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Vosotros no sabéis de qué espíritu sois

𝗣𝗼𝗿 𝗙𝗲𝗿𝗻𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗘. 𝗔𝗹𝘃𝗮𝗿𝗮𝗱𝗼

«Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois.»

Lucas 9:55

¿Lo sabe la iglesia hoy? ¿Sabe a qué espíritu pertenece? Al parecer esto no está claro para muchos que se hacen llamar pentecostales, neopentecostales y carismáticos, algunos de los cuales reciben cualquier expresión del mundo espiritual como si fuera de Dios. Lo cierto es que no toda manifestación espiritual proviene de Dios. El espíritu humano y los espíritus inmundos (demonios) intentan a menudo falsificar la obra del Espíritu Santo, haciendo pasar por sagrado aquello que no es más que desorden, blasfemia y fuego extraño. Si las falsificaciones no fueran posibles, la Biblia no nos lo advirtiera. Juan dijo:

«Amados, no creáis á todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas son salidos en el mundo.» (1 Juan 4:1)

«Y no es maravilla, porque el mismo Satanás se disfraza como ángel de luz.» (2 Corintios 11:14)

La falta de discernimiento espiritual en la iglesia cristiana no es nada nuevo. Durante el Segundo Gran Despertar o Segundo Gran Avivamiento (1790–1840) ocurrido en los Estados Unidos de América, las manifestaciones espirituales eran muy comunes entre las diversas denominaciones protestantes. El pentecostalismo aún no había nacido y, sin embargo, mucho de lo que hoy se ve en algunas iglesias pentecostales modernas, ocurría ya en iglesias metodistas, reformadas y cuáqueras. Asombrado ante tales manifestaciones, José Smith, el gran heresiarca norteamericano y profeta mormón, dijo:

“Uno de los grandes males es que los hombres ignoran la naturaleza de los espíritus: su poder, leyes, gobierno, inteligencia, etc., y cuando se manifiesta algo que parece poder, revelación o visión, suponen que debe ser de Dios. Por eso es que con frecuencia se ve entre los metodistas, los presbiterianos y otros un espíritu que los obliga a acostarse, y durante su operación, suele suspenderse enteramente todo movimiento; lo tienen por el poder de Dios y lo consideran una manifestación gloriosa de El; pero ¿manifestación de qué? ¿Se comunica inteligencia? ¿Se abren las cortinas de los cielos, o se revelan los propósitos de Dios? ¿Han visto a un ángel y conversado con él; o han visto las glorias futuras? ¡No! Antes su cuerpo ha permanecido en un estado inanimado, ha quedado suspensa la operación de su espíritu y toda la inteligencia que nos comunican al levantarse es un grito de «gloria» o «aleluya», o alguna otra expresión incoherente; sin embargo, «han tenido el poder». El cuáquero temblador gira sobre sus pies, movido por una agencia o espíritu sobrenatural, y piensa que está dominado por el Espíritu de Dios; y el saltador brinca y se pone a decir toda clase de extravagancias. El metodista primitivo lanza gritos bajo la influencia de ese espíritu, hasta hendir los cielos con su clamor; mientras que los cuáqueros (o amigos) bajo la influencia, según ellos piensan, del Espíritu de Dios, se quedan sentados quietos y no dicen nada. ¿Es Dios el autor de todo esto? Si no de todo, ¿qué es lo que El reconoce?” (Joseph Smith Jr, Teachings of the Prophet Joseph Smith, pp. 114)

No nos extraña que José Smith no pudiera distinguir la naturaleza, divina o no, de las manifestaciones que presenciaba. Él no era un profeta verdadero y su regla de fe y conducta no era la Biblia. Pero, ¿Qué hay de nosotros, pentecostales y evangélicos en general? Nosotros sí conocemos la Biblia y afirmamos que ella es nuestra autoridad última en materia de fe y práctica ¿La usamos para discernir lo que es espiritualmente correcto? Gunnar Vingren, evangelista y misionero pentecostal sueco, quien sirviera a principios del siglo XX en el Amazonas y el noreste de Brasil, y quien es considerado uno de los fundadores de las Asambleas de Dios en ese país sudamericano, después de enterarse de las manifestaciones extrañas, danzas frenéticas y otros anormalidades que se habían infiltrado en algunas congregaciones pentecostales, dijo:

“Primero cantaron un himno. Luego, todos se quitaron los zapatos y se acostaron en el suelo en círculo. Después de que todos oraron, empezaron a saltar y bailar durante aproximadamente media hora. Luego volvieron a ponerse de rodillas y oraron. Les insté a que dejaran de saltar y bailar, ya que esto no está escrito en el Nuevo Testamento, y era una tontería que debieran abandonar. Dijeron que fueron guiados por el Espíritu Santo. Y uno de ellos fue considerado profeta. Entonces le hablé seriamente y le dije que no es a través de la profecía ni a través de la interpretación de lenguas que debemos ser dirigidos. La verdadera dirección e instrucción proviene de la Biblia. Cuál es la clara e infalible palabra de Dios.» (Diario del pionero, por Ivar Vingren, pág. 116 – CPAD).

SINCRETISMO RELIGIOSO EN EL NEOPENTECOSTALISMO, EL FUEGO EXTRAÑO EN EL ALTAR DEL SEÑOR

La fusión de elementos religiosos ajenos al cristianismo y prácticas sincréticas matiza el universo neo-pentecostal y carismático. Diferentes expresiones que pasan por una mezcla criolla entre el catolicismo-romano, las múltiples expresiones africanas y versiones del espiritismo indígena y creencias y prácticas extraídas del folklore de los pueblos receptores, son el arcoíris de la religiosidad pentecostal en muchos países.

La existencia de trazos de continuidad entre las religiones de origen africano y algunas expresiones del culto neopentecostal y carismático es más que evidente. La afinidad entre el trance/posesión en aquellas y el shouting, danzas extáticas y la vivencia de estados alterados en los cultos neopentecostales y pentecostales con fuerte predominio de cultura afrodescendiente, nos hace sospechar sobre el origen de tales prácticas. Tomemos por ejemplo el caso del candomblé.

El candomblé es una de las religiones afro-originarias practicadas principalmente en Brasil, aunque ha llegado a los países vecinos como Argentina, Paraguay, Uruguay, Venezuela y hasta México. En la parte pública de la ceremonia candomblé, los «santos niños» invocan e «incorporan» a Orichas, cayendo en un estado de trance. Después de caer en trance (en el que entran las mujeres del grupo) los espíritus-sacerdote realizan danzas que simbolizan los atributos de los Orichas, mientras que el babal Orichas o padre del santo (sacerdote principal) dirige las canciones que celebran las acciones del espíritu. Aunque quisiéramos ignorarlo, las similitudes entre estas ceremonias, y ciertas formas de culto neopentecostal son más que evidentes (Véase: Roger Bastide, Le candomblé de Bahia: rite nagô, São Paulo: Companhia das Letras, 2001)

Expresiones similares tienden a repetirse en regiones de Latinoamérica con fuerte influencia de otras religiones afroamericanas como el Umbanda, Quimbanda y Tambor de Mina, Palo, Santería, Abakuá, Hoodoo, así como de otras formas de religiosidad traídas a América procedentes de África. No es casualidad que estas expresiones de religiosidad neopentecostal desordenada y sincrética tienda a ser más comunes en naciones con amplia presencia étnica y cultural africana (como Brasil y los naciones caribeñas, por ejemplo). Tales prácticas están muy arraigadas el el folklore local y simplemente terminan siendo asimiladas por los predicadores neopentecostales.

El pésimo discipulado, la poca formación teológica del cuerpo pastoral, la permisividad y una desmedida tolerancia hacia el sincretismo, han permitido que, además de las influencias de las religiones africanas, existen elementos de las religiones indígenas americanas y del espiritismo en muchas congregaciones neopentecostales y carismáticas.

