Una de las herramientas que Dios ha dado a la iglesia para que sea fortalecida y se desarrolle en un ambiente normal, es el regalo de los dones espirituales; ya que éstos permiten que cada hermano ocupe el lugar que Dios le ha asignado en medio del Cuerpo de Cristo, y aporte conforme el Espíritu le guíe, de tal manera que juntos, cada uno en el lugar y ejerciendo el don que haya recibido de Dios, podamos llevar a cabo el plan y propósito de Dios para este tiempo.
Autor: pensamientopentecostalarminiano
Cristianos en Redes Sociales | ¿En qué estamos fallando?
Keith Green, un cantante y compositor estadounidense de música cristiana, dijo en cierta ocasión: "Decir que eres cristiano porque vas a la Iglesia es como decir que eres hamburguesa porque vas a McDonald’s”. Y aunque la frase no proviene de un gran académico o erudito en teología, nadie pondría en duda la gran verdad que encierran sus palabras. Este mismo razonamiento puede aplicarse a todos aquellos que hemos hecho del estudio de la teología una parte esencial de nuestra vida: “No porque estudies teología significa que conoces a Dios”.
Prima Scriptura y pentecostalidad
¡Hay tanto que los pentecostales podríamos aprender de Wesley (y de otros grandes hombres de Dios que proceden de otras tradiciones) para sanear y perfeccionar nuestro pentecostalismo! ¿Será una utopía soñar con un pentecostalismo así?
Mujeres, don de lenguas y cesacionismo
¿Cesacionismo y desprecio hacia las mujeres? ¿Por qué no me extraña que ambas cosas vayan de la mano? Como lo dije unas líneas atrás, he oído numerosos argumentos en contra del hablar en lenguas, pero pocos tan ridículos y sin sentido como este. Lo curioso de este argumento es más bien la fuente, ya que no estamos hablando de un simple creyente con opiniones extrañas, sino de un erudito cesacionista, el Dr. Lehman Strauss, quien además de ser un reconocido pastor bautista, fue profesor del Instituto Bíblico de Filadelfia y autor publicado con más de una docena de libros. Pareciera más bien que, ante los prejuicios, incluso la Biblia y sus enseñanzas quedan relegadas a un segundo plano, pues cuando ya decidimos qué creer, nada nos hará desistir por muy absurdos que sean nuestros argumentos.
¿Sola Scriptura, O Prima Scriptura?
Bajo el principio de la Prima Scriptura, la Biblia es considerada la fuente suprema para guiar la fe y la práctica cristiana. Cualquier otra forma de revelación está subordinada a la autoridad de las Escrituras. En la práctica, esto significa que toda otra forma de revelación puede ser corregida o incluso anulada cuando contradiga la enseñanza bíblica. Expresiones de la doctrina de Prima Scriptura pueden verse, por ejemplo, entre anglicanos, metodistas y claro, pentecostales (aún sin estar conscientes de ello).
¿Ha sustituido la predicación y la enseñanza al don de profecía en la iglesia de hoy?
En una iglesia verdaderamente bíblica, ni la incredulidad cesacionista (con su negación del don de profecía, lenguas, interpretación de lenguas, etc.) ni los excesos, falsa profecía y abuso de autoridad (bajo pretexto de ser “profetas del Señor” o “hablar en nombre de Dios”) tienen lugar. Los profetas y la profecía estarán presentes, tal como lo estuvieron en la iglesia neotestamentaria, pues somos un cuerpo en Cristo con aquellos que conformaron la iglesia primitiva. Creemos en la sucesión eclesiástica. Somos la continuidad orgánica del Cuerpo de Cristo que nació en Pentecostés. El mismo Espíritu Santo que vino para morar en aquellos creyentes (la Iglesia) y darles poder permanece para morar en nosotros (la misma Iglesia) y darnos poder ahora. La ausencia de profecía, lenguas, interpretación de lenguas, o cualquier otro don carismático en nuestras congregaciones, no es señal o evidencia de una iglesia sana, bíblica u ordenada, sino todo lo contrario. El mismo Espíritu de orden es el mismo Espíritu del fervor y del poder carismático. Si esto falta, quizá sea necesario reevaluar la salud doctrinal y espiritual de nuestra congregación.
Continuismo, dones proféticos y sola scriptura | ¿Se oponen entre sí?
Los cristianos (y particularmente nosotros, los pentecostales y carismáticos) debemos ser muy cautelosos con aquellos que afirman tener un "nuevo" mensaje de parte de Dios. Sin duda creemos en la vigencia actual de todos los dones, incluso el de profecía. Pero esto no significa que seamos incautos. Lejos de afirmar que el don profético ha cesado, o deba cesar porque ya tenemos las Escrituras, Pablo escribe a los Tesalonicenses: "No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal" (1 Tesalonicenses 5:19-22). La estrecha conexión entre "no menospreciéis las profecías" (versículo 20) y "examinadlo todo" (versículo 21) da a entender que las profecías se encuentran naturalmente incluidas en la expresión "todo" del versículo 21. Las profecías (en especial) deben ser "examinadas" y de ese análisis procederán algunas cosas que sean "buenas”, pero no todo lo que se nos diga, aún presentándosenos como una expresión profética, necesariamente lo será.
Por qué no deberías menospreciar el don de lenguas
La práctica balsfema e irrespetuosa de menospreciar los dones espírituales, y particularmente el don de lenguas (emblema y distintivo del pentecostalismo), se ha extendido no solo en iglesias tradicionalmente cesacionistas, sino incluso en muchas iglesias que se denominan pentecostales (a veces solo de nombre), pero que han asimilado la pobre pneumatología reformada. No es de extrañar que el ejercicio de este don haya disminuido en muchas iglesias que se dicen pentecostales o carismáticas. Y no porque Dios así lo quiero o porque tal don no sea necesario, sino por nuestra propia incredulidad o ignorancia sobre el mismo. ¿Por qué deberíamos revalorizar la experiencia conocida como glosolalia?
¿Necesitamos la unción del Espíritu?
“Tenemos estudios teológicos, tenemos programas y ministerios de todo tipo, tenemos métodos innovadores y tenemos dinero ¡Tenemos más que cualquier otra generación de cristianos en la historia de la iglesia! ¿por qué necesitamos la unción?” — Dudo que un verdadero cristiano se atreva a decirlo en voz alta. Y sin embargo, es lo que muchos, incluso pentecostales, hacemos en la práctica o pensamos en nuestro foro interno.
Escándalos, falta de santidad y mal testimonio en círculos pentecostales y carismáticos | Un pretexto cesacionista para justificar su incredulidad
Sin duda la santidad en el estilo de vida debería ser la meta de todo cristiano (Hebreos 12:14). En eso estamos de acuerdo. Cuando la santidad deja de ser el distintivo de un ministro o líder pentecostal, quienes los observan tienden a decepcionarse o cuestionar las validez de las manifestaciones carismáticas, juzgando la autenticidad de estas por la conducta de quienes dicen creer en ellas o ejercen algún don carismático. El comportamiento pecaminoso es inaceptable en el Cuerpo de Cristo, y particularmente entre sus ministros. Sin duda, Dios traerá a juicio a quienes den mal testimonio o sirvan de tropiezo para otros (Marcos 9:42; Lucas 17:2). Sin embargo, esperar perfección en santidad de aquellos que han recibido algún don espiritual no es bíblico. Y menos bíblico aún es negar la validez de los dones espirituales en nuestra tiempo por causa de la imperfección, errores morales o incluso pecados graves de aquellos que los poseen.