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Los Mitos de la Reforma | Las 95 Tesis en la Catedral de Wittemberg

Por Fernando E. Alvarado

¿Sabías que Lutero realmente no clavó sus 95 tesis en Wittenberg el 31 de octubre de 1517 como generalmente se cree? Eso nunca ocurrió. Lutero no clavó ningún documento en las puertas de Wittenberg el 31 de octubre de 1517. Más bien, envió una importante carta, escrita de manera respetuosa y apropiada, dirigida al arzobispo Albrecht de Mainz, en Magdeburg (Alemania), incluyendo las 95 tesis para su consideración. El motivo de la carta y las tesis fue la venta de indulgencias en Wittenberg que buscaban recaudar fondos para la construcción de la basílica de San Pedro. Estas indulgencias eran mercadeadas con la autoridad de Albrecht de Mainz. Lutero quería hacerle saber su punto de vista teológico al arzobispo para evitar que los feligreses tropezaran ante este error, ya que solo Cristo, y no el papa, tiene el poder de perdonar pecados. [1]

La versión actualmente aceptada por una enorme cantidad de historiadores contemporáneos (tanto católicos como protestantes) afirma que esas Tesis fueron muy posiblemente enviadas como correspondía al superior eclesiástico de Lutero que era el arzobispo Albrecht de Mainz y al obispo Jerónimo Schultz, que eran los oficiales inmediatamente superiores en la Iglesia en condiciones de examinar y dar la aprobación para su publicación. Es difícil pensar que antes que le llegara al Arzobispo el texto el mismo se haya hecho público. La carta de Lutero con la que se acompañaron las Tesis dirigida ese día al Arzobispo no nos permiten pensar que se haya actuado en ese sentido. La disciplina eclesiástica imponía a los fieles, y en especial a los profesores de teología, enviar previa a su publicación todo escrito para su consideración a los censores establecidos en su jurisdicción religiosa. Y ese fue el camino seguido por Lutero.

¿CÓMO SURGIÓ EL MITO?

El primer antecedente con el que actualmente contamos sobre el relato que nos describe a Lutero clavando las Noventa y Cinco Tesis procede del prefacio escrito por Felipe Melanchthon para el segundo volumen de la colección de obras en latín de Martín Lutero. Dicha edición fue realizada en 1546 a muchos años del acontecimiento descrito, de modo que no existen testimonios confiables previos a esta fecha tan tardía. Si Melanchthon escucho este relato de labios del mismo Lutero, y esa es su única fuente de información, tenemos que ser muy cautos al respecto ya que Lutero, en sus últimos años, tenía la tendencia de embellecer el relato de su vida con la finalidad de ubicarse mejor en el debate.

Claros ejemplos de esta creatividad es el presentar a su padre como pobre campesino cuando todos los testimonios lo muestran como un próspero empresario minero con aspiraciones políticas. Igualmente, su madre no es la pobre mujer que acarrea sobre sus hombros la leña para el hogar como lo afirmó Lutero. De hecho, los testimonios históricos revelan que los Lutero pertenecían a una acomodada familia burguesa y que el itinerario escolar del niño y joven Lutero recorre las ciudades donde la familia materna tiene una presencia social y económica importante. [2]

Asimismo, llama la atención que Lucas Cranach, el Viejo (pintor y amigo íntimo de Lutero), quien sirvió como casamentero entre Katalina von Bora y Martín Lutero, y quien además fungió como testigo de ese matrimonio, nunca pintó esta escena en debate. Esta ausencia es significativa porque vemos los diversos e imaginativos cuadros de este artista que ubican a Lutero al pie de la cruz de Cristo o sentado a la misma mesa celebrando la Última Cena junto a Jesús de Nazaret y sus discípulos. Si hubiera tenido noticias de un relato tan épico y significado sobre Lutero clavando las tesis en las puertas de la iglesia, muy seguramente no se hubiera privado de reflejarlo en una de sus muchas y diversas pinturas. Resulta también interesante que todas las pinturas de Lutero clavando las 95 tesis en las puertas de Wittemberg son posteriores a 1546, muy lejos de la supuesta fecha en que se dice que ocurrió tal suceso y posterior a la publicación del dudoso relato de Felipe Melanchthon ya citado. Evidentemente fue Melanchthon quien propagó el relato del heroico, aunque falso, episodio de Lutero clavando las 95 tesis.

