5 SOLAS, Reforma Protestante, Salvación

Sola Fide, una perspectiva pentecostal

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

La expresión “Sola Fide” es una frase en latín que significa “fe sola”. Es una de las cinco solas de la Reforma Protestante. La Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios establece que:

“La única esperanza de redención para el hombre es a través de la sangre derramada de Jesucristo, el Hijo de Dios… La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la fe en el Señor Jesucristo. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la justificación por la gracia a través de la fe”[1]

Sola fide señala que la salvación es a través de la fe, no de las obras, como explica Efesios 2: 8-9:

“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”

El reformador protestante Martín Lutero consideraba tan importante la sola fide que lo llamó “El artículo con el que se apoya la iglesia”.[2]

FIDE 2

LA SALVACIÓN POR LA FE SOLA

Sola fide se resume bien en Efesios 2: 8-9, pero el concepto se encuentra en todas las Escrituras. Por ejemplo, Juan 3:16 enfatiza la fe en Jesús para la vida eterna:

“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”

Juan 5:24 agrega:

“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida”

Jesús también enseñó que:

“Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado” (Juan 6:29)

La iglesia primitiva afirmó esta enseñanza de Jesús y notó que sus enseñanzas hacían eco de las palabras anteriores de los profetas del Antiguo Testamento:

“De éste dan testimonio todos los profetas, que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre” (Hechos 10:43)

Romanos 1:17 cita Habacuc 2: 4 en el Antiguo Testamento y dice:

“Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”

Lo que la ley del Antiguo Testamento buscaba alcanzar por medio de las obras, fue alcanzado por medio de la fe en Jesucristo:

“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley.” (Romanos 3:28)

Filipenses 3: 9 declara que la fe es lo que nos hace justos:

“… y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe”

Aquellos que rechazan la Sola Fide o la salvación solo por la fe se aferran a un Evangelio basado en obras que difiere de las enseñanzas que se encuentran en las Escrituras. En Gálatas 1:9, Pablo condenó tal pensamiento como un falso evangelio:

“Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema”

Sola fide es una enseñanza esencial de las Escrituras que fue recuperada por los reformadores protestantes, y sigue siendo vital para la vida de los cristianos evangélicos modernos y la vida de la iglesia de hoy.

FIDE 1

LA IMPORTA DE SOLA FIDE EN EL PROTESTANTISMO

Pocas doctrinas son más importantes para la teología evangélica que la doctrina de la justificación solo por fe (el principio de la Reforma de sola fide). Martin Lutero afirmó con razón que la iglesia se establece o se derrumba a partir de esta doctrina. La historia proporciona muchas pruebas objetivas para afirmar la evaluación de Lutero.[3] Las iglesias y las denominaciones que mantienen firmemente la sola fide permanecen evangélicas. Aquellos que se han apartado del consenso de la Reforma sobre este punto, capitulan inevitablemente al liberalismo, vuelven a lo sacerdotal, aceptan alguna forma de legalismo o se desvían a peores formas de apostasía.

El evangelicalismo histórico, por lo tanto, siempre ha tratado a la justificación por fe como un distintivo bíblico central. Ésta es la doctrina que hace que el cristianismo auténtico sea distinto de todas las demás religiones. El cristianismo es la religión de la realización divina, con el énfasis siempre en la obra consumada de Cristo. Todas las demás son religiones de logros humanos. Se preocupan, inevitablemente, con los esfuerzos propios del pecador por ser santo. Si abandonamos la doctrina de la justificación por la fe no podemos afirmar honestamente ser evangélicos. La Escritura misma hace de sola fide la única alternativa a un sistema condenatorio de obras-justicia:

“Pero al que obra, no se le cuenta el salario como gracia, sino como deuda; mas al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:4-5).

