5 SOLAS, Cesasionismo, Continuismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

La Sola Scriptura en el pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Sola Scriptura” significa que solamente la Escritura tiene autoridad para la fe y la práctica del cristiano. Al igual que los primeros reformadores, los pentecostales creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, ya que Dios mismo reveló su voluntad y propósito a los escritores que escogió (Amós 3:8), quienes documentaron con fidelidad y precisión lo que les fue revelado para la inclusión final y providencial en nuestro canon de sesenta y seis libros. La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios establece que:

“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta – 2 Timoteo 3:15-17, 1 Tesalonicenses 2:13, 2 Pedro 1:21”[1]

Afirmamos que la Biblia es inspirada por Dios. Creemos que el Espíritu Santo guio a los escritores de la Biblia. Tal supervisión influyó en los pensamientos y la elección misma de palabras de los escritores, aunque también permitió que se manifestaran su trasfondo, sus habilidades y personalidad. Además, la inspiración se aplica a todo lo que escribieron tal como se encuentra en el canon de la Escritura.

Pero no solo creemos que la Biblia es inspirada, sino también infalible. Los pentecostales creemos que las Escrituras son veraces y confiables en lo que tienen la intención de afirmar. Creemos que la Escritura, como está documentada en los manuscritos originales, los autógrafos, no tiene error. Al carecer de error y ser completamente veraces, las Escrituras son absolutamente confiables (2 Samuel 7:28; Salmo 119:160; Juan 17:17; Colosenses 1:5). La infalibilidad y la inerrancia se aplican a todas las Escrituras, Antiguo y Nuevo Testamento por igual.

Debido a su carácter inspirado, infalible e inerrante, los pentecostales creemos que todo lo que afirma y enseña la Biblia es verdad. Al revelar el propósito y la voluntad de Dios, la Biblia determina la creencia y la conducta. Por tanto, la afirmación de que la Biblia es la «regla autoritativa de fe y conducta» se entiende como un llamado a aceptar las Escrituras como la autoridad final e inmutable de la doctrina y la ética.[2]

Los pentecostales creemos que la Biblia es completa, autoritativa y verdadera. En palabras de Pablo:

“Toda la Escritura es ‘inspirada por Dios’ (dada por la inspiración de Dios) y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia” (2 Timoteo 3:16).

BIBLIA 1

LA SOLA SCRIPTURA Y LOS DONES CARISMÁTICOS

Frecuentemente se nos acusa a los pentecostales de atentar contra el principio de Sola Scriptura debido a nuestra creencia en la continuidad de los dones carismáticos, incluidos los dones de palabra (palabra de sabiduría, palabra de ciencia, discernimiento de espíritus, profecía, hablar en lenguas e interpretación de lenguas). Esto no es cierto. El continuismo pentecostal no atenta contra el principio de Sola Scriptura.

Aunque creemos en el don de profecía, los pentecostales no le atribuimos el mismo valor que a la Biblia, la Palabra escrita de Dios (lo cual sí ocurre en sectas como los mormones, los cuales atribuyen un carácter infalible a las palabras de José Smith y sus sucesores). Fieles al principio de Sola Scriptura, los pentecostales creemos que la profecía actual no es inspirada de la misma forma que las Escrituras, y no es inerrante. ¿Por qué? Porque está basada en la impresión inmediata que Dios ha traído espontáneamente a la mente de un creyente. A través de este don, Dios dirige información a nuestros pensamientos que de otra forma no podríamos saber o expresar; sin embargo, dichos mensajes no tienen la intención de que los consideremos plenamente autorizados o infalibles. De lo contrario, la Biblia misma jamás nos mandaría probar toda expresión que afirme ser inspirada por Dios (1 Juan 4:1), mientras que al mismo tiempo nos aconseja no menospreciar el don de profecía (1 Tesalonicenses 5:20-21). Esto deja en claro que, aunque el don de profecía es real y sigue vigente en nuestra época, este no es igual a la Palabra escrita de Dios. El mismo principio aplica a los mensajes transmitidos mediante el don de lenguas.

Así, por ejemplo, sería un ejercicio del don de profecía o mensaje inspirado por Dios, si alguien en un pequeño grupo o en una reunión de oración fuera guiado por Dios a decir: “siento que tal o cual misionero está batallando espiritualmente y está bajo ataque”, y al día siguiente recibimos una llamada o un email confirmando que así estaba ocurriendo, y que estas oraciones del pueblo fueron contestadas. La declaración probó ser cierta y resultó provechosa y de bendición. El mensaje no pretendía transmitir o imponer una nueva verdad, tampoco contradecir o reinterpretar el texto bíblico, sino más bien orientar a la iglesia acerca de un hecho actual que redundaría en el beneficio de las misma, o traería consuelo y guía en un área específica de nuestra peregrinar cristiano. Encontramos ejemplos de ello en Hechos 8:26-29, 9:10-16, 13:1-3, 16:6-10, 20:23, 21:10-12, etc.

Es en este punto donde quiero llamar la atención hacia algo muy importante (pero que a menudo es pasado por alto por los cesacionistas, quienes niegan la vigencia actual de los dones espirituales): Negar la vigencia de los dones carismáticos, incluido el de profecía, es atentar también contra el principio de Sola Scriptura. ¿Por qué? Porque si decimos que creemos que la Escritura es inspirada, infalible y plenamente autorizada, y la declaramos nuestra única base de fe y prácticas, entonces debemos aceptar que es la Biblia la que enseña la vigencia actual de los dones carismáticos.

En primer lugar, la Biblia nos presenta argumentos contundentes para tratar el don de profecía como válido para hoy, entendiéndose como algo que Dios trae a la mente, pero que no necesariamente es comprendido infaliblemente. En Hechos 2:17, Pedro explica el evento de Pentecostés citando al profeta Joel:

“Y sucederá en los últimos días —dice Dios— que derramaré de mi Espíritu sobre toda carne; y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones, y vuestros ancianos soñarán sueños” (LBLA)

Así que aquí tenemos una declaración de cómo serían los últimos días ¡Nuestros días! Al parece la profecía sería una experiencia esparcida entre hombres y mujeres. En 1 Corintios 14:1-4, Pablo dice a toda la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis. Porque el que habla en lenguas no habla a los hombres, sino a Dios, pues nadie lo entiende, sino que en su espíritu habla misterios. 3 Pero el que profetiza habla a los hombres para edificación, exhortación y consolación [es lo que se espera que haga el don de profecía]. El que habla en lenguas, a sí mismo se edifica, pero el que profetiza edifica a la iglesia” (LBLA)

Esto ciertamente suena como profecía, y no es la prerrogativa de un grupo escogido de fundadores autoritativos de la iglesia, sino del cuerpo en general. Y el ministerio de profecía es simplemente descrito como edificante, exhortador, y consolador.

1 Corintios 14:29-32 dice:

“Y que dos o tres profetas hablen, y los demás juzguen.  Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle. Porque todos podéis profetizar uno por uno, para que todos aprendan y todos sean exhortados. Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (LBLA)

Aquí hay dos verdades cruciales que son dichas: una es que la profecía está basada en una “revelación”. Versículo 30: “Pero si a otro que está sentado le es revelado algo, el primero calle”. Por esta razón afirmamos que el don de profecía está basado en algo que Dios trae a la mente. No es exactamente lo mismo que la enseñanza, que está basada en la exposición de un texto. Está basada en lo que Dios trae a la mente, algo más inmediato. Pero entonces, el versículo 29 dice: “los demás juzguen (diakrinetosan)” Esto es muy interesante si se considera que no enfoca la atención a si la persona que habla es un “verdadero profeta” o no. No dice lo que dijo Jesús: “Por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:15-16). Se enfoca en lo que se dice. Y la idea es: Véanlo con escepticismo afable, pues dicha palabra (juzguen: diakrinetosan) regularmente tiene esa connotación. En otras palabras, verifiquen, valoren. Lo que significa que el don de profecía, en la manera en que Pablo recomendaba su uso más amplio, no tenía una autoridad decisiva, suprema. Las Escrituras sí. Las mismas palabras inspiradas de Pablo eran decisivas, y no cualquier reclamo de revelación divina a través del don de profecía:

“Si alguno piensa que es profeta o espiritual, reconozca que lo que os escribo es mandamiento del Señor. Pero si alguno no reconoce esto, él no es reconocido” (1 Corintios 14:37, LBLA)

Encontramos la misma situación en 1 Tesalonicenses 5:20-21 (citado anteriormente):

“No menospreciéis las profecías. Antes bien, examinadlo todo cuidadosamente, retened lo bueno” (LBLA)

En otras palabras, parece como si parte de lo que viene por medio de las profecías fuera bueno (aférrense a eso), y otra parte no lo fuera (déjenlo ir). En otras palabras, el don de profecía no está en la misma categoría que las Escrituras. Está por debajo de las Escrituras y es probado por las Escrituras, y es sabiduría espiritual informada en las Escrituras.

En 1 Corintios 13, Pablo advierte contra el uso inadecuado de los dones, cuando se utilizan sin amor. En los versículos 8-10 dice:

“El amor nunca deja de ser; pero si hay dones de profecía, se acabarán; si hay lenguas, cesarán; si hay conocimiento, se acabará. Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; pero cuando venga lo perfecto, lo incompleto se acabará” (LBLA)

En el contexto, la llegada de “lo perfecto” es casi seguramente la segunda venida de Cristo, porque el versículo 12 dice:

“Porque ahora vemos por un espejo, veladamente, pero entonces veremos cara a cara; ahora conozco en parte, pero entonces conoceré plenamente, como he sido conocido” (LBLA)

Esto ocurrirá en la segunda venida de Cristo. La implicación entonces, es que los dones de profecías, y lenguas, y conocimiento, parciales e imperfectos, permanecerán hasta el retorno de Cristo.

