Culto a los Muertos, Demonología, Espiritismo y Ocultismo, Guerra Espiritual, Paganismo, Satanismo, Sincretismo, Vida Cristiana, Vida Espiritual

Los cristianos y el Halloween

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Hace unos días, como cada 31 de octubre en el mundo anglosajón (y en algunos países de Latinoamérica influenciados por la cultura estadounidense) se celebró la fiesta pagana conocida como Halloween. Incluso algunos que se identifican a sí mismos como “cristianos” también lo celebraron. Ya en años anteriores hemos oído de uno que otro artista “cristiano” desubicado que considera inofensiva, y hasta ha recomendado, la celebración de dicha fiesta. Pero lo cierto es que, si te llamas a ti mismo cristiano, no puedes, ni debes celebrar el Halloween.

¿HALLOWEEN? ¿POR QUÉ NO?

Halloween es una fiesta de origen pagano que se celebra la noche del 31 de octubre, la víspera del Día de Todos los Santos según el calendario católico, y que tiene sus raíces en el antiguo festival celta conocido como Samhain (pronunciado “sow-in”), que significa “fin del verano” y se celebraba al finalizar de la temporada de cosechas en Irlanda para dar comienzo al “año nuevo celta”, coincidiendo con el solsticio de otoño.

Durante esa noche se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban fiestas y ritos sagrados que incluían la comunicación con los muertos. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos “encontrasen su camino”. Aunque muchas personas consideren que el Halloween es una diversión inofensiva, la verdad es que las prácticas asociadas a esta celebración no lo son. La Biblia dice claramente:

“Nadie entre los tuyos deberá… servir de médium espiritista o consultar a los muertos…” (Deuteronomio 18:10-12, Nueva Versión Internacional)

Y también advierte:

“No quiero que ustedes tengan algo que ver con los demonios. Ustedes no pueden beber de la copa del Señor, y también de la copa de los demonios” (1 Corintios 10:20, 21, Reina-Valera Contemporánea).

Analicemos brevemente el origen del Halloween y sus costumbres.

SAMHAIN

Según la mitología celta, se creía que durante la fiesta pagana de Samhain (la cual se celebraba hace más de dos mil años) los espíritus del Más Allá podían recorrer la tierra y los humanos podían visitar el mundo de los muertos. Para ellos era un día en donde los mundos sobrenaturales chocaban el uno contra el otro. La muerte y los espíritus eran centrales en las ceremonias de Samhain, y siguen siendo temas atractivos para los que celebran Halloween.

Halloween celebra todo relacionado con la muerte y el mundo de las tinieblas. Esta exaltación de lo oscuro contradice lo que la Biblia nos enseña. Jesucristo vino para vencer al príncipe de las tinieblas, Satanás, y precisamente lo hiso al resucitar de la muerte. La esperanza que ofrece Jesús es de gozo, alegría, paz, seguridad y vida eterna. No de miedo, tormento, oscuridad y mucho menos la muerte. La tradición de Samhain ha sobrevivido en los tiempos modernos en las fiestas de Halloween y del Día de Difuntos. Sin embargo, la Biblia enseña que los muertos no pueden interactuar con los vivos (Eclesiastés 9:5).

DISFRACES, GOLOSINAS Y TRAVESURAS

Algunos celtas se disfrazaban de criaturas sobrenaturales para que los espíritus que deambulaban por la tierra creyeran que ellos también eran espíritus y no les hicieran maldades. Otros pretendían apaciguarlos ofreciéndoles dulces. En la Europa medieval, el clero católico terminó adoptando muchas costumbres paganas y animó a sus feligreses a disfrazarse en la víspera del día de Todos los Santos e ir por las casas pidiendo pequeños regalos a cambio de una oración por los difuntos. Pero la Biblia prohíbe mezclar las creencias paganas con el culto al Dios verdadero (2 Corintios 6:17).

FANTASMAS, VAMPIROS, HOMBRES LOBO, BRUJAS Y ZOMBIS

A estos personajes siempre se les ha relacionado con los espíritus malignos. Y la Biblia dice claramente que debemos luchar contra tales espíritus (Efesios 6:12). Así que no estaría bien hacerles una fiesta. Mucho se puede decir sobre lo que nos sucede después de morir. La parábola de Jesús sobre el rico y Lázaro, por ejemplo, nos dice que después de la muerte los justos pasaran a un lugar donde serán confortados y los injustos irán al lugar de tormento mientras esperan el juicio final. Los que han pasado a la eternidad están sujetos a estos lugares. Cuando el rico pidió que Lázaro fuera a advertir a sus familiares sobre las consecuencias de vivir injustamente, Abraham no se lo permitió.

Los detalles en las parábolas de Jesús no son coincidencias. Después en Hebreos 9:2, el apóstol Pablo dice:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”

No hay desorden aquí. No hay fantasmas vagando por el mundo tratando de comunicarse con los vivos. El mundo espiritual esta sujeto a un orden donde Dios tiene toda autoridad. La Biblia sí dice que Satanás y sus demonios se disfrazan como ángeles de luz para engañar. En 1 Corintios 11:14-15 la Palabra de Dios nos dice:

“Porque el mismo Satanás se disfraza de ángel de luz. Así que, no es extraño si también sus ministros se disfrazan de ministros de justicia; cuyo fin será conforme a sus obras.”

Satanás y sus demonios no son mito, si existen. Se aprovechan de personas que creen en fantasmas y zombis pues estos son un engaño de las tinieblas. Tienen como propósito atormentar al ser humano, mantenerlo bajo la opresión del miedo, y evitar a que lleguen a tener un conocimiento verdadero de quien es Dios. Así que el Halloween, de una forma que aparenta ser inofensiva, celebra las cosas que son usadas por el enemigo para causar daño. Bíblicamente, un cristiano no tiene razón para creer en fantasmas ni en zombis. Tampoco tiene razón para estar asustado pues los evangelios nos enseñan que Jesús tiene toda autoridad sobre Satanás y los demonios y que estos ya han sido vencidos al morir Cristo en la cruz y ser resucitado de la muerte.

FAROLES HECHOS CON CALABAZAS

Durante la Edad Media, en Gran Bretaña se acostumbraba ir casa por casa pidiendo comida a cambio de una oración a favor de algún difunto. Los suplicantes llevaban faroles que consistían en nabos ahuecados, cuya vela evocaba al alma atrapada en el purgatorio. Hay también quienes afirman que tales faroles se usaban para espantar a los malos espíritus. Ya en el siglo XIX, en América del Norte se sustituyeron los nabos por calabazas, pues eran más fáciles de conseguir, ahuecar y tallar. Estas costumbres se basan en creencias que carecen de fundamento bíblico, como aquella de que existe el purgatorio y que hay que orar por los muertos.

SUPERSTICIONES, ADIVINANZAS, NECROMANCIA Y ESPIRITISMO

Las supersticiones y las adivinanzas también forman parte de la historia del Halloween. La Biblia habla claramente sobre las personas que tratan de consultar un mago, a un fantasma, o un adivino y que estos hechos no agradan a Dios. Isaías 8:19 dice:

“Si os dicen: Preguntad a los encantadores y a los adivinos, que susurran hablando, responded: ¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”

La razón por la cual a Dios no le agradan estas cosas es porque son una forma de idolatría y llevan a la adoración diabólica. Hacen que las personas no confíen en Dios y contaminan el alma. Otros pasajes bíblicos, que prohíben cosas semejantes relacionadas con el Halloween y el mundo de las tinieblas, son:

“Que no haya en ti nadie que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni nadie que practique la adivinación, ni sea agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni nadie que consulte a los muertos. Al Señor le repugnan todos los que hacen estas cosas, y precisamente por estos actos repugnantes el Señor tu Dios va a expulsar de tu presencia a estas naciones” (Deuteronomio 18:10-12)
“Pero el Espíritu dice claramente que, en los últimos tiempos, algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios” (1 Timoteo 4:1)
“La persona que preste atención a encantadores o adivinos, para prostituirse detrás de ellos, yo pondré mi rostro contra la tal persona, y la eliminaré de su pueblo” (Levítico 20:6)

CONCLUSIÓN

Los principios bíblicos se oponen a la celebración del Halloween. En el Israel del Antiguo Testamento, la brujería era un crimen castigado por la muerte (Éxodo 22:18; Levítico 19:31; 20:6, 27). La enseñanza del Nuevo Testamento con respecto al ocultismo es clara. Hechos 8:9-24, el relato de Simón, muestra que el ocultismo y el cristianismo no se mezclan. El relato de Elimas el hechicero en Hechos 13:6-11 revela que la hechicería está violentamente opuesta al cristianismo. Pablo llamó a Elimas un hijo del diablo, un enemigo de la justicia y pervertidor de los caminos de Dios.

En Hechos 16, en Filipos, una joven adivina perdió sus poderes demoníacos cuando el espíritu maligno fue expulsado por Pablo. El punto interesante es que Pablo rehusó permitir incluso que buenos comentarios vinieran de una persona endemoniada. Hechos 19 muestra a nuevos conversos que abruptamente han dejado atrás su ocultismo confesando sus obras malvadas, trayendo su parafernalia mágica y quemándola frente a todos. (Hechos 19:19). Por todo lo anterior, es evidente que Halloween y el cristianismo no se mezclan entre sí.

Culto a los Muertos, Paganismo, Satanismo, Sincretismo, Tradiciones, Vida Cristiana, Vida Espiritual

La Biblia y el culto a la muerte

Por Fernando E. Alvarado

INTRODUCCIÓN

Antes de proseguir con este artículo quiere aclarar algo: No es mi intención herir susceptibilidades. Ofrezco esta respuesta en un espíritu de mansedumbre y respeto, orando que pueda advertir a los demás y equipar a los cristianos, para que puedan ser capaces de responder a aquellos sin esperanza y sin Cristo en el mundo (Efesios 2:12), cuando ellos nos piden dar una razón de la esperanza que está en nosotros (1 Pedro 3:15).

El Día de los Muertos es una fiesta celebrada en México, Centroamérica, regiones de Sudamérica, y por los latinoamericanos que viven en los Estados Unidos y Canadá. Esta fiesta existe en conexión con las fiestas católicas que caen en el 1 y 2 de noviembre, el Día de Todos los Santos y el Día de los Difuntos. En el Día de los Muertos (que no es otra cosa que culto a los muertos) los amigos y familiares de los fallecidos se reúnen para orar por ellos y llevar a la tumba del difunto comidas favoritas. En México, se elaboran las tradicionales “calaveras de azúcar ” y el “pan de la muerte.” Se crean altares privados en honor de los difuntos y se da homenaje a ellos.

¿CÓMO EMPEZÓ ESTA TRADICIÓN?

Los orígenes de esta fiesta han sido trazados hace miles de años a un festival azteca dedicada a una diosa llamada Mictecacihuatl. Aunque muchos de los que celebran el Día de los Muertos se llaman cristianos, no hay nada cristiano en tales prácticas. La celebración del Día de los Muertos por los paganos es una cosa, pero para los cristianos participar en ella, o tolerarla, no es compatible con la enseñanza bíblica. La fuerza que impulsa a la gente a participar en este evento es la falsa idea de que por medio de sus rituales y prácticas, ellos pueden comunicarse con sus familiares queridos difuntos, que ellos creen que participan en estas ceremonias. Esto simplemente no es verdad.

Bíblicamente, hay un sólo “día” más que los muertos no arrepentidos pueden estar seguros de anticipar: el día en que se presentarán delante de Dios para el juicio final (Apocalipsis 20:11-15). Cuando un alma pasa a la eternidad, o bien entra en la bendita presencia del Señor, o sigue a la espera del juicio final antes de ser echado al infierno eterno. La Biblia dice que:

“Está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio” (Hebreos 9:27).

Esto simple y claramente quiere decir que cuando una persona muere, el cuerpo se desintegra al polvo, pero el alma permanece consciente en el estado en que se habitará por toda la eternidad, ya sea la condenación en el infierno o la gloria eterna con Dios.

En el evangelio de Lucas, Jesús enseñó que Dios ha establecido un abismo infranqueable entre los que están en el cielo y los que están en tormento (Lucas 16:26). La palabra griega traducida “puesta” significa establecer o hacer firme. Cada alma que muere sin Cristo ha perdido toda esperanza. Los muertos no arrepentidos enfrentan una eternidad de sufrimiento indescriptible, la destrucción eterna, lejos de la presencia del Dios y la gloria de su poder. Jesús mismo dijo:

“E irán éstos al castigo eterno, y los justos a la vida eterna” (Mateo 25:46)

Antes de morir, los no arrepentidos disfrutan de la “gracia común” que Dios concede a todas las personas, buenas y malas. Experimentan los olores, sabores y sonidos de la vida; ellos pueden experimentar el amor y otras alegrías que forman parte de la vida. Pero el momento en que mueren sin Cristo, están aislados de tales bendiciones comunes para siempre. Tal como el pasaje citado arriba enseña, después de la muerte viene el juicio.

¿QUÉ PASA CON LOS MUERTOS?

Además de la descomposición del cuerpo que sigue a la muerte (el cuerpo físico vuelve a sus elementos físicos constitutivos: “…porque tú eres polvo y al polvo volverás…” (Génesis 3:19), cualquier otra empresa terrenal termina, y no puede haber más participación en las cosas de la vida (Eclesiastés 9:10). Los muertos no tienen sabiduría que ofrecer a quienes les consultan en el Día de los Muertos, ni son capaces de escuchar o responder a las oraciones que se les ofrece. En el Día de los Muertos, cada celebrante que invoca las almas de los difuntos se involucra en un pecado abominable y sin sentido por completo (Deuteronomio 18:10-12). Sólo Uno es digno y lo suficientemente poderoso como para llamar a los muertos; Él llamará a unos a la resurrección de vida y a otros a resurrección de condenación (Juan 5: 28-29).

