ESCATOLOGÍA, Milenio, Teología

El Posmilenialismo y sus postulados

Por Fernando E, Alvarado

 INTRODUCCIÓN

A grandes rasgos, el posmilenialismo (o postmilenialismo) se define como una interpretación del capítulo 20 del libro de Apocalipsis, que ve la segunda venida de Cristo como si ocurriera después del “Milenio”, el cual es interpretado como una Edad Dorada o una era de prosperidad y dominio cristiano. Ahora bien, aunque el posmilenialismo afirma que Cristo volverá después del Milenio, este no debe ser entendido necesariamente como un período de 1,000 años literales. Los que sostienen esta posición, no interpretan la profecía no cumplida usando un método normal, es decir, literal. Ellos creen que los 1,000 años mencionados en Apocalipsis 20:4-6 significan simplemente “un largo período de tiempo”. Además, el prefijo “pos” en “posmilenialismo” denota la opinión que Cristo volverá después de que los cristianos (y no Cristo Mismo) hayan establecido el reino sobre esta tierra. A consecuencia de tal razonamiento, los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, y solo hasta entonces, Cristo volverá.[1]

El posmilenialismo contrasta con el premilenialismo (el punto de vista que dice que la segunda venida de Cristo ocurrirá antes de Su Reino Milenario, y que el Reino Milenario es de 1,000 años literales) y, en menor grado, con el amilenialismo (un milenio no literal). Asimismo, el posmilenialismo ha servido de base a nuevas corrientes teológicas heterodoxas, tales como la Teología del Dominio (Dominionismo) y el “Reino Ahora”. El posmilenialismo se divide en dos corrientes: Posmilenialismo bíblico y posmilenialismo liberal.

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PRINCIPALES POSTULADOS DEL POSMILENIALISMO

El Postmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo establece su reino en la tierra a través de la predicación y la obra redentora en el primer siglo y que Él equipa a su Iglesia con el evangelio, le capacita por el Espíritu, y le encomienda la Gran Comisión de discipular a todas las naciones. El Postmilenialismo espera que eventualmente una vasta mayoría de los hombres con vida sean salvados. El éxito creciente del evangelio producirá gradualmente un tiempo en la historia, anterior a la venida de Cristo, en el cual la fe, justicia, paz y prosperidad prevalecerán en los asuntos de los hombres y de las naciones. Luego de una extensa era de tales condiciones el Señor regresará visible, corporal y gloriosamente, para ponerle fin a la historia con la resurrección general y el juicio final luego del cual sigue el orden eterno.[2]

De lo anterior se desprende que:

  • El posmilenialismo sostiene que el Señor Jesucristo funda su reino Mesiánico en la tierra durante su ministerio terrenal y por medio de sus labores redentoras. Su establecimiento del “reino de los cielos” cumple las expectativas proféticas del Antiguo Testamento con respecto al reino venidero. El reino que Cristo predica y presenta no es otro que aquel que fue esperado por los santos del Antiguo Testamento. En el Postmilenialismo la iglesia es el Israel cumplido/transformado e incluso es llamada “el Israel de Dios” (Gálatas 6:16).
  • La naturaleza fundamental del reino es esencialmente redentora y espiritual, antes que política y material. Aunque tiene implicaciones para la esfera política. Algunos posmilenialistas consideran la iglesia como un reino en competencia con las naciones geopolíticas para el dominio gubernamental. Para ellos Cristo gobierna su reino espiritualmente en y a través de su pueblo en el mundo, lo mismo que por su providencia universal.
  • Debido al poder intrínseco y al diseño de la redención de Cristo, su reino ejercerá una influencia transformacional sociocultural en la historia. Esto ocurrirá a medida que más y más gente se convierta a Cristo. La clave, en primer plano, es la regeneración, la propagación del evangelio y la conversión de los hombres y las naciones a la Palabra de Dios.
  • El posmilenialismo espera la expansión y el desarrollo gradual del reino de Cristo en el tiempo y en la tierra antes que el Señor regrese a ponerle fin a la historia. Esto procederá de un ministerio global de la Palabra, oración ferviente y llena de fe, y las labores consagradas del pueblo de Cristo lleno del Espíritu. El Cristo siempre presente está dirigiendo el crecimiento del reino desde Su trono en el cielo, donde está sentado a la diestra de Dios.
  • El posmilenialismo anticipa confiadamente un tiempo en la historia en la tierra (continua con el presente) en el cual el mismo evangelio que ya está operando ganará la victoria por toda la tierra, cumpliendo la Gran Comisión.[3] El posmilenialismo enseña el éxito de la gran comisión en esta era de la iglesia. Cree que una abrumadora mayoría de hombres y naciones será cristianizada, la justicia abundará, la guerras cesarán, y la prosperidad y la seguridad florecerán. Se distinguirá por la recepción universal de la verdadera religión, y la sujeción ilimitada al cetro de Cristo. Será un tiempo de paz universal y que, además, se caracterizará por una gran prosperidad temporal.[4]
  • De acuerdo con el posmilenialismo podemos ver hacia adelante, hacia una ‘era dorada’ de prosperidad espiritual continuando por siglos, o incluso por milenios, durante cuyo tiempo el cristianismo será triunfante sobre toda la tierra.[5] Luego de este período extendido de prosperidad en el evangelio, la historia de la tierra llegará a su conclusión por el regreso personal, visible y corporal de Jesucristo (acompañado por una resurrección literal y un juicio general) para introducir su pueblo comprado con sangre en la forma consumada y eterna del reino. Y así estaremos por siempre con el Señor.

