Espiritismo y Ocultismo, REFLEXIÓN BÍBLICA, Religiones Falsas, Satanismo, Vida Espiritual

El desafío de la Nueva Era y el ocultismo.

Por: Fernando E. Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Hoy, en pleno siglo XXI, somos testigos del impresionante resurgimiento de las antiguas prácticas mágicas y ocultistas de las viejas culturas paganas, de modo que el creyente se encuentra frente a un verdadero desafío. ¿A qué tipos de fenómenos nos referimos? La lista es enorme, e incluye las múltiples formas de superstición que atribuyen ciertas características mágicas, o casi mágicas, a ciertos objetos, personas, fenómenos naturales, cuerpos celestes, seres vivos o figuras inanimadas. Dichas prácticas abominables incluyen el uso de amuletos, consulta de horóscopos, astrología, lectura de las cartas, números de la buena o de la mala suerte; la práctica de la brujería, el satanismo, la visita a curanderos, videntes, médiums espiritistas, nigromantes, adivinos, etc. Con tales prácticas, las personas que no conocen a Dios pretenden manipular las fuerzas ocultas y someterlas al propio servicio o de los otros, para obtener poderes especiales, ya sea para el bien (afectos, negocios, salud), o para el mal (mal de ojo, trabajos, maleficios, misas negras, etc.).

A este grupo de prácticas condenadas por Dios pertenecen también diversas creencias tales como la reencarnación, el esoterismo, el espiritismo en sus diferentes formas (es decir el recurso a los espíritus de los muertos para entrar en contacto con ellos y develar el futuro o algún aspecto de este); la masonería, el rosacrucismo, presuntos contactos con los difuntos por medio de ritos o técnicas; sesiones espiritistas, de médiums, tablas de ouija, culto a los ovnis, etc. A esto podemos agregarle las heterodoxas y complejas creencias orientales y de la Nueva Era, tales como ciertas experiencias y técnicas psico-físicas de concentración o de curación (como por ejemplo el reiki, el yoga, la meditación trascendental, el uso de piedras y cristales sanadores, entre otras). Tales creencias y prácticas erróneas insinúan en realidad una determinada visión del hombre y del mundo (karma, reencarnación, etc.) no conformes a la revelación de Jesucristo. Verdaderamente, “Satanás, quien es el dios de este mundo, ha cegado la mente de los que no creen. Son incapaces de ver la gloriosa luz de la Buena Noticia. No entienden este mensaje acerca de la gloria de Cristo, quien es la imagen exacta de Dios.” (2 Corintios 4:4, DHH).

CRISTIANOS ENGAÑADOS.

Pero no solo el mundo está siendo engañado. Muchos cristianos están cayendo en la trampa de la Nueva Era y movimientos neopaganos similares importados de otras naciones; sin embargo, la Biblia nos advierte: “Cuando entres en la tierra que te da el Señor tu Dios, no imites las costumbres abominables de esas naciones. Nadie entre los tuyos deberá sacrificar a su hijo o hija en el fuego; ni practicar adivinación, brujería o hechicería; ni hacer conjuros, servir de médium espiritista o consultar a los muertos. Cualquiera que practique estas costumbres se hará abominable al Señor, y por causa de ellas el Señor tu Dios expulsará de tu presencia a esas naciones. A los ojos del Señor tu Dios serás irreprensible. Las naciones cuyo territorio vas a poseer consultan a hechiceros y adivinos, pero a ti el Señor tu Dios no te ha permitido hacer nada de eso.” (Deuteronomio 18:9-14, NVI). A lo anterior, el Señor añade: “Conviértanse ellos a ti, y tú no te conviertas a ellos.” (Jeremías 15:19).

Dicho de otro modo, a los cristianos se nos manda “no [amoldarnos] al mundo actual, sino [ser] transformados mediante la renovación de [nuestra] mente. Así [podremos] comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta.” (Romanos 12:2, NVI). Tal mandato es completamente razonable si consideramos que “el mundo entero está bajo el control del maligno.” (1 Juan 5:19, NVI) y que “la amistad con el mundo es enemistad con Dios… [y que] Si alguien quiere ser amigo del mundo se vuelve enemigo de Dios.” (Santiago 4:4, NVI). Por tanto, el hijo de Dios no puede ser partícipe de las obras de las tinieblas, so pena de ofender a su Padre, quien les exhorta: “No formen yunta con los incrédulos. ¿Qué tienen en común la justicia y la maldad? ¿O qué comunión puede tener la luz con la oscuridad? ¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? ¿Qué tiene en común un creyente con un incrédulo? ¿En qué concuerdan el templo de Dios y los ídolos? Porque nosotros somos templo del Dios viviente. Como él ha dicho: «Viviré con ellos y caminaré entre ellos. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo». Por tanto, el Señor añade: «Salgan de en medio de ellos y apártense. No toquen nada impuro, y yo los recibiré». «Yo seré un padre para ustedes, y ustedes serán mis hijos y mis hijas, dice el Señor Todopoderoso».” (2 Corintios 6:14-18, NVI).