Los que han muerto en Cristo pasan inmediatamente a la presencia del Señor. La muerte es sin duda gravosa a los que no tienen esperanza, que están sin Cristo (1 Tesalonicenses 4:13). No obstante, el que conoce al Señor se siente alentado por el conocimiento que así como Jesús murió y resucitó, así también, a través de Jesús, también traerá Dios con Jesús a los que duermen. Porque el mismo Señor Jesús:

“Descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor…”(1 Tesalonicenses 4:16-18)

¡Esta es la verdad real! La Palabra de Dios nos advierte que no consultemos a espíritus y adivinos en Isaías 8:19:

“¿No consultará el pueblo a su Dios? ¿Consultará a los muertos por los vivos?”

Deuteronomio 18:10-11 nos dice que aquellos que consultan a los muertos son “abominables” delante del Señor. El hecho de que la UNESCO ha declarado el Día de los Muertos una “obra maestra del patrimonio oral e intangible de la humanidad” no altera el hecho de que, de acuerdo con las normas bíblicas, los cristianos no deben tener nada que ver con esos mitos (1 Timoteo 4:7, 1:4). Según la UNESCO, las diversas manifestaciones del Día de los Muertos son “representaciones importantes del patrimonio vivo de América y el mundo”; sin embargo, con todo respeto debemos declarar las razones bíblicas por qué esta celebración tradicional es espiritualmente dañina y ofensiva.

¿QUÉ DEBEMOS HACER LOS CRISTIANOS?

Cuando cualquier tradición o costumbre es contraria a la voluntad de Dios expresada en su Palabra, no puede haber ninguna justificación para honrar y preservar la misma. De hecho, aquellos que lo hacen son tontamente provocando la ira de Dios (2 Crónicas 33:6). Como ya hemos visto, la Biblia nos advierte no consultar (o dar audiencia) a los muertos, como ocurre a menudo en el Día de los Muertos. En pocas palabras, el pueblo de Dios debe separarse de tales prácticas pecaminosas, como se hace en el Día de los Muertos, y así evitar la ira que vendrá sobre aquellos que las hacen (Apocalipsis 18:4).

La misión principal de la iglesia es alcanzar a cada grupo étnico y cultura, y hacer discípulos, bautizándolos y enseñándoles a guardar todo lo que Cristo mandó (Mateo 28:19-20), hasta que cada miembro del cuerpo de Cristo se ha conformado a la imagen del Señor Jesús (Gálatas 4:19). Y mientras que haríamos bien en seguir el ejemplo del apóstol, convirtiéndose en todo para todo el pueblo, para que por todos los medios podamos salvar a algunos, esto no quiere decir que cambiemos el mensaje (el evangelio). Más bien, nos humillamos y confiamos en que Dios va a usar su Palabra no diluida para que la bendición de la salvación alcance a aquellos fuera de la fe (1 Corintios 9:22-23).

Nosotros no nos permitimos una alteración creativa del evangelio para eliminar sus aspectos de confrontación, pero lo presentamos en su pureza, aunque sabemos que esto invariablemente ofenderá a algunos, y estos pueden acusar al evangelista veraz de ser intolerante. Esto no es sorprendente porque el Evangelio ha sido siempre una piedra de tropiezo para muchos. El Día de los Muertos está en contraste con el evangelio de verdad que se encuentra en las Escrituras. Como tal, se lo debe evitar como una manifestación más de las mentiras de Satanás, que ronda “como león rugiente, buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8).

EVITANDO SER COMO TODOS LOS PUEBLOS

¿Es permisible que, como creyentes, participemos en actividades relacionadas con el Día de los Muertos, o deberíamos evitarlo por completo? En primer lugar, los creyentes deben evitar cualquier actividad que esté prohibida en la Escritura. Consecuentemente, deben abstenerse de cualquier cosa que tenga un aire de inmoralidad, libertinaje o adoración satánica.

Ya que la Escritura claramente prohibe estas cosas, los cristianos no deberían fomentar nada que promueva o induzca a este comportamiento. Como creyentes, estamos llamados a huir de hechos pecaminosos, no a deleitarnos en ellos. Así que cualquier actividad o fiesta que celebre tales cosas debería ser evitado por completo. Un ejemplo claro en la Escritura es Efesios 5:8-12:

“Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz (porque el fruto del Espíritu es en toda bondad, justicia y verdad), comprobando lo que es agradable al Señor. Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino más bien reprendedlas; porque vergonzoso es aun hablar de lo que ellos hacen en secreto”

La Escritura claramente dicta: Huyan de toda idolatría e inmoralidad (Romanos 13:12-14, Gálatas 5:19-21, Efesios 5:18, 1 Tesalonisenses 1:9, 4:3-8, 1 Pedro 4:3-6). Debemos notar que como creyentes no compartimos la misma fascinación morbosa por la muerte, porque en Cristo hemos sido libertados de la esclavitud de tales cosas (Hebreos 2:15). Consecuentemente, los cristianos no deberían unirse con nuestra sociedad incrédula en celebrar motivos macabros. Aún más, el interés cultural por lo espeluznante y la muerte, insensibiliza los corazones y desvía la atención de lo que es verdaderamente aterrador: el juicio de Dios que le espera a todo aquel que muere sin Cristo (Hebreos 9:27, 10:31).

¿CUESTIÓN DE CONCIENCIA?

Muchos quizá argumenten que el Día de los Muertos no se menciona explícitamente en la Biblia y que, por lo tanto, no hay pecado alguno en su celebración en tanto no se incurra en prácticas de tipo pagano o espiritista. Para muchos quizá sólo se trate de un día de recordación de sus seres queridos que han muerto y reuniones de carácter familiar. Sin embargo, cuando tratamos con aspectos no prohibidos explícitamente en la Escritura, los cristianos deben aplicar principios bíblicos para poder tomar decisiones sabias y piadosas. Dos de los lugares en donde podemos encontrar este tipo de principios son pasajes como Romanos 14-15 y 1 Corintios 8-10, en donde el apóstol Pablo da instrucciones a aquellos que se preguntaban si era correcto que un creyente comiese de lo ofrecido a ídolos. Estos principios por lo general son tratados bajo la categoría de libertad cristiana. Aunque la situación no es exactamente la misma, los principios que Pablo articula en estos pasajes nos proveen con un paradigma para saber cómo aplicar sabiduría bíblica en situaciones similares.

Al tomar este tipo de decisiones, debemos hacernos las siguientes tres preguntas:

(I.- Si participo en esta actividad, ¿Deshonro a Cristo? En 1 Corintios 10:31 Pablo escribe: “…Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios…” Las implicaciones de este versículo son universales y totales. Dicho de manera negativa, los cristianos no deben participar en cualquier cosa que deshonre o reproche el nombre de Cristo. Dicho de manera positiva, los creyentes deben hacer sólo aquello que puede ser hecho para la gloria de Dios. No solamente deberíamos intentar evitar el desapruebo de Dios, pero deberíamos activamente buscar complacerle en todo lo que hacemos (2 Corintios 5:9). Consecuentemente, al pensar en cómo lidiar con éste o cualquier otro día festivo, tenemos que buscar oportunidades de servir al Señor y avanzar la verdad de su evangelio.

(II.- Si participo en esta actividad, ¿Violo mi propia conciencia? En estos mismos capítulos, Pablo presenta claramente que si violamos nuestras propias conciencias cometemos pecado (Romanos 14:22-23, 1 Corintios 8:7). Así que si alguna actividad viola la conciencia de una persona, aún si la misma fuese aceptable para algunos creyentes, tal persona debería evitarla.

(III.- Si participo en esta actividad, ¿Estoy tentando a algún hermano en Cristo a pecar? Pablo nos recuerda que los creyentes deben tener cuidado al practicar su libertad en Cristo para no causar que un hermano o hermana tropiece (1 Corintios 8:12-13). En otras palabras, debemos tener en mente que existen otros cristianos que pueden tener conciencias más sensibles, y por lo tanto debemos evitar ponerles en situaciones que pudieran causar que cometan pecado al violar su conciencia.

CONSIDERACIONES FINALES

Entonces ¿Tenemos los cristianos evangélicos algo que ver con estas fiestas? ¡Absolutamente nada! La Conmemoración a los Fieles Difuntos, o Día de Muertos, es una celebración sincrética (combinación de catolicismo y paganismo) que se realiza el 2 de noviembre complementando al Día de Todos los Santos (celebrado el 1 de noviembre), cuyo objetivo es orar por aquellos fieles católicos que han acabado su vida terrenal y, especialmente, por aquellos que, supuestamente, se encuentran aún en estado de purificación en el Purgatorio. La celebración de esta fiesta dedicada a los difuntos persigue, en la mayoría de las culturas, el objetivo de apaciguar a los muertos más recientes que vagan aún por la tierra sin encontrar el lugar de reposo. La misma Enciclopedia Católica reconoce:

“El Día de los Difuntos […] es el día designado en la Iglesia Católica hispana para la conmemoración de los difuntos fieles. La celebración se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa. […] Ciertas creencias populares relacionadas con el Día de los Difuntos son de origen pagano y de antigüedad inmemorial. Así sucede que los campesinos de muchos países católicos creen que en la noche de los Difuntos los muertos vuelven a las casas donde antes habían vivido y participan de la comida de los vivientes” [1]

The American Encyclopedia dice:

“Elementos de las costumbres relacionadas con la víspera del Día de Todos los Santos se remontan a una ceremonia druídica de tiempos precristianos. Los celtas tenían fiestas para dos dioses principales… un dios solar y un dios de los muertos (llamado Samhain), la fiesta del cual se celebraba el 1 de noviembre, el comienzo del año nuevo celta. La fiesta de los difuntos fue gradualmente incorporada en el ritual cristiano” [2]

El libro The Worship of the Dead (La adoración de los difuntos) señala el origen oscuro de esta festividad al decir:

“Las mitologías de todas las naciones antiguas están entretejidas con los sucesos del Diluvio […] El vigor de este argumento está ilustrado por el hecho de que una gran fiesta de los muertos en conmemoración de ese acontecimiento se observa, no solo en naciones que más o menos se encuentran en comunicación entre sí, sino también en otras extensamente distanciadas, tanto por el océano como por siglos de tiempo. Además, todos celebran esta fiesta más o menos el mismísimo día en que, de acuerdo con el relato mosaico, tuvo lugar el Diluvio, a saber, el decimoséptimo día del segundo mes… el mes que casi corresponde con nuestro noviembre”

¿Qué debemos concluir entonces acerca de esta fiesta? ¿Debemos celebrarla los cristianos? No lo considero correcto, al menos no bíblicamente. Principalmente debido a sus orígenes paganos y su conmemoración de la herejía y la muerte de los perversos en el Diluvio.

REFERENCIAS:

[1] Enciclopedia Católica, Tomo I, pág. 709.

[2] The American Encyclopedia, Tomo XIII, pág. 725.

[3] Colonel J. Garnier, The Worship of the Dead (1904), pág. 4.

Navidad

Nimrod, Semíramis, Tamuz y la Navidad.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

INTRODUCCIÓN.

Mientras que la iglesia tradicional ha elaborado una fantasiosa y sobre elaborada versión del relato navideño, muchos cristianos evangélicos, en su intento por ir en sentido contrario a la religión tradicional, han abrazado su propia mitología anti navideña. Poco les importa a muchos evangélicos si lo que dicen se basa en hechos reales o en puros inventos nacidos del fanatismo religioso. Lo único que parece importarles es atacar una festividad que les parece ofensiva: La Navidad. En esta complicada mitología evangélica 3 personajes resaltan como principales: Nimrod (el personaje bíblico), Semíramis (la casi mitológica reina asiria) y Tamuz (el mitológico dios pagano de la fertilidad).

El mito anti navideño promovido por la iglesia evangélica, y que asocia a Nimrod, Semíramis y Tamuz, enseña que Nimrod nació precisamente el 25 de diciembre. Dicho hombre se unió con su madre que se llamaba Semíramis, de esta unión nació un hijo que se llamó Tamuz. Cuando Nimrod murió, su “madre-esposa” fue quien lo sepultó. Pero Semíramis quiso mantener el poder en Babilonia y afirmó que Nimrod había ascendido al cielo y se había convertido en el sol. Desde este momento, el culto al sol se transformaría en el más antiguo del mundo.

Pero la historia no terminaría ahí. Al paso del tiempo creció un árbol en donde Nimrod había sido sepultado. Semíramis comenzó a enseñar que su “hijo-esposo”, había encarnado en ese árbol y cada día de su natalicio visitaba su tumba y llevaba un sinnúmero de dones, colgándolos en ese árbol. Esta doctrina se propagó por todos los pueblos, siendo uno de ellos Babel y la tierra de Sinar, que posteriormente se llamó Babilonia. De esta forma vino a existir el “árbol” del natalicio de Nimrod. Según dicha enseñanza, lo que hoy se hace en el mes de diciembre es recordar indirectamente el nacimiento de este hombre que fue un malvado y pecador. Los defensores del mito señalan que, cierto o no, en el solsticio de invierno (que por cierto es el 21 de diciembre, no el 25), el árbol sagrado era cortado en memoria de la muerte de Nimrod y decorado, como un rey se adornaría. Así que, el árbol representaría a Nimrod y decorarlo es un símbolo de adoración al dios pagano.

Pero la trama de esta leyenda no concluye ahí. Una vez en el poder, Semíramis quedaría embarazada y afirmaría que los rayos del sol habían concebido al hijo que esperaba (una imitación de la concepción virginal de Cristo), y cuando nació, Semíramis afirmó que su hijo Tamuz era la reencarnación de su esposo Nimrod. Tamuz habría nacido exactamente en el solsticio de invierno, el 25 de diciembre en el calendario babilónico. Semíramis y Tamuz serían adorados como dioses, y con ello se instauraría uno de los cultos más antiguos de la humanidad, el culto a la madre y al hijo. Con el tiempo, Semíramis sería adorada como “Ishtar”, diosa de la fertilidad, y proclamada como “la reina del cielo”.

Así pues, según estos teóricos evangélicos de la conspiración, la Navidad es un invento macabro ideado en el mismo infierno para llevar a muchos hacia la adoración disimulada al Sol (Nimrod), a Tamuz (según ellos hijo de Nimrod y Semíramis) y a Ishtar (Semíramis), dioses paganos. Tal forma de pensar cuenta con muchos adeptos entre los evangélicos, principalmente latinoamericanos, así como en sectas como los testigos de Jehová, los cuales niegan la encarnación de Cristo, la segunda persona de la Trinidad. También puede observarse tal enseñanza en algunos grupos cristianos judaizantes, los cuales buscan etiquetar como pagano todo aquello que no sea judío en su origen.

Es de por sí evidente que toda esta enseñanza, de principio a fin, se basa en suposiciones, mitos e interpretaciones de mitos antiguos. Nimrod apenas es mencionado en la Biblia, Semíramis simplemente no aparece en el texto bíblico y el nombre Tamuz es mencionado una sola vez en los profetas, sin conexión alguna con los otros dos personajes. Esto resulta contradictorio viniendo del sector evangélico, el cual dice basar únicamente en la Biblia sus enseñanzas. La biblia, en cambio, nos manda no fundamentar nuestras ideas y doctrinas en los mitos:

“Llegará el tiempo en que la gente no escuchará más la sólida y sana enseñanza. Seguirán sus propios deseos y buscarán maestros que les digan lo que sus oídos se mueren por oír. Rechazarán la verdad e irán tras los mitos. Pero tú debes mantener la mente clara en toda situación.” (2 Timoteo 4:3-5, Nueva Traducción Viviente).

“Cuando partí hacia Macedonia, te rogué que te quedaras ahí en Éfeso y que frenaras a esas personas cuyas enseñanzas son contrarias a la verdad. No dejes que pierdan el tiempo en debates interminables sobre mitos y linajes espirituales. Esto solo conduce a especulaciones sin sentido alguno, que no ayudan a que la gente lleve una vida de fe en Dios” (1 Timoteo 1:3-4, Nueva Traducción Viviente).

“Pero nada tengas que ver con las fábulas profanas propias de viejas. Más bien disciplínate a ti mismo para la piedad” (1 Timoteo 4:7, La Biblia de las Américas).

“Repréndelos con severidad para fortalecerlos en la fe. Tienen que dejar de prestar atención a mitos judíos y a los mandatos de aquellos que se han apartado de la verdad” (Tito 1:13-14, Nueva Traducción Viviente).

“Porque cuando os dimos a conocer el poder y la venida de nuestro Señor Jesucristo, no seguimos fábulas ingeniosamente inventadas, sino que fuimos testigos oculares de su majestad” (2 Pedro 1:16, La Biblia de las Américas).

Esto debería ser aleccionador para los creyentes evangélicos que han fundamentado toda una doctrina anti navideña en puros mitos, leyendas, fábulas y cuentos paganos. Tristemente, muchos prefieren ignorar las palabras arriba mencionadas. Entender como surgió este modo de pensar nos ayudará a entender los errores de este.

SEMIRAMIS, EL MITO Y LA REALIDAD.

La famosa obra Las Dos Babilonias: La adoración papal prueba ser la adoración de Nimrod y su esposa, escrita por Alexander Hislop puede considerarse como el génesis del mito anti navideño. El libro de Hislop influyó mucho en el pensamiento protestante posterior. Dicha obra fue publicada como folleto en 1853 y, luego de numerosas revisiones y ampliaciones, fue publicada como libro en 1858. Aunque es popular en círculos evangélicos conservadores, dicho libro ha sido calificado por los eruditos como “propaganda de teorías conspiracionales producto de la mezcla de conocimientos rudimentarios sobre la antiguo Medio Oriente y una vívida imaginación” (Bill Ellis Raising the Devil, p. 135, University Press of Kentucky 2000).

Hislop afirma en su libro que la Iglesia católica es en realidad una religión de misterio babilónica, pagana, y que sólo los protestantes adoran al verdadero Jesús y al verdadero Dios. Según Hislop, las prácticas religiosas católicas serían en realidad prácticas paganas incorporadas al cristianismo por el emperador Constantino. Los elementos de la religión pagana de Roma (incluyendo la adoración de la “madre y el hijo”) habrían sido transferidas al cristianismo mediante la fusión de personajes cristianos con personajes de la mitología romana. De esta manera la “diosa-madre” se habría convertido en la “Virgen María” y el “niño-dios Júpiter” en el “niño-dios Jesús”. Según la teoría de Hislop, el origen de la veneración católica la Virgen María se remontaría a la antigua babilonia, a una mujer llamada Semíramis, quien habría originado el culto a la diosa-madre. Dicho culto posteriormente se habría diseminado por el mundo y por la historia tomando el nombre de Ishtar en Babilonia, Isis en Egipto, y Venus, Hestia y Juno en Grecia y Roma. Diferentes nombres, pero siempre desempeñando un lugar principal en los cultos basados en la religión de misterio babilónica.

Respecto a Semíramis, Hislop afirma en su libro que habría sido esposa de Nimrod (fundador de la antigua Babilonia y su religión). Una mujer extraordinariamente hermosa que dio a luz, mediante una concepción pseudo-virginal, a un hijo al que llamó Tammuz. Hislop califica este alumbramiento como un presagio diabólico del nacimiento de Cristo tramado por Satanás. Según Hislop, cuando Nimrod fue asesinado durante el embarazo de Semíramis esta afirmó que su hijo Tammuz era en realidad Nimrod reencarnado, originando el culto a la diosa-madre. Hislop afirma en su libro que, aunque Constantino declaró haberse convertido al cristianismo, en realidad siguió siendo pagano. Bajo la influencia de Satanás, Constantino habría cambiado los nombres de los dioses paganos por nombres cristianos, fusionando ambas creencias con la finalidad de sacar ventajas políticas.

Siendo honestos, debemos decir que Hislop no era un erudito en historia, arqueología o algún área afín. Hislop era un humilde ministro de la Iglesia Libre de Escocia, que se hizo famoso por su abierta crítica contra la Iglesia católica. Fue hijo de Stephen Hislop (fallecido en 1837), de oficio albañil y anciano de la Iglesia Presbiteriana Unida de Escocia. A pesar de su poca erudición en el tema, su obra influyó grandemente en el pensamiento protestante y evangélico posterior. Sus ideas fueron copiadas al pie de la letra por otro ministro protestante llamado Ralph Woodrow, quien popularizó las ideas de Hislop en el evangelicalismo del s. XX.

Ralph Woodrow, un ministro evangélico, conferencista y autor de catorce libros sobre doctrina bíblica y vida cristiana, en su libro “Babilonia, Misterio Religioso” (muy popular aún hoy en varios países de Latinoamérica, por ser su obra más difundida), sostuvo también la tesis propuesta en el siglo XIX por Alexander Hislop, sin embargo, lo que muchos pastores ignoran es que posteriormente, debido a los errores históricos y de sistema de investigación cometidos tanto por Hislop como por él mismo, Woodrow se retractó de sus afirmaciones anteriores en otro libro titulado: The Babylon Connection? (¿La Conexión Babilonia?, 1997). Tristemente, los errores se hicieron doctrina y sus ideas son defendidos hoy en día a capa y espada por muchos pastores y creyentes latinoamericanos principalmente, debido al contexto anticatólico del evangelicalismo en América Latina.

¿QUIÉN ERA REALMENTE SEMÍRAMIS?

I.- LA SEMIRAMIS MITOLÓGICA:

Según una de las muchas leyendas, Semíramis fue hija de una diosa siria llamada Derceto, de rostro de mujer y cuerpo de pez, que la abandonó en el desierto para que pereciese. Unas palomas la cuidaron y alimentaron y un pastor llamado Simas la recogió. Años después, fue la fundadora del reino babilónico. Cuando tuvo la edad suficiente se casó con Oannes, oficial de Nino y gobernador de Siria, a quien siguió en la campaña emprendida por aquel monarca. Determinó por su valor la toma de Bactres y poco tiempo después se casó con el mismo Nino, de quien se libró más tarde haciéndole asesinar. Dueña absoluta del imperio asirio, fundó o reedificó en los pantanos del Éufrates la más bella y célebre ciudad de Oriente y del mundo, Babilonia, a la que rodeó de muros y de fortificaciones inmensas y adornó con palacios suntuosos y jardines colgantes que se han colocado entre las maravillas del mundo. Enseguida, dieron comienzo sus famosas conquistas y las expediciones que parecían una marcha triunfal a través de Asia. Media, Persia, Armenia y Arabia, países ya subyugados por Nino pero que habían recobrado su independencia, fueron sometidos de nuevo. Poco tiempo después incorporó a su reino Egipto, Libia y toda el Asia hasta el Indo, y después de un reinado glorioso de cuarenta y dos años renunció a la corona en favor de su hijo Ninias, que se lo disputaba, y desapareció del mundo, siendo transportada al cielo en forma de paloma.

II.- LA SEMIRAMIS HISTORICA:

Es difícil decidir si Semíramis fue leyenda o realidad, pero lo cierto es que la mayoría de los historiadores especialistas en Asiria y Babilonia conceden a la reina un lugar preponderante entre los personajes históricos, remontando su reinado al siglo IX a. C. De acuerdo con estas doctas opiniones, primero habría existido la mujer, que pasaría después a ser divinizada. Sus hazañas, al menos en parte, son legendarias, pero existió una reina asiria llamada Shammuramat (Semíramis), esposa de Shamshi-Adad V, y a la muerte de su esposo fue regente en nombre de su hijo. Sus victoriosas campañas militares, y el hecho poco común de que fuera una mujer quien gobernara tan vasto imperio, hizo surgir en torno a su nombre el adorno de mil leyendas. Las excavaciones arqueológicas recientes nos permiten conocer un poco sobre su historia. Semíramis nació en Ascalón, que era una ciudad situada en la costa mediterránea en la zona sirio-palestina. Sobre sus padres y su nacimiento existen numerosas leyendas, que no merecen la pena contar porque todas responden a fábulas. Su nombre Semíramis viene de un término asirio que significa “paloma”.

En la ciudad asiria de Asur, que había sido capital de Asiria se descubrieron una serie de estelas que nos aportaran datos muy importantes para conocer la vida de Semíramis. En una de ellas, dice “Sammuramat, dama del palacio de Samsi-Adad, rey del universo, rey de Asiria, madre de Adad-nirari, rey del universo, rey de Asiria, nuera de Salmanasar, rey de las cuatro regiones”. Gracias a esta estela podemos fijar con precisión cronológica la vida de Semíramis. Fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. Semíramis fue la madre de Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C.

Hay otra estela dedicada al rey asirio Adad Nirari III, al Dios ADAD, donde se puede concluir que durante los cuatro primeros años de su reinado 810-807 a. C Semíramis había actuado como regente, pues el rey se encontraba en expediciones militares. El que una mujer fuera regente, es muy importante, pues no había hasta ese momento una mujer que hubiera detentado el poder, siendo la primera que de una forma documentada posee el poder y que además lo hace por un espacio de tiempo prolongado. Sin embargo, parece ser, que el papel de Semíramis en Asiria fue muy escaso a pesar de las abundantes leyendas existentes. En aquella época histórica en Asiria, el poder real era ejercido por los hombres, pues la reina no era más que una mujer asociada, por matrimonio o maternidad a los reyes.

A Semíramis se le atribuyó la construcción de la fabulosa ciudad de Babilonia. La realidad nos indica que no fue así. Si seguimos a Beroso, un sacerdote greco-babilónico del siglo III a.C., en su libro “Historia Caldea” criticó a los escritores griegos por creer erróneamente que Babilonia fue fundada por Semíramis de Asiria, y “por haber cometido el error de escribir que esas maravillosas obras fueron construidas por ella”. Todos los estudios arqueológicos y epigráficos actualmente desarrollados nos dicen que la fundación de la última ciudad de Babilonia fue obra de Nabucodonosor II en el siglo VI a. C., es decir, casi dos siglos después de la vida de Semíramis.

Los descubrimientos arqueológicos desvirtúan también el mito creado por Hislop de que Semíramis era esposa de Nimrod, ya que Nimrod vivió (de acuerdo con el registro bíblico) entre el año 1480 a. C. y el 1450 a. C., mientras que Semíramis, la real e histórica, fue la esposa del rey asirio Samshi Adad IV que gobernó del 823 al 811 a.C. varios siglos después. Además, Semíramis tampoco fue la madre de Tamuz. El hijo de Semíramis fue Adad-nirari que gobernó del 810 al 783 a. C., mucho tiempo después de lo que pretende Hislop en su obra. Nimrod y Semíramis jamás se conocieron.

EL NIMROD BÍBLICO Y EL MITOLÓGICO.