POSTMILENIALISMO TRADICIONAL - GRÁFICA

¿CÓMO SURGIÓ EL POSMILENIALISMO?

Durante los tres primeros siglos la iglesia fue premilenarista en su enfoque sobre el milenio. Se esperaba que Jesús reinase literalmente durante 1,000 años sobre la tierra. Este punto de vista fue especialmente popular durante los períodos de cruenta persecución que tuvo que enfrentar la iglesia. Uno de los primeros en modificar este enfoque fue Ticonio, donatista africano, quien hacia fines del siglo IV introdujo una interpretación novedosa de Apocalipsis 20. Ticonio rechazó la estricta interpretación escatológica de Apocalipsis 20. Para Ticonio el milenio se refiere a la edad presente. La primera resurrección se refiere al pasar de muerte a vida en la conversión. Para Ticonio la palabra “milenio” no debía entenderse literalmente.

Posteriormente, Agustín de Hipona popularizó e hizo dogma el punto de vista de Ticonio. Agustín consideró el milenio como un sábado universal repleto de bendiciones espirituales, concibió los mil años como una época en que la iglesia gobernaría sobre la tierra, era el abandono de la interpretación futurista. La principal razón de Agustín para tal actitud eran las crudas exageraciones a que habían llegado las descripciones literalitas del milenio.

Aunque la forma agustiniana de interpretar el milenio fue a veces modificada (lo cual en ocasiones dificulta distinguirla de lo que se denomina amilenialismo) ella prevaleció por largo tiempo. Durante la Edad Media cualquier interpretación literal del milenio era vista como una herejía. Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Luteranos, presbiterianos, y grupos reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo.[6]

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Durante los Siglos XVI y XVII varios teólogos Reformados de los Países Bajos enseñaron una forma de quilianismo, que podría llamarse actualmente postmilenialismo, entre ellos hubo algunos bien conocidos personajes como Coccejus, Alting, los dos Vitringa, d’Outrein, Witsius, Hoombeek, Koelman y Brakel, de los cuales algunos consideraban al milenio como cosa del pasado, otros lo entendían como cosa del presente, y todavía otros lo miraban en el futuro. La mayoría lo esperaba hacia el fin del mundo, precisamente antes de la segunda venida de Cristo. Estos hombres rechazaron las dos principales ideas del premilenialismo, es decir, que Cristo volverá físicamente a reinar sobre la tierra durante mil años, y que los santos resucitarán en su venida, y luego reinarán con Él en el reino milenario.

En tanto que sus explicaciones diferían en algunos detalles, el concepto dominante era que el evangelio, que gradualmente se esparciría por todo el mundo, al final llegaría a ser inconmensurablemente más efectivo de lo que es al presente, dando lugar a un período de ricas bendiciones espirituales para la iglesia de Jesucristo, una Edad de Oro, en la cual los judíos participarán en las bendiciones del evangelio de una manera sin precedente.

Otro ejemplo de postmilenialismo fue el de los puritanos norteamericanos de los Siglos XVII y XVIII. Huyendo de Inglaterra tras el fracaso político allí, cruzaron el océano y fundaron (inspirados por sus ideas posmilenialistas) sus teocracias en aquellas tierras, extirpando por la fuerza e incluso con la pena capital todo pecado que pudiera mancillar su proyecto de perfección moral.

El siglo XVIII fue la gran época del postmilenialismo, que desempeñó un papel clave en el desarrollo del pensamiento misionero. Pero en el siglo XIX, la expectación postmilenaria se aproximaba cada vez más a la doctrina secular del progreso y fue absorbida por la identificación que la teología liberal hacía del reino de Dios con el mejoramiento moral y social. El postmilenialismo sufrió una fuerte declinación de su popularidad durante el período 1914-1970. Esta perdida se ha debido más a las situaciones históricas (las dos guerras mundiales y otros conflictos bélicos) que a consideraciones exegéticas.

En años más recientes el postmilenialismo ha sido defendido por David Brown, J. Berg y J. H. Snowden, quienes enseñan que, en los últimos días, se levantará una iglesia militante bajo la influencia especial del Espíritu Santo; el espíritu de los mártires aparecerá de nuevo en la iglesia, la verdadera religión será avivada en gran manera y revivida, y los miembros de las iglesias cristianas se harán tan conscientes de su fuerza en Cristo como nunca antes. Esto provocará la Edad de Oro de la iglesia, la cual será seguida por una breve apostasía, un terrible conflicto entre las fuerzas del bien y del mal, y por la ocurrencia simultánea de la venida de Cristo, la resurrección general y el juicio final.