En otras palabras, los que confían en Cristo para la justificación sólo por fe reciben una justicia perfecta que se les es tenida en cuenta. Aquellos que tratan de establecer la suya propia o mezclan la fe con las obras sólo reciben la terrible paga que se debe a todos los que no alcanzan la perfección. Así que el individuo, tanto como la iglesia, se mantiene o cae con el principio de sola fide. La apostasía de Israel estaba basada en el abandono de la justificación solo por fe:

“Porque ignorando la justicia de Dios, y procurando establecer la suya propia, no se han sujetado a la justicia de Dios” (Romanos 10:3)

FIDE 3

LA FE SALVADORA, UNA FE QUE OBRA

No obstante, y a pesar de sostener la plena validez de la Sola Fide, reconocemos que la fe viva es la que actúa y se mueve por el amor. Los evangélicos, y particularmente los pentecostales, sostenemos la salvación por fe. Afirmamos sin duda alguna que “por gracia sois salvos por medio de la fe” y de que “el justo por la fe vivirá”. Sin embargo, también afirmamos, basados en la Palabra de Dios, que la fe de aquellos que han tenido y tienen la auténtica vivencia de la espiritualidad cristiana, es, y debe siempre ser, activa y moverse por el amor.

¿Plantea esto una contradicción con el principio de Sola fide? ¡En ninguna manera! En la Biblia se muestra, en otros contextos, que la fe, para vivir, para respirar, para ser auténtica, tiene que tener obras, actuación y dinamismo. Santiago afirma:

“Hermanos míos, ¿de qué le sirve a uno decir que tiene fe si no lo demuestra con sus acciones? ¿Acaso podrá salvarlo esa fe? Por ejemplo: un hermano o una hermana no tiene ropa para vestirse y tampoco tiene el alimento necesario para cada día. Si uno de ustedes le dice: «Que te vaya bien, abrígate y come todo lo que quieras», pero no le da lo que necesita su cuerpo, ¿de qué le sirve? Así pasa también con la fe: por sí sola, sin acciones, está muerta. Pero alguien puede decir: «Tú tienes fe, y yo tengo acciones. Pues bien, muéstrame tu fe sin las acciones, y yo te mostraré mi fe por medio de mis acciones». Tú crees que hay un solo Dios. ¡Qué bien! Pero también los demonios lo creen, y tiemblan. ¡No seas tonto! Debes darte cuenta de que la fe sin las acciones es inútil. Nuestro antepasado Abraham fue declarado justo por lo que hizo. Él ofreció como sacrificio a su hijo Isaac sobre el altar. Date cuenta de que su fe iba acompañada de sus acciones, y por medio de sus acciones su fe llegó a ser perfecta. Así se cumplió la Escritura que dice: «Abraham creyó a Dios y eso se le tomó en cuenta como justicia». Y a Abraham lo llamaron amigo de Dios. Como pueden ver, a una persona se la declara justa por sus acciones, y no sólo por su fe. Lo mismo le pasó a Rahab, la prostituta, cuando recibió a los espías y los ayudó a huir por otro camino. Ella fue declarada justa. Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, la fe sin acciones está muerta” (Santiago 2:14-26, NBV)

La justificación bíblica jamás minimiza el renacimiento espiritual de la regeneración (2 Corintios 5:17); ni tampoco substrae los efectos morales del nuevo corazón del creyente (Ezequiel 36:26-27). La doctrina de la justificación por la fe jamás convierte la gracia de Dios en libertinaje (Judas 4). Este punto de vista se llama antinomianismo.

Aclaramos: No son las obras las que nos salvan, es la fe, pero esta fe, si es viva necesita ineludiblemente, ser una fe activa. No hay fe en aquel que carece de obras justas y, si hubiera fe, caería en la calificación de una fe muerta, aunque quien la tenga sea totalmente religioso. Así, el apóstol Pablo, que nos deja toda la doctrina de la gracia, de la justificación, el Apóstol que nos deja la frase lapidaria “el justo por la fe vivirá”, también nos deja, escribiendo a los Gálatas, que “la fe… obra por el amor” (Gálatas 5:6). Cuando a la fe le cortamos esa dimensión amorosa, obradora y actuante, la matamos o termina por morirse y dejar de ser. En última instancia, una fe sin obras debería ser considerada una fe falsa, incapaz de salvar, ya que:

  1. La fe sin obras revela un corazón que no ha sido transformado por Dios. Cuando hemos sido regenerados por el Espíritu Santo, nuestras vidas van a demostrar esa vida nueva. Nuestras obras se caracterizarán por la obediencia a Dios. La fe que no se ve, llega a ser evidente por la demostración del fruto del Espíritu en nuestras vidas (Gálatas 5:22). Si no hay frutos, es obvio que la fe no es real.
  2. La fe sin obras es una fe vana, pues la fe resulta en una nueva creación, no en una repetición de los mismos patrones de conducta pecaminosa. Como Pablo escribió en 2 Corintios 5:17, “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”.
  3. La fe sin obras viene de un corazón que no ha sido regenerado por Dios. Profesar una fe vacía, no tiene el poder para cambiar vidas. Aquellos que dicen tener fe pero que no tienen el Espíritu, escucharán a Cristo mismo decir, “Nunca os conocí; apartaos de mí, hacedores de maldad” (Mateo 7:23).