LA DANZA EN EL ESPÍRITU Y OTRAS EXPRESIONES EXTÁTICAS DE ORIGEN DUDOSO

Este sincretismo no puede ser tolerado en una iglesia pentecostal sana. Debemos ser sumamente cuidadosos con aquello que permitimos en nuestras congregaciones, pues no toda expresión espiritual procede de Dios. Esto es el caso de la llamada «danza en el Espíritu» y otras manifestaciones extáticas que se dan en algunas iglesias. En la Biblia hay varias expresiones bíblicas que se refieren a «danzar» y «bailar». Sin embargo, ningún pasaje de las Escrituras habla de «danzar en el Espíritu». Esta frase es nueva. No es bíblica ni teológica.

Pablo habla de «orar en el Espíritu» (Efesios 6:18) y «cantar en el Espíritu» (1 Corintios 14: 13-17), pero jamás de «danzar en el Espíritu». Como pentecostales no ignoramos las manifestaciones del Espíritu Santo en medio del pueblo de Dios. Sabemos que en algunas ocasiones no es tan fácil controlarse ante el derramamiento del poder de Dios. Sin embargo, la sabiduría divina nos enseña que, por regla general, cuanto más el cristiano está lleno del Espíritu, más control tiene de sí mismo y de sus impulsos (2 Timoteo 1:7). Porque la manifestación del Espíritu Santo trae al creyente la madurez y la sobriedad cristiana:

«Si alguno se cree profeta, o espiritual, reconozca que lo que os escribo son mandamientos del Señor. Mas el que ignora, ignore. Así que, hermanos, procurad profetizar, y no impidáis el hablar lenguas; pero hágase todo decentemente y con orden.» (1 Corintios 14:37-40)

Así pues, el descontrol no es señal de estar totalmente controlado por el Espíritu de Dios, sino todo lo contrario:

«Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas; porque Dios no es Dios de confusión, sino de paz, como en todas las iglesias de los santos.» (1 Corintios 14:32-33, La Biblia de las Américas)

Desafortunadamente, la falta de criterio bíblico y apego a la Palabra ha llevado a muchas iglesias a permitir lo que Dios jamás ha mandado. En muchos casos, lo que algunos creyentes, que se dicen pentecostales, llaman manifestaciones del Espíritu, se parecen más a expresiones espirituales del mundo de las tinieblas:

«Entonces el espíritu inmundo, causándole convulsiones, gritó a gran voz…» (Marcos 1:26, LBLA)

«y [el espíritu inmundo] siempre que se apodera de él, lo derriba, y echa espumarajos, cruje los dientes…» (Marcos 9:18, LBLA)

«Y cuando el espíritu vio a Jesús, al instante sacudió con violencia al muchacho, y éste, cayendo a tierra, se revolcaba echando espumarajos.» (Marcos 9:20, LBLA)

¿Qué clase de espíritus estamos escuchando? ¿Cumplen la norma bíblica las manifestaciones espirituales que vemos vemos nuestras iglesias? Un análisis de nuestras prácticas a la luz de la Biblia nos dará la respuesta. Muchos hoy están siendo engañados por ignorar lo que la Biblia dice. A aquellos que ignoraban el mensaje de la Palabra escrita, anteponiendo sus experiencias espirituales extáticas y prácticamente rayando en el espiritismo, el profeta advirtió:

«¡A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido.» (Isaías 8:20)

Y a nosotros Pablo nos advierte:

«Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios; por la hipocresía de mentirosos…» (1 Timoteo 4:1-2)

Introducir fuego extraño en la adoración a Dios tiene un alto precio: La muerte. Y en el caso que nos compete, muerte espiritual y maldición terrenal (Levítico 10:1-7). ¡Qué seamos iluminados por Dios y que su Espíritu nos conceda discernimiento y sabiduría para contrarrestar toda influencia demoníaca e impura en nuestros servicios de adoración!

Mantener un pentecostalismo sano impedirá que nuestros hermanos de otras tradiciones pequen tildando de «diabólica» la obra del Espíritu o que muchos pentecostales yerren, atribuyendo a Dios lo que es mera imitación humana o, en el peor de los casos, falsificación satánica.

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