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PUNTOS DÉBILES DEL POSMILENIALISMO

El posmilenialismo, como corriente interpretativa sobre el milenio y los eventos futuros, es quizá la más débil de todas las posturas. Esto se debe a que:

  • Los posmilenialistas creen que este mundo va a ir mejorándose cada vez más (a pesar de que la historia les ha demostrado todo lo contrario) y que el mundo entero será “cristianizado” finalmente. Después de esto, Cristo volverá. Sin embargo, esta no es la perspectiva que presenta la Escritura del mundo de los últimos tiempos. Del libro de Apocalipsis, es fácil ver que el mundo será un lugar terrible en aquel tiempo futuro. También, en 2 Timoteo 3:1-7, Pablo describe los últimos tiempos como “tiempos peligrosos”.
  • Los que sostienen la posición posmilenialista, usan un método no literal para interpretar la profecía no cumplida, asignando sus propios significados a palabras. El problema con esto, es que cuando alguien empieza a asignar significados a palabras diferentes a su significado normal, una persona entonces puede decidir que una palabra, o frase, u oración, signifique lo que él mismo quisiera. Toda objetividad concerniente el significado de las palabras se pierde. Cuando las palabras pierden su significado, la comunicación se detiene. Sin embargo, Dios no ha querido que el lenguaje y la comunicación sean así. Dios se comunica con nosotros a través de Su Palabra escrita, con significados objetivos de palabras, para que las ideas y los pensamientos puedan ser comunicados.
  • Una interpretación normal y literal de la Escritura, rechaza el posmilenialismo y se aferra a una interpretación normal de toda la Escritura, incluyendo la profecía no cumplida. El método de interpretación bíblica usado en el posmilenialismo resulta ambiguo, tendencioso y contradictorio, ya que utiliza un método de interpretación para profecías no cumplidas y otro método muy diferente para las Escrituras no proféticas y para profecías cumplidas. Las Escrituras no proféticas y las profecías cumplidas son interpretadas literal o normalmente. Pero según el posmilenialista, la profecía no cumplida debe ser interpretada espiritualmente, o no literalmente. Esto simplemente no tiene sentido. Los que aceptan el posmilenialismo creen que una lectura “espiritual” de la profecía no cumplida es la lectura normal de estos textos. Esto se llama el uso de una hermenéutica doble. El posmilenialista supone que la mayor parte, o toda, la profecía no cumplida está escrita en lenguaje simbólico, figurativo, y espiritual. Por lo tanto, el posmilenialista asignará significados diferentes a aquellas partes de la Escritura en lugar de los significados normales y contextuales de esas palabras. Tal sistema de interpretación traiciona la intencionalidad del texto bíblico y de sus autores.
  • El método de interpretación posmilenialista (hermenéutica doble) genera más problemas de los que resuelve. El problema con una interpretación de este tipo es que da lugar a una amplia gama de significados. A menos que interpretemos la Escritura en el sentido normal, no habrá un solo significado. No obstante, Dios, el Autor final de toda la Escritura, tuvo un solo significado en mente cuando Él inspiró a los autores humanos a escribirla. Aunque puede haber muchas aplicaciones de vida en un pasaje de la Escritura, hay un solo significado, y ese significado es lo que Dios quiso que significara. Además, el hecho de que la profecía cumplida fue cumplida literalmente, es la mejor razón de todas para deducir que la profecía no cumplida también será cumplida literalmente. Todas las profecías concernientes a la primera venida de Cristo fueron cumplidas literalmente. Por lo tanto, las profecías concernientes a la segunda venida de Cristo también deben ser esperadas para ser cumplidas literalmente. Por estas razones, una interpretación alegórica de la profecía no cumplida debe ser rechazada y una interpretación literal o normal de la profecía no cumplida debe ser adoptada. El posmilenialismo fracasa en el sentido de que utiliza hermenéutica inconsistente, es decir, interpretar la profecía incumplida de manera diferente a la profecía cumplida.
  • El posmilenialismo yerra al interpretar subjetivamente la profecía bíblica y sostener que el reino milenario será establecido por la iglesia, no por Cristo mismo.

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ASPECTOS POSITIVOS DEL POSMILENIALISMO

A pesar de sus notorias deficiencias, el posmilenialismo mantiene varios aspectos positivos que merecen ser destacados (y de hecho, imitados) por otros cristianos:

  1. El postmilenialismo da una correcta atención al genuino tema bíblico “La dimensión presente del reino de Dios”.
  2. El postmilenialismo tiene un fuerte énfasis en el activismo de los creyentes. Si el reino está presente, luego necesita ser extendido por todo el mundo.
  3. El postmilenialismo es muy bíblico en promover un espíritu de optimismo y combatir una suerte de pesimismo del cual muchos cristianos son fáciles víctimas.
  4. El postmilenialismo reconoce que el reino de Dios se extiende más allá de la iglesia. El reino de Dios se extiende, o está trabajando, en el mundo secular no cristiano. Todo el mundo se halla bajo la esfera del poder del reino de Dios.

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POSMILENIALISMO BÍBLICO Y POSMILENIALISMO LIBERAL

Tal como se mencionó al inicio, el posmilenialismo se divide en dos ramas o vertientes: el posmilenialismo bíblico (del cual se ha venido hablando a lo largo de este artículo) y el posmilenialismo liberal (el cual describiremos a continuación).

El posmilenialismo liberal es más bien una filosofía humanista materialista que infectó el posmilenialismo bíblico desde la época de la Ilustración. Alaba el logro humano y busca armonizar con el humanismo secular y las ideas científicas de moda. Como toda filosofía humanista, cree que la humanidad gradualmente irá mejorando y avanzará hacia la unidad y la introducción de una sociedad ideal, o utópica, a través del avance de la ciencia, la educación y el intelecto humanos. Dudar de lo milagroso o sobrenatural es la norma; por consiguiente, rechaza cualquier idea de un gobierno literal de Dios sobre la tierra.