Aquel que dice tener fe, lo demostrará por sus obras, pues la fe es más que un mero asentimiento intelectual. Los pentecostales creemos que las buenas obras no nos salvan, sin embargo, creemos también que los verdaderamente salvos producen buenas obras.

FIDE 4

LA FE QUE OBRA NO ES UNA FE LEGALISTA

Por otro parte, hay muchos que hacen que la justificación dependa de una mezcla de fe y obras. El efecto es hacer de la justificación un proceso basado en la propia justicia imperfecta del creyente en lugar de un acto declarativo de Dios basado en la justicia perfecta de Cristo. Tan pronto como la justificación se fusiona con la santificación, las obras de la justicia se convierten en una parte esencial del proceso. La fe se diluye por lo tanto con las obras. Se abandona la Sola Fide. Éste fue el error de los legalistas de Galacia (Gálatas 2:16; 5:4). Pablo lo llamó “un evangelio diferente” (Gálatas 1:6, 9). El mismo error se encuentra prácticamente en todo culto falso. Es el principal error del catolicismo romano y de las sectas legalistas.

Ante la pregunta: ¿Qué debemos hacer para ser salvos? Los pentecostales, al igual que el apóstol Pablo respondemos si dudarlo:

“Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31)

Las epístolas doctrinales cruciales de Pablo (especialmente Romanos y Gálatas) se extienden en esa respuesta, desarrollando la doctrina de la justificación por la fe para mostrar cómo somos justificados por la fe sin obras humanas de ningún tipo. Dicho de otro modo: el cristiano no hace buenas obras para ser salvo ¡Sino porque ya es salvo! Es el fruto natural que se espera del verdadero creyente.

FIDE 5

LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE SOLA EN LAS ENSEÑANZAS DE JESÚS

Aunque Cristo no hizo ninguna explicación formal de la doctrina de la justificación (como lo hizo Pablo en su epístola a los Romanos), la justificación por fe subyace e impregna toda Su predicación del Evangelio. Aunque Jesús nunca dio un discurso sobre el tema, es fácil de demostrar a partir de Su ministerio evangelístico que Él enseñó sola fide. Por ejemplo, fue el mismo Jesús quien dijo:

“El que oye Mi palabra, y cree… ha pasado de muerte a vida” (Juan 5:24)

Nótese que Jesús habló de una salvación plena, sin pasar ningún sacramento o ritual y sin ningún tipo de espera o período el purgatorio. El ladrón en la cruz es el ejemplo clásico. En la prueba más exigua de su fe, Jesús le dijo:

“De cierto os digo, que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43)

No era necesario ningún sacramento o trabajo por parte de él para obtener la salvación. Por otra parte, las muchas sanaciones que Jesús logró eran evidencia física de Su poder de perdonar pecados (Mateo 9:5-6). Cuando Él sanaba, con frecuencia decía: “Tu fe te ha salvado” (Mateo 9:22; Marcos 5:34; 10:52, Lc. 8:48, 17:19, 18:42). Todas esas curaciones eran lecciones objetivas sobre la doctrina de la justificación solo por fe. Sin embargo, la única ocasión en la cual Jesús declaró a alguien “justificado” proporciona la mejor visión de la doctrina tal como Él la enseñó:

“Dijo también esta parábola a unos que confiaban que ellos eran justos y menospreciaban a otros: “Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano. El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido” (Lucas 18:9-14)

¡Esa parábola seguramente sorprendió a los que escuchaban a Jesús! Ellos “confiaban en sí mismos como justos” (v. 9), la definición misma de la justicia propia. Sus héroes teológicos eran los fariseos, que tenían las normas legalistas más rígidas. Ellos ayunaban, oraban y daban limosna dando un gran espectáculo; e incluso iban más allá en la aplicación de las leyes ceremoniales de lo que en realidad Moisés había prescrito.Sin embargo, Jesús había sorprendido multitudes diciendo:  “Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20), seguido por:

“Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto”(v. 48)

Es evidente que Él estableció un estándar que era humanamente imposible, ya que nadie podía superar la rigurosa vida de los escribas y fariseos. Ahora Él sorprende aún más a Sus oyentes con una parábola que parece colocar a un recaudador de impuestos detestable en una posición espiritual mejor que un fariseo que ora. El punto de Jesús es claro. Él estaba enseñando que la justificación es solo por fe. Ahí está toda la teología de la justificación. Pero sin profundizar en la teología abstracta, Jesús nos describió claramente la imagen con una parábola. La justificación del recaudador de impuestos era una realidad instantánea. No hubo ningún proceso, lapso de tiempo, ningún miedo del purgatorio. Él “descendió a su casa justificado” (v. 14) – no por algo que había hecho, sino por lo que había sido hecho en su nombre.

Nótese que el recaudador de impuestos entendió su propia impotencia. Debía una deuda imposible, que él sabía que no podía pagar. Lo único que podía hacer era arrepentirse y pedir clemencia. Su oración contrasta con la del fariseo arrogante. No relata lo que había hecho. Sabía que incluso sus mejores obras eran pecados. Él no se ofreció a hacer algo por Dios. Simplemente pidió clemencia divina. Buscaba a Dios para que Él hiciera lo que él no podía hacer por sí mismo. Esa es la naturaleza misma del arrepentimiento que Jesús pidió.

Además, este hombre se fue justificado sin realizar ninguna obra de penitencia, sin hacer ningún sacramento o ritual, sin obras meritorias. Su justificación fue completa y sin ninguna de esas cosas, porque era únicamente sobre la base de la fe. Todo lo necesario para expiar su pecado y ofrecer perdón ya había sido hecho en su nombre. Él fue justificado por fe en ese mismo momento. Una vez más, hace un fuerte contraste con el fariseo engreído, que estaba tan seguro de que todo su ayuno, diezmo y otras obras le hacían aceptable a Dios. Pero mientras que el trabajo del fariseo se mantuvo injustificado, el creyente recaudador recibió plena justificación solo por fe.

Hay algo sumamente importante que destacar en todo esto: Jesús, en el Sermón de la Montaña, afirmó:

“Si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos” (Mateo 5:20)

Sin embargo, ahora afirma que este recaudador de impuestos, el más malvado de los hombres en la mentalidad judía, ¡es justificado! ¿Cómo obtuvo tal pecador una justicia que excedía la de los fariseos? Si la norma es la perfección divina (v. 48), ¿cómo puede un cobrador de impuestos traidor llegar a ser justo a los ojos de Dios? La única respuesta posible es que recibió una justicia que no era la suya (Filipenses 3:9). La justicia le fue imputada por fe (Romanos 4:9-11). ¿La justicia de quién le fue reconocida? Sólo podía ser la perfecta justicia de un Sustituto irreprochable, que a su vez debe cargar con los pecados del recaudador de impuestos y sufrir el castigo de la ira de Dios en su lugar. Y el Evangelio nos dice que eso es precisamente lo que Jesús hizo.

El publicano fue justificado. Dios le declaró justo, imputándole la justicia plena y perfecta de Cristo, perdonándole de toda injusticia y librándole de toda condenación. A partir de entonces, siempre estuvo frente a Dios con una justicia perfecta que le había sido otorgada a su favor. Eso es lo que significa la justificación. Es el único Evangelio verdadero. Todos los demás puntos de la teología emanan de ella.

FIDE 6

CONCLUSIÓN

La doctrina más distintiva de la fe evangélica es la justificación por la fe sola. No hay ninguna otra religión en el mundo que tenga semejante enseñanza. No solo es una doctrina distintiva, sino que viene a ser la única solución al problema más importante de la humanidad: su propia injusticia y la ruptura de su relación con el Creador. La justificación por la fe sola es el camino que Dios ha puesto para establecer de nuevo la paz entre Él y sus criaturas. Es el corazón del evangelio, la buena noticia de la Biblia.

