La adoración que Jesús inauguró no necesita de la pirotecnia de las danzas de guerra, ni de los supuestos portales de gloria, ni de las banderas cargadas de colores codificados. Necesita, sencillamente, corazones rotos y humillados, fe genuina en la obra consumada del Salvador y una proclamación fiel de su Palabra. La verdadera unción, enseña el apóstol Juan, permanece en nosotros y nos enseña todas las cosas (1 Juan 2:27), y no está condicionada a cuán alto saltemos, cuán estridentes sean nuestras coreografías o cuán dramáticamente agitemos un manto. Esa unción interior, silenciosa y transformadora, es la que produce fruto duradero; todo lo demás, cuando se convierte en el centro, no es más que fuego extraño ofrecido sobre el altar.
Etiqueta: Danza en el Espíritu
Vosotros no sabéis de qué espíritu sois
La fusión de elementos religiosos ajenos al cristianismo y prácticas sincréticas matiza el universo neo-pentecostal y carismático. Diferentes expresiones que pasan por una mezcla criolla entre el catolicismo-romano, las múltiples expresiones africanas y versiones del espiritismo indígena y creencias y prácticas extraídas del folklore de los pueblos receptores, son el arcoíris de la religiosidad pentecostal en muchos países.
Danza profética, misticismo y herejía oculta
La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana. A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don. En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo.