Contra el calvinismo, la narrativa bíblica es abrumadora al mostrar que Dios ofrece la salvación a todos (Tito 2:11) y llama a todos al arrepentimiento (Hechos 17:30), en virtud de su amor por el mundo (Juan 3, 16). La buena noticia de Cristo es para todas las personas (Lucas 2, 10), ya que él vino a iluminar a todos los hombres para que puedan creer (Juan 1:7,9). Dios es el Padre de misericordias (2 Corintios 1: 3) y el Señor que es bueno para con todos y cuyas misericordias están sobre todas sus obras (Salmos 145:9). El calvinismo es simplemente incapaz de dar sentido al Dios de amor (1 Juan 4:8, 16) que desea que todos sean salvos y vengan al arrepentimiento para no perecer (1 Timoteo 2:4; 2 Pedro 3:9). Dios no se deleita en la muerte de los impíos (Ezequiel 18:23, 33:11). El propósito de Dios al enviar a su Hijo a morir era para que el mundo pudiera ser salvo a través de él (Juan 3:17; 12:47; 17:21); condicionado solo a recibir y creer en Cristo (Juan 1:12; 3:16; 3:36; 5:24; 6:35; 6:40; 20:31).
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Expiación Universal en las Epístolas Generales
En contraposición al calvinismo, los arminianos sostenemos que Cristo murió por los pecados de todos los hombres, por toda la humanidad, por cada persona, por todo el mundo. Sin embargo, los individuos no se benefician de la muerte de Cristo para ser salvos hasta que vienen a Cristo y creen en Él. El don de Dios ha sido comprado, ofrecido y presentado a todos (1 Juan 5:11), pero tiene que ser recibido personalmente por fe (1 Juan 5:12; Juan 1:12).
Expiación universal en los escritos de Juan
El mensaje central del evangelio es que Cristo murió por los pecados de la humanidad (1 Corintios 15: 3; 1 Juan 4:10) y, por lo tanto, se entregó a sí mismo como ofrenda y sacrificio a Dios (Efesios 5: 2; Romanos 8: 3). A través de este sacrificio, Cristo canceló la deuda de la transgresión y se convirtió en pecado por la provisión de justicia para todos (Juan 1:29; Colosenses 2:14; 2 Corintios 5:21). En este gran intercambio, Cristo lleva el pecado de la humanidad e imputa justicia a los fieles (Romanos 3: 21-22; 4: 6, 5:17, 10: 3). Él es, por lo tanto, el sacrificio expiatorio a Dios por los pecados de todo el mundo (1 Juan 2: 2; Hebreos 1: 3) para que, a través de la fe, cualquiera pueda obtener la justicia de Dios (Filipenses 3: 9).
¿Decadencia pentecostal o avivamiento calvinista?
¿Por qué es atractivo el calvinismo para las personas que hasta ahora han estado en iglesias no reformadas? ¿Qué ve la gente, especialmente aquellos que ya son cristianos, en el calvinismo? En particular, ¿Por qué es atractivo para las personas en Iglesias arminianas?
¿Qué la letra mata? ¿En serio?
¿Alguna vez has intentado corregir a un cristiano, pastor o líder religioso con escasa preparación teológica y que presta más valor a la experiencia subjetiva que a la Palabra escrita de Dios? ¡De esos abundan hoy en día! ¡Incluso lideran grandes e importantes congregaciones, y hasta predican en la radio, la Tv y las redes sociales! Quizá, al intentar explicarles la sana doctrina y pretender orientarles en el uso de una sana exégesis te hayas encontrado con la siguiente respuesta: “Hermano, estás enfocándote demasiado en el texto. Recuerda: la letra mata, pero el espíritu vivifica. Nosotros somos cristianos del Espíritu, no de la letra”. Y es que 2 Corintios 3:6 suele malinterpretarse para justificar cualquier extravagancia o error exegético nacido de interpretaciones subjetivas del texto sagrado. Peor aún, le atribuimos al Espíritu Santo dichos errores. Esta práctica ha sido común en muchas congregaciones pentecostales que prestan poco valor al estudio serio de la Biblia. Algunas iglesias y sus ministros incluso consideran pecado la formación teológica, negándose a sí mismos y a sus congregaciones la asistencia a seminarios teológicos, institutos bíblicos o universidades cristianas. Todo esto amparado supuestamente en 2 Corintios 3:6, el cual dice: “Él nos ha capacitado para ser servidores de un nuevo pacto, no el de la letra, sino el del Espíritu; porque la letra mata, pero el Espíritu da vida.” (2 Corintios 3:6; NVI). Pero interpretar dicho texto como justificación para rechazar el estudio bíblico y la erudición teológica es incorrecto. ¿Cuál es el problema con esta interpretación? Tal interpretación es diabólica errada.