Fieles a nuestra herencia protestante, pero sobre todo a la Palabra de Dios, los pentecostales declaramos que el principio de Sola Fide es una enseñanza clave de nuestra fe. La doctrina de la justificación por la fe sola, bien entendida, nos capacita para obedecer. De hecho, es la única fuente duradera de motivación, y el patrón a seguir para vivir la vida cristiana. ¿Por qué? La justificación por la fe es la clave para la vida cristiana porque le da al creyente el derecho legal de participar en las bendiciones celestiales, incluyendo la obra santificadora del Espíritu (Gálatas 3:6-14). La justificación por la fe es también el motor que impulsa la fidelidad a Dios porque garantiza ser aceptado por Él, lo cual libera al creyente para obedecerle radicalmente, incluso arriesgando su vida, confiando que Dios estará siempre con él y obrará todo para bien (Romanos 5:1-5; 8:28-30). Finalmente, la justificación por la fe provee el patrón para la vida cristiana porque en ella Dios muestra su misericordia y generosidad, lo cual motiva asimismo al creyente a mostrar misericordia y generosidad hacia los demás (Mt. 18:21-35). ¡Glorificado sea Dios por tan excelsa doctrina!

FIDE 7

REFERENCIAS:

[1] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios, Artículo 5.

[2] Wriedt, Markus. “Luther’s Theology,” en The Cambridge Companion to Luther. New York: Cambridge University Press, 2003, pp. 88–94.

[3] Jaroslav Pelikan and Helmut Lehmann, eds., Luther’s Works, 55 vols. (St. Louis and Philadelphia: Concordia Publishing House and Fortress Press, 1955-1986), 34:337.

5 SOLAS, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico, Reforma Protestante

Las 5 Solas y el Pentecostalismo

Por Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN

Por años, los teólogos de la Reforma cuestionaron y cambiaron el entendimiento de la salvación del hombre que la iglesia católica abrazaba, junto con toda la teología relacionada al plan de redención. Con el paso del tiempo se hizo necesario resumir todo ese nuevo entendimiento teológico, a fin de que otros pudieran visualizarlo de una manera sencilla, pero no simplista. Esto dio origen a cinco lemas, conocidos como las cinco «Solas» de la Reforma Protestante: Sola Scriptura. Sola Fide. Sola Gratia. Solus Christus. Soli Deo Gloria.

A medida que se establecían, las denominaciones nacidas o derivadas de la Reforma adoptaron, en mayor o menor grado, estos cinco fundamentos, considerándolos claves de su fe. Para los protestantes, las “Cinco Solas” resumen las creencias teológicas básicas de los reformadores del siglo XVI que entraban en contraposición con la doctrina católica.

La palabra latina “sola” significa en español “solo” o “solamente”. Las cinco solas eran, en el entendimiento de los primeros reformadores, como pilares esenciales para la vida y práctica cristianas. Estos cinco puntos teológicos son los que mantienen Wittenberg y el Vaticano irreconciliablemente separados.

SOLA 3

¿CÓMO SURGIERON LAS 5 SOLAS DE LA REFORMA?[1]

Hoy día prácticamente todos los evangélicos se adhieren y confiesan las 5 “Solas” de la Reforma. Las ideas que dieron vida a las 5 “Solas” estuvieron presentes desde la etapa más temprana de la Reforma, pero las frases actuales se desarrollaron en el tiempo. Las frases más tempranas fueron tres: sola scriptura, sola fide y sola gratia. Éstas se encuentran fácilmente en los textos protestantes de inicios del siglo XVI.

      I.        SOLA SCRIPTURA

Para los protestantes la Palabra de Dios es la máxima autoridad en materia de fe y práctica. Por tanto, nada que contradiga la revelación de Dios puede regular la vida del creyente (Gálatas 1:6-10; 2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:3). La expresión “Sola Scriptura” era empleada por los primeros protestantes ya en el siglo XVI. Dicha expresión se encuentra en escritos de los primeros reformadores tan pronto como en 1526 y Bucer la usó en 1536. Más tarde fue adoptada también por Calvino, quien la usó en la Institución III.XVII.8.