¿QUÉ HAY CON LA LLAMADA “MAGIA BLANCA”?

A lo largo de las Escrituras, en el Antiguo y Nuevo Testamento, todas las formas de brujería están en violación de la ley de Dios y condenadas (Deuteronomio 18:10-16; Levítico 19:26,31, 20:27; Hechos 13:8-10). Los magos del Faraón intentaron duplicar los milagros hechos por Moisés y Aarón al usar sus “artes secretas”, que se refieren a “las ceremonias o rituales que usan los brujos y magos para lograr sus fines: encantamientos, hechizos, palabras mágicas, amuletos,” etc. (Éxodo 7:11, 8:7). El apóstol Pablo condenó a Elimas el hechicero, proclamándolo un “hijo del diablo”, que estaba lleno de “todo engaño y de toda maldad” y que trastornaba “los caminos rectos del Señor.” (Hechos 13:10). En ninguna parte en la Biblia se presenta a cualquier brujo o mago en una luz positiva. Todos están condenados por Dios.

¿POR QUÉ DIOS ODIA ESTA TIPO DE PRÁCTICAS?

La Escritura dice que Dios odia toda magia. ¿Por qué? Porque no proviene de Dios. Satanás engaña a la gente haciéndoles pensar que la magia blanca es beneficiosa. Puede hacer esto porque pretende ser un ángel de luz (2 Corintios 11:14), pero su deseo es atrapar las almas de tantos como pueda. La Biblia advierte contra él y sus engaños de maldad. “Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.”(1 Pedro 5:8). “Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios.” (1 Timoteo 4:1). El poder espiritual verdadero sólo proviene de Dios, de una relación correcta con él mediante la fe en Jesucristo y del Espíritu Santo que vive en los corazones de los creyentes.

EL QUE NO CONOCE A DIOS, A CUALQUIER “SANTO” LE REZA.

El escritor británico G. K. Chesterton decía que “cuando el hombre deja de creer en Dios, no es que no crea ya en nada, es que cree en cualquier cosa”. ¡Y vaya que tenía razón! Cuando uno se acerca al mundo del ocultismo, una de las cosas que más le llama la atención es esa extraña mezcla de sinceridad y engaño. Es así como lo extraño se convierte en sinónimo de sobrenatural, y lo ridículo en espiritual, pero lo opuesto a la razón no es la fe, sino el absurdo. Es por eso una tragedia que se haya cambiado el milagro por la superchería, la religión por la secta, y la realidad trascendente por el más burdo fraude. Parece como si la misma confianza religiosa que la modernidad puso en la ciencia y la tecnología, despreciando la religión, se deposita ahora con igual fervor en supersticiones y patrañas. ¿Qué seguridad podemos tener de estas cosas?

EL TESTIMONIO SEGURO DE LA PALABRA DE DIOS.

La Biblia invita a consultar su Palabra como una dirección segura, cuyo conocimiento no se puede comparar con nuestra experiencia de ningún fenómeno, “Y si os dijeren: Preguntad a los encantadores y a los adivinos que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos? ¡A la ley y el testimonio!”, dice Isaías 8:19-20. Toda otra vía no produce más que error y engaño. Hoy, el mundo está haciendo las preguntas correctas; desafortunadamente las busca en el lugar incorrecto. No hay nada más importante que saber que la muerte no es el fin y que hay una realidad superior a la terrenal, pero la gente está buscando la respuesta en el lugar equivocado. No podemos confiar en cualquier fuente. No podemos por eso aceptar fenómenos como manifestaciones de espíritus de difuntos, porque la Biblia enseña claramente que el espíritu humano no vaga después de la muerte, sino que tiene un destino inmediato. Por la fe, tenemos seguridad de poder estar con el Señor (2 Corintios 5:8). La muerte, para el creyente es “partir y estar con Cristo” (Filipenses 1:23). Los que rechazan a Dios, sin embargo, vivirán separados de Él, sufriendo el tormento de la ausencia de Aquel que es fuente de toda alegría, luz y vida. Cuando el hombre rico de la parábola de Jesús (Lucas 16:19-31), le pide a Abraham que vuelva Lázaro de los muertos a advertir a sus hermanos, para que no vayan al lugar de tormento donde ahora se encuentra, la respuesta no puede ser más significativa. “Las Escrituras tienen, que atiendan a su testimonio” (v. 29). Si no les hacemos caso, tampoco nos convenceremos, aunque alguien se levante de los muertos (v. 31). Sólo hay Uno que ha venido de la muerte, Cristo Jesús, pero a Él también le conocemos por la Escritura. Sobre ella descansa una fe segura. No en viejas patrañas traídas de oriente, ni en las antiguas creencias de los pueblos paganos.

 

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