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El pastor bivocacional y su llamado

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La alarma suena ¡No puedo creer que ya es hora de levantarme! ¡La noche pasó tan rápido! Miro mi celular y son las 2:00 a.m. Elevo una oración y le pido a Dios fuerza en este día, perdón por mis pecados y sabiduría para todo lo que corresponde. Me baño y me visto, me despido de mi esposa con un beso y camino alrededor de un kilómetro hasta llegar a la parada de buses. Debo tomar el bus de las 3:00 a.m. o no llegaré a tiempo ¡El tráfico es terrible aún a estas horas! Voy rumbo a mi trabajo que está a dos horas y más de 90 kilómetros de distancia en carro, y por el camino aprovecho el tiempo para encomendar de nuevo mi día en manos del Señor y dormir un poco más si es posible.

Llego a mi trabajo a las 6:00 a.m. y entro al aula. Sí, soy maestro en una Escuela Cristiana de renombre y gran trayectoria, reconocida como la mejor del país en el ámbito cristiano. De hecho, supera incluso a la mayoría de instituciones educativas seculares en mi natal El Salvador. Me siento en mi escritorio, realizo mi devocional personal y me apresuro a desayunar. El día laboral está por comenzar y debo recibir a mis alumnos con una reflexión de la Palabra. Luego vendrán las lecciones de historia, geografía, política y métodos y técnicas de investigación social. La Biblia es el ingrediente infaltable en cada lección. ¡Amo mi trabajo! ¡Amo poder pastorear el corazón de estos hermosos jóvenes!

CORRIENDO LA MILLA EXTRA…

Mi jornada laboral termina a las 2:30 p.m. y ahora debo apresurarme para llegar a la terminal de buses y tomar a tiempo el transporte que me llevará de vuelta a casa. Pero ¡Un momento! No puedo irme a descansar todavía. ¡Soy el pastor de una pequeña iglesia en un pequeño pueblo al norte de mi país! ¡Y esta noche hay estudio bíblico y reunión de jóvenes! Por fin la reunión ha terminado y cuando me preparo para cerrar el edificio de la iglesia alguien se me acerca y me dice que desea hablar conmigo sobre un problema que le atormenta (yo todavía no he cenado). Luego de terminar nuestra plática me apresuro a entrar a casa. Son las 9:00 p.m. y quiero cenar y pasar tiempo con mi esposa. Ella, quien también es pastora licenciada por nuestra denominación, se encargó de presidir y predicar en la reunión de mujeres de esta tarde y atender el comedor infantil administrado por la iglesia. Honestamente no sé qué haría sin ella. Luego de charlar un rato y discutir los problemas de la congregación, las cuentas por pagar y los asuntos familiares, nos disponemos a dormir. Son las 10:00 p.m. y mi alarma sonará sin falta en cuatro horas. La historia se repetirá mañana.

Esta es mi normalidad. Así son los días de mi vida, tres o cuatro veces en la semana como un pastor bivocacional. Sin mencionar la Escuela Dominal de Adultos, la preparación de los nuevos miembros para recibir el bautismo, los servicios los domingos y a veces las diferentes reuniones los sábados. ¿Algo más? Sí. Olvidaba los Retiros Espirituales, el Instituto Bíblico, mi blog y los viajes misioneros. Y claro ¡Hay que preparar adecuadamente las clases de la Escuela y atender actividades extracurriculares y las programadas en el calendario distrital de mi denominación, ya que también ejerzo liderazgo en el comité de misiones! ¿Cómo puedo aguantar este ritmo de vida sin morir de un infarto cardíaco o cerebral? Pues ¡Con la ayuda de Dios! He podido experimentar en carne propia la veracidad de estas palabras inspiradas:

“El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas. Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen; pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.” (Isaías 40:29-31)
“Pero tú aumentarás mis fuerzas como las del búfalo; seré ungido con aceite fresco.” (Salmo 92:10)

LA VIDA DE UN PASTOR BIVOCACIONAL

Pero no estoy solo en esto. Hay muchos como yo en todas denominaciones cristianas e iglesias independientes sin ayuda exterior. La realidad para muchos pastores bivocacionales es mucho trabajo, poco descanso y mínimo fruto. Pero ¿Qué es en sí un pastor bivocacional? Un pastor bivocacional es aquel que tiene un llamado a servir, una pasión por predicar a Cristo y discipular, pero se sustenta mayormente con su trabajo, y parcialmente o en nada por la iglesia, por lo menos al principio de su ministerio. El concepto de “pastor bivocacional” es novedoso para muchos, principalmente en nuestra América Latina, en donde se acostumbra que el pastor se dedique exclusivamente a la iglesia y ministerio. En muchas denominaciones, principalmente pentecostales, trabajar secularmente es mal visto o incluso considerado como una señal de pecado, de abandono divino, falta de fe o falta de consagración por parte del ministro; sin embargo, el ministerio bivocacional es muy antiguo (mucho más que las iglesias pentecostales); de hecho, es el modelo que vemos en Pablo. Cuando llegó a Corinto, él trabajó haciendo tiendas y se desempeñaba en este oficio mientras predicaba y fundaba la iglesia allí (Hechos 18:1-11). En otras palabras ¡Pablo se sostenía a sí mismo cuando era necesario! Nunca consideró que el trabajo secular fuera degradante para el ministro de la Palabra.

Quizá tú que estás leyendo este artículo seas un pastor bivocacional o miembro de una iglesia donde tu pastor tiene dos trabajos a tiempo completo (pastorado y trabajo secular). Es probable que tengas que experimentar no sólo el cansancio físico y mental por el exceso de trabajo, sino también dolor espiritual y emocional ante las opiniones no solicitadas de otros creyentes, a veces colegas en el ministerio, que te juzgarán por hacer las cosas de esa manera. Sin embargo, esta es la realidad de muchos pastores que sirven en iglesias pequeñas, geográficamente aisladas y que tampoco son autosostenibles. Muchas veces incluso tendrás que usar el dinero de tu trabajo para apoyar en algo los eventos y cubrir los gastos de tu iglesia local. Si ese es tu caso, permíteme darte unos consejos que me ayudaron a no llegar a la locura y a deleitarme en el ministerio bivocacional.

NO CODICIES LO QUE OTRAS IGLESIAS TIENEN

A veces nos enteramos del ministro de música que tiene otra iglesia, o cuántos maestros de Escuela Dominical tiene la iglesia en el otro lado del pue lo o en la ciudad vecina. La tentación es que tengamos celos ministeriales y empecemos a forzar en la iglesia cosas que no están ahí. La gente no está capacitada, pero la obligamos porque “necesitamos” ese ministerio. Ponemos personas que no deberían cantar, a cantar y ponemos a enseñar personas que no deben enseñar. Mi consejo, hermano, es estar contento con lo que tienes y trabajar con lo que Dios te dio. Es muy tentador tener envidia del pastor que está a tiempo completo y que tiene una iglesia más grande que la tuya. La codicia muere cuando estamos contentos con lo que Dios nos dio:

“Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento. Porque nada hemos traído al mundo, así que nada podemos sacar de él. Y si tenemos qué comer y con qué cubrirnos, con eso estaremos contentos” (1 Timoteo 6:6-8, LBLA).

Ten paz con las cosas que no puedes hacer en tu iglesia. El tiempo del pastor bivocacional es limitado y muchas cosas no se podrán hacer. Tres cosas son esenciales en el ministerio pastoral: la preparación y predicación de la Palabra, pastorear o cuidar las ovejas y la oración. Todo lo demás es secundario. Enfócate en ser excelente en estas tres cosas y para lo demás, ten paz si no se puede hacer. Recuerda:

“El dio a algunos el ser apóstoles, a otros profetas, a otros evangelistas, a otros pastores y maestros, a fin de capacitar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios 4:11-12, LBLA).

NO TE SOBRECARGUES CON COSAS INNECESARIAS

Sé selectivo en qué puedes hacer y qué no puedes hacer fuera de la iglesia. Estamos viviendo en una era de conferencias, retiros, capacitaciones, etc. El activismo en muchas iglesias es brutal. Parece que cada semana hay algo nuevo a lo que es necesario asistir. Pero debes ser realista con lo que puedes hacer y con lo que no puedes hacer; en otras palabras, no tienes que ir a todas las conferencias, Retiros, campamentos y demás actividades que se pongan enfrente. Muchas de ellas pueden ser dejadas para otra ocasion. Sé selectivo porque para ir a esas actividades posiblemente tendrás que usar el tiempo de otras actividades que sí son esenciales o, peor aún, le robarás el tiempo que es sagrado a tu familia. ¿Cuántos ministros han visto destruidas su familias por no dedicarles tiempo? Lamentablemente muchos pastores piensan que están casados con la iglesia, pero ¡Momento! ¡La iglesia es la esposa del Cordero, no la tuya! Así que no dejes viuda a tu esposa antes de tiempo y tampoco abandones a tus hijos por cumplir cada antojo del activismo desenfrenado de algunas denominaciones.

TÚ TAMBIÉN NECESITAS DESCANSAR

Asegúrate de tomar tiempo para el descanso y vacaciones con tu familia. No, ¡No es pecado hacerlo! Nunca olvides que tu familia es tu principal ministerio. Y, aunque no te lo hayan dicho en el seminario teológico ¡Descansar es también un mandato! La Biblia nos dice:

“Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día será reposo para Jehová tu Dios: no hagas en él obra alguna, tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu criada, ni tu bestia, ni tu extranjero que está dentro de tus puertas: Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, la mar y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día: por tanto Jehová bendijo el día del reposo y lo santificó.” (Éxodo 20:9-11)

Sí, leíste bien. Dios mandó a su pueblo descansar periódicamente. La misma ley mosaica justificaba dicho mandato argumentando que, después de crear al mundo, el mismo Dios descansó (Génesis 2:2). Esto no fue porque para Dios fuera necesario, sino porque para nosotros sí. En la creación, Dios modeló para nosotros un ritmo de trabajo y descanso. Si trabajamos demasiado sin descansar, nos sentimos agotados. Si descansamos todo el tiempo y nunca trabajamos, nos sentimos inquietos. Este ritmo continuo de trabajo y descanso muestra que no somos lo suficientemente fuertes para siempre trabajar. Solo Dios es tan fuerte y poderoso para no tener que jamás descansar. Cada vez que te acuestas en tu cama estás demostrándole al mundo que no eres Dios y que Dios no solo nos da nuestro pan diario, sino también nuestro descanso cada noche.

Muchos pastores llevan sobre sus hombros la carga innecesaria de la culpa por descansar o tomarse vacaciones ocasionales. Sienten que pecan y que le están fallando a Dios por estar cansados y necesitar un descanso. Pero tal me era de pensat no tiene sentido. Tan sólo piensa: ¿Dice la Biblia en alguna parte que es pecado que el pastor se tome un día de descanso semanal? No. No lo dice. Pero sí nos ilustra la necesidad de que el líder y pastor cristiano descanse y sepa delegar por el bienestar de su salud:

“El día siguiente, Moisés se sentó a juzgar al pueblo. El pueblo se colocó alrededor de Moisés todo el día. El suegro de Moisés vio todo lo que Moisés estaba haciendo por el pueblo y le preguntó: —¿Qué es lo que estás haciendo con este pueblo? ¿Por qué estás sentado ahí tú solo, mientras el pueblo se queda de pie a tu alrededor todo el día? Moisés le respondió a su suegro: —Porque el pueblo viene a buscarme para consultar a Dios. Cuando tienen algún problema entre ellos, vienen y yo decido quién tiene la razón. Yo doy a conocer las leyes y normas de Dios. Pero el suegro de Moisés le dijo: —Lo que estás haciendo no está bien. Tú y el pueblo que está contigo se van a cansar. Este trabajo es muy difícil para ti, no puedes hacerlo solo. Ahora escúchame, te voy a dar un consejo para que Dios esté contigo. Tú serás el representante de Dios ante el pueblo y llevarás los problemas de ellos ante él. Enséñales las leyes y las normas y hazles saber de qué manera deben vivir y qué deben hacer. Pero elige hombres buenos, dignos de confianza, que respeten a Dios, que no se dejen sobornar y haz que ellos manden sobre el pueblo. Coloca a unos de ellos a cargo de mil personas, a otros a cargo de cien, a otros a cargo de cincuenta, e incluso otros a cargo de diez. Ellos estarán encargados de juzgar al pueblo en todo momento. Los casos más graves te los llevarán a ti, pero los casos menores los juzgarán ellos. Facilítate las cosas, encargándoles parte del trabajo. Si haces todo esto y lo ordena Dios, vas a poder sobrellevar tu trabajo y todo el pueblo se irá en paz a sus hogares.” (Éxodo 18:13-23, PDT).

Y esto nos lleva al siguiente punto.

PIDE AYUDA A OTROS

Mi amado hermano pastor ¿Quién te ha dicho que eres Supermán? Uno de los pecados más fuertes en nosotros los pastores es el orgullo ministerial. Mentimos acerca de la membresía, nos jactamos de la efectividad de la iglesia en la comunidad y exageramos acerca de los ministerios que tenemos. Son pocos los pastores que pueden reconocer sus limitaciones, humillarse y pedir ayuda a otros pastores. No hay nada malo en pedir ayuda ya sea a otro pastor, a tus superiores en tu denominación, u otros miembros de tu iglesia. El pastor bivocacional necesita mucha ayuda y hay un gran número de iglesias con gran cantidad de recursos (personas y dinero) que estarían dispuestos a ayudar si tan sólo lo pidieras.

PREPARA E INSTRUYE A OTROS

Mi amado pastor bivocacional: ¡Dedícate a preparar a otros hombres y mujeres para el ministerio! Una de mis quejas cuando comencé como pastor bivocacional, era que carecía de obreros. Me sentía presionado para hacer todo, y es que, en nuestra amada Latinoamérica, los pastores, en vez de ser teólogos somos “todólogos”. No sabemos ni queremos delegar. Pero 2 Timoteo 2:2 nos aconseja:

“Y lo que has oído de mí en la presencia de muchos testigos, eso encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

Si leíste bien quizá observas te que este texto vemos cuatro generaciones de obreros: Pablo, Timoteo, hombres fieles y otros. Busca dos o tres hombres de la congregación que sean enseñables y que ellos enseñen a otros. Esto cambiará tu ministerio.