El posmilenialismo liberal enseña que no habrá un regreso literal, corporal, personal, de Cristo a la tierra. Una opinión común sobre el regreso del Señor dentro del posmilenialismo liberal es el Ilamado “punto de vista espiritual” que identifica la venida de Cristo con el avance perpetuo de Cristo en la Iglesia y que incluye muchos eventos notables. También se dice que las promesas de la segunda venida se cumplen mediante su presencia espiritual con su pueblo, que se introdujo con la venida del Espíritu Santo el día de Pentecostés y fue complementada con la caída de Jerusalén. Y realmente cumplida mediante el avance espiritual continuo de la Iglesia y la sociedad.[7]

En otras palabras, para el posmilenialista la Segunda Venida no es un solo evento, sino que incluye todos los eventos de la era Cristiana, que son obra de Cristo. Este punto de vista es sostenido por muchos modernistas de nuestros días. Esta corriente considera que la segunda venida del Señor se cumplió en la destrucción de Jerusalén o el día de Pentecostés, o en la muerte de los santos, o en la conversión del individuo o en cualquier crisis de la historia o de la experiencia del individuo. Su controversia es en cuanto a que si habrá una segunda venida literal o no al final de los tiempos. Por demás está decir que ese punto de vista se basa en la incredulidad a la Palabra de Dios o en el método de espiritualizar la interpretación. Para el posmilenialista liberal el reino de Dios es primariamente una realidad presente. Es un reinado en el corazón de los hombres. Consideran que el reino de Dios no puede ser introducido por la fuerza de manera cataclísmica en algún punto del futuro. El milenio, por lo tanto, no es literal sino alegórico.

El posmilenialismo liberal es del tipo evolutivo. La autoridad definitiva de este tipo de posmilenialismo no es la palabra de Dios, sino la razón humana y su confianza en el hombre para lograr el progreso por medios naturales. Como ya se mencionó, ese tipo de doctrina es más bien un producto de la Ilustración que fue alimentado por la revolución científica, así como, por supuesto, el pensamiento evolutivo, materialista y humanista. Se inclina más por una evangelio social y ecuménico. Todas las religiones deberían unirse para traer un simbólico milenio de hermandad, prosperidad y paz social sobre las naciones.

Como creyentes en la Palabra de Dios no podemos sino rechazar el posmilenialismo liberal, ya que entendemos que las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado. Además, el postmilenialismo niega todo genuino sobrenaturalismo, lo cual atenta contra la inspiración y autoridad de la Biblia. En el posmilenialismo el reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado. Es, literalmente, otro Evangelio diferente.

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CONCLUSIÓN

El postmilenialismo (particularmente el bíblico) espera una conversión de todas las naciones previa al retorno de Cristo. Esto motiva una predicación del evangelio efectiva (Mateo 24:14). Un principio del postmilenialismo es la esperanza de un largo período de paz que llenará la tierra en el cual, más y más personas, se convertirán a Cristo y comenzarán a practicar las enseñanzas del evangelio.

El posmilenialismo no es literalista en su concepción de la extensión del milenio; el milenio como tal es un largo período de tiempo, no necesariamente mil años de calendario. Un fundamento distintivo del postmilenialismo bíblico es el gradual crecimiento del reino (Mateo 13:31-33). En el posmilenialismo liberal la sociedad utópica solo será posible gracias al avance de la humanidad por cuenta propia.

De acuerdo con el posmilenialismo bíblico al final del milenio habrá un período de apostasía, el cual está conectado con la aparición del anticristo. El milenio será seguido por el retorno personal, visible y corporal del Señor Jesucristo. El posmilenialismo liberal niega una segunda venida literal del Señor o le atribuye un significado alegórico. En el posmilenialismo bíblico el retorno del Señor será seguido inmediatamente por la resurrección de justos e injustos, y por el juicio final.

Para cualquier crítico externo al posmilenialismo, dicha corriente interpretativa yerra en las siguientes áreas:

  • El optimismo acerca de la conversión del mundo parece ser irreal a la luz del desarrollo de la historia.
  • A la luz de la Escritura parece no haber base para la esperanza de una prosperidad espiritual sin par justo antes de la parusía.
  • La idea de un paso casi imperceptible desde la era presente a una gloriosa en el futuro la contradice la representación catastrófica que la Escritura presenta.
  • Las opiniones humanistas y evolucionistas son contrarias a todo lo que la Biblia dice en cuanto al hombre y al pecado.
  • El postmilenialismo ha tenido algunas dificultades en mantener un genuino El reino de Dios ha llegado a ser muy difuso, demasiado secularizado.
  • El trabajo exegético del postmilenialismo sobre Apocalipsis 20 es visto (principalmente por los premilenialistas) como muy artificial.

Muchas de las grandes denominaciones protestantes incorporaron el postmilenialismo en sus credos. Las Confesiones de Augsburgo y Westminster son básicamente postmilenialistas. Algunos grupos luteranos, presbiterianos, y reformados han tendido a seguir el postmilenialismo. La gran escuela de teología de Princeton del siglo XIX y comienzos del siglo XX, representada por Ch. Hodges y B. Warfield, representa firmemente el postmilenialismo. Sectas modernas como los adventistas del séptimo día también incorporan elementos del posmilenialismo en su teología.

