Arminianismo Clásico, Arminianismo Reformado, c. S. Lewis

C. S. Lewis, gracia previa y resistibilidad de la gracia (III)

Como hemos visto en artículos anteriores, los puntos de vista de Lewis concuerdan con el arminianismo clásico con respecto a la bondad de Dios y la naturaleza sinérgica de la salvación, que es meramente una respuesta humana (aceptación a través de la no resistencia) a la gracia preveniente de Dios. Esto conduce directamente al tercer tema que abordaremos en el tercer artículo de esta serie: El tema de la gracia preveniente de Dios, que inevitablemente se superpondrá con la discusión anterior (el libre albedrío).

Arminianismo Clásico, Calvinismo

Liberados por Gracia para creer

Debido a que los seres humanos somos seres caídos y pecaminosos, no podemos pensar, ni haremos nada bueno (en lo que a Dios se refiere) por nosotros mismos, esta inhabilitad causada por el pecado hace imposible que el hombre, por sí mismo, pueda siquiera creer en el evangelio de Cristo y venir a Él. Por lo tanto, al deseando la salvación de todos y habiendo provisto la expiación para todas las personas, Dios tomó, de forma unilateral, la iniciativa en el propósito de llevar a todas las personas a la salvación al llamar a todas las personas, de todo el mundo, a arrepentirse y creer en el Evangelio (Hechos 17:30; Mateo 28:18-20), y al permitir que aquellos que escuchen el evangelio respondan positivamente en fe. El hombre no posee mérito alguno al venir a Cristo, pues no fue su sola voluntad la que lo trajo. Sin la ayuda de la gracia, el hombre ni siquiera puede optar por agradar a Dios o creer en la promesa de salvación del evangelio. Como dijo Jesús en Juan 6:44, "Nadie puede venir a mí si no lo atrae el Padre que me envió" (NVI). Jesús también prometió: "Pero yo, cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos a mí mismo.” (Juan 12:32, NVI). Por lo tanto, es la obra de un Dios trino en el hombre la que atrae a todas las personas a Jesús, lo que les permite venir a Jesús con fe.