ORGANIZA BIEN TU TIEMPO

Una cosa que el pastor bivocacional debe aprender, es decir “no” a muchas cosas. El corazón servidor de un pastor puede llevarlo a hacer más de lo que su tiempo le permite. Su tiempo debe ser distribuido en lo siguiente: su relación con el Señor (estudio bíblico, devocional, oración), familia, iglesia (pastorado) y trabajo. Organiza tu vida para que puedas ser efectivo en estas áreas. Hay ocasiones, hermano pastor, cuando tienes que decirle a una oveja que no puedes atenderlo porque estás pasando tiempo con tu hijo. Además de organizar tu tiempo, debes quitar o modificar las distracciones en tu vida, por ejemplo: las redes sociales, la TV, Netflix y muchas otras cosas pueden robar valiosas e irrecuperables horas de tu vida. Te aconsejo que aprendas a vivir con un calendario o agenda para que tengas tus citas en orden y puedas organizarte bien.

CONTROLA TUS FINANZAS

Una razón por la que algunos pastores bivocacionales están obligados a trabajar secularmente, es porque descuidaron sus finanzas. Tienen muchas deudas, viven en un nivel superior a su realidad o simplemente por avaricia. En otras palabras, sus finanzas los controlan y ellos no controlan sus finanzas. Un consejo aquí es: aprende a vivir bajo un presupuesto. Si no sabes cómo preparar uno, te recomiendo buscar a alguien que te pueda ayudar a controlar tus finanzas. Como pastores, debemos ser ejemplo de la mayordomía. Trabaja en un plan para eliminar las deudas y controla la manera en la que gastas el dinero.

VIVE PARA LA EXCELENCIA

Haz tu trabajo con excelencia para agradar a Dios. El apóstol Pablo dice a los siervos en Efesios 6:5-9:

“Siervos, obedeced a vuestros amos en la tierra, con temor y temblor, con la sinceridad de vuestro corazón, como a Cristo; no para ser vistos, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios. Servid de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que cualquier cosa buena que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre”.

Tu trabajo debe mostrar a quien sirves y serás un ejemplo para la iglesia de cómo servir a Dios en el trabajo.

ORA, ORA Y ORA MÁS…

Estoy convencido de que ser pastor bivocacional es un llamado, y para ser efectivo en este ministerio debes confiar en el poder del Espíritu Santo y eso nos debería llevar a ser hombres de oración. Dedica tu vida a la oración. Hay momentos en que te querrás rendir por el cansancio físico, el desánimo o falta de fruto. Tal vez tengas problemas en el trabajo, en la iglesia y en tu familia. ¡A mí me ha pasado muchas veces! Pero por favor, pase lo que pase, no descuides tu vida de oración bajo la excusa de que estás cansado o tienes mucho que hacer como para orar.

De todas las cosas por las que se conoce a Martin Lutero, entre las más importantes está su dedicación a la oración. Él es famoso por decir:

“Tengo tantas cosas qué hacer que debo invertir las primeras tres horas en oración’’.

Y no exageraba. Muchos de sus amigos y estudiantes testifican que pasaba varias horas sobre sus rodillas en una ferviente y diaria oración, y a menudo lo hacía en momentos durante del día que parecían inoportunos. Si el gran reformador, catedrático, teólogo y traductor de la biblia al alemán tenía tiempo para orar ¿Por qué tú no? ¡Seguramente reformar una nación es más pesado que ser pastor bivocacional! ¿No crees? Te suplico, amado pastor bivocacional, que derrames tu corazón “confiadamente al trono de gracia para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:16).

CONCLUSIÓN

Puede ser que a los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas nunca se les invite a predicar en la conferencia nacional de su denominación (es más, quizás se les critique en la misma); puede ser que nunca se les pida escribir un libro, quizá nunca se destaquen en su reunión denominacional o en el retiro de su red de iglesias nacional. Sin embargo, ellos tienen las mismas responsabilidades que todos los demás pastores. De hecho, podría afirmar que tienen más responsabilidades porque los pastores de iglesias más grandes tienen empleados y asistentes que pueden quitarles algo de su carga. Los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, en cambio, con frecuencia no tienen a nadie más. ¿Quién más preparará el sermón, visitará el hospital, aconsejará a los quebrantados, hará visitas evangelísticas, discipulará a los hombres o, incluso, doblará los boletines en ciertas ocasiones?

Me entristece, sin embargo, sentir que con frecuencia los pastores bivocacionales y de iglesias pequeñas, mis hermanos pastores, están desanimados en sus ministerios. Sus superiores, sus colegas pastores y hasta sus mismas congregaciones les hacen sentir así con sus críticas despiadadas y comentarios irreflexivos. Lo sé porque yo también he sentido y experimentado eso a veces. Por eso, a mis amados hermanos que, como yo, sirven como pastores bivocacionales, quiero decirles: El hecho de que estés sirviendo en el ministerio pastoral no es un accidente. Dios te apartó, por medio de Su Espíritu Santo, para el ministerio del evangelio, el ministerio en el que sirves ahora. Así que, recuerda que Dios te llamó, y el Espíritu Santo te hizo pastor «para apacentar la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hechos 20:28). Tu trato con Dios no depende de la opinión de otros o de su aprobación. Cada ministerio es distinto, cada llamado es especial y único ¡Recuerda tu llamado y da gracias!

Ministerio Pastoral, REFLEXIÓN BÍBLICA, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Reflexiones sobre el ministerio

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Me encanta caminar en el evangelio con otras personas, pastorear una comunidad, predicar, enseñar y participar en todo lo emocionante que conlleva ser parte de una iglesia. Sin embargo, no todo en el ministerio es divertido. Al contrario, el ministerio está lleno de situaciones difíciles y a veces pecaminosas.

Desde afuera uno puede hacer todo para prepararse: leer libros, asistir a clases, ser ordenado, etc. Pero ser un pastor es infinitamente más difícil que prepararse para serlo. Ciertamente, el ministerio es un tesoro de glorias y muertes. Nada te puede preparar para ‘tomar tu cruz’ de esta manera excepto hacerlo.

LO QUE SIGNIFICA EL MINISTERIO CRISTIANO

Aunque no he estado en el ministerio por décadas como muchos otros colegas más experimentados, he aprendido la necesidad de definir el ministerio de acuerdo a la Biblia y no a mis expectativas. No solo habló acerca del ministerio pastoral sino también de cualquier función que alguien tiene en la vida de la Iglesia para llevar a cabo la misión de hacer y crecer discípulos de Cristo. Desde afuera el ministerio puede parecer genial, y ¡en muchas ocasiones lo es! Pero muchas veces el ministerio parece genial porque solo destacamos las partes positivas (un edificio lleno de personas que oyen tu predicación, bautizar a nuevos creyentes, realizar, retiros, campamentos, conferencias, etc.). En realidad, el ministerio es mucho más que eso.

El ministerio existe principalmente porque Cristo nos ministró primero a través de su vida, muerte y resurrección (el evangelio), y ahora nos ha encomendado con una misión para compartir ese mismo evangelio a otros (Mateo 28:18-20). El evangelio es necesario porque nosotros somos pecadores y todos nuestros problemas encuentran su raíz en el pecado. Ministrar, entonces, en gran parte es lidiar con los problemas de otros, los pecados de otros, y apuntarles hacia la única solución verdadera: Cristo (Romanos 10:13-15).

EL MINISTERIO: ENTRE LO MEJOR Y LO PEOR

Estar en el ministerio es lo mejor porque estamos participando directamente en la misión de Dios de reconciliar a pecadores con sí mismo. Claro, nosotros no somos el poder o la fuente de salvación: somos nada más que heraldos de las buenas noticias que Cristo salva, y esta es la obra más gratificante y satisfactoria en la que podemos participar. Pero, estar en el ministerio también es lo peor porque hemos sido enviados como heraldos a un mundo caído. Y mientras somos sus instrumentos, también somos imperfectos. Cometemos errores, fracasamos frecuentemente, y nos tropezamos en cada paso de llevar a cabo la Gran Comisión que se nos ha encomendado.

LO QUE CUESTA SEGUIR A CRISTO

¿Quién dijo que sería fácil? La Biblia no presenta un concepto de ministerio que es todo alegre y para nada difícil. Sinceramente, presenta lo opuesto: “Pues en todo nos recomendamos a nosotros mismos como ministros de Dios, en mucha perseverancia, en aflicciones, en privaciones, en angustias, en azotes, en cárceles, en tumultos, en trabajos, en desvelos, en ayunos, en pureza, en conocimiento, con paciencia, con bondad, en el Espíritu Santo, con amor sincero, en la palabra de verdad, en el poder de Dios; por armas de justicia para la derecha y para la izquierda; en honra y en deshonra, en mala fama y en buena fama; como impostores, pero veraces. Somos tratados como desconocidos, pero bien conocidos; como moribundos, pero vivimos; como castigados, pero no condenados a muerte; como entristecidos, pero siempre gozosos; como pobres, pero enriqueciendo a muchos; como no teniendo nada, aunque poseyéndolo todo.” (2 Corintios 6:4-10, LBLA).

Somos llamados a ser ministros de Dios, representantes del evangelio, en las peores circunstancias. ¡Somos llamados a ir y entrar a los lugares más oscuros para brillar la luz del evangelio! Esto no es fácil. Muchas veces significa sufrir con los que están sufriendo. Sacrificar lo que tenemos para servir a los demás. Y en algunos casos, significa darlo todo hasta el punto de la muerte. Que nuestra oración tenga el mismo espíritu como la de Pablo cuando dijo: «Pero en ninguna manera estimo mi vida como valiosa para mí mismo, a fin de poder terminar mi carrera y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio solemnemente del evangelio de la gracia de Dios» (Hechos 20:24).

LOS MINISTROS TAMBIÉN NECESITAMOS EL EVANGELIO

Las buenas noticias para el ministro son las mismas que las buenas noticias para el que está siendo ministrado: Cristo lo ha hecho todo. Y porque Él nos está haciendo perfectos, por medio del Espíritu y gracias a su obra en la cruz, podemos confiar en que Él nos usará y santificará a través del ministerio también. Como lo dice el pasaje de arriba, podemos ser pobres pero enriquecer a muchos porque aunque no tengamos nada, lo tenemos todo en Cristo (2 Corintios 6:4-10). Él es nuestra esperanza, en lo bueno y en lo malo. Al fin y a cabo, el ministerio no es solucionar los problemas de los demás, sino apuntarles a la única persona que realmente puede ayudarles. En cualquier caso, sea lo mejor o lo peor, el éxito y la satisfacción del ministerio no se debe medir por meras circunstancias, sino por lo que Cristo está haciendo al trascender nuestras circunstancias y obrar a través de y en personas imperfectas y ordinarias como nosotros.

Egalitarianismo, Ministerio Femenino

Mujeres en el ministerio: Llamadas, escogidas y empoderadas por Dios

Por Fernando E. Alvarado.

Mientras muchos niegan la igualdad bíblica entre el hombre y la mujer y se oponen a que ejerzan el ministerio, nuestras valientes hermanas no han perdido el tiempo en debates. Ellas se han enfocado en ejercer el llamamiento y los dones que Dios les ha dado y de esa forma aportar mucho más en nuestras iglesias y en la extensión del Reino. Es tiempo de dejar de lado la polémica de si la mujer debe o no debe ejercer autoridad sobre el varón en la iglesia. Muchas mujeres tienen los dones y el llamamiento para liderar. ¿Por qué cortarles las alas?

Romanos 11:29 nos dice que “irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”. La oposición de algunos jamás podrá destruir el llamado de nuestras fieles hermanas, pues su llamado proviene de Dios, no del hombre que las crítica por ejercerlo. El pueblo de Dios puede y debe trabajar conjuntamente, hombres y mujeres, en el cumplimiento de la Gran comisión dada en Mateo 28:19-20:

“Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándoles en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”.

Tanto los hombres como las mujeres, debemos comprometernos con un modelo de ministerio que refleje el espíritu de servicio mostrado por nuestro Señor Jesucristo, y no la lucha mundana por el poder y el estatus social. Debemos evitar el dominio del hombre sobre la mujer y que ésta se sienta oprimida o postergada, o viceversa, o los deseos de la mujer de demostrar que vale tanto o más que los hombres. Ambas intenciones pervierten el liderazgo, lo ejerza quien lo ejerza, porque no se aplica el corazón de Cristo. Luchemos en unidad, hombres y mujeres, por el cumplimiento de la misión dada a la iglesia de ir y hacer discípulos en todas las naciones (Marcos 16:15), no olvidando que dicho mandato no discrimina a nadie, pues toda barrera étnica, socioeconómica e incluso de género, ha sido derribada por Cristo en la cruz. Ahora en Cristo:

“Ya no importa si eres judío o griego, esclavo o libre, hombre o mujer. Todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús” (Gálatas 3:28, NBV).

La “batalla de los sexos” no tiene cabida en la Iglesia del Señor, pues la cruz significa más que perdón, es también reconciliación. Una reconciliación del hombre con Dios y del hombre con sus semejantes, pues “Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo” (1 Corintios 5:19). El hombre y la mujer fueron creados para reflejar juntos la imagen de Dios:

“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Génesis 1:27).

Juntos, por Su gracia y para Su gloria, trabajarán en unidad, ejerciendo cada uno los dones y ministerios que en su soberana voluntad Dios les conceda: pastores y pastoras, misioneros y misioneras, maestros y maestras de la Palabra. Juntos hombre y mujer, liderando y ejerciendo sus dones como iguales para el beneficio del cuerpo de Cristo.

Ministerio Femenino

¿Es bíblico el pastorado femenino?

