Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Sufrimiento que obra para bien.

A nadie le gusta el sufrimiento ¿O sí? Vivimos en un mundo que ama las fiestas, la comodidad, el placer, la felicidad, el lujo y la prosperidad ¡Pero que jamás quisiera probar ni una sola gota de sufrimiento! Muchos "cristianos" incluso han creado su propio Evangelio para que les prediquen prosperidad, salud, bienestar y riqueza; pero ese es un falso Evangelio acorde con los intereses y cosmovisión del mundo. Detrás de él se esconde una falta de comprensión total sobre los propósitos y el modo de proceder de nuestro Dios. La verdad es está: Dios usa el sufrimiento para nuestro bien. Quizá nos cueste verlo así, pero es una convicción que calma nuestras mentes y anima nuestros corazones: de alguna manera Dios tiene su mano en nuestro sufrimiento. Cualquier circunstancia que experimentamos no viene sin la mano de Dios, así como una sierra no puede cortar sin la mano del carpintero. Job en su sufrimiento no dijo: “El Señor dio y el diablo quitó”, sino, “El Señor dio, y el Señor quitó”. El sufrimiento nunca viene a nuestro camino sin el propósito y providencia de Dios, y por eso, el sufrimiento es siempre significativo, nunca sin sentido.

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA

Recuerda: ¡No podemos mandar a Dios!

¿Estás pidiendo algo y Dios parece darte un "no" por respuesta? ¿Le pides a Dios ciertas cosas y estas nunca llegan? No es que Dios sea sordo, sino que quizá no estás pidiendo correctamente, o lo que pides no está de acuerdo con la voluntad de Dios. Hemos oído tantas veces que "la fe mueve la mano de Dios", al punto que quizá hemos llegado a pensar que nuestras oraciones, reclamos y decretos pueden torcerle el brazo y obligarlo a darnos lo que Él no desea para nosotros. Pero eso es falso: "Nuestro Dios está en los cielos; El hace lo que le place." (Salmos 115:3), no lo que nosotros intentamos ordenarle. ¿Cómo? ¿Acaso no es la voluntad de Dios sanarnos todo el tiempo, darnos ese trabajo, adquirir esa posesión o salvarnos de la misma muerte? ¡No siempre! Quizá esto no suene al Evangelio que conozcas o te prediquen en la televisión. Y es que a Dios le tiene sin cuidado lo que pueda decir el falso Evangelio de la Prosperidad, la confesión positiva o cualquier otra moda teológica. Él no obedece decretos, no le interesa que "arrebates" lo que creas que es tuyo ni escuchará confesiones positivas contrarias a su voluntad, pues "todos los habitantes de la tierra son considerados como nada, mas Él actúa conforme a su voluntad en el ejército del cielo y entre los habitantes de la tierra; nadie puede detener su mano, ni decirle '¿Qué has hecho?'." (Daniel 4:35). El fin supremo de todo es la gloria de Dios, no la nuestra. Nuestras oraciones solo tienen valor cuánto humildemente nos rendimos y decimos "hágase tu voluntad" (Mateo 6:10) en vez de querer obligar a Dios a hacer la nuestra. En 2 Samuel 7:18-26, la oración de David para que Dios ratificara Su promesa y bendijera la casa de David fue motivada por el deseo de ver el nombre de Dios magnificado. Nuestras oraciones para que Dios nos bendiga deben estar motivadas por lo mismo. Al pedir la bendición del Señor, busquemos hacerlo no solo para nuestro beneficio, sino para que el Señor sea glorificado por nosotros y por los demás. ¿Es esa sanidad que deseas tanto para glorificar a Dios, o simplemente quieres más tiempo para seguir deleitándose en el pecado? ¿Anhelas honrar a Dios con tus bienes, o simplemente quieres adquirir más para gastar en los deleites temporales del pecado? Examínate a tí mismo. Dios ya sondeó tu corazón y sabe lo que realmente harás con la "bendición" que le estás pidiendo. Él no te dará lo que no conviene, pues a Dios le interesa más tu salvación eterna que tú comodidad terrenal. Santiago lo explica claramente: "Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites." (Santiago 4:3).

Devocional, REFLEXIÓN BÍBLICA, Teología

¡Necesitamos más predicación teológica!

Uno de los mayores problemas de la predicación evangélica contemporánea es que las predicaciones cristianas muchas veces no son verdaderamente cristianas. Son morales en el mejor de los casos, herejías en la mayoría. El evangelio de la prosperidad es solo la punta del iceberg. Pocos predicadores estarán dispuestos a admitirlo, pero muchas de las predicaciones no apuntan a Cristo, no revelan a Cristo, no hablan de Cristo o de su obra, de sus promesas o de cómo ser como Él. Cuando solo predicamos que no debemos mentir, que no debemos robar, o que debemos amar a nuestra esposa, aun cuando son principios útiles y hasta tradicionalmente cristianos, no son exclusivamente bíblicos. Los mormones, testigos de Jehová, y budistas enseñan y se adhieren a esos principios también. Las predicaciones moralistas son, en última instancia, una falta de respeto a la Biblia y a su autor, pues no estamos extrayendo de ella los grandes tesoros de conocimiento que contiene. Muchos predicadores "evangélicos" incluso han reducido el mensaje del Evangelio a una prédica legalista en la cual lo único que importa es que las mujeres no usen pantalones, se cubran el cuerpo lo más posible, no usen maquillaje, ni se corten el cabello. Pero ¿Es esto el Evangelio? ¿Por tan poca cosa vino a morir el Señor?

REFLEXIÓN BÍBLICA

¡Se busca un nuevo David!

La memorable victoria de David sobre Goliat fue la catapulta de la brillante carrera de aquel joven pastor de ovejas nacido para ser rey. Pero dicha victoria terrenal vino precedida por la victoria espiritual sobre la palabra de desprecio, sobre la palabra de negación y sobre la palabra de derrota. Toda una lección para los cristianos hoy en día. Esa misma fe y ese mismo Dios, por medio de quién los antiguos héroes de la fe "conquistaron reinos, hicieron justicia y alcanzaron lo prometido; cerraron bocas de leones, apagaron la furia de las llamas y escaparon del filo de la espada; sacaron fuerzas de flaqueza; se mostraron valientes en la guerra y pusieron en fuga a ejércitos extranjeros." (Hebreos 11:33-34, NVI) sigue aún vigente y presente en nuestra época. El Dios de Israel es el mismo. La pregunta es: ¿Con cuántos 'David' cuenta el pueblo de Dios en nuestra época? ¿Eres uno de ellos? ¡Pues levántate y vence el desprecio, la negación y la derrota en el nombre de Jesús!