Nuestro segundo personaje es Nimrod. La mención que en la Biblia se hace de Nimrod es bastante limitada; sin embargo, sobre un cimiento tan pobre se ha edificado una complicada mitología evangélica. Como ya se mencionó, Moisés, autor del libro del Génesis, sitúa a Nimrod entre el año 3480 a. C. y el 3450 a. C. Es descrito como hijo de Cus, nieto de Cam, bisnieto de Noé; y como “el primer poderoso en la tierra” y un “vigoroso cazador delante de Jehová” (Génesis 10:8-9). De Nimrod se dice que fue el fundador del primer reino formado después del Diluvio universal y, por ende, el primer rey que existió. El Génesis señala que edificó Babel, Erec, Acad y Calne en la región sur de Mesopotamia, y Nínive, Resén, Rehobot y Cala en el Norte (Génesis 10:10-12). Aunque la Biblia no lo menciona directamente, la tradición ha considerado a Nimrod como el constructor de la Torre de Babel, pero esto no puede ser probado por fuentes bíblicas. Dado que la torre fue edificada en su territorio y durante su reinado, se asume que fue bajo su dirección que la construcción se inició (Génesis 10:10-12), lo cual no dice el texto bíblico. Para peor, las fuentes extrabíblicas señalan lo contrario, alegando que Nimrod no se encontraba en la región de Sinar cuando la construcción comenzó. También se menciona en 1 Crónicas 1:10 y en Miqueas 5:6.

De acuerdo con tradiciones hebreas, Nimrod era descendiente de Mizraim por línea materna, pero su padre fue Cus hijo de Cam, de quien heredó su primera posesión territorial, que pronto extendió. Su nombre se volvió proverbial como un poderoso cazador en oposición a YHWH. Josefo escribió:

“…Fue Nimrod quien los incitó a tal afrenta y menosprecio hacia Dios. Él era un nieto de Cam, el hijo de Noé, un hombre atrevido y de gran fortaleza de manos. Los persuadió de que no le atribuyeran a Dios, como si fuera por medio de él que habían obtenido felicidad, si no a creer que fue su propio esfuerzo lo que les alcanzó esa felicidad. Fue cambiando gradualmente su gobierno en una tiranía, al no hallar otra manera de apartar la gente del temor de Dios, que induciéndolo a una tonta dependencia de su poder… Ahora la multitud estaba más que lista para seguir la determinación de Nimrod, y a considerar una muestra de cobardía el someterse a Dios; y construyeron una torre, sin reparar en dolor, ni siendo en lo más mínimo negligente con el trabajo: y, a causa de la multitud empleada en ello, creció muy alta, más rápido de lo que ninguno hubiera esperado; pero su anchura era tal, y estaba tan fuertemente construida, que a pesar de su gran altura parecía, a la vista, ser menor de lo que realmente era. Fue construida con ladrillos cocidos, pegados con mezcla hecha con brea, de manera que no permitiera el paso del agua. Cuando Dios vio que actuaron tontamente, Él no quiso destruirlos completamente, puesto que no crecieron más sabios por la destrucción de los pecadores anteriores; pero Él causó un tumulto entre ellos, produciendo en ellos idiomas diversos, y causando con esa multiplicidad de idiomas, el no poderse entender unos con otros. El lugar donde construyeron la torre ahora se llama Babilonia, debido a la confusión de esa lengua, la que entendían fácilmente antes; y para los hebreos por la palabra Babel, confusión…” (Josefo, Antigüedades Judías).

En cuanto a la muerte de Nimrod, una tradición extrabíblica sugiere que a Nimrod lo mató un animal salvaje. Otra leyenda afirma que Sem lo mató por hacer que la gente adorara a Baal. Luego descuartizó el cadáver y repartió sus pedazos para desalentar a otros idólatras. Pero su mujer recogió los pedazos y los unió, y luego proclamó que había vuelto a vivir, pero que se había convertido en un dios, muy parecido a la leyenda de Isis y Osiris en la mitología egipcia. Hay otra mención de Nimrod que está en el libro apócrifo de Jaser 27:7, que atribuye su muerte a Esaú (nieto de Abraham), quien supuestamente lo decapitó.

Los mitos y leyendas alrededor de Nimrod son muchos. Algunos de ellos lo colocan viviendo al mismo tiempo que Abraham, en franca contradicción con el texto bíblico, pues la Biblia no menciona ningún encuentro entre Nimrod y Abraham. Tal cosa es poco probable, pues hay una diferencia de siete generaciones entre ellos. Abraham nació alrededor del año 2000 a. C., mientras que Peleg, de quien menciona la Biblia nació poco después de que Dios confundiera las lenguas en la Torre de Babel (Génesis 10:25), nació unos 200 años antes que Abraham. Nimrod era bisnieto de Noé, en tanto que Abraham está separado de Noé por diez generaciones (Génesis 10:11). Sin embargo, tradiciones judías tardías los ponen enfrentándose. Estas tradiciones aparecen por primera vez en los escritos de Pseudo-Philo (Van Der Toorn y Van Der Horst 1990, p. 19), continúa en el Talmud y va a través de escritos rabínicos de la Edad Media, y aún en nuestros días, rabinos contemporáneos siguen añadiendo a estas tradiciones. En general, estas versiones presentan a Nimrod como un hombre opuesto a Dios. Algunas señalan que se autoproclamó un dios y que fue adorado por sus súbditos. En algunas ocasiones su leyenda se entremezcla con la de Nino, el mítico fundador de Nínive.

En relación con Abraham, cuentan las leyendas que una señal en los astros anunció a Nimrod y a sus astrólogos el nacimiento de Abraham, quien pondría fin a la idolatría. Así que Nimrod ordenó matar a todos los niños recién nacidos. Sin embargo, la madre de Abraham escapó y dio a luz secretamente. Algunas versiones la sitúan dando a luz en el campo, donde pasta el ganado, otras, en un establo. Al crecer Abraham se enfrentó a Nimrod y le instó a que desistiera de su idolatría, por lo que Nemrod mandó que fuera quemado. Algunas versiones dicen que se recogió madera durante cuatro años para quemar a Abraham en la hoguera más grande que jamás se hubiera visto. En todas las leyendas Abraham es echado al fuego y sale caminando. En algunas versiones, Nimrod entonces declara la guerra a Abraham. Nimrod se presenta mandando un enorme ejército, pero Abraham trae un ejército de insectos que destruye el de Nimrod. Algunas versiones dicen que un mosquito entró hasta el cerebro de Nimrod volviéndole loco (lo mismo dice la tradición judía que sucedió con Tito, el emperador romano que destruyó el Templo de Jerusalén).

En algunas versiones Nimrod se arrepiente y acepta a Dios, ofreciendo cuantiosos sacrificios, que Dios rechaza. Otras versiones dicen que Nimrod dio a Abraham, como obsequio de reconciliación, el siervo Eliezer, de quien algunas versiones dicen era el propio hijo de Nimrod. Sin embargo, en la Biblia se dice que Eleazar era de Damasco, ciudad siria, y no de Asiria ni de Babilonia, territorios sobre los que gobernó Nimrod. En suma, las leyendas judías sobre Nimrod son abundantes y contradictorias (algunas imitan situaciones que aparecen en otros lugares de la Biblia), pero casi siempre citan a Abraham como su principal antagonista. La misma confrontación se presenta extensivamente en el Qur’an islámico. Pero ya sea que lo presenten como arrepentido al final o no, Nimrod permanece en la tradición hebrea e islámica como un personaje malvado emblemático, y un arquetipo de idolatría. En los escritos rabínicos, incluso los de hoy en día, se hace referencia a él casi invariablemente como “el malvado Nimrod” (en hebreo, נמרוד הרשע‎), y para los musulmanes es “Nimrod al-Taghi” (Nimrod el tirano).

En contraposición a la extensa mitología que sobre él se ha elaborado, la Biblia calla acerca de Nimrod y se limita a mencionarlo apenas en 3 ocasiones, todas ellas brindando escasa información sobre él y sus obras. La biblia no menciona nada sobre la esposa de Nimrod ni se le atribuye ningún hijo. Todo lo que de él se dice fuera de la Biblia son puramente mitos sin fundamento.

TAMUZ EL DIOS DE LA FERTILIDAD.

Nuestro tercer personaje es Tamuz. Tamuz (תַּמּוּז; del acadio du-muzu) es el nombre del dios de la fertilidad extensamente adorado en Mesopotamia, Siria y Palestina; equivalente a Osiris en Egipto y Adonis entre los griegos. Su consorte era la diosa Ishtar (Astarté). Su culto involucraba ritos licenciosos. Se suponía que Tamuz había sido muerto por un jabalí mientras cuidaba sus rebaños. Su esposa lo rescató del averno. Su muerte representaba el principio del invierno. La prolongada estación de sequía era interrumpida por las lluvias de la primavera cuando Tamuz volvió a la vida.

El nombre Tamuz es dado también al décimo mes del calendario hebreo moderno, que comienza su cómputo a partir del mes de Tishrei con la Creación del mundo, y el cuarto mes según el ordenamiento de los meses en la Biblia (junio-julio), que comienza por Nisán, en conmemoración de la salida de los hebreos de la esclavitud en Egipto. El nombre otorgado al mes de Tamuz en la Biblia es simplemente “el cuarto mes”, siguiendo la numeración ordinal, al igual que el resto de los meses del año hebreo en la Torá: “A los nueve días del cuarto mes prevaleció el hambre en la ciudad, hasta que no hubo pan para el pueblo de la tierra” (2 Reyes 25:3). Su nombre actual, Tamuz, tiene sus orígenes en los nombres de los meses de la antigua Babilonia, provenientes del idioma acadio, y de aquí fueron adoptados por los judíos allí desterrados entre 586 a. C. y 536 a. C., luego de haber sido llevados al exilio por el rey Nabucodonosor II.

Tamuz no es recordado en la Biblia como nombre de este mes, sino al nombrar a la deidad homónima, el dios de la primavera y el florecimiento, que, según la mitología babilónica, reinaba durante los tres meses de primavera (Nisán, Iyar y Siván) mientras que en Tamuz, al llegar el verano, Tamuz moría. La única mención de Tamuz en la Biblia aparece en conexión con la costumbre de mujeres que hacían duelo por él (Ezequiel 8:14).

Tamuz no es una persona real, sino mitológica. Se le considero esposo de Ishtar (Astarté), quien también era su hermana. Al morir Tamuz, Ishtar descendió a los infiernos para arrancarle a su hermana, la terrible Ereškigal, el poder sobre la vida y la muerte. Después de darle instrucciones a su sirviente Papsukal, de ir a rescatarla si no regresaba, descendió a la tierra de las tinieblas, Irkalla. Comenzó valiente y desafiante, gritando al portero que abriera la puerta antes de que la echase abajo. Pero en cada una de las siete puertas era despojada de una de sus prendas, y con ellas se iba despojando de su poder, hasta que llegó desnuda e indefensa ante Ereškigal, que la mató y colgó su cuerpo en un clavo. Con su muerte, todo el mundo comenzó a languidecer. Pero el fiel Papsukal llegó hasta los dioses y les pidió que creasen un ser capaz de entrar en el mundo de los muertos y resucitase a Ishtar con la comida y el agua de la vida. Así es como Ishtar volvió a la vida. Tamuz también es resucitado, pero tenía que pagar el precio: durante seis meses al año, Tammuz debe vivir en el mundo de los muertos. Mientras está allí, Isthar ha de lamentar su pérdida; en primavera, vuelve a salir y todos se llenan de gozo.

Si, como supone el mito anti navideño, Tamuz es hijo de Semíramis, ¿Por qué entonces los mitos sobre Tamuz ya existían antes del siglo IX a.C., fecha en que vivió la auténtica Semíramis? Algo simplemente no encaja en el cuento de Hislop. Debe recodarse que el mito de Ishtar y Tamuz procede no originalmente de los babilonios, sino de la cultura sumeria o acadia (Inanna y Dumuzi), la cual floreció muchos siglos antes de la época de Semíramis. Simplemente no existe relación alguna entre Semíramis, Tamuz y Nimrod, por lo menos ninguna de carácter histórico.

¿QUÉ DEBEMOS CREER?

Los creyentes deberíamos dejar de lado las teorías de conspiración y enfocarnos en la Biblia y en la comunión los unos con los otros. No hay razón alguna para depositar nuestra confianza en mitos antiguos, dándolos por ciertos y asociándolos con eventos actuales. La navidad real, la celebrada por los verdaderos cristianos, no puede ser relacionada de forma alguna con el mito creado por Hislop.

Si los paganos adoraban a Tamuz e Ishtar, si veneraban al Sol o si adoraban a los árboles es su problema. Pero el árbol en particular, el 25 de diciembre como fecha de la celebración o la Navidad en su totalidad, no tienen porqué ser malos. Si los israelitas fornicaron debajo de los árboles frondosos y sus mujeres hacían tortas para la Reina del cielo y endechaban a Tamuz ¿Qué tiene que ver eso con nosotros los cristianos del s. XXI? La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Colocar o no el árbol, celebrar o no la Navidad, no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no hacerlo están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre.

Hemos sido llamados a enseñar la verdad, a predicar de Cristo y de este crucificado, no a difundir mitos paganos y querer asociarlos con alguna festividad del cristianismo. El efecto logrado por los creyentes anti-Navidad no ha sido el de destruir la Navidad, sino más bien poner en duda todo el marco histórico y doctrinal del cristianismo. En su intento por destruir una fiesta, han logrado sembrar duda entre los inconversos, quienes no sólo ven nuestra división en este tema, sino que también llegan a pensar que el cristianismo como religión se fundamenta en mitos paganos. Necesitamos ser más inteligentes de lo que hemos sido hasta ahora. Pero, sobre todo, menos fanáticos.

Navidad

El Árbol de Navidad, los postes de Asera y los árboles sagrados.

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

Quienes se oponen a las celebraciones navideñas y en particular al uso del árbol de navidad como emblema de esta, señalan a menudo que los árboles siempre tuvieron relación con la idolatría y el culto a dioses paganos. En defensa de su postura citan a menudo diversos textos, fuera de contexto, como los siguientes:

“Guárdate que no hagas alianza con los moradores de la tierra donde has de entrar, porque no sean por tropezadero en medio de ti: Mas derribaréis sus altares, y quebraréis sus estatuas, y talaréis sus bosques (plural ʼasche·rím). Porque no te has de inclinar a dios ajeno; que Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es.” (Éxodo 34:13, Reina Valera Antigua).

 “Porque ellos también edificaron para sí lugares altos, pilares sagrados y Aseras en toda colina alta y bajo todo árbol frondoso.” (1 Reyes 14:23, LBLA).

 “Destruiréis completamente todos los lugares donde las naciones que desposeeréis sirven a sus dioses: sobre los montes altos, sobre las colinas y debajo de todo árbol frondoso.” (Deuteronomio 12:2, LBLA).

 “Y sabréis que yo soy el Señor, cuando sus muertos estén en medio de sus ídolos alrededor de sus altares, en toda colina elevada, en todas las cumbres de los montes, bajo todo árbol verde y bajo toda encina frondosa, lugares donde ofrecían aroma agradable a todos sus ídolos.” (Ezequiel 6:13, LBLA).

 “No plantarás para ti Asera de ninguna clase de árbol junto al altar del Señor tu Dios que harás para ti. Ni levantarás para ti pilar sagrado, lo cual aborrece el Señor tu Dios.” (Deuteronomio 16:21-22, LBLA).

Con base en los textos anteriores, los cristianos anti-navidad afirman que los árboles son un símbolo pagano prohibido para su uso en el cristianismo ¿Es esto cierto? No, el árbol no es un símbolo pagano, es una maravillosa creación de Dios. Si los paganos convierten a los árboles en ídolos, es su problema. Pero el árbol en sí no tiene porqué ser malo. El árbol nos recuerda que Dios es el Creador. Usemos la lógica: si los paganos beben agua, ¿Hay que dejar de beber agua para no contaminarnos? Si los paganos respiran, ¿hay que dejar de respirar?

¿Acaso los israelitas no fornicaron debajo de los árboles frondosos? Sí, eso dice la Biblia. Pero ¿Qué tiene que ver eso con nosotros los cristianos del s. XXI? Si los rebeldes pecaron contra el Señor debajo de los árboles, esto no quiere decir que los árboles sean malos. Dios no recrimina a los árboles sino a los pecadores. Al fin y al cabo, si los árboles son tan peligrosos, ¿Por qué no los quemamos todos?

El tema en todos y cada uno de estos pasajes no son los árboles de Navidad, pues Cristo aún no había venido a la tierra, el cristianismo no existía aún, ni mucho menos existía la práctica de decorar árboles de Navidad; por lo tanto, quien diga que el escritor sagrado pretende atacar nuestra costumbre moderna de decorar árboles de Navidad, miente. Es el culto a la diosa Asera, con su prostitución ritual y prácticas impuras, lo que condena el texto sagrado.

¿QUIÉN ERA ASERA?

Los textos de Ras Shamra identifican a esta diosa como la esposa del dios El, “Creador de las Criaturas”, y la llaman “señora Asera del Mar” y “Progenitora de los Dioses”, lo que la convierte en madre de Baal. Sin embargo, las funciones de las tres diosas prominentes del baalismo (Anat, Asera y Astarot) debieron intercambiarse fácilmente, como se desprende de las fuentes extrabíblicas, así como del propio registro bíblico. Si bien Astarot figuraba como la esposa de Baal, es posible que a Asera también se la considerase como tal. La forma griega es Astarté, considerada la “diosa de los sidonios” (1 Reyes 11:5).

Como diosa de la fertilidad vegetal, su representación era una estaca o tronco de árbol clavado en el patio de los templos, de los que ya se tienen referencias en el s. XVIII a. C. en la ciudad de Mari, por lo que la palabra Asera sirve también para designar estas estacas sagradas. Asera era también la diosa del amor sexual. Se le conoce entre los babilonios como Ishtar, originalmente llamada Athirat (o Afdirad). Es la gran diosa semítica de la fecundidad. En la Biblia recibe el nombre de Astarot, pronunciación desfigurada de la original ‘Astart, mediante la inclusión de las vocales de la palabra hebrea boset (vergüenza) según la costumbre de los rabinos, para desprestigiar a las divinidades paganas.

En Canaán, el culto a Astarot, muy común entre los cananeos (vecinos de Israel), contaminaría también a muchos israelitas (Jueces 2:13; 3:7; 1 Samuel 7:3-4). La Biblia suministra detalles concretos de ese culto: se veneraba a Astarot bajo la denominación de la «Reina de los cielos» (Jeremías 44:17). Los niños recogían leña por las calles a fin de encender fogatas en su honor; las mujeres hacían tortas sacramentales con su figura; se quemaba incienso y se hacían libaciones para que les fuera propicia, pues se creía que de esta forma los asuntos marcharían mejor.

La adoración de Asera se destacaba por su sensualidad e involucraba la prostitución ritual. Los sacerdotes y sacerdotisas de Asera también practicaban la adivinación. Era simplemente lógico que Dios ordenara la destrucción de dicho culto idolátrico.

LA BIBLIA Y LA ADORACIÓN DE ASERA.

Asera fue representada por el tronco de un árbol sin ramas plantado en la tierra (algo totalmente diferente a nuestro moderno árbol navideño). El tronco generalmente fue tallado en una representación simbólica de la diosa. Debido a la asociación con árboles tallados, los lugares del culto de Asera fueron llamados comúnmente “de Asera” y la palabra hebrea “Asera” puede referirse a la diosa o a un bosquecillo de árboles, de modo que la palabra hebrea ʼasche·ráh (plural ʼasche·rím) puede referirse tanto a un poste sagrado que representa a Asera, diosa cananea de la fertilidad (Jueces 6:25, 26) como a la propia diosa Asera. (2 Reyes 13:6) Sin embargo, no siempre es posible determinar si cierto texto en particular se refiere al objeto idolátrico o a la diosa. Algunas versiones traducen esta palabra como “poste sagrado”, pero la transliteran o adoptan otra solución cuando parece referirse a la diosa. Otras no intentan hacer una diferencia, sino tan solo transliteran la palabra hebrea o la traducen siempre “poste sagrado”. Por otra parte, algunas versiones antiguas la suelen traducir “bosque” (Scío; Val, 1909), traducción que resulta del todo impropia en textos como 2 Reyes 23:6 y 2 Crónicas 24:18, donde se habla de sacar el “bosque” del templo de Jerusalén y de servir a los “bosques”.

Los postes sagrados. Al parecer los postes sagrados estaban en posición vertical, y estaban hechos de madera, o por lo menos tenían partes de ella, pues a los israelitas se les ordenó que los cortasen y los quemasen. (Éxodo 34:13; Deuteronomio 12:3.) Posiblemente fueron simples postes sin tallar, y quizás, en algunas ocasiones, incluso árboles, puesto que al pueblo de Dios se le dijo: “No plantarás ningún árbol para Asera cerca del altar de Jehová tu Dios, que tú te habrás hecho”. (Deuteronomio 16:21.)

Israel y Judá pasaron por alto el mandato expreso de Dios de no erigir columnas sagradas y postes sagrados, y los colocaron sobre “toda colina alta y debajo de todo árbol frondoso” junto a los altares que usaban para sacrificios. Se ha afirmado que los postes representaban la feminidad, mientras que las columnas representaban la masculinidad. Estos objetos idolátricos, probablemente símbolos fálicos (representaciones del órgano copulador masculino), guardaban relación con orgías sexuales, como lo indica el que ya desde el tiempo del reinado de Roboam hubiera prostitutos (sodomitas) en el país. (1 Reyes 14:22-24; 2 Reyes 17:10.) Solo en raras ocasiones hubo reyes, como Ezequías (y Josías), que quitaron los lugares altos e hicieron pedazos las columnas sagradas y cortaron los postes sagrados. (2 Reyes 18:4; 2 Crónicas 34:7).

Ahora bien ¿El problema eran los árboles o lo que los paganos hacían con ellos? La respuesta es obvia. Incluso Jeremías 10:1-16, el pasaje más usado por los amantes de la eiségesis más que de la sana interpretación para justificar su oposición a los árboles navideños, tienen que admitir que dicho pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el propósito de inclinarse ante él y adorarlo (Isaías 44:9-18). No se refiere a que sea malo adornar árboles como elemento decorativo. Los cristianos no adoramos los árboles de navidad, los consideramos un simple elemento decorativo de la temporada navideña, o ¿Podría decirse que lo que se hace actualmente con los árboles de Navidad es lo mismo que lo que los paganos hacían con los postes sagrados de Asera? ¡Absolutamente no! Entonces ¿Por qué se juzga nuestra conciencia y libertad cristiana por lo que los paganos hicieron con sus árboles siglos antes que naciera el cristianismo?

LA ADORACIÓN DE LOS ÁRBOLES ENTRE LOS PAGANOS Y SU ORIGEN.

Es innegable que los árboles han jugado un rol importante en muchas de las mitologías y religiones, y les han sido dados profundos y sagrados significados durante todas las épocas. Los seres humanos, observando el crecimiento y muerte de los árboles, la elasticidad de sus ramas, la sensibilidad y el anual decaimiento y revitalización de su follaje, los ven como poderosos símbolos de crecimiento, decaimiento y resurrección. Sin embargo, la sacralización de los árboles es más que un simple invento pagano. Es la expresión universal e intercultural de las vivencias del Edén, grabadas de forma indeleble en el subconsciente humano y transmitido a partir de una revelación original.

De todos es conocida la mención de dos “árboles sagrados” en el texto bíblico, los denominados árboles del paraíso. Los árboles del paraíso son dos árboles que aparecen en el Antiguo Testamento en la historia del Jardín del Edén. Uno de ellos es conocido como el “Árbol del conocimiento del bien y del mal” (simplificado como Árbol del Conocimiento; en hebreo עֵץ הַדַּעַת טוֹב וָרָע “Etz haDaat tov V’ra”), ​ y el otro es el “Árbol de la vida”. En este sentido, la veneración de árboles considerados sagrados parece desprenderse de la memoria histórica común a toda la humanidad y su aspiración a recuperar el paraíso perdido por causa del pecado: El árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal (Génesis 1-3). En el Nuevo Testamento, Cristo es presentado como el verdadero árbol de la vida (Isaías 11:1-3, Apocalipsis 2:7; Juan 15:1-2, 14:6, 6:54).

La revelación primigenia llegó a formar parte de las memorias y relatos que acompañaron los pueblos que finalmente se esparcieron por la superficie de la tierra (Génesis 11:1-9). Dichas memorias dieron origen, con el paso del tiempo, a los diversos sistemas de adoración de las naciones, entre ellos la adoración de árboles. Esto puede observarse a través de diversas culturas no necesariamente cercanas:

  • El roble era venerado como un árbol sagrado tanto por los antiguos griegos como por los pueblos celtas, y se decía que era resistente a los rayos.
  • La higuera era considerada por egipcios y griegos como un árbol no sólo sagrado, sino también inteligente. Ellos creían que las hojas de las higueras conversaban con un lenguaje que los hombres primitivos comprendían perfectamente y nosotros hemos olvidado.
  • En la mitología grecorromana, distintos tipos de árboles y otras plantas han sido consagrados a diferentes divinidades. El haya y la encina estaban consagradas a Júpiter. El olivo se consagraba a Minerva. El mirto y el loto, a Venus. El laurel, a Apolo.
  • Los celtibéricos concedían a los árboles sagrados un estatus de símbolo político al servir como centro de reunión de la tribu o incluso como frontera entre unas tribus y otras y hasta no hace demasiado tiempo y especialmente en el norte de España aún se celebraban las reuniones del concejo en torno al árbol principal de la localidad. También podían representar el lugar en el que se celebraban las grandes festividades religiosas de la comunidad, el “nemeton”. Por todo esto, el árbol sagrado de la tribu se convertía en todo un símbolo que podía ser agraviado por los enemigos con el objetivo de crear daño moral.
  • Yggdrasil es el árbol mítico de los nórdicos, que consideraban el “árbol de la vida”, o “fresno del universo”. Los sajones tenían también un árbol sagrado, Irminsul.
  • Los árboles sagrados mitológicos, como el roble de Thor o el ciprés de Kashmar, e incluso otras especies consideradas han sido reconocidas como fuentes de inmortalidad, como el Melocotón en China o el Manzano en la antigua Grecia.
  • En nuestra América, la Ceiba era considerado un árbol sagrado por los mayas, que unía el mundo subterráneo de Xibalba con el mundo de los vivos y situaba una en cada uno de los cuatro puntos cardinales.

LA BIBLIA NOS LLEVA A CONSIDERAR QUE NO TODO SÍMBOLO USADO POR LAS NACIONES PAGANAS TIENE EN SÍ MISMO UN SIGNIFICADO MALO O ESTÁ PROHIBIDO PARA EL PUEBLO DE DIOS. SE NOS MANDA REDIMIR LA CULTURA Y DARLE A LAS COSAS UN SIGNIFICADO “SANTO”.

La higuera era considerada por egipcios y griegos como un árbol sagrado, pero esto no impidió que los profetas hebreos, inspirados por Dios, utilizaran la higuera como símbolo de verdades espirituales o que incluso llegase a ser un símbolo del pueblo hebreo. Los higos y las higueras aparecen en el antiguo y en el nuevo testamento:

  • En el Cantar de los cantares, los brotes de la higuera indican la llegada del verano y el tiempo del amor (Cantares 2:13).
  • En los tiempos bíblicos era muy común que la familia tuviera una higuera en el patio o en la huerta, por su buena sombra y por la facilidad para cultivarla. Por ser un cultivo tan común y tan beneficioso, al igual que la vid, para los profetas representa el ideal de la justicia social y de la paz: que cada familia pueda reunirse y descansar bajo la parra y bajo la higuera (1 Reyes 5:5, Miqueas 4:4, Zacarías 3:10, Jeremías 24:1-10).
  • En Marcos 11:12-25 la higuera seca, símbolo de la falta de fe, es también usada como símbolo de la ciudad que no ha reconocido el paso de Dios.
  • Marcos 13:28-31 relaciona la higuera con los signos de los tiempos (Esta imagen es pronunciada en medio del discurso escatológico).
  • En Lucas 13:6-9 la higuera se usa como símbolo del pueblo de Dios.
  • En Juan 1:48-50: Jesús mismo emplea la figura de la higuera.

Puesto que los egipcios y griegos eran pueblos vecinos o que entraron en contacto con Israel, sería absurdo afirmar que los hebreos desconocían el significado pagano que egipcios y griegos le daban a la higuera. Pero a ellos, incluido los profetas y Jesús mismo, eso no les importó. Emplearon sin problemas de conciencia dicho árbol como símbolo de una realidad diferente. Ellos redimieron para la cultura hebrea un viejo símbolo empleado por los paganos.

Esto mismo puede decirse del olivo, considerado árbol sagrado y venerado por los griegos y romanos, al estar consagrado a la diosa Minerva (Atenea).  Los escritores de la Biblia utilizaron muchas veces el olivo en sentido figurado. Algunas características de este árbol sirvieron para ilustrar la misericordia de Dios, la promesa de la resurrección y una vida familiar feliz. Sin duda, los israelitas apreciaban el olivo por su valioso aceite. Para iluminar las casas, usaban lámparas con mechas que absorbían aceite de oliva (Levítico 24:2). El aceite era esencial en la cocina. Además, protegía la piel contra el sol, y los israelitas lo usaban en la elaboración de jabón para lavar. Los principales productos agrícolas del país eran los cereales, el vino y las aceitunas, por lo que una mala cosecha de olivas era un desastre para las familias israelitas (Deuteronomio 7:13; Habacuc 3:17).

Sin embargo, por lo general abundaba el aceite de oliva. Moisés dijo que la Tierra Prometida era ‘tierra de olivas’, probablemente porque el olivo era el árbol que más se cultivaba en la zona. Debido a su valor y abundancia, el aceite de oliva fue incluso una buena moneda de cambio internacional por toda la región mediterránea. Jesucristo mismo hizo referencia a este árbol y su producto (Lucas 16:5-6). En Salmo 128:3 se compara a los justos y sus descendientes con plantas de olivo. A los siervos de Dios pueda asemejárseles a olivos. David deseaba ser como un “olivo frondoso en la casa de Dios” (Salmo 52:8). Igual que las familias israelitas solían tener olivos alrededor de sus casas, David deseaba estar cerca de Jehová y producir frutos para Su alabanza (Salmo 52:9). El reino de dos tribus de Judá fue como un olivo frondoso, bello de fruto y de forma, mientras se mantuvo fiel a Jehová (Jeremías 11:15-16). El apóstol Pablo no dudó en comparar al pueblo de Dios con el árbol de olivo (Romanos 11:11-24) ¿Acaso no sabía él que era un símbolo de la diosa pagana Minerva?

CONCLUSIÓN.

La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Para esto pueden valerse de símbolos diversos que apuntan hacia la centralidad del Verbo encarnado (y esto incluye el árbol de Navidad). Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Colocar o no el árbol de Navidad en tu casa no significa mayor o menor compromiso con los valores enseñados por Jesús. Hacer una u otra opción debe quedar en la libertad cristiana para decidir sobre asuntos que permiten pluralidad de posibilidades, ya que elegir una de esas posibilidades no contraviene normas fundamentales del ser cristiano. Los que han concluido no hacerlo están en su derecho, lo verdaderamente inquietante es cuando son misioneros de la anti-Navidad y su decisión la quieren hacer válida para los demás y miden la fidelidad al Evangelio con lo que se hace o deja de hacer el 25 de diciembre. A paz nos ha llamado el Señor.

 

 

Navidad

¿Eres un pagano si celebras la Navidad?

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

La polémica de si los cristianos deben celebrar la Navidad, o no, ha estado en discusión por siglos. Hay cristianos dedicados y sinceros en ambos lados del dilema, cada uno con múltiples razones del porque o por qué no se debe celebrar la Navidad en los hogares cristianos. Una razón contra la celebración de la Navidad es que las tradiciones que rodean esta festividad tienen su origen en el paganismo. ¿Es esto cierto? La búsqueda de la información sobre este tema es difícil porque los orígenes de muchas de nuestras tradiciones son tan oscuros que sus fuentes de información a menudo se contradicen entre ellas. Campanas, velas, muérdago y otras decoraciones se mencionan en la historia del culto pagano, pero el uso de estas en el hogar ciertamente no indica retornar al paganismo.

LA RAÍZ DEL PROBLEMA.

Es innegable confesar que antes de la conversión de Constantino al cristianismo en el siglo IV los romanos pasaban una semana adorando a Saturno de manera inmoral durante el festival de Saturnalia (que comenzaba el 17 de diciembre). La celebración era seguida por el culto al “Sol Invicto” para así coincidir (más o menos) con el solsticio de invierno el 25 de diciembre. Pero cuando al cristianismo se le dio una nueva esfera de influencia en el Imperio Romano gracias a Constantino, la Iglesia trató de distanciarse de cualquier clase de paganismo. Esta fue la razón por la cual los cristianos decidieron adorar al Sol de justicia (esto es, Jesucristo) en lugar de al Sol Invicto (Malaquías 4:2). La celebración de la bondad de Dios al enviar a Jesús a la tierra marcó a los creyentes como un pueblo santo, quienes se diferenciaron de la tradición pagana. Por lo tanto, cualquier reclamo contemporáneo que proponga que la conmemoración de la Iglesia de la encarnación se originó en el paganismo es totalmente falso. De hecho, la razón por la que la Iglesia decidió adorar a Jesús por su nacimiento el 25 de diciembre era precisamente para alejarse del paganismo. Si los paganos optan por adorar a sus falsos dioses en el día de Navidad, pueden hacerlo. Pero los cristianos siempre se han negado a inclinarse ante el sol. Ellos adoran al Dios Uno y Trino el 25 de diciembre para recordar la obra de la salvación eterna. En resumen, el día de Navidad, como lo celebraban los cristianos, no tiene nada que ver con el paganismo. Es un día libre de paganismo en el corazón de los verdaderos hijos de Dios. No hay ninguna base para la objeción histórica a la celebración de la Navidad.

Mientras que hay definitivamente raíces paganas en algunas tradiciones, hay muchas más asociadas con el verdadero significado de la Navidad – el nacimiento del Salvador del mundo en Belén. Campanas que tañen para anunciar las buenas nuevas, velas que se encienden para recordarnos que Cristo es la Luz del Mundo (Juan 1:4-9), una estrella que se coloca en la punta del árbol para conmemorar la estrella de Belén y regalos que se intercambian para recordarnos los obsequios de los reyes magos a Jesús, el más grande regalo de Dios a la humanidad.

INCONSISTENCIAS ENTRE AQUELLOS QUE ACUSAN A LA NAVIDAD DE SER UNA FIESTA PAGANA.

Hay una falla más en este argumento. Si de evitar aquello cuyo origen es pagano se trata, todos los cristianos estarían pecando en mayor o menor grado. Es más, tendrían de abandonar por completo la sociedad como la conocen. Por ejemplo:

  • Deberíamos cambiarle nombre a los días de la semana, ya que evocan la adoración de dioses paganos. El día que en español llamamos domingo era originalmente llamado “dies Solis” por los romanos, y aún hoy es nombrado Sunday (día del Sol) en inglés, recordándonos la dedicación de dicho día al sol. Con la llegada del cristianismo, el antiguo día del sol fue renombrado a “die Domini”, día del Señor, santificando un día pagano y dándole un nuevo significado cristiano (justamente lo mismo que se hizo con la Navidad). No obstante, pocos pensarían en satanizar actualmente el domingo debido a su origen pagano, ya que se ha convertido en el principal día de adoración de la cristiandad en general. Lo mismo podemos decir de los otros días: Lunes (Llamado dies Lunae -día de la Luna- por los romanos, ya que honraba a la diosa Selene); Martes (Dies Martis, dedicado a Marte, el dios de la Guerra); Miércoles (Dies Mercurii, dedicado a Mercurio, el dios mensajero. Era muy normal que en este día se anunciaran decisiones y problemas a la familia); Jueves (Este día era conocido por los romanos como dies Jovis y representaba al dios Júpiter o Zeus); Viernes (dies Veneris, dedicado a la diosa del amor Venus); Sábado (Dies Saturni, día en honor al dios Saturno -Cronos para los griegos).

 

  • Algunos meses del año necesitarían ser renombrados:

 

i.- Enero – IANVARIVS: Toma su nombre del dios bicéfalo Janus. Este era el Dios de las puertas, portones, principios y finales -razón por la cual se lo ve representado en tantas puertas-. Como Enero es el mes que abre el año se honró a dicho Dios nombrando al mes que abre el año.

 

ii.- Febrero – FEBRVUARIVS: Proviene de la palabra en Latín “Februare”, la cual nace de Februo, que significa “limpiarse”. Este mes fue nombrado de esta manera ya que en Febrero los romanos realizaban ciertos ritos religiosos, dedicados a Plutón, que tenían una finalidad de conseguir pureza.

 

iii.- Marzo – MARTIVS: Marzo era el primer mes del Calendario Romano antiguo y era nombrado en honor a Marte el dios de la Guerra. Esto era porque en este mes se planeaban todas las campañas militares que tendrían lugar tras el transcurso del año.

 

iv.- Abril – APRILIS: Proviene de “aperio”, que significa abrir. Se dio este nombre a dicho mes ya que en Abril es cuando las plantas comienzan a florecer -ubicándonos en la geografía de Italia. Sin embargo, un gran número de estudiosos señala que también puede estar tomado de los griegos que lo dedicaban a la diosa Afrodita.

 

v.- Mayo – MAIVS: Proviene de la diosa Maia, una de las diosas más ancianas de Roma que también era la diosa de la primavera. Los sacrificios a Maia, madre, Tierra, se ofrecían el primero de Mayo.

 

vi.- Junio – IVNONIVS: Nombrado en honor a la Diosa Juno, Diosa del matrimonio y una de las más poderosas figuras del Olimpo.

 

  • La celebración de cumpleaños debería ser prohibida: Las varias costumbres que la gente observa hoy día al celebrar sus cumpleaños se remontan a mucho tiempo atrás en la historia. Nacen dentro del dominio de la magia, la astrología y la superstición. En la antigüedad, las costumbres de felicitar, dar regalos y hacer una fiesta con las velas encendidas que la completan, tenían el propósito de proteger de los demonios al que celebraba su cumpleaños, y de garantizar su seguridad durante el año entrante. La costumbre de rodear la tarta o pastel con velas viene de la antigüedad. El círculo de velas formaba parte de un ritual que protegía al homenajeado de los malos espíritus durante un año.

 

  • El día de las madres debería ser abolido: esta festividad tiene también un origen pagano. Los romanos llamaron a esta celebración Hilaria cuando la adquirieron de los griegos. Se celebraba el 15 de marzo en el templo de Cibeles o templo de Magna Mater, el cual fue un templo del monte Palatino en Roma dedicado a Cibeles, una diosa frigia, identificada como la personificación de la fértil tierra, una diosa de las cavernas y las montañas, murallas y fortalezas, de la naturaleza y los animales (especialmente leones y abejas). En la mitología griega, era conocida como Rea, la madre de los dioses. Durante tres días se realizaban ofrendas y dádivas en honor a la diosa madre. Los católicos transformaron estas celebraciones para honrar a la Virgen María.

 

Entonces, ¿Eres un pagano si celebras la Navidad, o cualquiera de las fiestas arriba mencionadas? Sí y no. La respuesta depende de lo que adores durante la temporada festiva. Si tus deidades son el dinero, la autoindulgencia y el materialismo, entonces puedes etiquetarte como un pagano de pura cepa. Pero si tu deseo en Navidad es adorar al Dios Trino y darle gracias a Jesús por venir a la tierra, entonces no hay nada pagano en ti.

 

EVITEMOS JUZGARNOS ENTRE CRISTIANOS.

La Navidad es una fiesta cristiana si los celebrantes son cristianos y hacen de la encarnación de Cristo el centro del festejo. Para esto pueden valerse de símbolos diversos que apuntan hacia la centralidad del Verbo encarnado. Los cristianos haríamos bien en dejar de criticarnos unos a otros en este tema. Pablo nos enseñó que la observancia o no de días sagrados es irrelevante en el Evangelio. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Navidad

¿Importa la fecha exacta del nacimiento de Cristo?

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado

Los cristianos que prefieren ignorar la Navidad indican el hecho de que la Biblia no proporciona la fecha del nacimiento de Cristo. Esto es cierto. Cristo no nació el 25 de diciembre. El 25 de diciembre puede no estar ni siquiera aproximado a la fecha en que nació Jesús. Es más, hay sobrados motivos para pensar que el nacimiento de nuestro Señor no ocurrió en esta fecha.

¿CUÁNDO NACIÓ JESÚS REALMENTE?

La Biblia nos proporciona evidencia segura de que Jesús no nació en diciembre, época de invierno en Palestina. En primer lugar, el censo decretado por el emperador romano César Augusto, quien mandó que se empadronara a todos. Todo el mundo tuvo que inscribirse en su propia ciudad, lo cual implicó para José y María hacer un viaje de una semana o más (Lucas 2:1-3). Independientemente de la época del año, a la gente no debió agradarle tener que cumplir con dicho decreto, que quizá tenía el objetivo de fijar impuestos y reclutar hombres para el servicio militar. Pero es poco probable que Augusto hubiera querido agravar la situación obligando a sus súbditos a hacer un largo y difícil viaje en pleno invierno.

Los rebaños de ovejas y los pastores proporcionan otra evidencia de que Jesús no nació en diciembre. La costumbre pastoril en época de primavera y verano en la antigua Palestina era la de hacer pastar a los rebaños en corrales de campo con pasturas en las noches de temperatura templada o suave. En esos días no guardaban a sus ovejas en el establo que usaban en otoño, invierno y días inclementes  La Biblia dice que los pastores vivían a campo raso y guardaban las vigilias de la noche sobre sus rebaños (Lucas 2:8). Los rebaños se quedaban al aire libre desde la semana antes de Pascua a finales de marzo y no volvían hasta mediados de noviembre. Pasaban el invierno resguardados en las majadas, y ese detalle basta para probar que la fecha tradicional de Nochebuena en invierno tiene pocas probabilidades de ser exacta, puesto que el Evangelio nos dice que los pastores estaban en los campos. Porque estaban afuera, cuidando el rebaño de los lobos, los pastores vieron a los ángeles cantando la buena noticia de que un Salvador había nacido en la ciudad de David. Por lo tanto, puede inferirse que el nacimiento de Cristo sólo podría haber ocurrido entre el 21 de marzo, fecha en que inicia la primavera en el hemisferio norte, y el 21 de septiembre, que es cuando comienza el otoño en esa región. Incluso podríamos suponer que Jesús nació tan lejos como en octubre del año 4 a.C.. ¿Cómo lo sabemos? Se puede calcular la temporada en que nació Jesús haciendo una cuenta regresiva a partir de su muerte, que tuvo lugar en la primavera, en la fecha de la Pascua el 14 de nisán, aproximadamente el 6 ó 7 de abril según nuestro calendario (Juan 19:14-16). Jesús tenía unos 30 años cuando comenzó su ministerio, el cual se supone duró tres años y medio. Eso significa que nació a principios de otoño, quizá en octubre (Lucas 3:23).

ALGO MÁS QUE UN DÍA EXACTO…

Llevemos esto un poco más lejos. Cristo no solo no nació el 25 de diciembre, sino que tampoco nació en el año en que se nos ha dicho que nació. Se calcula que Jesús nació algo antes de la muerte de Herodes el Grande, en el año 4 antes de la Era Cristiana. Una fecha entre el 6 y el 4 antes de la Era Cristiana concordaría con esa información histórica, como asume el relato de Mateo del nacimiento, y con lo relatado por Lucas (Lucas 3:23) de que Jesús tenía unos 30 años en el decimoquinto año del emperador Tiberio, estimado el año 27 o 28 de la Era Cristiana. Así pues, Cristo habría nacido en la segunda mitad de septiembre o a principios de octubre del año 4 a.C. y muerto entre el 6 y el 7 de abril del año 30 d.C.

Esto nos lleva a concluir lo siguiente: Rechazar la Navidad por no concordar con la fecha exacta es de por sí ridículo, ya que aún nuestro propio calendario y la numeración misma de nuestros años es incorrecta. Habría que modificar completamente nuestro sistema de contar los años, nuestro calendario en su totalidad. Puesto que la Biblia no nos da una fecha exacta, es obvio que para Dios no es tan importante cuándo ocurrió, sino el suceso en sí: La Encarnación de Cristo. Cristo no nació el 25 de diciembre ¿Y qué? Lo importante es que nació y se convirtió en nuestro Salvador. Lo importante es recordar, celebrar y honrar su nacimiento. Si el 25 de diciembre se eligió como la fecha para hacerlo ¿Cuál es el problema?

Con nuestro propio cumpleaños ocurre algo semejante: Celebramos el día en que nuestra madre nos dio a luz como el día en que nuestra vida inició, y a partir de ahí decimos que tenemos X, Y ó Z años de vida, pero eso no es cierto. Nuestra vida inició meses antes, al momento de la concepción. ¿Quién recuerda celebrar eso? ¿Nos molesta acaso cuando en nuestro cumpleaños se celebra una fecha que no es del todo correcta como el inicio de nuestra vida? ¡Para nada! Entonces, ¿Por qué exagerar el tema de la fecha exacta del nacimiento de Cristo?

¿POR QUÉ ENTONCES DICIEMBRE?

A pesar del dato anterior, todavía queda una interrogante: ¿Por qué, entonces, la Navidad se celebra en diciembre? la historia secular y las tradiciones de la época nos dan la respuesta. La información de una fiesta próxima a la Navidad es la del 18 de diciembre, cuando se celebraba el solsticio de invierno. Dicha festividad recibía el nombre de “Sol Invictus”, un culto al sol proveniente de la antigua Babilonia. Es bien sabido que el típico sincretismo del Imperio Romano los llevaba a incorporar rituales de las culturas propias de los países que dominaban. Ese día era propicio para sus orgías, en las que el sentido común y la razón eran adormecidos. También es sabido que al emperador romano se lo llamaba “Sol” y que así se le veneraba. Más adelante, por decreto imperial se obligó a los ciudadanos a adoptar la fe de los cristianos, a quienes antes el emperador perseguía y masacraba por millares. Posteriormente, se hizo coincidir la festividad del “Sol Invictus” con el día (cierto, pero no conocido) del nacimiento del Hijo de Dios; pero moviendo la festividad una semana adelante, el 25 de diciembre. Así pues, la Navidad comenzó a celebrarse el 25 de diciembre a partir del siglo IV. Tal cambio pretendía resaltar la prevalencia de Cristo sobre el sol: Cristo es el verdadero sol invicto (Malaquías 4:2) Los cristianos del siglo cuarto pretendían con ello cristianizar a los paganos y resaltar la victoria de Cristo sobre los distintos dioses de las naciones. Sólo Cristo merecía ser adorado. Y sólo su nacimiento recordada. El culto a Mitra, Tammuz o cualquier otro dios pagano debía ser exterminado. Asignarle a la Navidad la fecha del 25 de diciembre para su celebración fue el instrumento para lograr dicho objetivo.

LA NAVIDAD YA SE CELEBRABA ANTES.

A pesar de la adopción, en el siglo IV, del 25 de diciembre como fecha oficial para recordar el nacimiento de Cristo, cabe destacar que dicha festividad ya era celebrada antes del siglo IV aunque en otra fecha diferente (el 6 de enero) por las iglesias cristianas orientales de Alejandría, Antioquía, Jerusalén, Constantinopla, Armenia y otras regiones, las cuales denominaban a esta fecha ‘Hagia Phota’ o ‘La Santa Luz’, es decir, la Navidad.

Es innegable que el día exacto del nacimiento de nuestro Señor no ha quedado taxativamente registrado en la Biblia; tampoco en la historia secular. Simplemente la Biblia no nos dice cuando nació Cristo. Algunos ven en ello la prueba de que Dios no desea que celebremos Su nacimiento, mientras que otros ven en esta omisión de la Biblia una tácita aprobación.

Lo cierto es que la omisión bíblica de la fecha exacta del nacimiento de Jesús no es motivo suficiente para “satanizar” la Navidad. Lo importante, en realidad, no es conocer la fecha exacta del nacimiento de Cristo. Tampoco es importante lo que los romanos, griegos o babilonios hacían milenios atrás en la misma fecha. Lo que importa es anunciar y celebrar que Dios se hizo Hombre para salvar al mundo. Importa anunciar y celebrar que Dios envió a su Hijo al mundo, para que todo aquél que en Él crea tenga vida eterna.

Pablo nos enseñó que las fechas exactas y la observancia o no de días sagrados es irrelevante en el Evangelio. Es Cristo y reconocerlo a Él en todo como Señor lo que verdaderamente importa:

“Por tanto, que nadie los critique a ustedes por lo que comen o beben, o por cuestiones tales como días de fiesta, lunas nuevas o sábados. Todo esto no es más que la sombra de lo que ha de venir, pero la verdadera realidad es Cristo. No dejen que los condenen esos que se hacen pasar por muy humildes…” (Colosenses 2:16-18, DHH).

“Hay quien considera que un día tiene más importancia que otro, pero hay quien considera iguales todos los días. Cada uno debe estar firme en sus propias opiniones. El que le da importancia especial a cierto día, lo hace para el Señor. El que come de todo, come para el Señor, y lo demuestra dándole gracias a Dios; y el que no come, para el Señor se abstiene, y también da gracias a Dios… Tú, entonces, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú, ¿por qué lo menosprecias?” (Romanos 14:5-7, 10).

Navidad

El árbol de navidad: ¿Es pecado?

Por: Pastor Fernando Ernesto Alvarado.

Muchos hermanos bien intencionados, pero equivocados, sostienen que la Biblia prohíbe traer árboles a nuestros hogares para decorarlos. Esto es totalmente falso. El pasaje más citado es el de Jeremías 10:1-16, pero este pasaje se refiere a cortar árboles, cincelar la madera para hacer un ídolo y después decorarlo con plata y oro con el propósito de inclinarse ante él y adorarlo (Isaías 44:9-18). El pasaje en Jeremías no puede tomarse fuera de contexto y aplicarse como legítimo argumento contra los árboles de Navidad. Simplemente no es correcto torcer la Escritura de esa manera para justificar nuestra preferencia. Si te llamas creyente no puedes mentir, hacer una mala exégesis del texto o simplemente distorsionar lo que dice la Biblia para atacar un punto de vista al cual te opones.

 

Cuando el argumento bíblico fracasa, muchos recurren al argumento etnocentrista o judaizante para atacar la navidad y la colocación de árboles navideños. Y es que muchos religiosos del Evangelio descartan la costumbre de colocar el árbol de Navidad, y con ello la Navidad misma, por no haber sido nunca parte de las tradiciones o religión judías de las cuales se derivó el cristianismo. Tal razonamiento concluye que, si no fue una costumbre de los pueblos de la Biblia, no es digna de ser considerada o cristianizada. Suelen enfatizar que la adoración de árboles es parte del paganismo, no de la religión bíblica. Pero ¿Es esto cierto? ¡Para nada! El concepto de pagano no puede ser aplicado a todos aquellos elementos que no surgieron dentro de la cultura judía. Solo es aplicable con propiedad a aquellas manifestaciones culturales, cuya esencia riñe con lo que Dios establece en su Palabra. Paganas son prácticas que en esencia y principio se oponen a los que Dios establece: La idolatría, los sacrificios humanos, la promiscuidad sexual, la hechicería y otros asuntos semejantes constituyen prácticas paganas, pero todas las culturas poseen elementos redimibles que pueden utilizarse para honra y gloria de Dios. La Biblia nos da ejemplos de esto: Debe recordarse que los pueblos paganos ofrecían sacrificios de animales, presentaban holocaustos, tenían sacerdotes, construían templos, altares y presentaban ofrendas a sus dioses mucho antes que el judaísmo fuese establecido como tal. ¿Se convirtió en pagana la religión judía por incorporar en su adoración esos elementos usados de forma generalizada por otras naciones, religiones y culturas? Por supuesto que no. Y lo mismo puede decirse del cristianismo. La incorporación de un elemento ajeno a la cultura de los pueblos originales de la Biblia no lo convierte en pagano. Sólo enfatiza la universalidad de la fe y su trascendencia más allá del etnocentrismo judío.

 

SOMOS LLAMADOS A REDIMIR AL SER HUMANO Y SU CULTURA, NO A PERDER EL TIEMPO EN DISCUSIONES.

 

Cuando los primeros cristianos llegaron al norte de Europa, descubrieron que sus habitantes celebraban el nacimiento de Frey, dios del Sol y la fertilidad, adornando un árbol de fresno perenne, en la fecha próxima a la Navidad cristiana. Este árbol simbolizaba al árbol del Universo, llamado Yggdrasil, en cuya copa se hallaba Asgard (la morada de los dioses) y el Valhalla (el palacio de Odín); y en las raíces más profundas estaba Helheim (el reino de los muertos). Posteriormente con la evangelización de esos pueblos, los conversos tomaron la idea del árbol, para celebrar el nacimiento de Cristo, pero cambiándole totalmente el significado. Se dice que Bonifacio (680-754 E.C.), evangelizador de Alemania, tomó un hacha y cortó un árbol que representaba al Yggdrasil (aunque también pudo ser un árbol consagrado a Thor), y en su lugar plantó un pino, que, por ser perenne, simbolizó el amor de Dios, adornándolo con manzanas y velas. Las manzanas simbolizaban el pecado original y las tentaciones, mientras que las velas representaban la luz de Jesucristo como luz del mundo. Conforme pasó el tiempo, las manzanas y las velas, se transformaron en esferas, luces y otros adornos.

 

¿Es suficiente motivo el origen germánico de esta tradición para satanizar el árbol de navidad? No lo creo. El Señor Jesús no vino a fundar una religión, ni siquiera a confirmar al ya decadente y extremadamente legalista judaísmo de su época, él vino a trascender fronteras culturales, económicas, raciales y políticas, pues su mensaje alcanza a todos los hombres. Aunque su advenimiento se produce en el marco de una cultura, pues vino como hombre, su misión tiene un carácter escatológico, es decir, su encarnación es la intervención directa de Dios en la historia, lo que indudablemente deberá tener notoriedad universal de alguna forma.

 

CRISTIANISMO Y RELIGIONES PAGANAS.

 

Resulta irónico que el argumento en contra del árbol de navidad, acusándolo de pagano, es una espada de dos filos que hiere por igual a aquellos que lo usan. Por ejemplo, se suele atacar la Navidad diciendo que la fecha de su celebración concuerda con la celebración del natalicio del dios Mitra, Tammuz o cualquier otro dios pagano, y que los árboles de navidad son la introducción dentro de la iglesia de una vieja costumbre de los pueblos paganos de origen germánico. Pero si se sigue esta línea de razonamiento se debe rechazar mucho más que la Navidad y los árboles de Navidad en sí. De hecho, debería descartarse el relato de los Evangelios en su totalidad. De Mitra, el dios que los legalistas asocian con la Navidad, también se dice que nació de una virgen en una cueva el 25 de Diciembre, que era un maestro itinerante como Jesús, que tuvo 12 discípulos, que le prometió inmortalidad a sus seguidores, que se sacrificó a sí mismo por la paz del mundo, que fue sepultado en una tumba, que resucitó al tercer día, y que fue considerado el Logos, el Redentor, el Mesías, así como “el camino, la verdad y la vida”. ¿Te suena conocido? Y ese es solo un caso. Los paralelos se extienden a muchos otros cultos como el de Baal, Atis, Tammuz y Osiris, por sólo citar algunos.  Si nuestros hermanos que se oponen a la Navidad quieren ser coherentes en su razonamiento, deberían asumir entonces que el cristianismo en su totalidad no sólo es un plagio, sino lo que es peor, el herético producto del paganismo. Pero ¿Es realmente así? Rotundamente no.

 

Entre el cristianismo y las religiones de misterio existen dos diferencias que las separan abismalmente. La primera es que las religiones paganas y de misterio están fundamentadas en mitos que se traspasaban oralmente de una generación a la otra, mientras que el cristianismo está enraizado en hechos históricos, ocurridos en el tiempo y en el espacio, que fueron registrados por escrito por los testigos oculares de esos hechos. Lo segundo es que ninguna religión de misterio posee nada parecido al mensaje del evangelio: Salvación por gracia, por medio de la fe, por cuanto el Dios encarnado, Jesucristo, tomó en la cruz el lugar de los pecadores, muriendo la muerte que ellos merecían por haber violado la ley divina. El mensaje evangélico de la justificación por la fe no solo no encuentra equivalencia alguna en ninguna religión antigua o moderna, sino que es totalmente contrario a cualquier religión o culto pagano. Lo mismo ocurre con el uso del árbol de navidad y su significado en nuestra época.

 

La costumbre moderna de colocar árboles de navidad no tiene nada que ver con lo que los paganos hacían con sus árboles hace siglos, como tampoco las leyendas de Mitra y Tammuz tienen nada que ver con el relato de los Evangelios sobre el nacimiento y vida de Jesús. Parecido no significa necesariamente igualdad o relación alguna. Los cristianos no adoramos a los árboles, no los veneramos, no los consideramos una manifestación de la divinidad. Son simplemente un elemento decorativo que nos recuerda ciertas verdades de la fe cristiana.

 

Aunque el origen del árbol de Navidad, con su carácter decorativo y festivo, suele ser trazado por sus opositores a los cultos paganos con el objetivo de desacreditar su uso, quienes esto hacen no han logrado descubrir que el oro, el incienso y la mirra que llevaron los magos al pesebre, y que el evangelista Mateo destaca como un homenaje al Dios Encarnado, también eran de origen “pagano” en su significado y contexto cultural, y que quien esculpió las figuras que adornaron el templo de Salomón se formó en las artes escultóricas de Tiro, cuyo origen no era judío, sino pagano (1 Reyes 7:1). La Biblia dice que cuando Cristo se establezca en la tierra vendrán los reyes de todas las latitudes del planeta para honrar con sus diversas expresiones culturales al Rey de Reyes y Señor de Señores (Isaías 2:2).  El árbol de Navidad no necesita ser de origen judío, ni ser mencionado en la Biblia para ser considerado como una expresión cultural válida y legítima de celebración.

 

EL ÁRBOL DE NAVIDAD Y SU RELACIÓN CON EL PROTESTANTISMO.

 

Seamos honestos: Si algún elemento relacionado con las celebraciones navideñas puede reclamar ser verdaderamente protestante, es el Árbol de navidad. Aunque el primer árbol de Navidad en la historia moderna fue erigido en una plaza pública en la ciudad de Tallin (Estonia) en 1441 y Riga (Letonia) en 1510, la tradición del árbol de Navidad dentro del protestantismo data del Siglo XVI, cuando Martín Lutero decoró con luces por primera vez un árbol dentro de su hogar. ¿Cómo? ¿Martín Lutero, el gran reformador protestante? Sí, el mismo.

 

La historia cristiana del árbol de Navidad data del Siglo XVI, cuando Martín Lutero decoró con luces por primera vez un árbol dentro de su hogar. Se cuenta que, durante una tarde fría de invierno en un denso bosque Alemán. Martín Lutero no notó que el sol gradualmente se estaba ocultando y el cielo fue oscureciendo. Sus pensamientos estaban centrados en el sermón que estaba preparando, pero los aullidos de lobos y otros animales empezaron a dejarse escuchar. Lutero se sintió atemorizado, e hizo una oración para pedir ser confortado. Continuó caminando y orando a Dios no encontrarse en el camino con algún animal salvaje. De pronto vio hacia arriba y observó un precioso y centellante cielo entre los árboles del bosque. ¿Qué podrá ser?, cuestionó. ¡Estrellas! En medio de esa noche oscura, estaba contemplando luces del cielo guiándole y confortándole, al igual que aquella estrella que guio a aquellos sabios la primera Navidad. Lutero descubrió en ello un espléndido tema para un sermón que luego compartiría. Martín Lutero sonrió ante aquel espléndido cielo, y no tuvo más temor. Sintiéndose más seguro, buscó alrededor un pequeño árbol que pudiera llevar a casa. Encontrando uno, lo cortó y llevó a su hogar.

 

Muy pronto llegó sano y salvo a su casa, y rápidamente preparó aquel pequeño árbol, esperando darle una sorpresa a su familia. Lutero decoró aquel árbol con candiles que se encontraban en el candelero que tenía en la mesa de centro, lo decoró con bellotas, castañas y avellanas de las ramas para recordar los dones que los hombres recibieron de Jesús, reunió a su familia y les narró la experiencia que había tenido en el bosque. De cómo, en el momento en que estaba atemorizado, vio las estrellas parpadeando entre los árboles, como si Dios le estuviese diciendo: ‘No temas, porque yo estoy contigo’”. Esta costumbre se extendió por Alemania al igual que el Protestantismo y, poco a poco, se le añadieron nuevos elementos como bolitas, guirnaldas, etc. Irónicamente, la Iglesia Católica (enemiga declarada de la Reforma) copió esta costumbre protestante con el paso del tiempo, lo cual ha llevado a muchos evangélicos a pensar que la decoración de árboles de Navidad se originó en el catolicismo, lo cual es falso. Martín Lutero merece el título de “padre del árbol de Navidad”.

 

SIMBOLOGÍA CRISTIANA EN EL ÁRBOL DE NAVIDAD.

 

El árbol de Navidad o árbol navideño es un elemento decorativo, típico de la fiesta de Navidad y dotado con un gran valor simbólico, pedagógico y didáctico para transmitir verdades de la fe cristiana. Como muchas otras cosas en nuestras iglesias, es un elemento cultural redimido por el cristianismo y dotado de un significado diferente al que le daban los pueblos no cristianos. A los cristianos verdaderos no nos interesa el simbolismo o uso que los paganos daban a los árboles en la antigüedad. Para nosotros, actualmente, el árbol de Navidad representa una realidad distinta y muy superior. El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda que Jesucristo ha venido a ser Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa al árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de tipo perenne. Por otra parte, el árbol navideño, simboliza la descendencia y brote del Árbol de Isaí que sería Jesús, el culmen de las profecías (Isaías 11:1-10). La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad (1 Juan 5:7). Para su decoración se emplea en la actualidad una gran diversidad de objetos y elementos, con un significado especial fundamentado en los valores bíblicos, no en el paganismo:

 

(1.- ESTRELLA: Colocada generalmente en la punta del árbol, representa la fe que debe guiar la vida del cristiano, recordando a la estrella de Belén (Mateo 2:9-10).

 

(2.- ESFERAS: Al parecer en un principio Bonifacio, misionero a los pueblos germánicos, adornó el árbol con manzanas, representando el fruto del árbol del Edén (Génesis 2:8-9). Hoy día, se acostumbra a colocar bolas o esferas que simbolizan los dones de Dios a los hombres (Efesios 4:7-8).

 

(3.- LAZOS: Representan la unión de las familias y personas queridas alrededor de dones que se desean dar y recibir (Salmo 133:1-3).

 

(4.- LUCES: En un principio velas, representan la luz de Cristo (Juan 1:9-13).

 

Abandonemos de una vez por todas cualquier fanatismo y religiosidad. Reconozcamos lo bueno y redimible en cualquier cultura. Cristo es Dios de los judíos, pero también lo es de las demás naciones de la tierra, las cuales pueden adorarle y celebrar su encarnación según su propia cultura. El arbolito de Navidad es parte de ello. Es un símbolo de la naturaleza y de la vida que la cultura alemana ha puesto a los pies de Cristo para reconocerle y que todo Occidente ha asimilado como un icono que celebra su nacimiento.

 

 

CRISTO SOBREPASA TODA CULTURA Y MERECE SER ADORADO, RECORDADO Y CELEBRADO A TRAVÉS DE CUALQUIER EXPRESIÓN CULTURAL LEGÍTIMA DE LAS NACIONES. ESTO INCLUYE EL ÁRBOL DE NAVIDAD.

 

El nacimiento de Jesús no fue un hecho común y corriente, como tampoco puede serlo la Navidad, que no es otra cosa que la celebración de su advenimiento. Aunque Jesús nació en la más humilde condición, en torno a él se dan hechos que testifican de su universalidad, su grandeza y deidad. Voces de júbilo y gloria irrumpieron en el cielo, y en la tierra se proclamó paz y buena voluntad para con los hombres. Al lugar llegaron los Magos de Oriente guiados por la Estrella para rendir tributo y saludar con beneplácito el nacimiento de Jesús. (Mateo 2:1-12). Los sabios más grandes de la época se inclinaron para honrar al niño. El gesto de estos magos viene a sugerir que Jesús tiene señorío sobre todo conocimiento, cultura o religión. Él era el misterio de Dios que había estado oculto por las edades y que fue revelado como la esperanza de gloria. (Colosenses 1:26-27). El nacimiento de Jesús no fue anunciado en el templo, no se quemó incienso en los altares ni se celebraron ceremonias oficiales para la ocasión. Quienes más cerca estuvieron de él fueron los Magos. Ellos no pertenecían ni a la religión ni a la cultura judía. Hoy diríamos que se trataba de gentes paganas, lo que evidencia que el Señor es también Señor de los paganos, de lo sagrado y de lo secular. Por desconocer esta dimensión de Cristo, es que el arbolito de Navidad, elemento decorativo alusivo al nacimiento de Cristo, está siendo talado por algunos cristianos que buscan lograr su extinción definitiva bajo el alegato de que es de origen pagano.

 

Es muy significativo que las fiestas navideñas tengan el colorido que tienen. Que las casas se pinten con nuevos colores y se decoren con arbolitos y campanas, que las calles se iluminen con luces multicolores, que se canten villancicos por los campos y ciudades; en fin, que la fiesta al más Grande sea la más grande. Lo que no se entiende es por qué muchos cristianos están empeñados en despojar a la Navidad de los símbolos que evocan su contenido. Da la impresión de que si muchos cristianos pudieran suspender la celebración de estas fiestas lo harían sin mayor vacilación. Nuestra posición no debería ser la de oponernos a la Navidad, sino llenarla de sentido, reorientarla y enfatizar en actitud festiva su verdadera sustancia y razón. Algunos cristianos suspiran por un Cristo fuera de la cultura, un Cristo religioso y sectario, excluido de todo ruido y algarabía mundana. Parecen desear un Cristo sin fama y sin fiesta. Por fortuna y para gozo y satisfacción de muchos cristianos, Jesús es el hombre más conocido de la tierra, el más celebrado y adorado, el más influyente y quizás también el más detractado y ofendido. Los cristianos estamos llamados a proclamar su obra y propósito, a sustanciar con su amor y espíritu todas las esferas, no a “defenderlo” de las expresiones culturales que reconocen su grandeza, como es el caso del hoy anatemizado arbolito de Navidad, un símbolo de la naturaleza y de la vida, que la cultura alemana ha puesto a los pies de Cristo para reconocerle y que todo Occidente ha asimilado como un icono que celebra su nacimiento.