La versión de Melanchton que nos describe a Lutero clavando las tesis en las puertas de la Iglesia de Wittenberg en vísperas de la celebración de la Fiesta de Todos los Santos, es refutada también por otro hecho muy concreto: Felipe Melanchton no estaba en ese momento en la ciudad y por lo tanto no es un testigo presencial ni una fuente directa. Aquello que afirma lo hace a partir de lo que ha escuchado, leído o simplemente deseado que sucediera. Es más bien una idealización romántica creada por Melanchton. De hecho, los historiadores no disponen de tan siquiera un testigo presencial de este hecho fundacional del protestantismo.

¿QUÉ DIJO LUTERO AL RESPECTO?

Otro hecho merece nuestra atención: El principal protagonista del acontecimiento, Martín Lutero, nunca mencionó en ninguno de sus muchos escritos, correspondencia y opúsculos que haya clavado las Tesis en las puertas de la iglesia en Wittemberg. De hecho, ni siquiera existe constancia alguna de que otro colega contemporáneo de Lutero en la Universidad que haya respondido al llamado a debatir esas propuestas o afirmaciones. Antes bien:

El 1° de noviembre de 1517 nadie se presentó para discutir con el Hermano Martín. Pero en unos pocos días, las noventa y cinco tesis, reimpresas, traducidas al alemán, llevados a todos los medios, traían al monje, para gran sorpresa suya, el eco de una voz cuya potencia y cuyo acento le turbaron profundamente.” [3]

Por el contrario, los historiadores cuentan con relatos concretos donde Lutero explica que esas Tesis fueron enviadas como era de esperar al Arzobispo Albrecht de Mainz. Incluso existe una carta del mismo Reformador que confirma que el 31 de octubre de 1517 Lutero no clavó nada en las puertas de Wittemberg, sino que envió una carta de presentación de sus tesis tanto al Arzobispo Albrecht de Mainz, como al Obispo que tenía responsabilidad pastoral sobre esa ciudad.

La actitud que lleva a Martín Lutero a redactar y enviar las Tesis a sus superiores se revela en el párrafo que introduce esa carta y que es igualmente redactada el 31 de octubre de 1517:

“Padre en Cristo e Ilustrísimo Príncipe: Perdonadme que yo, el más humilde de los hombres, ose escribir a Vuestra Sublimidad. Nuestro Señor Jesucristo es testigo de que me doy perfecta cuenta de mi insignificancia y mi indignidad. Me he atrevido a tanto debido a la obligación de fidelidad que debo a Vuestra Paternidad. Quiera Vuestra Alteza mirar hacia este grano de polvo y escuchar mi súplica de clemencia de vos y el papa.” [4]

La carta de Lutero continúa: 

“¡Dios del cielo! ¿Es esta la forma en que las almas confiadas a vuestro cuidado son preparadas para la muerte? Debéis dar cuenta de todas ellas. Yo no puedo quedarme más tiempo callado. Debemos obrar nuestra salvación con temor y temblor. ¿Por qué, entonces, hacer que la gente se confíe en las indulgencias, que solamente pueden dar la remisión de las penas canónicas externas? Las obras de piedad y de caridad son infinitamente mejores que las indulgencias. Cristo no mandó predicar las indulgencias sino el Evangélica ¡Qué horror, qué peligro para un obispo si nunca predica a su grey el Evangelio sino la baraúnda de las indulgencias! En las instrucciones a los vendedores de indulgencias, publicadas bajo el nombre de Vuestra Paternidad, pero seguramente sin vuestro conocimiento y consentimiento [Lutero le ofrece con esto una salida], se llama a las indulgencias el don inestimable de Dios para reconciliar al hombre con Dios y vaciar el purgatorio. Se declara que la contrición es innecesaria. ¿Qué puedo hacer yo, Ilustre Príncipe, sino suplicar a Vuestra Paternidad, en nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que suprimáis completamente estas instrucciones para que nadie se levante a refutar este libro y arroje oprobio sobre Vuestra Sublimidad, lo que no quisiera en absoluto, ¿pero temo que suceda si no se hace algo rápidamente? Quiera Vuestra Paternidad aceptar mi fiel y obediente admonición. Yo también soy una de vuestras ovejas. Quiera Nuestro Señor Jesucristo guardaros siempre. Amén.

