Distintivos del Pentecostalismo, Historia del Pentecostalismo, Pentecostalismo, Pentecostalismo Clásico

La Huella Global del Pentecostalismo – Desde Azusa y Topeka hasta Roma, Wittemberg, Ginebra y Canterbury

Por Fernando E. Alvarado

En un sentido histórico y social, el pentecostalismo es parte del protestantismo heredado de la Reforma. De hecho, muchos lo reconocen como protestantismo popular y lo diferencian del término protestantismo ‘histórico’ en todos los aspectos inexactos, porque el pentecostalismo no es el histórico -De ninguna manera – ni de los ‘viejos’ protestantes; como solía decir Troeltsch, el pentecostalismo, como la mayoría de las iglesias evangélicas de América Latina y el Caribe, es heredero – en varios aspectos – de la teología y de la vida de la Reforma protestante más amplia y completa.”

Dr. Bernardo Campos, pastor y teólogo peruano, citado en GONÇALVES, José. Huellas de fuego. Río de Janeiro: CPAD, 2013, Pág. 17.
Bethel Bible College, Topeka, Kansas, USA,

El movimiento pentecostal es una fuerza poderosa en las iglesias cristianas de hoy. Se le conoce como Pentecostalismo porque afirma ser un “segundo Pentecostés” al final de la historia. Otros le llaman Movimiento Carismático, porque pretende recuperar y practicar los dones extraordinarios del Espíritu que se mencionan en Hechos y en 1 Corintios 12-14.

En 100 años, el Movimiento Pentecostal se ha extendido de un puñado de personas en Topeka, Kansas y en Los Ángeles, California a cientos de millones en todo el mundo. Investigaciones recienten afirman que más 500 millones de personas se adhieren al movimiento pentecostal y sus enseñanzas características. Su crecimiento abrumador ha hecho posible que el movimiento pentecostal sea considerado hoy en día, por muchos estudiosos de la religión cristiana, no como una rama más del protestantismo, sino como una “cuarta rama” en la cristiandad, juntamente con la iglesia ortodoxa, el catolicismo romano y el protestantismo histórico.

La huella del pentecostalismo puede verse hoy día en casi todas las iglesias, incluso en muchas que jamás se identificarían como tales. Muchas iglesias evangélicas son abiertamente pentecostales. Están fundadas en enseñanzas pentecostales y existen con el propósito de participar en prácticas pentecostales. Muchas de estas iglesias son grandes y continúan creciendo mientras el resto de las denominaciones protestantes tienden al declive.

Otras iglesias históricas, pese a su rechazo inicial del pentecostalismo, han terminado por aprobar el pentecostalismo y el carismatismo, acogiéndolo entre sus miembros y su vida. El pentecostalismo, sin embargo, dejó de ser hace mucho un fenómeno exclusivamente protestante. Incluso la mismísima Iglesia Católica Romana ha abrazado ciertas prácticas y creencias originadas en el movimiento pentecostal. Así pues, en pleno siglo XXI, el catolicismo romano tiene cientos de miles de miembros carismáticos (a veces llamados despectivamente “pentecostales católicos” por su obvia similitud).

Azusa Street, una de las cunas del pentecostalismo

EL PENTECOSTALISMO TOCA LAS PUERTAS DE ROMA

Sí. ¡El pentecostalismo llevó su influencia al mismísimo Vaticano! Si bien la Reforma de Lutero no caló hondo en el ideario católico, cuando el pentecostalismo, la Reforma del Espíritu, tocó las puertas de Roma éste sí fue escuchado. La Renovación Carismática surgió en la Iglesia católica en el año 1967. Formaba parte de la llamada “segunda ola” que desde el final de la década de 1950 llevó al avivamiento pentecostal a las iglesias históricas. En el caso del catolicismo, tal apertura a nuevas experiencias y formas de expresión de la fe se hizo posible hasta después del Segundo Concilio Vaticano (1962-1965), y surgió en medio del entusiasmo, la confusión y la curiosidad producidos en años posteriores.

La Renovación Carismática Católica, o “pentecostalismo católico”, dio sus primeros pasos en febrero de 1967 cuando un grupo liderado por William Storey y Ralph Keifer, dos profesores laicos de la Universidad de Duquesne, institución católica ubicada en Pittsburgh (EE. UU.), decidieron orar juntos para pedir una “efusión del Espíritu”, con el “bautismo del Espíritu Santo” acompañado del “don de hablar en lenguas”. Por influencia de dos jóvenes laicos de los Cursillos de Cristiandad, Ralph Martin y Stephen B. Clark, leyeron un libro pentecostal llamado La Cruz y El Puñal en donde se narraba el ministerio cristiano del pastor pentecostal David Wilkerson entre pandilleros neoyorquinos.