1 Corintios 14:1 dice a la iglesia:

“Procurad alcanzar el amor; pero también desead ardientemente los dones espirituales, sobre todo que profeticéis” (LBLA) 

Así que a todos se nos dice que deseemos profetizar ardiente y especialmente.  Esta exhortación no tendría sentido si el don solo se aplicara a un grupo limitado de hombres que hablaran con un nivel de autoridad semejante al de las Escrituras. Pero tendría muchísimo sentido si la profecía fuera un don que cada creyente pudiera usar para ofrecer intuiciones guiadas por el Espíritu que Dios trajera a la mente para el bien de los demás. Así que, por estas razones presentadas en la Biblia, los pentecostales estamos persuadidos de que el don de profecía es válido para hoy y no tiene la misma autoridad que las Escrituras, pero es valioso como una expresión guiada por el Espíritu, de algo que de otra manera no pudiera saberse o decirse, que es poderosa para un momento específico y trae convicción o exhortación, o consolación para avivar o edificación de la fe. No debiera asustarnos como si fuera algo incontrolable, debiera ser tratado como cualquier reclamo de discernimiento. Es falible. Puede probarse cierta y pudiera no poder probarse cierta, porque el canal humano es pecaminoso, falible, y finito. Lo que sí es claro es que la vigencia actual de dones carismáticos como el de profecía no contradice el principio de Sola Scriptura, sino más bien lo contrario.[3]

En esto, como en todo, los creyentes pentecostales debemos ser equilibrados. Reconocemos que sin el principio de “Sola Scriptura” poco o nada nos separaría de sectas heterodoxas como los mormones, adventistas del séptimo día, ciencia cristiana, testigos de Jehová o cualquier otro culto herético, los cuales ponen las revelaciones de sus líderes, los sentimientos internos o las ideologías humanas al mismo nivel que la Palabra de Dios.

Los cristianos, y de forma particular los pentecostales, debemos ser muy cautelosos con aquellos que afirman tener un “nuevo” mensaje de parte de Dios. Una cosa es creer que Dios nos hable actualmente a través de sueños, visiones e incluso profecías y mensajes en lenguas, y otra cosa muy diferente es afirmar “Dios me reveló algo y toda la iglesia debe obedecerlo, pues es revelación fresca de parte de Dios para su pueblo”. Ninguna declaración del hombre debe ser considerada igual o superior a la Palabra escrita de Dios. El canon bíblica está cerrado. Debemos aferrarnos a la Palabra que Dios ya ha dado y comprometernos a Sola Scriptura – solo a la Escrituras.

BIBLIA 3

EL PRINCIPIO DE SOLA SCRIPTURA Y LA TEOLOGÍA LIBERAL

Pero nuestro apego como pentecostales al principio de Sola Scriptura va más allá de oponernos a cualquier supuesta revelación moderna y contradictoria que afirme estar al mismo nivel que la Biblia. Los pentecostales nos oponemos también a cualquier teología liberal que atente contra la autoridad, inspiración, infalibilidad e inerrancia bíblica. Dicha tendencia es muy común hoy día en iglesias protestantes liberales (muchas de las cuales nacieron en días de la Reforma y se adscribían originalmente al principio de Sola Scriptura).

En defensa del principio de Sola Scriptura, nos oponemos a la idea tan popular hoy en día de que la Biblia está llena de errores. Tal postura no solamente es convicción de la inmensa mayoría de personas agnósticas o no creyentes, sino que, en una medida creciente y desafortunada, está llegando a formar parte de la teología evangélica, siendo abrazada no solo por teólogos racionalistas, sino por aquellos que más dicen aferrase al principio de Sola Scriptura.

Frente a nuestros ojos, los humanistas han reescrito la historia para restarle importancia a la Biblia en el pensamiento y la cultura occidental. Y los cristianos evangélicos se han apuntado a este tipo de percepción casi por defecto. Los integrantes del mundo académico evangélico (en otro tiempo defensores de la Sola Scriptura), han recibido una educación escolar de parte de ateos y agnósticos donde el ridiculizar de la Biblia forma parte del curriculum. Al mismo tiempo, la membresía de muchas iglesias del protestantismo histórico ha aceptado esa cosmovisión humanista y se han conformado a la idea de que la Biblia solo tiene algo que decir en cuanto a la salvación del alma y que es irrelevante en cuanto a la exactitud histórica o la organización de una sociedad. La razón humana ha sustituido para ellos la Sola Scriptura.

Para los cristianos pentecostales, sin embargo, el punto de partida para una comprensión correcta de la doctrina revelada en las Escrituras no son las corrientes de moda, las ideologías humanistas o el capricho de teólogos sin fe. Es la Biblia misma que da un testimonio reiterado y poderoso de su propia naturaleza y nosotros lo aceptamos. Es la Biblia misma la que, con total claridad, reclama autoridad divina e inspiración plena.

Para nosotros, los pentecostales, la enseñanza de Jesús es el fundamento de nuestra comprensión de las Escrituras. En Mateo 5:18, se cita a Jesús:

«Les aseguro que mientras existan el cielo y la tierra, ni una letra ni una tilde de la ley desaparecerán hasta que todo se haya cumplido» (NVI).

La insistencia de Jesús en la confiabilidad y autoridad de cada fragmento de las Escrituras se ve también en otros pasajes. En Juan 10:34-38, hace referencia a una breve declaración de los Salmos (82:6) y argumenta que ni esa ni ninguna otra parte de la Ley puede ser quebrantada. Si Jesús hubiera pensado que la inspiración de las Escrituras era parcial, y que estaban sujetas a errores en algún detalle, sin duda no hubiera hablado de la manera que habló. Por tal razón, los pentecostales creemos que, para sustentar a cabalidad el principio de Sola Scriptura, no solo basta con decir que ella es nuestra única regla de fe y conducta. Vivirla y creerla plenamente en todas sus partes, sin cuestionar la validez o veracidad de la misma, ni sometiendo la Biblia al  razonamiento, las filosofías y voluntad humana, es también una parte inseparable de Sola Scriptura.

BIBLIA 4

SOLA SCRIPTURA Y LAS TRADICIONES ECLESIÁSTICAS

Sola Scriptura fue el “grito de guerra” de la Reforma Protestante ante la imposición de tradiciones contrarias a la Palabra por parte de la iglesia tradicional. Por siglos la Iglesia Católica Romana consideró sus tradiciones superiores en autoridad a la Biblia. Esto dio como resultado muchas prácticas que eran, de hecho, contrarias a la Palabra de Dios. Algunos ejemplos son: la oración a los santos y/o a María, la inmaculada concepción, la transubstanciación, el bautismo de infantes, las indulgencias, y la autoridad papal. Martín Lutero, el fundador de la iglesia Luterana y padre de la Reforma Protestante, reprendió públicamente a la iglesia Católica por sus enseñanzas antibíblicas. La Iglesia Católica amenazó a Martín Lutero con la excomunión (y la muerte) si no se retractaba. La respuesta de Martín Lutero fue:

“Por tanto, a menos que yo sea persuadido o convencido por el testimonio de la Escritura, o por el más claro razonamiento, – a menos que sea persuadido por medio de los pasajes que he citado, – y a menos que mi conciencia sea sometida de esta manera por la Palabra de Dios, no puedo retractarme y no lo haré, porque es peligroso para un cristiano el hablar en contra de su conciencia. ¡Me mantengo firme, no puedo hacer otra cosa; que Dios me ayude! ¡Amén!”.[4]

La Sola Scriptura no es tanto un argumento contra la tradición como lo es contra las doctrinas no bíblicas o antibíblicas. La única manera de saber con seguridad lo que Dios espera de nosotros es permanecer fieles a lo que sabemos que Él nos ha revelado – la Biblia. Ahora sabemos, más allá de cualquier sombra de duda, que la Escritura es verdadera, autoritativa y confiable. No puede decirse lo mismo de la tradición.

La Palabra de Dios es la única autoridad para la fe cristiana. Las tradiciones solo son válidas cuando están basadas en la Escritura y están en completo acuerdo con la Escritura. Las tradiciones que están en contradicción con la Biblia no son de Dios y no son un aspecto válido de la fe cristiana. La Sola Scriptura es la única manera de evitar que la opinión personal y subjetiva tenga prioridad sobre las enseñanzas de la Biblia. La esencia de la Sola Scriptura es basar tu vida espiritual en la Biblia solamente, y rechazar cualquier tradición o enseñanza que no esté de total acuerdo con la Biblia. 2 Timoteo 2:15 dice:

“Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.”

La Sola Scriptura no nulifica el concepto de las tradiciones eclesiásticas, más bien nos proporciona un fundamento sólido sobre el cual basar las tradiciones de la iglesia.

Hay muchas prácticas, en ambas iglesias Católica y Protestante, que son el resultado de tradiciones, y no de las explícitas enseñanzas de la Escritura. Es bueno y aún necesario que la iglesia tenga tradiciones. Las tradiciones juegan un papel importante en la clarificación de la doctrina cristiana, y la organización de las prácticas cristianas. Al mismo tiempo, para que estas tradiciones sean válidas, no deben estar en desacuerdo con la Palabra de Dios. Deben estar basadas en el sólido fundamento de la enseñanza en la Escritura.