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

¿Es correcto que las mujeres sean pastoras, maestras, evangelistas o misioneras? ¿Deberían las iglesias evangélicas romper toda barrera ministerial con base en el género? Definitivamente sí. Nuestra sociedad enfrenta muchos problemas, muchos de ellos están relacionados con roles sexuales y distinciones. Estos problemas también son problemas en la iglesia. Los extremos en nuestra sociedad crean temor sobre la deterioración de las estructuras familiares u otros cambios que puedan ocurrir. El estímulo de las mujeres en el ministerio no viene de estos extremos y no debería contribuir a estos temores. Tener a mujeres en el ministerio no solamente liberará las energías de la Iglesia para la proclamación del evangelio, sino también tener a mujeres en papeles del ministerio ayudará a la iglesia tratar de una manera más honesta y completa que antes el significado de ser un hombre y el significado ser una mujer.

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El ministerio de la iglesia es una tarea enorme y muchas veces difícil. Los dones y las habilidades de las mujeres se necesitan tanto como las de los hombres. Las mujeres se toparán con los mismos problemas que los hombres, pero la Iglesia no puede darse el lujo de levantar obstáculos adicionales que inhibirían su ministerio. Es tiempo de dejar que el Espíritu de Dios trabaje por medio de todo el pueblo de Dios, incluyendo a las mujeres. Disfrutar la libertad del Espíritu no solamente significará que las mujeres pueden ministrar, pero que el pueblo de Dios también permitirá que se les ministre por parte de todos aquellos que son llamados por Dios y son dotados por Dios.

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I.- MUJERES PASTORAS EN LA BIBLIA:

La Biblia y el Señor mismo autorizan el ministerio pastoral de la mujer. El Nuevo Testamento no nos dice específicamente qué pastores existieron, pero si sabemos que existieron hombres y mujeres que proporcionaron la dirección espiritual para las iglesias que se formaban en sus hogares:

 

MARÍA: En la iglesia primitiva, casi todas las reuniones cristianas fueron celebradas en hogares privados. Entre estas casas-iglesia una de las posibles líderes pastorales eran María, la madre de Juan Marcos, el que acompañaría a Pablo y Bernabé en sus viajes apostólicos. Estaba en su casa la Iglesia a la cual Pedro iría luego de la visitación angelical señalado en Hechos 12:12.

CLOÉ: Otra líder de una casa-iglesia era Cloé según 1 Corintios 1:11. Pablo se había enterado “por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas”, en relación a la iglesia de Corinto. Creyentes que estaban vinculados con ella en razón de la iglesia en su casa. Pudieron haber sido parientes o criados de la casa, o pudieron haber sido cristianos que viven en el área y que se juntaban en su hogar para la adoración. Estos creyentes vivían bajo la dirección espiritual, el cuidado y protección de Cloé. Pero la influencia de Cloé se extendió más allá de su propia casa. Evidentemente, ella había enviado una delegación de su iglesia a la casa de Pablo, que la conocía o sabía de ella, para informarle la necesidad de corrección para la iglesia de Corinto. Ella era una líder y una fuente confiable de información para el apóstol Pablo.

LIDIA: Hechos 16:14–15, 40 nos habla sobre Lidia, la primera europea convertida al evangelio por medio de Pablo, que ofreció la hospitalidad a Pablo en su hogar. La Biblia cuenta su experiencia de conversión y la de su familia, su casa entera fue bautizada, con ello su hogar se convirtió en el lugar de la primera reunión para los cristianos europeos. Lidia era una mujer de negocios, vendedora de púrpura. El hecho de que la Escritura no mencione a ningún marido o padre indica la prominencia de esta mujer. Las mujeres griegas y romanas del primero siglo estaban casi siempre bajo tutela legal de un marido o de un padre, Lidia pudo haber sido una viuda o solamente una hija rica que heredó el estado de sus padres. Así, ella se transformó en la cabeza de su propia casa. Ella manejó el negocio familiar o desarrolló el negocio que eran o de su padre o de su marido, sea heredado del padre o por su viudez. El libro de Hechos dice que la casa entera de Lidia fue bautizada por su conversión a Cristo. Esto sigue el costumbre de familias romanas antiguas. Siendo paganos creían que los dioses protegían el hogar y los negocios de la familia. Así, era el deber de los miembros de estos hogares que, determinado por la cabeza de la casa, la fe fuera adoptada por los parientes y esclavos. Las casas romanas eran a menudo grandes puestos de trabajo en donde se desarrollaban todas las actividades económicas de la familia. Los que trabajaron para Lidia en su negocio y que se convirtieron, posiblemente otros que se vinculaban al comercio, integraban el gremio de los fabricantes de tintura o teñido. En virtud de su posición como cabeza de familia, Lidia tenía la oportunidad y la responsabilidad de conducir a todos sus miembros a Cristo y entonces de establecerlos y de conducirlos en la fe. Esto la puso en una posición similar al pastor de hoy en día. Para satisfacer parte de esta responsabilidad, Pablo es invitado por Lidia a venir y predicar en su hogar. Éste hogar pudo haber sido la primera iglesia plantada en suelo europeo, y su pastor era una mujer.

NINFAS: Otra mujer del Nuevo Testamento que dirigió una iglesia en casa era Ninfas (Colosenses 4:15). Pablo envió saludos ella y a la iglesia en su casa. Algunos eruditos modernos intentan justificar este saludo en que ella no era el Pastor de esa iglesia sino que solamente la anfitriona. Si fuera así, me pregunto: ¿Quién sería el pastor de iglesia en su casa, y porqué Pablo fue tan descortés de no saludar al pastor como lo hizo con la anfitriona?

PRISCILA: Otra pastora de una iglesia en casa fue Prisca, o Priscila, como Pablo la llama a menudo cariñosamente. Romanos 16:3–5 expresa su gratitud a ella y a su marido, Aquila. Ambos desarrollaron el ministerio pastoral en equipo y trabajaron con Pablo en sembrar el evangelio en Roma, Corinto y Éfeso. En su carta a los de Roma, Pablo envía saludos a la iglesia que pastorean juntos. A menudo los eruditos griegos han precisado que la práctica de Pablo de mencionar el nombre de Priscila antes que de su marido acentúa que ella era el líder más prominente. Puesto que se acostumbraba antiguamente a señalar el el nombre del marido antes que el de la esposa, Priscila debe haber sido una ministra excepcional para que Pablo tenga la costumbre de mencionar el orden invertido, honrándola de esta manera.

ELECTA: El Libro de 2 Juan es una carta dirigida a una iglesia y a su pastor, una mujer con quien el apóstol Juan tenía evidentemente lazos de afecto. Juan inicia la carta: “El anciano a la señora elegida y a sus hijos a quienes yo amo en la verdad; y no sólo yo, sino también todos los que han conocido la verdad”. La expresión “hijos” era un término que frecuentemente Juan utilizaba para los creyentes. (1 Juan 2:1, 12, 18, 28). La “verdad” era un término de uso frecuente que empleaba Juan para referirse a la revelación de Jesús (véase, por ejemplo, Juan 1:14, 17; 8:32; 16:13; 1 Juan 1:6 – 8; 2:4, 21; 3:19; 2 Juan 4; 3 Juan 3-4.). La palabra “elegida” dice relación con los elegidos para salvación pero puede también ser utilizado para referirse al liderazgo. Muchos eruditos, reconociendo que es una carta dirigida a una iglesia, señalan que ”a la señora elegida” es una mera metáfora para referirse a la iglesia. Así visto se estaría entonces infringiendo la práctica griega universal de nombrar a los destinatarios de una carta al principio. Sin un destinatario o una localización, no se puede explicar a quién o cómo la carta fue entregada, incluso haría perder el sentido llano del texto. Además, su lógica es contraria porque si la expresion: “señora” y los “Hijos” están destinadas para referirse a la iglesia entonces Juan cometió una redundancia: “a la iglesia y a la iglesia”. Si es así ¿A cuál iglesia él escribe? Nadie escribe una carta a un símbolo, sí a una persona o a un grupo real. En el segundo siglo, Clemente de Alejandría identificó “a la señora elegida” como un individuo específico. Él señaló que 2 Juan “… Fue escrito a las vírgenes. Fue escrito a una mujer babilónica que tenía por nombre Electa.” (Clemente de Alexandría, fragmentos de Cassiodorus IV, 1-2 tr. por Guillermo Wilson, padres del segundo siglo, A. Cleveland Coxe, ed., Nueva York: El Christian Literature Publishing Company, 1885, vol. 2, P. 576.) Aunque él no desarrolla esto, se desprende de esta declaración que Clemente había oído hablar de esta mujer y sabía que ella era el líder espiritual de estas vírgenes. El misterio surge al preguntarse porqué es “una mujer babilónica” si Babilonia como nación había desaparecido. Quizás ella era descendiente de Babilonios o era de la Roma pagana, que los cristianos a menudo y despectivamente llamaron “Babilonia.” Electa pudo haber sido el líder de una especie de comunidad de vírgenes cristianas. Clemente puede haber asumido que sus seguidoras eran vírgenes debido al énfasis cada vez mayor al Ascetismo que había en su época,medio siglo después de que la carta fuera escrita. Durante los períodos primitivos y medievales de la historia de la iglesia, era muy común para que las mujeres devotas dediquen sus hogares para la adoración cristiana y motiven a otras personas diferentes de su familia a compartir y vivir la fe en Cristo. Generalmente, los convertidos que vinieron bajo cuidado pastoral de tales mujeres eran miembros de la casa o colegas de las mujeres. En el caso de Electa, si fuera correcto lo dicho por Clemente, eran las vírgenes cristianas dedicadas, así como lo eran los Eunucos de antaño, o los que vivían el celibato. Posteriormente el catolicismo romano desarrollaría esto con la fundación de órdenes religiosas, excluyéndolas del liderazgo regular. La epístola termina con otra mujer: “Los hijos de tu hermana, la elegida, te saludan. Amén”, y con ello se denota un rol pastoral en ella en atención a las expresiones “hijos” y la “elegida” como al principio se señaló. Por el historiador Eusebio tenemos datos para señalar el ministerio pastoral de al menos 2 mujeres más. El apóstol Felipe y dos de sus cuatro hijas que eran profetisas vivieron en Hierápolis en Asia. Una tercera hija vivió en Efeso, la ciudad donde Juan predicó. A diferencia de los otros apóstoles que fueron mártires en décadas anteriores, el apóstol Juan vivió posiblemente hasta casi los 100 años. Existieron lazos muy estrechos entre Juan, la iglesia en Éfeso, y Felipe y sus hijas. Es posible que después de la muerte de Felipe, Juan escribió su segunda epístola a una de las hijas que aún sobrevivía en Hierápolis (“señora elegida” o a la “señora Electa”) y estos saludos fueran transmitidos a la iglesia de Éfeso por medio de su otra hermana. De ser así, tenemos la evidencia de Juan que estas hijas de Felipe establecieron y condujeron comunidades cristianas. El historiador de la iglesia, Eusebio, del cuarto siglo, menciona una carta escrita por Polícrates, obispo de Éfeso, a Víctor, obispo de Roma entre el año 189-198. “… Porque en Asia, también, las lumbreras poderosas se han dormido, pero se levantarán otra vez como en el pasado, a la semejanza de nuestro Señor, cuando él venga con gloria del cielo, y recogerá otra vez a todos los santos. Felipe, uno de los doce apóstoles duerme en Hierápolis, envejeció junto a sus 2 hijas vírgenes. Una de sus hijas, quien vivió en el Espíritu Santo, descansa en Éfeso. Por otra parte, Juan, que descansó sobre el pecho de Nuestro Señor, pastor, mártir y maestro, también yace en Éfeso.” Absolutamente es posiblemente que “la señora elegida” y “tu hermana, la elegida” señalada en el v. 13 de 2 Juan sean estas “lumbreras poderosas” quienes “vivieron en el Espíritu Santo” conmemoradas por Polícrates y Eusebio. De modo que, Dios, la historia y la Biblia, autorizan y enseñan el ministerio pastoral de la mujer.

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II.- MUJERES EN OTROS MINISTERIOS:

La Biblia menciona también otros ministerios asignados a la mujer:

EL DIACONADO:

Romanos 16:1 se refiere a Febe con la misma palabra que Pablo utiliza en 1 Timoteo 3:12. En la iglesia primitiva, Los diáconos mujeres cuidaban de los creyentes enfermos, los pobres, los extranjeros, y los que estaban en prisión. Ellas enseñaban a las mujeres y a los niños (Tito 2:3-5). Pablo la estimaba lo suficiente como para confiarle la tremenda responsabilidad de llevar su epístola a la iglesia en Roma (Romanos 16:1-2). Evidentemente, él no la veía como inferior o menos capaz, sino como un valioso miembro de confianza del cuerpo de Cristo.

EL APOSTOLADO:

Romanos 16:7 menciona a Junia, Junias o Julia (una mujer) como apóstol. Se señala al testimonio de Juan Crisóstomo como evidencia crucial de que Junia era un Apóstol de la misma manera que los Doce, con la implicación de que era pastora, y con la implicación consiguiente de que las mujeres pueden ser pastoras en el día de hoy. El testimonio es el siguiente: “¡Oh! ¡Cuán grande es la devoción de esta mujer, que sea considerada merecedora incluso de la apelación de apóstol!” (Hom. Rom. 31 en v. 7).

PROFETISAS: En el Nuevo Testamento se mencionan: 1) Ana (Lucas 2:36), quien estaba continuamente en el Templo. Después de ver al bebé Jesús “hablaba del niño a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén”. No se nos dice lo largas que eran sus profecías ni el lugar que ocupaba en el Templo, ni si ella profetizaba a personas individuales o a grupos. Las mujeres podían entrar en el atrio de las mujeres, pero no podían pasar más adentro del Templo, donde sólo entraban los varones israelitas purificados mediante ritos. 2) Las hijas de Felipe (Hechos 21:9), quienes profetizaron en los primeros días de la Iglesia. Aparecen sin nombre. No sabemos el número, ni lo que profetizaban, ni dónde, ni cuándo, ni a quién.

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III.- MUJERES DEL ANTIGUO TESTAMENTO QUE ROMPIERON ESQUEMAS:

En el período veterotestamentario, el núcleo de la sociedad hebrea era la familia patriarcal, en la cual el padre era la autoridad máxima. La mujer debía sujetarse a la autoridad paterna hasta que contraía matrimonio, momento en que pasaba a ser propiedad del esposo. No obstante, a pesar de que en los tiempos bíblicos la sociedad hebrea era patriarcal, y por consiguiente la mujer tenía una posición subordinada al hombre, el Antiguo Testamento (prefigurando la futura libertad de la mujer en Cristo) incluye en sus páginas varios ejemplos de mujeres que desempeñaron cargos de liderazgo y autoridad, tanto política como religiosa, dentro de la sociedad hebrea del antiguo Testamento. Entre ellas podemos mencionar:

 

MARÍA: María, hermana mayor de Moisés, fue una mujer extraordinaria usada por Dios incluso desde su niñez para salvar la vida de su hermano menor y futuro profeta (Éxodo 2:3-7). Ella poseía un precioso don profético y musical que la convirtió en una valiosa líder de alabanzas y profetisa (Éxodo 15:20-21). Otras mujeres del Antiguo Testamento seguirían posteriormente el ejemplo de María, aportando sus talentos en el ministerio de la música y la adoración a Dios (1 Crónicas 25:5-6). María es también mencionada en conjunción con Moisés y Aarón como dirigente de la nación hebrea. Esto ilustra el papel de liderato autoritativo y de gran influencia que ella ejercía (Miqueas 6:4). En el Israel primitivo no existía la discriminación de género en relación con el ministerio, o el uso de los dones y el llamamiento profético.

DÉBORA: Débora, una mujer casada, ocupaba dos posiciones u oficios: Uno como Profetisa (mujer profeta), y otro como líder o juez (Jueces 4:4-5). Bajo el liderato de Débora, los hijos de Israel fueron librados de la opresión y ocupación de su tierra por parte de un ejército extranjero. Ciertamente, ella cumplió el propósito antiguo de Dios para el hombre y la mujer: Tener dominio en conjunto, ambos por igual (Génesis 1:27-28). Dicha autoridad no fue dada al hombre solamente, sino al hombre y la mujer como iguales en honor y autoridad a la vista de Dios. La diferenciación entre ambos (que relega a la mujer a una posición inferior en muchas sociedades) vino como resultado directo de la caída, no como parte del plan original diseñado por Dios para el varón y la mujer (Génesis 3:16). Esta diferenciación (o mejor dicho discriminación) ha sido eliminada en Cristo, quien restituyó a la mujer a su posición elevada del principio (Gálatas 3:26-29). ¿Por qué, entonces, cuando el precedente bíblico existe para que las mujeres cumplan un papel importante en el plan de Dios, los hombres en posiciones de liderazgo crean normas que impiden que las mujeres ministren?

LA MUJER SABIA DE ABEL BETMACÁ: Esta mujer claramente era una persona de influencia, líder de la ciudad blindada de Abel Betmacá en Israel. Como una líder civil en Israel, esta mujer, al igual que Débora, muy seguramente habrá tenido un grado de autoridad espiritual. Por medio de su uso sabio de autoridad y persuasión, ella rescató a su pueblo de ser destruido por Joab, el comandante del ejército del rey David (2 Samuel 20:15-22). Nótese que ni Joab ni David tenían problema alguno en oír el buen consejo brindado por mujeres. Es más, Joab sabía que David escuchaba sin discriminación a las mujeres, así que cuando no pudo persuadir a David acerca de una decisión, él le pidió a una mujer sabia de Tecoa para que le ayudase (2 Samuel 14:1-22).

HULDA: Durante el reino del Rey Josías, el libro de la ley fue descubierto en el Templo. Cuando los sacerdotes comenzaron a leerlo, entendieron que la nación se había apartado muy lejos de los caminos de Dios. Supieron que la nación estaba en peligro de ser destruida bajo el juicio divino. A fin de descubrir lo que deberían hacer, fueron a esta sobresaliente profetisa, quien les expuso los detalles específicos del juicio por venir que ya había sido determinado según el consejo divino (2 Reyes 22:14). Hulda inspiró al Rey Josías, al sumo Sacerdote y a los demás líderes de Israel, para que implementaran reformas morales y espirituales jamás registradas. Un profundo despertar religioso, o avivamiento, vino como resultado. Ningún ministerio profético registrado, produjo tal despertar y transformación en la nación de Israel en tan corto tiempo (2 Reyes 22 y 2 Crónicas 34).

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Además de los casos específicos citados anteriormente, el Antiguo Testamento también muestra ejemplos de esposas que ejercieron el liderazgo en el gobierno de su familia:

 

SARA: En el libro de Génesis, por ejemplo, vemos nada menos que a Dios ordenándole a Abraham que, en contra de lo que era su opinión, hiciera caso de lo que Sara le decía en cuanto a su hijo Ismael  (Génesis 21:9-12).

LA MADRE DE SANSÓN: Otro ejemplo lo tenemos en el caso de los padres de Sansón. Cuando el Ángel del Señor se aparece para anunciar el nacimiento de un niño que liberará al pueblo de Israel, no lo hace al padre, sino a la madre (Jueces 13:2-14). ¿Por qué Dios no transmitió un mensaje tan importante al que se suponía que era el líder espiritual de la familia? A lo largo del diálogo se aprecia que, en dicha pareja de esposos, Manoa era el menos preparado tanto a nivel de conocimiento como de madurez espiritual, y es por eso que Dios se dirige a ella, pues estaba mejor preparada para asumir dicho mensaje.

ABIGAIL: Encontramos también el caso de una mujer que se negó a aceptar la decisión de su marido y tomó otra opuesta a la de él, con la bendición de Dios. Se trata de Abigail. En el relato no se presenta como algo reprobable la actuación de Abigail, contraviniendo las órdenes de su marido. Por el contrario, David vio en ello la mano de Dios (1 Samuel 25:14-28).

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EN CONCLUSIÓN:

Las Escrituras nos impulsan a afirmar que: “… para Dios no hay favoritismos…”  (Hechos 10:34, Nueva Versión Internacional), seamos hombres o mujeres. Por lo tanto, quienes afirman, con base en el Antiguo Testamento, que Dios considera inferior a la mujer, la excluye del liderazgo, o que la biblia es machista y misógina, yerran por ignorancia o por malicia descarada. En las Escrituras no encontramos la desaprobación de Dios, ni su condena hacia la mujer, o incluso a la actuación de mujeres que ejercieron posiciones de liderazgo, ya fuera en la familia, en la vida civil o en la esfera religiosa. Además, en el nuevo convenio: “… Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús…”  (Gálatas 3:28, Nueva Versión Internacional). La voluntad del Señor siempre fue, ha sido y será que sus hijos, hombres o mujeres, se consideraran y trataran como iguales. Las leyes (en apariencia discriminativas hacia la mujer) dadas por conducto de Moisés en el Antiguo Testamento, deben ser entendidas dentro de su contexto histórico y cultural. El Señor toleró hasta cierto punto los tiempos de ignorancia de su pueblo pero también, en medio de dicha ignorancia, dejó leyes sabias que prefiguraban la intención final de Dios para su pueblo escogido: la igualdad. Jesucristo dijo: “… Esa ley la escribió Moisés para ustedes por lo obstinados que son — aclaró Jesús—. Pero al principio de la creación Dios los hizo hombre y mujer. Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su esposa, y los dos llegarán a ser un solo cuerpo. Así que ya no son dos, sino uno solo…“  (Marcos 10:5-8, Nueva Versión Internacional).

Ministerio Femenino

La Mujer Pentecostal, ayuda idónea, pero no esclava del hombre.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

El machismo popular ha contaminado a la Iglesia de Cristo. En muchos círculos religiosos, hasta hoy, se trata a la mujer como a inferior. No hay oportunidades de ministerio, más que solamente si se trata entre ellas mismas. La mal interpretada frase: “que la mujer debe someterse a sus maridos”, le ha enviado un mensaje equivocado al “hombre cristiano”, de que tiene derecho sobre ella, que la puede forzar a hacer lo que él quiera. Muchas mujeres cristianas son abusadas emocional, verbal, física y hasta sexualmente por sus mismos esposos. La realidad es más alarmante, cuando oímos que incluso ministros, golpean y abusan de sus esposas. Pero ¿Qué es lo que Dios quiso decir al hablar de someterse? ¿Acaso Dios también es machista? ¿Es la Biblia un libro con un contenido altamente machista? La respuesta es no, y para aclararlo quiero invitarte a ver lo que Dios, a través de su Palabra, dice al respecto.

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IMITANDO A CRISTO, NUESTRA CABEZA:

La Biblia nos dice “…Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne…” (Efesios: 5:22- 31). Lo que Dios está diciendo en estos versos es: Ser cabeza de la mujer implica compromiso de amar, cuidar y proteger. Jesús amo a su iglesia, al punto de ir a la cruz para morir por ella. Estando en la cruz, Él no estaba diciendo: “tan lindo lo que siento, me encanta esto de amar a mi iglesia”, cuando amó a su esposa, la iglesia, lo hizo colgado de un madero, derramo su sangre, fue pisoteado, humillado, molido, con tal de rescatarla; el precio que le toco pagar por su esposa fue muy alto, su misma vida. Es decir, Jesús no sintió amor, el decidió amar. De la misma manera, cuando dice: “…Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella…” (Efesios 5:25), y luego agrega: “… Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama…” (Efesios 5:28). Amar a nuestras esposas es un mandato, no es cuestión de los que sientes, sino de lo que Dios manda, que debes hacer por la posición que tienes. Porque: ser cabeza de la mujer implica compromiso de amar, inspirar y proteger. No es un derecho, es una responsabilidad. Amar a su mujer es un deber del esposo. Dicho de otra manera: ¡Ser cabeza no es un derecho, es un deber! Ser cabeza no es una posición para servirme de, sino para servir a. Porque: Ser cabeza de la mujer implica compromiso de amar, inspirar y proteger.

EL DEBER DEL HOMBRE CRISTIANO:

Si eres hombre y cristiano como yo y estás leyendo esto, déjame decirte algo: Como hombres que somos, tú y yo hemos sido llamados por Dios a ser la “cabeza” de un hogar y de la mujer que Dios nos dé; por ello me propuse buscar todas las obligaciones que la Biblia nos da a los maridos, y algunas de ellas probablemente te sorprendan. Estas son todas las que encontré: Someterse a su esposa en el Señor (Efesios 5:21); sostener materialmente a su familia (1 Timoteo 5:8), tener una sola esposa y serle fiel (1 Corintios 7:2), amarla como a sí mismo (Efesios 5:28), hacer feliz a su esposa (1 Corintios 7:33), cuidarla como Cristo cuida a su Iglesia (Efesios 5:29), honrar a su esposa en todo (1 Pedro 3:7), entregarse por su esposa (Efesios 5:25), cumplir con el “deber conyugal” (1 Corintios 7:3), no abandonarla, excepto por infidelidad (1 Corintios 7:11; Mateo 19:9), amarlas y no ser duros con ellas (Colosenses 3:19). Estas son todas las obligaciones que tiene la cabeza de la familia. Esto es lo que significa ser cabeza de la esposa. Quien no cumple con estas obligaciones no puede ser llamado cabeza de su esposa. Curiosamente no he podido encontrar nada acerca de “dar órdenes”, “imponer su voluntad”, “tener bajo su autoridad”, ni nada parecido.

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LO QUE SIGNIFICA SER CABEZA DE LA MUJER:

La Biblia declara que el hombre es la cabeza de la mujer: “… Ahora bien, quiero que entiendan que Cristo es cabeza de todo hombre, mientras que el hombre es cabeza de la mujer y Dios es cabeza de Cristo…” (1 Corintios 11:3). Pero ¿Qué significa que el hombre es la cabeza de la mujer? Para muchos esto significa que la mujer debe estar sometida al hombre quien, en su papel de “cabeza”, debe tenerla bajo su autoridad. Sin embargo, existen varias razones por las cuales este es un concepto completamente equivocado de ser “cabeza”. Para empezar, quiero aclarar que las palabras griegas para “hombre” y “mujer” en ese texto pueden ser traducidas como “esposo” y “esposa”. Esta traducción también es más coherente con la Biblia, que solo presenta la sumisión de la mujer hacia el hombre dentro del matrimonio, pero en otras áreas como el ministerio pastoral, la vida laboral o cualquier otra. La primera vez que aparece la sumisión dentro del matrimonio es en Genesis 3, cuando debido al pecado la mujer pasó a estar sujeta a su marido. La sumisión fue la consecuencia del pecado, el Plan B de Dios por así decir. Antes de la caída el hombre y la mujer disfrutaban de plena igualdad en su matrimonio. Cuando Dios creó a Eva, quiso que no fuese ni inferior ni superior al hombre, sino que en todo fuese su igual. Sin embargo, después del pecado fue necesario introducir un cambio. En la creación Dios la había hecho igual a Adán. Si hubieran permanecido obedientes a Dios, en concordancia con su gran ley de amor, siempre habrían estado en mutua armonía; pero el pecado había traído discordia, y ahora la unión y la armonía podían mantenerse únicamente mediante la sumisión del uno o del otro. Sin embargo, hay un concepto errado de esta sumisión descrita en la Biblia. Dios no estableció un “rol” para el hombre y para la mujer. El hombre al casarse no se convierte automáticamente en la cabeza del hogar. Ni tampoco la mujer al casarse automáticamente debe someterse al marido. La mujer debe estar sumisa a su esposo en tanto el esposo este sumiso a Dios. El esposo no ha recibido un rol intransferible e inmutable, sino todo lo contrario. Un hombre que no se somete a Cristo no puede convertirse en la cabeza de la familia. El vínculo que une al Señor Jesús con su iglesia no ha sido adecuadamente representado en la relación que muchos esposos mantienen con sus esposas, pues no han guardado el camino del Señor. Pero no era el plan de Dios que el esposo tuviese el control, como cabeza de la familia, si no se ha sujetado a Cristo. Un hombre que no se somete a Cristo no es la cabeza de su esposa. El Señor ha constituido al esposo como cabeza de la esposa para que la proteja; él es el vínculo de la familia, el que une sus miembros, así como Cristo es cabeza de la iglesia y su Salvador. Todo esposo que asevera amar a Dios debe estudiar cuidadosamente lo que Dios requiere de él en el puesto que ocupa.