La lectura llevó a los interesados a acudir por indicación del párroco episcopal de la iglesia Christ Church (Pittsburgh), a un grupo de oración ecuménico, en casa de Florence Dodge, una presbiteriana carismática, en donde recibieron su primera efusión pentecostal en el Espíritu Santo.[1]​ Storey y Keifer experimentaron posteriormente el hablar lenguas y otro tipo de carismas, o dones espirituales, como el de sanidad y milagros. En poco tiempo el movimiento se propagó a otras universidades, como Notre Dame, en Indiana y East Lansing, en Míchigan.

Otro de los propagadores del movimiento carismático en la Iglesia católica fue el pastor pentecostal David du Plessis, ministro ordenado de las Asambleas de Dios, quien contribuyó al acercamiento del nuevo movimiento católico a las distintas corrientes del pentecostalismo protestante. El impacto de du Plessis y del pentecostalismo en la iglesia católica romana fue tal que el reverendo du Plessis fue invitado como miembro del personal y “observador” pentecostal en el Consejo Mundial de las Iglesias en 1954 y 1961 respectivamente, y fue invitado a oficiar como representante pentecostal en el Concilio Vaticano II.[2] El movimiento carismático católico creció rápidamente y los grupos de oración carismáticos se extendieron a otras universidades católicas y, en último lugar, a las parroquias católicas en los Estados Unidos y Latinoamérica. Después de llamarse, en un inicio, “católicos pentecostales”, el movimiento empezó a nombrarse “renovación carismática católica”, haciendo referencia a su misión de restaurar los carismas de la iglesia primitiva que habían quedado obsoletos en el catolicismo.

Invitación a un Camp Meeting con Charles F. Parham

La propagación del “pentecostalismo católico” a los diferentes países de América Latina en el comienzo de la década de 1970 se dio de la mano de sacerdotes de América del Norte, quienes, por invitación de obispos o sacerdotes locales interesados, organizaron retiros llamados “Vida en el Espíritu”. En tales retiros, los participantes comenzaron a experimentar el bautismo en el Espíritu Santo y la manifestación de carismas como el hablar en lenguas, milagros y sanidades. Después de su iniciación, sacerdotes y monjas carismáticas extendieron el movimiento a las instituciones educativas católicas y de allí a las parroquias. Una figura prominente de la propagación de este “pentecostalismo católico” en Latinoamérica fue el entonces fraile dominico Francis MacNutt, quien independientemente del evento Duquesne había experimentado el bautismo del Espíritu durante un retiro pentecostal al que asistió en 1967. A partir de ese momento, el ministerio de MacNutt estuvo marcado por su entrega a la oración por los enfermos, la sanidad divina[3], el ministerio de la liberación[4] y una marcada pasión misionera. Esto lo llevó a ser un misionero incansable de la nueva Reforma del Espíritu dentro del catolicismo. Viajó a Bolivia y a Perú en 1970, a República Dominicana en 1971 y a Guatemala, México, Costa Rica, Colombia y Chile en 1972, y a Guatemala en 1972, modificando para siempre el rostro del catolicismo en dichas regiones dándole, en cierta medida, un rostro pentecostalizado.

Dicho crecimiento, sin embargo, no se dio sin oposición. Y es que la Renovación Carismática Católica experimentó una fuerte oposición desde varias aristas. Por un lado, algunos obispos conservadores tenían dudas acerca de la catolicidad del movimiento; pues, como la manera de expresión religiosa se parecía a las crecientes iglesias pentecostales, se preguntaban si estaban permitiendo un movimiento de espíritu protestante en el seno de la Iglesia, el cual, con el tiempo, podría funcionar como una transición al protestantismo para los fieles católicos.[5] Los obispos, sacerdotes y promotores de la teología de la liberación, por otro lado, veían en el movimiento carismático la muerte de su lucha revolucionaria ya que, al abrazar esta versión de “pentecostalismo católico”, muchos de sus feligreses abandonaron las armas y el activismo revolucionario por una búsqueda de comunión con la Divinidad a través del Espíritu Santo.[6]

En muchos lugares, la llegada del “pentecostalismo católico” causó conflictos con los laicos y religiosos católicos tradicionales, al punto que la Renovación Carismática Católica incluso fue prohibida por los párrocos y obispos en numerosas comunidades. Esto causó divisiones en varias parroquias y en numerosos casos dio como resultado las conversiones colectivas de grupos carismáticos a iglesias pentecostales.[7] No obstante, y a pesar de la oposición de varios sectores de la Iglesia, la Renovación Carismática Católica se extendió rápidamente. Durante la década de 1980, creció hasta convertirse en el mayor movimiento laico dentro de la iglesia católica tanto en Estados Unidos como en Latinoamérica.[8]