Los cristianos siempre deben regresar a la Sola Scriptura, la autoritativa Palabra de Dios, como la única base sólida para la fe y la práctica. Las tradiciones que están basadas en, y están de acuerdo con la Palabra de Dios pueden ser mantenidas. Las tradiciones que no están basadas o están en desacuerdo con la Palabra de Dios, deben ser rechazadas. La Sola Scriptura nos lleva de regreso a lo que Dios nos ha revelado en Su Palabra. Finalmente, la Sola Scriptura nos señala nuevamente al Dios que siempre habla la verdad, nunca se contradice a Sí mismo, y siempre ha comprobado ser confiable.

BIBLIA 5

CONCLUSIÓN

Los pentecostales defendemos el principio de Sola Scriptura. Afirmamos que Dios ha provisto para todos los tiempos un registro inspirado, inerrante y autoritativo de su revelación en la Biblia, nuestras Santas Escrituras. Sostenemos que las Escrituras son la revelación plena y fidedigna de Dios para la salvación de todas las personas y, por tanto, son una fuente fidedigna para la fe, la enseñanza y la práctica. Las Escrituras definen la cosmovisión, la moralidad y ética del creyente. Es más, las Escrituras no son una mera fuente autorizada entre otras, sino la fuente de autoridad final. El Espíritu Santo, que inspiró a los escritores en su tarea de llevar un registro de la revelación de Dios, da vida a los escritos y a través de ellos, para que continúen hablando con claridad y autoridad al lector contemporáneo. Él no habla a través de los supuestos profetas o líderes religiosos que enseñan cualquier creencia o acción que no esté validada por las Escrituras. Por consiguiente, rechazamos cualquier filosofía contemporánea, método de interpretación, o supuesta profecía o revelación moderna que altera o se opone a la naturaleza y el significado de «la fe encomendada una vez por todas a los santos» (Judas 3; 2 Pedro 1:20-21).

Los cristianos pentecostales nos acercamos con humildad a la revelación bíblica, pidiendo al Espíritu Santo que hable a través de ella, y que conforme nuestra voluntad y cosmovisión a ella. Concedemos la primacía absoluta a la revelación bíblica, y estamos seguros de que nos guiará a toda verdad. El grito de guerra de la Reforma del siglo XVI es también el nuestro: ¡Sola Scriptura! Por tanto, exhortamos a todo el mundo:

“¡Busquen las instrucciones y las enseñanzas de Dios! Quienes contradicen su palabra están en completa oscuridad.” (Isaías 8:20, NTV).

BIBLIA 2

REFERENCIAS:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículo 1.

[2] Normas Doctrinales de las Asambleas de Dios y otras Declaraciones. “La inspiración, inerrancia y autoridad de las Escrituras” (adoptada por el presbiterio general en sesión el 1 y 3 de agosto de 2015).

[3] Vern Poythress, “Modern Spiritual Gifts as Analogous to Apostolic Gifts: Affirming Extraordinary Works of the Spirit Within Cesssationist Theology,” en Journal of the Evangelical Theological Society 39/1 (Marzo, 1996): 85.

[4] Discurso de Martín Lutero ante la Dieta de Worms.

5 SOLAS, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Las 5 Solas y el Pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la salvación del hombre que la iglesia católica abrazaba, junto con toda la teología relacionada al plan de redención. Con el paso del tiempo se hizo necesario resumir todo ese nuevo entendimiento teológico, a fin de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla, pero no simplista. Esto dio origen a cinco lemas, conocidos como las cinco «Solas» de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. Sola Fide. Sola Gratia. Solus Christus. Soli Deo Gloria.

A medida que se establecían, las denominaciones nacidas o derivadas de la Reforma adoptaron, en mayor o menor grado, estos cinco fundamentos, considerándolos claves de su fe. Para los protestantes, las “Cinco Solas” resumen las creencias teológicas básicas de los reformadores del siglo XVI que entraban en contraposición con la doctrina católica.

La palabra latina “sola” significa en español “solo” o “solamente”. Las cinco solas eran, en el entendimiento de los primeros reformadores, como pilares esenciales para la vida y práctica cristianas. Estos cinco puntos teológicos son los que mantienen Wittenberg y el Vaticano irreconciliablemente separados.

SOLA 3

¿CÓMO SURGIERON LAS 5 SOLAS DE LA REFORMA?[1]

Hoy día prácticamente todos los evangélicos se adhieren y confiesan las 5 “Solas” de la Reforma. Las ideas que dieron vida a las 5 “Solas” estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron tres: sola scriptura, sola fide y sola gratia. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI.

      I.        SOLA SCRIPTURA

Para los protestantes la Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente (Gálatas 1:6-10; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:3). La expresión “Sola Scriptura” era empleada por los primeros protestantes ya en el siglo XVI. Dicha expresión se encuentra en escritos de los primeros reformadores tan pronto como en 1526 y Bucer la usó en 1536. Más tarde fue adoptada también por Calvino, quien la usó en la Institución III.XVII.8.

Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede auto interpretar por medio de ella misma. Lo anterior significa que la Biblia no necesita interpretación fuera de ella misma, idea que se opone directamente a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica, la cual enseña que la Biblia sólo puede ser interpretada fielmente por medio de la tradición apostólica; estando ésta representada para la tradición católica por el Magisterio (que es la autoridad de enseñanza que tienen los obispos en unión con el papa). A Sola scriptura a veces se le llama el principio formal de la Reforma, puesto que es la fuente y norma para el principio material, Sola fide.

    II.        SOLA FIDE

De acuerdo con la teología protestante, la salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir (Efesios 2:8-9, Romanos 3:28). La expresión “Sola Fide” fue usada célebremente por Lutero en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino (Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17, etc.). Para los primeros protestantes, la expresión “Sola fide” constituía una declaración de que la justificación (interpretada en la teología protestante como “ser declarado justo por Dios”, y asumida también como “salvación”) se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras, aunque en la teología protestante clásica, la fe salvadora siempre se evidencia por las buenas obras.

   III.        SOLA GRATIA

En la teología protestante la salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios 2:8). Hasta donde se sabe, el luterano Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, fue el primero en usar la expresión “Sola gratia” en sus escritos, usándola repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Más adelante fue usada también por Martin Bucer en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. Calvino defendió la noción y usó la frase en su obra Institución de la Religión Cristiana II.III.11 (1536).

El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558; Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561) y Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Para los primeros reformadores, la expresión “Sola gratia” constituía una enseñanza cardinal de la Reforma: que la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios; es decir, por un “favor inmerecido”, no como algo que el pecador haya conseguido por sus propios méritos.

   IV.        SOLUS CHRISTUS

La expresión Solus Christus afinca sus raíces en el pensamiento de Martín Lutero y permanece, al igual que las otras “Solas” de la Reforma, como un testimonio duradero de su influencia en el protestantismo.[2] Para nosotros los protestantes, la salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios (Hechos 4:12). Así pues, Solus Christus enseña que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro.

La razón por la cual los reformadores pelearon tan incesantemente por “Solus Christus” fue porque nuestra propia salvación descansa en la persona de Cristo y su obra culminada. La Escritura presenta a Jesucristo como el único mediador entre un Dios Santo y el hombre pecador (1 Timoteo 2:5). Dios salva a pecadores Solus Christus.[3] Solus Christus significa, entonces, que hay un solo Dios y un solo mediador, Jesucristo el Dios Hombre, quien se entregó para salvar a todos los que vienen a él.

    V.        SOLI DEO GLORIA

Soli Deo gloria es un término en latín que significa solo la gloria a Dios. Para el cristiano el propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9). Soli Deo gloria enseña que toda la gloria es sólo para Dios, puesto que la salvación sólo se lleva a cabo a través de su voluntad y acción por medio de la redención todo-suficiente de Jesús en la cruz.

La expresión “Soli Deo Gloria” ha sido utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido por el bien de alabar a Dios. La frase se ha convertido en una de las cinco solas postuladas para resumir las creencias básicas de los reformadores durante la Reforma protestante. Como doctrina, significa que todo lo que se hace es para la gloria de Dios a la exclusión de auto-glorificación y el orgullo de la humanidad. Los cristianos deben estar motivados e inspirados por la gloria de Dios y no la suya.

SOLA 2

LOS PENTECOSTALES Y LAS “5 SOLAS”

¿Cuál es nuestra postura como pentecostales en relación con las 5 Solas? ¿Las aceptamos como parte integral de nuestra teología y práctica cristiana? Sí. Y esto puede evidenciarse en las Declaraciones de Fe de las principales denominaciones pentecostales.

La “Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios”[4] la cual contiene las 16 doctrinas básicas a las cuales se adscriben las iglesias de las Asambleas de Dios (la mayor denominación pentecostal del mundo) incluye de forma explícita los principios teológicos y doctrinales contenidos en las “5 Solas”. Dicha “Declaración” afirma:

ARTÍCULO 1:
“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (SOLA SCRIPTURA)”.
ARTÍCULO 2:
“… No es solo un deber de todos en el cielo y en la tierra postrarse ante Él, sino que es un gozo inefable en el Espíritu Santo… rendirle todo el honor y la gloria…” (SOLI DEO GLORIA)
ARTÍCULO 5:
“LA ÚNICA ESPERANZA DE REDENCIÓN PARA EL HOMBRE ES A TRAVÉS DE LA SANGRE DERRAMADA DE JESUCRISTO, el Hijo de Dios… La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la FE EN EL SEÑOR JESUCRISTO. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la JUSTIFICACIÓN POR LA GRACIA A TRAVÉS DE LA FE” (SOLA FIDE, SOLA GRATIA, SOLUS CHRISTUS)

Todas las iglesias de las Asambleas de Dios se adhieren a estas doctrinas que son principios no negociables de la fe.