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REFERENCIAS:

[1] Seraiah, C. Jonathan. The End of All Things: A Defense of the Future. Moscow, ID: Canon Press, 1999.

[2] Gentry, Kenneth L., Jr. He Shall Have Dominion: A Postmillennial Eschatology, Second Edition. Tyler, TX: Institute for Christian Economics, 1997.

[3] Greg L. Bahnsen, Victoria en Jesús, 74.

[4] David Brown, La Segunda Venida de Cristo, 399, 401.

[5] Lorraine Boettner, El Milenio, 29.

[6] Mathison, Keith A., Postmillennialism: An Eschatology of Hope. Phillipsburg, NJ: Presbyterian and Reformed, 1999.

[7] Ice, Thomas, and Tim LaHaye, eds. The End Times Controversy: The Second Coming Under Attack. Eugene, OR: Harvest House Publishers, 2003.

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5 SOLAS, Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

La Sola Scriptura en el pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Sola Scriptura” significa que solamente la Escritura tiene autoridad para la fe y la práctica del cristiano. Al igual que los primeros reformadores, los pentecostales creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, ya que Dios mismo reveló su voluntad y propósito a los escritores que escogió (Amós 3:8), quienes documentaron con fidelidad y precisión lo que les fue revelado para la inclusión final y providencial en nuestro canon de sesenta y seis libros. La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios establece que:

“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta – 2 Timoteo 3:15-17, 1 Tesalonicenses 2:13, 2 Pedro 1:21”[1]

Afirmamos que la Biblia es inspirada por Dios. Creemos que el Espíritu Santo guio a los escritores de la Biblia. Tal supervisión influyó en los pensamientos y la elección misma de palabras de los escritores, aunque también permitió que se manifestaran su trasfondo, sus habilidades y personalidad. Además, la inspiración se aplica a todo lo que escribieron tal como se encuentra en el canon de la Escritura.

Pero no solo creemos que la Biblia es inspirada, sino también infalible. Los pentecostales creemos que las Escrituras son veraces y confiables en lo que tienen la intención de afirmar. Creemos que la Escritura, como está documentada en los manuscritos originales, los autógrafos, no tiene error. Al carecer de error y ser completamente veraces, las Escrituras son absolutamente confiables (2 Samuel 7:28; Salmo 119:160; Juan 17:17; Colosenses 1:5). La infalibilidad y la inerrancia se aplican a todas las Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento por igual.

Debido a su carácter inspirado, infalible e inerrante, los pentecostales creemos que todo lo que afirma y enseña la Biblia es verdad. Al revelar el propósito y la voluntad de Dios, la Biblia determina la creencia y la conducta. Por tanto, la afirmación de que la Biblia es la «regla autoritativa de fe y conducta» se entiende como un llamado a aceptar las Escrituras como la autoridad final e inmutable de la doctrina y la ética.[2]

Los pentecostales creemos que la Biblia es completa, autoritativa y verdadera. En palabras de Pablo:

“Toda la Escritura es ‘inspirada por Dios’ (dada por la inspiración de Dios) y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

BIBLIA 1

LA SOLA SCRIPTURA Y LOS DONES CARISMÁTICOS

Frecuentemente se nos acusa a los pentecostales de atentar contra el principio de Sola Scriptura debido a nuestra creencia en la continuidad de los dones carismáticos, incluidos los dones de palabra (palabra de sabiduría, palabra de ciencia, discernimiento de espíritus, profecía, hablar en lenguas e interpretación de lenguas). Esto no es cierto. El continuismo pentecostal no atenta contra el principio de Sola Scriptura.

Aunque creemos en el don de profecía, los pentecostales no le atribuimos el mismo valor que a la Biblia, la Palabra escrita de Dios (lo cual sí ocurre en sectas como los mormones, los cuales atribuyen un carácter infalible a las palabras de José Smith y sus sucesores). Fieles al principio de Sola Scriptura, los pentecostales creemos que la profecía actual no es inspirada de la misma forma que las Escrituras, y no es inerrante. ¿Por qué? Porque está basada en la impresión inmediata que Dios ha traído espontáneamente a la mente de un creyente. A través de este don, Dios dirige información a nuestros pensamientos que de otra forma no podríamos saber o expresar; sin embargo, dichos mensajes no tienen la intención de que los consideremos plenamente autorizados o infalibles. De lo contrario, la Biblia misma jamás nos mandaría probar toda expresión que afirme ser inspirada por Dios (1 Juan 4:1), mientras que al mismo tiempo nos aconseja no menospreciar el don de profecía (1 Tesalonicenses 5:20-21). Esto deja en claro que, aunque el don de profecía es real y sigue vigente en nuestra época, este no es igual a la Palabra escrita de Dios. El mismo principio aplica a los mensajes transmitidos mediante el don de lenguas.

Así, por ejemplo, sería un ejercicio del don de profecía o mensaje inspirado por Dios, si alguien en un pequeño grupo o en una reunión de oración fuera guiado por Dios a decir: “siento que tal o cual misionero está batallando espiritualmente y está bajo ataque”, y al día siguiente recibimos una llamada o un email confirmando que así estaba ocurriendo, y que estas oraciones del pueblo fueron contestadas. La declaración probó ser cierta y resultó provechosa y de bendición. El mensaje no pretendía transmitir o imponer una nueva verdad, tampoco contradecir o reinterpretar el texto bíblico, sino más bien orientar a la iglesia acerca de un hecho actual que redundaría en el beneficio de las misma, o traería consuelo y guía en un área específica de nuestra peregrinar cristiano. Encontramos ejemplos de ello en Hechos 8:26-29, 9:10-16, 13:1-3, 16:6-10, 20:23, 21:10-12, etc.