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CONCLUSIÓN:

¿Qué requiere Dios de la cabeza de la familia? ¡Probablemente te sorprendas! Y aunque ya mencioné algunas, con gusto te las repetiré. La Biblia enseña que las obligaciones de un marido cristiano son: Someterse a su esposa en el Señor (Efesios 5:21); sostener materialmente a su familia (1 Timoteo 5:8), tener una sola esposa y serle fiel (1 Corintios 7:2), amarla como a sí mismo (Efesios 5:28), hacer feliz a su esposa (1 Corintios 7:33), cuidarla como Cristo cuida a su Iglesia (Efesios 5:29), honrar a su esposa en todo (1 Pedro 3:7), entregarse por su esposa (Efesios 5:25), cumplir con el “deber conyugal” (1 Corintios 7:3), no abandonarla, excepto por infidelidad (1 Corintios 7:11; Mateo 19:9), amarlas y no ser duros con ellas (Colosenses 3:19). Estas son todas las obligaciones que tiene la cabeza de la familia. Esto es lo que significa ser cabeza de la esposa. Quien no cumple con estas obligaciones no puede ser llamado cabeza de su esposa. Curiosamente no he podido encontrar nada acerca de “dar órdenes”, “imponer su voluntad”, “tener bajo su autoridad”, ni nada parecido. En fin, volviendo atrás, es curioso que Pablo les diga a los efesios que se “sometan los unos a los otros”, al hablar de matrimonio, declarando así que los hombres también deben someterse a sus esposas. ¿Pero cómo puede un hombre someterse a alguien inferior? Exacto, ¡No puede! Nadie puede someterse alguien inferior, porque la mujer no debe ser inferior al hombre sino igual a su esposo. La mujer debe ocupar el puesto que Dios le designó originalmente como igual a su esposo. Debe considerar que tiene igualdad con su esposo, que debe estar a su lado permaneciendo fiel en el puesto de su deber y él en el suyo. Entendamos, la mujer también es la co-cabeza en la familia, junto a su esposo. Por lo tanto, ¿Qué implica que un hombre sea cabeza de su esposa? La Biblia nos dice que el hombre debe amar, cuidar y respetar a su esposa como su igual. Tratarla como Cristo trata a su Iglesia, serle fiel y hacerla feliz. Así como Dios es amor, la esencia del matrimonio debe ser el amor mutuo. La tiranía, el maltrato y el abuso forman lo opuesto de lo que Dios espera de un hombre. Pues el plan divino le pide al esposo que muestre la ternura, amor, delicadeza, paciencia y verdadera cortesía, que es digna de la cabeza del hogar.

Ministerio Femenino

La Mujer Pentecostal, una mujer que no calla ni está relegada al silencio.

Por: Pastor Fernando E. Alvarado.

Pablo estaría horrorizado al ver que muchas de sus cartas se utilizan en situaciones muy concretas o que se generalizan 19 siglos después y la gente dice ‘Esta es la regla para siempre y jamás. Hay una línea que se debe marcar para distinguir entre lo que corresponde al momento en que fue escrito y lo que es un mensaje para todos los creyentes y todos los tiempos. Primera Corintios 14:34-35 es un ejemplo claro de un pasaje escrito para un momento y lugar específico pero sin aplicación universal para la iglesia. Lamentablemente, muchos lo interpretan como de aplicación universal creando con ello contradicciones en la Biblia.

Si la Biblia manda callar a la mujer y le niega toda oportunidad de liderazgo eclesiástico, entonces habría que eliminar de la Biblia otros pasajes que contradicen tal postura. Por ejemplo, la Epístola a los Romanos, Capítulo 16, menciona a casi 30 cristianos primitivos activos, ocho de los cuales son mujeres. Algunos analistas subrayan el hecho de que una de ellas, Priscila (Prisca en el griego original), aparece mencionada antes que su esposo, Aquila. Nosotros entenderíamos eso, en nuestra época y cultura, como una simple muestra de cortesía, pero en ese contexto cultural y época específica tal mención no indicaba caballerosidad, sino preeminencia o autoridad. Priscila ejercía mayor liderazgo en ese equipo.

De otra pareja, Junia y Andrónico, se dice que son “eminentes entre los apóstoles”. Lo curioso es que Junia era una mujer, no un hombre. Tanto ella como su esposo eran contados entre los apóstoles y es la forma más natural de interpretarlo. Junia es una de los apóstoles y es eminente en ese grupo. Esto evidencia que las mujeres tenían con todo derecho un rol de honor dentro de la Iglesia temprana.

La realidad del apostolado y labor pastoral de Junia es innegable. Aún la historia lo comprueba. Con frecuencia, se señala al testimonio de Juan Crisóstomo (347-407 E.C.), un creyente del siglo IV, como evidencia crucial de que Junia era un apóstol, con la implicación de que era pastora, y con la implicación consiguiente de que las mujeres pueden ser pastoras en el día de hoy. El testimonio es el siguiente: “¡Oh! ¡Cuán grande es la devoción de esta mujer, que sea considerada merecedora incluso de la apelación de apóstol!” (Homilías, Rom. 31, en v. 7).

La Biblia y la historia se unen para probar que Junia fue una mujer y que fue llamada apóstol. Y esto plantea una contradicción a la lectura tradicional de 1 Corintios 14 y 1 Timoteo 2 sin la lógica correcta o una argumentación cuidadosa. Esto nos deja sólo dos opciones: O la Biblia se contradice (y por consiguiente es imperfecta y poco confiable) o Pablo jamás quiso mandar a todas las mujeres en todos los tiempos que callaran y se sometieran al liderazgo masculino, negándoles el acceso al ministerio. ¿Cuál de estas opciones admitiría usted como correcta?

¿ENSEÑA PABLO QUE LA MUJER DEBE CALLAR?

El apóstol Pablo no era ni machista ni misógino; sin embargo, muchos tergiversan sus palabras. Como bien lo dijera el apóstol Pedro: “…Al tratar estos temas en todas sus cartas. Algunos de sus comentarios son difíciles de entender, y los que son ignorantes e inestables han tergiversado sus cartas para que signifiquen algo muy diferente, así como lo hacen con otras partes de la Escritura…” (2 Pedro 3:16, NTV). Para nadie es un secreto que algunas de las alusiones paulinas acerca de la mujer, la condición de ésta en Cristo y su lugar en la Iglesia suelen ser mal interpretadas. Las palabras de Pablo dirigidas a la iglesia con más problemas, la de Corinto, son un ejemplo de ello: “…Vuestras mujeres callen en las congregaciones, porque no les es permitido hablar, sino que estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación…” (1 Corintios 14:34-35)

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I.- LAS MUJERES CALLEN EN LAS CONGREGACIONES (CONTEXTO HISTÓRICO):

Durante la época del Nuevo Testamento, las mujeres eran una mera posesión del padre o del marido, carente de cualquier derecho e instrucción en cuestiones de formación académica o educación más allá del hogar. Este panorama desolador es el primer argumento para deducir que no sería descabellada la posibilidad de que las mujeres, al experimentar su nueva libertad en Cristo (Gálatas 3:28) hubiesen estado interrumpiendo las reuniones eclesiásticas con continuas preguntas o comentarios inadecuados para una reunión pública. Otro asunto a tener en cuenta para entender lo mejor posible esta orden de silencio para las esposas, es el hecho común de que muchas de estas primeras cristianas traían consigo algunos comportamientos de mal gusto propios de los cultos paganos de procedencia, algo que se acentuaría en el caso de Corinto, la capital de influyentes corrientes paganas y filosóficas como el incipiente gnosticismo (practicantes de la gnosis = lit. conocimiento), uno de los grandes enemigos de la fe cristiana durante todo el Nuevo Testamento y los siglos siguientes. Esta influencia negativa se constata especialmente peligrosa y delicada en la iglesia de Corinto según vemos en los escritos de Pablo y en referencias externas. Los capítulos del 12 al 14 de la primera carta del apóstol a los corintios constatan problemas en los cultos y la tendencia de estos creyentes a expresarse en éxtasis espontáneos mediante el don de lenguas o el de profecía. Esto no era malo en sí pero todo debía hacerse “decentemente y con orden” (1 Corintios 12:40) El gnosticismo constituía una corriente tan poderosa que una parte importante del Nuevo Testamento recoge advertencias para protegerse contra esta influencia pagana.

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La epístola a los colosenses, a los corintios, a Timoteo o así como las cartas de Juan contienen numerosas instrucciones contra las antibíblicas amenazas gnósticas. Dado que la doctrina cristiana se estaba asentando por entonces y, obviamente, no tenían aún la Biblia con ellos, muchos de estos nuevos creyentes no habían conseguido desprenderse definitivamente de aquellas creencias paganas que amenazaban con un confuso sincretismo, y esto afectaba muy especialmente a las mujeres. Entre las diferentes vertientes de la gnosis era frecuente que algunas mujeres poseyeran un papel similar al del médium espiritista en las reuniones públicas comunicando mensajes supuestamente angelicales que no eran otra cosa que perversos mensajes expuestos con alboroto e indecencia. En la corriente gnóstica del montanismo (S. II al IV) se llegaba a considerar a estas mujeres como superiores incluso al propio Cristo. Los estudios históricos frecuentemente destacan la existencia de contundentes elementos que favorecían la participación activa y prominente de las mujeres en este complejo movimiento. Para ellas resultaban especialmente atractivos muchos de “los argumentos de la falsamente llamada ciencia (gnosis)” (1 Timoteo 6:20) que tanto preocupaban a los apóstoles. En los movimientos gnósticos tempranos, el énfasis recaía sobre algunas mujeres iluminadas como vehículo de transmisión esotérica. Estas corrientes paganas sacudían a la iglesia primitiva en general y a Corinto en particular. Es de notar que la solución de “pregunten a sus maridos” es para las esposas y no para las solteras o viudas que sabemos que había en Corinto (1 Corintios 7:8). Esto de por sí implica que las palabras de Pablo haciendo callar a las mujeres no deben considerarse como dogmas o principios espirituales inherentes para todo el género femenino. La gnosis había hecho especialmente estragos entre el elemento femenino de las mujeres cristianas. Tan fuerte había llegado a ser el problema, que Pablo optó por recomendar a Timoteo que se opusiera a que hubiera mujeres desempeñando ministerios de enseñaza (1 Timoteo 2:11-12) Si la ofensiva gnóstica se había infiltrado así entre las mujeres, sería más prudente impedir a estas que enseñaran. En este delicado contexto religioso se escribe 1 Corintios 14:34, un versículo en el que Pablo exhorta al autocontrol de la mujer a modo de “estén sujetas” (hupotasso) que indica que la persona apelada (la mujer en este caso) es llamada a realizar una acción de autocontrol. Literalmente el texto dice “que las mujeres se controlen a sí mismas, como la ley dice”.

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Los eruditos bíblicos han tratado de encontrar tal ley en el Antiguo Testamento o en la tradición judía, sin conseguirlo. La razón es que Pablo no está aludiendo a la Ley de Moisés. Sería inconcebible que Pablo, el gran defensor de la gracia frente a la ley, acudiera ahora a ella. Pero, además, es que no hay ni un texto en el Antiguo Testamento que afirme tal cosa. En realidad, parece que Pablo estaba haciendo referencia a la ley civil de la sociedad Greco-Romana, que ponía límites a los excesos de ciertas prácticas religiosas, especialmente llevadas a cabo por mujeres. La coherencia de esta interpretación que identifica “la ley” con las normas sociales estipuladas y no una Ley mosaica considerada “caduca” por el mismo Pablo (Gálatas 3:14. Romanos 10:4) se refuerza al estar dentro de una exhortación para mantener el orden y guardar decoro durante el uso de los dones espirituales en el culto público. De nuevo estaríamos ante una evidencia que el mandato paulino del silencio de la mujer se dio dentro de una coyuntura específica del entorno sociocultural y religioso del momento, y no en un mandato universal para la iglesia.

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II.- LOS MARIDOS DEBEN ENSEÑAR A SUS MUJERES:

Pero démosle una vuelta de tuerca más a este polémico mandato de silencio. En esa época las mujeres no tenían derecho alguno a la formación ni educación formal. Por tanto, si a muchos de nosotros nos pudiera escandalizar esta orden para callar en público, lo que seguramente asombraría a muchos corintios y contemporáneos sería la otra parte de esta exhortación (1 Corintios 14:34-35); aquella en la que Pablo afirma que “si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus maridos”. Fijémonos en que se pide a los esposos que enseñen en casa a su mujer, si ésta así lo desea, validando delante de los hombres el derecho de la mujer al aprendizaje. Sin embargo, es cierto que Pablo considera conveniente que esta labor de formación se realice en un ambiente privado y no durante el culto religioso. Algo de sentido común por otro lado. Pocas veces desde los albores de los tiempos se había encomendado a los hombres esta labor de implicación en la instrucción de unas mujeres ajenas a cualquier sistema educativo de índole intelectual fuera de su llamado social y jurídico para hacerse cargo del marido y del hogar como única misión posible. Preguntémonos: ¿Por qué se le mandaría a los esposos enseñar a sus mujeres si estas no podían tan siquiera hablar en la congregación? ¿Qué propósito tendría educar a quien no tiene voz ni voto en la iglesia?

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III.- MUJERES EN AUTORIDAD:

A pesar de las duras contingencias culturales, el papel de dirección o enseñanza le ha sido otorgado por Dios a diferentes mujeres que aparecen en la Biblia. Entre ellas está Débora, gran líder de Israel durante más de 40 años (Jueces 4 y 5). La Escritura recoge ejemplos como mujeres que profetizan en lugares sagrados (Éxodo 15:20-21; 2 Reyes 22:14; Isaías 8:3; Lucas 2:36-38; Hechos 21:8-9). Tenemos a Priscila, quien con su marido Aquila son mencionados juntos las veces que aparecen en la Escritura. También destacan Evodia, Síntique y Priscila como colaboradoras de Pablo o María, Pérsida, Trifena y Trifosa, fieles trabajadoras de la obra de Dios al igual que Junia o Junias (Romanos 16:7), quien ostentaba el cargo de mujer apóstol. De hecho, los manuscritos más fiables recogen el nombre femenino Junia y no Junias. Los primeros Padres de la Iglesia no dudaban de que la compañera de Andrónico en el apostolado fuera una mujer, probablemente su esposa. Juan Crisóstomo, a pesar de haber dejado escritos muy misóginos, dice sobre la bíblica Junia: “…Cuán grande es la devoción de esta mujer que debería ser contada como digna de ser denominada apóstol…” (Crisóstomo, Homilía sobre Romanos 16, Padres de la Iglesia Cristiana, Vol. II, p. 555). Ni siquiera Pablo incurre habitualmente en distinción entre colaboradores masculinos y femeninos, tal y como vemos en el caso de Febe, quien es encomendada a la iglesia de Roma pidiéndoles a éstos que la reciban con una actitud propia de autoridad de la Iglesia.

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CONCLUSIÓN:

Conociendo sólo un poco de las terribles condiciones sociales en las que se movía la mujer del primer siglo así como las circunstancias específicas que debieron producirse entre las primeras cristianas de Corinto o Éfeso no sólo vemos como tremendamente positivas y dignificantes las palabras de Pablo hacia las mujeres sino también la coherencia entre este mandato para que las esposas callen cuando lo cotejamos con los ejemplos mencionados en los que vemos a numerosas mujeres levantadas por Dios para instruir o hasta para dirigir a su pueblo. Por todo lo anterior, es obvio que Pablo no mandó de forma general a todas las iglesias, en todos los tiempos, que la mujer callare en la congregación. Las palabras de Pablo deben entenderse como dirigidas a una iglesia específica, en una época específica de la historia eclesiástica. No fueron dichas como una norma o mandato general, sino con el propósito de solucionar un problema y una situación específica surgida en la iglesia de Corinto.

 

Evangelio de la Prosperidad, Sin categoría

Herejías Destructoras: La Nueva Reforma Apostólica.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:

Dos de los grandes vicios de la iglesia evangélica hoy son la sed de poder, prestigio y riqueza de algunos de nuestros líderes, y entre los fieles el culto, ciego y casi idolátrico, a las personalidades famosas. Hay mucha obsesión con títulos, oficios y el poder lucir y ser importante. Se emplean constantemente las técnicas de publicidad y promoción del mundo secular. Eso es totalmente contrario al espíritu de Jesucristo y del evangelio.

Lo cierto es que vivimos tiempos peligrosos, tiempos de apostasía y desviaciones en el Cuerpo de Cristo. Pablo nos advirtió acerca de estos días: “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos… amadores de los deleites más que de Dios, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita.” (2 Timoteo 3:1-5). Muchos movimientos heréticos han surgido en el seno de la iglesia a lo largo de su historia; sin embargo, la Nueva Reforma Apostólica (NRA) pareciera ser la gota que colmó el vaso.

La Nueva Reforma Apostólica (NRA) es uno de los movimientos más grandes, más amplios y más poderosos dentro del cristianismo de hoy, pero vuela en gran parte bajo el radar. Incluso los involucrados a menudo no entienden el movimiento en la medida en que incluso puede negar que son parte de ella. Esta confusión se debe al hecho de que NRA no tiene membresía oficial o incluso liderazgo. Más bien, la NRA es una coalición de cristianos, organizaciones e iglesias pentecostales y carismáticos que están unidos por un entendimiento particular e interpretación de ciertas partes de la Escritura. Manifiestan un total desprecio por las opiniones contrarias, las que más bien les resultan “evidencias” de su autenticidad como genuinos representantes del “nuevo mover de Dios” en la iglesia contemporánea. Proponen con agresividad sus modelos de Igle-crecimiento y sus novedosas interpretaciones de antiguas doctrinas del cristianismo histórico. Sostienen que la autoridad bíblica (la Palabra escrita) tiene que estar siempre supeditada a la autoridad de la viva y “dinámica”, Palabra de Dios dada a conocer por la presente actividad del Espíritu mismo. La subordinación de la Escritura a la autoridad del Espíritu Santo, también se ilustra por la aceptación en este movimiento de la validez del don de profecía en la vida de la iglesia contemporánea. De acuerdo con los seguidores de este movimiento, Dios habla hoy con tanta autoridad, como hablaba a los autores bíblicos. Este es un entendimiento existencial de la Palabra de Dios. De acuerdo con esto, sus seguidores creen que el canon bíblico no está cerrado, de modo que la Palabra de Dios escrita no es la autoridad final. Ellos creen que Dios da hoy a la iglesia revelación adicional y que esta nueva revelación es tan autoritativa o aún más autoritativa que la Biblia misma. En este sentido, no están muy lejos de sectas como los mormones, los seguidores de Moon, la Ciencia Cristiana o cualquier otro grupo heterodoxo que añade su propia revelación a la Palabra de Dios.

Algunos han equiparado NRA con la llamada Tercera Ola del pentecostalismo (la primera ola comenzó con el nacimiento del movimiento pentecostal en 1901, la segunda se identifica con el movimiento carismático en 1960 y la Tercera Ola que enfatiza el evangelismo de poder, las sanidades y Guerra espiritual liderada por John Wimber y el Movimiento de la Viña en la década de 1980). Sin embargo, aunque ciertamente hay un solapamiento entre NRA y la Tercera Ola, no son idénticos. La Nueva Reforma Apostólica (NRA) surge más formalmente en la década de los 90. Uno de sus proclamadores vanguardistas es el profesor C. Peter Wagner, quien en 1994 acuñara primero el nombre de Post-Denominacionalismo para identificar al nuevo movimiento, y que luego le diera en definitiva el nombre que lleva actualmente. Los promotores de la NRA, aseguran que las raíces históricas de este movimiento se hallan en la Reforma de Lutero. Pero en realidad, este movimiento es un resultado directo del Neo-carismatismo o Tercera Oleada del pentecostalismo, surgida en 1980. Además, incorpora en su haber teológico doctrinas del movimiento “La lluvia Tardía” y del “Reino Ahora”. Este último toma una buena parte de sus enseñanzas del movimiento Restauracionista (1948) y del Recontruccionista (finales de los 60 y comienzos de los 70).

Los diversos exponentes de la NRA, presentan variaciones doctrinales en mayor o menor grado. Aún así, se percibe alguna uniformidad de enfoques. Entre sus principales propuestas, está la restauración del denominado “Ministerio Quíntuple”, con un énfasis superlativo en los apóstoles. Según ellos, éstos y los profetas, constituyen el fundamento de la iglesia, lo que da a entender que la iglesia de Cristo lleva casi dos mil años sin fundamento. Sostienen que el apóstol y el profeta desempeñan ministerios superiores, por lo que los demás ministerios los necesitan para funcionar en el plan de Dios. Sin embargo, este argumento, en vez de apoyar la interdependencia que defiende la Biblia y que da un sano equilibrio a las funciones de los ministerios dentro de la iglesia aboga más bien, por una desmedida y anti escritural dependencia de los apóstoles y profetas. Los heraldos de esta Nueva Reforma, insisten en que es necesario sustituir el gobierno pluralista que sostienen la mayoría de las confesiones evangélicas actuales, para implantar una regencia unipersonal del apóstol. Declaran ser portadores de nuevas revelaciones, que solo ellos reciben por su condición de Apóstoles y Profetas y que son pertinentes para que el cuerpo de Cristo funcione en el diseño de Dios. En ocasiones, ponen sus proclamas proféticas a la altura o por encima incluso de las Sagradas Escrituras. Tal postura tiene similitud con el Montanismo del siglo II. Reclaman además ser una especie de élite de iluminados, únicos receptores de los dones del Espíritu. Estas enseñanzas ignoran el sacerdocio de todos los creyentes.

Aunque los cristianos ortodoxos han empleado la interpretación de la Biblia mediante el método de interpretación literal, histórico, y gramatical, la Nueva Reforma Apostólica, por su parte, abandonando esta manera segura de interpretar la Biblia, utiliza el método de interpretación alegórico. Esto les conduce a la formulación y aceptación de un sin número de nuevas enseñanzas, algunas de las cuales conducen al error. Entre estas enseñanzas se encuentran los métodos extremos de guerra espiritual, visualización, sanidad interior, prosperidad, súper fe, el pensamiento positivo y otros. Además, la doctrina del Arrebatamiento, Rapto o Traslado de la Iglesia es rechazada y calificada como teología futurista por los promotores de la NRA.

EL SURGIMIENTO DE LA NUEVA REFORMA APOSTÓLICA.

Puesto que la NRA es una alianza unida sobre una comprensión distintiva de los cinco ministerios, no hay ninguna organización o liderazgo establecido como tal. Sin embargo, C. Peter Wagner (1930-2016) es el reconocido fundador y padre del movimiento. Wagner tuvo mucha influencia en una amplia gama de pensamiento y práctica cristiana a lo largo de su vida. Fue misionero, profesor de la Escuela de Misiones Mundiales del Seminario Teológico Fuller, autor de más de 70 libros, presidente de Global Harvests Ministries y canciller del Wagner Leadership Institute, que es un campo de entrenamiento para los interesados ​​en la NRA. En la década de 1980 Wagner estuvo bajo la influencia de John Wimber y su teología de la Tercera Ola. Wimber sostenía que el ministerio de Jesús debe ser un rompimiento del reino combinando la proclamación del reino con su demostración (expulsión de demonios, sanidad de enfermos, resucitación de muertos, etc.). Los seguidores de Cristo han recibido la autoridad de Cristo y deben proclamar el reino y ejercer la autoridad en su nombre. La clave para el evangelismo eficaz es combinar la proclamación (la predicación del Evangelio) con las manifestaciones (señales y prodigios).

Wimber y Wagner enseñarían un curso en el Seminario Fuller durante los años 80 titulado “MC510 – Señales, Prodigios y Crecimiento de la Iglesia.” Más tarde Wagner adoptó ideas y técnicas de guerra espiritual que incluso Wimber no pudo aceptar. Mientras Wagner empezaba a trazar otras doctrinas inusuales de varias fuentes, él finalmente trató de agruparlas bajo un paraguas que él llamó “La Iglesia Pos-denominacional”. Aparentemente recibiendo críticas de algunos de sus amigos, incluyendo a Jack Hayford, él cambió el nombre a “La Nueva Reforma Apostólica”. Wagner, en este momento, creía que la iglesia había entrado en la “Segunda Era Apostólica,” que él dice que comenzó en 2001. Muchas de las ideas que Wagner venía a defender no eran nuevas y han estado circulando en los movimientos pentecostal, Palabra de Fe, Vineyard y otros grupos carismáticos durante años. Lo que la NRA ha hecho en gran medida es incorporar y representar muchos, si no la mayoría, de estos grupos e ideas sin formar realmente una organización oficial.

Sin embargo, algunos de los líderes y establecimientos a menudo asociados con la NRA, y aceptando la mayoría de sus distinciones, incluyen: Mike Bickle y su Casa Internacional de Oración (IHOP), Kansas City Prophets incluyendo a Bob Jones y Paul Cain, Bill Johnson y su Iglesia de Bethel, Rick Joyner, fundador de Morning Star Ministries, Todd Bentley, Brian y Bobbie Huston de Hillsong Church, Cindy Jacobs de Generals International, Michael Brown y Rod Parsley y Youth With A Mission (JUCUM).

DISTINTIVOS TEOLÓGICOS DE LA NUEVA REFORMA APOSTÓLICA.

Lo que diferencia a la NRA de los evangélicos e incluso otros pentecostales no puede ser fijado con precisión. Esto se debe a que la NRA, como se dijo anteriormente, no es ni una organización oficial ni monolítica en sus creencias. Los adherentes de la NRA pueden encontrarse en la Palabra de Fe, el evangelio de la prosperidad, los movimientos pentecostales, carismáticos y de la Tercera Ola. Pero, cada vez más, las doctrinas y las filosofías de los partidarios de la NRA se están arrastrando hacia las principales iglesias y organizaciones no carismáticas. Por lo tanto, si bien existen diferencias significativas entre los que se alinean con NRA, hay, sin embargo, algunos comunes denominadores que todos aceptarían. Todos los individuos, iglesias y organizaciones que podrían ser identificados como parte de NRA estarían de acuerdo con las siguientes distinciones:

  1. RESTAURACIÓN DEL MINISTERIO QUÍNTUPLE:

Una de las propuestas medulares de la NRA, es la formulación de un nuevo sistema eclesial, referido comúnmente como el “ministerio quíntuple.” Esta es la doctrina fundamental de la NRA sobre la cual descansan todas sus otras filosofías. Basados en Efesios 4:11-13, en conjunción con Efesios 2:20 y 1 Corintios 12:28, los líderes de la NRA creen que los cinco ministerios enumerados en estos textos, que fueron dados para establecer y equipar a la iglesia, están completamente operativos hoy en día. A partir de la interpretación que dan a estos pasajes de las Escrituras, promueven su aplicación a la iglesia contemporánea como un modelo para su ministerio, e incluso, para una transformación total de las estructuras de autoridad en la iglesia o denominación correspondiente. La Nueva Reforma Apostólica asegura que el orden en que son mencionados los ministerios en Efesios 4:11, implica la preeminencia de los primeros sobre los últimos. Esto les hace concluir que el apóstol es el mayor y más importante de todos, bajo cuya autoridad deben funcionar los restantes ministerios. No sólo reducen a cinco el número de ministerios, sino que, además, enfatizan injustificadamente la supremacía del ministerio apostólico y profético sobre los demás. La NRA enseña que los ministerios apostólicos y proféticos deben ser ejercidos como oficios dentro de la iglesia. El término “oficio” debe ser entendido como el reconocimiento y la designación de una persona como apóstol o profeta. Esto implicaría que sólo ellos son los capacitados y autorizados para comunicar el mensaje divino (profetas) y los únicos que pondrán en función el plan revelado, mediante la movilización y dirección de la Iglesia (apóstoles). Los que actualmente se consideran apóstoles, además de autoproclamarse poseedores de ministerios utilizando todas sus habilidades, carismas y recursos creen poseer la autoridad necesaria para otorgar dones y ministerios a otros. La realidad bíblica (1 Corintios 12:11, Efesios 4:7) indica que es Dios y no otro quien imparte los dones y establece los ministerios. Por ello, se puede afirmar que son regalos divinos para los creyentes, a fin de edificar el cuerpo de Cristo. Quizá la principal demanda de los promotores de la NRA, es la “restauración” del oficio del apóstol. Acusan a la iglesia contemporánea de haber abandonado el modelo apostólico, necesario para su extensión y conquista del mundo. Sin embargo, el concepto del apostolado que proponen, dista mucho de ser el que se observa en el Nuevo Testamento. Esto se analizará más adelante.