La Iglesia de Dios (Cleveland), otra de las mayores denominaciones pentecostales, también afirma:

“La Iglesia de Dios cree y sostiene la Biblia completa, debidamente trazada [Sola Scriptura]. El Nuevo Testamento es su única regla de gobierno y disciplina. La Iglesia de Dios ha adoptado la siguiente Declaración de Fe como el estandarte oficial de su doctrina. Creemos: En la inspiración verbal de la Biblia… Que Jesucristo es el unigénito del Padre, concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Que fue crucificado, sepultado y resucitó de entre los muertos. Que ascendió al cielo y está hoy a la diestra del Padre como nuestro Intercesor [Solus Christus]… Que la justificación, la regeneración y el nuevo nacimiento se efectúan por fe en la sangre de Jesucristo [Sola Fide, Sola Gratia].”[5]

La Iglesia Cuadrangular, otra denominación importante del pentecostalismo clásico, afirma:

“Creemos que la Biblia fue inspirada por Dios [Sola Scriptura]… Creemos que mientras éramos pecadores, Cristo murió por nosotros perdonando a todo aquel que en Él crea [Solus Christus, Sola Fide]… Creemos que somos salvados por la gracia de nuestro Señor a través de nuestra fe en Él [Sola Gratia][6]

SOLA 4

CONCLUSIÓN

Los pentecostales reconocemos la importancia de las 5 Solas de la Reforma y las incorporamos en nuestra teología y práctica cristiana. Concluyo este artículo con las palabras de Esteban Muñoz de Morales, pastor pentecostal y vicepresidente de las Asambleas de Dios en España quien afirmó en relación con las 5 Solas:[7]

“Lutero vino a señalar que la Palabra de Dios tiene autoridad en sí misma y puede descubrirse para la persona que se acerca a ella…” (SOLA SCRIPTURA)
“La reforma manifestaba que la salvación no depende del esfuerzo humano o de una administración de sacramentos, sino de la gracia de Dios…” (SOLA GRATIA)
“Si Dios es quien trae la salvación, hace la obra completa, sólo él recibe la gloria… Por ello el ser humano no se pone como centro, sino que Cristo es el único que recibe la gloria. No hay ninguna persona que reciba adoración o alabanza fuera de él… que todo sea para la gloria de Dios tiene aplicaciones para nuestra vida cotidiana, porque no es posible darle la gloria a Dios sin una encarnación. El ser humano, como cristiano, no puede glorificar a Dios sin encarnar el mensaje del evangelio. La reforma nos quita del dualismo, de una división entre lo secular y lo sagrado. Se enfatiza una vida integral, las personas deben vivir toda su existencia para dar la gloria a Dios. No es una cuestión de liturgia, sino que en todo en la vida Cristo está presente…” (SOLI DEO GLORIA)
“El hombre y la mujer no pueden salvarse a sí mismos, solo Cristo salva. La fe es la llave maestra de la salvación, como enseñó Pablo…” (SOLA FIDE)
“El principio de solo Cristo nos ayuda a descubrir a Dios como Padre al que tenemos acceso por nuestro hermano mayor, Jesucristo, que nos lleva de la mano a él. La religión popular se suele enfocar en otras ayudas, pero Cristo es el único que nos puede llevar a Dios.” (SOLUS CHRISTUS)

Los pentecostales no necesitamos estar de acuerdo con cada elemento de la teología luterana o reformada para concordar con las “5 Solas”. Valoramos el legado de los reformadores, particularmente de Martín Lutero, y reconocemos sus aportes a la teología. Como parte integrante del protestantismo, los pentecostales nos unimos para proclamar la validez y vigencia de las 5 Solas: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria!

SOLA 5

REFERENCIAS:

[1] Strawbridge, Gregg (1993). «The Five Solas of the Reformation. A Brief Statement» (en inglés). Reformation Celebration en Audubon Drive Bible Church, en Laurel: FiveSolas.com. Consultado el 24 de octubre de 2019.

[2] Stephen J. Nichols, Martin Luther: A Guided Tour of his Life and Thought [Martín Lutero: un recorrido guiado de su vida y pensamiento] (Phillipsburg: P&R Publishing, 2002).

[3] Rod Rosenbladt, Christ Alone [Solo Cristo] (Irvine: NRP Books, 2015).

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#15 Consultado el 24 de octubre de 2019.

[5] Declaración de Fe de la iglesia de Dios. Disponible en: http://www.churchofgod.org.es/beliefs/declaration-of-faith consultado el 24 de octubre de 2019.

[6] Declaración de Fe – Iglesia Cuadrangular. Disponible en: http://iglesiacuadrangularplenituddegozo.org/Declaracion_de_Fe.html Consultado el 24 de octubre de 2019.

[7] Protestante Digital, “Las 5 Solas son la esencia de la fe cristiana”. Artículo disponible en: http://protestantedigital.com/cultura/39608/%E2%80%9CLas_cinco_solas_no_son_un_invento_es_la_esencia_de_la_fe_cristiana%E2%80%9D Consultado el 24 de octubre de 2019.

Arminianismo Clásico, Calvinismo

El Arminianismo y la Iglesia Primitiva

Por: Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN:
La Reforma no fue un retorno al espíritu de los cristianos primitivos ni a sus enseñanzas. Es cierto que los reformadores rechazaron muchas de las prácticas pervertidas que se habían apoderado de la iglesia después de Constantino; por ejemplo, el uso de las imágenes y de las reliquias, las oraciones a los santos, las misas celebradas a favor de los muertos en el purgatorio, el celibato obligatorio del clero, la venta de las indulgencias, y las peregrinaciones religiosas como obra de mérito. Al eliminar estas prácticas se acercaron unos cuantos pasos al cristianismo primitivo. Pero, por otra parte, en su retorno a la teología de Agustín, Lutero y otros reformadores como Calvino también se alejó unos cuantos pasos del cristianismo primitivo.

Siguiendo la teología de Agustín, tanto Lutero como Calvino propusieron que la salvación dependía exclusivamente de la predestinación. Ambos enseñaron que los hombres no podemos hacer nada bien, que no podemos ni creer en Dios. Sostuvieron que Dios concede el don de la fe y de las buenas obras a quiénes él quiera, esto es, a los predestinados según su voluntad desde antes de la creación del mundo. A los demás él los elige arbitrariamente para la condenación eterna.[1] Lutero incluso llegó a  afirmar que uno no puede ser salvo si no cree en la doctrina de la predestinación absoluta. Hablando de la predestinación, dijo: “Porque el que esto no sabe, no puede ni creer en Dios ni adorarlo. En realidad, el que no sabe eso no conoce a Dios. Y con tal ignorancia, como todos saben, no hay salvación. Porque si usted duda, o si rehúsa a creer que Dios sabe de antemano todas las cosas y las fija según su voluntad, no dependiendo de nada sino sólo de su propio consejo inmutable, ¿cómo podrá usted creer en sus promesas, y confiar y descansar en ellas?… [El que no cree eso] confiesa que Dios es engañador y mentiroso—¡es incrédulo, la impiedad mayor de todas, la negación del Dios Altísimo!”[2]

Quizás la contribución mayor de Lutero y otros reformadores, al cristianismo occidental, fue su énfasis sobre la Biblia como la única fuente de autoridad. “Sola Scriptura” (sólo la Escritura) se hizo uno de los estandartes de la Reforma. Sin embargo, “sola Scriptura” muchas veces fue solamente un lema, no una práctica. Lutero, por ejemplo, tradujo la Biblia al alemán para que el pueblo la leyera. Pero a la vez, procuró asegurarse de que la leyeran sólo tomando en cuenta las interpretaciones de él. Lutero procuró dirigir la atención de los lectores lejos de las partes de la Biblia que contradecían su teología. También procuró subrayar lo que le gustó. Lutero, por ejemplo, elogiaba de forma exagerada el libro de Romanos[3] mientras socavaba la autoridad de otros como la carta a los Hebreos[4] por oponerse en algunos puntos a sus ideas. No es de extrañar que llamara a la epístola de Santiago epístola de “paja”, e intentara sacarla del Nuevo Testamento junto con la epístola a los hebreos, Judas y el apocalipsis. Así, el lema de Lutero de “sola Scriptura” fue, al menos en parte, un mito. A fin de cuentas, no quedaron las Escrituras como la única fuente de autoridad para la Reforma, sino la interpretación que daba Lutero (y otros reformadores como Calvino) a las Escrituras.

JUAN CALVINO: LA PERPETUACIÓN DE UN ERROR.