¿Estás seguro que eres salvo?
¿Soy salvo? ¿Puedo estar verdaderamente seguro de mi salvación en esta vida? Es una pregunta que todos los cristianos nos hemos hecho en algún momento. El desafío de la adversidad, la tentación de pecar, cualquier punto bajo en nuestro camino espiritual, puede llevar a una persona a dudar de su identidad como hijo de Dios. A veces la inseguridad de la propia salvación puede originarse en el incumplimiento de ciertos estándares legalistas y extrabíblicos impuestos por una comunidad a otros, o simplemente pueden ser momentos de duda sin ninguna explicación. Cualquiera sea la causa, es una experiencia común que la mayoría de los cristianos pueden atestiguar en algún momento de su caminar.
Danza profética, misticismo y herejía oculta
La mal llamada “danza profética” suele definirse en el neopentecostalismo como un tipo de “danza de carácter espiritual e inspiración divina”. Sin embargo, este tipo de manifestaciones no es exclusiva del cristianismo, sino que ha estado presente en diversas culturas, religiones y etnias con el fin de entrar en comunicación con una entidad superior (ya sea algún dios o espíritu) con el fin de recibir respuesta favorable (lluvia y buena cosecha, por ejemplo), pidiendo intervención de lo sobrenatural en la vida humana. A pesar de sus orígenes fuera de la tradición judeocristiana, la Danza Profética es considerada por sus practicantes como un don especial de inspiración divina, la cual sólo es posible con verdadera adoración e intimidad con Dios, el Ser Supremo. Se considera que no muchos poseen este “don” y que, para poder ejercerla, el alma del danzante debe ser regenerada a fin de que su danza pueda traer profecía, curación, liberación y restauración sobre la congregación. Así pues, la Danza Profética sólo podrá ser ministrada por profetas verdaderos (personas que anuncian los designios divinos) que tengan esta conciencia y don. En el complejo y herético mundo del neopentecostalismo, la danza profética es considerada parte de las llamadas “danzas ministeriales”, por lo que se considera que el autor es el Espíritu Santo.
Crisis en la adoración y liturgia pentecostal
Adorar a Dios implica hacer las cosas a su manera, no a la nuestra, pues de lo contrario quizá estemos introduciendo fuego extraño en la adoración a nuestro Dios (Levítico 10:1-11). Nuestra liturgia debe amoldarse a la palabra de Dios, no a las modas del mundo: “Por tanto, así dijo Jehová: Si te convirtieres, yo te restauraré, y delante de mí estarás; y si entresacares lo precioso de lo vil, serás como mi boca. Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19). Haríamos bien en seguir el consejo de Pablo: “No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI).
La elección, doctrina que inspira gozo.
Muchos calvinistas piensan que han arrojado una bomba atómica sobre las bases de la teología arminiana cuando presentan sus argumentos acerca de la doctrina de la elección y predestinación. Ellos están convencidos de que su interpretación de la doctrina de la elección incondicional es incuestionable, infalible y verdadera, por lo que simplemente no pueden entender por qué nosotros los arminianos no podemos aceptar los postulados calvinistas sobre la elección incondicional que afirman que Dios ama a toda la humanidad pero que, al mismo tiempo, eligió enviar a su Hijo a morir por unos, pero no por todos los hombres. A ellos les parece increíble que no podamos ver la “justicia” y la “misericordia” de Dios en predestinar a unos para salvación y a otros para condenación eterna.
¿Estamos predestinados?
¿Habla la Biblia de la predestinación? Sí, lo hace. Pero jamás de la forma en que los calvinistas la presentan. Bíblicamente, predestinación (Gr. prooizo) significa “determinar anticipadamente”, “ordenar”, “decidir con antelación”, y se aplica a los propósitos de Dios comprendidos en la elección. La elección es la elección de Dios en Cristo de un pueblo (la verdadera iglesia) para sí mismo. La predestinación comprende lo que pasará con el pueblo de Dios (todos los verdaderos creyentes en Cristo).