La ciudad de Los Ángeles, uno de los polos de expansión del pentecostalismo a inicios del s. XX

EL PENTECOSTALISMO COMO MOVIMIENTO DE RENOVACIÓN PROTESTANTE

Mientras el pentecostalismo sacudía los cimientos de Roma, algo similar ocurría (incluso antes que en el catolicismo) dentro del pentecostalismo histórico. Aunque su actitud inicial fue de rechazo, muchas iglesias protestantes y predicadores terminaron por abrazar el movimiento pentecostal y su influencia dentro de sus filas. Esto incluyó a numerosas iglesias reformadas y a influyentes líderes evangélicos de la época. En 1973, la Iglesia Cristiana Reformada respondió al entonces creciente movimiento carismático al interior de sus filas adoptando un informe que decía en parte:

“Hacemos un llamado a la iglesia para que reconozca la libertad del Espíritu para otorgar Sus dones de acuerdo con Su voluntad, y que las Escrituras no restringen los carismas de los que habla el testimonio apostólico de la era apostólica. Dejemos que la iglesia esté abierta al reconocimiento del espectro completo de los dones del Espíritu (“Neo-Pentecostalism”, en Acts of Synod 1973, Grand Rapids: Board of Publications of the Christian Reformed Church, p. 481)

Entre los ministros y teólogos evangélicos influyentes que han puesto su sello de aprobación y una cálida bienvenida al movimiento pentecostal se encuentran J. I. Packer y Martyn Lloyd-Jones. En su libro Joy Unspeakable: Power & Renewal in the Holy Spirit, publicado en 1984, pero que consta de sermones predicados en la Capilla de Westminster en 1964 y 1965, Lloyd-Jones declaró que “creía apasionadamente en el bautismo con el Espíritu Santo como experiencia distinta, posterior a la conversión “; que todos los dones existen hoy; que la experiencia del bautismo con el Espíritu Santo es lo único “que nos ofrece hoy alguna esperanza”; y que quien niega el bautismo con el Espíritu Santo es culpable de apagar el Espíritu Santo (Wheaton, IL: Harold Shaw Publishers, 1984, págs. 13, 54, 278).

La Renovación Carismática Católica, el rostro pentecostalizado del catolicismo romano.

El poder de Dios manifestado en el movimiento pentecostal y carismático ha sido tal que incluso líderes y ministros de otras denominaciones han admitido la necesidad de “pentecostalizar” sus denominaciones y abrazar la nueva Reforma del Espíritu. Afirmaciones como la siguiente han sido la regla, no la excepción, en muchas iglesias históricas que han tenido que admitir su propia decadencia ante la vitalidad del pentecostalismo:

“La gran Iglesia Metodista durante dos siglos fue una llama viva; ahora se ha vuelto estéril y sin fruto espiritual. Sus altares están vacíos y muchos destruidos. Un culto católico romano reemplaza el avivamiento en muchas iglesias metodistas. Lo mismo ha sucedido con los bautistas del norte, a los presbiterianos y demás organismos eclesiásticos. Se dedican a grandes emprendimientos dirigidos a movimientos de carácter global. El fuego se ha apagado en sus altares. Están fríos, sin vida, llenos de formalismo, muertos. Pero los pentecostales y otros similares… son grupos que están en marcha. Están ganando inconversos. En todas partes construyen templos. Muchos se entregan a Jesús. Son movimientos de rápido crecimiento en nuestros trágicos días.”[9]

Dicha vitalidad, sin embargo, no proviene de nuestras fuerzas. Es obra pura, genuina y total del Espíritu Santo. Sin Él, el pentecostalismo no sería nada. Tan popular y poderoso es el movimiento pentecostal y carismático, soplando todo y sacudiéndolo todo con el poderoso viento del Espíritu, que es difícil encontrar una denominación de iglesias que lo haya resistido. Curiosamente, en su libro The Pentecostals and Charismatics: A Confessional Lutheran Evaluation, después de que el autor ha mencionado una serie de iglesias protestantes que han abrazado el movimiento o han cedido a él, menciona una denominación, y sólo una, que lo ha rechazado:

“No todos los organismos protestantes han dado la bienvenida a la renovación carismática. La reacción de las iglesias protestantes reformadas ha sido rotundamente negativa” (Arthur J. Clement, The Pentecostals and Charismatics: A Confessional Lutheran Evaluation, Milwaukee, WI: Northwestern Publishing House, 2000, páginas 52, 53).