Juan Calvino cometió el mismo error que Lutero: Perpetuar en su teología las ideas de Agustín de Hipona y anteponer su interpretación privada del texto a la Biblia misma. Pero Calvino fue más allá. De todos es bien sabido que Calvino instauró una dictadura teocrática bajo la promesa de convertir a Ginebra en la Ciudad de Dios. Dictaba leyes y asesinaba a los humanistas en nombre de la Reforma. Distinguía a Calvino la intolerancia religiosa hacia quienes profesaban ideas distintas. Por orden suya fue quemado en la hoguera el científico español Miguel Servet (1553). La condena de Servet (condenado por antitrinitario y contrario el bautismo de infantes), si bien ejemplar, no fue ni la única ni la última de Calvino. El mismo Casiodoro de Reina (traductor de la famosa Biblia que lleva su nombre) fue perseguido por los calvinistas y tildado de hereje por oponerse a la ejecución de Servet y afirmar que las diferencias de opinión entre cristianos nunca deberían llevar a que algunos, con el respaldo del gobierno, impongan sus convicciones a otros, y menos que recurran a la pena de muerte para extirpar a los que piensan distinto en materia teológica. Pero Juan Calvino jamás admitió opiniones contrarias a la suya. Calvino deseaba mantener en perfecto estado su teocracia. Eso significó para muchos “morir en la estaca” o perecer por el fuego. Calvino introdujo un control absoluto de la vida privada de cada ciudadano. Él instituyó una “policía espiritual” para supervisar constantemente a todos los ginebrinos. Ellos fueron sometidos a inspecciones periódicas en sus hogares por la “policía des moeurs”.

DE REFORMADORES A DICTADORES DE LA FE.

Al estudiar la vida de Lutero y Calvino podemos notar algo: Aunque sus obras fueron notables, ambos se distanciaron un poco del espíritu y teología de la iglesia primitiva. Ambos creyeron erróneamente que el agustinianismo era la creencia de la iglesia primitiva; ambos emplearon la fuerza del Estado para imponer sus ideas; ambos mostraron intolerancia hacia ideas opuestas a las suyas (persiguiendo incluso a otros cristianos con ideas distintas a ellos) y ambos marcaron la teología protestante para siempre. Desde entonces, la teología calvinista o reformada ha marcado el pensar del mundo cristiano, llevando a considerar herejes y mostrando intolerancia hacia sus hermanos creyentes que rechazan la intromisión del agustinianismo (hijo bastardo del catolicismo) en el movimiento evangélico moderno.

LA IGLESIA PRIMITIVA Y SU TEOLOGÍA: ENEMIGAS DEL CALVINISMO.

Los cristianos primitivos no creían en la predestinación, la gracia irresistible, la elección incondicional, la expiación limitada ni la perseverancia final de los santos como lo entiende el calvinismo de hoy. A diferencia del calvinismo, los cristianos primitivos creyeron firmemente en el libre albedrío y el sinergismo evangélico enseñado por el arminianismo. Por ejemplo, Justino Mártir (n. 100 d.C. – m. 168 d.C.), uno de los primeros apologistas cristianos, propuso el siguiente argumento a los romanos: “Hemos aprendido de los profetas, y lo afirmamos nosotros, que los correctivos, los castigos y los galardones se miden conforme al mérito de los hechos de cada uno. De otra manera, si todo sucediera sólo por suerte, no hubiera nada a nuestro poder. Porque si un hombre se predestinara a lo bueno y otro a lo malo, el primero no mereciera la alabanza ni el segundo la culpa. Si los hombres no tuvieran el poder de evitar lo malo y de escoger lo bueno según su propia voluntad, no fueran responsables por sus hechos, sean buenos o malos… Porque el hombre no sería merecedor de recompensa o alabanza si él mismo no escogiera lo bueno, o si sólo fuera creado para hacer lo bueno. De igual manera, si un hombre fuera malo, no merecería el castigo, ya que él mismo no hubiera escogido lo malo, siendo él capaz de hacer sólo lo que fue creado para hacer.”[5]

Clemente de Alejandría (n. 150 d.C. – m. 217 d.C.) escribió de semejante manera: “Ni alabanza ni condenación, ni recompensa ni castigo, sería justo si el hombre no tuviera el poder de escoger [lo bueno] y evitar [lo malo], si el pecado fuera involuntario.”[6]

Arquelao, obispo de Kashkar, en Mesopotamia (n. desconocido – m. 282 d.C.), escribiendo pocos años después, dijo lo mismo: “Toda la creación de Dios, Dios la hizo muy bien. Y él ha dado a cada persona el poder del libre albedrío, y por la misma norma ha instituido la ley de juicio… Y por cierto todo el que quiera, puede guardar sus mandamientos. Pero el que los desprecia y se vuelve en contra de ellos, sin duda alguna tendrá que hacer frente a esa ley de juicio… No cabe duda de que cada persona, utilizando el poder de su libre albedrío, puede fijar su camino en la dirección que él quiera.”[7]

Metodio de Olimpo, obispo y mártir cristiano (nacido en Licia, Asia Menor, en el siglo III y martirizado en Calcide di Eubea, Grecia Central, hacia el año 311 d.C.), escribió de semejante manera: “Aquellos [paganos] que deciden que el hombre no tiene libre albedrío, sino afirman que se gobierna por las disposiciones inevitables de la suerte, son culpables de impiedad ante el mismo Dios, ya que le hacen la causa y el autor de las maldades humanas.”[8]¿Acaso no suena como si se dirigiera a algunos calvinistas de hoy en día, que hacen a Dios responsable de todo mal y pecado humano?

Los cristianos primitivos se oponían a las ideas agustinianas, y más adelante calvinistas, sobre la predestinación o elección incondicional. Ellos eran fieles defensores del libre albedrío humano, la gracia resistible, la expiación ilimitada y la posibilidad de caer del estado de gracia. Los cristianos primitivos no creían en el libre albedrío sin base, sino se basaron firmemente en las siguientes Escrituras y otras semejantes:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3.16).

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3.9).

“Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente” (Apocalipsis 22.17).

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia” (Deuteronomio 30.19).

De esta manera, vemos que en el principio el mundo pagano, no los cristianos, creían en la predestinación. Mas, en una de las peculiaridades de la historia cristiana, tanto Lutero como Calvino apoyaron la noción fatalista del mundo pagano y se opusieron a los cristianos primitivos. Por ejemplo, Lutero escribió lo siguiente acerca de la suerte y la predestinación: “¿Por qué será tan difícil que nosotros los cristianos entendamos estas cosas? ¿Por qué se nos consideran irreligiosos, raros y vanos si discutimos estas cosas y las sabemos, cuando los poetas paganos, y todo el mundo, hablaban de ellas muchas veces? Hablando sólo de Virgilio [un poeta pagano romano], ¿cuántas veces habla él de la suerte? ‘Todas las cosas quedan fijas bajo ley inmutable.’ Otra vez: ‘Fijo está el día de todos los hombres.’ Otra vez: ‘Si la suerte te llama.’ Y otra vez: ‘Si tú quieres romper la cadena de la suerte.’ La meta de este poeta es mostrar que la suerte tuvo más que ver con la destrucción de Troya, y con la grandeza de Roma, que todos los esfuerzos unidos de los hombres… De eso podemos ver que todo el mundo tenía el conocimiento de la predestinación y de la presciencia de Dios igual como tenían el conocimiento de la existencia de la deidad. Y los que quisieron mostrarse sabios disputaban tanto que, siendo entenebrecidos sus corazones, se hicieron necios (Romanos 1.21-22). Negaron o fingieron no saber las cosas las cuales los poetas, y todo el mundo, y hasta sus propias conciencias, creyeron ser conocidas en todo el mundo, y muy ciertas, y muy verdaderas.”[9]

A diferencia de Lutero y Calvino, los cristianos primitivos tuvieron explicaciones lógicas y bíblicas para explicar la presciencia de Dios y el libre albedrío del hombre como dos principios complementarios, no contradictorios. Por contraste, eran los gnósticos paganos quienes enseñaban que los humanos somos predestinados arbitrariamente o para la salvación o para la condenación. En su obra titulada, De los puntos principales, Orígenes (n. Alejandría, 185 – m. Tiro o Cesarea Marítima, 254), considerado un padre de la Iglesia oriental, destacado por su erudición y estimado como uno de los tres pilares de la teología cristiana, escribe de muchos de los argumentos de la biblia que los gnósticos usaban. Contestó muchas de las preguntas acerca del libre albedrío y de la predestinación que sus discípulos le hicieron al respecto. Orígenes escribió:

“Una de las doctrinas enseñadas por la iglesia es la del juicio justo de Dios. Este hecho estimula a los que creen en él para que vivan piadosamente y que eviten el pecado. Reconocen que lo que nos trae o alabanza o culpa está dentro de nuestro poder. Es nuestra responsabilidad vivir en justicia. Dios exige esto de nosotros, no como si dependiéramos de él, ni de otro, ni de la suerte (como creen algunos), sino como si dependiera de nosotros mismos. El profeta Miqueas demostró eso cuando dijo: ‘Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia’ [Miqueas 6.8]. Moisés también dijo: ‘Yo he puesto delante de ti el camino de la vida y el camino de la muerte. Escoge lo bueno y sigue en él’ [Deuteronomio 30.15, 19]. Tome en cuenta cómo nos habla Pablo de manera que da a entender que tenemos libre albedrío y que nosotros mismos somos causa o de nuestra ruina o de nuestra salvación. Él dice: ‘¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento? Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno conforme a sus obras; vida eterna a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino obedecen a la injusticia’ [Romanos 2.4-8]. Pero hay ciertas declaraciones en el Antiguo Testamento como también en el Nuevo que pudieran hacernos concluir lo contrario: Que no depende de nosotros o el guardar sus mandamientos para ser salvos, o el desobedecerlos para perdernos. Así que, examinémoslos uno por uno. Primero, las declaraciones en cuanto a Faraón han causado dudas en muchos. Dios dijo varias veces: ‘Yo endureceré el corazón de Faraón’ [Exodo 4.21]. Claramente, si Faraón fue endurecido por Dios y pecó como resultado de ese endurecimiento, él no fue responsable por su pecado. Y no tuvo libre albedrío. Vamos a añadir a este pasaje otro que escribió Pablo: ‘Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra?’ [Romanos 9.20-21]. Ya que sabemos que Dios es tanto bueno como justo, veamos cómo el Dios bueno y justo pudo endurecer el corazón de Faraón. Tal vez por un ejemplo usado por el apóstol en la epístola a los Hebreos podemos ver que, en una sola obra, Dios puede mostrar misericordia a un hombre mientras endurece a otro, sin la intención de endurecerlo. ‘La tierra’, dice él, ‘bebe la lluvia que muchas veces cae sobre ella, y produce hierba provechosa al agricultor, por la bendición de Dios. Pero la que produce espinos y abrojos no tiene valor, y está próxima a ser maldecida. Su fin es el ser quemada’ [Hebreos 6.7-8]. Tal vez nos parezca raro que aquel que produce la lluvia dijera: ‘Produzco tanto los frutos como también los espinos de la tierra’. Mas, aunque raro, es cierto. Si no hubiera lluvia, no hubiera ni frutos ni espinos. La bendición de la lluvia, por tanto, cayó aun sobre la tierra improductiva. Pero ya que estaba descuidada y no cultivada, produjo espinos y abrojos. De esta manera, las obras maravillosas de Dios son semejantes a las lluvias. Los resultados opuestos son semejantes a las tierras o cultivadas o descuidadas. También las obras de Dios son semejantes al sol, el cual pudiera decir: ‘Yo hago suave y hago duro’. Aunque estas acciones son opuestas, el sol no hablaría mentira, porque el calor que suaviza la cera es el mismo que endurece el lodo. De semejante manera, por una parte, los milagros hechos por mano de Moisés endurecieron a Faraón a causa de la maldad de su corazón. Pero suavizaron a la multitud egipcia, que salió de Egipto con los hebreos [Exodo 12.38]. Veamos a otro pasaje: ‘Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia’ [Romanos 9.16]. Aquí Pablo no niega que los humanos tenemos que hacer algo. Sino alaba la bondad de Dios, quien lleva lo que se hace a su fin deseado. El sencillo deseo humano no basta para alcanzar el fin. Solo el correr no basta para que el atleta gane el premio. Tampoco basta para que los cristianos ganemos el premio que da Dios por Cristo Jesús. Estas cosas se llevan a cabo sólo con la ayuda de Dios. Como si hablara de la agricultura, Pablo dice: ‘Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo da Dios. Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento’ [1 Corintios 3.6-7]. Ahora pudiéramos decir con razón que la cosecha del agricultor no es trabajo sólo del agricultor. Tampoco es trabajo sólo del que riega. Al fin y al cabo, es trabajo de Dios. Así mismo, no es que no tengamos nada que hacer para que nos desarrollemos espiritualmente a la perfección. Mas, con todo, no es obra de sólo nosotros, porque Dios tiene una obra aun más grande que la nuestra. Así es en nuestra salvación. La parte que hace Dios es muchísimo mayor que la nuestra.”[10]

Aunque no creyeron en la predestinación, los cristianos primitivos creyeron fuertemente en la soberanía de Dios y en su habilidad de prever el futuro. Por ejemplo, entendieron que las profecías de Dios acerca de Jacob y Esaú (Romanos 9.13 y Génesis 25.23) resultaron de esta habilidad de prever el futuro, y no de una predestinación arbitraria de los hombres a una suerte fija. Vieron que hay una gran diferencia entre el prever algo y el causarlo. Para pesar de los calvinistas más obstinados, esto suena a arminianismo ¡Y era la doctrina de la iglesia cristiana primitiva!

GRACIA IRRESISTIBLE, ELECCIÓN INCONDICIONAL, EXPIACIÓN LIMITADA Y PERSEVERANCIA FINAL DE LOS SANTOS EN EL CONTEXTO DE LA IGLESIA PRIMITIVA.

Los cristianos primitivos no creían en la doctrina calvinista de la perseverancia final de los santos o seguridad eterna del creyente (una vez salvo, siempre salvo). Por el contrario, los cristianos primitivos reconocían la posibilidad de caer de la gracia y perder la salvación. Tampoco sostenían que la gracia fuera irresistible, que la elección fuera incondicional o que la expiación fuera limitada. En otras palabras, ellos no eran calvinistas.

La Didaché (o Didajé), considerado uno de los más antiguos escritos cristianos no-canónicos, incluido en la categoría de “padres apostólicos” y considerado por mucho tiempo anterior a muchos escritos del Nuevo Testamento (estudios recientes señalan una posible fecha de composición posterior no más allá del 160 d.C.), señala que de nada servirá haber tenido fe durante toda la vida si en el último momento nos apartamos: “Vigilad sobre vuestra vida; no se apeguen vuestras linternas ni se desciñan vuestros lomos, sino estad preparados, porque no sabéis la hora en que va a venir el Señor. Reuníos con frecuencia, inquiriendo lo que conviene a vuestras almas. Porque de nada os servirá todo el tiempo de vuestra fe, si no sois perfectos en el último momento.”[11] Tal afirmación lleva implícita la posibilidad de caer de la gracia. En otras palabras: Ni la gracia es irresistible ni es imposible caer de ella por apostasía o pecado deliberado y habitual. La doctrina calvinista simplemente no cabía en la mentalidad cristiana primitiva.

Clemente Romano (un cristiano insigne de finales del siglo I, uno de los llamados Padres apostólicos y quien fuera obispo de Roma), también advierte sobre el peligro de perder la salvación, por lo que advierte que para salvarse hay que perseverar hasta el fin llevando una conducta digna de Dios y obedeciendo los mandamientos: “Vigilad, carísimos, no sea que sus beneficios que son muchos, se conviertan para nosotros en motivo de condenación, caso de no hacer en toda concordia, llevando conducta digna de Él, lo que es bueno y agradable en su presencia. Dice, en efecto en alguna parte la Escritura: El Espíritu del Señor es lámpara que escudriña los escondrijos del vientre… Consideremos cuan cerca de nosotros está y cómo no se le oculta uno solo de nuestros pensamientos ni propósito que concibamos. Justo es, por ende, que no desertemos del puesto que su voluntad nos ha asignado.”[12]

Nótese que en el texto anterior Clemente reconoce que se puede caer del estado de gracia y condenarse, a diferencia de la doctrina calvinista. La posibilidad de la apostasía, y con ella la pérdida de la salvación, fue enseñada por los cristianos primitivos:

“Ahora, pues, como sea cierto que todo es por Él visto y oído, temámosle y demos de mano a los execrables deseos de malas obras, a fin de ser protegidos por su misericordia de los juicios venideros. Porque ¿dónde podrá nadie de nosotros huir de su poderosa mano? ¿qué mundo acogerá a los desertores de Dios?”[13]

“…Porque vive Dios y vive el Señor Jesucristo y el Espíritu Santo, y también la fe y la esperanza de los elegidos, que sólo el que en espíritu de humildad y perseverante modestia cumpliere sin volver atrás las justificaciones y mandamientos dados por Dios, solo ése será ordenado y escogido en el número de los que se salvan por medio de Jesucristo…”[14]

Para Ignacio de Antioquía, uno de los padres apostólicos por su cercanía cronológica con el tiempo de los apóstoles (n. 35 d.C. – m. entre 98-110 d.C.), no bastaba proclamar la fe, sino perseverar en ella hasta el final. El premio del atleta de Dios es la vida eterna, donde recibirá la recompensa de su perseverancia y fidelidad. También establece que la salvación está a disposición del hombre que, por su libre albedrío, elige entre la vida y la muerte:

“Tratad de ser gratos al Capitán bajo cuyas banderas militáis, y de quien habéis de recibir el sueldo. Que ninguno de vosotros sea declarado desertor. Vuestro bautismo ha de permanecer como vuestra armadura, la fe como un yelmo, la caridad como una lanza, la paciencia como un arsenal de todas las armas. Vuestra caja de fondos han de ser vuestras buenas obras, de las que recibiréis luego magníficos ahorros.”[15]

“Ahora bien, las cosas están tocando a su término, y se nos proponen juntamente estas dos cosas: la muerte y la vida, y cada uno irá a su propio lugar. Es como si se tratara de dos monedas, una de Dios y otra del mundo, y que lleva cada una grabado su propio cuño: los incrédulos, el de este mundo; más los fieles, por la caridad, el cuño de Dios Padre grabado por Jesucristo. Si no estamos dispuestos a morir por Él, para imitar su pasión, no tendremos su vida en nosotros.”[16]

