebreos 13:7), y nos recuerda también que "Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar." (1 Timoteo 5:17).
Nuestras esposas | La Ezer Negued en nuestra vida y ministerio
Al ver Dios a Adán solo, varón sin hembra, su juicio es claro: eso no es bueno. Es la primera y única cosa que Dios destaca como necesitada de perfección en una creación en todo lo demás perfecta y buena: "Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él." (Génesis 2:18). ¡Y así surgió la mujer! "Ayuda idónea" (en hebreo: ézer négued) le llamamos. Pero "ayuda idónea" no traduce adecuadamente el término original hebreo ‘ezer négued'.
Fuga de cerebros pentecostales jóvenes | ¿Quién tiene la culpa?
Mi amado hermano pastor o líder de jóvenes: Por favor, escucha el corazón de los adolescentes. No tengas miedo de abordar los temas que ellos necesitan escuchar, incluso si son difíciles o no populares, incluso si van en contra de la cultura, e incluso si parece que ellos mismos no quieren escucharlos. No temas “rebajarte” a escucharlos y enseñarles. Déjate cuestionar, resuelve sus dudas. Mantén tu autoridad pero no la impongas. Deja que Dios te respalde. Prepárate, instrúyete, no te quedes en la ignorancia. Un pastor debería ser un erudito. Es mi oración que Dios te guíe, ilumine y empodere con Su Espíritu mientras conduces a estos preciosos jóvenes hasta Su presencia. Mientras no logremos ese equilibrio, mientras no nos reformemos a nosotros mismos, seguiremos siendo la guardería de las sectas, la sala cuna de donde las iglesias neocalvinistas que hoy se dicen “reformadas” extraerán a sus nuevos miembros, futuros líderes y pastores. No, los pentecostales no nacimos para eso. No somos la pecera de donde otros extraerán sus peces. Nacimos para ser la cuna de grandes hombres y mujeres de Dios que impactarán las naciones.
¿Divos evangélicos, o siervos de Cristo?
Al enseñar, al hablar o escribir, al ejercer cualquiera de mis dones, debo tener presente que lo hago para servir a otros, como lo hizo Cristo. De hecho, Él mismo dijo que vino para servir, no para ser servido (Marcos 10:45). Cristo vino a servirnos con su muerte, con su sacrificio. Entender que nuestros dones son para servir a los demás, y actuar de esa manera, es una decisión transformadora. Guardará nuestro corazón del orgullo y de creer que estamos aquí para alcanzar renombre, ser famosos, o convertirnos en alguna clase de superestrellas, divas (o divos) de la farándula evangélica.