Sola scriptura enseña que solo la Biblia es la palabra de Dios autoritativa e inspirada, por consiguiente, la única fuente de autoridad, y que es accesible para todos, es decir, que es capaz de ser entendida con claridad, y se puede auto interpretar por medio de ella misma. Lo anterior significa que la Biblia no necesita interpretación fuera de ella misma, idea que se opone directamente a las enseñanzas tradicionales de la Iglesia católica, la cual enseña que la Biblia sólo puede ser interpretada fielmente por medio de la tradición apostólica; estando ésta representada para la tradición católica por el Magisterio (que es la autoridad de enseñanza que tienen los obispos en unión con el papa). A Sola scriptura a veces se le llama el principio formal de la Reforma, puesto que es la fuente y norma para el principio material, Sola fide.

    II.        SOLA FIDE

De acuerdo con la teología protestante, la salvación solo puede ser recibida cuando ponemos nuestra fe en Aquel que murió por nosotros, excluyendo la posibilidad de que nuestras obras puedan contribuir (Efesios 2:8-9, Romanos 3:28). La expresión “Sola Fide” fue usada célebremente por Lutero en su traducción de Gálatas 3. También la usó en sus lecturas de Gálatas. En 1521; Melanchton la usó en sus Loci Communes (Lugares Comunes, su texto sistemático) exactamente como nosotros lo hacemos hoy. Karlstadt también usó sola fide en su disputa teológica de 1519. La significancia de esto es que estaba ciertamente reflejando, en este punto, lo que Lutero y Melanchton estaban diciendo. La frase también se halló en la obra de François Lambert (1524); Johannes Oecolampadius (1524,1534); Martin Bucer (1527, 1534, 1536, 1545), Heinrich Bullinger (1534, 1557); Pedro Mártir Vermigli (1549) y en Calvino (Institución III.III.1; III.XI.1; I.XI.19; III.XIV.17, etc.). Para los primeros protestantes, la expresión “Sola fide” constituía una declaración de que la justificación (interpretada en la teología protestante como “ser declarado justo por Dios”, y asumida también como “salvación”) se recibe sólo por la fe, sin ninguna mezcla ni necesidad de buenas obras, aunque en la teología protestante clásica, la fe salvadora siempre se evidencia por las buenas obras.

   III.        SOLA GRATIA

En la teología protestante la salvación es un don de Dios. Por tanto, es algo que el pecador recibe de forma inmerecida basada en los méritos de Cristo alcanzados durante su vida, muerte y resurrección (Efesios 2:8). Hasta donde se sabe, el luterano Andreas Bodenstein von Karlstadt, antes de que se radicalizara, fue el primero en usar la expresión “Sola gratia” en sus escritos, usándola repetidamente en su disputa teológica del año 1519. Más adelante fue usada también por Martin Bucer en su Comentario de los Evangelios de 1536 y otra vez en un tratado de 1545. Calvino defendió la noción y usó la frase en su obra Institución de la Religión Cristiana II.III.11 (1536).

El reformador italiano Pedro Mártir Vermiligi la usó en sus lecturas de Romanos en 1558; Wolfang Musculus la usó en sus lecturas de Gálatas y Efesios (1561) y Caspar Olevianus la usó en sus lecturas de Romanos (1579). Para los primeros reformadores, la expresión “Sola gratia” constituía una enseñanza cardinal de la Reforma: que la salvación viene sólo por la gracia divina o gracia de Dios; es decir, por un “favor inmerecido”, no como algo que el pecador haya conseguido por sus propios méritos.

   IV.        SOLUS CHRISTUS

La expresión Solus Christus afinca sus raíces en el pensamiento de Martín Lutero y permanece, al igual que las otras “Solas” de la Reforma, como un testimonio duradero de su influencia en el protestantismo.[2] Para nosotros los protestantes, la salvación se encuentra solo en Cristo, excluyendo así todo otro camino para llegar a Dios (Hechos 4:12). Así pues, Solus Christus enseña que Jesucristo es el único mediador entre Dios y el hombre, y que no hay salvación por medio de ningún otro.

La razón por la cual los reformadores pelearon tan incesantemente por “Solus Christus” fue porque nuestra propia salvación descansa en la persona de Cristo y su obra culminada. La Escritura presenta a Jesucristo como el único mediador entre un Dios Santo y el hombre pecador (1 Timoteo 2:5). Dios salva a pecadores Solus Christus.[3] Solus Christus significa, entonces, que hay un solo Dios y un solo mediador, Jesucristo el Dios Hombre, quien se entregó para salvar a todos los que vienen a él.

    V.        SOLI DEO GLORIA

Soli Deo gloria es un término en latín que significa solo la gloria a Dios. Para el cristiano el propósito de la salvación que recibimos es glorificar a Dios; poner de manifiesto las excelencias o virtudes de su carácter (Efesios 1:4-6; 1 Pedro 2:9). Soli Deo gloria enseña que toda la gloria es sólo para Dios, puesto que la salvación sólo se lleva a cabo a través de su voluntad y acción por medio de la redención todo-suficiente de Jesús en la cruz.

La expresión “Soli Deo Gloria” ha sido utilizada por artistas como Johann Sebastian Bach, Georg Friedrich Händel y Christoph Graupner para indicar que el trabajo fue producido por el bien de alabar a Dios. La frase se ha convertido en una de las cinco solas postuladas para resumir las creencias básicas de los reformadores durante la Reforma protestante. Como doctrina, significa que todo lo que se hace es para la gloria de Dios a la exclusión de auto-glorificación y el orgullo de la humanidad. Los cristianos deben estar motivados e inspirados por la gloria de Dios y no la suya.

SOLA 2

LOS PENTECOSTALES Y LAS “5 SOLAS”

¿Cuál es nuestra postura como pentecostales en relación con las 5 Solas? ¿Las aceptamos como parte integral de nuestra teología y práctica cristiana? Sí. Y esto puede evidenciarse en las Declaraciones de Fe de las principales denominaciones pentecostales.

La “Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios”[4] la cual contiene las 16 doctrinas básicas a las cuales se adscriben las iglesias de las Asambleas de Dios (la mayor denominación pentecostal del mundo) incluye de forma explícita los principios teológicos y doctrinales contenidos en las “5 Solas”. Dicha “Declaración” afirma:

ARTÍCULO 1:
“Las Escrituras, tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento, son verbalmente inspiradas por Dios y son la revelación de Dios para el hombre, la regla infalible y autoritaria de fe y conducta (SOLA SCRIPTURA)”.
ARTÍCULO 2:
“… No es solo un deber de todos en el cielo y en la tierra postrarse ante Él, sino que es un gozo inefable en el Espíritu Santo… rendirle todo el honor y la gloria…” (SOLI DEO GLORIA)
ARTÍCULO 5:
“LA ÚNICA ESPERANZA DE REDENCIÓN PARA EL HOMBRE ES A TRAVÉS DE LA SANGRE DERRAMADA DE JESUCRISTO, el Hijo de Dios… La salvación se recibe a través del arrepentimiento para con Dios y la FE EN EL SEÑOR JESUCRISTO. El hombre se convierte en hijo y heredero de Dios según la esperanza de vida eterna por el lavamiento de la regeneración, la renovación del Espíritu Santo y la JUSTIFICACIÓN POR LA GRACIA A TRAVÉS DE LA FE” (SOLA FIDE, SOLA GRATIA, SOLUS CHRISTUS)

Todas las iglesias de las Asambleas de Dios se adhieren a estas doctrinas que son principios no negociables de la fe.

La Iglesia de Dios (Cleveland), otra de las mayores denominaciones pentecostales, también afirma:

“La Iglesia de Dios cree y sostiene la Biblia completa, debidamente trazada [Sola Scriptura]. El Nuevo Testamento es su única regla de gobierno y disciplina. La Iglesia de Dios ha adoptado la siguiente Declaración de Fe como el estandarte oficial de su doctrina. Creemos: En la inspiración verbal de la Biblia… Que Jesucristo es el unigénito del Padre, concebido del Espíritu Santo y nacido de la virgen María. Que fue crucificado, sepultado y resucitó de entre los muertos. Que ascendió al cielo y está hoy a la diestra del Padre como nuestro Intercesor [Solus Christus]… Que la justificación, la regeneración y el nuevo nacimiento se efectúan por fe en la sangre de Jesucristo [Sola Fide, Sola Gratia].”[5]

La Iglesia Cuadrangular, otra denominación importante del pentecostalismo clásico, afirma:

“Creemos que la Biblia fue inspirada por Dios [Sola Scriptura]… Creemos que mientras éramos pecadores, Cristo murió por nosotros perdonando a todo aquel que en Él crea [Solus Christus, Sola Fide]… Creemos que somos salvados por la gracia de nuestro Señor a través de nuestra fe en Él [Sola Gratia][6]