Justino Mártir, el gran apologeta cristiano, quien tenía una perspectiva clara del libre albedrío y con casi 1.400 años de antelación rechaza la posición calvinista donde el hombre es virtualmente un títere que no puede resistir la gracia (de donde concluyen que quien se condena es porque Dios nunca derramó la gracia sobre él sino que le abandonó a su maldad). Justino afirmó: “De lo anteriormente por nosotros dicho no tiene nadie que sacar la consecuencia de que nosotros afirmamos que cuanto sucede, sucede por necesidad del destino, por el hecho de que decimos ser de antemano conocidos los acontecimientos. Para ello, vamos a desatar también esta dificultad. Nosotros hemos aprendido de los profetas, y afirmamos que ésa es la verdad, que los castigos y tormentos, lo mismo que las buenas recompensas, se dan a cada uno conforme a sus obras; pues de no ser así, sino que todo sucediera por destino, no habría en absoluto libre albedrío. Y, en efecto, si está determinado que éste sea bueno y el otro malo, ni aquel merece alabanza, ni este vituperio. Y si el género humano no tiene poder para huir por libre determinación de lo vergonzoso y escoger lo bello, es irresponsable de cualesquiera acciones que haga. Mas que el hombre es virtuoso y peca por libre elección, lo demostramos por el siguiente argumento: Vemos que el mismo sujeto pasa de un contrario a otro. Ahora bien, si estuviera determinado ser malo o bueno, no sería capaz de cosas contrarias ni se cambiaría con tanta frecuencia. En realidad, no podría decirse que unos son buenos y otros malos, desde el momento que afirmamos que el destino es la causa de buenos y malos y que obra cosas contrarias a sí mismo, o habría que tomar por verdad lo que ya anteriormente insinuamos, a saber, que virtud y maldad son puras palabras y que sólo por opinión se tiene algo por bueno o por malo. Lo cual, como demuestra la verdadera razón, es el colmo de la impiedad y de la iniquidad. Lo que si afirmamos ser destino ineludible es que a quienes escogieron el bien, les espera digna recompensa y a los que lo contrario, les espera igualmente digno castigo. Porque no hizo Dios al hombre a la manera de las otras criaturas, por ejemplo, árboles o cuadrúpedos, que nada pueden hacer por libre determinación; pues en este caso no sería digno de recompensa o alabanza, no habiendo por sí mismo escogido el bien, sino nacido ya bueno; ni, de haber sido malo, se le castigaría justamente, no habiéndolo sido libremente, sino por no haber podido ser otra cosa que lo que fue.” [17]

Para Ireneo (n. Esmirna Asia Menor, c. 130 – m. Lyon, c. 202), obispo de la ciudad de Lyon y considerado como el más importante adversario del gnosticismo del siglo II, la gracia también es resistible porque Dios hizo libre al hombre, y como Dios derrama su gracia sobre todos los hombres, quien se condena es por propia elección, al igual que el que se salva es porque persevera en la fe: “Esta frase: «¡Cuántas veces quise recoger a tus hijos, pero tú no quisiste!» (Mateo 23,37), bien descubrió la antigua ley de la libertad humana; pues Dios hizo libre al hombre, el cual, así como desde el principio tuvo alma, también gozó de libertad, a fin de que libremente pudiese acoger la Palabra de Dios, sin que éste lo forzase. Dios, en efecto, jamás se impone a la fuerza, pues en él siempre está presente el buen consejo. Por eso concede el buen consejo a todos. Tanto a los seres humanos como a los ángeles otorgó el poder de elegir -pues también los ángeles usan su razón-, a fin de que quienes le obedecen conserven para siempre este bien como un don de Dios que ellos custodian. En cambio, no se hallará ese bien en quienes le desobedecen, y por ello recibirán el justo castigo; porque Dios ciertamente les ofreció benignamente este bien, mas ellos ni se preocuparon por conservarlo ni lo tuvieron por valioso, sino que despreciaron la bondad suprema. Así pues, al abandonar este bien y hasta cierto punto rechazarlo, con razón serán reos del justo juicio de Dios, de lo que el Apóstol Pablo da testimonio en su Carta a los romanos: «¿Acaso desprecias las riquezas de su bondad, paciencia y generosidad, ignorando que la bondad de Dios te impulsa a arrepentirte? Por la dureza e impenitencia de tu corazón amontonas tú mismo la ira para el día de la cólera, cuando se revelará el justo juicio de Dios» (Romanos 2,4-5). En cambio, dice: «Gloria y honor para quien obra el bien» (Rom 2,10). Dios, pues, nos ha dado el bien, de lo cual da testimonio el Apóstol en la mencionada epístola, y quienes obran según este don recibirán honor y gloria, porque hicieron el bien cuando estaba en su arbitrio no hacerlo; en cambio quienes no obren bien serán reos del justo juicio de Dios, porque no obraron bien estando en su poder hacerlo. Si, en efecto, unos seres humanos fueran malos por naturaleza y otros por naturaleza buenos, ni éstos serían dignos de alabanza por ser buenos, ni aquéllos condenables, porque así habrían sido hechos. Pero, como todos son de la misma naturaleza, capaces de conservar y hacer el bien, y también capaces para perderlo y no obrarlo, con justicia los seres sensatos (¡cuánto más Dios!) alaban a los segundos y dan testimonio de que han decidido de manera justa y han perseverado en el bien; en cambio reprueban a los primeros y los condenan rectamente por haber rechazado el bien y la justicia… Por este motivo los profetas exhortaban a todos a obrar con justicia y a hacer el bien, como muchas veces hemos explicado; porque este modo de comportarnos está en nuestra mano pero, habiendo tantas veces caído en el olvido por nuestra mucha negligencia, nos hacía falta un buen consejo. Por eso el buen Dios nos aconsejaba el bien por medio de los profetas.”[18]

Ireneo enfatiza también que la salvación final del creyente implica esfuerzo y lucha: “Por eso el Señor dice que el reino de los cielos es de los violentos: «Los violentos lo arrebatan», quiere decir aquellos que se esfuerzan, luchan y continuamente están alerta: éstos lo arrebatan. Por eso el Apóstol Pablo escribió a los corintios: «¿No sabéis que en el estadio son muchos los que corren, pero sólo uno recibe el premio? Corred de modo que lo alcancéis. Todo aquel que compite se priva de todo, y eso para recibir una corona corruptible, en cambio nosotros por una incorruptible. Yo corro de esta manera, y no al acaso; yo no lucho como quien apunta al aire; sino que mortifico mi cuerpo y lo someto al servicio, no vaya a suceder que, predicando a otros, yo mismo me condene». Siendo un buen atleta, nos exhorta a competir por la corona de la incorrupción; y a que valoremos esa corona que adquirimos con la lucha, sin que nos caiga desde afuera. Cuanto más luchamos por algo, nos parece tanto más valioso; y cuanto más valioso, más lo amamos. Pues no amamos de igual manera lo que nos viene de modo automático, que aquello que hemos construido con mucho esfuerzo. Y como lo más valioso que podía sucedernos es amar a Dios, por eso el Señor enseñó y el Apóstol transmitió que debemos conseguirlo luchando por ello. De otro modo nuestro bien sería irracional, pues no lo habríamos ganado con ejercicio. La vista no sería para nosotros un bien tan deseable, si no conociésemos el mal de la ceguera; la salud se nos hace más valiosa cuando experimentamos la enfermedad; así también la luz comparándola con las tinieblas, y la vida con la muerte. De igual modo el Reino de los cielos es más valioso para quienes conocen el de la tierra; y cuanto más valioso, tanto más lo amamos; y cuanto más lo amamos, tanta más gloria tendremos ante Dios.”[19]

Rechaza además lo que se conocería más de un milenio después como la doctrina de Salvo siempre Salvo, o imposibilidad de caer de la gracia: “Por eso decía aquel presbítero, no debemos sentirnos orgullosos ni reprochar a los antiguos; sino hemos de temer, no sea que después de conocer a Cristo hagamos lo que no agrada a Dios, y en consecuencia no se nos perdonen ya nuestros pecados, sino que se nos excluya de su Reino. Pablo dijo a este propósito: «Si no perdonó las ramas naturales, él quizá tampoco te perdone, pues eres olivo silvestre injertado en las ramas del olivo y recibes de su savia»”.[20]

Hilario, nacido a principios de siglo IV, hacia 315, en Poitiers (Francia) y fallecido en esta misma ciudad en 367, habla de cómo el perseverar en la fe es también un don de Dios, pero eso no excluye el libre albedrío: “Perseverar en la fe es un don de Dios, pero el primer movimiento de la fe comienza en nosotros. Nuestra voluntad debe ser tal que, propiamente y por sí misma lo haga. Dios le dará el aumento después que ha sido hecho el comienzo. Nuestra debilidad es tal que no podemos llevar por nosotros mismos llevarla a término, pero él recompensa el comienzo en vista de haber sido hecho libremente.”[21]

“La debilidad humana es impotente si espera lograr algo por sí misma. El deber de tal naturaleza es simplemente esto: hacer el comienzo con la voluntad, con el fin de adherirse al servicio del bien. La misericordia divina es tal que ayudará a los que están dispuestos, fortaleciendo aquellos que han comenzado y asistiendo a aquellos que están tratando. El comienzo, sin embargo, es parte nuestra, tal que él pueda traernos a la perfección.”[22]

Atanasio, nacido alrededor del año 296 y fallecido el 2 de mayo del año 373, en su obra Contra los arrianos, en el capítulo 25 del tercer discurso declara que es posible caer del estado de gracia y perder la salvación al cometer pecados graves: “Cuando entonces un hombre cae del Espíritu por cualquier maldad, si se arrepiente de haber caído, la gracia queda irrevocablemente a como esté dispuesto, de lo contrario, si el que ha caído no está más en Dios (porque el Espíritu Santo y Paráclito que está en Dios lo ha abandonado) pero el pecador estará en aquel que lo ha sometido, como ocurrió en el caso de Saúl, el Espíritu de Dios se apartó de él y un espíritu maligno lo afligía.”[23]

