"Yo cancelo". Basta con pronunciar estas dos palabras para que, en muchos templos de Latinoamérica, se encienda un aire de batalla espiritual. Junto a sus primas hermanas —“yo disuelvo”, “yo rompo”, “yo anulo” o “yo transmuto”—, esta fórmula se ha convertido en el eco cotidiano de quienes buscan un corte radical con todo lo que les pesa: maldiciones heredadas, malas palabras lanzadas al aire, o esas energías que parecen querer frenarlos en seco. Aunque cada comunidad le da su propio matiz, lo cierto es que el “yo cancelo” ya no se queda en las cuatro paredes de los templos; ha trascendido, se ha colado en la cultura popular y hoy se mezcla, sin complejos, con el lenguaje de la autoayuda y el crecimiento espiritual. Esa mezcla ha hecho que, incluso sin saber bien de dónde viene, mucha gente repita la frase como un recurso para sentirse a salvo. Dentro del mundo pentecostal y carismático, esta práctica es mucho más que una simple declaración: es un recurso casi ritual en las sesiones de liberación, en los cultos de guerra espiritual y en los ayunos colectivos. Se usa como un escudo contra la envidia del vecino, la brujería que se teme a la vuelta de la esquina, o esos ataques invisibles que, según se cree, acechan en el día a día. Frases como “Yo cancelo toda maldición en el nombre de Jesús” o “Disuelvo y transmuto cualquier energía negativa” resuenan con fuerza en los corrillos de oración. Y hoy, gracias al poder de las redes sociales, las predicaciones virales y los devocionales digitales, este estilo de oración ha cruzado fronteras. Lo curioso es que ya no es patrimonio exclusivo de los creyentes: personas alejadas de la fe cristiana han encontrado en estas palabras una especie de amuleto verbal, una manera de tomar el control y plantar cara cuando la vida aprieta.
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¿Esclavos del temor o hijos de Dios? | Un mensaje a los creyentes que creen que pueden ser poseídos por demonios
10:10), viven en un constante temor de los poderes demoníacos, temen evangelizar, hacer misiones, o cualquier otra cosa que tenga que ver con el avance del Reino de Dios por temor a las represalias del mundo espiritual. Quienes se atreven a servir o involucrarse en la guerra espiritual, lo hacen creyendo que “los espíritus de venganza”, como les llaman, vendrán por ellos tarde o temprano y los atacarán (o quizá hasta poseerán a ellos o a uno de los suyos en represalia), como si de una película de terror se tratase. ¡Y no faltará en sus argumentos uno que otro versículo sacado de contexto para respaldar su postura (Salmo 8:2, por ejemplo)!
Los cristianos y el Halloween
Hace unos días, como cada 31 de octubre en el mundo anglosajón (y en algunos países de Latinoamérica influenciados por la cultura estadounidense) se celebró la fiesta pagana conocida como Halloween. Incluso algunos que se identifican a sí mismos como "cristianos" también lo celebraron. Ya en años anteriores hemos oído de uno que otro artista "cristiano" desubicado que considera inofensiva, y hasta ha recomendado, la celebración de dicha fiesta. Pero lo cierto es que, si te llamas a ti mismo cristiano, no puedes, ni debes celebrar el Halloween.
Herejías | La Nueva Reforma Apostólica
La Nueva Reforma Apostólica (NRA) es uno de los movimientos más grandes, más amplios y más poderosos dentro del cristianismo de hoy, pero vuela en gran parte bajo el radar. Incluso los involucrados a menudo no entienden el movimiento en la medida en que incluso puede negar que son parte de ella. Esta confusión se debe al hecho de que NRA no tiene membresía oficial o incluso liderazgo. Más bien, la NRA es una coalición de cristianos, organizaciones e iglesias pentecostales y carismáticos que están unidos por un entendimiento particular e interpretación de ciertas partes de la Escritura. Manifiestan un total desprecio por las opiniones contrarias, las que más bien les resultan “evidencias” de su autenticidad como genuinos representantes del “nuevo mover de Dios” en la iglesia contemporánea. Proponen con agresividad sus modelos de Igle-crecimiento y sus novedosas interpretaciones de antiguas doctrinas del cristianismo histórico. Sostienen que la autoridad bíblica (la Palabra escrita) tiene que estar siempre supeditada a la autoridad de la viva y “dinámica”, Palabra de Dios dada a conocer por la presente actividad del Espíritu mismo. La subordinación de la Escritura a la autoridad del Espíritu Santo, también se ilustra por la aceptación en este movimiento de la validez del don de profecía en la vida de la iglesia contemporánea. De acuerdo con los seguidores de este movimiento, Dios habla hoy con tanta autoridad, como hablaba a los autores bíblicos. Este es un entendimiento existencial de la Palabra de Dios. De acuerdo con esto, sus seguidores creen que el canon bíblico no está cerrado, de modo que la Palabra de Dios escrita no es la autoridad final. Ellos creen que Dios da hoy a la iglesia revelación adicional y que esta nueva revelación es tan autoritativa o aún más autoritativa que la Biblia misma. En este sentido, no están muy lejos de sectas como los mormones, los seguidores de Moon, la Ciencia Cristiana o cualquier otro grupo heterodoxo que añade su propia revelación a la Palabra de Dios.
Herejías | Las maldiciones generacionales
La frase “maldición generacional” o cualquier otra frase similar nunca aparece en las Escrituras, no se encuentra en ninguno de los Testamentos. Esto en sí no es suficiente para desechar la enseñanza como no bíblica. No obstante, el hecho que la frase maldición generacional no se encuentre en las Escrituras debería alertar a los creyentes con criterio sobre la necesidad de ser cuidadosos en este asunto. Debe haber pruebas convincentes cuando se estudia todo el consejo de Dios. Ciertamente, la Biblia parece hacer mención de las llamadas "maldiciones generacionales" en ciertos pasajes (Éxodo 20:5; 34:7; Números 14:18; Deuteronomio 5:9). Y muchos han sabido usar tales versículos para sostener la enseñanza errónea de que Dios castiga a los hijos por los pecados de sus padres. Tal afirmación no es verdadera. Aunque es cierto que los efectos del pecado pueden transmitirse de una generación a la siguiente (la Caída de Adán es un ejemplo de ello, pues sus efectos y consecuencias arrastraron a todos sus descendientes con él), esto no implica una sentencia irrevocable. La lógica nos enseña que cuando un padre tiene un estilo de vida pecaminoso, sus hijos son propensos a tener el mismo estilo de vida pecaminoso también; es decir, copian los mismos patrones de conducta pecaminosa. Es por ello que muchos hijos terminan cometiendo los mismos pecados que sus antepasados y pagando las mismas consecuencias.