SOLA 4

CONCLUSIÓN

Los pentecostales reconocemos la importancia de las 5 Solas de la Reforma y las incorporamos en nuestra teología y práctica cristiana. Concluyo este artículo con las palabras de Esteban Muñoz de Morales, pastor pentecostal y vicepresidente de las Asambleas de Dios en España quien afirmó en relación con las 5 Solas:[7]

“Lutero vino a señalar que la Palabra de Dios tiene autoridad en sí misma y puede descubrirse para la persona que se acerca a ella…” (SOLA SCRIPTURA)
“La reforma manifestaba que la salvación no depende del esfuerzo humano o de una administración de sacramentos, sino de la gracia de Dios…” (SOLA GRATIA)
“Si Dios es quien trae la salvación, hace la obra completa, sólo él recibe la gloria… Por ello el ser humano no se pone como centro, sino que Cristo es el único que recibe la gloria. No hay ninguna persona que reciba adoración o alabanza fuera de él… que todo sea para la gloria de Dios tiene aplicaciones para nuestra vida cotidiana, porque no es posible darle la gloria a Dios sin una encarnación. El ser humano, como cristiano, no puede glorificar a Dios sin encarnar el mensaje del evangelio. La reforma nos quita del dualismo, de una división entre lo secular y lo sagrado. Se enfatiza una vida integral, las personas deben vivir toda su existencia para dar la gloria a Dios. No es una cuestión de liturgia, sino que en todo en la vida Cristo está presente…” (SOLI DEO GLORIA)
“El hombre y la mujer no pueden salvarse a sí mismos, solo Cristo salva. La fe es la llave maestra de la salvación, como enseñó Pablo…” (SOLA FIDE)
“El principio de solo Cristo nos ayuda a descubrir a Dios como Padre al que tenemos acceso por nuestro hermano mayor, Jesucristo, que nos lleva de la mano a él. La religión popular se suele enfocar en otras ayudas, pero Cristo es el único que nos puede llevar a Dios.” (SOLUS CHRISTUS)

Los pentecostales no necesitamos estar de acuerdo con cada elemento de la teología luterana o reformada para concordar con las “5 Solas”. Valoramos el legado de los reformadores, particularmente de Martín Lutero, y reconocemos sus aportes a la teología. Como parte integrante del protestantismo, los pentecostales nos unimos para proclamar la validez y vigencia de las 5 Solas: ¡Sola Scriptura! ¡Sola fide! ¡Sola gratia! ¡Solus Christus! ¡Soli Deo gloria!

SOLA 5

REFERENCIAS:

[1] Strawbridge, Gregg (1993). «The Five Solas of the Reformation. A Brief Statement» (en inglés). Reformation Celebration en Audubon Drive Bible Church, en Laurel: FiveSolas.com. Consultado el 24 de octubre de 2019.

[2] Stephen J. Nichols, Martin Luther: A Guided Tour of his Life and Thought [Martín Lutero: un recorrido guiado de su vida y pensamiento] (Phillipsburg: P&R Publishing, 2002).

[3] Rod Rosenbladt, Christ Alone [Solo Cristo] (Irvine: NRP Books, 2015).

[4] Declaración de Verdades Fundamentales de las Asambleas de Dios. Disponible en: https://ag.org/es-ES/Beliefs/Statement-of-Fundamental-Truths#15 Consultado el 24 de octubre de 2019.

[5] Declaración de Fe de la iglesia de Dios. Disponible en: http://www.churchofgod.org.es/beliefs/declaration-of-faith consultado el 24 de octubre de 2019.

[6] Declaración de Fe – Iglesia Cuadrangular. Disponible en: http://iglesiacuadrangularplenituddegozo.org/Declaracion_de_Fe.html Consultado el 24 de octubre de 2019.

[7] Protestante Digital, “Las 5 Solas son la esencia de la fe cristiana”. Artículo disponible en: http://protestantedigital.com/cultura/39608/%E2%80%9CLas_cinco_solas_no_son_un_invento_es_la_esencia_de_la_fe_cristiana%E2%80%9D Consultado el 24 de octubre de 2019.