Cirilo de Jerusalén (n. 315 d.C. – m. 386 d.C.) concibe la salvación desde una perspectiva completamente opuesta a los calvinistas. Para salvarse se requiere perseverar unido a Cristo como el sarmiento a la vid, de lo contrario la posibilidad de que Jesús nos maldiga por no producir frutos está latente. Es por eso por lo que al cristiano le corresponde aportar fruto para no ser cortado: “Eres hecho partícipe de una vid santa: si permaneces en la vid, crecerás como un sarmiento fructífero; pero si no permaneces, serás consumido por el fuego. Así pues, produzcamos fruto dignamente. Que no nos suceda lo mismo que a aquella vid infructuosa, no sea que, al venir Jesús, la maldiga por su esterilidad. Que todos puedan, en cambio, pronunciar estas palabras. «Pero yo, como verde olivo en la casa de Dios, confió en el amor de Dios para siempre jamás». No se trata de un olivo sensible, sino inteligible, portador de la luz. Lo propio de él es plantar y regar; pero a ti te corresponde aportar el fruto. Por ello, no desprecies la gracia de Dios: guárdala piadosamente cuando la recibas.”[24]

Basilio, (n. 330 – m.1 de enero, 379), conocido como Basilio el Magno y quien fuera obispo de Cesarea, reconoció que aquellos que se salven serán aquellos que se mantengan fieles hasta el fin. Habló también de como aquellos que reciben al Espíritu Santo pueden ser apartados de Él si comienzan a vivir una vida pecaminosa: “Ellos, entonces, que fueron sellados por el Espíritu hasta el día de la redención, y preservaron puros e intactos los primeros frutos que recibieron del Espíritu, son ellos los que oirán las palabras «¡Muy bien, siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de muchas cosas». De la misma manera que los que han ofendido al Espíritu Santo por la maldad de sus caminos, o no han forjado para él lo que Él les dio, serán privados de lo que han recibido, y su gracia será dada a otros; o, de acuerdo con uno de los evangelistas, serán totalmente cortados en pedazos – cuyo significado es ser separados del Espíritu.”[25]

Jerónimo (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420), conocido también como Jerónimo de Estridón y quien tradujo la Biblia del griego y del hebreo al latín declaró que los creyentes pueden caer del estado de gracia y perder su salvación por medio de las elecciones de su libre albedrio. Aquellos que por medio de la gracia soporten las pruebas recibirán la corona de la vida: “No va de acuerdo a la justicia divina olvidar las buenas obras, y las acciones que has ministrado y ministras a los santos por su nombre, y para recordar solamente los pecados. El apóstol Santiago también, a sabiendas de que los bautizados pueden ser tentados, y caer de su propia libre elección, dice «Bienaventurado el hombre que soporta la tentación, porque cuando ha sido aprobado recibirá la corona de la vida que el Señor les prometió a quienes le aman». Y que no podemos pensar que somos tentados por Dios, como leemos en el Génesis que Abraham fue, añade: «Que nadie diga cuándo es tentado, es tentado de Dios: porque Dios no puede ser tentado por el mal ni tienta a nadie. Sino que cada uno es tentado por su propia concupiscencia que le arrastra y le seduce. Después la concupiscencia, cuando ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte». Dios nos creó con libre albedrío, y no somos forzados por la necesidad ni a la virtud ni al vicio. De lo contrario, si no estamos obligados por necesidad, no hay corona. Como en las buenas obras es Dios quien los trae a la perfección, ya que no es de quien quiera, ni de lo que corre, sino de Dios que piadosamente nos ayuda a ser capaces de llegar a la meta.”[26]

El mismo Agustín de Hipona, a quien Calvino y sus seguidores frecuentemente citan en defensa de sus puntos de vista (y en cuyas enseñanzas descansa la estructura completa del calvinismo), rechazaba la posición calvinista y declara que es el hombre por su propia elección quien pierde la gracia y se hace malvado. Esto es contrario a la enseñanza de Calvino, quien afirmaba que quienes no fueron predestinados nunca recibieron la gracia, porque de haberla recibido, no pudieran resistirla y se salvarían: “Pero si alguien ya regenerado y justificado tendría, por voluntad propia, que recaer en su mala vida, ciertamente ese hombre no puede decir: Yo no lo he recibido; porque él perdió la gracia que él recibió de Dios y por su propia libre elección se hizo malvado.”[27]

Si consideramos la doctrina calvinista a la luz de los escritos de los primeros cristianos resulta evidente que lo que hoy llamamos calvinismo no es más que una distorsión del cristianismo bíblico. Nunca nadie en la iglesia primitiva, ni en los siglos posteriores a la muerte de los apóstoles, sostuvo dicho sistema teológico.

CONCLUSIÓN.
La Biblia, la historia y los textos patrísticos nos llevan a la una conclusión inequívoca: La doctrina calvinista no solo no fue creída por la iglesia primitiva, sino explícitamente rechazada. Aún siglos antes del surgimiento del calvinismo, la doctrina calvinista era rechazada como herética. Y es que un estudio de los textos patrísticos de los más preeminentes padres y escritores eclesiásticos de la Iglesia, comenzando desde los discípulos directos de los apóstoles, nos enseña que la Iglesia primitiva y de siglos posteriores creía que:

  • El hombre, aunque tiene libre albedrío, no puede salvarse sin la gracia de Dios. Dios por su gracia tiene la primera iniciativa de su salvación y ejerciendo esta libertad el hombre responde y coopera con la gracia (sinergismo). Entendiendo que gracia es el favor gratuito e inmerecido de Dios.
  • Dios llama a todos los hombres a la salvación y sobre todos derrama su gracia a través de Cristo, porque quiere que todos los hombres se salven. Quienes se condenan lo hacen por su propia voluntad. Por la tanto, no hay tal cosa como una elección incondicional, tampoco gracia irresistible ni mucho menos expiación limitada.
  • La gracia de Dios mueve al hombre a creer en Cristo y obedecer. Sin la gracia no puede ni lo uno ni lo otro, y ni siquiera tiene la iniciativa para hacerlo.
  • Así, la salvación es por gracia, pero nosotros debemos cooperar haciendo uso de nuestra libertad o libre albedrio.
  • Por medio de la fe el hombre es justificado. Al ser justificado no solo es declarado justo sino hecho justo (regenerado).
  • Luego el hombre justificado movido por la gracia debe vivir de acuerdo con la voluntad de Dios, obrando el bien y cumpliendo los mandamientos, pero es libre de no hacerlo y caer del estado de gracia de Dios. Por ende, la gracia es resistible y la salvación puede perderse.
  • El determinismo, fatalismo o predestinación, no es una doctrina bíblica. Por el contrario, la iglesia primitiva luchó contra los paganos (principalmente gnósticos) para contrarrestar dicha doctrina.

 

REFERENCIAS:

[1] Martín Lutero, Bondage of the Will, pp. 171-174.

[2] Martín Lutero, Bondage of the Will, pp. 44.

[3] Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, tomo 6: Preface to Romans, p. 447

[4] Works of Martin Luther—The Philadelphia Edition, traducido por C. M. Jacobs, tomo 6: Preface to Hebrews, pp. 476, 477.

[5] Justino, First Apology, capítulo 43.

[6] Clemente, Stromata/Miscellanies, tomo 1, capítulo 17.

[7] Arquelao, Disputation with Manes, secciones 32, 33.

[8]  Metodio, The Banquet of the Ten Virgins, discurso 8, capítulo 16.

[9] Martín Lutero, Bondage, pp. 43, 44.

[10] Orígenes, First Things, tomo 3, capítulo 1, acortado.

[11] La Didaché 16,1-2, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición. Daniel Ruiz Bueno, BAC 65, pág. 92-93.

[12] Clemente a los Corintios XXI,1-4, Tomado de Padres Apostólicos, 5ta edición, pág. 198.

[13] Clemente a los Corintios XXVIII,1-2, Ibid. pág. 204.

[14] Clemente a los Corintios LVIII,2, Ibid. pág. 231.

[15] Ignacio de Antioquía a Policarpo, VI,1-2, Ibid. pág. 500-501.

[16] Ignacio de Antioquía a Magnesios, V,1-2, Ibid. pág. 462.

[17] Justino Mártir, Primera Apología 43.1-8, Ibid pág. 228-229.

[18] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,1-2.

[19] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 37,7.

[20] Ireneo de Lyon, Contra los herejes IV, 27,2.

[21] Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]: Nun, 20, Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol I, pág. 386.

[22] Hilario de Poitiers, Sobre los salmos 118[119]:Ain,10 Ibid. pág. 386-387.

[23] Atanasio de Alejandría, Contra los arrianos 3,25, Traducido desde Athanasius,Discourse Against the Arians,3:25 in NPNF2, Vol IV:407.

[24] Cyril of Jerusalem,Catechetical Lectures,I:4,NPNF 2,Vol. VII, 7.

[25] Basilio el Grande, Sobre el Espíritu Santo XVI,40; Traducido de De Spiritu Sancto Chap. XVI, 40 NPNP 2 Vol. VIII, p. 25.

[26] Against Jovinian, Book II, 3; NPNF 2, Vol. VI.

[27] Agustín de Hipona, Amonestación y Gracia 6,9. Traducido de The Faith of the Early Fathers, Vol III, William A. Jurgens, pág. 157.