Este artículo examina si el Estado moderno de Israel posee un «derecho divino» sobre el territorio que ocupa y cómo deberían posicionarse los cristianos ante el conflicto israelí-palestino. Mediante una lectura canónica y cristocéntrica de las Escrituras se sostiene que: (1) Dios eligió a Israel y le prometió la tierra en el pacto abrahámico; (2) esa promesa estuvo siempre vinculada a la fidelidad al pacto, y la tierra pertenece a Dios; (3) la violación reiterada del pacto, culminada en la no recepción del Mesías, trajo el juicio del año 70 d. C.; (4) el Nuevo Testamento afirma la fidelidad de Dios hacia el Israel étnico (Ro 11), pero no anuncia un Estado político con estatus privilegiado antes de la segunda venida de Cristo; y (5) la salvación y la herencia se universalizan en el Mesías. Se concluye que el Estado de Israel debe ser juzgado, como cualquier otro, conforme al derecho internacional, la justicia y la dignidad humana, y no por una prerrogativa teológica; y que el amor al pueblo judío y la compasión por el pueblo palestino no son lealtades en competencia. El estudio incluye un examen de las principales objeciones, notas y bibliografía.
Etiqueta: Gaza
¿Oro por la paz o respaldo una guerra? Lo que el Salmo 122 nunca dijo
Durante décadas, el Salmo 122:6-9 ha sido esgrimido en buena parte del evangelicalismo contemporáneo como un mandato divino: orar sin descanso por el Estado de Israel y respaldar, sin hacer preguntas, sus políticas. Este artículo sostiene que esa lectura es una extrapolación hermenéutica. Arranca el texto de su suelo, lo pone al servicio de un sistema teológico-político moderno —el sionismo cristiano de raíz dispensacionalista— y contradice la naturaleza misma del salmo: un cántico de peregrinación de la comunidad del antiguo pacto. Mediante un análisis exegético del hebreo, una contextualización histórica y canónica, y una evaluación teológica desde la gracia, se muestra que el Salmo 122:6-9 no es un mandato de oración perpetua por un Estado-nación moderno ni legitima el apoyo irrestricto a sus acciones. Bajo la gracia, la exhortación apostólica de 1 Timoteo 2:1-2 ensancha el horizonte de la intercesión hasta abrazar a «todos los hombres», israelíes y palestinos por igual. La conclusión es clara: ser fieles al texto exige rechazar toda instrumentalización del salmo al servicio de agendas geopolíticas y recuperar su sentido original, una oración por el shalom integral de una ciudad concreta, dentro de una comunidad pactual que reconocía la soberanía de Dios sobre toda nación.
«Bendeciré a los que te bendijeren»: El versículo que secuestraron para blindar un Estado moderno
Este artículo examina la interpretación de Génesis 12:1–3 a la luz de la tradición patrística y de la hermenéutica apostólica. Sostiene que la promesa abrahámica tiene un carácter esencialmente cristológico y eclesiológico, que trasciende toda lectura étnica o geopolítica. Se argumenta que la exégesis patrística —desde Justino Mártir e Ireneo de Lyon hasta Agustín de Hipona, Juan Crisóstomo y Beda el Venerable— desarrolló de manera consistente una interpretación tipológica en la que Cristo es la Simiente singular y la Iglesia, el pueblo del cumplimiento. El artículo propone que el uso contemporáneo de Génesis 12:3 como aval teológico de entidades políticas modernas constituye una regresión hermenéutica, pues desatiende tanto el testimonio profético del Antiguo Testamento como la exégesis de los Padres de la Iglesia. Se concluye que la verdadera bendición prometida a las familias de la tierra se recibe únicamente mediante la fe en Jesucristo, en quien todas las promesas divinas encuentran su «Sí» y su «Amén».
Israel, Palestina y el derecho divino sobre la Tierra Santa
¿Con quién deberían alinearse los cristianos en el conflicto judeo-palestino? ¿A favor de Israel, o de Palestina? La verdad es: Con ninguno (y con ambos a la vez). ¿Tiene Israel un derecho divino sobre el territorio que ocupa actualmente? Ese es un tema complejo que te invito a estudiar en este artículo.