  1. LA TEOLOGÍA DEL DOMINIO:

Una de sus principales declaraciones de la NRA es la llamada Teología del Dominio, la cual toma como base la declaración que aparece en Génesis 1:28 donde dice “Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.” De esta porción escogen la frase “sojuzgad la tierra” y la asumen como una tarea prioritaria para la iglesia. Esta tarea implicaría que la iglesia debe conquistar literalmente la autoridad política y el gobierno de las naciones, para imponer así el reino de Dios sobre toda la tierra.

Si analizamos esta porción de Génesis 1:28, notaremos que aquí se habla del dominio del ser humano sobre el ámbito en el cual Dios lo colocó. Una declaración similar aparece en Génesis 9:7, con la notable ausencia de las órdenes “sojuzgad” y “enseñoread”. El hombre se ha multiplicado considerablemente sobre la tierra, poblando sus cinco continentes. De igual manera el hombre ha impuesto su voluntad sobre los animales, y ha utilizado la tierra según sus propósitos para cultivarla y edificarla. Asimismo, ha tenido en sus manos el gobierno de la tierra que habita.

Todo esto hace dudar que el hombre haya fracasado en el cumplimiento de su tarea primordial. Con esto concuerda la declaración que hace David en el Salmos 8:6-8 “Le hiciste señorear sobre las obras de tus manos; todo lo pusiste debajo de sus pies: Ovejas y bueyes, todo ello, y asimismo las bestias del campo, las aves de los cielos y los peces del mar; todo cuanto pasa por los senderos del mar”. Aquí se describe al hombre realizando la tarea que Dios le había encomendado. Por su parte Santiago asegura: “Porque toda naturaleza de bestias, y de aves, y de serpientes, y de seres del mar, se doma y ha sido domada por la naturaleza humana.” (Santiago 3:7). De esto se concluye, que la afirmación de la NRA al respecto no tiene respaldo bíblico.

Partiendo de esta deficiente interpretación, los promotores de la NRA aseguran que la tarea de sojuzgar la tierra quedó inconclusa por la caída del hombre en pecado. Afirman que la obra de Jesucristo reconcilió al hombre con el plan original de Dios; esto es: señorear y sojuzgar la tierra. Sin hacer distinción alguna entre la misión del hombre natural y la misión de la iglesia, aseguran que Jesús otorga nuevamente al hombre autoridad y poder para concluir la obra que este había comenzado al principio de la creación. A partir de esta confusión, aseguran que la tarea de la Iglesia ahora es establecer el reino de Dios aquí en la tierra, para lo que nos dio “el ministerio de la reconciliación” (2 Corintios 5:18). Fue el propio Jesucristo quien calificó la tarea a la Iglesia en los momentos previos a su ascensión. Por las palabras de Marcos conocemos que esta tarea es: “Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” (Marcos 16:15).

Esta interpretación de la tarea de la Iglesia que propone la NRA, se conoce también como la “Teología del Reino Ahora”, una teología que tiene la tendencia a introducir a la iglesia en una lucha política y social en contra de los inconversos, haciéndola enemiga de las personas a las que debe alcanzar con el evangelio. Fomenta de este modo una actitud que va en contra de lo que el Señor Jesucristo dijo ante Pilato: “Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí” (Juan 18:36). La Biblia esclarece perfectamente, que sólo la obra de Jesucristo va a restaurar la Tierra, colocándola en su perfecta función y lugar durante el reinado milenial de Cristo (Romanos 8:19-25; 1 Corintios 15:24-28).

Para un estudio más detallado sobre la teología del dominio y su refutación bíblica recomiendo visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/17/herejias-destructoras-la-teologia-del-dominio-o-del-reino-ahora/

  1. GUERRA ESPIRITUAL O DEMONÍACA:

Guante de mano con el énfasis desmedido en los dones milagrosos, la NRA sobreenfatiza también la guerra demoníaca o espiritual. La NRA no originó la obsesión de hoy con lo demoníaco que tiene raíces que se remontan a los primeros días del pentecostalismo, pero la NRA ha añadido algunos nuevos giros y arrugas. Los métodos populares a menudo utilizados incluyen “cartografía espiritual” en la que la investigación de una ciudad, región o nación está comprometida para descubrir qué espíritu territorial reina en esa área. Una vez descubierto, el espíritu se enfrenta a un nombre con el fin de “derribar sus fortalezas”. Otro método popular es la caminata de oración en el que los equipos de creyentes caminan por los barrios, ciudades y similares para participar en la oración de guerra espiritual. Aparentemente, según los defensores de los NRA, los demonios controlan las regiones geográficas y deben ser destronados por estos métodos. Los demonios también buscan traer daño a los individuos a través de maldiciones generacionales, que son maldiciones colocadas sobre sus antepasados que pueden ser removidas sólo a través de alguna forma de técnicas de guerra espiritual desarrolladas por medio de la experimentación extrabíblica. Y cuando uno se encuentra con luchas económicas y problemas de salud, a menudo se remontan a actividades demoníacas.

Para un estudio más detallado sobre la teología del dominio y su refutación bíblica recomiendo visitar: https://pensamientopentecostalarminiano.org/2018/11/14/distorsionando-la-fe-pentecostal-mitos-y-realidades-sobre-la-guerra-espiritual/

  1. REVELACIÓN EXTRABÍBLICA:

En cada nivel, y en cada grupo relacionado, la revelación personal, supuestamente del Señor, es central. Sin embargo, las profecías dadas a sus apóstoles y profetas socavan y añaden a la inspirada Palabra de Dios. Incluso a nivel de base, el promedio de los adherentes a la NRA espera escuchar una palabra personal del Señor regularmente, y estos mensajes determinan lo que creen y cómo viven mucho más que de la Biblia. Sin embargo, la Biblia misma está siendo invalidada por esos supuestos mensajes del Señor.

Con respecto a la existencia del don profético en nuestro tiempo, los pentecostales reconocemos su existencia; sin embargo, debemos tener mucho cuidado al respecto. En un sentido estricto, no hay profetas hoy de la misma forma que en el Antiguo Testamento. A menudo vemos el ministerio profético en el antiguo testamento, cuando Dios levantaba a los profetas para alentar y reprender a la nación de Israel en los momentos de dificultad o de rebelión. Durante el reinado del Rey David (2 Samuel), el profeta Natán, entre otros, hablaron la palabra del Señor a David, para orientarlo y dirigirlo, y de igual manera para confrontarlo sobre su pecado con Betsabé. Por supuesto, Isaías, Jeremías, Oseas, Amós, Miqueas, Zacarías, etc., también tuvieron un ministerio profético; después de todo ellos eran profetas. El llamado de un profeta era hablar en nombre de Dios. Un profeta enseñaba, guiaba, aconsejaba o reprendía si era necesario.

En el nuevo testamento, encontramos a otros que tuvieron un ministerio profético. Algunas personas tenían el don de profetas para dar orientación, dirección, consejería, etc., para el pueblo de Dios. El don de profecía específicamente se menciona en 1 Corintios 12:10 y Efesios 4:11. Este don fue dado para la edificación de la iglesia (Efesios 4:12). Por lo tanto, los profetas debían hablar la palabra de Dios a la iglesia, para que los creyentes conocieran la mente del Señor y que supieran cómo debe funcionar la iglesia. Este don existe en la iglesia hoy en día, e implica sobre todo la predicación de la biblia de manera precisa y clara. El don de profecía es más que transmitir nueva información desde el cielo. Tristemente, muchos confunden el don de profecía la predicción del futuro o cosas semejantes. Eso no es del todo cierto. Cuando una persona afirme estar hablando de parte de Dios (la esencia de la profecía), la clave es comparar lo que él o ella dicen con lo que dice la Biblia. Cuando Dios habla a través de una persona, el mensaje concordará completamente con lo que Dios ya ha dicho en la Biblia. Dios no se contradice. 1 Juan 4:1 nos dice: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo.” 1 Tesalonicenses 5:20-21 declara: “No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo. Retened lo bueno.” Entonces, ya sea una “palabra del Señor” o una supuesta profecía, nuestra respuesta debe ser la misma. Compare lo dicho con lo que dice la Palabra de Dios. Si contradice la Biblia, deséchela. Si concuerda con la Biblia, pida sabiduría y discernimiento para saber cómo aplicar el mensaje (2 Timoteo 3:16-17; Santiago 1:5).

EL MINISTERIO APOSTÓLICO Y SU VIGENCIA EN LA IGLESIA DE HOY.

La Teología de la Nueva Reforma Apostólica distorsiona también la comprensión bíblica del ministerio. En el Nuevo Testamento existen varios listados de ministerios. Los mismos deben ser vistos de forma representativa y no restrictiva de los ministerios que pueden tener lugar en el cuerpo de Cristo. Los ministerios tal y como enseña el apóstol Pablo no han sido establecidos por Dios para que unos sean superiores a otros. El énfasis bíblico está en la colaboración entre los ministerios para lograr los propósitos establecidos por nuestro Señor: “Perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”. El que en cierto pasaje aparezca un ministerio determinado antes que otro, no es suficiente razón para sostener la superioridad de algunos ministerios sobre los que les siguen en la lista. Si esto fuera así, aparecerían las listas uniformemente en las otras epístolas, cosa que no ocurre.

Reconocer un ministerio apostólico o profético como un oficio, tal y como la NRA lo sugiere, implicaría que sólo ellos son los capacitados y autorizados para comunicar el mensaje divino (profetas) y los únicos que pondrán en función el plan revelado, mediante la movilización y dirección de la iglesia (apóstoles). Esto traería más mal que bien al cuerpo de Cristo. Reconocemos la labor apostólica al estilo de Bernabé, Silas y Timoteo en medio nuestro. De igual manera creemos que el ministerio profético está presente hoy, pero la historia ha demostrado que sería muy peligroso si se quiere salvaguardar la unidad y la doctrina de la iglesia el reconocimiento de estos ministerios como oficios. Dios y no otro es quien imparte los dones a los creyentes y establece los ministerios en la manera que soberanamente él determina, sin la intervención de ningún ser humano (1 Corintios 12:11 y Efesios 4:7). En este acto nada puede hacer la iglesia. Ella y sus líderes están, no para entregar ministerios, sino para reconocerlos ulteriormente, cuando se hagan visibles por el desempeño fiel de su receptor.

En su ambición desmedida de poder, los defensores de la Nueva Reforma Apostólica sobreenfatizan la dignidad del oficio o ministerio apostólico. Analicemos bíblicamente este punto.

I.- USOS DEL TÉRMINO “APÓSTOL” EN EL NUEVO TESTAMENTO.

Para enfocar este tema, es necesario primero analizar los diferentes usos de la palabra griega “apostolos”. El término se deriva del verbo apostellô, que significa simplemente “enviar”. Por eso:

(1) El sentido más general de apostolos, como en Juan 13:16, es cualquier persona enviada en cualquier misión (recadero, mandadero). Un aspecto más específico de este sentido.

(2) Ocurre en 2 Corintios 8:23 y Fil 2:25 cuando mencionan “los mensajeros de las iglesias” (apostoloi ekkêsiôn), como delegados comisionados por las congregaciones para alguna tarea.

(3) En tercer lugar, la palabra significa “misionero”, que es el equivalente en latín (del verbo mitto, misi, “enviar”). En este sentido Jesucristo es el “misionero” enviado por Dios (Hebreos 3:1). Como veremos más adelante, Cristo no era “apóstol” en el mismo sentido que los doce, sino como “enviado” y “misionero” del Padre y prototipo de la misión de la iglesia (Juan 20:21; Marcos 9:37; Mateo 10:40; Juan 13.20: Jesús es el Enviado del Padre).

(4) El cuarto sentido es lo que generalmente entendemos por “los apóstoles”, como Pedro, Pablo y los demás. En ese aspecto, el término podría llamarse un título, de una primacía en cierto sentido jerárquica.

Dados estos diversos sentidos de la palabra “apóstol”, es necesario en cada texto bíblico determinar cuál de ellos se está empleando. Serios problemas resultan cuando se confunde un sentido con otro. Los “apóstoles” de hoy toman pasajes donde el término significa “misionero” pero los aplican en el otro sentido y quieren atribuirse los títulos y autoridades de los doce y de Pablo. Lo cierto es que, según el Nuevo Testamento, los apóstoles no tienen sucesores.

II.- TRASFONDO JUDÍO DEL APOSTOLADO CRISTIANO.

El apostolado del Nuevo Testamento se basó en una práctica judía de designar un emisario, llamado Shaliaj, con plenos poderes para representar a quien lo había enviado (Esdras 7:14; Daniel 5:24; 2 Crónicas 17:7-9). El Shaliaj era una especie de plenipotenciario ad hoc. Eran comunes las fórmulas legales como “el que te recibe a tí me recibe a mí”, “lo que ustedes atan en mi nombre lo he atado yo” y muchos otros parecidos, que aparecen también en el Nuevo Testamento (Marcos 9:37; Mateo 16:19; Lucas 10:16; Juan 13:20; 20:23). La comisión del Shaliaj era para una tarea específica y no era transferible a otras personas. El paradigma definitivo, Hechos 1: Después de suicidarse Judas, los discípulos sentían la necesidad de completar el número doce, como paralelo con las doce tribus de Israel. Con ese fin, guiados por el Espíritu Santo, definieron los requisitos indispensables para incorporarse en el apostolado.

La elección se limitó a “hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que entre nosotros fue recibido arriba” para que “uno sea hecho testigo con nosotros, de su resurrección” (Hechos 1:21). Además, la selección fue hecha por Cristo mismo (Hechos 1:24; 1:2). Veremos en seguida que todas estas mismas condiciones se aplican al caso de Pablo. Ese texto, y otros, muestran que para ser apóstol en el mismo sentido que los doce y Pablo, era requisito indispensable haber sido testigo ocular y presencial del ministerio de Jesús (Hechos 1:21-22; 1 Juan 1:1-4) y de su resurrección (Hechos 10:40-42; 1Co 15). Por supuesto, tal cosa sería imposible después de morir los contemporáneos de Jesús. La iglesia ahora es “apostólica” cuando es fiel al testimonio de ellos, que tenemos en el Nuevo Testamento, y cumple así su “apostolado” misionero. Sobre el fundamento de ellos Cristo sigue construyendo la iglesia (Efesios 2:20). Es importante reconocer que esta sustitución de Judas por Matías es el único reemplazo de un apóstol, precisamente para completar el número de doce. Matías no era sucesor de Judas sino su reemplazo. Después, al morir los doce y Pablo, ni el Nuevo Testamento ni la historia de la iglesia narra la elección de algún sucesor de alguno de ellos. Al morir el apóstol Jacobo, nadie le sucedió o reemplazó (Hechos 12:2). El grupo quedó cerrado, como es evidente en Apocalipsis 21:14. Obviamente, en esas puertas de la Nueva Jerusalén no aparecerá el nombre de ninguno de los “apóstoles” de hoy.

III.- CARÁCTER ÚNICO E INTRANSFERIBLE DEL OFICIO DE LOS DOCE.

Toda esta evidencia bíblica deja muy claro que, para ser apóstol, el candidato tenía que ser alguien del primer siglo. Nadie después del primer siglo podría haber sido testigo del ministerio de Jesús y de su resurrección. Ese requisito descalifica de antemano a todos los “apóstoles” de nuestros tiempos modernos. El mismísimo apostolado de Pablo fue severamente cuestionado, precisamente porque él no había sido uno de los discípulos, como requiere Hechos 1, aunque sí era contemporáneo de Jesús y sin duda testigo de su ministerio. Repetidas veces Pablo tiene que defender su llamado de apóstol, pero lo significativo es que lo defiende en los mismos términos básicos de Hechos 1: él también había visto al Resucitado (1 Corintios  9:1; 1 Corintios 15), fue nombrado apóstol no por hombres sino por el mismo Cristo (Gálatas 1:1,15-17,19; 1 Timoteo 1:1; 2:7), y él, igual que los doce, había realizado las señales de apóstol y la predicación del evangelio (2 Corintios 12:12; Romanos 15:18-19).

En 1 Corintios 9:1-6 Pablo se defiende contra los que negaban que él era apóstol: “¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor.” A continuación, Pablo responde a los que le acusan, afirmando que él tiene los mismos derechos de todos los apóstoles (1 Corintios 9:3-6; 2 Corintios 11:5,13; 12:11s). En este contexto, 1 Corintios 15 es especialmente importante. En este pasaje Pablo afirma vigorosamente la fe en la resurrección (1 Corintios 15:1-8, 12-58) pero también, menos conspicuamente, defiende su propio apostolado (1 Corintios 15:8-11). Después de definir el evangelio como la muerte, sepultura y resurrección de Cristo (1 Corintios 15:1-4), Pablo enumera una lista de los que podríamos llamar “los testigos autorizados de la resurrección” (1 Corintios 15:5-8): Cefas, los doce, más de quinientos hermanos, Jacob, después todos los apóstoles y al final Pablo mismo.

Por eso, de las varias personas que el Nuevo Testamento llama apóstoles, sabemos que tenían que haber sido testigos de la resurrección. Está claro que en este pasaje Pablo no está hablando sólo de visiones espirituales, como tuvo él mismo (2 Corintios 12) y que tuvieron Esteban (Hechos 7) o Juan (Apocalipsis 4-5), que no podrían servir como evidencias de la resurrección corporal de Jesús. El verbo repetido en estos versículos de 1 Corintios 15 es “apareció”, y el sujeto activo es el Resucitado (Gálatas 1:16). Eran visitaciones del Señor, apariciones por iniciativa de él, para demostrar la realidad de su resurrección. Se trata de revelaciones corporales como las de Cristo durante los cuarenta días, que constituyeron a sus receptores en testigos oculares del hecho. En ese sentido, Pablo reconoce que su propio caso es una anomalía, pues, aunque era contemporáneo de Jesús, no había sido discípulo ni había estado presente con los discípulos durante los cuarenta días. Sin embargo, insiste en que su encuentro con Cristo en el camino a Damasco pertenecía a la misma serie de visitaciones especiales. Por otra parte, Pablo afirma que su encuentro con el Resucitado fue la última de la serie (1 Corintios 15:8; 1 Corintios 4:9), sin posibilidad de otras. Para mayor énfasis, Pablo afirma que Cristo lo llamó al apostolado no sólo de último sino “como un abortivo” (Gr. ektrômati), una excepción. Pablo era un apóstol “nacido fuera del tiempo normal”. No puede haber otros apóstoles después de él.

Ahora bien, 1 Corintios 15:7 habla de “todos los apóstoles”, además de los doce y Pablo, pero todos ellos eran también testigos oculares de la resurrección. En cambio, de líderes que sabemos que no habían participado en esa experiencia, como Apolos y Timoteo, el Nuevo Testamente nunca los llama “apóstol”. No podían ser apóstoles sin haber visto al Resucitado (y no sólo en visión mística). Por eso, de todas las demás personas llamadas “apóstol” podemos estar seguros de que habían sido testigos oculares del Resucitado o si no, eran apostoloi sólo en el sentido de “misioneros” o de “delegados congregacionales”.

Es muy significativo que tanto los doce como Pablo aplican los mismos requisitos básicos para el apostolado: sólo pueden ser apóstoles los que habían visto al Cristo en su cuerpo resucitado y habían sido comisionados personalmente por él para ser testigos de su vida y resurrección. De estos, el último fue el apóstol Pablo. Los apóstoles cumplieron una función histórica. Obviamente, nadie que no sea del primer siglo puede ser testigo ocular de lo que nunca presenció.

Frente a estas enseñanzas bíblicas muy claras, el mal llamado “movimiento apostólico” apela, sin interpretación cuidadosa, a unos pocos textos. El versículo principal es Efesios 4:11, tomado fuera de contexto. El pasaje completo es una cita modificada del Salmo 68:18 con introducción y conclusión: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo. Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres. Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra? El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo. Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros.”

El tema de Efesios 4:7-16 es la unidad de la iglesia con su diversidad de dones, todo orientado hacia el crecimiento del cuerpo (Efesios 4:13-16). Pablo introduce este tema con una cita del Salmo 68, uno de los salmos más difíciles y con complicados problemas textuales. Pero el tema central de ese salmo está claro: Dios es un poderoso guerrero (Salmo 68:35) que en diversos momentos ha descendido a la tierra para liberar a su pueblo (Salmo 68:11-14,20-21) y después de su triunfo, sube al monte Sión (o al cielo) llevando cautivos (Salmo 68:15-18,24,29,35) y reparte el botín entre su pueblo (Salmo 68:12,18). Pablo adapta la cita en varias formas, especialmente cambiando “tomaste dones” (Salmo 68:18) en “dio dones” (Efesios 4:8), para aplicar la cita a la ascensión de Cristo y la venida del Espíritu con sus dones. Al volver al cielo, el Cristo vencedor repartió el botín entre su pueblo. El énfasis cae sobre la ascensión de Cristo y el momento histórico-salvífico en que el Resucitado victorioso envió el Espíritu como botín de su triunfo. El verbo “constituyó” (Efesios 4:11, edôken, “dio”) es un pretérito punctiliar, que describe algo que Cristo hizo cuando ascendió, conforme también al modelo del Salmo 68. No dice absolutamente nada sobre el futuro, si Cristo seguiría dando apóstoles a la iglesia, hasta su segunda venida, como podrían haber sugerido otros tiempos verbales. Puesto que esta carta vino de una época cuando estaban funcionando apóstoles y profetas, es imposible sacar alguna conclusión desde este pasaje sobre su continuación o no en la iglesia después. De otros pasajes, como hemos visto, queda evidente que el apostolado no puede haber continuado después de morir los últimos testigos. En cambio, otros pasajes dejan claro que el don de profecía (y la falsa profecía) continuarían en la iglesia. Al ascender, Cristo dio un don que era de una vez para siempre (apóstoles) y otro que había de seguir hasta su venida (profetas). El llamado apostólico corresponde en eso a su origen en el encargo de Shaliaj, que no era transmisible. Por otra parte, Pablo habla en 2 Corintios 11:13 de “falsos profetas (pseudapostoloi), obreros fraudulentos, que se disfrazan como apóstoles de Cristo” (Apocalipsis 2:2; Didajé 11:3-6) y, quizá sarcásticamente, de “superapóstoles” (tôn huperlian apostolôn, 2 Corintios 11:5; 12:11, NVI). Estos son los únicos títulos que los modernos apóstoles podrían reclamar.

CONCLUSIÓN.

La influencia de la NRA se ha vuelto más amplia, y por lo tanto más peligrosa, ya que muchas de sus ideas están siendo aceptadas por iglesias y organizaciones tanto dentro como fuera del movimiento carismático y pentecostal. Esta aceptación se debe a una serie de factores:

  1. La música de Bethel, Hillsong, IHOP y muchos ministerios de alabanza vinculados a la NRA ha encontrado una acogida entusiasta en iglesias, ministerios juveniles y entre jóvenes adultos a lo largo del espectro evangélico.
  2. Muchos no tienen comprensión de las enseñanzas de NRA y ningún concepto de lo que es.
  3. Los maestros influyentes de NRA y los libros están abriéndose paso en los círculos evangélicos.
  4. Debido al analfabetismo bíblico desenfrenado y la apatía general hacia la Escritura y la teología, menos cristianos están alarmados o incluso conscientes de que la falsa enseñanza y el engaño está teniendo lugar. No es sorprendente que aquellos que intentan advertir sobre la NRA u otras enseñanzas falsas son a menudo vilipendiados y etiquetados como negativos, legalistas y odiadores. La mayoría de iglesia evangélica está lista para la infiltración de NRA y por lo tanto no debe sorprender que muchos estén abrazando esta enseñanza herética.

El movimiento de la Nueva Reforma Apostólica, con su enseñanza del dominio político de la iglesia, la negación del arrebatamiento de la iglesia, su obsesión por el ministerio quíntuple, el apostolado para nuestros días, sus métodos extremos de guerra espiritual, visualización, sanidad interior, prosperidad, súper fe, el pensamiento positivo y otras prácticas heterodoxas, debe ser rechazado por todo aquel que ame la sana doctrina. Asimismo, debe ser denunciado como lo que es: Una herejía destructora. Pero ¿Cómo podemos protegernos a nosotros mismos y a quienes amamos de la influencia destructiva de la NRA?

  1. En primer lugar, es imperativo que tengamos una comprensión buena y creciente de la Escritura y la teología. El engaño es más poderoso cuando la gente carece de conocimiento.
  2. En segundo lugar, incluso aquellos con una buena comprensión de la verdad bíblica pueden ser engañados por movimientos como la NRA si prestan demasiada credibilidad a las nuevas revelaciones, que se mueven más allá y no están directamente ligadas a la Escritura, son posibles. Es esencial comprender que todo lo que creemos acerca de la vida y la piedad debe emerger de la Palabra de Dios (1 Pedro 1: 3; 2 Timoteo 3: 16-17). No es suficiente que una enseñanza en particular no parezca contradecir la Escritura. La verdadera cuestión es si se extrae de la Escritura.
  3. Tercero, nuestras habilidades de discernimiento deben ser agudas. Hebreos 5:14 llama a la madurez y rechaza a los creyentes que se han vuelto laxos y apáticos en su andar cristiano: “Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal.” 1 Timoteo 4: 1 nos advierte: “pero el Espíritu dice claramente que en los últimos tiempos algunos apostatarán de la fe, prestando atención a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios,” es tiempo de que los creyentes tomen estas advertencias con seriedad. La iglesia contemporánea está terriblemente desprevenida para combatir la teología fraudulenta como la NRA, y es por eso que esta, y los grupos relacionados, están creciendo rápidamente.

Finalmente, los creyentes deben estar involucrados en una iglesia que tome la Palabra de Dios seriamente. Demasiados cristianos están contentos de asistir a iglesias mediocres que tienen música entretenida, programas de diversión y excelentes cafeterías. Las Iglesias deben ser la “columna y baluarte de la verdad” (1 Timoteo 3:15) y, si a la cual asisten no está cumpliendo con su divina descripción del trabajo, debe ser buscada una nueva si es posible. Los creyentes necesitan hermanos y hermanas de la misma semejanza que sean serios acerca de la Palabra y sirvan a Cristo basado en esa Palabra (Hebreos 10: 23-25). Ninguno de nosotros puede permitirse ignorar las maquinaciones de Satanás (2 Corintios 2:11) y nuestra única salvaguarda es la revelación inspirada e infalible de Dios en la Biblia misma, no la imaginación de la gente.