Un día esto cambiará (y de hecho ya está cambiando) y a pesar de la resistencia de muchos líderes reformados cesacionistas anclados en el pasado, presos de sus credos, catecismos y prejuicios, la obra del Espíritu Santo continuará (y sí, lo hará de forma irresistible) y sacudirá los cimientos de tales grupos y denominaciones.

Duquesne University, cuna del pentecostalismo católico

ESTE ES NUESTRO MOMENTO

La influencia del movimiento ha sido enorme. Primero, ha cambiado el centro de gravedad del protestantismo desde los viejos credos y confesiones de fe hacia la recepción por la fe del perdón de los pecados sobre la base de la cruz de Cristo, pero ahora acompañada de la inefable experiencia que tiene el cristiano para acercarse a Dios y ser empoderado para el ministerio, sobre la base de un post- evento de conversión conocido como el Bautismo con el Espíritu Santo. No nos quedamos en las verdades del pasado. Las reafirmamos, pero seguimos adelante.

En segundo lugar, el pentecostalismo ha reformulado y revisado radicalmente el culto público de la iglesia. Ya no es la predicación mecánica de la doctrina, o la exposición fría y muerta de las Escrituras. ni la religiosa administración de los sacramentos el corazón del servicio pentecostal. Un soplo de vida ha caído ahora sobre todo ello, dándole un nuevo significado. Ahora, la alabanza libre, genuina y espontánea en el Espíritu, acompañada del ejercicio de varios dones por parte de la congregación bajo la influencia del Espíritu Santo han retomado su papel en la adoración pentecostal.

¡El movimiento pentecostal  y su estilo de adoración ha ejercido influencia incluso donde sus principales doctrinas y prácticas son oficialmente rechazadas! He podido presenciar esto de forma personal en el clamor de ciertos grupos reformados y colegas ministros y laicos que, a pesar de rechazar el pentecostalismo como tal, claman por un mayor énfasis en la vida devocional y una mayor experiencia con el Espíritu Santo en sus congregaciones. Sí ¡Ellos no vacilan en señalar que hay aburrimiento con el culto reformado estructurado de acuerdo con el principio regulador del culto! ¡Ellos quieren lo que tenemos los pentecostales!

En tercer lugar, el pentecostalismo ha sacudido el mundo religioso y sus dogmas. Es un movimiento transconfesional. De acuerdo con The Authoritative Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements (ed. Stanley Burgess, Gary McGee y Patrick Alexander, Grand Rapids: Zondervan, 1988), el movimiento pentecostal y carismático es “un derramamiento mundial transdenominacional del Espíritu de Dios” (pág.159). Los miembros de prácticamente todas las iglesias, protestante y católica romana, calvinista y arminiana, anabaptistas, anglicanos, luteranos e incluso reformados, comparten este único Espíritu, independientemente de las diferencias doctrinales.

Por todo esto y por todo lo que aún vendrá ¡A Dios sea la gloria!

J. I. Packer, teólogo anglicano adscrito al movimiento carismático

BIBLIOGRAFÍA Y REFERENCIAS


[1] Ranaghan, Kevin (1969). Catholic Pentecostals. New Jersey: Paulist Press. pp. 12-16

[2] Spittler, Russell P. (2003). «David Johannes du Plessis». En Burgess, Stanley M.; van der Maas, Eduard, ed. The New International Dictionary of Pentecostal and Charismatic Movements. Grand Rapids: Zondervan.

[3] MacNutt, Francis. Healing. Notre Dame, Indiana: Ave Maria Press, 1974.

[4] MacNutt, Francis. Deliverance from Evil Spirits: A Practical Guide. Grand Rapids, Michigan: Baker Books, 1995

[5] Chesnut, Robert Andrew. “Latin American Charisma: The Pentecostalization of Christianity in the Region”. New Ways of Being Pentecostal in Latin America. Martin Lindhardt (Ed.). London: Lexington Books, 2016. 1-14.

[6] Cleary, Edward L. “The Catholic Charismatic Renewal: Revitalization Movements and Conversion”. Conversion of a Continent: Contemporary Religious Change in Latin America. Eds. Timothy J. Steigenga y Edward L. Cleary. New Brunswick & London: Rutgers University Press, 2007.

[7] Falla, Ricardo. Quiché Rebelde. Religious Conversion, Politics, and ethnic Identity in Guatemala. Austin: University of Texas Press, 2001.

[8] Melander, Veronica. The Hour of God? People Confronting Political Evangelicalism and Counterinsurgency (1976-1990). Uppsala: Acta Universitatis Upsaliensis, 1999.

[9] Mesquita, Antonio. Artículos Históricos Mensajero de la Paz, Río de Janeiro: CPAD, 2004 Pag. 23.

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