Es en este punto donde quiero llamar la atención hacia algo muy importante (pero que a menudo es pasado por alto por los cesacionistas, quienes niegan la vigencia actual de los dones espirituales): Negar la vigencia de los dones carismáticos, incluido el de profecía, es atentar también contra el principio de Sola Scriptura. ¿Por qué? Porque si decimos que creemos que la Escritura es inspirada, infalible y plenamente autorizada, y la declaramos nuestra única base de fe y prácticas, entonces debemos aceptar que es la Biblia la que enseña la vigencia actual de los dones carismáticos.

En primer lugar, la Biblia nos presenta argumentos contundentes para tratar el don de profecía como válido para hoy, entendiéndose como algo que Dios trae a la mente, pero que no necesariamente es comprendido infaliblemente. En Hechos 2:17, Pedro explica el evento de Pentecostés citando al profeta Joel:

“Y sucederá en los últimos días —dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (LBLA)

Así que aquí tenemos una declaración de cómo serían los últimos días ¡Nuestros días! Al parece la profecía sería una experiencia esparcida entre hombres y mujeres. En 1 Corintios 14:1-4, Pablo dice a toda la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios. 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación [es lo que se espera que haga el don de profecía]. El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia” (LBLA)

Esto ciertamente suena como profecía, y no es la prerrogativa de un grupo escogido de fundadores autoritativos de la iglesia, sino del cuerpo en general. Y el ministerio de profecía es simplemente descrito como edificante, exhortador, y consolador.

1 Corintios 14:29-32 dice:

“Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.  Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (LBLA)

Aquí hay dos verdades cruciales que son dichas: una es que la profecía está basada en una “revelación”. Versículo 30: “Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle”. Por esta razón afirmamos que el don de profecía está basado en algo que Dios trae a la mente. No es exactamente lo mismo que la enseñanza, que está basada en la exposición de un texto. Está basada en lo que Dios trae a la mente, algo más inmediato. Pero entonces, el versículo 29 dice: “los demás juzguen (diakrinetosan)” Esto es muy interesante si se considera que no enfoca la atención a si la persona que habla es un “verdadero profeta” o no. No dice lo que dijo Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16). Se enfoca en lo que se dice. Y la idea es: Véanlo con escepticismo afable, pues dicha palabra (juzguen: diakrinetosan) regularmente tiene esa connotación. En otras palabras, verifiquen, valoren. Lo que significa que el don de profecía, en la manera en que Pablo recomendaba su uso más amplio, no tenía una autoridad decisiva, suprema. Las Escrituras sí. Las mismas palabras inspiradas de Pablo eran decisivas, y no cualquier reclamo de revelación divina a través del don de profecía:

“Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido” (1 Corintios 14:37, LBLA)

Encontramos la misma situación en 1 Tesalonicenses 5:20-21 (citado anteriormente):

“No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno” (LBLA)

En otras palabras, parece como si parte de lo que viene por medio de las profecías fuera bueno (aférrense a eso), y otra parte no lo fuera (déjenlo ir). En otras palabras, el don de profecía no está en la misma categoría que las Escrituras. Está por debajo de las Escrituras y es probado por las Escrituras, y es sabiduría espiritual informada en las Escrituras.

En 1 Corintios 13, Pablo advierte contra el uso inadecuado de los dones, cuando se utilizan sin amor. En los versículos 8-10 dice:

“El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará” (LBLA)

En el contexto, la llegada de “lo perfecto” es casi seguramente la segunda venida de Cristo, porque el versículo 12 dice:

“Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” (LBLA)

Esto ocurrirá en la segunda venida de Cristo. La implicación entonces, es que los dones de profecías, y lenguas, y conocimiento, parciales e imperfectos, permanecerán hasta el retorno de Cristo.

1 Corintios 14:1 dice a la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis” (LBLA) 

Así que a todos se nos dice que deseemos profetizar ardiente y especialmente.  Esta exhortación no tendría sentido si el don solo se aplicara a un grupo limitado de hombres que hablaran con un nivel de autoridad semejante al de las Escrituras. Pero tendría muchísimo sentido si la profecía fuera un don que cada creyente pudiera usar para ofrecer intuiciones guiadas por el Espíritu que Dios trajera a la mente para el bien de los demás. Así que, por estas razones presentadas en la Biblia, los pentecostales estamos persuadidos de que el don de profecía es válido para hoy y no tiene la misma autoridad que las Escrituras, pero es valioso como una expresión guiada por el Espíritu, de algo que de otra manera no pudiera saberse o decirse, que es poderosa para un momento específico y trae convicción o exhortación, o consolación para avivar o edificación de la fe. No debiera asustarnos como si fuera algo incontrolable, debiera ser tratado como cualquier reclamo de discernimiento. Es falible. Puede probarse cierta y pudiera no poder probarse cierta, porque el canal humano es pecaminoso, falible, y finito. Lo que sí es claro es que la vigencia actual de dones carismáticos como el de profecía no contradice el principio de Sola Scriptura, sino más bien lo contrario.[3]

En esto, como en todo, los creyentes pentecostales debemos ser equilibrados. Reconocemos que sin el principio de “Sola Scriptura” poco o nada nos separaría de sectas heterodoxas como los mormones, adventistas del séptimo día, ciencia cristiana, testigos de Jehová o cualquier otro culto herético, los cuales ponen las revelaciones de sus líderes, los sentimientos internos o las ideologías humanas al mismo nivel que la Palabra de Dios.