Wittemberg, 1517, en la víspera de Todos los Santos.

Si os dignáis echar un vistazo a mis tesis, veréis cuan dudosa es la doctrina de las indulgencias, que se proclaman, empero, con tanta confianza.

Martín Lutero, agustino, Doctor en Teología. [5]

UN HÉROE SÍ, PERO NO COMO TE LO HAN CONTADO

La Reforma continúa siendo un gran acontecimiento. La causa de Lutero era justa. Él luchó valientemente contra la herejía católica romana de las indulgencias y el purgatorio. Tal doctrina era antibíblica. De hecho, la idea de las indulgencias venía del concepto del “tesoro del mérito”, una doctrina nacida de las tradiciones humanas, no de la Escritura. La iglesia de Roma decía que María y otros santos “llenos de gracia” poseían tantos méritos en exceso, que había un “tesoro del mérito” en el cielo disponible para los pecadores que los necesitaran. Sin embargo, para poder apropiarse de tales méritos, el pecador no tiene otra vía que la iglesia, la cual posee “las llaves del tesoro del mérito” para aplicarlos a través de los sacramentos. De ahí que la Iglesia Católica Romana sigue enseñando que, aunque la justificación es recibida en los méritos de Cristo por medio del sacramento del bautismo como instrumento de salvación, los pecados mortales nos hacen caer del estado de justificación. Para mantener ese estado de gracia, es necesario el ejercicio del sacramento de la reconciliación mediante penitencias, esto es, ciertas oraciones y sacrificios que el penitente debía ejercitar para mantener y lograr su estado de justificación por medio de estos “méritos adecuados” (de congruo). De esta manera, Roma niega la enseñanza bíblica de la justificación por la fe sola. Roma reafirmó su posición en el Concilio de Trento (1545-1563) en respuesta a la Reforma. La idea de Roma era que estas indulgencias vendidas servirían al penitente como un certificado de que ejercitaba la penitencia debida, tomada del “tesoro del mérito”, bajo la insignia del papa, para obtener el perdón de pecados y la liberación del alma del purgatorio después de la muerte. [6]

Hoy celebramos la Reforma el 31 de octubre porque en esa fecha Lutero envió la carta mencionada. Pero las 95 tesis no fueron clavadas por Lutero en las puertas de Wittenberg sino por algún custodio del edificio, que lo haría en el transcurso de las siguientes dos semanas, como parte de sus funciones de publicar este tipo de documentos de interés para los estudiantes de la universidad. Las puertas de la iglesia servían como tablero de boletines para publicación de anuncios. La imagen de Lutero clavando sus tesis en Wittenberg fue una figura usada por Philip Melanchton, un colaborador de Lutero que no estaba presente en Wittenberg para esa época. Sin embargo, ¡Lutero no clavó las tesis en las puertas de la Iglesia de Wittenberg!

𝗙𝗨𝗘𝗡𝗧𝗘𝗦 𝗕𝗜𝗕𝗟𝗜𝗢𝗚𝗥𝗔𝗙𝗜𝗖𝗔𝗦

[1] Eric Metaxas, Martin Luther: The man Who Rediscovered God and Changed the World (New York: Penguin Books, 2018), 107.

[2] Oberman, Heiko A. “Lutero. Un hombre entre Dios y el diablo” Alianza Universidad. Madrid 1982

[3] Febvre, Lucien. “Martín Lutero, un destino” Fondo de Cultura Económica.México 1972. Página 94

[4] Luther Works 55 Volume American Edition on CD-Rom. Volumen 48 Cartas.

[5] Ibid

[6] Theodore Alois Buckley B.A., The Canons and Decrees of the Council of Trent (London: Aeterna Press, 2014), Kindle, Loc.1032. (“On Justification,” Canon XXIV).

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