Los cristianos, y de forma particular los pentecostales, debemos ser muy cautelosos con aquellos que afirman tener un “nuevo” mensaje de parte de Dios. Una cosa es creer que Dios nos hable actualmente a través de sueños, visiones e incluso profecías y mensajes en lenguas, y otra cosa muy diferente es afirmar “Dios me reveló algo y toda la iglesia debe obedecerlo, pues es revelación fresca de parte de Dios para su pueblo”. Ninguna declaración del hombre debe ser considerada igual o superior a la Palabra escrita de Dios. El canon bíblica está cerrado. Debemos aferrarnos a la Palabra que Dios ya ha dado y comprometernos a Sola Scriptura – solo a la Escrituras.

BIBLIA 3

EL PRINCIPIO DE SOLA SCRIPTURA Y LA TEOLOGÍA LIBERAL

Pero nuestro apego como pentecostales al principio de Sola Scriptura va más allá de oponernos a cualquier supuesta revelación moderna y contradictoria que afirme estar al mismo nivel que la Biblia. Los pentecostales nos oponemos también a cualquier teología liberal que atente contra la autoridad, inspiración, infalibilidad e inerrancia bíblica. Dicha tendencia es muy común hoy día en iglesias protestantes liberales (muchas de las cuales nacieron en días de la Reforma y se adscribían originalmente al principio de Sola Scriptura).

En defensa del principio de Sola Scriptura, nos oponemos a la idea tan popular hoy en día de que la Biblia está llena de errores. Tal postura no solamente es convicción de la inmensa mayoría de personas agnósticas o no creyentes, sino que, en una medida creciente y desafortunada, está llegando a formar parte de la teología evangélica, siendo abrazada no solo por teólogos racionalistas, sino por aquellos que más dicen aferrase al principio de Sola Scriptura.

Frente a nuestros ojos, los humanistas han reescrito la historia para restarle importancia a la Biblia en el pensamiento y la cultura occidental. Y los cristianos evangélicos se han apuntado a este tipo de percepción casi por defecto. Los integrantes del mundo académico evangélico (en otro tiempo defensores de la Sola Scriptura), han recibido una educación escolar de parte de ateos y agnósticos donde el ridiculizar de la Biblia forma parte del curriculum. Al mismo tiempo, la membresía de muchas iglesias del protestantismo histórico ha aceptado esa cosmovisión humanista y se han conformado a la idea de que la Biblia solo tiene algo que decir en cuanto a la salvación del alma y que es irrelevante en cuanto a la exactitud histórica o la organización de una sociedad. La razón humana ha sustituido para ellos la Sola Scriptura.

Para los cristianos pentecostales, sin embargo, el punto de partida para una comprensión correcta de la doctrina revelada en las Escrituras no son las corrientes de moda, las ideologías humanistas o el capricho de teólogos sin fe. Es la Biblia misma que da un testimonio reiterado y poderoso de su propia naturaleza y nosotros lo aceptamos. Es la Biblia misma la que, con total claridad, reclama autoridad divina e inspiración plena.

Para nosotros, los pentecostales, la enseñanza de Jesús es el fundamento de nuestra comprensión de las Escrituras. En Mateo 5:18, se cita a Jesús:

«Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido» (NVI).

La insistencia de Jesús en la confiabilidad y autoridad de cada fragmento de las Escrituras se ve también en otros pasajes. En Juan 10:34-38, hace referencia a una breve declaración de los Salmos (82:6) y argumenta que ni esa ni ninguna otra parte de la Ley puede ser quebrantada. Si Jesús hubiera pensado que la inspiración de las Escrituras era parcial, y que estaban sujetas a errores en algún detalle, sin duda no hubiera hablado de la manera que habló. Por tal razón, los pentecostales creemos que, para sustentar a cabalidad el principio de Sola Scriptura, no solo basta con decir que ella es nuestra única regla de fe y conducta. Vivirla y creerla plenamente en todas sus partes, sin cuestionar la validez o veracidad de la misma, ni sometiendo la Biblia al  razonamiento, las filosofías y voluntad humana, es también una parte inseparable de Sola Scriptura.

BIBLIA 4

SOLA SCRIPTURA Y LAS TRADICIONES ECLESIÁSTICAS

Sola Scriptura fue el “grito de guerra” de la Reforma Protestante ante la imposición de tradiciones contrarias a la Palabra por parte de la iglesia tradicional. Por siglos la Iglesia Católica Romana consideró sus tradiciones superiores en autoridad a la Biblia. Esto dio como resultado muchas prácticas que eran, de hecho, contrarias a la Palabra de Dios. Algunos ejemplos son: la oración a los santos y/o a María, la inmaculada concepción, la transubstanciación, el bautismo de infantes, las indulgencias, y la autoridad papal. Martín Lutero, el fundador de la iglesia Luterana y padre de la Reforma Protestante, reprendió públicamente a la iglesia Católica por sus enseñanzas antibíblicas. La Iglesia Católica amenazó a Martín Lutero con la excomunión (y la muerte) si no se retractaba. La respuesta de Martín Lutero fue:

“Por tanto, a menos que yo sea persuadido o convencido por el testimonio de la Escritura, o por el más claro razonamiento, – a menos que sea persuadido por medio de los pasajes que he citado, – y a menos que mi conciencia sea sometida de esta manera por la Palabra de Dios, no puedo retractarme y no lo haré, porque es peligroso para un cristiano el hablar en contra de su conciencia. ¡Me mantengo firme, no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude! ¡Amén!”.[4]

La Sola Scriptura no es tanto un argumento contra la tradición como lo es contra las doctrinas no bíblicas o antibíblicas. La única manera de saber con seguridad lo que Dios espera de nosotros es permanecer fieles a lo que sabemos que Él nos ha revelado – la Biblia. Ahora sabemos, más allá de cualquier sombra de duda, que la Escritura es verdadera, autoritativa y confiable. No puede decirse lo mismo de la tradición.

La Palabra de Dios es la única autoridad para la fe cristiana. Las tradiciones solo son válidas cuando están basadas en la Escritura y están en completo acuerdo con la Escritura. Las tradiciones que están en contradicción con la Biblia no son de Dios y no son un aspecto válido de la fe cristiana. La Sola Scriptura es la única manera de evitar que la opinión personal y subjetiva tenga prioridad sobre las enseñanzas de la Biblia. La esencia de la Sola Scriptura es basar tu vida espiritual en la Biblia solamente, y rechazar cualquier tradición o enseñanza que no esté de total acuerdo con la Biblia. 2 Timoteo 2:15 dice:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

La Sola Scriptura no nulifica el concepto de las tradiciones eclesiásticas, más bien nos proporciona un fundamento sólido sobre el cual basar las tradiciones de la iglesia.

Hay muchas prácticas, en ambas iglesias Católica y Protestante, que son el resultado de tradiciones, y no de las explícitas enseñanzas de la Escritura. Es bueno y aún necesario que la iglesia tenga tradiciones. Las tradiciones juegan un papel importante en la clarificación de la doctrina cristiana, y la organización de las prácticas cristianas. Al mismo tiempo, para que estas tradiciones sean válidas, no deben estar en desacuerdo con la Palabra de Dios. Deben estar basadas en el sólido fundamento de la enseñanza en la Escritura.

Los cristianos siempre deben regresar a la Sola Scriptura, la autoritativa Palabra de Dios, como la única base sólida para la fe y la práctica. Las tradiciones que están basadas en, y están de acuerdo con la Palabra de Dios pueden ser mantenidas. Las tradiciones que no están basadas o están en desacuerdo con la Palabra de Dios, deben ser rechazadas. La Sola Scriptura nos lleva de regreso a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Finalmente, la Sola Scriptura nos señala nuevamente al Dios que siempre habla la verdad, nunca se contradice a Sí mismo, y siempre ha comprobado ser confiable.

BIBLIA 5

CONCLUSIÓN

Los pentecostales defendemos el principio de Sola Scriptura. Afirmamos que Dios ha provisto para todos los tiempos un registro inspirado, inerrante y autoritativo de su revelación en la Biblia, nuestras Santas Escrituras. Sostenemos que las Escrituras son la revelación plena y fidedigna de Dios para la salvación de todas las personas y, por tanto, son una fuente fidedigna para la fe, la enseñanza y la práctica. Las Escrituras definen la cosmovisión, la moralidad y ética del creyente. Es más, las Escrituras no son una mera fuente autorizada entre otras, sino la fuente de autoridad final. El Espíritu Santo, que inspiró a los escritores en su tarea de llevar un registro de la revelación de Dios, da vida a los escritos y a través de ellos, para que continúen hablando con claridad y autoridad al lector contemporáneo. Él no habla a través de los supuestos profetas o líderes religiosos que enseñan cualquier creencia o acción que no esté validada por las Escrituras. Por consiguiente, rechazamos cualquier filosofía contemporánea, método de interpretación, o supuesta profecía o revelación moderna que altera o se opone a la naturaleza y el significado de «la fe encomendada una vez por todas a los santos» (Judas 3; 2 Pedro 1:20-21).

Los cristianos pentecostales nos acercamos con humildad a la revelación bíblica, pidiendo al Espíritu Santo que hable a través de ella, y que conforme nuestra voluntad y cosmovisión a ella. Concedemos la primacía absoluta a la revelación bíblica, y estamos seguros de que nos guiará a toda verdad. El grito de guerra de la Reforma del siglo XVI es también el nuestro: ¡Sola Scriptura! Por tanto, exhortamos a todo el mundo:

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV).

BIBLIA 2

REFERENCIAS:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículo 1.

[2] Normas Doctrinales de las Asambleas de Dios y otras Declaraciones. “La inspiración, inerrancia y autoridad de las Escrituras” (adoptada por el presbiterio general en sesión el 1 y 3 de agosto de 2015).

[3] Vern Poythress, “Modern Spiritual Gifts as Analogous to Apostolic Gifts: Affirming Extraordinary Works of the Spirit Within Cesssationist Theology,” en Journal of the Evangelical Theological Society 39/1 (Marzo, 1996): 85.

[4] Discurso de Martín Lutero ante la Dieta de Worms.